¡Hola queridos lectores! Después de algunos meses tengo el siguiente capítulo, y ya saben, nos acercamos al final (No puedo creer cuánto me tardé). Nuevamente se trata de un capítulo porque, bueno, larga historia, ¡Lo importante es que ya lo tengo! Originalmente subiría dos, pero ya saben, las cosas nunca resultan. Este y los dos próximos tendrán la misma temática, pero se las daré a descubrir hasta el siguiente (En este mismo no se aprecia lo que será). Sólo espero que les guste, personalmente... me ha gustado, aunque los otros (o la mitad del siguiente y las ideas del tercero) pintan para algo bueno (aunque esté mal que lo diga)

Gracias a todos por seguir hasta acá, yo ya me hubiera desesperado. Ichigo Urahara Shijoin, Anónimo (gracias por el review, me gustaría tener una dirección donde contestar más personalmente tus palabras), AlexxTheKiller, Alexandra Salvatore Cullen, Jacky Vilca , Nozomi Sayo, gracias por las alertas y favoritos ¡No saben lo contenta que me ponen!

Ahora, releyendo (los últimos capítulos, tampoco me he ido tan atrás y eso que debería) noté que hay un error (lejos de los típicos como que borro palabras gracias al cutre teclado de la lap), puse en un diálogo de Kaito "4 años, pero, la conoces desde hace 5 más o menos." y haciendo bien las cuentas, Yuki y Zero se conocen de 6-7 años atrás. Lo corregiré, pero hago aún así la aclaración.

Los veo allá abajo, mientras, pueden proceder a leer.

PD ¿Es idea mía, o la mayoría de las que participamos en escribir fics somos mujeres?


Disclaimer: La serie Vampire Knight (tanto manga como anime) son propiedad de Matsuri Hino. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.

Importante: Spoilers del manga

Resumen: Ahora ya no hay más enemigos, ya no hay peleas, sólo queda la vida normal y corriente, los problemas comunes... ¿Se olvida algo? ¡Ah sí, siguen siendo adolescentes!


Una vida que merece ser vivida

El azul por los recuerdos que te persiguen,

Plateado, por la sabiduría que poseen.

Cada lágrima que has derramado te ha hecho estar más vivo.

Todo el mundo tiene algún pesar oculto,

todo el mundo merece una segunda oportunidad.

... tu sonrisa tiene el resplandor de un millón de dolares.

Bop Bop Bop (Colors of Your Soul) - Angela Aki

Ayumi se abrazó más en el reducido espacio del closet, había tomado como hábito encerrarse en la oscuridad cada vez que Zero se iba y salía cuando sentía su presencia en la casa. Se había acostumbrado terriblemente a estar todo el día pegada a Zero y él, se había acostumbrado de la misma forma a su presencia. Durante semana y media, ella había sentido mínimamente el proceso de duelo, principalmente por la cercanía que tenía con el peliplata. Hasta la última semana, tiempo que llevaba Zero de regreso en las cacerías. Como si le hubiera abandonado por completo todo, ella decaía hasta que él regresara; pacientemente le esperaba, como un cachorro cabizbajo a la espera de su adorado dueño. A veces lloraba, pero evitaba hacerlo porque sabía que no era por el peliplata. Y se sentía despreciable, no quería hacerlo por Kaname, se repudiaba por aquella muestra de tristeza que no sentía de verdad, o al menos porque no creía sentirla genuinamente. Pasó lo mismo que cuando se había enterado de la muerte de su hermana, no sintió nada, hasta después. Sólo que existía una gran diferencia: el maldito lazo que había formado y que la obligaba a sentirse de esa manera.

Ahora, al pensar en Kaname, automáticamente pensaba en la pequeña hermana del sangre pura. No sabía nada de Yuki desde la muerte de Kaname, los primeros días después de eso había pensado en verla, porque quizás necesitaba estar con alguien y no sabía quién la acompañaba, aunque daba por sentado que el Director había ido diariamente y le había consolado, Zero también la visitaba. Pero no era lo mismo, de ninguna forma. Sin embargo, había algo que la detenía cuando quería hacerlo, siempre llegaba a la puerta de los Dormitorios de la Luna y nunca pasaba de ese punto. Ahora que sabía lo que había pasado (aunque no) exactamente, Ayumi sospechaba que esa era la razón por la que no se atrevía a más. En ese momento, ya no quería verla, porque estaba molesta, pero seguía con una espinita que le decía que había forma de arreglar su enojo. Como con Cross, que, aunque no se había disculpado y no sabía que ella ya estaba enterada de todo y a pesar de lo decepcionada que había estado, logró disipar todas sus emociones y perdonarlo.

El golpeteo contra la puerta de la habitación le distrajo y con cuidado, aunque rápidamente, salió de su escondite. No hacía falta preguntar quién era pues en casa sólo estaban Cross y ella, así que abrió. Como esperaba, el hombre le dio una sonrisa demasiado brillante para su actual estado de ánimo, por primera vez deseó que el Director fuera menos alegre. Pero no dijo nada, sólo sonrió, débilmente, en respuesta.

—Pensé que estarías dormida, Ayu-Chan, así que venía a despertarte, ya es momento de que te arregles o se nos hará tarde. —Ella asintió, aunque antes se detuvo a pensar puesto que se le había ocurrido algo.

—¿Cuándo podré entrar a mi habitación? —Preguntó mientras cerraba la puerta.

—De hecho, te la iba a mostrar ahora mismo. —Respondió y tras esto volvió a sonreírle amablemente. Ayumi torció levemente los labios. —Me tardé un poco, pero te gustará el resultado.

—Bien, vayamos entonces.

El Director extendió el brazo indicándole que fuera delante y ella dudó por un segundo, al menos, internamente. Avanzó en un forzado paso, aunque para Cross, por extraño que pareciera, pasó desapercibido. Cuando llegó a la puerta, tomó valor y abrió con rapidez, el hombre sólo pudo suponer que había hecho eso así por ansiedad. Ayumi abrió la boca de sorpresa al encontrar todo tan diferente, la habitación tenía un aire más suyo ahora, los antiguos muebles de madera oscura habían sido remplazados por un tocador, un armario y un escritorio de bonita madera blanca que hacían juego con el tono lila en las paredes. Había un espejo de cuerpo completo cerca del armario y nada sobre el tocador, pero no lo mencionó, tampoco se le ocurrió preguntar por el resto de sus cosas, sólo dio por hecho que no debía hacerlo.

—Vaya… —Susurró con asombro puesto que, lo único que podía reconocer como parte de lo que estaba antes era la cama que ella había mandado comprar en cuanto llegó a Japón, todo lo demás era nuevo. — ¿Está de más decirte que no tenías que hacerlo? Ayumi sonrió antes de inspeccionar con la vista el cuarto, Cross evitó responder a eso. —Gracias, me gusta mucho, aunque creo que no era necesario.

Ayumi fijó su atención en un vestido sobre su cama, la tela azul marino contrastaba con el edredón de color aqua en su cama. Se acercó con cuidado y curiosidad hacia el vestido. Lo levantó y de dio cuenta que era un cheongsam de tafetán y gaza de chiffon, ambos de seda, la gaza llevaba peonías impresas en azul que gracias a la transparencia resaltaban. No era suyo, ella no tenía nada parecido. Trató de recordar si recientemente alguien se había quedado ahí, pero la respuesta era obvia.

—¿De quién es? —Preguntó Ayumi acariciando el relieve de las peonías sobre la gaza.

—De Kiryuu-kun para ti. —Ella lo volteó a ver, casi sin darse cuenta del rojizo color de su rostro. —Dijo que es un regalo de cumpleaños atrasado.

—Ja… —Soltó una risita sofocada.- Bobo, él ya me había dado un regalo. —Murmuró sin querer y jaló el vestido hacia ella.

—¿Ah sí? —Preguntó curioso Cross, sin embargo, el tonito que había ocupado le decía que, probablemente, él ya sabía a qué se refería. Ella se regañó internamente y tras la risita que soltó el hombre, pareció relajarse, aunque el sonrojo tardó en irse. —Supongo que lo usarás hoy. —Ella asintió. —En los últimos cajones del armario está tu ropa interior, los zapatos están, la mayoría, en sus cajas formados en la parte de abajo, lo demás no creo que te cueste trabajo encontrarlo. —Tras esto, volvió a consultar su reloj— Tienes 20 minutos, no más.

—¿Por qué tan preciso? —Preguntó con despreocupación, todavía embelesada con el vestido.

—Ayu-Chan, es importante que aprendas a ser puntual. —El hombre levantó el dedo índice con aire de superioridad, ella evitó resoplar. — La puntualidad…

—…habla bien de las personas. —Interrumpió, completando la frase. —Lo sé, lo sé.

—Entonces ponlo en práctica, los vampiros nos van a estar esperando y eso es grosero. —Apuntó cerrando la puerta.

—¿Y no es grosero que nosotros esperemos a los cazadores? —Murmuró dentro del cuarto, aun sabiendo que la situación por la que los hombres se retrasarían era especial. Sólo era uno de sus repentinos pensamientos. Mientras se desvestía pensó en que había sido una suerte decidir con anterioridad deshacerse de los nivel-E que el Consejo tenía encerrados, si aquellos todavía existieran serían más vampiros los que los cazadores tendrían que estar buscando. Aunque la mayoría de los chupasangres habían sido eliminados durante la batalla, todavía quedaban algunos y resultaba peligroso.

Se puso un corsé de algodón sin tirantes, a comparación de los que normalmente usaba, aquella prenda era demasiado suave y no le robaba tanto la respiración. Era de color negro y liso, sin ningún adorno más que los ganchillos que le sujetaban por el frente y los diminutos bajos de la cadera. A los pocos minutos de haber terminado de abrocharlo se arrepintió, principalmente por el leve dolor que sintió en el vientre. Sin embargo, pudo más su pereza y lo dejó. Se metió en el cheongsam y abrochó los botones laterales que iban desde la mitad del muslo hasta unos centímetros abajo de su rodilla. Se paró frente al espejo y abrochó el cuello estilo mandarín y alisó el pecho transparente del vestido. De alguna manera no le sorprendió que fuera de su talla exacta y le quedara como un guante, pero tampoco era algo que esperara. Se sentía extraña por pensar en cosas demasiado triviales como aquella, por tener una noche como aquella, por ir a celebrar algo tan común como un cumpleaños. Aún no se hacía a la idea de que Kaname había muerto y que ahora no debía cuentas a nadie, más que a sí misma.

Se quitó las arrugas que quedaron en su regazo y las que se hicieron nuevamente en su pecho y volvió a sumergirse en su contemplación vanidosa en el espejo. Por alguna razón sus senos y su vientre se veían más grandes, quizás fuera efecto del corsé y el cheongsam juntos. Estaba mal que lo dijera ella, pero se veía hermosa y se preguntó si Zero estaría satisfecho con el resultado. Se contuvo de tirarse de espaldas en la cama, para evitar arrugar el vestido y en un acto reflejo, barrió la habitación buscando a Cocco y a Lupeaux. Hasta ese momento se había acordado de sus peludos amigos inanimados, incluso con el hecho de no verlos desde días atrás. Sonrió al encontrarlos sentados en la cabecera de la cama y recorrió con la vista todo, nuevamente, al recordar cierta marioneta que debería estar en algún lado del cuarto, sin embargo, no dio con ella. Quizás Cross no había acabado de meter todas sus cosas y seguía guardada.

Se acercó al tocador y cepilló su cabello, debatiéndose en si dejarlo suelto o recogerlo, al final optó por lo segundo y se hizo un moño lateral. Abrió el primer cajón del tocador esperando encontrar sus broches para el cabello, pero sólo encontró los que usaba con los kimonos. Así que tras un suspiro –tampoco era para tanto-, escogió un discreto broche de perlas. Después hizo algo completamente inusual en ella y buscó entre las cajitas que guardaban sus adornos un labial que ella había comprado, algo que la había avergonzado por un rato porque no estaba acostumbrada a utilizar maquillaje. Tras abrir el empaque, hizo que la yema de su dedo índice golpeara la punta y la pasó por sobre sus labios, apenas cubriéndolos de un velo rojo. Luego volvió a dudar, esta vez, sobre el uso de una joya demasiado personal. Al final, decidió llevar el relicario, de cualquier forma hacia juego y no era como si alguien fuese a abrirlo para averiguar que habría adentro. Y volvió a buscar su reflejo, como si se tratara de una nueva obsesión.

Ya sólo faltaban los zapatos y tras buscar un rato entre cajas encontró el par de zapatillas azules que había escogido Rima para ella, cuando habían ido de compras. Mientras se los ponía, sentada en el borde de la cama, escuchó que la puerta era golpeada.

—Adelante.

—¿Ya estás lista, Ayu-Chan? —Preguntó Cross asomando su cara a través del marco de la puerta.

—Nada más necesito buscar un suéter, pero en el closet no encuentro nada que se ajuste a esto…

El Director se metió y abrió las puertas del armario, buscando algo que pudiera usar Ayumi, de otra manera no saldrían y sabía que tenía que darle algo que le gustara porque entonces no lo usaría. Él sabía lo cuidadosa que era con su apariencia y lo descontenta que estaría si el resultado no fuera el adecuado según su criterio, además, seguro que quería impresionar a Zero. Tras un par de minutos, el hombre pareció dar con lo que quedaría perfecto.

—Ten. —Le dijo extendiéndole una gabardina de color gris oscuro. Era una combinación un poco extraña, pero le quedaría bien y mejor de lo que luciría con un suéter encima. Ayumi se vistió con él y se observó por última vez en el espejo y sonrió.

—Muy bien, estoy lista. —El hombre abrió su brazo y Ayumi lo tomó, y lo obligó a pararse en el espejo con ella. El Director llevaba un traje sastre de color carbón y se veía especialmente elegante, el lugar y el motivo de la reunión lo ameritaban. —¿Hacemos bonita pareja no crees? —Comentó con los ojos puestos en el espejo, sonriéndole a su reflejo.

—Tenemos mucho estilo. —Dijo Cross divertido. —Podríamos salir en la próxima película del 007. —Tras esto, pasó a formar con sus manos una pistola y a posar. La pelinegra sólo se empezó a reír y le siguió el juego por un rato, hasta que el Director se dio cuenta que debían de haber salido quince minutos atrás.


Tardaron cerca de cuarenta minutos en llegar al restaurante, después de recoger a Maria en la Residencia de la Luna. La pequeña vampiro no dijo nada pese al retraso y se lo tomó con humor cuando Ayumi le comentó el motivo. Los demás se habían adelantado y aunque le dijeron que podían llevarla ella se negó, argumentando que había prometido ir con su pariente. La cena sería en un restaurante italiano, manejado por verdaderos italianos (según le había dicho Cross) y ella lo agradecía porque no sabía comportarse aún como toda una japonesa con todos esos complicados modales diferentes a los occidentales.

El Director iba en frente con el chofer, para desgracia de éste último puesto que el hombre no dejaba de intentar entablar conversación con él para que las chicas hablaran. Tras unos minutos infructuosos, Cross se rindió y viajó en silencio. Al llegar, volvió la vista atrás y bajó con ambas jóvenes y cuando esperaban a que los recibieran ya no aguantó más el estar callado y en el sillón en el que estaban sentados comenzó a hablar.

—Kurenai-Chan, gracias por aceptar la invitación.

—Ah, no es nada y, al contrario, yo debería agradecérselo. —Respondió la pequeña albina. —¿Zero-kun no vendrá? —Preguntó seguidamente, dirigiéndose a los dos.

—Claro que lo hará, o eso espero. —Respondió Cross dándole una sonrisa amable. —Solamente que, se ofreció para ir a… —Hizo ademán de contar un secreto y bajó la voz. —…Una misión con los otros cazadores y…

—Le está llevando más tiempo del que planeaban todos. —Completó Ayumi. Maria asintió y en ese momento Cross se levantó, para anunciar su llegada a la hostess de la recepción. —Ma-Chan, ya sé que ya lo dijo el Director, pero, de verdad, gracias por venir. —La albina levantó la mirada para verla, no entendiendo el tono que de pronto había ocupado. —Es que… yo, yo no creo sentirme cómoda ahí, con ellos y sin Zero. La última vez que vi a Ruka y a Akatsuki fue cuando desperté en la enfermería, cuando me rompí el brazo y… no sé por qué, pero parece que… —Un carraspeo del Director las interrumpió y ellas lo miraron para luego levantarse y caminar atrás de él, que a su vez, caminaba detrás del mesero que les indicaría su mesa.

Ayumi suspiró mientras caminaba y Maria le sonrió comprensivamente, aunque no entendía del todo lo que le había querido decir. La pelinegra le regresó la sonrisa. Era estúpido, pero parecía que al haber muerto Kaname, y al ya no tener a quien culpar por los meses ausente, su rencor se había encendido y se molestaba, de nuevo, con el par de nobles. Lo odiaba; si tenía que pasar otro día sin comprender por qué de la nada lo que ya había superado volvía a emerger a su sensible superficie, se volvería loca. También estaba ese último hecho, estaba terriblemente sensible y se irritaba por cosas mínimas.

El mesero los condujo por entre un montón de mesas que estaban llenas en su mayoría, sin embargo, el restaurante conseguía seguir con su atmósfera de intimidad. Ayumi apreció el arreglo del lugar y la calidez que ofrecía. Miró de reojo a las parejas que se encontraba, así como las familias que estaban sentadas charlando en voz baja. Ellos terminaron en la terraza del lugar que estaba un poco escondida por una pared de arbustos bien cuidados y que tenían entre ellos preciosos arreglos florales. Por el buen tiempo primaveral que hacía, la terraza era un buen lugar para cenar y pasar un buen rato. En el cielo ya podía apreciarse el cielo oscuro y las estrellas que brillaban ahí, resaltando como diamantitos en terciopelo negro. También podían verse algunos edificios con las luces encendidas.

—¡Buenas noches! —Saludó el Director a los presentes. En la mesa estaban sentados Yuki, Aidou, Kain y Ruka, estaban enfrascados en una pequeña plática y se callaron cuando los vieron llegar. Devolvieron el saludo y Cross esperó a las chicas antes de sentarse.—Lamentamos la demora.

—No se preocupe, Director. —Respondió Aidou.

—Buenas noches. —Dijeron a coro las pálidas vampiros, parándose enfrente de la mesa y esperando a que quitaran las sillas para poder sentarse. El Director separó la silla de Ayumi y el mesero, que aún estaba ahí, ayudó a Maria. Cross fue quien se sentó al extremo de la mesa, Ayumi a su lado, ella no le tomó importancia al lugar. Maria iba a dejar un espacio para Zero, pero la pelinegra al verla agitó ligeramente la cabeza, indicándole que no lo hiciera. Ayumi alzó la cara una vez que se hubo sentado y dirigió a los presentes una ligera sonrisa, no se dio cuenta (a pesar de lo obvio que era) que Yuki estaba sentada frente a ella, al lado del Director y sintió que no podía seguir sonriendo. Era cierto, aún no sabía que pensar respecto a la sangre pura y era la primera vez que se veían desde lo de Kaname.

El mesero comenzó a poner los menús frente a ellos y mientras lo contemplaban, Yuki dirigió discretamente la mirada a Ayumi. La observó ceñir de manera leve el entrecejo y hacer un pequeño mohín, se lo atribuyó al hecho de que Zero no estaba con ella. En cuanto todos hubieron ordenado, el joven recogió las cartas y se retiró en silencio, pero algo extraño pasó y cuando dejó el lugar, el silencio (esta vez, incómodo) se instaló en el hueco que hubo dejado. Yuki no evitó sentir que ella lo había provocado.

—¿Cómo están? —Preguntó de pronto Ayumi, su tono de voz era un poco preocupado, pero se entreveía que no era algo que le quitara el sueño. Era una típica pregunta de cortesía, necesaria en esos momentos y mucho mejor que dejar caer algo sobre el tiempo.

—Bien. —Contestaron todos en automático, no al mismo tiempo ni con el mismo tono. Ayumi se mordió por dentro el labio inferior y seguidamente acomodó una sonrisa forzada.

—Me alegra. —Respondió. —Y eso es prueba de que el tiempo está pasando y que… —Se calló, lo que diría no haría más que herir a cierta persona.

—¿Y usted cómo está? —Preguntó Aidou-kun.

Ayumi respondió y aquello llevó a una conversación forzada y vacía que terminó cuando los platillos fueron servidos y fue reemplazada por otra mientras comían, no pudiéndolo hacer en silencio. La cena estaba siendo, de alguna forma, un desastre. No sabía si tenía que hablarles de los planes que la habían rondado en la cabeza durante las últimas dos semanas, era sobre algo que también tenía que hablar seriamente con los miembros del Consejo, así como con la Asociación de Cazadores. Por más que odiara darles la cara. Ni siquiera se lo había planteado a Zero, porque ella misma le daba prioridad a otros asuntos (por ejemplo, juguetear con él).

Cuando estuvieron casi a punto de terminar, el mesero llegó nuevamente, pero no iba sólo: detrás de él estaban Zero, Kaito y Yagari-Sensei. Ayumi no evitó sonreír cuando ellos se acercaron, aunque no sabía que los últimos dos de verdad se presentarían. Había aprendido a llevarse, en su particular manera, con ellos, pero era raro. Después de todo, ella creía que se trataba de una cena en honor a Kaname y no creía que los cazadores estuvieran dispuestos a eso. Incluso iban vestidos con traje y todo.

—Lamentamos la tardanza. —Dijo Zero por los tres, mientras se sentaban. Del lado derecho se sentaron todos los vampiros, excepto por Ayumi, Zero y Maria que, en ese orden, terminaron del izquierdo junto con Kaito y Yagari-Sensei al otro extremo, dándole la cara a Cross.

Ahora con los personajes totalmente en el escenario, probablemente se desarrollaría una cena curiosa.

—¿Acabaron el trabajo? —Preguntó amablemente el Director.

—¿Acaso no es obvio? —Respondió sarcásticamente Yagari. —No estaríamos aquí de no haber terminado. —Yuki y Ayumi no evitaron reírse por el comentario mientras Cross abiertamente gruñía.

—¡No tienes por qué ser tan grosero! —Gritó de un extremo a otro el Director. Suerte que no había más gente en la terraza porque, la intensidad del grito había sido alta.

Mientras el mesero tomaba la orden de los cazadores, Yuki se tomó el atrevimiento de ver a Zero que hablaba en voz baja con Ayumi, quien sonreía y tonteaba con el joven de cabello plateado y sólo se detuvieron cuando fue momento de Zero para pedir la cena. La pelinegra se iba a girar hacia el Director pero se detuvo para verla con una diminuta sonrisa en los labios, dejo de la que le había dado a su novio.


Bajé la mirada rápidamente y sentí el calor invadir mis mejillas, sin que yo quisiera, por la pena de que me hubiera descubierto. Era la primera vez que la veía y como Zero me había dicho, se había recuperado, al menos por lo que podía ver, físicamente. Estaba radiante, siendo honesta, especialmente ahora que su pareja había llegado, iluminándole la cara como si hubiera traído el sol consigo. Era, también, la primera vez que la veía sonreír de manera franca, actuando como era ella. ¿Alguien más habría podido ver su verdadera cara? Aidou-Senpai colocó su mano sobre la mía, con la suficiente fuerza como para hacerme notarla y saber que me enviaba apoyo, pero no con tanta como para hacerme sentir incómoda o que él estaba tomándose demasiada confianza. De alguna manera intuí que me había tomado la mano porque tomarme el hombro sería demasiado evidente y además, mis manos estaban fuera del alcance de la vista de los demás. Incliné la cabeza y le sonreí, como un pequeño gracias, él se sonrojó y rápidamente quitó su mano.

El resto del tiempo lo pasé mirando alternadamente entre los presentes y entablando charlas bastante tontas, hasta que Ayumi tosió fingidamente, indicando de esta manera que quería la atención de todos.

—Gracias. —Dijo cuando nos volteamos a verla, nuevamente tenía una sonrisa, pero se veía claramente que era de cortesía, nada que ver con la que le había dado a Zero. —Quería aprovechar que estábamos reunidos… eh cazadores y vampiros, en realidad, personas a las que aprecio… —Kaito sin querer se tosió y aquello sonó como una risita sofocada. —… aunque algunas más que a otras…—Puntualizó. —Para hablar sobre algo importante.

Su breve entrada hizo que nos miráramos a través del rabillo de los ojos y me di cuenta que, lo que iba a decir, no incluía a Zero, no era algo que los comprometía. Por dentro me sentí un poco aliviada, con lo cerca que estaban ahora (según entendía), podía ser que ambos no tardaran mucho en hablar acerca de comprometerse. Y la sola idea me estremecía. Pero debía de hacerme a la idea de que, tarde o temprano, aquella buena nueva llegaría. Porque algo me decía, que ya no estarían juntos sólo por un rato.

—Con su ayuda, me gustaría trabajar en un proyecto nuevo: Quisiera hacer un tipo de asamblea, este… —Ayumi aclaró su garganta antes de continuar. —…Perdón; algo que involucre tanto a los vampiros como a los cazadores, para seguir con esta idea de una sociedad pacífica entre ambas especies.

—¿Te refieres a que juntemos a representantes de cada lado para que entablen y regulen normas y eso? —Preguntó Cross. Ella asintió. —Me parece una idea buena pero…

—¿Pero? —Replicó mirándolo con curiosidad.

—¿Quiénes serían ellos?

—Oh, bueno, sigo siendo su líder, así que me gustaría tomar participación en lo que atañe al Consejo y a esto de la Asamblea, pero no puedo imponerme, aunque sea mi idea. Sobre los demás, me gustaría que ustedes en la Asociación tomaran la decisión sobre quienes podrían representarlos y yo plantearé lo mismo con los otros vampiros. Quiero que cada uno de los lados elija, no quiero imponer a nadie.

—¿Crees que acepten de buena gana trabajar uno al lado del otro? —Preguntó desde el otro extremo Yagari-Sensei.

—Umph… Yo sé que no será sencillo, pero confío en que las personas que conformen la Asamblea compartan los mismos deseos que tenemos por lograr la sana convivencia entre vampiros y humanos.

—¿Quiénes elegirían? —Preguntó Aidou-Senpai. —¿Los del Consejo?

—En nuestro caso, quisiera que tanto los del Consejo como los alumnos de la Clase Nocturna y miembros de peso en la sociedad, emitieran su opinión y se podría nominar a cualquiera que crean harán un buen trabajo, en base a sus capacidades y actitudes.

—Es algo bastante soñador, Hiou. —Dijo Kaito. —Pensar que sólo por decirle a las vacas sagradas y a unos pocos del rebaño que necesitas que trabajen juntos lo harán.

—Lo dice como si fuera solamente problema de nosotros. —Respondió Aidou-Senpai. —Sé que las cosas entre los vampiros, después de las decisiones y acciones de Kaname-Sama, son complicadas, pero no creo que no tengan solución.

—Además, los únicos que se opondrían a ello serían los sangre pura y ellos no pueden decidir por encima del Consejo. —Completó Ruka.

—Creo que entiendo lo que quiere decir Takamiya-Sensei y Ruka lo acaba de nombrar: el gran problema que enfrentaría esta Asamblea es a los sangre pura, ellos ya pasaron al Consejo cuando decidieron atacar y ¿Cuántos nobles no estuvieron de acuerdo con sus acciones? —Dijo Kain y eso pareció molestar un poco a Ayumi, aunque comprendía perfectamente a que se refería.

—Sé que también soy responsable por el comportamiento de los sangre pura, pero espero llegar en un acuerdo amable con ellos en los próximos días. —Respondió la pelinegra e inclinó la cabeza, pidiendo disculpas. —Sé que fallé en mi papel como líder durante esos eventos, porque no fui capaz de frenarlos, así que, les pido mis más sinceras disculpas por lo que mi irresponsabilidad provocó. —Ayumi hizo más profunda su reverencia y eso me mortificó un poco, ningún sangre pura haría eso, incluso con que ella no lo fuera totalmente, seguía representando ese papel y parecía olvidarlo en aquellos momentos. — Sin embargo… soy lo bastante soñadora y optimista por pensar que me saldré con la mía y que conseguiré con la ayuda de ustedes algo bueno, no sólo por mí. Yo, ya no deseo que mi estupidez siga provocando problemas, así que prometo comprometerme con esto y haré lo que considere mejor, así como lo que deba hacer para lograrlo.

La mesa se quedó en silencio por un instante, todos pensando en lo que ella había dicho. Sumergidos en aquel mutismo, el mesero se acercó a la terraza y preguntó si todo estaba bien y no pudimos responderle, hasta que Ayumi volvió a hablar.

—Pero esto es sólo una proposición, aún faltan muchas cosas como para materializarla. —Nuevamente colocó aquella sonrisa medio falsa, medio sincera en su rostro. El joven, detrás del Director hizo como si no escuchara lo que acaba de decir la pelinegra.

—Ah… —Pronunció de pronto papá, dándose cuenta de la presencia del mesero. —¿Podrían traer el postre, por favor? —Él asistió y salió en silencio. Cuando hubo desaparecido del alcance de mi vista, me animé a hablar.

—Ayumi, cuentas con mi apoyo. —Aquello sonó –para mi sorpresa- como algo natural, evidentemente, porque creía en lo que ella decía. —Es cierto que no será fácil, pero no comenzará a serlo mientras no trabajemos en ello. —Ella sonrió, contenta de que alguien creyera en lo que estaba proponiendo.

—También cuente con nosotros, Ayumi-Sama. —Voltee y me di cuenta que los vampiros al lado mío le sonreían. Daba por hecho que Maria-Chan y Zero la apoyarían, así como el Director. De los únicos que no sabía eran los cazadores al fondo.


Ni siquiera hubo más tiempo en que pensaran en eso pues el mesero interrumpió nuevamente, en un carrito traía un enorme pastel con velitas encendidas. Ayumi pensó que no era realmente necesario, no era como si Kaname fuera a presentarse o manifestarse de alguna manera para apagarlas y pedir un deseo. Pegó un brinquito cuando las luces fueron apagadas, pero se relajó cuando los dedos de Zero, por debajo de la mesa, rozaron los suyos y ella los envolvió. Su tranquilidad se fue y la reemplazó la sorpresa cuando escuchó que los demás –Exceptuando a Kaito y a Yagari-Sensei- cantaban "Feliz cumpleaños". Contagiada hizo lo mismo, si los demás lo hacían ¿Por qué ella no? Quizá fuera una costumbre japonesa seguir celebrando los cumpleaños de los muertos o qué sabía ella… Tampoco es como si supiera mucho acerca de los cumpleaños, podría ser que todo el mundo hacia algo parecido y como nunca había celebrado el suyo adecuadamente ella no lo sabía.

Zero le apretó la mano y ella se giró para verlo, él colocó un dedo sobre sus propios labios indicándole que guardara silencio y ella lo miró confundida. De pronto, sintió la mirada de los demás sobre sí misma y pensó que se había sobrepasado con algo, por ejemplo, con los tocamientos inocentes que se estaba dando con el peliplata. Y lo soltó con las mejillas encendidas. Entonces entendió todo cuando el mesero colocó el pastel enfrente de ella y leyó la tablilla de chocolate que habían puesto a manera de tarjeta: "Feliz cumpleaños Ayumi-Chan". Volteó a ver nuevamente a Zero, como pidiéndole explicaciones o como si no creyera en lo que estaba viendo. La mano de él continuaba envolviendo la suya. Pronto sintió una lágrima escurrirse y deslizarse por su mejilla hasta su mentón.

El resultado fue todo lo contrario a lo que ellos esperaban, puesto que Ayumi se soltó a llorar frente suyo y el "Feliz cumpleaños" paró de súbito, siendo cambiado por los sollozos de la pelinegra que ni siquiera podía cubrirse el rostro. Zero la rodeó y cubrió su cabeza con los brazos, mirando a los otros y haciéndoles saber que necesitaría unos minutos para tranquilizarla. Con lentitud comenzó a andar con ella todavía pegada a su pecho, en dirección al otro extremo de la terraza. En su cabeza, aquel gesto la hacía feliz y salía bien, pero fue diametralmente distinto, pese a que tenía las mejores intenciones cuando decidió hacerlo.

—Perdóname Ayu, pensé que te gustaría todo esto. —Empezó diciendo Zero en voz baja. Ella siguió sin verlo y mientras, se llevó las manos a la nuca, un tintineo se escuchó. —Debí consultarte antes, saber si en verdad querías festejar tu cumpleaños… —Ella tomó con fuerza la mano de Zero y él sintió el tacto frío de un objeto familiar: el relicario de Ayumi, con eso entendió, sin necesidad de palabras, lo que quería decirle. No se había dado cuenta que lo llevaba, concentrándose solamente en ver el resultado completo de su regalo. —De verdad lo siento, pero… todos pensábamos que…

—¿Todos? ¿Incluso Takamiya-Sensei y Yagari-Sensei? —Su cara no se alzó y con un tono infantil y sarcástico preguntó, renuente a creer eso. Zero sonrió un poquito y le dio una palmadita en la cabeza. —¡Hey, no soy un cachorro!

—¿Ayumi, entiendes a dónde quiero llegar? —Ella se apretó contra él, sin importarle que estaban en un lugar público y con gente que, aunque conocía su relación, no debería de estar presenciando aquello. Era un poco incómodo y él se lo hizo saber con un suave carraspeo. Zero sujetó sus hombros y la hizo retroceder un poco, mirando hacia atrás, por encima del hombro, intentando averiguar si alguien los estaba viendo.

—¡No hagas eso! —Gruño molesta y lo jaló por el cuello de la camisa. —No me alejes.

—Eres una desconsiderada. —Le respondió Zero con la molestia totalmente dibujada en su rostro, su voz era baja, obviamente porque quería que eso quedara entre ellos dos. —No podemos simplemente abrazarnos como si estuviéramos solos.

—Pero lo hemos hecho otras veces y a nadie pareció afectarle. —El peliplata frunció todavía más el ceño y bufó. —¿Por quién te preocupa?

—¡No me preocupa nadie en específico! Solamente estoy diciendo algo que es evidente. —Respondió, ella se encogió un poco. Lo que decía no era más que la verdad. Le molestaba el ser el centro de atención y estaba seguro de que ambos lo eran en ese momento.

—¿Yo no importo tanto como para saltarse esas estúpidas normas de comportamiento? —Nuevamente lo enfrento para volverse a esconder. Zero suspiró, intentando calmarse ¿Cómo, de verdad, cómo había podido llevar el dialogo a ese punto? Ella también suspiró, antes de darse por vencida, su rostro encontró la forma de suavizarse y su irracional comportamiento la manera de ocultarse ¿Qué demonios le sucedía como para actuar de esa forma tan egoísta?

—Podemos irnos si quieres. —Dijo Zero, recargándose en el barandal de la terraza, apenas veía la ciudad y el cielo que se extendía ante él. Al final, las cosas no habían resultado como él deseaba, quería hacer una cosa que la hiciera sonreír, por eso se había tomado la molestia de planificar algo como eso.

—Lo siento. —Respondió tras unos segundos. —Seguro que se esforzaron en esto y yo acá, comportándome como una idiota. —Agregó atropelladamente. —Estoy siendo sincera, en verdad lo lamento, es sólo que…

—¿No deberíamos celebrar que naciste, no deberíamos estar felices por eso? —Las preguntas salieron con fuerza y Ayumi se quedó quieta ante el arrebato de Zero, que se había girado para que ella nuevamente lo encarara. Ambos tenían derecho a molestarse por una o por otra cosa. —Nos importas, esta reunión es por eso, sólo tratamos de demostrarlo. Demonios, Ayumi. —Gruñó por lo bajo. —Es como si no te dieras cuenta de eso. —Ella enterró todavía más su mirada en el suelo, como si buscara algo más debajo de sus propios pies. —Como si no te quisieras dar cuenta que el mes pasado pude haberte perdido en tres malditas ocasiones, como si no quisieras darte cuenta de que me importas mucho, como si te diera igual.

—Perdón. —La pelinegra hizo una inclinación con la cabeza, como japonesa, no como occidental, duró así tres segundos antes de que Zero se diera cuenta de que estaba pidiendo disculpas formalmente y le empujara la frente con los dedos con la suficiente fuerza como para levantarle la cabeza y hacérsela hacia atrás. Él había entendido por qué se había disculpado así y no como solía hacerlo.—¡Auch! —Ella le pegó en el hombro, al peliplata, por supuesto que no le dolió, ni siquiera se podía decir que ella hubiera tenido intenciones de lastimarlo, igual que él había tenido ese cuidado con ella. Los ojos zafiro estaban irritados y llorosos y él nuevamente suspiró. Ayumi solamente se giró y esta vez fue quien se apoyó en el barandal. Con disimulo se talló los ojos y las mejillas, queriendo ocultar en vano que lloraba. Zero se colocó al lado de ella, la pelinegra le vio por el rabillo del ojo. Se volvió a tallar la cara. —Abrázame o no hay trato alguno.—Murmuró, esperando que cediera. —Necesito que te dé igual que nos vean; ya lo haz hecho, ya me haz abrazado antes frente a ellos ¿Recuerdas el baile de apertura? —El cazador giró el rostro y se cruzó de brazos. —¡Oh vamos, justo ahora mismo lo hiciste! ¿O es que te da vergüenza? —La voz de la vampiro había adquirido, nuevamente, el tono de infantil molestia; no se rendiría.

Eso no es cierto, no me avergüenza, es sólo que... —Se tragó sus palabras y decidió hacer algo con ese silencio. Apretó de nuevo el relicario y luego lo pasó por el cuello de Ayumi, para ponérselo de nuevo. Interpretando el gesto de Zero como una disculpa, ella se sintió nuevamente culpable. Él había hecho algo no propio de sí mismo y ella algo que se esperaría de ella.

—Está bien. —Le dijo tras unos segundos incómodos. —Me esforzaré en disfrutarlo, porque, después de todo, tú lo hiciste.

El peliplata no quiso prestar atención a aquella volubilidad mostrada. No por el momento y menos ahora que había logrado convencerla de poner una sonrisa y quedarse y festejar. Por supuesto, sabía hasta donde presionar y no hubiera continuado si notaba una pequeña señal de fragmentación. Sólo eliminó la molestia de la pelinegra, la capa más superficial para seguir con su tristeza y luego sólo hacía cualquier cosa para arrancar todo. Olvidó todo, incluso que no le había agradecido por el vestido, cuando los labios rojos se extendieron para dar una sonrisa y cuando los dedos de ella corrieron por el tubo del barandal, deslizándose con suavidad y delicadeza. Con los pasos seguros de Ayumi rumbo a la mesa, sintió que recuperaba algo. Tardó en moverse del lugar donde hablaban, lo suficiente como para darse cuenta que hacia una nueva inclinación de cabeza. Seguramente se estaba disculpando con el Director y los demás. Para cuando llegó, no escuchó la excusa que debió haberles dado por su repentino llanto. Bajo sus ojos, los demás deberían pensar que Ayumi era la única sangre pura a la que no le importaba demostrar abiertamente lo que sentía, incluso con que la hubieran educado para lo contrario, pese a que le inculcaran que mostrarse débil era algo que no debía permitir nunca.

El Director le sonrió a Zero, agradeciéndole en silencio que la hubiera puesto mejor. Él no le devolvió el gesto. Para ese momento, las velas aunque las habían apagado, ya se habían consumido en su mayoría y quedaban unos aún más pequeños palitos de cera. Al disculparse nuevamente Ayumi todos le pusieron buena cara. La única que podía sentir que pasaba algo más profundo ahí, era Yuki. Ruka y Akatsuki, aún sabiendo del secreto que celosamente guardaba la pelinegra, no podían ni imaginarse algo más allá.

Volvieron a cantar mientras Ayumi miraba absorbida el fuego que desprendían las pálidas velas al arder. Sus pensamientos estaban lejos de ahí, estaban puestos en un evento que sucedió casi 18 años atrás, desconocía la fecha exacta, así como el lugar en que se había dado, pero no cabía duda de que había sucedido: la muerte de su verdadera madre. Recordó también el miedo que la acompañó por casi un año al perder a su padre, antes de tomar la decisión de irse. Pensó en que sería de ella de no haber ocurrido tales cosas. Pero, al soplar con cuidado para apagar las velas, cayó en cuenta de que no estaría ahí y no hubiera conocido a ninguna de las personas que estaban ahí, al menos, no como las conocía ahora. Siquiera sería la persona que creía ser en esos momentos. Sonrió, agradeciendo en silencio por las situaciones (decididas por ella o no, planeadas o no) que la habían arrastrado hasta ese lugar, estando ahí y sin importar las muchas cosas desagradables que hubieran pasado, se sentía en un estado cercano a la felicidad pura. Y no había muchas palabras para agradecer al universo, a la vida, al destino o a un dios por ello.


Después de poco más de dos horas, Ayumi bostezó, indicando a los demás que era momento de retirarse. Aunque no era demasiado tarde, se sentía agotada. Mientras esperaban a que llegara el chofer, la albina se permitió pensar en lo que sufriría con los desvelos cuando regresara a ser prefecta en la Academia. Se entregaría a todo lo que pudiera con tal que las cosas resultaran como ella deseaba. Su pensamiento se detuvo en cuanto sintió una mirada sobre ella, con un ligero movimiento de cabeza se dio cuenta de a quien pertenecía y se sorprendió un poquito, aunque quizá debía de esperarlo. Yuki le observaba con un mal disimulo, pero ella no podía enojarse del todo, así que cuando la sangre pura pegó un brinquito, no pudo más que sonreírle para que se relajara. Sin embargo, notó sin querer el sonrojo que invadía la cara de Yuki y recordó que Zero estaba al lado suyo para luego pasar a sentir algo parecido a un pinchazo. Parecido, no debía de aparecer en la oración: ella de verdad lo había sentido, justo al medio del pecho. Y siguiendo con lo que le producía aquel pinchazo, se restregó contra el hombro de Zero, exigiéndole su atención. Era un sentimiento desagradable y que no podía reconocer, como si fuera la primera vez que lo experimentaba. Aunque sentía que a una partecita de ella le era familiar. Esperó paciente a que esa sensación desapareciera, sin éxito alguno. Sin recuerdos de Yuki, era imposible que ella reconociera el sabor de los celos.

El peliplata le acarició la cabeza, comprendiendo lo que sucedía, después de todo, él también sintió la mirada de Yuki. Sin duda, había un montón de cosas que no estaban claras y un montón de cosas que quería saber, pero hasta que no supiera que hacer, no realizaría ningún movimiento. Era feliz estando con la pelinegra y sentía que podría seguir siéndolo por más tiempo. Partiendo desde su mano, un tipo de descarga recorrió su cuerpo, hasta el fin de su espalda, todo porque las puntas de los dedos de Ayumi acariciaban con suavidad su dorso, con cierto aire de intimidad. Seguro no era intencional, pero su cuerpo no había podido evitar reaccionar de esa manera, deseando que el contacto se repitiera. Ella le miró como no entendiendo la situación pero se acercó todavía más a él, confirmando, de alguna forma, que su atención sólo era para ella y no para la joven frente a ellos. A cambio, él dio un gesto tranquilizador.

El auto finalmente llegó y ellos irían de regreso a la Academia para dejar a Maria, antes de volver a la Residencia y hablar, descansar, lo que fuera lejos de los vampiros. Los cazadores y Ayumi apenas se despidieron de los vampiros, casi huyendo de ellos. Mientras hacia eso, la pelinegra se dio cuenta de que primero debía trabajar en algunas cosas de su comportamiento antes de querer cambiar a los demás.


Zero se encargó de llevar en brazos a Ayumi que, como de costumbre, se había quedado dormida en el trayecto, los viajes en auto conseguían siempre adormecerla aunque fueran a un lugar cercano, pero sólo lo hacía cuando se sentía en confianza para hacerlo, justo como ahora. Por alguna razón, el cuerpo de la pelinegra se le hizo algo rígido y más pesado, aunque estaba seguro de que no había ganado peso alguno recientemente. Igualmente, llevado por la fuerza de la costumbre, la metió en su habitación que cada vez se le antojaba más pequeña por las cosas de Ayumi que poco a poco se iban internando en el espacio. La acomodó en la cama y le quitó los zapatos y el broche del cabello, además, desabrochó el botón que se encontraba en la parte trasera del cuello del vestido. Ayumi se "despertó" y lo detuvo.

—Yo puedo. —Le dijo adormilada, mientras, a tientas, buscaba su pijama sobre la cama.

—Iré con Cross un rato, ¿De acuerdo? —Ella asintió y fue lo último que vio antes de cerrar la puerta tras él.

En la sala le esperaba el Director que quería hablar con él sobre lo que había pasado en el restaurante. La reacción de Ayumi no había sido para nada normal, ni de un lado ni del otro: por más que estuviera feliz o enojada, aquella reacción había sido exagerada. Pero la vampiro no tenía un filtro para lo que sentía, nunca se controlaba y eso representaba un problema para el papel que desempeñaba. Más que eso, vivir con ese tipo de emociones tan intensas no podría ser sano.

—Quisiera saber cómo la ves, Kiryuu-kun. —Preguntó tras esperar que Zero tomara asiento frente a él en la sala. —Ya sabes, con todo. A diferencia de Yuki, Ayumi parece no sentir en absoluto el duelo, lo cual no sé si realmente sea eso o si sólo está ocultando su dolor. —El peliplata se rebulló en el sillón. —Sé que podrás contestarme eso, porque has estado con las dos y conoces mejor que nadie a Ayumi. También podrías decirme si crees que la forma en que tomó lo de hoy fue demasiado o si sólo es la forma en que lo veo.

¿De verdad la conozco mejor que nadie? —Se preguntó. —Es imposible. —Se dijo. Conocer a alguien a fondo es una tarea verdaderamente titánica y muchas veces, lo que conocemos, aunque sea mucho, es apenas una delgada capa superficial.

—No sé si me estoy preocupando demasiado, o si estoy en lo correcto al tomarle importancia a esto. —Admitió el hombre, más parecía que estaba hablando consigo mismo que con el joven frente a él. Pero ya se había acostumbrado a lo poco participativo que podía ser Zero en las conversaciones.

—Ella cree que no me doy cuenta, pero está obligándose a evitar el duelo. —Respondió. —No es como si no quisiera aceptar que está muerto, lo tiene más que asimilado, pero no quiere sufrir por ello, no después de todo lo que él le hizo. —Cross asintió, dándole a entender que lo escuchaba y comprendía lo que le estaba diciendo. —Supongo que es normal eso, ¿No?

—Sí, lo es, pero no es muy sano. —Respondió el Director, aflojándose la corbata. —Por mucho que ella no lo quiera, de alguna manera tiene que sacar eso. —Puso una media sonrisa en su rostro, no porque le alegrara de cierta manera la situación, sino porque había llegado a una conclusión. —Probablemente lo de hoy fue parte de eso.

—Yo no había sido capaz de darme cuenta, o no quería hacerlo, pero ella se siente triste. —Zero se desparramo en el sillón, agotado, avergonzado por reconocer eso. —Ayumi no quiere que eso se sepa, no quiere que los demás nos demos cuenta de cómo está realmente. Maria también siente eso, no la ve como es ella, al menos no desde hace unos días. Le dan vergüenza sus emociones respecto a esto.

—Podría ser que Ayumi apenas sienta la necesidad de tener un duelo, después de todos estos días. —Suspiró. —¿No será por la relación de fechas? No es descabellado pensar que por ello empezó a sentirse de esa forma.

Zero recordó la superstición sobre el número cuatro, aunque no fuera tan relevante en esos momentos. En el caso de Ayumi, el número se repetía dos veces en su fecha de nacimiento, aunque sólo en el mes era dónde podría decirse que radicaba el infortunio. Por lo que entendía, la familia Hiou era demasiado… tradicionalista, y aquella fecha no significaba más que una premonición a lo que la mestiza podría traer. Sin embargo, nunca ocultaron la fecha de nacimiento, quizás por intentar relacionarlo con el Qingming(*) y lo que podría significar a ojos de los demás: renacimiento y cambios, así como prosperidad. El sonido de papel rasgándose se llevó su divagación y levantó la cabeza para dar con el origen del ruido, dándose cuenta que sobre la mesita de centro estaban un montón de sobres blancos. No había por qué prestarle tanta atención a un evento tan cotidiano, pero algo en el dichoso sobre le llamó. Quizá la forma en que Cross leía tan interesado el documento del interior o la forma en que su ceño se fruncía con desaprobación. El hombre giró el rostro para encontrarse con él, mientras doblaba la hoja que había leído y la metía de regreso al sobre.

—Los del Consejo quieren que Ayumi se presente en los próximos días o la quitaran del cargo. —Dijo simplemente, Zero lo único que hizo fue asentir. —Ayu-Chan se pondrá como loca cuando le diga. La reunión será el día miércoles, así que tiene tres días para irse preparando para lo que sea que le vayan a decir.

—¿Pueden hacer eso?

—Bueno, ella lo hizo con Yuki, así que… —Respondió, al igual que Zero se echó para atrás y se quitó las gafas para luego sobarse el puente de la nariz. —Por cierto, ¿Has decidido algo acerca de eso?

—Se lo dije. —Dijo tras unos segundos en los que dudo sobre lo correcto que sería decirle más que eso. — Todo lo que pude haberle dicho, todo lo que ella quiso saber y que le pude responder.

—¿Y? —Inquirió con una mezcla de preocupación y curiosidad, consciente que aquella conversación pudo haber tenido un punto desastroso. —¿Ella cómo lo tomó?

—Bien, pero, sin duda, fue de las cosas más difíciles que he hecho. —Respondió.

—¿Te arrepientes? —Él negó con la cabeza, su mente, probablemente en otro lado. —Ustedes han cambiado mucho. —Esto llamo la atención del peliplata nuevamente y lo miró, intentando dar con los sujetos de su observación. —A partir de su relación han crecido y eso me alegra, conocerse fue un paso positivo para ambos. —Cross le dirigió una mirada paternal y parecía que se contenía para evitar levantarse y abrazarlo, Zero esperó por algo más que tuviera que decirle. —Si te soy sincero, pensé que después de lo de Yuki te cerrarías por completo durante mucho tiempo, pero me equivoqué. Y me alegra el haberlo hecho.

—No puedo decir algo respecto a eso. —Respondió con cierta amargura Zero. Lo cierto era que, aunque la manera en que se dieron las cosas y lo que le habían dicho, indicaban que, él había sentido algo profundo por Yuki, ahora mismo no significaba nada. Y era extraño, los demás sabían de ese pasado y que él había decidido hacerlo a un lado al final, como si no valieran los recuerdos de esos tiempos, pero no estaba seguro de cuanto valía ese pedazo de existencia para él, aunque no debía ser mucho si no deseaba recuperarlo. O solamente no deseaba conocer el valor de todo eso perdido... aunque, a veces pensaba, ¿Y si había ahí algo realmente importante?


...NOTAS

*Qingming = Festival de primavera realizado el 5 de abril en China y el 4 en Japón, tiene como fin ir a hacer las visitas de rigor a las tumbas para recordar a los ancestros, además, a partir de ese día, las temperaturas comienzan a cambiar y se hace un clima propicio para la cosecha, es decir, comienza la prosperidad. La palabra significa brillante y claro, haciendo clara referencia al final del invierno. Hago referencia a todo esto porque decidí que la fecha de nacimiento de Ayumi fuera el 4 de abril (4/4) y en Japón tienen un problema con el número porque está relacionado con la muerte (Se pronuncia Shi = muerte), tenía claro que quería que fuera en abril porque los kanjis del apellido Hiou están relacionados con los cerezos, así que lo encajé 3

¿Algo más que deba decir? Creo que no, sólo eso... ¡Ah y que los capítulos siguientes tendrán la misma longitud que este! Ya son los últimos, así que probablemente no pueda explayarme tanto (quizá sí, quizá no), sólo espero cerrar adecuadamente esto y al final, sólo corregiré algunas cosas que quedan antes de concentrarme en otros proyectos.

Y lo de siempre, espero no tardarme eternidades (como siempre) con el nuevo capítulo.

Gracias por leer~~~