Desperté a consecuencia de la alarma, abriendo los ojos entre dormida y asustada como si tratase de comprender que estaba sucediendo, pero la verdad es que lo hacía, era el primer día en dos semanas que volvía al instituto, hecho que me ponía nerviosa, pues debería explicarle a Jean lo sucedido.
Suspiré relajándome antes de prepararme y salir de mi habitación dirigiéndome a la cocina, frenándome en seco al verle, ya que no me había acordado de que hoy era su primer día de trabajo en CatCo.
- ¿Has hecho tortitas?- le pregunté a mi hermana sentándome en la isla, quien tan solo asintió antes de ponerme el Plato delante- ¡Bien!- exclamé cogiendo el sirope.
- Hey, no ahogues las tortitas en sirope, tu cuerpo no parece reaccionar muy bien ante el azúcar, ya lo sabes- advirtió observándome- Deberías peinarte- comentó.
- Hmm..., demasiado cansada- me quejé- Podrías hacerlo tú- la señalé.
- Si, por su puesto, Kaelah- sonrió emocionada consiguiendo que me replantease si había sido buena idea o no.
Sin embargo, no podía negárselo una vez dicho, pues no iba a aceptar un no por repuesta, lo sabía.
Tan solo llevó un par de minutos, los cuales ocupé en terminar de desayunar.
- Gracias- la sonreí cuando terminó.
- Hey, ¿por qué tú no llevas gafas?- me preguntó Mon-el.
- Porque ella no tiene que mantener oculta una identidad, ni va a hacerlo- le respondió mi hermana.
- ¿Por qué estás tan segura de que no voy a hacerlo?- la pregunté esperando ansiosamente su respuesta- ¿Quién te ha asegurado que no vaya a tener que hacerlo?- cuestioné.
- No pienso permitirlo, mucho menos con CADMUS acechando- respondió- Eres demasiado joven, es peligroso- explicó haciendo que negase con la cabeza preparada para quejarme- Vas a llegar tarde, Kaelah- advirtió.
Asentí, eso no podía discutírselo, pues efectivamente iba a llegar tarde, por lo que cogí mi mochila y marché, teniendo en mente que esa conversación no se había quedado ahí.
El mensaje que había recibido de mi hermana me indicaba que debía ir a CatCo, aunque no tenía muy claro los motivos, pues no lo había especificado, por lo que cuando llegué a la planta y no la localicé, me bloqueé, mirando de nuevo mi móvil, leyendo el nuevo mensaje que me había llegado por su parte, debía vigilar a Mon-el.
Suspiré, ¿en serio?, no podía creérmelo, ¿de verdad que no podía cuidarse el sólo? Sacudí la cabeza a la vez que me acercaba a su mesa, haciendo que me mirase interrogante, sin comprender la situación.
- ¿No se supone que deberías de estar en clase?- me preguntó.
- Termina a la hora de comer, Mon-el- le respondí- Mi hermana quiere que te vigile- le expliqué.
- ¿Tú?- me señaló- Se supone que tienes que vigilarme, ¿tú?- me miró como si le costase creerlo.
- Sí, yo, ¿algún problema?- arqueé una ceja empezando a cansarme de esto.
- No, ninguno, es sólo que eres muy pequeña- comentó, llevándome al límite de mi paciencia.
- Al parecer no lo suficiente para ti- respondí de vuelta lo suficientemente seria como para que me mirase sorprendido ante mi contestación.
Por suerte la conversación se dio por terminada en ese momento, por lo que me senté en una de las sillas centrándome en el móvil, tratando de ignorarle lo máximo posible, pero no dejaba de sentirme observada por él.
Levanté la cabeza topándome con su mirada, haciendo que arquease una ceja esperando su respuesta, pasando a centrar mi atención en los regalices que tenía delante.
- ¿Te gustan?- preguntó tras observarme durante un par de segundos, recibiendo una afirmación por mi parte- Tu hermana dice que no puedes comer dulces, pero supongo que porque te dé uno no pasará nada, ¿no?- sonrió ofreciéndome uno, retirándolo antes de que pudiese cogerlo- Vamos a hacer un trato, te lo doy si me cubres unos minutos- dijo.
-¿Qué? No- negué.
- Pues, entonces, no hay regaliz- aseguró.
- Vale- respondí resignada, pero la verdad es que quería demasiado ese regaliz.
Me lo entregó antes de levantarse y disponerse a marcharse, no sin girarse para advertirme que no comiera más.
Asentí, no, esa no era mi intención, pero en el momento que empecé, no supe parar, por lo que en apenas en unos minutos llevaba la mitad del bote, y podía asegurar que habría seguido comiendo si no fuese porque apareció mi hermana.
- Hey, ¿dónde está Mike?- preguntó.
- ¿No lo sé?- respondí dudosa.
- ¿Cómo? ¿Dónde está, Kaelah?- cuestionó de nuevo.
- No lo sé- afirmé en este momento- Búscale- la miré dándome cuenta de la hiperactividad que me estaba invadiendo, puesto que no dejaba de mover las manos, por no hablar de la pierna derecha.
- Ew..., sal de mis oídos- exclamó girándose.
- ¿A dónde vas?- la pregunté levantándome para seguirla por los pasillos de CatCo.
Mi hermana parecía avanzar decidida, como si supiese a donde se dirigía sin ningún tipo de duda, frenándose delante de una puerta, sin embargo, lo que pasó a continuación fue confuso. Kara situó su mano sobre mi ojos sin permitirme ver la escena.
- ¿Qué estáis haciendo? Quiero decir, sé lo que estáis haciendo, pero...- dejó la frase a la mitad al ser interrumpida por Eve.
- Esto no es lo que parece- comunicó.
- Es la definición perfecta para algo que es lo que parece- la respondió mi hermana aún con su mano sobre mis ojos.- Eve, vete- la pidió.- ¿Se puede saber que se te pasa por la cabeza?
Suspiré empezando a agobiarme al continuar sin ver, intentando que mi hermana apartase la mano, pero no lo hizo.
- Kara, tengo dieciséis no seis, no soy una cría- comenté intentando que se diese por aludida de que era muy consciente de lo que había pasado, pero por suerte conseguí que me soltase.
- Mon-el, no puedes hacer eso, no aquí- le regañó empezando a andar de nuevo.
- No creo que esté mal cuando lo hacen en eso de los médicos, lo he visto en la tele- apuntó como si eso fuese suficiente.
- ¿En serio?- le miré emocionada- Yo también- afirmé sin saber muy bien por qué lo hacía, perdiendo el control en mi misma.
- ¿Desde cuando?- preguntó Kara mirando bastante seria a la joven, quien se encogió de hombros- ¿Has comido algún dulce?- la preguntó agarrándola la cara.
La joven asintió antes de girarse hacia él mostrando emoción contenida en sus ojos, como si fuese a contarle lo más espectacular que se le hubiese dicho en la vida.
- ¿Sabes que sé volar?- le preguntó.
- Hmm, ¿si...?- dudó sin saber que responderla, observándola.
Kaelah sonrió durante un par de segundos antes de echar a correr sin hacer caso a las réplicas de Kara, quien intentaba retenerla.
- ¡James, frénala!- gritó Kara aterrorizada por lo que pudiese suceder en esos momentos, por lo que su hermana fuese capaz de hacer.
Ambos corrieron detrás de ella, observando como James la tenía retenida en mitad de la oficina, a pesar de las insistencias por parte de ella, afirmando que sabía volar, que debían dejarla intentarlo.
- Cógela- le pidió Kara tras hacer un intento nulo de tirar de ella hacia atrás, sin conseguirlo, pues se resistió.
Hizo caso a su petición y levantó en volandas a la joven consiguiendo que ella se debatiera, pero no iba a soltarla, estaba claro que no iba a hacerlo, no hasta que le fuese indicado. Por lo que siguió a Kara hasta una sala aparte, dónde pudo dejar a Kaelah en el suelo, quien parecía mucho más tranquila en esos momentos, sentándose en el sillón que había en la sala mientras que su hermana se salía de la habitación para llamar al DEO.
- Sé volar, sé volar- exclamó levantándose del sillón.
- Shh, ya lo sé, Kaelah- volvió a agarrarla y a sentarla en el sillón.
- Pero, puedo hacerlo- se quejó- Déjame- le gritó soltándose de su agarre avanzando decidida a la terraza.
- Kara- gritó sin tener muy claras las intenciones de la niña, pero siguiéndola.
Sin embargo, en el momento que cundió el pánico fue cuando se puso de pie sobre el muro, haciendo que tuviese que agarrarla, pues estaba seguro de que se iba a tirar y el problema no era que pudiese llegar a matarse, sino que pudiese exponerse.
Se sorprendió bastante al ver a Supergirl delante, empujando a su hermana hacía atrás, ayudando a que pudiese bajarla de ahí, causando los gritos de ella, asegurando que podía volar, que la dejasen.
La abrazó con fuerza mientras ella se debatía para soltarse, sin conseguirlo, pero sin detenerse, por lo que se sentó con ella en brazos, tratando de calmarla.
- Me han dicho que la llevemos para allá- comunicó- Vas a tener que calmarte, Kaelah- la pidió, consiguiendo como respuesta que escondiese la cara en su hombro- Ahora es tu amigo, ¿eh?, hace un par de días no soportabas estar con él- la acarició la mejilla.- ¿Puedes con ella?
Asintió levantándose con la joven en brazos a la vez que ella volvía a quejarse, sin embargo, no se debatió, sino que apoyó la cabeza en su hombro, enfadada.
Cuando llegaron al DEO no eran capaces de separarla de él, pues cada vez que se acercaba alguien, escondía la cara como haría cualquier niño pequeño.
- Hey, cielo, ¿que te parece si te vienes conmigo?- la preguntó Alex, haciendo que ella la mirara durante un par de segundos antes de asentir, por lo que la dejó en el suelo para que se fuese con ella, pero le agarró la mano, sin querer marcharse sin él.
Ambos avanzaron tras Alex, fijándose en como Kaelah se apegaba mucho más a él en el momento que entraban en la sala, pero sobre todo al identificar a su hermana. La joven soltó su mano en el momento que su hermana empezaba a avanzar hacia ella, haciendo que se tropezara con sus propios pies y cayese al suelo.
- Kaelah- se alarmó Kara.
Observó como un puchero se reflejaba en su cara, iba a ponerse a llorar, por lo que en un reflejo instintivo se acercó a ella, cogiéndola en brazos en el momento exacto que rompía el llanto.
- ¿Por qué se comporta así?- cuestionó Kara hacia Alex cómo si ella pudiese darle la respuesta.
- Pues no lo sé, es un poco extraño- respondió antes de añadir- Pero si se comporta así, habrá que tratarla como si fuera un bebé- comentó.
Le indicaron que se sentase con Kaelah en el sillón, hecho al que hizo caso, colocando a la joven sobre su regazo, mientras la abrazaba con fuerza para que cesara su llanto, que terminase por calmarse.
- Hey, peque, mira lo que tengo- habló Alex mostrándola el famoso peluche, consiguiendo que ella estirase los brazos para alcanzarlo- Te gusta, ¿verdad?- la sonrió entregándoselo- Mon-el, voy a necesitar que la distraigas, esto la va a doler- le advirtió.
Alex la levantó la manga de la camiseta, haciendo que Kaelah desconfiase e intentase debatirse al verla con una aguja en la mano.
- Kaelah, hey, mira- movió el peluche atrayendo su atención.
Lo movió delante de su cara causando su risa, haciendo que él mismo sonriese al escucharla, sin embargo, aquello duró poco, pues el llanto volvió a ser presente en el momento que Alex clavó la aguja en su brazo, haciendo que la abrazase con fuerza.
- Shh, lo siento, peque- la acarició la mejilla- Debería quedarse dormida en un par de minutos, después podremos tratar de descifrar como le afecta el azúcar- comentó dirigiéndose hacia Kara, quien se había mantenido a parte.
Sintió como el cuerpo de la joven terminaba por relajarse, indicando que los efecto del calmante había hecho efecto.
- Mon-el, ya puedes dejarla en la camilla- le comunicaron, por lo que lo hizo, pero negándose a abandonar la estancia, teniendo la sensación de que si lo hacía, no iba a poder perdonárselo a si mismo.
Gracias por leer,
Ayrin
