Monster

I won't show mercy on you

Draco se encontraba en la habitación de hotel donde las últimas semanas se había estado viendo con Ginny. Ni siquiera sabía cómo había podido llegar hasta ahí, porque el pánico que estaba sintiendo en aquellos momentos le había nublado los sentidos. Sentado a los pies de la cama sujetaba su cabeza entre sus manos, los recuerdos aparecían como flashes atacando su mente…

Al finalizar el festival de invierno París corrió directo a sus brazos; el haber disfrutado de la actuación y alegría de su hija le había hecho olvidar un rato el enojo que sentía por la discusión que había tenido la noche anterior con Hermione. E incluso había borrado el mal rato que Ginevra le hizo pasar esa misma tarde, antes de que él se marchara de aquella habitación de hotel. Besó a París en la frente, y la bajó para disponerse a llevarla a cenar a algún restaurante, los dos solos, no tenía la menor intención de reunirse con Hermione, sabía de sobra que esa noche no arreglaría las cosas con ella.

— ¡Espera, Papi! —exclamó la pequeña rubia cuando Draco la conducía aprisa hacia las puertas del teatro, obligándolo a detenerse.

— ¿París, a quién buscas? —preguntó intrigado el rubio al notar que su hija miraba ansiosa entre la gente, y que ni siquiera parecía interesada en que él la había llevado al lado contrario de donde estaba Hermione.

— A la maestra Mina —apuró la niña, parándose de puntitas para ver mejor.

— ¿A quién? —respingó con el entrecejo fruncido Draco.

— A mi profesora de música y teatro —aclaró impaciente París.

— ¿Cómo dijiste que se llama? —Draco alzó las cejas.

— Mina Snow-White —respondió la pequeña, buscando desesperada entre la multitud que se desplazaba hacia la salida.

— ¿En serio así se llama? —terció soltando una risilla burlona Draco.

— No… Mina sólo le digo yo, porque para mí ella es alguien muy especial, y yo quiero ser igual de especial para ella —explicó ilusionada París, que no había entendido que la burla de su padre recaía en el apellido de la profesora.

En ese momento los ojitos grises brillaron, al parecer por fin París había encontrado a la maestra de teatro.

— ¡Mira papi, ahí está! —exclamó la niña dando saltitos y señalando hacia el fondo del escenario. Draco vio a lo lejos a dos mujeres; una por su llamativo traje sastre asemejando al de Santa Claus, supo que se trataba de la directora del colegio. La otra en cambio vestía un sobrio vestido negro.

— Es ella, mi maestra favorita… La profesora Wilhelmina —dijo emocionada París. Draco apenas iba a fijarse en el rostro de la profesora cuando el nombre de Wilhelmina hizo eco en su mente, y no entendía por qué, pero de repente se vio transportado al pasado, a muchos años atrás… Al verano de 1991, antes de entrar a Hogwarts.

El sol acababa de ponerse, las aguas del lago estaban teñidas de colores rojizos, y el viento soplaba peinando el pasto en el que estaban sentados él y una niña de cabellos oscuros y piel muy blanca.

— ¡Niños, ¿piensan perderse la cena?! —se escuchó la voz de una mujer llamarlos. Draco de inmediato se dispuso a ponerse de pie.

— ¡Espera, Draco! —dijo la niña a su lado, tomándolo de la muñeca, deteniendo así sus intenciones.

— ¿Qué? Tu abuela seguro se enoja si no entramos —refutó el rubio.

— Ella no es así —negó la niña. — Además… Yo sólo quería que supieras que… ¡Eres mi mejor amigo! —exclamó solemne, mirándolo con una dulzura que a Draco le irritó, e incluso podía decirse que le provocaba náuseas por lo cursi que le parecía aquella declaración. Aún aturdido se incorporó por fin.

— ¡Pansy!, ¡Draco! —los llamó una vez más la mujer.

Pansy tomó la mano de Draco, y se puso de pie a su lado. Los ojos grises la miraron alarmados, ella le sonrió. — ¡Ya vamos, abuela Wilhelmina! —avisó la niña.

Ese nombre… ¡No, no tenía por qué inquietarse por eso! Era sólo un nombre común y corriente. —Se reprendió a sí mismo.

— ¡Maestra Mina! —gritó París, corriendo escalones abajo con dirección al escenario. Draco apenas reaccionó siguió de inmediato a su hija.

París llegaba hasta su profesora y se abrazaba a su cintura, el rubio estaba por alcanzarla cuando la maestra Wilhelmina volteó hacia él, por su expresión parecía sorprendida, pero sus ojos lucían diferentes… Draco no pudo descifrar de momento el sentimiento, pero distinguió claramente el color de sus pupilas, eran de un singular color avellana. Y entonces el tiempo pareció pasar en cámara lenta…

Transcurrían las vacaciones de verano de 1994; Los Malfoy y Los Parkinson habían ido a pasar un par de semanas a París antes de ir a los Mundiales de Quidditch, él y Pansy estaban acostados sobre el techo de una de las mansiones de la familia de la chica, observando las estrellas.

— ¿En qué piensas, Pan? —preguntó inesperadamente Draco, sobresaltándola.

— En que tengo miedo de perderte —le confesó Pansy.

— Pansy, tú no me vas a perder… Siempre voy a ser tu mejor amigo —señaló rodando sus ojos grises, en cierto modo fastidiado.

Draco —murmuró Pansy, incorporándose de lado.

— ¿Qué? —dijo desconcertado el rubio, mirando con recelo el hecho de que Pansy estaba casi encima de él, y alarmantemente cerca. La chica sonrió de una forma extraña, como si se trajera algo entre manos, luego sin más posó sus labios en los de Draco. El beso no duró más de dos segundos porque él de inmediato se puso de pie.

— ¡No vuelvas a hacer algo como eso… jamás! —protestó demasiado molesto. No obstante los ojos avellanas irradiaban en la penumbra, Draco la fulminó con la mirada.

Caminaba nervioso por los pasillos, deshaciéndose la corbata, sentía que se ahogaba… No lo soportaba más, aquella carga había venido a él, aprovechándose que él deseaba ser importante, reconocido, superior a Potter… Él también era el elegido, sólo que irónicamente el del lado oscuro. El elegido por Lord Voldemort para castigar a su padre por sus errores; para llevar a cabo una misión imposible, una misión suicida… Ya lo había intentado todo, sus recursos se habían agotado, y esa sin lugar a dudas sería su última noche… Era Dumbledore o él, lo más seguro es que sería él.

Con la sangre corriendo acelerada por sus venas, dejándole un gélido ardor en ellas, llegó hasta la prefectura.

Pansy se encontraba recostada en el sofá, con una expresión aburrida…

— ¿Draco, qué…? —preguntó alarmada cuándo él la tomó del brazo y la hizo ponerse de pie de una forma brusca.

— No me preguntes nada, sólo… ¡Sólo no me dejes solo esta noche! —exclamó con súplica Draco. Los ojos avellanas se cristalizaron y lo miraron llenos de preocupación, pero sin decir nada más, ella lo abrazó. Él se aferró a su amiga como si de ello dependiera su vida… Unos segundos más y sus labios buscaron desesperadamente los de Pansy.

Pansy… ¡Era ella! La maestra favorita de París no era otra que Pansy Parkinson, no tenía dudas. A pesar de que su aspecto físico lucía diferente esos ojos eran inconfundibles; los había visto ingenuos, irradiar felices, triunfales, y también vulnerables. Y justo en ese instante pudo entender que lo estaban mirando como jamás se imaginó: Vengativos.

¿Pero cómo era posible que Pansy estuviera ahí? Si Lina le había dicho que había muerto, es más, lo había acusado a él de ser el culpable.

Los ojos avellanas seguían fijos en los de él, Draco sentía que el aire se le escapaba de los pulmones, todo a su alrededor parecía tan irreal… Oyó a lo lejos a París llamarlo, pero él no era consciente de nada, ni siquiera se dio cuenta en qué momento había salido huyendo del teatro.

— ¡Papi, ya estoy lista para mi primer día en el nuevo colegio! —exclamó cantarina París, que había entrado corriendo a la habitación de su padre. Él le sonrió, pero repentinamente sus ojos grises se abrieron desmesurados al notar que el rubio cabello de su hija, que hasta hacía media hora le llegaba a la cintura, ahora caía sobre sus hombros.

— ¡¿Esto lo hizo tu mamá?! —vociferó Draco.

— No, mi mami está alistando a London… A mí me ayudó la tía Lina —explicó París, alisándose la falda del uniforme.

— ¡Ella no es tu tía!… ¡Y no tenía ningún derecho a cortarte el cabello! —exclamó encolerizado.

— Pero yo le pedí que me peinara distinto, y ella encontró así la forma de hacerme lucir más bonita —dijo contenta la niña, moviendo su cabeza para presumir su corto cabello rubio.

— Ve con tu madre y tu hermana, París —ordenó Draco, cuando Lina se paró en el marco de la puerta. La pequeña obedecía.

— ¿Verdad que se ve hermosa? —comentó con un tonito socarrón Lina, París acababa de pasar a su lado y ella le acarició el cabello.

— ¡Cómo te atreviste a cortarle el cabello a mi hija! —reclamó Draco, una vez que la niña desapareció por el pasillo.

— París ya te lo explicó, ¿Qué no te quedó claro? —señaló con una amplia y ufana sonrisa Lina.

— Ella te pidió que la peinaras distinto, no que le cortaras el cabello — remarcó el rubio.

— ¿Realmente te altera que le haya cortado el cabello? ¿O porque con ese corte París se parece a…? Alguien que tú conociste muy bien, Malfoy —terció irónica Lina.

— ¿De qué estás hablando? —Draco la miró con advertencia.

— Que te recuerda a alguien a quien tú dejaste morir… Sin importarte nada, no sin antes obtener algo de ella, como siempre —dijo apretando los dientes Lina, entrando por fin en la habitación.

— Pansy está… —titubeó con los ojos muy abiertos Draco.

— Muerta. Sí, lo está… ¡Por tu culpa! —lo acusó Lina.

— ¡Eso no es verdad! —impugnó Draco, su corazón había dado un vuelco.

— Vamos Malfoy, se te cumplió la mentira que le inventaste a tu… esposa —siseó con sarcasmo Lina. — Esa mentira que tu linda prima se ha tragado también, y que irónicamente fue ella quien me lo comentó. Sí Draco, Nymphadora y yo hemos hablado mucho acerca de Pansy.

Los ojos grises de Draco continuaban dilatados. — Pansy no puede estar muerta, ella… —negó, parecía estar en una especie de conmoción.

— ¿Que no puede estarlo? Le quitaste lo que más amaba en la vida… ¡¿Qué esperabas?! ¿Que continuara su vida como si nada hubiera pasado? —exclamó con rencor Lina.

— Yo creí que en todos estos años, ella… Ella me estaba buscando —confesó Draco, aún sin poder creer lo que Lina le había dicho.

— Pues ya lo ves, te escondiste todo este tiempo de un fantasma. ¿O en realidad tal vez huías de los remordimientos que según tu prima, tienes?… Por tu bien espero que en verdad los tengas —Lina lo estaba aniquilando con la mirada. Draco se la mantuvo, sus ojos grises tenían un brillo peligroso.

— Después de que tú te llevaste a París, Pansy enloqueció. Por más que Theo y yo tratamos de ayudarla, no pudimos… La tuvimos que internar en un manicomio. Así es como le llaman los muggles a los hospitales donde llevan a la gente que se enferma de la mente. Pero mi amiga más que estar enferma mental, estaba enferma del alma. Dejó de comer, de tomar agua siquiera… Y un día el médico nos avisó que su corazón se había detenido, estaba muerta; aunque lo estuvo desde que se quedó sin su bebé. ¡No tienes ni la menor idea de lo que yo sufrí! Pansy era mi mejor amiga, más que eso, ella era como mi hermana… ¡Y no pude hacer nada para salvarla, para devolverle la felicidad regresándole a su hija! —relató Lina con los ojos bañados de lágrimas, pero viéndolo con intenso odio.

— ¡Por eso Theodore y tú están aquí, para robarse a mi hija! —Draco reaccionó violentamente, por sobre la impresión y la culpa que estaba sintiendo.

— No, nunca haríamos lo que hiciste tú. Si estamos aquí es para protegerla. Sabes de sobra, gracias a tu querida prima, que Pavel Parkinson y tu padre, la quieren a su lado, desde que son conscientes de que esa niña es la última persona que lleva su sangre, pura. Pansy no querría que su hija creciera con ellos, estoy segura que preferiría que París siguiera creyendo el resto de su vida que la sangre sucia de Granger es su madre —espetó con desdén Lina.

— ¡Cierra la boca, Caroline Lewis Lestrange! —subrayó apretando los dientes Draco.

Los ojos de Lina se desorbitaron, el rubio sonrió presuntuoso, se notaba que la mención de su segundo apellido la había afectado profundamente.

En eso París ingresó a la habitación.

— Papi, el profesor Severus y Harry Potter, ya se llevaron a London al colegio. La tía Nymphadora dice que cuánto más te vamos a esperar para que me lleven a mí —dijo la niña rubia, mencionando con tono de desagrado al ojiverde.

Draco miró con circunstancia a su hija, la tomó de la mano para llevársela; pero antes de salir volteó a ver con amenaza a Lina.

Entró en la habitación de las niñas, Hermione estaba acomodando ropa y algunas cosas en la mochila de London.

— ¿Qué estás haciendo? —preguntó Draco, entornando sus ojos en las pertenencias de la pequeña castaña.

— Llevaré a London a casa de mis padres… Ya lo sabías —respondió Hermione, sin voltear a verlo.

— Sí… Pero me refería a que estás guardando demasiadas cosas, sólo va a estar ahí esta noche — señaló, teniendo un mal presentimiento.

— Es que… London no volverá aquí hasta dentro de dos días. En cuanto acabe el festival de invierno va a irse a casa de Harry —soltó trastabillando Hermione, evitando su mirada.

— ¿Ah sí?, ¿Y con el permiso de quién? —inquirió Draco, insistiendo en que ella lo mirara.

— Del mío —zanjó la castaña, pero continuaba evadiendo sus ojos.

— ¿Fue tu idea? —reclamó Draco.

— ¿Qué? —exclamó molesta Hermione, por fin mirándolo.

— ¿Que si fue idea tuya que ella pase la noche en casa del cabeza cortada? — Draco no se contuvo el coraje que le causaba aquello.

— ¡No, por supuesto que no!… ¿Por qué piensas eso? Es London quien quiere convivir más con su padre —explicó indignada la castaña.

— Con San Potter, dirás —terció incisivo.

— Draco, no —Hermione lo miró con advertencia.

— Lo ve todos los días… La lleva al colegio, va por ella y pasan la tarde juntos hasta que llega la hora de que London vaya dormir. ¿Acaso no le es suficiente? A mí sólo me ha quedado acomodarla en su cama por la noche. Y yo soy el padre que ha estado con ella desde que nació, incluso antes… Y hasta hace dos meses que él apareció de nuevo en nuestras vidas. ¡Ahora San Potter pretende robarme todos los momentos con mi hija! —expuso gritando entre dientes, su respiración se había vuelto irregular.

— ¡Draco, basta ya! —atajó Hermione.

— ¡¿Me estás escuchando?! —reclamó furioso. Hermione parecía tratar de mantenerse serena.

— No se trata de eso… Si Pansy viviera, y París te pidiera pasar más tiempo con su madre, ¿se lo prohibirías? ¿Le negarías a tu hija la oportunidad de recibir todo el amor de quien le dio la vida? —objetó Hermione, Draco sabía que estaba pretendiendo que él se calmara; pero sus palabras sólo consiguieron alterarlo más.

— Es distinto, Pansy está muerta, eso nunca va a pasar. Además, ¿a qué viene esto? ¿Acaso es que en el fondo deseas que eso pudiera suceder?… Porque estás dejando de amar a mi hija, ¿quieres renunciar a ser su madre? Te recuerdo que la primera vez que la tuviste en tus brazos juraste que la amarías como si hubiese nacido de ti —Sus ojos grises se clavaron acusadores en la castaña.

— ¿Estás escuchándote? Dices puras cosas absurdas —exclamó Hermione, Draco se dio cuenta que sus ojos se habían llenado de lágrimas.

— No, tú eres la que está haciendo cosas absurdas, Hermione —señaló agresivo, a pesar de que sintió un punzón en el corazón por verla llorar.

— ¡Es imposible hablar contigo! London va a ir a casa de Harry aunque tú te opongas… Y ni siquiera te atrevas a intentar detenerla, porque no respondo, Malfoy — subrayó amenazante Hermione, limpiándose con brusquedad las lágrimas que se le habían escapado.

— Sabía que tarde o temprano esto iba a pasar… Quieres dejar que ese imbécil se gane por completo a London, para que luego tú puedas correr a sus brazos sin que nada te lo impida… ¡Pero escúchame bien, no lo voy a permitir! Porque al parecer se te olvida que llevas a mi hijo en tus entrañas, y sobre mi cadáver ese idiota va a criarlo como suyo —exclamó con la mandíbula apretada Draco, tomándola torpemente por el brazo.

— ¡Eres un idiota! —Hermione se jaloneó y la plantó una bofetada. — Con razón Pansy se alejó de ti.

— ¡Por qué sigues mencionándola!… Ella está muerta —recordó enfadado Draco.

— Y no sabes cómo la envidio —ironizó Hermione, sus ojos marrones lo miraban decepcionados, pero también con cierto repudio.

Draco no podía resistir recordar aquella mirada, y no podía imaginar siquiera cómo lo vería Hermione cuando supiera la verdad sobre Pansy. Se apretó las sienes con sus manos, las lágrimas resbalaban sin control por sus mejillas… Se dejó caer sobre el alfombrado piso, abrazándose a sí mismo, en el pecho el miedo que sentía lo estaba asfixiando. Un grito desgarrador brotó de su garganta…

— Draco… ¿qué tienes? ¿Qué te pasa? —Escuchó la angustiada voz de Ginny.

La pelirroja acababa de entrar en aquella habitación de hotel, y lo primero que escuchó fue el alarido de Draco, alarmada corrió hacia él, preocupándose más por hallarlo hecho un ovillo y temblando sobre el suelo.

El rubio apenas y detectó la agitada respiración de la chica, que estaba arrodillada a su lado.

— La vi, era ella… Está viva y me ha encontrado… —murmuró con la voz ahogada Draco.

— ¿Viva?, ¿A quién viste? —preguntó perturbada Ginny. Él no respondió, sus ojos grises miraban al vacío, parecía estar en un trance.

— ¡Oh, por favor!... No me digas que estás alucinando con que tu mamá está viva —concluyó con los ojos dilatados Ginny, tocando su frente descubrió que él sudaba frío.

— ¿Qué? —exhaló Draco, parecía que momentáneamente había vuelto en sí.

— Ella está muerta, lo lamento —susurró Ginny, acariciándole el rostro.

— No… — negó Draco.

— Draco, estás asustándome —chilló la pelirroja.

— No me dejes solo, por favor… —le pidió jalándola hacia él.

— Estoy aquí —exclamó Ginny, abrazándolo contra su pecho.

Draco se refugió en los brazos de Ginny, cerró los ojos sintiendo cómo ella le acariciaba el cabello, en ese momento acababa de tomar una decisión… No iba a permitir que Pansy le quitara a su hija, no importaba lo que tuviera que hacer para detenerla. Sus ojos grises se abrieron de golpe, oscureciéndose refulgieron.

Notas:

Canciones que inspiraron este capítulo: Monster/Imagine Dragons

Monsters/Ruelle

Sé que muchos deben estar detestando a Draco… Lo siento, él no es malo, simplemente está equivocado; cree que todo lo que ha hecho ha valido la pena sólo porque así pudo conseguir su perfecta felicidad, y que el amor de Hermione le dio redención después de todo lo que vivió en el pasado. Lo peor es que ahora que han vuelto y el pasado los está alcanzando, él está desesperado, actuando sin pensar, simplemente haciendo lo imposible para que por lo que ha luchado no desaparezca.

Para los fans del Dramione, sólo no me odien, muchas gracias por leer, y si a partir de este episodio deciden dejar de seguir esta historia, de nuevo gracias por obsequiarme un poco de su tiempo.

Tampoco me odien por ausentarme, nunca sé dónde rayos se van los meses, la vida en el mundo muggle exige despiadadamente demasiado.

Slayer1974, aurosaqui, deli, NT de Lupin, Catalina, Hermione30001,AteneaPotter, Valy PachMag: Les agradezco mucho los comentarios que hicieron en el capítulo anterior, me alientan a continuar escribiendo este fic.

Yali y Fabi: Siempre afirmaré que no sé qué haría sin ustedes, gracias eternas por estar ahí para escuchar mis locas ideas, y por ayudarme a seguir con esta dramática historia.

Dato curioso: Hoy es el cumpleaños número 18 de París.

Saludos Anyeli Potter Granger

24/Julio/2016