Trando de crecer
Squall
"Esperando"
Shu miraba fijamente a Squall leer el informe que le acababa de entregar. El gesto del Comandante fue mutando y ella tragó saliva, estaba extremadamente tensa y nerviosa, su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho. El castaño se cubrió la boca con una mano, sus ojos muy abiertos leían el papel que tenían delante.
-¿Estás segura? ¿No puede ser un error?- preguntó, releyendo, buscando un traspié o que las letras cambiaran mágicamente de parecer y describieran otro hecho.
-No hay error, Squall. Repitieron el estudio cuatro veces para estar seguros.- afirmó la joven y se mordió el labio inferior.
-Esto es…- comenzó, pero su voz se apagó. Se pasó una mano por los labios, suspiró y miró a Shu. –Vamos a Balamb, quiero decir, ¿quieres ir a Balamb? Podemos decirle a Quistis y Nida.- se corrigió, mirando disimuladamente si había alguna persona pasando por la puerta de su despacho. La castaña asintió firmemente.
-Seguro, déjame avisarles. ¿Puedes, esto, preparar una canasta de picnic, cariño?- preguntó incómodamente.
Squall varió de colores hasta quedar levemente sonrojado e inequívocamente abochornado. Trató de hablar pero las palabras no salían, así que simplemente asintió. Su compañera se retiró un poco vacilante.
-"Canasta de picnic".- pensó el guerrero, recordando los códigos que se habían creado para las reuniones del grupo, idea propuesta por Quistis y Shu. –Sería una reunión urgente y "cariño" significa que es grave.-
Las muchachas habían creado un pequeño grupo de palabras y gestos clave, que pasarían fácilmente desapercibidos en una conversación para cualquier oyente indiscreto, de forma tal que no tuvieran que estar susurrando o escribiendo en micro-notas todo el tiempo.
Por ejemplo, mencionar "malos sueños" significaba que sospechaban que alguien los estaba espiando; mostrar la última edición de la revista Armas o hacer algún comentario de la misma se refería a situaciones de violencia, mientras que la Timber Maniacs significaba información nueva; pedir chicle o algún dulce significaba que necesitaban recursos para alguna misión; pedir prestado un bolígrafo, que se requiere trabajo de inteligencia; decir por teléfono, y en caso de estar fuera del Jardín, "el clima está justo como me gusta, deberías tomarte unos días para disfrutar del paisaje" significaba que se necesitaban refuerzos urgentemente; finalmente, decir alguna frase romántica o excesivamente cariñosa era sinónimo de un peligro grave e inminente que ponía en riesgo la misión, también implicaba riesgo de vida, que era casi lo mismo para algunos.
El joven Comandante sabía que se trataba del código secreto pero no podía evitar sentirse perturbado cuando alguien le dirigía palabras afectuosas, aun a sabiendas de que no había un sentimiento detrás.
-Rinoa…- recordó, bajando la mirada.
Procuraban no necesitar de los demás miembros del grupo puesto que todos eran guerreros de elite, sabían en qué se habían metido; sin embargo, el último informe que recibió Squall le hizo pensar que el asunto era aún más grave de lo que habían pensado.
Todos hacían lo posible por pasar desapercibidos, por ejemplo, Shu y Squall fingían estar trabajando en una relación seria, mientras que Quistis y Nida, ser amantes. De esta forma no parecería tan sospechoso que, oh, casualidad, se pusieran de novios al mismo tiempo.
Claro, para el joven Comandante la actuación no era tan sencilla. Para empezar, él no era ningún actor; en ése sentido, era una ventaja que el guerrero fuera reconocidamente mezquino en sus expresiones de afecto, puesto que a nadie le extrañaba ver que no abrazara a su flamante novia o que no fuera de la mano con ella. Por otra parte, aún estaba de duelo por su fallida relación con Rinoa y no podía siquiera considerar la idea de reemplazarla, así fuera una tapadera para la organización.
Squall dobló el informe en tres partes y lo guardó en el bolsillo interno de su chaqueta. Se levantó de su asiento y dejó una nota, aclarando que saldría por algunas horas y que, de suceder alguna urgencia, se comunicaran a su teléfono privado.
-Ahora debo realmente preparar una canasta de picnic, sino levantaré sospechas. Todo sería más fácil si pudiéramos averiguar de dónde se nutren de dinero estos rastreros.- pensó, mirando de reojo a uno de los miembros de la administración, que cuchicheaba con otro en la oficina de Contaduría, la puerta se cerró tan pronto como lo vieron pasar. –Podríamos 'desaparecer' a alguno de ellos, robar el uniforme, usarlo para entrar a esa oficina… No, ¿qué estoy pensando? No es como si fueran a tener un archivador con una carpeta rotulada 'Negocios sucios'.- tomó el ascensor. –Estúpida cancioncilla, voy a hacer que la quiten y quemen la cinta.- sonrió socarronamente ante la idea, pero volvió a poner cara de póker al reabrirse las puertas del elevador en la planta baja.
Caminó hasta la Cafetería, recibiendo saludos por parte de la mayoría de los alumnos, a los que respondía con un asentimiento o con un seco "hola". Al llegar a su destino, se acercó a una ventanilla e hizo su pedido, abonó mientras se lo preparaban. Entretanto, y para su desgracia, la señora cuarentona que trabajaba allí desde el inicio de los tiempos, comenzó a contarle sobre las andanzas de su hijo y un millón de cosas que a Squall, sinceramente, le importaban un rábano.
-¿Por qué no se calla?- meditó el castaño, ajeno a todo lo que la mujer decía, pero mirándola fija y fríamente. Quizás, si se concentraba lo suficiente, la cabeza de la mujer explotara. Una vena comenzó a latir con mayor velocidad en la sien del muchacho.
-Ay, Comandante, usted siempre tan atento. Recuerdo cuando aún era un cadete, no fue hace tanto, pero para nosotras, las viejas, unos cuántos meses parecen meros días…- mentalmente, el joven estaba golpeándose la frente contra el muro. –…entonces mi vecina…-
-¿Estás hablando en serio, mujer? Voy a hacer que te corran.- una sonrisa débil y algo retorcida se formó en su rostro.
-¡Qué feliz me hace verlo tan contento!- exclamó, poniendo una bolsa con la orden delante de él. –Después de todo el escándalo de la Bruja, pues ya no sabíamos qué pensar, pero aparentemente la chica esta… bueno, no recuerdo su nombre, le está manteniendo contento y…- Squall no aguantó más, tomó lo que había ido a buscar, se dio media vuelta y se marchó, dedicándole la mirada más asesina que hubiera cruzado esos ojos tormentosos desde su último enfrentamiento con Seifer.
Caminó a un paso rápido y rígido, sosteniendo la asidera de la bolsa como si la estrangulara con una mano. Ignoró dedicadamente a todo aquel con quien se cruzara hasta arribar al Garaje, donde se quedó viendo su moto sin mirarla realmente.
Obviamente no podía llevar ése vehículo al encuentro, ya que debía movilizar a cuatro personas. Suspiró, negó levemente y se acercó a un auto, pequeño y discreto, que estaba aparcado a un lado. Básicamente, era el vehículo que todos, alumnos y profesores, ignoraban. Es más, de preguntar al 100% del alumnado y personal docente de qué color era el automóvil de cuatro puertas estacionado en el extremo derecho, en su mayoría la respuesta serían todas las variantes posibles de "¿hay un automóvil ahí?".
Se acercó y lo revisó concienzudamente en busca de micrófonos: debajo y entremedio de los asientos; en todos los recovecos posibles e imposibles, golpeó suavemente las superficies sólidas para distinguir sonidos inusuales o partes flojas; también revisó el motor, las llantas y las cubiertas; finalmente, se deslizó, haciendo uso de una tabla con ruedas dispuesta para tal fin, debajo del vehículo y revisó el chasis de cabo a rabo.
De no saber perfectamente con quién estaba lidiando, hasta él hubiera considerado que se había pasado unos kilómetros de Villa Paranoia.
Tomó la bolsa con la comida, abrió la puerta del conductor y se acomodó en asiento correspondiente, colocando dicho objeto en el lugar del acompañante. Se apoyó cansinamente en el respaldo, y soló un suspiro largo de entre sus finos labios mientras cerraba la puerta con un golpe seco. Sólo restaba esperar.
Recordó el infame informe que Shu le había entregado y abrió los ojos de golpe. Sacó el papel plegado del bolsillo interno de su chaqueta y lo releyó, apoyando su mentó en un puño. Apretó los labios, sintiéndose decepcionado porque seguían siendo malas noticias y exponencialmente estúpido, por pensar, así fuera por una fracción de segundo, que las palabras del papel podían cambiar. Plegó y guardó prolijamente el dictamen en su sitio.
Entrecerró los ojos recordando que había enviado a Zell a Deling para que investigara. Lamentablemente, a pesar de ya tenerlas, no podía darle más especificaciones por dos sencillas razones: primero, ya era tarde para contactarlo sin levantar sospechas; segundo, estaba tratando con Zell.
-Le confiaría el cuello pero tengo que darle la razón a Shu sobre que es un bocazas.- suspiró.
Selphie había conseguido la muestra para el análisis, según Quistis. Tragó saliva y se preguntó si ella, que no era mucho más discreta que el joven rubio, habría cometido alguna imprudencia al obtenerlas. Se pasó una mano por el cabello, pensando que ya no tenía sentido preocuparse demasiado por eso.
Ella había decidido irse del Jardín también; aquella había sido su última misión, y era extraoficial. Una punzada en el pecho le acusó al pensarlo. También Irvine había dimitido. Se preguntó en qué parte del mundo estaría entonces.
-Si lo conozco un poco, y no soy del tipo que considera conocer realmente a nadie, no creo que se haya quedado quieto en ningún lugar más de dos días.- se ajustó los guantes, preguntándose cómo podía vivir de esa manera. –Yo no, no podría. Necesito estabilidad, sentirme asido a algo, constancia, rutina.- parpadeó y se pensó totalmente opuesto al vaquero, que era mucho más espontáneo y liberal. –Sin embargo, aquella vez…-
Recordó la primera misión que había compartido con Irvine: matar a Edea. A su mente rápidamente corrieron los dichos del pelilargo, su mirada insegura, sus manos temblorosas sosteniendo el rifle, su temor al fracaso…, a pesar de lo cual, el disparo ejecutado había sido perfecto.
-En eso sí somos más parecidos: la idea del fracaso, el juicio ajeno, nuestros miedos…- entornó los ojos, y se sorprendió al oír que alguien tocaba el vidrio a su lado. Sin haber podido concretar su pensamiento y habiendo bajado la guardia, se sentía desconcertado. Giró y encaró a Quistis, que movió su mano a modo de saludo.
