Espero que os gusten los nuevos cambios ;)

Gracias por todas las reviews, es genial tener lectores así :P


Johanna y Jaime estaban mucho más alterados de lo normal, pero era algo comprensible en este caso ya que acababan de entrar por primera vez en su casa nueva. Lo cierto era que habían conseguido aquella casa en un tiempo récord, gracias a los contactos y el dinero del millonario escritor de éxito. La vivienda se encontraba en un barrio a las afueras de Nueva York, pero lo suficientemente centrado para darle a Kate una buena accesibilidad a la comisaría.

Desde fuera la casa era realmente preciosa. Se trataba de una vivienda familiar de dos plantas, un sótano y un enorme jardín. La fachada de la casa era de un color blanco que hacía un gran contraste con el tejado negro. Tenía un pequeño patio delantero y un enorme jardín en la parte de atrás.

Después de echar un rápido vistazo a las habitaciones de la primera planta, los niños se apresuraron a subir las escaleras, en busca de sus dormitorios.

Jaime se quedó boquiabierto al abrir la puerta de su nuevo dormitorio. Las paredes estaban pintadas de un color azul cálido, los muebles eran blancos y tenía un enorme ventanal en el lado derecho de la habitación desde el cual se veía el jardín y junto al que había situado un telescopio. La habitación también contaba con una estantería y un escritorio con una silla donde pintar o hacer los deberes. Aquello hizo a Jaime sentirse mayor.

-¿Te gusta? – le dijo Castle, que había entrado con él al dormitorio.

-¡Sii! – Gritó Jaime, con una gran sonrisa en el rostro – ¡Es la mejor habitación de toda la casa!

Mientras tanto, en el dormitorio contiguo, Johanna miraba feliz su dormitorio, todavía de la mano de Kate. La pared del dormitorio estaba pintada con un tono de rosa suave, con unas bonitas flores lilas pintadas por encima. La cama y los armarios estaban teñidos en tonos lilas, blancos y rosas, y sobre la pared había varias estanterías en forma de flores.

-¿Te gusta tu nueva habitación, cariño? – le preguntó Kate. Johanna tenía expresión de sorpresa y se llevo una mano a la boca, como hacía cada vez que algo le sorprendía para bien – Tienes una habitación de princesa. ¿Te parece si colocamos aquí a Fanty? –dijo, señalando una estantería encima de la nueva cama de la pequeña.

La niña asintió y, con su peluche en la mano, alzó los brazos para que su madre la levantase y poder colocar a Fanty en su nueva estantería. Después de hacerlo, abrazó fuertemente a Kate, llenando su cuello de besos.

Ambos niños todavía se alteraron más al ver la habitación de juegos, diseñada exclusivamente para ellos. La planta de arriba contaba también con una habitación de invitados, pensada sobre todo para Alexis, un despacho para el escritor, un baño, y el dormitorio de Castle y Beckett, el cual también tenía un baño propio.

Kate contemplaba desde el marco de la puerta cómo sus dos hijos jugaban felizmente, descubriendo todos sus nuevos juguetes de aquella habitación, cuando dos manos la rodearon por la cintura, desde su espalda.

-Parece que les ha gustado – susurró el escritor en el cuello de Kate.

Ella asintió, girando su cara hasta encontrar los labios del escritor y darle un dulce beso.

-Todavía queda por enseñarles el jardín – dijo ella, sonriendo.

Aunque les costó dejar la habitación de juegos, tras la insistencia de sus padres, ambos niños bajaron a ver el jardín. Cuando Castle abrió las puertas acristaladas del salón que daban acceso al jardín y sus hijos salieron se pusieron a gritar y a saltar. Se trataba de un enorme jardín, con una zona para barbacoas y una gran piscina, vallada por precaución con unas bonitas vallas blancas. Al fondo del jardín había un árbol alto, con dos grandes y fuertes ramas a cada lado, desde las que colgaban dos columpios. Fue el primer lugar al que los niños se apresuraron corriendo. El escritor y la Detective se miraron, esbozando una sonrisa y, cogidos de la mano, se dirigieron hasta donde se habían instalado sus hijos.

-¡Ahora podemos tener un perro! – exclamó Jaime, con una gran expresión de alegría.

Castle y Beckett se miraron, inesperados por la propuesta que su hijo acababa de hacer.

-Siempre me decíais que no se puede tener un perro en un piso cerrado, pero ahora tenemos jardín – dijo el niño, mirándolos a ambos.

-Es un gran argumento – le dijo Castle a Kate.

-Johi quiere perro – dijo Johanna, mientras su madre le ayudaba a balancearse en el columpio.

-Ya lo hablaremos – dijo ésta.


Aquel día, la hora de dormir no se hizo de rogar, ya que ambos niños estaban ilusionados por estrenar sus camas nuevas. Kate fue con Jaime a contarle un cuento y por su parte, el escritor fue con su hija.

-Papi, ¿has visto? De princesa – le dijo Johanna a su padre, siseando en la palabra princesa.

-Entonces… eso me convierte a mí en rey, porque tú eres mi princesa – le dijo el escritor, antes de comenzar a hacerle cosquillas. La risa de Johanna sonó por toda la habitación. Al escritor le encantaba escucharla reír, le parecía extremadamente dulce.

Ayudó a su hija a meterse debajo de las sábanas, mientras le apartaba un mechón de su pelo ondulado que le caía sobre la cara. Su hija le miraba dulcemente, aquella mirada, a pesar de tener los ojos azules, era la misma mirada de Kate.

-¿Qué cuento quieres que te cuente hoy?

Los finos y delicados labios de Johanna se separaron, pero en lugar de hablar emitió un pequeño bostezo, que hizo sonreír al escritor.

-La princesa guerrera – dijo Johanna, decidida.

El escritor volvió a sonreír ante la decisión de su hija. Aquel cuento lo había inventado él para ella, en realidad estaba inspirado en una historia que conocía bastante bien. Se aclaró la voz y comenzó a narrarle la historia.

Había una vez un reino en el que vivía felizmente una preciosa princesa con sus padres. Todo el mundo en aquel lugar parecía feliz, hasta que un día un malvado ogro mató a la reina. El rey y la princesa se pusieron muy tristes, pero la princesa decidió que tenía que encontrar a aquel ogro que había matado a su mamá, así que se armó de valor, cogió su arco y un caballo y salió del reino en busca de aquel malvado ogro. Todos en el reino estaban asustados por lo que le pudiera pasar a la princesa, pero confiaban en ella porque sabían que su talento y su perspicacia le acompañaban. Desde entonces comenzaron a llamarla: La princesa guerrera.

Mientras tanto, la princesa continuaba a galope, cruzando un gran bosque encantado donde se encontró con algún que otro peligro, pero hizo frente a todos ellos.

-¿No tenía miedo? – preguntó Johanna a su padre.

-No, la princesa guerrera nunca había tenido miedo a la oscuridad – le contestó Castle, antes de continuar con la historia.

Un día de primavera la princesa consiguió llegar al reino donde habitaban los ogros, pero antes de subir a la montaña en la que se encontraba el ogro al que ella buscaba, se paró a descansar. Se agachó a la orilla del río y cogió agua con las manos para refrescarse, pero antes de que pudiese hacerlo escuchó unos pasos tras ella, así que agarró su arco y preparó una flecha, dispuesta a disparar al primero que se acercase a ella.

-Sal de detrás del árbol – gritó la princesa.

Pero detrás del árbol no había ningún ogro, sino un apuesto príncipe azul. Sus ojos azules enseguida enamoraron a la princesa, pero ella no se dejaba engañar fácilmente, así que le gritó, todavía más fuerte:

-Levanta las manos, muy despacio.

El príncipe hizo lo que la princesa guerrera la pedía. Al muchacho le costó un tiempo convencer a la princesa de que él no era malo y que le ayudaría en todo lo que necesitase, pero al final lo consiguió y la princesa dejó que le siguiera. Así, ambos llegaron a la montaña en la que se encontraba el malvado ogro. Cuando llegaron, el ogro se asustó un poco, aunque pronto se dio cuenta de que dos seres humanos tan pequeños no iban a poder con él. Sin embargo le confesó a la princesa que un rey muy muy malo, le había ordenado matar a la reina.

Por primera vez desde que había comenzado el viaje, la princesa comenzó a llorar de rabia por la muerte de su madre, así que el príncipe intentó consolarla, pero en un descuido el ogro atrapó al príncipe y la princesa tuvo que disparar una flecha directa al corazón del ogro, matándolo.

Tanto la princesa como el príncipe se prometieron encontrar a aquel malvado rey y acabar con él. Y… colorín colorado, este cuento, se ha acabado.

Cuando el escritor terminó de contar la historia a su hija, le dio un beso en la mejilla, mientras la arropaba.

-Papá – susurró la niña – la princesa…

-Sí cariño, algún día lo encontrará y acabará con él – le dijo Castle, adelantándose a la pregunta que Johanna siempre la hacía al final del cuento.

Johanna esbozó una sonrisa, al mismo tiempo que cerraba los ojos.

-¿Te dejo la lamparita encendida?

-No.

Antes de salir del dormitorio, Castle miró a su pequeña, con una sonrisa en el rostro, era tan valiente y tozuda como su madre.


Gracias por leerlo :)