Capitulo 36

Tan solo amaneció y entró sin tocar la puerta del dormitorio de Mina; la muchacha dormía tranquila, su rostro relajado lleno de paz le hizo abstenerse de despertarla con un grito como había planeado y terminó sentándose en la cama para observarla.

Las pecas se disimulaban por el rubor en las mejillas causado por el calor de las mantas, respiraba con calma y sus labios se curvaban como si estuviera disfrutando de un sueño agradable.

Severus seguía sin entender que le atraía de la niña, es decir, si, llevaba años sin darse gusto con una victima virgen e inocente, pero no era para tanto, al menos eso creía él. Acaricio con el dorso de la mano la tibia mejilla para no despertarla.

Le acomodó el cabello tras el oído, se inclino sobre ella para aspirar su aroma, como a vainilla y menta, su movimiento casi la despertó haciéndole cambiar de postura.

Ahora estaba boca arriba, abrazando su manta, respirando con suavidad con los delgados labios rosados entreabiertos.

Era todo un regalo para la vista, arriesgándose a despertarla se arrodilló a un lado de ella para tener más cerca su rostro, para intentar tocar la suave piel sin despertarla; asi lo hizo y fue como si una ligera corriente eléctrica pasara por sus dedos.

No entendió, pero se dio cuenta de que algo extraño pasaba, que de alguna manera y pese a la cantidad de poción que tomaba, la muchachita le despertaba esos deseos que creía dormidos.

Estudio cada rasgo sin encontrar señal alguna de la imagen que en la mente conservaba de su amo, aquel en su juventud se jactaba de ser atractivo y al parecer muchas brujas y magos asi lo pensaban cayendo subyugados a sus pies; pero Mina era idéntica a Arthanis y eso lo confundió más ¿Por qué la deseaba si a pesar de ser pelirroja no tenia ni pizca de parecido con Lilly?

Durante los años oscuros, sus presas tenían una característica física, pelirrojas de ojos verdes y piel blanca como la leche, cada noche recibia al menos una sin importar la edad de su victima, pero finalmente veía en ellas a Evans cada vez que las poseía; al poseer a una estaba seguro que algo en el interior de Lilian también se convertía en algo de él.

Wilhemina sin embargo era totalmente distinta, más deseaba saborear los delgados labios, morderlos para mostrarle la fuerza de un beso posesivo y apasionado, la piel blanca y tersa lo invitaba a recorrer cada milímetro con sus dedos, con su lengua.

Bañarla con su semilla para impregnarla de su esencia; el aroma que despedía era distinto a cualquier otro, no recordaba un aroma de mujer tan atrayente.

Le descubrió con cuidado dejando parte del costado a su vista, una playera vieja ocultaba apenas los senos, el estomago se movia siguiendo el ritmo de su respiración, un short que al parecer era dos tallas más de lo que ella necesitaba le cubria del vientre a medio muslo y la pierna delgada estaba doblada por comodidad.

Sus dedos trazaron una línea ascendente hasta llegar a la suave protuberancia, levantó con mucho cuidado la gastada tela y un delicado pezón rosado le provocó una sonrisa lasciva, apenas tocando superficialmente esa piel que le quemaba comenzó a sentirlo, a percibir por primera y tal vez única ves la textura del delicado botón que tan solo con su aliento comenzó a endurecerse, bajó lentamente por las costillas, llegó al ombligo y aguantó la tentación de volver a recorrer ese camino con la lengua; vigilante a las reacciones de la durmiente y sin notar cambio alguno se arriesgó, pasó su mano por el vientre cubierto por los pantalones cortos, contuvo un suspiro cuando sintió el abrasador calor de la entrepierna y sintió como su cuerpo reaccionaba luchando con la presión de los pantalones; sería tan fácil noquearla con un conjuro o simplemente una maldición imperdonable para que hiciera lo que él quisiera.

Como un felino a punto de morder a su presa acercó sus labios al vientre, recorrió la dulce carne guardando su sabor en la lengua.

-eres un maldito demonio- le gruñó –un apetecible y delicioso demonio- murmuró con los labios casi rozando la fuente de delicioso calor cubierto por la tela, hizo a un lado la molesta frontera alcanzando las blancas pantaletas para poder aspirar de manera más directa su aroma –saliste del mismo infierno para obtener mi condena- sonrio de lado- y no voy a darte gusto- concluyó poniéndose de pie.

Todavía admiro a la joven dormir por treinta segundos, guardó en su memoria la imagen de Mina semidesnuda, con el pecho al aire, moviéndose con suavidad por los latidos de su corazón; tomó un fascículo enorme y pesado del librero dejándolo caer a un costado de la cama, haciéndola saltar alarmada.

-¿¡que pasa!?- se sentó palida y con los ojos bien abiertos, su pijama debió hacerla sentir apenada pues cuando vio a su tutor se cubrió con la manta hasta el cuello -¡¿Qué sucede!?-

-tengo que hablar contigo- contestó lacónicamente sin interesarle que la pobre casi sufria un infarto. -He estado valorando la situación, considero que lo mejor es que permanezcas en Beauxbatons en calidad de interna permanente—

—¿en serio?—Un sentimiento entre frustración y rebeldía se encendió por un segundo dentro de ella, más no tenía deseos de pelear una batalla que ya sabía perdida; estaba triste, realmente deprimida y lo único que deseaba era que el tiempo volara para regresar con sus amigos, donde la comprendían y la querían por ser Mina, odiaba estar en donde le temieran y la rechazaran por ser hija del tal Voldemort –no creí que te fastidiara tanto—

—es por tu propia seguridad— continuó él sin demostrarle nada por la clara tristeza que la embargaba –los días que pasaste estudiando fueron atacados otros niños, fueron petrificados y quiero evitar que te suceda algo—

—claro, por mi seguridad— resoplo con sarcasmo –por mi está bien, si te molesto me largo— farfulló enojada –es más, deberías enviarme mañana mismo—

—¿mañana? No me parece mala idea— le dio la razón –prepara entonces tus cosas, esta noche hablo con Olympe y no dudo que te reciba con una semana de antelación—

—¡perfecto!— chillo enojada tapándose la cabeza con sus mantas.

—es lo mejor— murmuró Snape al abandonar el dormitorio –por ti es lo mejor— y salió, la chica no escucho sus palabras.

Sin tener ya energias para buscar comprender sus emociones volvió a tumbarse en la cama, se sentía extraña, como si su sueño no hubiese sido tal.

En la neblina onírica alcanzó a percibir caricias, susurros, el calido aliento en su vientre, la mano posesiva en su entrepierna más no quería despertar; sobre todo porque en su sueño era su tutor quien invandia cada milímetro de su carne.

Pasó la mano por el estomago sin encontrar nada, ni humedad o señal alguna de ese sueño maravilloso; sueño que terminó en pesadilla pues él la desterraba de su vida al menos por unos años.