Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.
Los personajes, salvo alguna excepción, pertenecen a CAPCOM.
Algunos detalles, como pueden ser escenas, diálogos o escenarios, pueden estar inspirados o tomados de alguno de los juegos o similares.
Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien entre todos, recordar que yo no soy escritora.
Capítulo 36
Habían pasado un par de días en los cuales Leon, conjuntamente con la B.S.A.A. habían trazado el plan de actuación a seguir a partir de aquel momento, tras el hallazgo del hijo de Wesker, el único después de su padre en poder salvar al mundo al ser inmune al virus.
Tras una mañana ajetreada, el rubio fue en busca de Amy, quien ya estaba casi recuperada y había recibido con alegría la noticia de que podría irse ya, y es que aparte de que estar postrada en una cama sin apenas poder hacer nada, se sentía como una carga para Leon, retrasando su trabajo y haciéndole depender de ella.
La mujer observaba su herida en un pequeño espejo que portaba en su mochila de primeros auxilios, cuando el rubio entró en la estancia, cerrando la puerta tras de sí.
-¿Cómo estás? –Preguntó él acercándose unos pasos, mirándola a los ojos cuando dejó el espejo sobre la cama y le prestó atención.
-Perfectamente, el médico acaba de pasar. Me ha dicho que ya podemos irnos, estoy bien.
-Eso es estupendo. Chris y sus hombres salen esta tarde en busca de Wesker, se le ha visto en Rusia. Iremos con ellos y nos dejarán en Washington.
-¿Washington? Creía que tu misión era acabar con Wesker. –Habló la chica con el ceño fruncido, no entendiendo bien.
-Hemos descubierto que tiene un hijo y es también portador de los anticuerpos, ahora él es mi misión, antes de que su padre pueda encontrarlo y acabar con él. Hunnigan tiene que informarme de varias cosas antes de ir a por él a Edonia, es un lugar muy conflictivo y necesitamos un buen plan para encontrarlo y salir vivos de allí, está todo lleno de mercenarios mutados por el virus.
-No será una trampa para dejarme allí, ¿no? –Soltó con desconfianza, escudriñando el rostro del hombre.
-¿Por qué no te fías de mí?
-Sí me fío... Pero no me lo habías contado hasta ahora, y me parece raro.
-No estabas en condiciones, no quería preocuparte –tras un silencio, el hombre volvió a hablar–. Estaremos allí sólo esa noche y por la mañana saldremos para Edonia. Podrás ver a tu madre. Por cierto, te he traído ropa para que puedas cambiarte.
-Gracias, voy a ello entonces. –Agradeció mientras se ponía en pie y tomaba las prendas que el rubio le entregaba. -¿Te importa? –Preguntó alzando una ceja, esperando que Leon entendiera y se fuera.
-No. –Se burló de ella, sonriendo, volviendo a hablar al vislumbrar el semblante serio de Amy. -¿En serio? Te recuerdo que ya te he visto desnuda muchas veces.
-Bien, pero esta no será una de ellas.
Leon suspiró resignado, esbozando una sonrisa al instante, para después girarse y dirigirse a la salida, murmurando un mujeres entre dientes.
Horas después, la pareja caminaba junto con los hombres de Chris hacia los aviones, escuchando con atención las palabras que este dirigía a su equipo, recordándoles las instrucciones.
-Piers, tú vendrás conmigo. Los dejaremos en Washington y continuaremos.
-A la orden, capitán.
-Nos reuniremos en el as de picas a media noche. En marcha. –Comunicó a sus soldados mientras se ponía a los mandos de la nave, y el resto se sentaba detrás, guardando silencio.
Transcurridas un par de horas de silencioso viaje, el avión comenzó a descender en la base secreta de la seguridad nacional del país.
-Mucha suerte, supongo que volveremos a vernos pronto. –Se despidió Chris mirando hacia atrás, sin soltar los mandos de la aeronave.
-Igualmente, tened cuidado. -Respondió Leon levantándose, seguido de Amy, quien salió tras él despidiéndose de los dos soldados con un seco y temeroso adiós, al pensar en el gran peligro que les acechaba a todos.
La pareja observó desde la lejanía partir al avión, para después comenzar a andar hacia la entrada del edificio, que tenía casi todas sus dependencias sumergidas en la tierra.
En cuanto entraron en la sala de recepción, descubrieron a Hunnigan y a la madre de Amy de pie esperándolos frente a las puertas de un gran ascensor.
-Por fin habéis llegado. –Dijo Ingrid mientras Leon se acercaba a ella, y Amy corría a abrazar a su madre, ajena a la conversación entra la mujer y el agente.
-Hemos tenido problemas durante el vuelo. El tiempo está un poco revuelto. ¿Alguna novedad?
-No, de momento nadie se nos ha adelantado. Todo está preparado abajo, uno de nuestros espías en Edonia está aquí para informarte de primera mano sobre la situación ¿Te parece que comencemos? –Preguntó observando como el hombre instintivamente giraba levemente al cabeza contemplando a la morena hablar con su madre, para después, fijar la vista en Hunnigan.
-Claro, te sigo.
-Estupendo. Liss, Amy. Debemos bajar, podréis hablar allí. –Se dirigió la mujer castaña a las otras dos, haciendo que asintieran y secaran sus lágrimas para seguirlos hasta el ascensor y comenzar a descender.
El grupo anduvo por un largo y ancho pasillo hasta una gran sala llena de ordenadores y pantallas, donde varias personas se encontraban trabajando sin descanso delante de sus monitores. A lo lejos, un hombre llamó a Ingrid con insistencia.
-Esperadme un minuto. –Se disculpó, para después dejar solo al trío.
-Leon, no sé como agradecerte lo que has hecho –Rompió el silencio Liss dirigiéndose al hombre con suma sinceridad–. Me salvaste, y lo más importante, salvaste a mi hija anteponiendo su vida a la tuya.
-Ya te dije que haría lo que fuera necesario para mantenerla a salvo. No tienes que agradecerme nada.
-Leon, por aquí. –Interrumpió Hunnigan llamándolo a lo lejos, señalándole una puerta.
-Tengo que irme, os veré más tarde. –Se despidió mirando en último lugar a Amy, para después, alejarse caminando hacia la castaña.
-Tenías razón, es un buen hombre. –Murmuró Liss dirigiéndose a su hija mientras vislumbraba a Leon alejarse.
-El mejor. –Respondió ellas dibujando una sonrisa, contemplándolo desaparecer tras la puerta del fondo, sintiendo esa sensación de explosión en su interior.
La noche había llegado hacía ya unas horas, y Leon aún se encontraba con Hunnigan mientras Amy esperaba en un pequeño cuarto con una litera, donde ambos dormirían.
La joven meditaba acerca de las cosas que su madre le había contado, sus experimentos, los ataques que los gobiernos estaban encubriendo, el caos que poco a poco dominaba el mundo... Rápidamente se giró con susto al escuchar como la puerta se abría, relajándose al vislumbrar a Leon.
-Creía que ya estarías dormida, es muy tarde. –Comentó adentrándose en el cuarto, sentándose en la cama baja junto con Amy, que se apartó para dejarle hueco.
-No puedo dormir con todo lo que ha pasado, es cerrar los ojos y ver todo otra vez. –Comentó en un susurro mientras apartaba la vista de los ojos azules de él. -¿Cómo ha ido todo? –Cambió de tema, volviendo a mirarle.
-La situación está peor de lo que creía, pero al menos aún Wesker no le ha descubierto. Todo saldrá bien.
-Mi madre me ha contado que en Europa del este se han lanzado atentados bioterroristas y el virus se ha extendido por varios países, lo mismo que en Raccoon pero a gran escala, ¿es cierto?
-Sí, Umbrella ha comenzado a desatar el caos por los países que estuvieron tonteando con las armas biológicas, pero al echarse atrás y no colaborar más... Este ha sido el resultado. No tardarán en extenderse por otros lugares si no se les sigue el juego.
-Las cosas cada vez están más jodidas. –Comentó con desanimo mientras se levantaba, inquieta.
-No hay que perder la esperanza, hemos salido de cosas igual de malas antes, lo lograremos. No sirve de nada torturarse y pensar constantemente que el mundo se va al garete; Sólo conseguiremos volvernos locos.
-¿Cómo puedes tener tanta entereza? ¿Cómo consigues evadirte, seguir pensando y no bloquearte?
El rubio se levantó lentamente y caminó hacia la mujer con una mueca serena en el rostro, hasta llegar frente a ella y besarla con calma y cariño.
-Esta es una buena forma. –Susurró mirándola a los ojos con una pequeña sonrisa.
-Creo que me has convencido. –Respondió de igual manera, para después besarle con más ímpetu mientras lo abrazaba a la altura del cuello.
Leon la atrajo más hacia sí mismo guiándola hasta la cama, donde ambos continuaron besándose enérgicamente, aumentando a cada segundo la pasión, hasta que ya les fue imposible de todo punto parar.
