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Dos meses más tarde...
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Sasuke entró en su apartamento y encendió el interruptor de la luz. No pasó nada. Una risita sonó desde el otro extremo de la habitación. Él gruñó bajo y cerró la puerta tras de sí.
"¿Qué estás haciendo, Sakura?"
"Esperando que vuelvas a casa. ¿Te acuerdas de jugar a las escondidas?"
Agarró las correas de su chaleco, desgarrándolas fuera.
"Claro."
"¿Cómo es tu visión con esta luz? No está tan oscuro como solía estar nuestra celda."
Él la divisó cerca de la puerta del dormitorio. No era más que una sombra más oscura en la habitación. Se quitó el chaleco y lo dejó caer. Su cinturón y su arma salieron lo siguiente.
"¿Quieres jugar?"
"Siempre quiero jugar contigo. Tenemos más espacio aquí de lo que solíamos tener en Mercile. ¿Puedes verme? Traté de cubrir todas las ventanas, pero aún está más claro aquí de lo que yo pretendía."
"¿Qué obtengo si te cojo?"
Se inclinó, quitándose las botas.
"¿Qué quieres Sasuke?"
"A ti, desnuda."
"Eso no es justo."
Se enderezó.
"¿Por qué no?"
"Ya estoy sin ropa."
Gruñó suavemente. Inhaló y captó el olor de su excitación. Esto agitó la suya propia.
"¿Qué has estado haciendo durante mi ausencia, mi Sakura?"
"Pensando en ti, mi cachorro."
Ella dio un paso delante de la puerta de la habitación abierta.
"Ven a buscarme."
Ella se zambulló en el interior del dormitorio. La siguió, con cuidado de no golpear sus rodillas en la mesa de café. Entró en el dormitorio y miró a su alrededor. Había cubierto la ventana del dormitorio más pequeño con mayor eficacia, dejándolo sin luz suficiente para ver, tal como lo había hecho en la sala de estar. Olió el aire, persiguiéndola por su olor. Estaba cerca de la cama.
"No es justo." Susurró ella.
"¿Quién dijo que tenía que serlo? Tú estás desnuda."
La alcanzó rápidamente, se rió y la alzó en sus brazos.
"Se supone que no tienes que usar tus sentidos contra mí cuando yo no tengo los mismos. ¿Recuerdas?"
"Solías usar ropa. Las cosas cambian. Nunca antes quise tanto atraparte."
Se sentó en la cama con ella en su regazo. Sus manos recorrían su cuerpo y ahuecó una de sus nalgas. Se la apretó suavemente.
"Me encanta cómo te sientes."
"Sí, te gustan mis curvas."
Su otra mano acariciaba su estómago suave y cálido.
"Me gustan."
Ella se volvió hacia él y le echó los brazos al cuello.
"¿Puedo tirar los condones? Ino dijo que estoy sana. Tengo unos kilitos más de los que ella quería que yo ganara."
"¿Quieres intentar tener un bebé ahora?"
"Sí."
Ella rozó su boca sobre su barbilla, mordisqueado hacia arriba a través de la línea de su mandíbula y le susurró al oído.
"Estamos recuperando el tiempo perdido."
"Puede que no suceda de inmediato."
"Lo sé. Escuché lo que dijo Ino. No quiere que estemos decepcionados si no me quedo embarazada en el primer intento."
"Voy a encender la luz. Quiero verte."
Fue ella quien se inclinó hacia la mesita de noche y encendió la lámpara. Parpadeó para ajustar su visión y sonrió. Estudió a su Sakura. Ahora proyectaba un brillo saludable, y ya no se veía frágil, como lo había hecho la primera vez que había llegado a él. Estaba aún más hermosa.
"Me quitas el aliento."
"Siempre dices eso cuando estoy desnuda."
"Digo eso también cuando estás vestida."
"No pones este tono ronco, sin embargo."
Él la miró a los ojos.
"Eso es porque quiero lamerte por todas partes, ahora mismo, y estar dentro de ti cuando empieces a gemir mi nombre."
Ella sonrió y buscó a tientas la parte inferior de su camiseta, tirando para sacarla de la cinturilla de sus pantalones.
"Vamos a sacarte de ésto."
Se echó hacia atrás para ayudarla y ella empujó la camiseta hacia arriba. Levantó los brazos, logró sacarla fuera y la arrojó sobre la alfombra. Cayó de espaldas sobre la cama y observó a Sakura sentada a horcajadas sobre sus muslos, sus dedos ágiles abriendo el frente de sus pantalones. Le encantaba estar mirándola, observándola. Ella levantó la vista y se detuvo, inclinando un poco la cabeza.
"¿Qué?"
"Estoy feliz."
"Entonces lo estarás más si dejas de estar ahí tumbado y me ayudas a conseguir sacarte de encima estos pantalones."
Extendió la mano y envolvió sus manos alrededor de sus caderas.
"Necesito contarte algo."
"¿Qué es?"
"Una vez te dije que eras mi debilidad. Estaba equivocado. Eres mi fuerza."
Ella se inclinó sobre él, apoyando las manos sobre la parte superior de su tórax.
"No es necesario decirme eso."
"Sí, lo es. Tenía miedo en ese momento. Confundí lo que sentía por ti como debilidad. Significas todo para mí. Después de que te perdí simplemente existía, pero no estuve realmente vivo hasta que me encontraste de nuevo. Gracias."
"Vas a hacerme llorar." Las lágrimas llenaron sus ojos. "Pero son lágrimas de felicidad."
"Quiero que sepas lo que siento por ti."
"Sé eso, cada vez que me miras y me tocas."
Rodó sobre sí mismo, aprisionándola bajo él. Se deslizó por su cuerpo, besando sus labios, su garganta, y provocando sus pechos con la boca. Ella gimió y abrió los muslos. Él levantó sus caderas para conseguir sacarse sus pantalones, y los empujó hacia abajo cuando llegó a su estómago. Sus dedos apuñalaron en su cabello, empujándolo más abajo. Él se rió entre dientes.
"Alguien está impaciente. Pensé que querías jugar."
"Me encanta compartir sexo."
"Tendría que trabajar más duro, si no fuera así."
Pateó sus pantalones y calzoncillos bóxer lejos, finalmente libre de toda su ropa. Llegó hasta su coño y se apoderó de sus muslos para mantenerlos abiertos. Tenía la costumbre de tratar de cerrarlos, justo antes de alcanzar el clímax. Él gruñó cuando captó su aroma de necesidad, su polla estaba dura como una roca y doliendo por estar dentro de su mujer.
Jugó con su clítoris. Ella adoraba su lengua, pero también disfrutaba cuando usaba sus dientes inferiores para rastrillar suavemente sobre la blanda yema. Sus gemidos llenaron la habitación y él soltó uno de sus muslos, alcanzando de forma automática la caja de condones en la mesita de noche que siempre mantenía surtida y dispuesta. Sus dedos la rozaron, pero entonces recordó que ya no planeaban usarlos.
La idea de no tener nada entre ellos, y ser capaz de correrse en su interior, le volvió un poco loco. Se levantó y agarró sus caderas, volteándola encima.
"Arrástrate hasta la mitad de la cama." Le gruñó.
Ella no lo dudó, colocándose sobre sus manos y rodillas para él. Él la siguió y puso sus piernas en el exterior de las suyas, usando sus pantorrillas para apuntalar sus pies. Estaba excitada y sabía que estaba cerca de correrse. Como lo estaba él.
La compensaría más tarde, tomándose su tiempo haciendo el amor con ella. Ambos podrían pasar horas tocándose y besándose. Se inclinó y agarró su cadera con una mano, usando la otra para guiar la corona de su polla hacia su abertura. Él presionó contra ella, frotándose contra su sexo, provocándola antes de entrar. Estaba húmeda y preparada para él. Ambos gimieron mientras se empujaba hacia adelante, tomándola.
Soltó el eje de su polla y descendió sobre su espalda, usó un brazo para sostener su parte superior del cuerpo y con el otro alcanzó alrededor de su estómago, deslizando la mano más abajo hasta que sus dedos rozaron su clítoris.
"Mi cachorro." Gimió Sakura.
"Mi Sakura." Gruñó en respuesta.
Se movió, tomándola rápido y duro mientras presionaba contra su clítoris por lo que frotaba la sensible yema con cada golpe de sus caderas. Sus gritos y gemidos rotos le dijeron lo mucho que disfrutaba siendo reclamada por él. Le encantaba estar dentro de ella. No había nada que jamás se sintiera tan correcto como se sentía ella para él. El sudor resbaló por sus cuerpos mientras la pasión les quemaba hasta que ella alcanzó el clímax, con su número en sus labios. No le importaba que a veces cayera en viejos hábitos y se olvidara de usar su nombre. Podía llamarle cualquier cosa que quisiera, puesto que él era suyo y ella era suya.
Se condujo en ella una última vez, sus músculos vaginales ordeñándole mientras su semilla entraba en erupción y la llenaba. Aulló y los arrojó a ambos sobre sus costados para no aplastar su pequeño cuerpo con el peso del suyo. Se acurrucó a su alrededor con fuerza, mientras él descendía de las alturas de hacer el amor con su compañera.
Levantó la cabeza y puso su mejilla junto a la suya. Sacó sus dedos alejándolos de su clítoris hipersensible y puso su mano sobre su estómago.
"Yo podría no dejarte embarazada con el primer intento, pero realmente creo que voy a disfrutar con seguir intentándolo."
Sakura se rió entre dientes y sus manos se agarraron a sus brazos dónde la rodeaban.
"Yo también."
"No voy a extrañar los condones. Es mucho mejor sin ellos."
"Estoy de acuerdo. Te sientes aún mejor. No pensé que eso fuera posible."
Cerró los ojos, simplemente sosteniéndola mientras ambos recuperaban el aliento.
"Cualquier cosa es posible, mi Sakura."
"Sí, lo es, mi cachorro."
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~* … FIN …*~
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