Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.
Nota de autor: ¡El próximo episodio será el último! Había planeado que la novela constara de treinta y seis entregas, pero al trabajar en el desenlace encontré que era mejor dividir la última instancia en dos partes (no sólo porque escribí una enorme cantidad de palabras, sino también por aspectos estéticos y ambientales que me gustaría preservar separados).
El porqué de las cosas
Capítulo 36
"El héroe más grande"
Por Lady Yomi
Los habitantes del planeta se detuvieron a observar el cielo al mismo tiempo en todos los puntos de la tierra. Aterrados, confundidos, incrédulos ante la sobrecogedora emoción de saberse a punto de ser borrados del mapa.
Avalancha vio aparecer el enorme meteorito mientras se empeñaban en subir las heladas cumbres de los montes que circundaban el cráter. Temieron lo peor al entender que Jenova había logrado realizar la invocación maldita que acabaría con ellos. ¿Qué había pasado con Cloud? ¿Y Zack? ¿Acaso no habían podido detener al enemigo?
Miles de preguntas que nadie se molestaba en formular en voz alta se acumularon en el fondo de sus mentes; mientras ninguno de ellos conseguía dejar de preguntarse qué había salido mal.
—Es el fin... —murmuró Barret con amargura, sintiendo la enorme culpa de saberse lejos de Marlene. Quien ahora estaba en el pueblo de Kalm, en compañía de Elmyra... aquella cuya hija no lograron proteger.
Tifa se sujetó de su brazo y eso lo distrajo un poco de sus angustiosos pensamientos. La joven murmuraba el nombre de Cloud mientras oía los llantos de Yuffie y los aullidos de Nanaki a sus pies.
Ninguno de los sacrificios realizados tendría sentido si perdieran ahora ¿verdad?
Muy lejos de allí, Ciretan Hojo sonrió con delicia. Se encontraba sobre la azotea de uno de los edificios más lujosos de Midgar, donde los empresarios se preparaban para abandonar el lugar en una sofisticada nave crucero que era capaz de llevarlos a un lugar mejor. ¿Qué importaba si ese planeta destartalado se destruía? Jenova, la madre celestial; les había dado los planos de la aeronave en agradecimiento por los servicios prestados.
El nuevo presidente Shinra, sus asociados, y el brillante científico serían los pioneros que colonizarían una nueva tierra; los únicos con la suerte de evitar perecer en el ocaso de Gaia.
Los privilegiados abordaron el moderno transbordador personal. Mientras los miles de habitantes de la placa inferior proferían agudos lamentos ante la destrucción que les esperaba. La puerta se cerró tras de Hojo, y ninguno de ellos sintió la más pequeña piedad por los hermanos que dejaban atrás. Eran mejores y lo sabían; eran aquellos que merecían sobrevivir.
El inminente impacto del meteorito se pudo ver en cada pueblo y en cada ciudad y Gongaga no fue la excepción. Dina y Pavel; los padres de Zack, se estrechaban en un abrazo apretado. De pie en el medio de aquél campo tranquilo que ahora se agitaba por el viento que el asteroide traía consigo; tiñendo la atmósfera de rojo vivo a medida que la quemaba.
Sadie estaba a unos pocos metros atrás de la pareja. Con el rostro ahogado de pena al saberse tan lejos de aquél que probablemente lo estuviera dando todo por ellos. Abrió los ojos en su máxima extensión al notar como el meteorito se acercaba tanto como para ocupar la mayor parte del cielo que pendía sobre sus cabezas.
—¡Sadie! —la llamó Dina Fair, extendiéndole la mano sin separarse de su esposo—. ¡Ven, querida! ¡Ven!
Caminó hasta ella y se dejó sujetar. La mayor la atrajo hacia ellos para unirla en medio del apretado abrazo que compartían:
—¡Él nos salvará! —gritó la mujer para dejarse oír por encima del viento—. ¡Lo hará! ¡No tengas miedo! ¡No debemos dejar de creer! ¡No debemos...! —le puso una mano sobre la cabeza, llevando el rostro de la muchacha a su pecho. Sadie cerró los ojos, deseando creer en las palabras de Dina tanto como ella parecía hacerlo.
Pero toda esperanza estaba pronta a perderse. La humanidad colgaba de un abismo sin que nadie tuviera una chance de ayudarla a subir otra vez.
—¡Por todos los cielos! —Zack jadeó al ver como el asteroide salía prácticamente de la nada—. ¡¿Es qué... esta maldita cosa no tenía que tomarse más tiempo para llegar?!
—Es magia, inepto. —Soltó Jenova entre risas, como si su ignorancia fuera algo más adorable que molesto—. Las leyes del mundo físico no se aplican con las invocaciones. ¿O acaso crees que iba a depender de algo tan pasado de moda como la gravedad para llevar a cabo mis conquistas?
—¿Quién eres tú? —gruñó Zack sin dejar de apuntarle con el rifle—. ¡Dime por qué haces todo esto!
—Creí que la Cetra te lo había mostrado. —Su apariencia volvió a cambiar, y esta vez adoptó la de Aerith (cosa que hizo que Zack casi tropezara al retroceder bruscamente)—. Es mi naturaleza moverme a través de los mundos habitables para agotar su energía vital —se encogió de hombros, enseñando una sonrisita maliciosa al hacerlo—, ¿dejarías de alimentarte sólo porque otros deben morir para eso?
Zack recargó su arma, echando miradas furtivas en la dirección de Cloud. Quizá pudiera distraer a la enemiga con su charla; eso definitivamente no lo cansaría tanto como pelear.
—¿Nunca oíste hablar de los vegetarianos? —soltó con una sonrisa burlona.
—Las plantas también están vivas. La mayoría de las cosas orgánicas lo están. —Se acomodó el cabello, aquél que nadie podría haber distinguido del de Aerith—. Si lo vieras desde mi perspectiva, clon... entenderías que no somos tan diferentes.
—Cierra el pico. No trates de compararme contigo.
—Ah, no. Es cierto... eres un héroe que se rehusó a tomar el alma de su mejor amigo. —Se encogió de hombros, avanzando hacia él mientras materializaba una lanza de cristal con una de sus manos—. ¿Estás listo para dar algo más precioso a cambio de su existencia?
—Eso no tienes ni que preguntarlo. —Se interpuso entre ella y el camino que Cloud había usado para bajar al interior del cráter—. ¡Siempre estoy pronto para jugar con desventaja!
Metros más abajo, Cloud pasó el dorso de la mano por la superficie del cristal en donde Sephiroth estaba preso, pero no logró ver nada en su interior.
—Diablos... —escuchó a Zack maldecir ante los poderosos ataques de Jenova y su frustración se incrementó con cada disparo que llegaba a sus oídos. Pronto se le acabarían las municiones. Y para peor, ninguno de los dos estaba en un estado que le permitiera agotar su energía con el uso de la materia.
Estaban acorralados. A punto de perder.
Retrocedió mientras elevaba a la Buster Sword por encima de su cabeza. Haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban para propinarle un rápido espadazo a la lámina. Una sonrisa de triunfo asomó a sus labios curtidos cuando el material se deshizo en mil pedazos.
—¡Zack! —gritó al tope de sus pulmones—. ¡Lo teng-
Se cortó a sí mismo a medida que una expresión de terror paralizaba su rostro. Se quedó lívido, con los ojos clavados en el interior del cristal.
Sephiroth no estaba allí.
Ciretan Hojo se paseó por el interior del transbordador que se alejaba rápidamente del planeta. Sonrió de lado mientras lo veía hacerse cada vez más pequeño a través de las ventanas circulares del vehículo espacial.
Atravesó una puerta automática y se introdujo en la cámara donde habían guardado todo el material experimental que decidieron llevarse consigo. El clon de su esposa Lucrecia lo saludó al pasar y él la ignoró de la misma manera que hacía con su esposa cuando aún vivía.
Lo único valioso en ese lugar era el espécimen que flotaba dentro de un cilindro de cristal repleto de mako. El remanente físico de quien hubiera sido su hijo años atrás.
Sephiroth.
Sonrió de forma macabra, mientras el resplandor del líquido teñía sus anteojos del mismo color. El cuerpo del Soldado había sido gravemente dañado tras los cinco años que estuvo varado dentro de las venas del planeta; sólo su torso, medio brazo y su cabeza habían sobrevivido. Todo lo demás había sido quemado por la corriente vital.
Pero eso no importaba. Sus genes podían extraerse y modificarse aún cuando no quedara más que un pelo de su cabeza. Soltó una risita cargada de emoción, y se estrujó las manos sin dejar de chequear los valores vitales del sujeto con el que pronto sería libre de experimentar.
El planeta que habían descubierto con sus avanzados radares de ondas infrarrojas sería la base perfecta para iniciar el nuevo mundo; el planeta Shinra. Un lugar donde la palabra del presidente Rufus sería ley, y la paz existiría bajo sus propios términos.
Sonrió con mayor fuerza al pensar en la forma en la que habían engañado a la conquistadora de mundos; una simple caja hermética había reemplazado a los restos de Sephiroth en el cráter del norte. Un contenedor con una pequeña muestra de sangre de su hijo que conectaron al tejido que lo rodeaba resultó en la forma ideal de burlar a quien fuera su socia por un tiempo breve.
No bastó más que eso para hacerla creer que su peón más valioso todavía estaba allí. Era demasiado confiada, creía que no se atreverían a tratar de aprovecharse de ella y por eso jamás revisó el interior de la cúpula de cristal donde se escondía su posesión más preciada.
Si la criatura decidía tratar de buscarlos para vengar la traición; siempre podían usar a Sephiroth para defender a su población. Su mente era un cuaderno en blanco ahora y de lograr despertarlo podrían programarlo para serles tan fiel como lo fue a su madre alguna vez.
Jenova tenía mucho que aprender acerca de la raza humana.
—¡¿Qué es esto?! —Jenova (todavía bajo la apariencia de Aerith) empujó a Zack con un golpe de su vara y el desgraciado evitó caer del risco por tan sólo un agarre afortunado de su mano derecha. Quedó colgando en el aire mientras la veía bajar enfurecida al interior del agujero.
—¡Cloud! ¡Ten cuidado! ¡Va para ahí! —gritó mientras se impulsaba hacia arriba con gran dificultad.
—¡Ya lo sé! —se hizo a un lado, tan confundido como la alienígena y observó como se detenía muda en frente a la caja que contenía la sangre del desaparecido Sephiroth.
—¿Qué han hecho? —gruñó Jenova, cambiando de apariencia entre todas las formas que había adoptado a lo largo de los milenios que llevaba viva—. ¡¿QUÉ ES ESTO?! —le dio una patada al contenedor, mandándolo a volar por los aires.
—En todos mis años... —chirrió los dientes hasta astillarlos, su voz se hacía más grave y gutural con cada palabra que escupía—: Jamás... ¡Jamás...! ¡Nunca me habían ofendido de una forma tan baja! —volteó con violencia hacia Cloud, adoptando la apariencia del mercenario mientras sacaba chispas por los ojos—: ¡Asquerosos monos...! ¡Bestias brutales! ¡Insectos! ¡Bacterias! ¡Basuras insignificantes!
Cloud cargó varias materias en las ranuras de su espada, listo para repeler el ataque que se le venía encima. Le dio un beso breve a su favorita, Bahamut, segundos antes de usar las fuerzas que le quedaban para invocarla:
—¡Bahamut! —gritó al elevar su espada a los cielos, la que se iluminó al ser impactada por un rayo que pareció descender del meteorito mismo—: ¡Invoco tus fuerzas celestiales para mi uso! ¡Atiende a mi súplica!
El aire lo envolvió en un remolino salvaje y se disparó al firmamento en la forma de un dragón de hielo. El nuevo aliado se materializó en las alturas para arrojarse encima de la enemiga con una caída en picada que no sólo la haría pedazos a ella, sino al lugar entero.
Tanto Zack como Cloud buscaron refugio detrás de las rocas, pero Jenova se limitó a esbozar una sonrisa burlona, estirando una de sus manos al cielo para convertirla en un tentáculo gigante que se enrolló rápidamente en torno a la criatura:
—¡¿Creen que los Cetra no usaron estas invocaciones ridículas también?! —apretó el agarre y Bahamut se quebró en mil pedazos que llovieron como nieve sobre los desesperados combatientes.
Jenova soltó una risa triunfal y comenzó a convertir cada una de sus extremidades en apéndices igual de resbalosos y desagradables que el primero, elevándose sobre ellos a medida que el tamaño de su cuerpo se hacía mayor.
—¡Si quieren ser unos oponentes de los que siquiera me acuerde dentro de cien años, más les vale hacer algo original!
—Estamos acabados... —Cloud volvió a lo alto del cráter con la ayuda de Zack, meneando la cabeza con desgano al contemplar la tremenda envergadura que había conseguido la enemiga a derrotar—. Ya no podemos hacer nada... ¡nada!
—Quizá no... —le respondió Zack a la vez que se encogía de hombros.
—Todos van a morir... ¡Les... fallé! —Cloud se mordió el labio hasta hacerlo sangrar—. ¡Les prometí que solucionaría las cosas y en cambio-
—¿Te vas a rendir? —giró el rostro levemente, mirándolo de reojo.
—¡No soy como tú, Zack! —apretó los dientes, contemplando con horror como el torso de Jenova se desfiguraba por encima de las nubes en la forma de un montón de criaturas retorcidas que no tenían nada de terrestres—. ¡N, no puedo ser...! ¡No-
—Cloud. —Le colocó una mano sobre el hombro, sonriendo con confianza—. No siempre tenemos que derrotar a nuestros demonios. A veces... el destino obra en nuestro favor y se ocupa de apartar los problemas del camino. Sólo tienes que tener fe. —Cargó su arma y adoptó una pose de combate—. Yo no me rendiré, ¿y tú?
El joven tomó aire, sujetando la Buster Sword entre sus manos temblorosas:
—J, jamás... ¡No mientras te quedes cerca!
—Siempre lo estaré. Ahora... ¡vamos!
Se arrojaron a la pelea con toda la valentía de la que eran capaces sus cuerpos maltrechos. Le propinaron espadazos, golpes, tiros y hechizos a diestra y siniestra... pero la criatura era tan poderosa como un Dios. No pudieron ni hacerle un rasguño en las horas que se batieron contra cada una de sus poderosas extremidades.
El sol empezaba a asomar tímidamente sobre el horizonte de las tierras heladas de Icicle cuando por fin lograron destruir uno de los tentáculos.
—¡Lo hicimos! —Zack sonrió de oreja a oreja mientras las gotas de sudor resbalaban por su frente helada—. ¡Ahora sólo quedan veinte más!
Cloud hizo una mueca de disgusto ante el humor negro de su mejor amigo mientras repelía uno de los golpes con el dorso de su espada:
—¡El meteorito ya entró a la atmósfera! ¡Si perdemos el tiempo con esto quemará todo el oxígeno de la tierra! ¡¿Tienes a sagrado contigo?! ¡Necesitamos pararlo antes del impacto y Jenova no va a dejarnos hacerlo antes de que sea demasiado tarde!
—¡Esa cosa no sirve! —la sacó de su bolsillo para dirigirle una mirada frustrada—. ¡Aerith dijo que todavía falta-
Las palabras se quedaron a mitad de camino. Aspiró aire a causa del pánico que sintió al ver como Jenova elevaba todos los apéndices de su cuerpo a la vez y los arrojaba a toda velocidad en la dirección de su camarada:
—¡CLOUD! ¡CUIDADO! —se lanzó sobre él, empujándolo de un codazo al exterior del cráter segundos antes de ser completamente aplastado por el peso titánico del impacto.
La meseta tembló y varias rocas se derrumbaron a su alrededor. Pero nada de eso evitó que Cloud se pusiera de pie y volviera a escalar la pared del cañón con desesperación. Se arrastró por el borde del risco rampando con los dedos hundidos entre el pedregullo:
—¡Zack! —su voz sonó ahogada y rasposa a causa del polvo que todavía flotaba en el aire. Se limpió el rostro con el dorso de la mano al ver que los tentáculos de la enemiga volvían a elevarse entre las nubes otra vez... dejando ver una escena que le rompió el corazón.
Zack Fair estaba tirado en el suelo, boca arriba y con la mirada perdida en el cielo. Una sonrisa forzada cubría su rostro despedazado.
—¡Zack! ¡No! —se lanzó sobre él, revisando sus numerosas heridas sin saber cual atender primero. El pecho de su amigo estaba tan aplastado como el resto de su cuerpo y esto le causaba mucha dificultad para respirar.
—Cloud... —murmuró entre jadeos sibilantes—. La materia... sagrado... —abrió su puño y los huesos de su mano crujieron cuando enseñó la canica verdosa que guardaba en su interior—. Tienes... que usarla, hay que... salvar el planeta.
—Zack... —soltó un sollozo violento, sujetando la mano que el moribundo le extendía con las suyas—. ¡Zack... no... no de nuevo!
—Ah... —rió por lo bajo, sin que eso borrara la mueca sufrida de su rostro—. También recuerdas eso...
—¡Aerith me lo dijo todo! ¡Todo! —musitó sin dejar de llorar—. ¡Me enseñó quien era yo...! ¡Me... mostró mi vida antes del mako y...! —se limpió el rostro de forma brusca, arañándoselo sin querer con algunas piedras que se habían pegado a la manga de su chaqueta—. ¡Sé que eres un clon...! ¡Ella... me lo contó todo...! Pero... ¡Pero...! —se aferró al pecho de Zack, apretando las manos en la ropa despedazada como si pudiera mantenerlo vivo con ese gesto.
—L, lo sé... —Zack tosió. Trató de palmearle un hombro a modo de consuelo, pero sus brazos no respondían—. Sé que no soy el que... el que conociste... y... ¡y lo... lo acepto! —cerró los ojos con fuerza, luchando por ignorar el dolor que le producían sus órganos desgarrados—. Disculpa... por... no ser el de verdad.
—¡No! —Cloud se incorporó de golpe, sin soltarlo—. ¡No es eso! —apretó los labios mientras las lágrimas caían libremente por sus mejillas maltratadas por la batalla—. ¡Para mí... es lo mismo! ¡Eres Zack...! ¡Ahora... y, y... y siempre!
—Cloud... —su voz no fue más que un susurro, pero el volumen fue suficiente para expresar la alegría que lo inundaba al oírlo—. Gracias... —el afloje de su mano cedió y sagrado resbaló de su palma con lo poco de vida que le quedaba.
—¡NO...! ¡ZACK, NO! ¡NO! —le sujetó el rostro y lo agitó con impaciencia. Su expresión se movía de la ira al miedo con mayor velocidad de la que podía controlar—. ¡ZACK, POR FAVOR! ¡NO TE VAYAS!
—Cloud... —volvió a susurrar mientras sentía que se elevaba por encima de su propio cuerpo—. Fue bueno verte de vuelta... fue muy... bueno.
—¡ZAAACK...!— se desgarró la garganta en un grito al ver que los labios de su mejor amigo se quedaban entreabiertos. Para no volverse a mover nunca más.
Nunca más.
El meteorito comenzó a tocar el océano y grandes nubes de vapor se elevaron como torres hacia la atmósfera. Cubriendo el sol y sumiéndolo todo en las tinieblas.
Jenova observó su nuevo reino desde las alturas, cruelmente divertida ante el llanto amargo que escapaba con fuerza del cuerpo apaleado de Cloud. No entendía porqué se apenaba tanto con la partida del clon... pronto se le uniría en las entrañas del planeta que ella devoraría.
Estaba tan ocupada disfrutando de su venganza que la llegada de sagrado la tomó totalmente por sorpresa:
—¡¿Qué?! —gruñó al divisar los brazos de luz divina que se elevaban desde el borde del cráter—. ¡No es posible! ¡La Cetra falló en cargarla por completo!
Cloud salió brevemente de su angustia cuando sagrado se elevó hasta los cielos. Iluminándolo todo a su alrededor. Abrió la boca un palmo y buscó la razón de su despertar de forma frenética con la mirada.
—La sangre... —murmuró cuando sus ojos se posaron en las gotas que resbalaban de la mano de Zack para caer sobre la esfera, que ahora irradiaba su energía máxima—. ¡La sangre de Zack! —las lágrimas volvieron a llenar sus ojos cuando el rayo glorioso de la invocación impactó contra el meteorito, frenando su avance y empujándolo lentamente en la dirección contraria.
—¡NO LO VOY A PERMITIR! —Jenova rugió con toda la ira que había acumulado durante eones, impulsándose en sus apéndices para catapultarse hacia las alturas, desde donde bloqueó el haz de magia que protegía al planeta—. ¡Aunque tenga que irme con todos ustedes... los voy a condenar! ¡LO JURO!
Cloud soltó un suspiro, para en seguida posar sus ojos en Zack, quien dormía tranquilamente en un mar de luz mientras su cabello se agitaba rápidamente a causa de las ondas de energía que los rodeaban.
«—La sangre de Jenova —la voz de Aerith resonó en sus oídos, tomándolo desprevenido—. Eso era lo que faltaba para activarla. El líquido que anima a un inocente y el que le da la vida a la destructora de planetas... esa es la forma de invocar a sagrado.»
—¡Aerith! —la buscó en vano con la mirada— ¡Sagrado no será suficiente para pararla!
«—Lo sé.»
—¡Debe haber algo que podamos hacer!
«—Tú tranquilo. —La oyó sonreír con esa voz cristalina que tanto añoraba—. Todo terminará pronto...»
—¿Aerith...?
El planeta entero se sumió en un poderoso silencio. Incluso los pájaros dejaron de cantar en cada rincón de la tierra. Y toda luz se apagó.
En un instante la superficie de Gaia se tiñó de verde, un verde intenso que brillaba con la luz de mil soles. La corriente vital obedeció a los mandatos de la última de los Cetra y se elevó por encima del planeta que la contenía.
Las venas de la madre planetaria surgieron por doquier como si fueran llamaradas de vida furiosas:
Los integrantes de Avalancha tuvieron que abordar la nave que un misterioso salvador puso a su disposición, para así evitar ser tragados por las erupciones de mako que quebraban el hielo en pedazos.
Una explosión de energía mandó a volar la casa de los padres de Zack en Gongaga, a medida que la corriente se abría paso hasta los cielos:
—¡La corriente vital! —exclamó Dina—. ¡Pavel! ¡Sadie! ¡Míren... Gaia ha escuchado nuestros ruegos! —su alegría era tal que poco le importaba que su hogar estuviera hecho añicos. Tenía consigo a todas las personas que importaban y eso era su mayor tesoro.
—Aerith... —murmuró Sadie mientras el verdor de las ondas de luz se reflejaba en sus pupilas—. Así que de veras existe... ¡la corriente vital!.
La cetra dirigió toda la energía del cuerpo celeste que protegía al mismo lugar; el cráter del norte. Movió sus manos etéreas con un esfuerzo que jamás hubiera podido realizar en su cuerpo mortal y una sonrisa orgullosa asomó a sus labios al reconocerlo.
Los espíritus de todos aquellos que habían fallecido en la tierra se unían a la ola para aumentar su poder y el coro de almas tiñó de dorado los rayos verdes que se fundían sobre la meseta.
«—Se acabó tu reino de mentiras y horror. —declaró Aerith con una voz de trueno que se dejó oír en cada parte del mundo que salvaba—. La tierra prometida... ha venido a silenciarte.»
—¡BASTARDA! —Jenova se cubrió el rostro para evitar que la energía lo quemase, pero cualquier esfuerzo por evitar ser disuelta en el mar de vida era inútil. Empezaba a esfumarse todavía más rápido de lo que lo hacía el meteorito—. ¡VOY A VOLVER! ¡UNA Y OTRA VEZ! ¡NO IMPORTA CUANTO LUCHEN... SIEMPRE, SIEMPRE VAN A PERDER!
Aerith extendió sus manos con mayor concentración, esforzándose por recuperar el control que la enemiga pretendía desestabilizar. La corriente vital cedió unos metros y tembló ante la oscuridad de la calamidad. Cerró los ojos con fuerza hasta que una voz conocida le llamó la atención:
«—Apuesto a que necesitas ayuda.»
«—¡¿Zack?!»
«—El mismo. —Lo vio de pie junto al cuerpo inerte que había ocupado en vida. Su espíritu brillaba con luz propia y sonreía de la misma forma en que lo había hecho mientras todavía respiraba—. Veo que te hace falta sólo un mísero fantasma más ¿eh? Creo que doy la talla para el trabajo.»
«—Sí lo haces no habrá vuelta atrás.»
«—Si no lo hago no habrá un cuerpo al que volver de todos modos, ¿verdad?»
«—Zack... —Aerith le sonrió con ternura, asintiendo con la cabeza—. Lo permitiré si estás seguro de ello...»
Tomó aire, dirigiéndole una mirada cariñosa a Cloud antes de incorporarse con seriedad. Fijó la mirada en un punto lejano del horizonte; aquél en donde se encontraba su tierra natal... y por ende los seres a los que más les debía su protección.
«—Tengo su sangre. Soy el empujón que nos falta para ganar. —Forzó una sonrisa, elevando el rostro a las alturas con expresión soñadora—. Además... siempre dijiste que no me sería posible fundirme con la corriente vital. Me encantaría que te equivocaras al menos por una vez, Ae.»
«—Yo también deseo equivocarme, amigo mío.»
Le sonrió con afecto mientras elevaba una mano para que un nuevo brazo de la corriente se abriera paso bajo sus pies. El espíritu de Zack se hundió en la ráfaga de luz; desapareciendo en el mar de almas junto con el resto de los valientes que enfrentaban a la destructora de mundos.
«—Ya terminó.» Declaró Aerith, y la corriente intensificó su empuje con tanta fuerza como para quebrar en dos un planeta entero.
Jenova se retorció mientras su oscura naturaleza se fundía con el asteroide que ella misma había convocado para destruir a los defensores. Quiso maldecir, amenazar... gritar. Pero la envolvió una pureza tan cegadora que toda su identidad se disolvió aún antes de que su cuerpo terminara de hacerlo.
Las nubes se dispersaron, dejando libre el firmamento por donde el sol volvió a acariciar la superficie de su querido planeta otra vez.
La tierra... estaba a salvo.
"El héroe más grande es aquél que da la vida por
sus amigos."
