Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto
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Una vez terminada la reunión, Ino regresó a la mansión lo más rápido que pudo y entró a su habitación. En cuanto cerró la puerta, se apegó a ésta y en silencio esperó a que los ruidos en el exterior cesaran y que todos dieran señal de estar dormidos.
Cuando estuvo segura que nadie la escucharía, salió a hurtadillas y se dirigió hacia el invernadero. En su mente, ya no existía la necesidad de hablar con Gaara para explicarle que lo que había visto entre ella y Neji era solo una actuación. Tampoco quería regañarle o discutir con él por su rechazo cuando ella quiso salir dentro de la ciudad a su lado. No. En ese preciso momento, solo quería estar con él y cuidarlo…
Y asegurarse de que estuviera bien.
Concentrada en su meta, siguió derecho hasta el final del pasillo principal y luego dobló a la derecha pasando frente a la cocina, pero justo cuando estaba por llegar a la abertura que debía dar con los pasillos más antiguos de la mansión, terminó topándose con una pared de arena que no recordaba haber visto antes. La entrada había sido cubierta.
—Esto es…
Maldiciendo, apretó el puño con fuerza y lo estrelló contra el muro que se alzaba ante sus ojos en señal de frustración. Sus azules ojos pronto comenzaron a enrojecer.
Gaara… ¿Por qué me haces esto?
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Capítulo 36 – Secuestro
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En medio de una nube de polvo y escombros, Ino miró con asombro la escena a su alrededor. Había sangre regada por todas partes, cuerpos mutilados, paredes derrumbadas... y muerte. Y frente a ella, caminando en su dirección, se encontraba nada más ni nada menos que Gaara, mirandola con esos ojos verdes aguamarina que hasta unos segundos ardían de ira y sed de venganza, ahora angustiados y llenos de preocupación.
Poco a poco, pudo notar como los pasos del varón se hacían cada vez más torpes y descordinados. Siguió ese ritmo por unos instantes más, hasta que de pronto terminó cayendo agotado en sus brazos, aferrándose a ella de un modo que jamás hubiera esperado de él, y cogiendola totalmente desprevenida. Se veía tan frágil y vulnerable, que casi no podía reconocer en él al poderoso shinobi que acababa de acabar con un ejercito completo para rescatarla. Y no era solo por el dolor físico que estaba experimentando. Podía sentir que dentro de él se estaba librando una dura batalla, una que no podía descifrar…
Estaba por preguntarle si podía ayudarle de alguna manera, cuando de pronto éste habló. Lo que dijo, la dejó sin aliento…
—Me gustas.
Sorprendida, Ino se hiizo hacia atrás y buscó con la mirada el rostro del shinobi, sin poder creer lo que acababa de escuchar. ¿Acaso su mente le estaba jugando una mala pasada? ¿Estaba teniendo alucinaciones producto del cansancio? ¿O en verdad Gaara le acababa de decir que ella le gustaba?
Fijó sus orbes azul cielo en las verdes aguamarina de él, y encontró en ellos la respuesta a sus preguntas. Él definitivamente hablaba en serio...
Y acababa de declararsele.
En ese momento, sintió como si su corazón le saltara del pecho y el aire comenzara a faltarle. Una suave sonrisa se dibujó en su rostro, y sus ojos brillaron con una intensidad que nunca antes habían tenido, a punto de humedecerse. Sí, esa era la felicidad completa.
—Tú… también me gustas…—dijo suavemente, sin dejar de mirar a su salvador.
Luego de eso, ambos se quedaron mirando el uno al otro sin decir nada por varios minutos. Al principio, Gaara no hizo nada. Solo se quedó estático como si no la hubiera escuchado, o como si no pudiera creer que lo que acababa de escuchar fuera cierto. Ino temió por un momento que la infinita esperaba se debiera a algo malo que ella hubiera dicho o hecho, se culpó y quiso retroceder en el tiempo para remediar lo que fuera que hubiera ocurrido...
Pero luego de unos segundos más, miró al pelirrojo y lo encontró sonriendo en una forma apenas perceptible, intentando disimular en ese gesto los espasmos de dolor que de seguro estaba sintiendo en todo su cuerpo. Ahora lo comprendía todo.
—Gaara, ¿Estás bien?
El shinobi no contestó. Solo se aferró aún más a ella, hundiendo el rostro en su cuello y haciendo esfuerzo por mantenerse consciente. Su respiración podía sentirse áspera y dificultosa, y su cuerpo aún parecía no responderle del todo. Realmente se veía mal.
—¿Gaara? —insistió otra vez. No obtuvo respuesta.
Preocupada, Ino comenzó a recorrer con la vista el cuerpo del shinobi haciendo un rápido chequeo para ver si tenía heridas que requirieran atención inmediata. No encontró ninguna herida letal, pero muchas que debían atenderse. Sin embargo, no eran esas heridas las que lo estaban lastimando. Algo no estaba bien, y no podía descifrar qué era.
—Gaara…
—Estoy bien, solo un poco… cansado—admitió finalmente. Ino creyó en sus palabras y lo miró con una sonrisa antes de hablar.
—Es normal que estés cansado—dijo en un susurro—necesitas descansar.
—No, yo no puedo…
—Dormir te hará bien. Confía en mí.
En el acto, la joven comenzó a acariciarle el rostro con las yemas de los dedos, desde la altura de los ojos hasta sus mejillas y labios. Luego de eso, subió suavemente hasta llegar a los alborotados cabellos del shinobi y hundió los dedos en ellos para comenzar a masajearlo con suavidad. Conforme los segundos fueron pasando, pudo sentir como el shinobi comenzaba a relajarse. Sus brazos de pronto ya no la estaban tan aferrados a ella, y su respiración poco a poco se fue tranquilizando. Su rostro ahora lucía más relajado y ya no tenía esa expresión de dolor en él.
Estaba al borde del sueño.
Más tranquila, Ino continuó acariciando a Gaara para que pudiera relajarse, cuando de pronto algo extraño comenzó a ocurrir. El cuerpo del shinobi se puso tenso en apenas un instante, su piel comenzó a sentirse demasiado caliente, y sus brazos se tensaron hasta aferrarla hacia él con demasiada fuerza. Volteó angustiada a verlo, y se sorprendió al ver como su piel comenzaba a tomar una textura rocosa. Sus ojos de pronto se abrieron hacia ella, pero ahora ya no se veían verde aguamarina como ella los recordaba, lucían rojos e intensos… y ansiosos por sangre.
Era como si se tratara de otra persona…
Era como si fuera un monstruo.
—¿Gaara? —preguntó débilmente, alejándose de él—. Gaara, ¿Estás ahí?
El shinobi comenzó a gruñir. La piel de su cuerpo parecía endurecerse aun más, y ahora sus brazos estaban comenzando a deformarse.
—Gaara…
Ino palideció mientras retrocedía y se apegaba lo más posible a la pared tras ella, sin saber qué hacer.
De pronto, la enorme mano se alzó inesperadamente y se dirigió hacia ella, lista para atacarla. La joven kunoichi cerró los ojos y se encogió al ver que no tenía como escapar, cuando de pronto una sombra apareció de la nada y la cogió en brazos, moviéndola a tiempo.
—¿Shikamaru?
Para cuando pudo reaccionar, vio como esas enormes manos volvieron a lanzarse sobre ella. Esta vez, un par de hilos se enroscaron a éstas y apenas lograron detenerlas lo suficiente como para darles tiempo de huir.
Para cuando Ino volteó a ver a Gaara, los ojos se le ensancharon y se quedó con la boca abierta, horrorizada. Frente a ella ya no estaba el Gaara que ella recordaba, el que la había salvado del enemigo y que le había dicho abiertamente que le gustaba. Ahora lo que tenía ante sus ojos era una horrible bestia que no parecía estar dispuesto a dejarlos en paz.
—¡Corran!
Ino apenas tuvo tiempo de reaccionar ante el grito de Kankuro, cuando de pronto notó que esas enormes garras volvían a lanzarse sobre ella. En el acto, dio un brinco y logró evadirlas, solo para ver con horror como esa monstruosa mano hacía pedazos la pared que hasta hacía pocos segundos se mantenía en pie tras ella, en apenas un instante.
—¡Maldición, salgan de aquí ahora!
Esta vez, el grito vino claramente de una voz femenina. Ino reaccionó en el acto.
—¿Qué está ocurriendo aquí? —gritó preocupada—¡¿Qué le ocurre a Gaara!
—Es el Shukaku—contestó a su pregunta Shikamaru, quien rápidamente se posicionó a su lado. Ino miró intrigada a su compañero de equipo y quiso preguntar más, pero éste rápidamente la cortó—tenemos que hacer lo que dice Temari. Debemos irnos.
Las palabras del castaño parecieron flotar en el aire desde que éste mencionó al monstruo en el interior de Gaara. De pronto, los segundos le parecieron correr más lento mientras Ino procesaba lo que acababa de oír…
—¿Irnos? —preguntó de pronto, como despertando de un sueño—No puedo irme. Gaara me…
—Shhh—su compañero colocó el dedo índice sobre los labios de ella para evitar que continuara, y luego habló—debemos irnos. Los shinobis médicos y expertos en sellado están por llegar. Ellos solucionarán el problema.
—Pero…
—¿Qué esperan que no se van? —Temari apareció repentinamente al lado de ambos, justo para repeler un ataque del monstruo—No podemos detenerlo por siempre.
—Pero…
—Ya causaste demasiados problemas, Ino—la de Suna fulminó con la mirada a su rival antes de continuar—ahora solo vete y déjanos solucionar esto a nosotros.
Apenas terminó de hablar, un grupo de ninjas llegaron a la escena y rodearon al monstruo en que se había convertido Gaara.
Ino miró con lágrimas en los ojos al que alguna vez fuera el shinobi del que se había enamorado, y luego se dio la vuelta, aterrada. Pero no era el temor al monstruo lo que la estaba matando. Lo que temía, era no saber si hacía lo correcto al irse y dejar a Gaara con los de Suna, o si debía quedarse con él. Temía ser ella el motivo por el que ahora su shinobi estaba pasando por todo ese dolor que estaba experimentando. Temía ser la causante de todos sus problemas…
—Vámonos.
Sin otra opción, Ino terminó aceptando la mano que su amigo acababa de tenderle, y terminó huyendo de la escena…
…
…
Ino abrió los ojos de golpe y casi saltó de su cama apenas se despertó de aquel terrible sueño, solo para terminar aferrándose a su almohada mientras cerraba los ojos con fuerza, angustiada. Ese no había sido un simple sueño; era un recuerdo. Un horrible recuerdo que quería borrar de su mente.
Gaara…
De pronto, soltó un grito ahogado y su corazón latió con fuerza. Esos ojos rojos que había visto en Gaara la noche anterior eran los mismos que vio cuando el monstruo que estaba en su interior tomó posesión de su cuerpo. Esos ojos rojos llenos de ira y odio.
"El Shukaku..."
"Mierda…"
En el acto, salió de su cama y se cambió lo más rápido que pudo, para luego salir de esta en forma apresurada. Una vez fuera de su habitación, caminó derecho y cruzó el pasillo principal sin detenerse, para luego dirigirse a las habitaciones de los residentes. Tocó la tercera puerta y esperó, con los brazos cruzados a la altura del pecho y la decisión marcada en el rostro.
Iba a obtener las respuestas a todas sus dudas, cueste lo que cueste...
—Tú…—dijo en tono amenazante, sujetando la puerta que acababa de abrirse frente a ella.
—¿Ino? ¿Qué haces aquí? —preguntó un confundido Kankuro, sobándose los ojos con los puños mientras se preguntaba qué rayos hacía Ino en la puerta de su habitación tan temprano.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—¿Decirte qué?
—Lo que realmente le está pasando a Gaara.
El castaño soltó un sonoro suspiro y su rostro se llenó de seriedad.
—Te dije que lo dejaras en paz—dijo, para luego ingresar a su habitación. La puerta estaba por cerrarse cuando de pronto la menor la cogió en el aire.
—¿Es el Shukaku, verdad?—dijo seria, entrando al recinto para luego cerrar la puerta—. Ayer lo vi en el invernadero y estaba muy mal.
Kankuro volteó en el acto con los ojos ensanchados para ver a Ino. No, lo que acababa de escuchar no podía ser cierto, ¿O si? Primero que nada, ¿Cómo sabía Ino que Gaara tenía problemas con el Shukaku? Segundo, ¿Cómo sabía Ino de la existencia del invernadero? Y tercero, ¿En verdad se había encontrado con Gaara?
Demonios, era hora de averiguar qué tan grave había sido el daño.
—Quédate aquí y no te muevas—dijo serio, caminando hacia la puerta—Voy a ver cómo está mi hermano.
—Pierdes tu tiempo—la de Konoha lo detuvo justo antes de que saliera de su habitación—Gaara cerró ayer la puerta del invernadero y la cubrió con una pared de arena. Luego hizo lo mismo con la entrada que da a los antiguos pasillos de la mansión.
El castaño frunció el ceño mientras miraba serio a la de cabellos dorados. Mierda, ¿Cómo es Ino que sabía tanto? ¿Y porqué ella…
—No contestaste a mi pregunta.
Las palabras de la kunoichi lo cogieron desprevenido.
—¿Cuál pregunta? —inquirió, nuevamente confundido.
—Es el Shukaku, ¿Verdad?
Kankuro maldijo mentalmente ante la insistencia de Ino, y luego tuvo que rendirse. Suspirando hondo, agachó la mirada y caminó lentamente hacia su cama, para luego sentarse en ella. Una vez ahí, levantó la mirada hacia Ino y golpeó con la palma la zona de colchón justo a su lado, para que ella se sentara junto a él. Solo en ese momento Ino fue consciente de donde se encontraba…
Y que estaba a punto de sentarse al lado de la desordenada cama de un hombre que acababa de levantarse, y que estaba semidesnudo.
—Apúrate que no tengo todo el día.
Ino resopló y luego comenzó a caminar hasta llegar frente a Kankuro. Bien, ya estaba ahí, ¿Qué más podía hacer?
—¿Vas a contestar a mi pregunta? —insistió, queriendo olvidar los pormenores.
—Sí, es el Shukaku—el castaño habló con seriedad—pero antes de que comiences a sacar conclusiones equivocadas, es mejor que te explique cómo son las cosas—la rubia miró en silencio al varón y éste supo que podía continuar—Gaara siempre ha tenido al Shukaku en su interior, pero nunca lo controló del todo bien. No ayudaba a la causa el que todos lo marginaran y lo trataran como un arma—el varón dirigió su mirada al suelo antes de continuar—Sin embargo, luego de pelear con Naruto, él cambió.
—Lo sé. Ahora es otro.
—Sí, Gaara ha cambiado, pero… el Shukaku no. Mientras Gaara esté estable emocionalmente, todo está bien. Eso, y que se mantenga sin dormir.
—¿Sin dormir?
—Si Gaara se duerme, el monstruo en su interior podría tomar posesión de su cuerpo. Eso fue lo que ocurrió cuando se transformó luego del último ataque, cuando te rescató.
Ino ensanchó sus ojos con sorpresa ante lo que acababa de oir.
—Entonces si fue mi culpa…—dijo con voz apenas audible. Kankuro negó en el acto.
—Solo por desconocimiento—dijo, intentando calmarla— Temari y yo hemos lidiado con Gaara y el Shukaku por más tiempo que tú, es normal que no sepas algunas cosas de él.
—¿Solo algunas?—preguntó, como reprochándose a sí misma.
—No es tu culpa—insistió el varón. Ino solo miró al suelo, preocupada.
—¿Y ahora que fue lo que le hizo empeorar? ¿Fue por lo que vio entre Neji y yo?
El castaño suspiró por tercera vez en la mañana. Era hora de llegar al punto crítico de la discusión.
—Ino… hasta antes de tu llegada a Konoha, Gaara había mantenido un total control de sus emociones, y con ello había controlado casi a la perfección al Shukaku. Pero desde que te conoció, las cosas han ido de mal en peor.
—No era mi intención molestarlo.
—Lo sé, lo sé. Lo que pasa es que Gaara no es muy experto en relaciones interpersonales, todo esto es nuevo para él. Y definitivamente no sabe manejar los celos.
Ino levantó la mirada y la dirigió hacia el varón.
—Ahora siento como si prácticamente no conociera a Gaara.
El castaño sonrió.
—Lo conoces más que mi hermana y yo en muchos aspectos, pero… cuando se trata del Shukaku, nosotros tenemos más experiencia.
—Y según tu experiencia, ¿Qué debería hacer?
—Ya te lo dije, solo déjalo tranquilo hasta que se le pase. Si cerró la entrada es porque necesita tiempo para poder estar en paz. Tú presencia solo lo empeorará.
—Pero es que no puedo quedarme sentada y esperar. Me siento tan… inútil…
—Temari y yo nos sentimos igual de inútiles cientos de veces… pero hemos aprendido a esperar y darle espacio, y siempre ha mejorado solo. Cuando salga, él mismo irá a buscarte. Estoy seguro.
Ino se quedó mirando al castaño sin saber qué decir. El día anterior, cuando Kankuro le dijo que debía esperar, lo primero que pensó fue en buscarlo y hacer exactamente lo contrario. Pero ahora comprendía que lo que había hecho no había sido por Gaara, había sido por ella. En su egoísmo, había ido a buscar a Gaara para hablar con él y explicarle que lo que había visto entre ella y Neji era una farsa, pero en ningún momento pensó que como debía sentirse él. Ahora comprendía que la situación era más delicada de lo que pensaba, y que Gaara necesitaba tiempo para recuperarse antes de poder hablar con él.
—Entiendo.
Luego de eso, la rubia se levantó de la cama del castaño y comenzó a caminar hacia la salida. Se despidió de Kankuro y estaba por girar la perilla para abrir la puerta y salir por ella, cuando de pronto el varón apareció tras ella y la detuvo.
—Esto…—le susurró al oído con evidente nerviosismo—tal vez sería mejor que te esperes un poquito antes de salir.
—¿Por qué lo di…—Ino aún no había terminado con su pregunta, cuando de pronto escuchó las voces de sus compañeros al otro lado del pasillo—¡Demonios…!
¡Perfecto! ¡Ahora me verán saliendo de la habitación de Kankuro y en plena madrugada! ¿Qué van a pensar de mí?
—Yo saldré y los distraeré. Tú espera a que no haya nadie afuera para salir, ¿Entendido?
Los ojos de Ino brillaron ante la repentina muestra de solidaridad de Kankuro. Diablos, el chico valía oro.
—Gracias.
Sonriendo, el de de Suna salió de su habitación y dejó sola a Ino, quien se quedó pegada a la puerta escuchando atenta la conversación entre éste y sus amigos, esperando a que el castaño los sacara del lugar para que ella pudiera salir. Seguro que no le iba a tomar más de unos cuantos segundos…
Bueno, al menos eso pensaba.
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¡Maldito Kankuro!¿Tenía que quedarse hablando con Kiba en el puto pasillo de al lado? ¡¿Y por una hora completa? ¿Qué no se suponía que iba a despejar el camino para que yo pudiera salir de su habitación sin ser vista?
Enfurecida, Ino maldijo una y otra vez al marionetista mientras corría a toda prisa por las calles de Suna hacia el punto de encuentro de la reunión de ese día. Misma al que iba tarde…
Apenas llegó, se preparó para darles buena excusa que justificara su tardanza y pedir que le informaran de lo que se había discutido hasta ese momento, pero terminó encontrándose con una discusión que no había incluido en sus cálculos…
—¡Perfecto! ¡Estamos a un día de la posible destrucción de nuestra aldea, y tú decides quemarte las manos jugado a la cocinera!— gritó de pronto una furiosa Temari, apenas vio las vendas en su hermano—¿¡Y ahora como mierda piensas manipular tus estúpidas marionetas?
—¡Hey! ¡No las llames estúpidas! —Se quejó el castaño—¡Se pueden ofender!
—¿Ofender? ¡Ni siquiera tienen sentimientos! ¡Solo son…. Marionetas!
—¿Qué solo son marionetas? ¡Ya te dije que no las llames de esa forma! ¡La próxima vez que…
—Chicos… por favor—Shikamaru intentó calmar la situación. Los hermanos de Suna se dirigieron miradas acusatorias antes de cruzar los brazos y mirar hacia otro lado—Por ahora tenemos que hacernos a la idea de que tenemos una baja en el equipo. ¿Y por cierto, donde está Gaara?
Ino en el acto levantó la mirada hacia el de Suna, a la espera de su respuesta. Temari, por otro lado, miró a su hermano con preocupación en el rostro.
Kankuro solo soltó sus brazos con pesar y suspiró.
—Por ahora está ocupado—dijo con seriedad—mañana estará con nosotros.
Ante la respuesta, todos parecieron verse de alguna forma consternados. Sin embargo, nadie se atrevió a preguntar.
Ino, por otro lado, sintió que se encogía ante el recuerdo de la noche anterior. Gaara…
—Comprendo—dijo con pesar Shikamaru—Entonces seguiremos con la reunión. Como todos saben, hoy es nuestro último día antes de la ceremonia de ascenso del Kazekage, así que debemos averiguar lo más que podamos del enemigo. Ino, ¿Qué hay de la carta que enviaste a Konoha?
La kunoichi regresó a la realidad en cuanto escuchó la pregunta de su amigo.
—Llegará mañana—contestó—mañana a las diez de la mañana.
El castaño agachó la mirada en señal de decepción. Había esperado a que Ino pudiera aportar más información que sirviera de ayuda, pero al parecer aún tendrían que esperar.
Temari, por otro lado, no quiso dejar pasar la oportunidad.
—¿Mañana a las diez? ¡Perfecto! Eso nos dará unas… dos horas para poder redefinir toda la estrategia para proteger Suna.
—Temari, te recuerdo que Suna y Konoha están bastante lejos. Es normal que las cartas se demoren.
Ino agradeció mentalmente la ayuda brindada por su compañero, pero no dijo nada. En ese momento, tenía demasiado en qué ocuparse como para pelear con la rubia de Suna.
La reunión de esa mañana era para definir los grupos de investigación que formarían en la aldea, y las funciones de las mismas. Con cada cambio que tenían, y con cada adición o baja en los miembros del grupo, debían definir siempre nuevas estrategias para evitar ser descubiertos. Por eso mismo tenían reuniones cada mañana y cada noche.
Ese día, y luego de las sospechas que tuvieron el día anterior, decidieron que iban a investigar dentro de la ciudad. Temari iría con Shikamaru y cubrirían el área norte, e iban juntos ya que siendo una pareja casi declarada, no iba a ser extraño que pasearan solos. Lo mismo con Neji e Ino, quienes irían hacia el sur. Kiba y Hinata irían juntos al este y fingirían estar paseando a Akamaru para despedirse de la ciudad, y por ultimo quedaban juntos Tenten con Kankuro que irían hacia el oeste. Chouji se iba a quedar solo investigando en el centro de la ciudad. Ese día, debían averiguar si había infiltrados dentro de la ciudad, o si veían algún movimiento que pareciera extraño, lo que fuera.
Cuando estuvieron listos, los shinobis se agruparon según lo acordado, y se prepararon para partir.
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Ya dentro de la ciudad, Ino comenzó a caminar tras Neji mientras éste tomaba una de las calles que llevaban a la zona sur de la ciudad, en donde según Temari había un mirador que les daría una vista panorámica del lugar. Decidieron comenzar llendo a ese sitio no solo porque tenía una ubicación bastante estratégica, si no porque a demás era un lugar bastante apropiado para tener una cita.
Estaban en camino a su destino, cuando de pronto un niño de cabellos rojos se les cruzó en el camino. De inmediato, Ino comenzó a pensar en Gaara…
¿Cómo estará? ¿Se habrá recuperado? ¿Y si lo busco en la noche? ¿O mañana temprano?
Ino estaba concentrada en sus pensamientos, que no se dio cuenta cuando terminó chocando con una pared dura, pero extrañamente cálida.
—¡Ouch! —dijo sobándose la cabeza producto del dolor. Cuando levantó la mirada, se encontró con los ojos pálidos del Hyuuga sobre ella—¡Neji! Lo siento, yo…
—Estás distraída.
—No, no estoy distraída, es solo que…
—No era una pregunta—el shinobi puntualizó, convencido. Ino no pudo negar lo evidente.
—Lo siento, voy a intentar concentrarme, lo prometo. Yo…
—Sujétate de mi brazo.
—¿Perdón?
Neji miró serio a Ino ante su pregunta, y ésta supo en el acto que algo andaba mal.
Asintiendo, la joven se cogió del brazo del castaño y ambos siguieron caminando juntos, en silencio. De pronto, el Hyuuga se detuvo y la miró en forma analítica, para luego alzar la mano y deslizarla suavemente por el rostro de ella, recogiendo el mechón de cabello que solía caerle en el rostro para llevarlo tras su oreja. Ino supo que todo era parte de la "actuación" del varón y le siguió el juego, aferrándose a su brazo con fuerza.
—Es un alivio que ya podamos volver a nuestra ciudad—dijo con voz contenta, una actuación impecable—Extraño mucho las flores de Konoha.
Neji sonrió de medio lado y miró a Ino sin decir nada. Ella era buena para actuar y hasta podía fingir serenidad y felicidad cuando era necesario, incluso cuando era obvio que estaba sufriendo.
Sin decir una palabra, ambos continuaron su camino y no se detuvieron hasta llegar al mirador. La vista en ese lugar era bastante interesante, no tan hermosa como hubiera sido si bajo ellos se encontrase un valle lleno de vegetación o un campo de flores, pero el desierto también podía tener su encanto.
Neji soltó a la rubia y luego ambos comenzaron a caminar por el lugar, inspeccionando. Estaban recorriendo la zona, cuando de pronto algo llamó la atención del varón: el suelo lucía demasiado limpio, igual como había ocurrido en el desierto. Más aún, parecía haber sido limpiado recientemente.
El Hyuuga levantó la mirada hacia la Yamanaka y no necesitó decir más; ella también lo había notado. Estaba por acercarse a ella para seguir con la farsa de que eran novios, cuando de pronto sintió una presencia moviéndose a varios metros de ambos. Sí, en definitiva alguien los estaba siguiendo, pero esta vez no se trataba de las mismas personas que percibieron minutos atrás en el camino hacia el mirador. Lo podía afirmar por la torpeza de este nuevo enemigo. ¿Quién podía ser?
Siguió caminando por la extensión del mirador, hasta que encontró una pieza de metal que podía servirle a modo de espejo. Se acomodó lo mejor que pudo y fijó la mirada en el espía… quien resultó ser una mujer. Una niña.
¿Matsuri?
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Hinata tomó aire a grandes bocanadas y activó una vez más su Byakugan y miró a sus alrededores. Terminó señalando hacia el final de una calle cerca de donde estaban, sonriendo agitada.
—Por ahí.
Kiba asintió a su lado y la siguió, tan sonriente como su amiga.
—¡Vas a ver, Akamaru! ¡Cuando te atrape, voy a obligarte a tomar un buen baño! —Gritó con fuerza, corriendo a toda prisa.
Si, la táctica que estaban usando los del equipo 10 para recorrer la zona este de Suna no parecía ser la más sofisticada del mundo, pero era eficiente. Kiba le había ordenado a Akamaru que peinara todo el lugar, fingiendo estar escapándose de ellos. De ese modo, Hinata podía usar su Byakugan y él su desarrollado sentido del olfato, y ambos podían recorrer todas las calles sin despertar sospechas.
Hasta el momento, no habían encontrado a nadie sospechoso dentro de la ciudad, sin embargo, habían encontrado varias marcas en distintos lugares, similares a los que dejaron los enemigos de Suna durante el último ataque. Aquello podía ser una simple coincidencia, o restos de la anterior batalla, pero no podían dejarla pasar por alto.
Aparte de eso, no habían visto nada fuera de lo normal. La gente parecía ser la misma, las calles igual, y todo en general lucía bastante tranquilo.
Quien viera esa ciudad, jamás podría imaginar que estaba a punto de ser el escenario de una cruenta batalla…
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Algo mareada por dar tantas vueltas por la ciudad, Tenten se detuvo de repente y miró al shinobi delante de ella con bastante curiosidad. Desde que lo había visto llegar con esas vendas, supo que algo no andaba bien, y luego de lo que dijo sobre su hermano…
—Kankuro, ¿En verdad te gusta la cocina?
—Eh… no mucho, pero a veces me da curiosidad intentar. Como lo de la tarta.
La experta en armas frunció el ceño. Algo no andaba bien.
—¿Tarta de fresas, verdad?
—Sí, es de mis favoritas…
—Curioso que hayas querido hacerla de fresas, cuando no es temporada. ¿Dime, donde conseguiste las fresas?
—Ahhh… bueno… en… el mercado. No sé cómo las habrán conseguido, pero las hay.
—Kankuro… las fresas son muy delicadas, y dudo mucho que ustedes las produzcan. Ahora, si las importan, el único sitio lo suficientemente cerca como para que puedan transportarlas hasta Suna sin maltratarse, es del país de la Lluvia, y en ese sitio no están en época de fresas.
El castaño frunció el ceño. Diablos, ¿Quién iba a pensar que la loca friki de las armas iba a ser tan astuta?
—¿Sabes? Es de muy mal gusto abusar de las personas heridas…
—¡Ah por favor! ¡No te hagas a la víctima! ¡Como si las quemaduras esas te hubieran dañado el cerebro!
El marionetista sonrió. Al parecer la de Konoha iba a ser un hueso duro de roer.
—Bien, si crees que miento con lo de la tarta, entonces dime, ¿Cómo me hice estas? —preguntó, mostrando al aire sus manos quemadas.
La castaña frunció el ceño.
—Eso es lo que quiero averiguar.
—¿Y tienes alguna teoría? —inquirió con curiosidad del shinobi. La menor asintió.
—No lo sé, pero algo me dice que tiene que ver con que tu hermano no haya estado presente en la reunión de la mañana.
A Kankuro casi le da un ataque cuando escuchó lo que dijo la castaña. Es más, si hubiera estado comiendo algo, seguramente se hubiera atragantado y ahora estaría muerto. Claro, que luego de eso Tenten le salvaba la vida dándole respiración de boca a boca y, bien podía valer la pena…
No, ese no era momento de pensar en cosas placenteras. Era momento de ser racionales.
—Y dime, ¿Cómo podría estar relacionado esto con mi hermano? —insistió en levantar las manos para mostrar sus vendas.
—¡Ya te dije que no lo sé! —Contestó la de moñitos—tal vez ambos descubrieron algo que los dejó heridos, a ti con los brazos quemados y a Gaara peor… —comenzó a desvariar— ¿Acaso encontraron a los guerrilleros y los enfrentaron solos? ¿O algo así?
La mirada seria del hermano mayor de Gaara poco a poco fue suavizándose. Diablos, Tenten tenía que estar demasiado metida en el asunto del ataque a Suna como para terminar relacionando cualquier cosa que pudiera ocurrir con ese tema. Eso la hacía lucir hasta cierto punto… inocente. Y tierna. Como una niña que solo piensa en guerra. O como…
—Esto no tiene nada que ver con Ino, ¿O sí?
Kankuro sintió como si el corazón se le hubiese detenido en ese preciso momento. ¿Cómo es que se había dado cuenta?
—Mira, no sé de dónde sacaste esas ideas, pero…
Estaba por seguir con su explicación, cuando de pronto algo llamó su atención. Bajo el suelo que ambos estaban pisando, podían jurar que se sentía un extraño eco. Era como si estuvieran sobre una bóveda vacía, sobre un hueco de aire.
—¿Debajo de nosotros, verdad?
El Sabaku No miró a la kunoichi sorprendido. Sí, ella también se había dado cuenta del detalle…
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Llegada la noche, los grupos terminaron con su investigación y se prepararon para ir al punto de encuentro para informar lo que habían averiguado durante el día.
Ino estaba caminando en dirección a la mansión para tomar una ducha y cambiarse, cuando de pronto un shinobi que llevaba una banda de Suna en la frente se apareció delante a ella. Aquello la desconcertó.
—¿Señorita Yamanaka? —preguntó el shinobi.
Ino asintió a modo de respuesta.
—Sí, soy yo—dijo finalmente.
—Vengo de parte del servicio de mensajería de Suna. Ha llegado una carta para usted de Konoha.
Los ojos azul cielo de la rubia brillaron con intensidad.
—¿Trae usted la carta? —preguntó de inmediato, entusiasmada.
—No, pero si me sigue, la llevaré al lugar donde está.
Asintiendo, Ino le hizo una seña al shinobi y luego comenzó a seguirlo.
Ambos llevaban ya unos buenos diez minutos caminando, cuando de pronto unos cabellos castaños se asomaron por un edificio a no mucha distancia de donde estaban ellos. Ino en el acto frunció el ceño en señal de molestia.
—¡Hasta aquí! ¡No pienso seguir aguantando esto!
Fastidiada, Ino cambió de rumbo sin decir una palabra y comenzó a caminar hacia donde estaba la joven alumna de Gaara, ignorando el llamado del shinobi de Suna. Cuando estuvo cerca, vio que ésta se le escapaba y tomó un pequeño desvío para atraparla por el otro lado del edificio, sin notar que el shinobi que acababa de acercársele ahora comenzaba a mirarla serio y corría tras ella, en modalidad de ataque.
—¡Te atrapé! —Ino miró a la joven kunoichi con seriedad en el rostro—Dime, ¿Por qué me estás espiando?
La castaña se quedó mirando hacia el frente sin decir una palabra, asustada. Aquello le causó gracia a Ino por unos instantes, hasta que de pronto algo en su interior le hizo reaccionar. Matsuri no la estaba mirando precisamente a ella…
—Un momento…
Estaba por darse la vuelta, cuando de pronto sintió un fuerte golpe tras la nuca. Quiso girarse para defenderse, pero otro golpe aún más fuerte que el anterior la hizo tropezar.
Lo último que pudo ver, fue a Matsuri corriendo justo hacia ella, con los ojos llenos de lágrimas…
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Fin del capítulo.
Listo! Ahora sí se acerca el final!
El capítulo quedo largo, y aunque no hubo mucho GaaIno, avanzó bastante. Como verán, ahora las cosas se han complicado bastante. Se me ocurrió poner esa ultima parte recién hace dos días, espero que especulen todo lo posible sobre lo que va a pasar con Ino. Espero les haya gustado.
Saludos a todos, y como siempre, gracias por seguir leyendo!
