¿Quién me quiere matar? :D

Lamento muchísimo la tardanza, mucho, mucho, mucho, como les dije no olvido mi fic, tuve muchas cosas que hacer, tengo buenas vibras, prosperando en la vida, me alegra decir que me ausenté por cosas buenas, también por malas, escuela, trabajos, más escuela, problemas de salud, talleres, y próximamente por una obra de teatro de mi autoría que se pondrá en escena! Estoy muy contenta, espero no estén muy molest s, en realidad me costó mucho tomar el ritmo de la historia para escribir este capítulo, dejar algo y retomarlo, cuesta demasiado! nunca me gustaba cómo quedaba, era mucha presión, huía del temor... Espero no decepcionarlos demasiado, recuperaré el ritmo poco a poco! viendo DBZ, leyendo mi fic una y otra vez y así sucesivamente para no bajar la calidad de los personajes.

Al fin! El final de Rutas! Parecía eterno debido a mis problemas de bloqueo. Prometo mejorar el próximo, ya necesitaba terminar Rutas para continuar con más fuerza.

Sin más qué decir, los dejo, no pondré notas finales debido a la falta de tiempo. Esperen con alegría: Reproducciones I.

Muchos besos y abrazos

Twitter: Alediyuki


Rutas V

Final de las Rutas

Nocturna en el universo

Vegeta entreabrió los ojos, estaba turbado por el dolor en las sienes, por el cuerpo pesado. Donde sus perlas negras veían, sólo encontraba un borroso panorama, como si las imágenes estuvieran dentro de un filtro nebuloso que no le permitía ver con total claridad. Las paredes se agrietaban, los controles brillaban descomedidos entre luces parpadeantes de colores vivos, algunos halos de luz pasaban por las ventanas redondas, como estrellas fugaces, de tamaño descomunal, junto la ola de gases cósmicos, que habían dejado el universo, a la cercanía del ventanal, como una combinación de escarchas rosadas y lilas, brillando como diamantes tornasoles, tan bellos y mortales a la vez. Se esforzaba por abrir más los ojos, pero era imposible ¿Estaba muerto? ¿Estaba soñando? No entendía lo que sucedía dentro de su cabeza. El golpe había sido demasiado fuerte, inclusive para un saiyajin. Lo único que podía recordar era esa lluvia de meteoritos cuando había huido aparatosamente del planeta de los exiliados. "Claro… Ahora recuerdo… Fue esa fuerza que se llevaba la nave…" Vegeta se mantuvo aguantando su tirite, la calefacción del transporte espacial sucumbió por los inmensos golpes de meteoritos flameantes, el frío del universo le calaba las heridas sobrehumanas. Había salido de la nave con apenas un traje a medio poner, para no ser absorbido por la implosión de una estrella lejana, que tentaba con absorberle hacia la nada, destinándolo a perecer en una dimensión desconocida. En el intento logró salvar su trayectoria, antes de acabar siendo uno más de esos hombres intergalácticos que nunca pudieron regresar de esos agujeros que dejaban las estrellas y los planetas viejos, que implotaban, llevándoselos a ellos en algún paralelo inexplorado. El daño de los retazos de los satélites naturales, los meteoros, la fuerza de ese agujero negro que incendiaba cada pared de la nave, había destrozado su único transporte. La imprudencia de nuevo le seguía el rastro. Salir del planeta de esa manera, sólo para no tener que enfrentarse a su hermano, le había costado su nave, y probablemente la vida. ¿Fue necesario? ¿Acaso él era un cobarde? Esa pregunta se clavó en su pecho como una aguja delgada y larga — ¡Ahggg! — Un grito desgarrador surgió de su garganta cuando el temblor lo hizo consiente de la gran herida a su costado "¿Q…Qué demonios es esto?... " La sensación de estar inundado en agua tibia le hizo creer que había perdido control de sus esfínteres, debido al intenso dolor; pero, lejos de esa bochornosa racionalización, notó con horror que el líquido caliente, que lo humedecía, no era más que su propia sangre que había formado un gran charco a su alrededor. "¡Maldita sea! ¡Esto no puede estarme pasando a mí…!" Cayó de nuevo entre los escombros, tanta sangre perdida no era una buena señal. Trató de girar hacia el monitor donde la peliaqua le hablaba, el sonido de la voz, de la humana, era un murmullo incoherente entre la señal tan obscenamente débil y sus oídos tan saturados de alarmas chillonas. Los labios de la mujer se movían apresurados, dos figuras masculinas le acompañaban, pero para Vegeta no existía nada, su campo de visión estaba disminuido y apenas podía concentrarse en la mujer. Sentía que perdía la cordura, una extrema preocupación le rebanaba en trozos, podía apreciar que la muerte le tendía la mano entre la agonía del último aliento. Su propia energía vacilaba entre columpios de poder disminuido, y él, no podía hacer nada más que entregarse. Por un instante cerró los ojos con tranquilidad, esperando que la sangre siguiera fluyendo, incrementando la dimensión del charco carmesí, como la marea al subir tras las fases de la luna.

Los zafiros de la peliceleste se volvieron dos esferas temerosas. Una sensación de frío le socavó el alma. El corazón se volvió una válvula rocosa, pesada, dando golpeteos duros de un lado a otro, bombeándole lejía por las venas. Tapó sus labios, sus manos subieron a su flequillo mojado por el sudor. Estaba observando la muerte del hombre que amaba.

— ¿Eh?... — Goku paró unos instantes en el aire.

La patada de Gohan lo tiró al suelo. El niño sonrió triunfal, había conseguido derribar al hombre más fuerte del universo. Su felicidad duró unos cuantos minutos. Parpadeó un par de veces al ver la seriedad de su padre — ¿Papá, estás bien? — Flotó hacia él temiendo por su corazón. Piccoro abrió los ojos, saliendo de su usual meditación.

Limpiándose la barbilla, el salvador del universo sonrió — Buen golpe Gohan, has mejorado mucho — Se levantó y sacudió su ropa. Llevó sus manos en puños hacia su cintura, en su típica pose despreocupada y vivaz — Tomemos un descanso, ¡Tengo mucha hambre! — Rió rascándose la cabeza.

Gohan sonrió al ver que su padre se veía completamente sano — ¡Sí! ¡Yo también, papá! ¡Vamos a la casa para ver si la comida está lista! — Viró hacia el namekusein que consideraba como otro padre — ¿Nos acompaña Señor Piccoro?

El verde extraterrestre resopló ofendido — Yo no necesito de esos alimentos. Me quedaré aquí a entrenar un poco más.

El rostro del niño se desilusionó un poco, pero recobró su sonrisa y asintió firmemente — ¡Entonces también me quedaré a seguir entrenando!

Riendo, la mano firme pero cariñosa de Goku palpó el cabello de su hijo, haciendo que el pequeño lo mirara desde abajo, captando su total atención y suavizando su pose de lucha — No tienes por qué preocuparte Gohan, has hecho un buen trabajo ¿Qué tal si te adelantas para ayudar a tu mamá con la comida? Milk debe estar furiosa conmigo porque te llevé a entrenar a escondidas mientras estudiabas — La imagen de la mujer con venas hinchadas en la frente petrificaba al hombre del dogui anaranjado. Rió nervioso — Será mejor que le lleve unas manzanas del viejo árbol — Notó la tensión de su pequeño — No te preocupes Gohan, contigo no se molestará si le dices que yo te traje a entrenar.

El niño reunió valor — Está bien papá… — Los ojos de Gohan miraron al suelo. Tampoco quería enfrentarse a su estricta y sobreprotectora madre, pero en algún momento tenía que comer, sobre todo con el apetito voraz que tenían los saiyajin. Apretó los dos puños con recuperaba alegría — ¡Iré con ella ahora mismo! ¡Debe estar preparando algo delicioso!

Goku le sonrió — ¡Sí!, te alcanzaré luego, Gohan — Afirmó al mirar que su hijo, como un cohete, despegó hacia su hogar. Su sonrisa y su rostro despreocupado cambiaron rápidamente. Endurecido en la mandíbula, y con las cejas fruncidas, miró al cielo. Piccoro, con la pupila en el rabillo del ojo, percibió el gesto grave del moreno. Cerró los ojos y dejó de flotar para pararse en el suelo y acercarse al saiyajin. Lo miró firme, con ese rostro matemático que demostraba su inteligencia y agilidad. Goku le sintió a su lado, no decían palabras pero sus cuerpos sentían exactamente lo mismo: Alguien estaba a punto de morir.

— ¿Es el ki de Vegeta? — El verde mencionó aún con el rostro pensativo, mirando al cielo, en algún punto lejano al que sus ojos no podían llegar, pero el poder heredado de la familia dragón le permitía crear una inexacta imagen en su cabeza, una imagen de presentimiento y ki.

Goku afiló los ojos tras sus cejas fruncidas — Sí. Está demasiado débil.

— Me sorprende que tú también puedas sentirlo. Ese canalla parece estar muy lejos de la tierra.

— Desde que aprendí la técnica de la teletransportación, puedo sentir el ki de los demás a pesar de estar en distancias muy lejanas — Una media sonrisa se dibujó en el rostro del guerrero — Ese Vegeta, parece que salió al espacio a entrenar.

El namekusein arrugó la nariz, algo que admiraba de ese orgulloso hombre era su genialidad en el entrenamiento y en las batallas, le consideraba un genio pero… — Vegeta es demasiado obstinado, su objetivo es derrotarte a como dé lugar, mh— Se detuvo en un gruñido antes de continuar — no puedo creer que sea tan imbécil como para entrenar hasta la muerte.

Los ojos de Goku fueron del guerrero verde, hacia al frente — Jm… No estoy seguro si fue por entrenamiento, o si fue para derrotarme a mí o a los androides pero… si él continúa así, morirá. — Piccoro le miró. Goku sacó de su cinturón azul la bolsa colgante con las semillas del ermitaño, semillas que pidió a Jajirobe para entrenar — Me queda sólo una.

El extraterrestre apenas y movió un músculo de los labios — ¿Le darás tu última semilla? — Aunque sabía la respuesta tuvo que preguntar. Era bien conocido el temperamento bondadoso que tenía el moreno ante sus rivales. Después de todo, a él le había ofrecido su última semilla cuando aún eran enemigos. Piccoro volteó cuando miró asentir al salvador del mundo. Sonrió frío — Típico de ti.

— Pero…

El alien de color pasto cambió el rostro, a uno ligeramente intrigado, al escuchar aquella quisquillosa palabra — ¿Pero qué?

Goku se rascó la cabeza, puso un pie sobre su corva y miró al cielo con el rostro confuso — Trunks me dijo que al derrotar a Freezer y a su padre antes de que yo los derrotara, cambió la historia, entonces ¿Si voy a salvar a Vegeta no también estaría cambiando la historia? ¿Cómo sé que no estoy haciendo mal? ¡Ay, ay, ay! ¡Esto es muy complicado! — Inclinó la cabeza a un lado, cruzando los brazos — ¿Qué debería hacer ahora, Piccoro?...

Una gota escurría por la frente del namek "¿El futuro de la tierra está en manos de este sujeto…?"

— ¿Eh? ¿Piccoro? ¿Qué estás pensando? ¿Tú qué crees que debería hacer? ¿Crees que pondría en peligro la existencia de Trunks?

Naturalmente enfadado por la idiotez del saiyan, Piccoro perdió su pose de seriedad para reprenderlo — ¡¿Pero de qué diablos estás hablando? ¡Sino salvas a Vegeta ahora, pondrás en mayor peligro la existencia de ese mocoso! ¡Dejarías que su padre muera! — No podía creer que él, un inexperto en la reproducción humana, tuviera que darle tan lógica consigna.

Las pupilas del guerrero miraron hacia arriba — Ahhhh… Claro… ya entiendo, un bebé tarda algunos meses en nacer, eso creo… No es posible que Bulma esté embarazada aún… ¿O sí? ¿Cuánto tiempo ya pasó…? Me dijo que nacería en dos años y algo…

La leve energía del príncipe de la oscuridad apenas era una insignificante ola que se desvanecía. Ambos guerreros terrestres advirtieron el peligro.

— ¡No queda tiempo para pensar en esas cosas! ¡Vegeta está a punto de morir! — Con los dos dedos en su frente, la mirada decidida, y la semilla en su puño, Goku desapareció en un parpadeo.

Piccoro apenas percibió el momento exacto en el cual su compañero de entrenamiento se había teletransportado hasta ese punto lejano de la galaxia. Sonrió frío de nuevo, Goku podría comportarse de manera tonta y distraída, llegar a último minuto parecía ser su especialidad, pero siempre estaba ahí cuando se le necesitaba. Las esferas del dragón no habían sido creadas debido a los últimos acontecimientos, así que la única esperanza era que el príncipe orgulloso aceptara ayuda de su gran rival.

"¡No puedo morir de esta forma sin antes destruir a Kakaroto! ¡Un príncipe saiyajin, muriendo de esta manera tan humillante, no puedo permitirlo!" Agonizante, se dio cuenta de que no tenía fuerzas para poder emitir sonido alguno de su boca "¡Maldita sea!" Trató de golpear algo con un puño, pero ninguna extremidad respondió debido a la falta de sangre "¡Mi único objetivo es destruir a Kakaroto, no puedo permitirme morir así!" Apretó los dientes con frustración, en realidad algo pasaba por su cabeza: su existencia. En algún momento de la muerte se podía percibir la vida transcurrir por sus ojos. Él, que había pasado una vez por la cruel muerte, descubrió que de alguna forma era verdad. Lo que vio aquella primera muerte no fue más que el maltrato a su orgullo saiyajin ante Freezer, el demonio purpúreo que desencadenó esa vida tan caótica. Ahora, la frustración se volvía mayor al sentir que todo su odio y venganza se iban tras Kakaroto, el ser que derrotó al demonio de sus pesadillas, el demonio que él debía derrotar. Si algo necesitaba Vegeta era matar a Kakaroto para terminar con esa sombra que le perseguía, aquella sombra que temió por tanto tiempo y que en algún instante soñó con derrotar con esfuerzo, entrenamiento y dedicación; pero en lugar de eso, un saiyajin de clase baja, un saiyajin que se consideraba terrestre fue quien aplastó al causante de tanta humillación. Su padre, su raza, su madre, todos habían fallecido debido a su debilidad, a su falta de orgullo saiyajin. Toda la vida era acerca del poder, y el poder, tan importante como él solo, era quien asignaba quién sufría y quién no. Por lo menos para el moribundo guerrero.

Los párpados hinchados y adoloridos comenzaban a cerrarse, el humo de la nave quemaba el interior del moreno en cada inhalación. Un mareo, un punzante dolor en la cabeza, era el pequeño dolor que podía registrar, sus extremidades entumecidas se remojaban entre sangre fresca, la tibieza era sólo un recuerdo. La oscuridad venía como un manto sobre el rostro, abría los ojos en parpadeos lentos para evitar que la negrura de su destino le arrebatara su aliento con facilidad. Abría los ojos, los cerraba con pesadez, volvía a abrir los ojos y los volvía a cerrar… Vegeta apretó los dientes, en algún momento daría el último parpadeo. Tosió húmedamente, manchando, con carmesí, su labio inferior reseco. El frío de un témpano maduraba como una infección, le comía la regularidad de sus latidos, sus respiraciones transcurrían lentas y ajenas, como el reflejo de los órganos empeñados a continuar su labor. El último parpadeo llegó, sus pestañas tropezaban con la visión borrosa de una sombra familiar. "Ka…karoto" El entrecejo temblaba, deglutió lo que parecían cristales rotos en su laringe.

Un gran golpe de fuerza descomunal lo despertó. Desde adentro de su fornido y poderoso cuerpo, un impulso interior sorprendió cada célula, desperezándola con una fuerte droga que reactivó el nacimiento de una sensación de bienestar y satisfacción puros. Vegeta abrió los ojos como el muerto viviente que pudo haber sido, Se levantó del piso observándose las manos. La confusión lo abrumó unos instantes.

"Esto es… Pero no puede ser… Es igual que esa extraña medicina..." El moreno buscó alrededor al responsable. Dobló el cuerpo hasta la puerta de la nave caída. No era momento de buscar respuestas, necesitaba dirigir esa bola de destrucción que, para el príncipe, explotaría en cualquier instante.

— ¡Bulma! — Yamcha gritó al observar en el monitor las últimas señales de movimiento — Es él… ¡Es Vegeta!

La peliceleste subió su rostro brillante de lágrimas — ¿Cómo? ¿Vegeta? ¿Pero cómo es posible?... — Los ojos vibrantes y opacos, comenzaron a recobrar sus colores, con rudeza pasó su brazo por encima de su mirada inflamada. El brillo, recobrado, destiló una renovada alegría — ¡Es él! ¡Yamcha, es él! ¡Está bien! ¡Vegeta está bien! ¡Qué felicidad! — De saltos y gritos, la mujer abrazó a su lobo compañero, su risa burbujeante no le permitía entender sus propias palabras. Su vida regresaba con latidos enamorados, su sonrisa era un gancho de alambre invertido.

El moreno lobo tensó su cuerpo fuerte. Las pupilas negras regresaron el monitor, las cejas pobladas se inclinaban, el temblor de un rencor se visualizaba. Regresó los ojos al objeto de su amor, a esa mujer que brincaba y se retorcía entre lágrimas de alegría, con el orgullo herido la abrazó.

La peliceleste se detuvo. La alegría cesó para paralizar los músculos de la mujer. Las grandes lagunas azules, que tenía por ojos, subieron hasta encontrarse con los ojos profundos de su antiguo amante. Se miraron unos instantes; el silencio se rompió.

¿Vegeta? ¿Vegeta? ¿Me escuchas? — El anciano hombre, que guardaba silencio, analizando el monitor, había tomado el comunicador—

Bulma y Yamcha voltearon. Las manos de la mujer se deslizaron, de salida, hacia el teclado de otro monitor. Yamcha, contuvo su frustración, al sentir el vacío que dejó Bulma entre sus brazos, como una pieza perdida.

¿Vegeta? ¡Vegeta! ¿Puedes oírnos? — Los dedos largos, de la joven mujer, comenzaron a bailar encima de las teclas, golpeaban los cuadrados grabados de manera tan fulminante, que la máquina apenas podía manejar la velocidad — Parece que perdimos comunicación… Él no puede escucharnos — Los planos cuadriculados de la nave aparecieron en una proyección frente los ojos de los tres desvelados.

¡Bulma! — El científico dejó caer su cigarrillo, movió los dedos ávidamente logrando que un círculo rojo, en la pantalla, comenzara a resplandecer — Uno de los motores que opera la nave está causando las explosiones. Si Vegeta lo desconectara manualmente podría mantener una ruta…— Se detuvo con repentina decepción — Si tan sólo tuviera otra ruta programada…

La peliazul abrió los ojos — ¿Qué dices, papá?

Con una ruta de respaldo, Vegeta podría desconectar el motor que está causando problemas y mantenerse así por días… Pero es demasiado peligroso con su ruta actual, está programada para seguir alejándose de la tierra. No creo que la nave pueda soportar toda la ruta programada, ha perdido muchas piezas — Al decir esto, pisó el cigarrillo con desmotivación. Al suspirar tristemente, no logró notar la transformación del perfil de su hija, que a medida que oía sus palabras, se componía de resplandeciente esperanza.

La tiene —

El hombre volteó al escuchar las palabras de su princesa. Yamcha parpadeó.

La tiene… La tiene ¡Sí, la tiene! — La mujer comenzó a buscar entre los planos un comunicador que todavía funcionase — ¡La tiene, papá! ¡Vegeta, la tiene!

Pero Bulma, hija ¿De qué estás hablando?

Los hombres no comprendían el súbito ataque de euforia.

La mujer sonrió, los miró con las manos agarrando una pelota imaginaria en el aire, conteniendo el poder que tenía por el momento, que emanaba de sus manos. Suavizó su pose — ¡Tiene otra ruta! ¡Antes de que Vegeta despegara, yo programé una ruta secreta que lo traería de vuelta a la tierra, con sólo un botón… — Apuntó una tecla del teclado — …Aquí mismo — Determinada, miró el monitor — Si tan sólo él pudiera oírme… Podría decirle cómo desconectar el motor… ¡Ugh! ¡Nave estúpida! — tiró la diadema de comunicación, debido a su rabia — No quiero que Vegeta se muera... —Susurró.

El científico tomó el aparato con sus manos, lo miró detenidamente, se colocó el rastreador de Raditz como si hubiera descubierto América, y apretó un botón — ¿Hola? ¿Vegeta?...

Bulma y Yamcha guardaron un silencio incrédulo.

¡Hola, hijo! ¿Cómo estás? Vaya apuro en el que estás metido. Te diré lo que tienes que hacer… Presta mucha atención, hijo…

La mujer y el lobo abrieron los ojos. Ante los acontecimientos, ninguno hubiera imaginado que estaba desconfigurada la frecuencia.