Notas de la traductora: Seeeee… mejor no los distraigo. ;D

.-.-.-.-.-.-.-.-.

Notas del autor: Sip. Soy cruel. Y créanme, si piensan que este punto de suspenso es malo, el siguiente es peor. Pero vivo por las reacciones. ;)


El Quinto Acto

Capítulo 36

Por Sinnatious


Había algo confortablemente familiar sobre esto – flotar en la orilla de la conciencia, con el constante flujo de charla de Zack murmurando en sus oídos. Excepto que se sentía demasiado cómodo, demasiado cálido, demasiado seco, demasiado quieto. ¿No se suponía que estaban moviéndose, ocultándose del lejano zumbido de los helicópteros, durmiendo en el frío suelo del campamento?

"-alguna suerte buscando a Angeal?"

"Ninguna." Hubo una pausa, luego el sonido del agua corriendo, entonces hubo un sonido de pasos.

"¿A dónde vas?"

"Saldré de nuevo. Solo regresé para ver cómo se encontraba Cloud."

Cloud. Él era Cloud. Se aferró a ese conocimiento con fuerza, inseguro de por qué era importante que se aferrara a él, pero sabiendo que lo era.

"Oye, tómate un descanso, ¿quieres? De cualquier modo no tiene caso encontrar a Angeal antes de que obtengamos la cura." Su voz sonó más baja. "Y me estoy comenzando a preocupar por Sephiroth, no ha salido aún de la biblioteca."

Hubo una maldición. "¿Aún no?"

"Vincent fue a verlo temprano, pero no pudo obtener una respuesta."

Sephiroth. Una sensación de ansiedad lo cubrió al escuchar el nombre. Algo… necesitaba hacer algo

No pudo trasladar la sensación de urgencia en movimientos y la consciencia se alejó de su alcance una vez más. No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado cuando volvió a estar lo suficientemente consciente para comprender lo que las voces a su lado estaban diciendo, pero la luz en la habitación había cambiado. Se tensó, temeroso de una amenaza.

"¿Es adicción de mako?" Era una voz familiar barítona profunda. Cloud se relajó al escucharlo. Vincent. No era el laboratorio. Vincent jamás lo dejaría despertar en uno. ¿El laboratorio? Sus recuerdos eran confusos, pero logró tomar algunos de ellos, construyendo una imagen dislocada. Era verdad, había estado en un laboratorio. Y no por primera vez. Esta vez había sido diferente.

"Génesis piensa que es más que nada fatiga. La herida de bala está completamente curada. Aunque tampoco sabemos bien qué es lo que pasó ahí, aún. Hojou debió haber estado haciendo algo."

"¿Sephiroth aún no ha encontrado nada?"

"Si lo hizo, no hemos podido saberlo de su parte. Génesis iba a ir a verlo más tarde, quizá él tendrá más suerte."

Entró en pánico. Un gruñido luchó por salir de sus labios.

"¿Qué? ¿Cloud? Oye, ¿estás despierto, amigo?"

La conciencia fue corta – nunca logró contestar.

Las horas pasaron. Quizá días. Tenía un recuerdo vago de haber sido ayudado a ir al baño una o dos veces y el líquido siendo introducido a su garganta, pero no mucho más atravesaba la neblina del agotamiento. No había forma de medir o confiar en sus instintos – todo lo que sabía era que el tiempo había desaparecido en lo que se sentía que había sido un parpadeo. Una parte de él – una parte distante, tan tranquila e ineficaz bajo la fatiga de sus extremidades – se mostraba inquieto por la sensación, estaba preocupado por una amenaza, a la cual no podía dar nombre por no poder organizar o suficiente sus pensamientos. Todo lo que podía hacer era aferrarse al conocimiento de que él era Cloud y dormir, sus sueños lo torturaban por un interminable mar de mako verde y susurros fantasmales.

La siguiente vez que flotó hacia la consciencia, Zack no estaba ahí. Sintió una breve espina de pánico, pero fue tranquilizado por una suave voz, murmurando al lado de su cama.

"… los destinos son crueles
No hay más sueños, ya no queda honor.
La flecha ha dejado el arco de la diosa.

Mi alma, corrupta por la venganza,
Ha soportado el tormento,
Para encontrar el final del camino en mi propia salvación.
Y Tú sueño eterno.

Ahora lo que más quiero...
es el 'Regalo de la Diosa'
..."

El ritmo estable de las palabras era reconfortante y pronto lo mandó de vuelta a un profundo sueño.

Más tiempo pasó. Tiempo que no podía permitirse gastar, pero el reunir la determinación para obligarse a despertar era como intentar recoger flan gelatinosa con sus dedos.

Siguió así hasta que una voz perforó los murmullos sin sentido, tan clara como una campana.

Despierta.

Abruptamente, se volvió consciente de que la habitación se había quedado en silencio. La alegre charla de Zack, las recitaciones líricas de Génesis, las preguntas murmuradas de Vincent – todo estaba ausente.

Necesitas despertar ahora. Eres necesitado.

Se sentía como su sus párpados hubieran sido pegados uno contra el otro, pero con algo de esfuerzo, Cloud logró abrirlos. El cuarto tenía una tonalidad rojiza-rosada por la luz del atardecer. La silla al lado de su cama estaba vacía. Qué extraño.

La diferencia fue lo suficientemente alarmante para despertarlo por completo. Se enderezó, parpadeando cuando el mundo comenzó a girar, luchando contra el ataque de mareo a la par que observaba a su alrededor con propiedad.

Conocía este lugar. La Posada de Nibelheim. ¿Cuándo tiempo había estado dormido? ¿Qué había ocurrido? Él nunca fue a Nibelheim, no desde que habían descubierto por primera vez la farsa que ShinRa había creado para ocultar la verdad. Su ceño se frunció. Aunque, ¿no había estado aquí más recientemente? Para luchar contra unos dragones… y entonces el laboratorio. Kunsel. Hojou.

Hojou estaba muerto. Cloud casi se sintió mareado cuando el conocimiento lo golpeó. Hojou estaba muerto. Debió haber sido Vincent. Vincent le había disparado justo entre los ojos. Él se había desmayado justo después, pero había alcanzado a ver eso – había visto los ojos del Profesor volverse blancos, había visto la sangre salpicando las paredes, había sentido la emoción de alivio al saber que finalmente, finalmente algo había cambiado.

Lo recordaba. Sus pensamientos aún eran un desorden, pero recordaba – había viajado al pasado y Hojou estaba muerto. Esta era Nibelheim, antes de que se incendiara y Hojou estaba muerto. Su madre aún estaba con vida, Jenova estaba en el Reactor, Hojou estaba muerto y Sephiroth…

Podía sentirlo. Subiendo la montaña. La presión comenzó a crecer en su cabeza, un molesto dolor que palpitaba detrás de sus ojos.

Hojou estaba muerto, pero Sephiroth estaba aquí, en Nibelheim.

Cloud retiró los cobertores y salió de la cama sintiéndose aturdido. Estaba vistiendo un uniforme estándar de SOLDADO Primera Clase, pero sentía que era una talla más grade – probablemente era un traje de Zack. Aunque sus botas estaban colocadas a un lado de la cama – lucían recién lavadas así que se las colocó y se puso de pie. Sus piernas se tambalearon bajo su peso y tropezó a los pocos pasos, luchando por mantener el equilibrio. Aún se sentía lento, como si su mente no estuviera conectada correctamente a su cuerpo.

Encontró su hombrera en la mesita de noche y luchó con los cierras a la par que se la ponía. First Tsurugi descansaba en una esquina, semi-oculta por las largas sombras del atardecer. Su materia estaba ordenada a un lado de ella. Dejó el Atrae Chocobo, equipando el resto en las ranuras vacías con rápidos y practicados movimientos que podía realizar estando dormido. Entonces colocó la espada sobre su hombro y salió de la habitación.

El Reactor. Necesitaba ir al Reactor. La amenaza del Planeta. Exterminarlo, terminarlo. Sus pies se arrastraron hacia el frente, casi como si tuvieran voluntad propia.

Se sentía extraño. Era demasiado familiar. Como el gentil toque de Aerith en sus pensamientos o la mano invisible de Zack guiando una espada que él no sabía cómo usar.

Era el Planeta, se percató confusamente. El Planeta mismo se estaba dirigiendo a él. Necesitaba de su ayuda. Necesitaba salvarla antes de que todo ocurriera otra vez.

Cloud tomó su espada y se dirigió hacia el Monte Nibel.


El sol comenzó a ocultarse en el horizonte, pintando el cielo de un sinfín de matices. La temperatura descendió junto con él, el aire frío corría desde el lado ensombrecido de la montaña. La fría brisa le picaba las mejillas y sus dedos helados acariciaron sus plumas. Angeal lo ignoró – habiéndose acostumbrado al clima de Nivel luego del último mes y medio que había habitado en el pico del a montaña. Planeó lentamente por encima del camino de la montaña, confiado de que Génesis había regresado al pueblo y que el brillo de la puesta de sol era lo suficientemente fuerte para que cualquier otra persona confundiera su silueta con un truco del atardecer que se aproximaba.

Se encontró perdido de qué hacer a continuación. Strife había sido rescatado, su sobrino había sido devuelto a salvo a casa y el SOLDADO Segunda Clase estaba recuperándose en Midgar. Zack se había convertido en Primera Clase – la visión del uniforme negro le había enviado una ola de orgullo a través de él – y ya no necesitaba de un mentor que le cuidara la espalda.

Lazard había estado en contacto, pero con la muerte de Hollander parecía ser que cualesquiera que fueran los planes que había estado maquinando fueran dejados a un lado y se encontraba más preocupado con mantenerse a sí mismo con vida y fuera de problemas por ahora. Los Turcos debieron haberlo descubierto. Debió haber sabido que había más en todo esto cuando Lazard había sido tan cómplice con el esquema de Hollander – el científico debió haberle prometido una armada. Probablemente debería encontrar una forma de advertir a Sephiroth al respecto, solo en caso de que al Director se le ocurriera alguna otra cosa ahora que este camino había sido cerrado para él.

Aunque por el momento, suponía que todo lo que podía hacer era mantener vigilado al grupo. En su estado actual no era capaz de hacer mucho, pero un centinela en el cielo no podía hacer daño. Por solo un poco más, los cuidaría desde la distancia.

Como si hubiera sido invocado por el pensamiento, un destello de plata capturó su visión en la montaña bajo él. Voló un poco más cerca, observando con curiosidad a la figura que avanzaba hacia el camino rocoso. ¿Sephiroth?

No había visto al General desde que el grupo había llegado a Nibelheim. Zack y Génesis habían subido a la montaña bastantes veces, aparentemente buscándolo a él, pero se había asegurado de mantenerse oculto. Era un cobarde – tenía mucho miedo de presenciar su miedo o su compasión cuando vieran en lo que se había convertido. La expresión de Zack cuando le había dado la Espada Mortal le había dejado un amargo sabor de boca durante días - ¿qué tan peor sería ahora?

Aunque la mirada de Sephiroth nunca se dirigió hacia el cielo, así que Angeal se desvió junto con las corrientes del viento, manteniendo una tranquila mirada en su progreso hacia la montaña. ¿Qué es lo que estaba haciendo?

Quizá iba a revisar el Reactor. No había ninguno de los monstruos comunes en el área de los cuales preocuparse, así que dejó al General seguir con lo suyo, girando de nuevo hacia la aldea. Una gran parte de él odiaba las disparejas alas blancas que salían de su espalda y todo lo que representaban, pero no podía negar que apreciaba la habilidad de tener una vista como la de los pájaros sobre el panorama. Frunció el ceño ante la nube de humo que comenzaba a surgir desde donde se encontraba la mansión de ShinRa al pie de la montaña. Eso no era común.

Pero antes de que pudiera acercarse más para investigar, notó una figura familiar subiendo por el camino. Este tenía cabello rubio y espinado.

¿Era el muchacho? No, estaba vistiendo un uniforme de SOLDADO Primera Clase. ¿Strife?

El hombre caminaba lento, pero seguro, hacia la montaña, con su espada recargada contra su hombro en lugar de guardarla en su arnés como siempre hacía. Angeal lo observó, preocupado. Físicamente no parecía tener ningún problema, pero ¿por qué Strife estaría subiendo la montaña por su propia cuenta luego de haber estado en cama por una semana? No, algo no estaba bien.

Dudó por un momento, pero la preocupación le ganó. Además, la culpa por lo que sin darse cuenta había hecho pasar al rubio a través de su pánico inicial por la degradación lo carcomía día a día. Angeal le debía al hombre una disculpa y una explicación, cuando menos, sin importar si él elegía aceptarla o no.

El aire pasó rápido a su lado, a la par que él se dirigía hacia el suelo y aterrizaba suavemente sobre una roca a corta distancia delante de él. "¡Strife!"

El SOLDADO se detuvo al escuchar su voz, pero Angeal tenía la sensación de que no lo veía realmente, sino más bien que veía a través de él. "Angeal."

"Veo que ya estás de pie." Más de cerca, Strife aún lucía muy pálido para su gusto, pero agradecía que luciera mejor que el Segunda Clase al que había ayudado hacía unas semanas.

Strife lo observó por un largo rato. "Tu degradación ha empeorado." Sonaba distante, como si estuviera hablando consigo mismo.

"No te preocupes por eso. Ya me he resignado a ello." Sus esperanzas de recuperarse habían muerto cuando había visto el cadáver de Hollander. Lo más importante era que la neutralidad de la respuesta del rubio lo perturbaba profundamente. ¿No debería estar enojado con él? "¿A dónde te diriges?"

Su expresión endureció abruptamente y sus nudillos se apretaron alrededor de la empuñadura de First Tsurugi. "No te metas en mi camino."

"Meterme en tu- Espera." Los ojos de Angeal se entrecerraron. ¿Qué estaba haciendo Strife que posiblemente le harían querer interferir? Había rastreado esta montaña desde arriba hasta abajo las últimas semanas – no había ahí nada más que bombs, lobos y el Reactor.

El Reactor, al cual Sephiroth se estaba dirigiendo hacía no mucho.

"Sephiroth," Angeal maldijo, cuando el entendimiento le cayó de golpe. "Strife, no puede ser posible que aún - ¡luego de que él te rescató-!"

La única respuesta del rubio fue levantar a First Tsurugi de su hombro.

Fue entonces cuando lo supo. Strife estaba siendo mortalmente serio.

La mano de Angeal sujetó el aire. Demasiado tarde se dio cuenta de que ya no tenía a la Espada Mortal en su espalda.


Zack se apresuró a regresar a la Posada, con sus brazos repletos de comida de la tienda general. No le gustaba dejar solo a Cloud por mucho tiempo, pero el rubio había estado mostrando signos de despertar y quería tener algo de sopa caliente cuando lo hiciera. Había estado dormido por casi cinco días ya y aunque habían estado pasándole agua y sopa por su garganta siempre que estaba lo suficientemente consciente como para tragar, en verdad esperaba que esta vez despertara lo suficiente como para alimentarse por su propia cuenta.

Entonces había tenido que estar siguiendo a Génesis y asegurarse de que él también comiera. Probablemente le pediría a Spike que hiciera eso. Siempre que el niño no estaba en la Posada cuidando de su Tío, estaba siguiendo al Comandante, quien lo toleraba con una paciencia poco característica. Probablemente era porque el muchacho estaba relacionado con Cloud, o tal vez porque era un local que lo podía guiar por la montaña mientras él buscaba a Angeal. Habiendo rescatado al rubio, el oficial se había lanzado a la tarea de resolver el misterio de la quimera, convencido de que su otro amigo perdido estaba en el área. Zack se turnaba con él y lo había buscado también ya un par de veces – más que nada para asegurarse de que descansara – pero hacer que durmiera y comiera con propiedad se estaba convirtiendo en un reto.

Sephiroth no estaba mucho mejor – estando aún encerrado en la biblioteca. Génesis había demostrado un remarcable talento para la hipocresía al pasar algo de tiempo obligando al General a comer al menos una vez por día, pero nadie, ni siquiera Vincent, había sido capaz de sacarlo de la mansión.

Cinco días. Habían pasado cinco largos y aburridos días, y Zack estaba comenzando a pensar si todos se estaban volviendo locos.

Era por eso que en verdad esperaba que Cloud despertara hoy. Si alguien podía sacar a Sephiroth de la mansión, ese era Cloud y Génesis definitivamente se tranquilizaría también una vez que todos los demás comenzaran a actuar normal de nuevo. Entonces, finalmente podrían regresar de nuevo a Midgar. No sabía qué es lo que ocurriría luego de eso – ya fuera que los Turcos vinieran por ellos o quizá el Presidente los declararía a todos traidores y los obligaría a huir, o la compañía simplemente cubriría todo y pretendería que nada había pasado jamás.

No le importaba ninguno. Solo quería ver de nuevo a Aerith. Ya la extrañaba.

Zack agradeció a sus estrellas de la suerte que nadie lo saludara en el vestíbulo de la Posada y se apresuró a subir las escaleras antes de que eso pudiera cambiar. Ingresó a la habitación, dejando caer la comida en la mesa con una floritura. "¡Regresé! ¿Tienes hambre, Cloud?"

No había esperado una respuesta, pero bueno, tampoco se había esperado una habitación vacía. Estaba silencioso como una tumba y la cama que el rubio había ocupado no hacía mucho tiempo estaba llamativamente vacía.

"¿Cloud?" llamó, tomando su espada. "¿Estás aquí, amigo?" Una sensación de preocupación y pánico se abrió paso hacia su corazón, pero lo alejó antes de que pudiera sujetarse. La espada de Cloud y su materia no estaban, al igual que sus botas y la hombrera. Eso solo podía significar que había despertado – si alguien hubiera entrado y se lo hubiera llevado mientras dormía no se habría molestado en tomar sus botas y arma.

Aunque había algo extraño. Para empezar, Cloud no se había llevado el arnés de su espada – aún estaba colocado sobre la ventana, donde lo habían puesto para que se secara, con sus hebillas brillando en medio de la rosa luz del atardecer. Eso significaba que había tenido prisa. Debía apresurarse y encontrarlo. Podría estar desorientado – podría incluso haber entrado en pánico y escapar.

Zack abrió su PHS para hablar a Génesis, esperando impacientemente a que se encendiera. Lo había estado dejando apagado para ahorrar batería, ya que la recepción del área era completamente irregular y los únicos mensajes que había recibido desde que había dejado Midgar habían sido actualizaciones de los clubes de fans.

Tan pronto como se encendió, su PHS sonó. Mensajes acumulados. Se brincó aún más actualizaciones de los clubes – quizá no debió haberse unido a todos ellos – y entonces se detuvo al ver el nombre de Luxiere. El Segunda Clase se preguntaba si promoverían a Zack a Comandante si Angeal permanecía más tiempo como 'ausente'. Zack lo eliminó. Entonces, luego de eso… ¿un número desconocido? Parecía haber sido enviado el día anterior. Lo abrió.

'Zack, soy Kunsel,' decía el texto. ¡Kunsel finalmente estaba despierto! Zack dejó escapar un pequeño grito y sonrió de lado a lado, leyendo con entusiasmo lo siguiente. 'No he sido capaz de comunicarme contigo, pero Aerith me dijo que ustedes habían ido a Nibelheim a rescatar a Cloud. Escucha, sin importar qué, no dejen que Sephiroth vaya al Reactor. Tienen que sacarlo de ahí AHORA. Te lo explicaré después, ¡solo salgan de ahí Zack!'

Eso no… era exactamente lo que él había esperado. ¿Había algo peligroso dentro del Reactor? Aunque era difícil imaginarse algo pudiera derrotar al General. Y ¿por qué es que era peligroso para Sephiroth específicamente?

Aunque Kunsel no era del tipo de persona que bromeaba sobre esto. Zack marcó rápidamente el número de Génesis a la par que salía del lugar, rezando por que la señal se mantuviera.

Colocó el PHS en su oído mientras caminaba, escuchando el tono sonar y sonar y sonar, y dirigió una mirada hacia la puesta de sol. Las puestas de sol en Nibelheim eran más temprano, pintando las nubes de una vívida mezcla entre naranja y rosa mientras lanzaba a la ciudad una sombra del atardecer temprana. El contraste de la sombra púrpura y oscura contra el cielo aún iluminado creaba un efecto perturbador.

… ¿Eso a la distancia era humo?

La llamada se perdió y su PHS quedó en silencio, esperando por su siguiente movimiento.

El humo le preocupaba – era una nube gruesa y oscura que contrastaba contra las nubes rosadas, no era nada semejante a las nubes blancas que salían de las chimeneas del pueblo. Una rápida mirada a su alrededor le confirmó que ninguno de los locales parecía haberlo notado aún. Por falta de ninguna otra pista, Zack cerró su PHS y se dirigió rápidamente hacia el lugar.

No le tomó mucho tiempo para ver el fuego. Lanzó una exclamación. ¡Era la mansión! ¡La mansión se estaba incendiando!

¿Qué había ocurrido? Lenguas masivas de fuego cubrían el cielo, saliendo de las ventanas, con furiosas ondas de rojo y naranja fusionándose con el atardecer. "¡Mierda! ¡Sephiroth!" ¿El General aún estaba adentro? Se lanzó contra las puertas, listo para saltar a través de las llamas si era necesario. Era un SOLDADO – probablemente podría soportar un minuto ahí dentro - ¿sería eso suficiente para llegar a la base subterránea?

No había tiempo para estar indeciso. Zack tomó una profunda bocanada de aire, aguantó la respiración y entonces irrumpió el lugar a través de las puertas del frente. Sus ojos comenzaron a lagrimear inmediatamente debido al humo y él comenzó a ver bizco, luchando por ver a través de la nube de calor. "¡Sephiroth!" exclamó ahogadamente, corriendo hacia las escaleras. No podía escuchar ninguna respuesta, solo la madera crujiendo y el fuego rugiendo en sus oídos. Se sentía como si hubiera caminado directo hacia el esófago de un dragón. No había nada más que fuego, a donde fuera que mirara. Era como si Ifrit mismo hubiera despertado y liberara el infierno dentro de la mansión.

Subió las escaleras corriendo – una se quebró bajo su pie y más flamas subieron a través de ella, ardientes dedos en llamas agarraban sus tobillos. Saltó hacia el siguiente escalón, maldiciendo, y luego maldiciendo otra vez cuando se dio cuenta de que había olvidado mantener la respiración. ¿Había fuego debajo de las escaleras? ¡Eso significaba que todo el lugar colapsaría en cualquier minuto! Frenético ahora, corrió hacia el segundo piso, saltando limpiamente a través del piso que se había caído.

El camino hacia la puerta de la habitación estaba envuelto en llamas. Zack se detuvo, el inmenso calor era suficiente para hacerlo dudar. Haciendo una mueca, se abrazó a sí mismo y se preparó para atravesarlo. ¡El General podía estar en problemas ahí debajo!

Nunca tuvo la oportunidad. Antes de que pudiera moverse, hubo un repentino golpe de aire frío y congelado en su rostro y el camino se vio bañado por hielo desde el otro lado. Una silueta apareció a través de las llamas avanzando hacia él, lo sujetó del brazo y lo arrastró de vuelta por el camino por el que había llegado. "¿Eres un idiota, Zack Fair?" resopló.

Zack tosió, parpadeando para sacar el humo y las cenizas de sus ojos. "¿Génesis?"

El piso comenzó a colapsar bajo sus pies – saltaron y rodaron a la par que la escalera se convertía en una pila de madera achicharrada, con solo las barandillas conectándola aún hacia el segundo piso. Génesis se puso de pie de nuevo en momentos, sujetando uno de los tirantes de Zack y arrastrando al SOLDADO tras él, lanzando Blizzaga (Hielo++) tras Blizzaga para mantener a las invasivas llamas a raya. Una viga de apoyo cayó del techo, pero un rápido corte de la espada del Comandante la apartó.

Repentinamente se encontraban de nuevo en el jardín, el aire fresco fue un bálsamo en su cara y el poderoso rugido en sus oídos fue disminuyendo hasta convertirse en un gruñido estable. Zack hizo una mueca cuando una parte del techo cayó tras ellos, entonces se giró hacia Génesis. "¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué la mansión está en llamas? ¿Dónde está Sephiroth?"

"No tengo idea. De cualquier forma, no está dentro." Lucía más irritado que de costumbre – las puntas de su cabello se encontraban chamuscadas y su chaqueta roja de cuero estaba cubierta de hollín. Gruñendo, lanzó un Blizzara (Hielo+) hacia las llamas que se arrastraban a lo largo del pasto tras ellos. "Cuando vine a revisarlo, el fuego ya se encontraba fuera de control. Básicamente acabo de arruinar mi saco por nada.

"¿Qué hay de los cadetes y científicos?" Hasta donde sabía, los habían encerrado en el Ala Este para que nadie escapara y reportara la muerte de Hojou antes de que estuvieran listos.

El silencio de Génesis fue toda la respuesta que necesitaba.

"Entonces, ¿qué hay de Cloud? ¿Lo has visto?" se apresuró a preguntar Zack.

"¿Qué quieres decir? ¿Estás diciendo que finalmente despertó?"

"¡No lo sé! ¡Todo lo que sé es que me marché para conseguir algo de comida y cuando regresé él no estaba ahí! ¡Su espada y la mayoría de su materia también están perdidas!"

El Comandante frunció el ceño y lanzó otra Blizzara hacia un arbusto en las orillas de la propiedad que se había prendido en fuego. Las llamas se pulverizaron y murieron y las hojas se volvieron frágiles con el hielo. "Entonces no puede haber ido lejos."

"¿Qué hay de Vincent? ¿Y Spike?"

"Envié al niño a casa antes de venir aquí. Y por Vincent, ¿quién puede saberlo?" Atacó el borde del fuego crepitante con hielo nuevamente, manteniéndolo retenido solo en la mansión. "Ese hombre viene y va a como le place," lanzó un bufido.

Zack se mordió el labio. Maldición. ¿Qué debía hacer primero? ¿Ir a buscar a Sephiroth o ir a buscar a Cloud?

Quizá debería dirigirse hacia el Reactor, para asegurarse de que Sephiroth no estuviera ahí. Y si entonces encontraba al General, ¡le pediría que usara ese extraño sexto sentido para encontrar a Cloud! Tomada su decisión, asintió y corrió de nuevo hacia la reja. "¡Iré a asegurarme de que Sephiroth no esté en el Reactor!"

Génesis detuvo sus invocaciones para dirigirle una mirada extraña. "¿Qué hay de Cloud? ¿Y el fuego?" exclamó.

"¡Te los dejaré a ti! ¡No tengo tiempo para explicar! Kunsel despertó y recibí un mensaje de él - ¡sonaba como algo serio!"

Corrió antes de que Génesis tuviera la oportunidad de replicar, dejando rápidamente la mansión incendiada atrás. No conocía el camino hacia el Reactor, pero el sobrino de Cloud le había mostrado algunos caminos cuando habían ido en búsqueda de Angeal – averiguaría el resto del camino desde ahí. Avanzó a paso rápido, con sus ojos brillantes y azules revisando el paisaje por si había señal del General. No habían exactamente muchos lugares para ocultarse en Nibelheim - ¡tenía que estar en algún lugar!

Aunque mientras más avanzaba, más inseguro se sentía. La montaña estaba en silencio – demasiado tranquila. Lo alteraba, especialmente luego de haber pasado a través de un poderoso infierno tan solo hacía unos minutos. ¿Qué normalmente no había pájaros o algo? Recordaba haber escuchado algunos intermitentes llamados de la naturaleza a la distancia la última vez que había venido hasta aquí, pero esta vez solo el viento frío y los sonidos de sus botas le acompañaban.

Zack aligeró el paso, con sus dedos descansando suavemente en la empuñadura de la Espada Mortal de Angeal. En Gongaga, el silencio significaba que algo malo se encontraba en el área. Aunque era difícil imaginar qué podía asustar a los bombs, dragones y lobos. Ciertamente no podía ser algo tan ordinario como un pequeño incendio.

El pensamiento había venido demasiado rápido. Un repentino batir de alas hizo que el SOLDADO girara, desenvainando su espada. Aunque en lugar de un ataque fue casi aplastado por un borrón familiar de pelaje negro y alas blancas, aterrizando justo delante de él. "¡Ack, no me asustes así!"

La quimera levantó su cabeza, inflando su pecho con orgullo y estirando sus alas. Zack sonrió, aliviado de que no iba a tener que perder el tiempo lidiando con la vida silvestre que a veces era engañosa del Monte Nibel después de todo. "¿Dónde te has estado ocultando? ¡No te había visto a ti desde que llegamos!" Y también lo había buscado. "Creo que Spike te extraña."

Corrió alrededor de él en círculos y luego se elevó, dirigiéndose aún más profundo hacia la montaña.

"¡Oye, espera!" Zack corrió tras él, tropezando sobre las rocas sueltas y apenas y manteniendo a la quimera con cola en forma de látigo a la vista mientras ésta avanzaba por delante de él. Cada vez que pensaba que la perdería de vista, se detenía, se posaba en una roca y esperaba con un aire de paciencia extrañamente familiar. Luego, tan pronto como la volvía a ver, se marchaba otra vez. Tenía la extraña sensación de que lo estaba guiando hacia algún lugar.

Por lo que podía decir, aún estaban yendo en la dirección correcta, por lo que Zack estaba feliz de seguir con esto. Continuó así hasta que pasó una curva del camino, vio el cuerpo tirado en el suelo y se percató de hacia dónde exactamente lo había guiado la quimera.

"¿Angeal?" exclamó Zack.

Sin lugar a dudas era Angeal, pero lucía de una forma que nunca había visto antes. Su cabello se había vuelto de un color gris moteado y profundas arrugas comenzaban a alinear su rostro.

Había envejecido treinta años en seis meses.

El cambio era sorprendente, pero eso no era lo que lo alarmaba más. Era la sangrante herida que se extendía a lo largo de su pecho.

El SOLDADO corrió hacia su mentor, quitándose uno de sus guantes con sus dientes y buscando frenéticamente un pulso. Soltó un suspiro de alivio cuando lo sintió palpitar bajo las puntas de sus dedos. Estaba vivo, pero muy apenas. Por suerte, la herida era superficial. Ahora que estaba más cerca, pudo observar quemaduras en los brazos de Angeal y su ala estaba colocada en un extraño ángulo y había pedazos sin plumas. Lucía como si estuviera rota. ¿Quién pudo haber hecho esto?

Un escalofrío lo recorrió. Seguramente no pudo haber sido Sephiroth. El General había estado plagado de culpa por la herida de Angeal – él simplemente no se daría la vuelta y haría esto, ¡no luego de que hubieran trabajado tanto para encontrarlos tanto a él como a Cloud por la cura!

¿Qué hacer ahora? Zack maldijo. Angeal necesitaba ayuda, pero él no se había detenido para traer ninguna materia consigo – y ¿tan siquiera Cura funcionaría en su mentor, con todo esto de la degradación?

"Parece ser que llegué muy tarde," una suave voz se introdujo en el silencio, seguida poco después de un hombre de capa roja saltando de una roca y aterrizando suavemente – demasiado suavemente – cerca de ellos.

"¿Vincent?" Zack saltó y estuvo a punto de cortarse su propia mano debido a su desesperado intento por agarrar la Espada Mortal. "¡Tienes que dejar de hacer eso!"

El ex-Turco no hizo movimiento alguno que pudiera ser interpretado ni como saludo o reconocimiento, su mirada extraña de color rojo estaba fija en el cuerpo inerte de Angeal. "¿Quién es él?"

"Angeal. Mi mentor. Y ¿qué quieres decir con muy tarde?"

"Jenova," fue la sencilla respuesta de Vincent. "No había pensado que Sephiroth sabría dónde encontrarla."

"Espera, ¿te refieres a esa mujer que dijiste que no era la verdadera madre de Sephiroth?" La cabeza de Zack daba vueltas. No le gustaba este tipo de intriga que tenía más intriga de por medio. Las cosas ya eran demasiado complicadas para su gusto.

"Jenova está oculta en el Reactor. Hojou la trasladó aquí hace poco – es por eso que llamé a Cloud en primer lugar."

Su boca se secó. Entonces la razón por la que Kunsel le había advertido de no permitir que Sephiroth se acercara al Reactor…

"Teníamos planeado destruirla," continuó Vincent luego de un momento. "Pretendía ir con Cloud una vez que despertara, pero aparentemente no debí haber esperado." Su voz estaba cargada de reproche hacia sí mismo.

"¿Qué es lo que hará ella?" preguntó Zack con un tono de voz bajo.

"... Me inclino a creer que no es de Jenova directamente de la que tenemos que tener miedo. Sino de la influencia que ella ejerce sobre aquellos que poseen sus células."

Zack observó hacia la figura malherida de Angeal. Aún no comprendía del todo qué estaba pasando, pero había escuchado suficiente. "Entonces no podemos perder más tiempo." Echó un vistazo hacia la quimera, que aún estaba sentada pacientemente sobre sus patas traseras al lado de ellos. "¿Puedes proteger a Angeal? Regresaremos pronto por él." Al menos eso esperaba. Pero la verdad es que si iba a tener que ir y luchar en contra de Sephiroth…

La quimera movió sus alas.

Eso era una respuesta suficiente para él. Zack sujetó la empuñadura de la Espada Moral y se levantó. "Andando."


Era como si el tiempo nunca hubiera pasado desde ese día. Las frías paredes de acero del Reactor. Sephiroth de pie en la escalera, con Masamune brillando bajo la luz artificial. Y descansando en la cima de la tarima un poco más allá… Jenova.

"¡Sephiroth!"

El General no se dio la vuelta ante su llegada. "Cloud. Sabía que vendrías."

Cloud apretó su agarre en First Tsurugi.

"Me alegro. Quería contarte al respecto. El final que he elegido."

"¿Cuál final es ese?" Las palabras eran pesadas y llenas de tensión. Cloud estaba preparado para la batalla, pero Sephiroth estaba de pie con un aire casual, despreocupado de su presencia. Arrogante. Seguro de sí mismo. La espalda del General estaba libre por completo, tal y como había estado hacía ya tantos años. Cloud no era considerado una amenaza. Si acaso, el hombre lucía complacido por su presencia.

"¿Debería mostrártela? La historia de una diosa, un monstruo y un héroe."

"Esa no es una Diosa," ladró. "Eso es el monstruo."

"Entonces Cloud… ¿en qué nos convierte eso a ti y a mí?" Sephiroth se giró entonces hacia él, el brillo de sus ojos lucía innaturalmente más potente en la penumbra del reactor. "Ahora lo sé. Lo sé todo. Lo leí todo al respecto. Acerca de Jenova… y acerca de ti."

Por un momento se sintió confundido, hasta que recordó – Hojou. El laboratorio. Debió haber mantenido notas sobre los experimentos de saltos en el tiempo, de la misma forma en que había hecho con el Proyecto Jenova. Todo lo que Sephiroth había tenido que hacer era leerlos y entonces habría enlazado todo, tal y como había hecho Kunsel.

"Ese niño… no es tu sobrino, ¿verdad? Su relación contigo es mucho más cercana que eso."

Su sangre se enfrió - ¿cuándo había conocido el General a su yo más joven? – pero eso no importaba. No importaba si Sephiroth lo sabía. Siempre y cuando todo terminara aquí.

"Dime, Cloud… ¿qué fue lo que hice en tu futuro para que me odiaras tanto? ¿Qué cambió a ese muchacho tan drásticamente para convertirse en ti?"

Ya había tenido suficiente. "No tengo por qué decirte nada," espetó. "He venido para hacer cumplir mi palabra. ¡Tu viaje termina aquí, Sephiroth!"

Se lanzó hacia el frente, Masamune se movió con rapidez y el choque del acero hizo eco a lo largo del Reactor. Presionó su peso contra la unión de las espadas, forzando al General a retroceder. Lo había atrapado con la guardia baja y lo dejó mal posicionado para recibir el ataque.

Sephiroth se detuvo. "Cloud… tus ojos-"

Detenlo. Mátalo.

Su determinación se agudizó, y su materia de Trueno rugió al activarse. El General saltó hacia atrás, rompiendo el contacto antes de que el rayo pudiera correr a lo largo de su espada.

"¡Cloud!"

Cloud no escuchó y se rehusó a detenerse. No había espacio para vacilar, no había lugar para las dudas. Se lanzó hacia adelante y golpeó, y golpeó de nuevo, usando toda su fuerza mejorada por el mako en cada golpe, así como su velocidad. Sephiroth se esforzó por mantener el ritmo, con Masamune cortando rápidos arcos en el aire mientras devolvía cada ataque.

No había que contenerse. No era un duelo. No había retirada.

Hojou estaba muerto. Ahora era el turno de Sephiroth.