Capítulo XXXIV

Inicio del flash back

Buenas noches, me podría comunicar con el señor Rocco, por favor - Candy me habló esa mañana, recién se había encontrado con Candy en el restaurante. ¡Hola Candice! - la saludé por el teléfono, se oía emocionada.

¡Hola Marcello! ¿Cómo estás? - me preguntó como siempre.

Bien y ¿tú? ¿Ya tienes lo que te pedí? - respondí y cuestioné.

Sí, bueno…he leído algunas cosas aquí, pero me resulta difícil comunicarte que las historias son realmente poco creíbles - respondió con cautela.

Ah sí y eso ¿por qué lo dices? - lo sabía, no siempre me daba el visto bueno cuando yo quería recibirlo.

Todas hablan de magnates italianos, franceses, griegos, sicilianos y en realidad pienso que deberían ser escritas por hombres, hacen lo que quieren... - espetó sin más.

¿Por qué lo dices? Es que acaso te han aburrido... - ofrecí lo más obvio.

Disculpa, bueno ya sabes en que continúan las demás, pareciera que las chicas no tienen de otra que acatar sus órdenes y ¿qué acaso no conocen la píldora del día después? - me preguntó burlándose.

¡Entonces son muy monótonas! - ofrecí de nueva cuenta.

Yo no lo diría así... - ella quiso disfrazarlo.

Pero esa es la realidad o ¿no? - intuí sin remedio.

Sí, lo siento, quizás la escritora es muy apasionada… - refirió sin miramientos.

¡Demasiado…! ¿Algo más? - quise saber.

No nada más, si quieres leo los demás escritos, pero creo que eso será más de lo mismo... - me dijo sin recato.

Espera, ¿a dónde te envío el cheque? - cuestioné, sabía que iba a sufrir si seguía leyendo.

Cuando de pronto se oyó otra voz en el trasfondo.

¿Cuánto vas a cobrar por este trabajo, Candice? - una voz se dejó escuchar.

Terry…luego le llamó señor Rocco - Candy se despidió apresuradamente y colgó o eso al menos es lo que pensó.

¿Qué tienes que ver con Marcello Rocco? ¿Qué es lo que te tiene que pagar? - cuestionó Terry encolerizado.

Otra vez oyendo conversaciones ajenas... - le reprendió.

¡Te hice una pregunta! - exclamó de nueva cuenta.

¡Piensas en realidad que te voy a contestar, esto, no es de tu incumbencia! - le dijo ella.

¿A cuántos más es que "conoces"? - le preguntó en otro sentido.

¡Terry puedes salir de aquí, estoy trabajando! - ella se levantó y fue hacia los atriles que seguramente tenia detrás de ese sillón en el que se sentaba.

Trabajas pasando información con otro hombre sobre mi empresa - él la tomó de los hombros, levantándola.

Supongo que dices eso porque Rocco´s Company y Emporio Grandchester Inc., son competencia, ¿verdad? - supuso Candy.

Veo que ya lo sabes. Entonces dime ¿cuánto le cobrarás? - le preguntó soltándola.

¡Te he dicho que te vayas, tengo trabajo que hacer! - respondió ella poniendo como obstáculo su propio sillón.

¿Qué información le has pasado? - . Terry insistía en ello.

¡Terry, deja de molestar! - le pidió harta.

¡Lo averiguaré, esto no se quedará así! - le grito saliendo de su oficina y azotando la puerta.

Sí ajá, Vitto ¿podrías volver hacer la llamada que te pedí? - dijo, sentándose y colgando bien el auricular.

Sí, en un momento - respondió su secretario o eso lo supongo.

Perdón por la interrupción, puedes depositarlo en la cuenta que conoces, sí, esa, gracias - me dio indicaciones y volvió a sentarse.

Sabes que debo ir a donde estés para la firma- le dije dirigiendo el cheque al estado de cuenta para la transferencia electrónica.

Lo sé, te daré la dirección de mi casa por correo - Marcello conocía el departamento de Lacio pero no el de Roma.

El cheque lo firmarás en dos días, de acuerdo - referí, siempre le pagaba a la semana, pero sabía que ella no tomaba nada de su herencia y con esto sobrevivía en la costosa vida en Roma.

Sí - ella asintió.

Una cosa más, mi abuelo quiere invitarte a comer a casa, estaremos también mi padre y yo; ¿te será muy incómodo si te pide no venir acompañada? Sé que ahora Grandchester es por decirlo de alguna forma tu… protector - le cuestioné tratando de que no sonara como burla.

Ya no lo es más, que le resulte difícil entenderlo es diferente, no te preocupes, iré sin él - me informó.

Bien, la comida será en dos días, te llevaré el cheque y después a la mansión Rocco, ¿te parece? - quise saberlo, era para mi siempre un gusto estar con ella.

De acuerdo, ¿es formal o informal? - preguntó.

De verano de hecho, conociendo a mi abuelo te preparará un cambio de ropa, ¡déjalo que lo haga! - me recomendó haciéndola reír.

Ah…está bien, te veo en dos días entonces - ella me dijo y colgó.

Mientras afuera, un Terry daba de vueltas alrededor de su auto, Fred le miraba extrañado, pero sabía que estaba enfadado así que prefirió dejarlo que se desahogara.

Fred... - Terry llamó a su chofer.

¿Pasa algo Terry? ¿Está bien, señor? - Fred le preguntó.

No, no estoy bien Fred, estoy a punto de usar todo mi poder y demostrarle que no puede hacer lo que ella quiera - respondió muy arrogante.

Tenía a Candice vigilada, sólo hacia lo de todos los días, no se encontraba más en Lacio sino en la casa de Paula, obviamente que no le había visto más, luego en una semana, un día de ellos, llegó a su casa muy temprano, el guardaespaldas me llamó y me dirigí lo más rápido posible hasta su casa justo unos minutos antes de las dos, su casa fue abierto, la puerta quedó así, toqué el timbre y pensando que esperaba a alguien entré, la vi con un conjunto muy escotado y ceñido a su figura, unas zapatillas blancas con naranja, un poco de maquillaje y al sentarse en el sofá, ese vestido se levantaba dejando muy poco a la imaginación, se notaba recién bañada y perfumada, se levantó tomando su bolso y un suéter ligero, dándose la vuelta para darse cuenta de su error, al verme entrando y dirigiéndome hacia ella.

¿A dónde crees que vas a ir así vestida? - Terry le preguntó enfurecido.

Terry, ¿qué haces aquí? - Candy le preguntó de vuelta.

Pues…venía a invitarte a comer - la invité, la quería ver sólo yo y no los demás.

Lo siento, tengo otro compromiso - Candy le contestó dándose la vuelta.

¡Ah sí! ¿Con quién? - Terry quiso saber.

Candice, lamento llegar tarde - Terry y Candy escucharon otra voz de hombre y ambos se dieron la vuelta.

Marcello, no te preocupes, ¿nos vamos? - pidió Candy sin mirar a Terry que estaba enfurecido por mi presencia.

No nos vas a presentar, el caballero es… - comentó Terry irónico.

No seas cómico Terry, ya te conozco - solté de inmediato, conmigo esas actitudes de hombre celoso no me iban, digo yo también las hacia pero no así de ridículo.

Siendo así, ¿nos vamos? - accedí y tomándola de la mano la jalé.

Con tu permiso Terry, tengo que darte algo - se me olvidaba a que había venido, así que la acerque a mí y del bolsillo del frente de mi saco comencé a sacar el recibo de la transferencia.

Me lo puedes dar al rato, te quedas en tu casa, ah y cuando te vayas puedes cerrar la puerta, gracias - Candy muy valientemente se despidió de su carcelero y se fue, dejándolo en su casa.

¡Esta me la vas a pagar! - Terry susurró diciéndole eso que tenia atorado.

¿Otra más? ¡Que te diviertas! - le deseo y salimos, me limite a sonreír cuando pasábamos delante de él.

Debía saber lo que Terry tenía entre manos, pero no supe nada hasta que Candice, ya casada con el mequetrefe de su marido, me lo contó cuando ella logró sacárselo a Fred.

Fred ¿me tienes noticias? - preguntó ella.

Terry, no creo que deba decírselo - Fred dudó un poco.

Fred estoy perdiendo la paciencia... - soltó Terry subiendo el tono de su voz.

Debo advertirle que no es nada malo, pero a cómo ha estado últimamente…bien, la señora Candice conoció primero a Marcello padre, en un parque, después conoció al abuelo en un torneo de golf y al hijo, trabaja para él, bueno se podría decir que trabaja - comentó Fred ganándose una mirada reprobatoria de parte de su furibundo jefe.

¡Sé específico! - le pidió rápidamente.

Analiza novelas y les dice si se venderán o no - responde Fred, sin más.

Sólo eso y la comida ¿con quién será? - se pregunto así mismo.

Con Marcello Rocco abuelo, parece ser que se lleva bien con ella - responde Fred con ahínco.

¿Podré colarme? - Terry quiso saberlo.

No señor, es privada por lo que sé, será en la mansión que los Rocco tienen en el campo - informó Fred como si estuviese recordándolo.

En el campo, así, no lo creo. ¿Qué es lo que estoy haciendo? - gritó Terry sorprendiendo a su mano derecha por su arranque.

Terry, creo que debería de dejar de meterse ideas, si la señora le dice que no es lo que piensa ¿por qué lo hace? - recomienda Fred muy serio, como regañándole.

Terry - el castaño respondió su teléfono al no reconocer el número.

¡Hola mi vida! Creo que deberías saber que tu amada protegida está aquí en una comida de verano con los Rocco´s - señaló Susana burlona.

Lo sé, confió en que no pase ninguna información... - respondió él sinceramente.

Eso lo veo un poco difícil, ha llegado con un vestido que se le ve fatal, Marcello hijo la ha pasado a la casa, realmente ¿que se traerá entre manos? - Susana quiso meter cizaña.

No se deje lavar el cerebro, confíe en ella - Fred recomendó ante la información que escuchaba en esos momentos.

Luego te veo Susana y no me digas mi vida.. - la reprendió antes de colgar.

Mientras en la Finca de los Rocco's.

¡Te ves guapísima! - expresé.

Gracias, tu abuelo ya habrá bajado - preguntó la rubia asomándose por encima de su hombro.

No aún no estoy allá, ¿cómo has estado? - respondió un robusto hombre a sus espaldas, sonriéndole y tomándole la mano.

Bien, pero ya veo que ha mejorado - respondió ella observando que el lugar donde se dirigía la mano de ella era al brazo del Abuelo Rocco.

Un poco nena, voy mejor, pero sólo por unos días... - mi abuelo sabía que tenía el corazón más liviano de lo que suponía, podía hacerla cambiar de opinión.

Deje de quejarse si no me veré obligada a ayudarlo - recomendó ella, sabiendo a donde se dirigía.

Ni lo pienses, ¿me acompañas a mi mesa? - quiso saber mi abuelo, con ella era como con otras no, muy amable.

Por supuesto ¡qué galante, señor Rocco! - Candy lo felicitó y respondió a su invitación.

¿Me puedes decir quién la invitó? - mi padre se acercó con cautela haciendo que lo mirara con desaprobación.

El abuelo, papá, debes reconocer que se pone bien cuando ella anda por aquí - admití el hecho porque así era.

Es un coqueto, pero es cierto. ¿Terry? - mi padre tenía que hacer esa pregunta.

Está celoso papá, la verdad que lo desconozco, me lo encontré en el departamento de Candy - le comenté algo así.

¿En verdad? - me preguntó como si no se lo creyera.

¡Oh sí, muy verdad! - respondí con obscena vacilación.

Debes tener cuidado, si Terry está celoso también estará paranoico - aseguró mi padre.

¡Oh sí! La verdad, no sé qué es lo que éstos dos se traen - respondí, pero sí lo sabía.

Debes informarle a Terry sobre lo que hace Candice para ti, eso es un asunto urgente Marcello, no quiero que te vuelvan a agarrar en curva como lo que pasó con Chelsea. ¿Has entendido? - me pide mi padre con una mirada de advertencia.

Sí papá, ¿lo sabías? - pregunté.

Sí, pero Terry no me ha dado tiempo de advertírtelo, se me adelantó por horas. ¡Este asunto es urgente! - mi padre me lo pide sin en realidad hacerlo.

Ya me he encargado de eso papá, en este momento debe estar llegándole información sobre lo que Candice hace para mí - respondo sabiendo que esto era una verdad, esa tarde le envié a Terry la información.

¿Se van a quedar ahí eternamente? Dense prisa, dicen que yo soy el anciano - nos apuró mi abuelo sin darse cuenta que Susana había llegado.

Vamos porque si no el abuelo sacará su mal carácter - referí, lo sabía.

Te presentaré a una persona, ven conmigo - le pidió mi abuelo a Candy.

No que era solamente para nosotros... - pregunté rápidamente.

Sí, pero ella cayó aquí de... sorpresa - mi padre rectificó la información.

Mira te presento a Susana Marlowe Rocco - mi abuelo hizo las presentaciones.

Con que tú eres la visita especial, la verdad no sé ¿qué es lo que te ven todos los hombres? - cuestionó ella.

Susana no seas grosera con mi invitada, el abuelo te reprenderá si haces un comentario desagradable - le expliqué a mi prima.

Bueno uno por otro, Susana a mí me ven por lo que a ti te dejan - respondio Candy sin reparo.

¡Maldita! - Susana se avalanzo en contra de Candy siendo detenida por mi abuelo.

Susana, ¿qué crees que estás haciendo con mi invitada? - cuestionó el interpelado.

Abuelo… - ella titubeó.

Quiero comer tranquilo, desaparece de aquí - le ordenó de inmediato.

Pero… - se detuvo nuevamente.

Has como te ordeno, ven querida, siéntate aquí, ¿cómo va el trabajo? - advirtió el abuelo Rocco sin miramientos, Susana desapareció de ahí y mi abuelo invitó a Candy a sentarse con él.

Mejor, el Sr. Kolios no resultó tan estresante, gracias por preguntar - agradeció la rubia sonriente de que Susana no estuviese allí.

Eso está bien, Leandro me ha platicado que has resultado muy eficiente, me mandó una cesta de vinos, por el favor - le contó mi abuelo.

¡Debió de exigirle más, lo han timado! - expresó ella haciendo a todo reír.

Que no te oiga decir eso... anda siéntate, puedes servir Arnold - mi abuelo le pidió a su mayordomo que le dijera a la cocinera que ya podría servir los alimentos.

Sí señor - Arnold aceptó y entrando a la casa desapareció.

Fin del flash back

¿Lo amaste? - la pregunta de Terry nos sacó de nuestros recuerdos.

¿A Anthony? Lo amo, pero no como tú crees... - refirió Candy.

Sí Terry, si es como tú crees, pero no ella a mí, sino yo a ella, permiso - se reprochó Anthony y sintiéndose herido salió de allí.

¡Anthony! - Paula lo llamó.

¡Se lo advertí! - refirió William.

¿Es cierto lo de Benedetti? ¿Por qué nunca me lo dijo? - le pregunté a ella, tendría que decírmelo.

Por ética, Fredich supongo que le advirtió que eso no sería ético - explicó la rubia un poco triste por el hecho. Será mejor que cambie de médico - resolvió por un instante.

Ni lo pienses, dice que estás loca - informó Fredich observando que Benedetti se levantaba y le hacía señas que ni estando loco se alejaría.

Y ¿ahora qué? - preguntó Candice resoplando, no sabía que decir ni hacer.

¿Por qué despertaste? ¿Por qué ahora? - cuestioné en verdad queria saberlo.

No lo sé, sólo pasó - dijo Candy dudándolo.

¡Mentirosa! - exclamó Fredich.

Sólo seguía a una persona, escuchaba la voz de Ni, que me llamaba entre sollozos y me llevó hasta André... - respondió ella, debía de hablarle de André.

¿Andrea? - cuestioné sobre su hija, quizás había escuchado mal.

No, André. Un niño parecido a mí y... - se interrumpió ella, no quería terminar la frase.

¿Y? - le insistí

A ti... - terminó bajando la mirada y sabiendo que para él era importante.

¿Es en serio esto? - preguntó William, ella... ella había visto a un hijo de Terry y ella.

Sí, Candice soñó con su próximo hijo - explicó Fredich.

¡Nuestro...! ¿Es varón? - acerqué hasta ella y le pregunté nuevamente.

Sí, nuestro hijo - respondió ella sonriente ante esa escena.

¿Nos casaremos? - pregunté emocionado.

Sí y tendremos una larga vida juntos, con cuarenta perros, tres elefantes y seremos millonarios por toda la eternidad, nuestros hijos serán unos ninis y disfrutaremos echándolos a perder... - refirió ella en tono sarcástico.

¿Te estás burlando? - le pregunté.

Por supuesto, el que haya soñado a nuestro hijo no quiere decir que veo el futuro con bola de cristal... - aclaró ella removiéndose en la cama.

Y ¿era bonito? - quise saberlo.

Ni idea, mi bola mágica no es tan exacta... - seguía ironizando.

Deja las ironías... - le pedí, debía estar emocionada

¿Me lo presentarás? - cuestioné un tema distinto.

A Ni, tiene vacaciones en fin de año y verano, ese lo pasa conmigo en Lacio, Paolo lo entretiene, se lo lleva al trabajo y después lo entretiene en mi casa - explico.

No quiero ver y tener que soportar a Paolo cuando vivamos juntos... - aseguro.

¡Qué padre! Paolo necesita el trabajo, mantiene a su familia y estudia, no crees que se lo merece, además le pago para ello y no viviremos en la mansión - ahora le toca el turno de asegurarlo.

¡Oh sí, sí viviremos allí! - exclamó.

Ya veremos... - responde ella en son de que no cambiara de opinión.

Dobla las manos y ponte de acuerdo... - le exige Fredich.

Allí y en Lacio o en tu departamento, ¡en China, si quieres! ¡Siempre que estés tu ahí! - terminé aceptando, si ella no quería vivir en la mansión no la obligaría.

¡Qué romántico! ¡No sabía que él fuese así! - refirió Eleonor que por un momento comenzó a sollozar.

Eleonor, son tus hijos... - William espetó como si en realidad no los conociera.

En realidad ¡me amas! - exclamó Candy tratando de levantarse.

¡Ah, no me creías! - expresé ofendido caminando al rededor de su cama.

¡Ahora te creo más! - aceptó Candy, ella simplemente estaba accediendo.

¡Tontos! - refirió William tomándose la cabeza por la nuca.

¿Es tan dura? - preguntó Eleonor, nunca había visto tanta resistencia.

Sí, es dura y más - Fredich sonrió, consideraba que esos dos perdían un tiempo valioso.

¡Me crees, me quieres, me amas! - expresé emocionado como si fuera una poesía.

Sí, deja de preguntarlo - ella me advirtió.

¡Me gusta oírlo! - grité emocionado.

Y ¿luego qué? - ella quiso saberlo.

Estabas pensando que haremos el amor... - le sugerí cuando me acercaba.

¿Lo haremos? - cuestiono bastante sorprendida.

¿Quieres? - quise saber, digo no teníamos mucho de novios y no estaba en condiciones de tener relaciones con nadie, lo cual me hizo reír tontamente.

Pasaron muchas horas, muchos días, ella parecía estar mejor, yo esperaba que todo estuviera bien, pero no fue así, Candy y Paula salían todas las tardes a caminar por la playa y a recoger conchitas, lo cual me parecía demasiado infantil; también solían jugar con las olas a las cuales les tenía miedo; a imaginar que tenía a sus perros, lo cual me puso a pensar que tendría que comprarle otro y cuando quise saber qué tanto hacían una tarde que habían demorado en volver, me acerqué lo suficiente para observar, buscándoles por la playa cuando escuché un grito, lo cual me alertó y a unos cuantos metros, quizás tres, observé que Paula la miraba a ella ¿gritar?

¿Qué sucede? ¿Está bien? - corrí hasta Paula que se encontraba limpiándose las lágrimas, tenía la nariz muy roja y los ojos hinchados, obviamente estaba muy preocupado.

No, aún no está lista, comenzó a recordar cuando nos conocimos y... - se detuvo sabiendo que no me quedaría contento si no me contaba, tuvo una indiscreción y tenía que contármela.

Paula... - la obligué a que me lo dijera.

Quiere contratar una terapia de... electrochoques... - respondió ella un poco triste.

Paula, ¿para qué? - le pregunté sin entender por qué lo hacía.

Para olvidar, quiere olvidarlo... - respondió llorando. Quiere olvidar la imagen que proyectó el espejo, quiere olvidarlo a él - no pudo, no pudo contenerlo, fue demasiado, se dejó caer en la arena, llorando por su amiga, por su dolor que ella lo sentía al igual que ella.

¿Benedetti, sabe de esto? - le pregunté a ella cuando se calmó un poco, agachándome al igual que él.

Sí, por eso nos cambiamos, él está en estos momentos en Francia junto con Fredich, buscando al especialista - refirió Paula observando como ella corría y corría por la playa.

¿Estará bien? - quise saber, algo no me daba una buena corazonada.

No lo sabremos hasta que me hable Benedetti y debemos cuidarla desde hoy, sobretodo en estos días - me avisó.

¡Temes que atente contra su vida! - espeté sin poder contenerme, ya habíamos pasado por esto y otra vez volvíamos a lo mismo.

No, pero ya que no quiere hablar conmigo ni contigo espera la depresión... - contestó sin mirarme.

¿Te quedas? - quise saber si alguien debía de cuidarla, alguien además de mí.

Sí, espero que se calme pronto, de cualquier forma tengo el radio aquí, dejé el tuyo en la biblioteca - me explicó.

Gracias, avísame de cualquier cambio - le pedí, levantándome dando la vuelta y dirigiéndome a la biblioteca.

¿Depresión? ¡Demonios! Sabría, ¿a qué atenerme? ¡Por supuesto que no! No sabía qué debía esperar; Paula sabía y Benedetti también; todos menos yo, así que supe a quién debía llamarle.

¿Cuándo ibas a decírmelo? - pregunté enfadado a Benedetti.

¿Veo que ya te enteraste? Pues creo que nunca, son secretos de paciente-médico, tú sabes que no puedo revelar nada de esto. Pero puedes estarte tranquilo, el médico se ha negado a realizar una terapia por electrochoques, no para su caso, de hecho lo ha dicho así, era increíble que ella se atreviera siquiera a considerarlo - contó Benedetti.

¿Por qué? - tenía que preguntárselo.

¡Quedaría completamente loca! Fredich piensa que debemos llegar los personajes claves de su vida a Mane... - refiere él cansado.

Pero... - intenté poner un pretexto, Niel no entraría a Mane porque si lo hacía no respondería de mis acciones.

Menos Niel, ¿tienes algún plan? ¿Algún lugar donde podamos quedarnos? - me preguntó dando por hecho de que ellos vendrían.

No, pero si me dan tiempo, se me ocurrirá algo - respondí esperanzado a que eso tardara un poco más.

Voy hacerte una pregunta, ¿cómo está ella? ¿Depresiva? - Benedetti me pregunta.

Paula, dice que podría caer en estos días... - le cuento lo que Paula me dijo tan sólo unos minutos antes.

Vaya, entonces amigo mío, te recomiendo que te apresures, debemos confrontarla todos, ya, invéntate algo, llegaremos a Mane por la tarde, me voy, debo avisarles a todos - y con eso era un hecho, todos vendrían a Mane, cada quién por su lado.

Espera... vaya ahora debo hacer todo tan aprisa que algo saldrá mal... - aseguré, cuando algo no se planea y controla, sale mal.

Continuará...