Holaaa ke tal todo? jeje espero les guste el capii
recuerden de ke nada me pertnece
Capítulo 34
Rosalie echó los cerrojos cuando salieron las últimas asistentes a la reunión. Bella estaba recogiendo las bandejas y las servilletas cuando Lulú cerró la caja registradora.
—¡Ha sido muy divertido! —Bella amontonó las tazas de café con el ruido alegre de la loza—. Y muy interesante. Nunca había comentado un libro de esa manera. Cuando leo uno, bueno, pienso si me ha gustado o no, pero nunca había comentado el porqué. Y prometo leer el del mes que viene para poder participar.
—Yo me ocuparé de los platos, Bella. Debes estar cansada.
—No lo estoy —Bella levantó una bandeja cargada—. Esta noche había mucha energía aquí. He notado que se apoderaba de mí.
—¿No te está esperando Edward?
—Ah, esta noche, no. Le he dicho que iba a colarme en la reunión.
Lulú esperó hasta que Bella estuvo arriba.
—¿Qué pasa? —le preguntó a Rosalie.
—No lo sé bien —Rosalie empezó a plegar sillas para tener las manos ocupadas—. Eso es lo que más me preocupa. Se acerca algo y no puedo definirlo. Por esta noche, ha salido bien —miró hacia arriba mientras apilaba las sillas en el almacén—. Por esta noche, ella ha salido bien.
—Ella es el centro —Lulú guardó otro montón de sillas—. Creo que me había dado cuenta y por eso no le he dado respiro. La verdad es que es una chica encantadora que trabaja mucho. ¿Hay alguien que quiere hacerle daño?
—Ya se lo han hecho y no pienso permitir que vuelva a ocurrir. Intentaré hacer un presagio, pero tengo que prepararme. Tengo que aclararme las ideas. Hay tiempo. No sé cuánto, pero tendrá que ser suficiente.
—¿Vas a decírselo?
—Todavía no. Tendrá que hacer sus propios preparativos, su purificación. Está enamorada y eso le dará fuerzas, va a necesitarlas.
—¿Qué te da fuerza a ti, Rosalie?
—La resolución. El amor no me ha funcionado nunca.
—Tengo entendido que él está en Nueva York.
Rosalie se encogió de hombros. Un gesto cargado de intención. Sabía de quién hablaba Lulú y le molestó que le recordaran a Emmett McCarty dos veces en la misma noche.
—Es una ciudad muy grande —dijo inexpresivamente—. Estará muy acompañado. Quiero terminar e irme a casa. Quiero dormir.
—Un idiota —murmuró Lulú.
A ella le parecía que había muchos hombres idiotas en el mundo. Y casi todos acababan dándose de narices contra mujeres tozudas.
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Bella decidió que los conjuros eran como recetas. Y ella dominaba ese terreno. Para que una receta saliera bien hacía falta tiempo, esmero y buenos ingredientes en la proporción adecuada. Si a eso le añadía un poco de imaginación el resultado era un plato personal.
Sacaba tiempo entre los trabajos y la lectura para estudiar el libro de conjuros que le había prestado Rosalie. Se imaginaba que a su socia le divertiría que lo considerara como una especie de libro de recetas metafísicas, pero no creía que fuera a ofenderse.
También tenía que robar tiempo para meditar, visualizar, crear y reunir sus propias herramientas de modo que pudiera tener lo que le gustaba considerar su bien surtida despensa de bruja. Pero en ese momento pensaba premiarse con su primera sesión práctica en solitario.
—Conjuros de amor, conjuros de destierro, conjuros protectores —iba recitando a medida que pasaba las hojas—, conjuros de unión, conjuros de dinero, conjuros curativos.
Se dijo que había algo para todo el mundo y se acordó de lo que le había dicho Rosalie sobre el cuidado que debía tener en lo que deseaba. Un deseo irreflexivo o egoísta podía volverse contra ella de una forma desagradable y verdaderamente inesperada.
Haría algo sencillo y que no afectara a nadie ni hiciera daño de forma involuntaria.
Primero utilizó la escoba para alejar la energía negativa y luego la colgó en la puerta para que no volviera a entrar. Eligió las velas mientras Diego se frotaba contra sus piernas y las grabó con los símbolos adecuados. Decidió que podría aprovechar toda la energía que pudiera reunir y eligió los cristales para reforzarla. Los colocó junto al tiesto con los geranios quemados de Edward.
Soltó aire y volvió a inspirar.
Se remitió a un conjuro curativo que Rosalie le había escrito en un pergamino con tinta china y, con los ojos cerrados, memorizó las palabras para conseguir su propósito.
—Allá vamos —susurró. —Que esta planta se cure y la belleza de sus pétalos perdure. Mmm... su vida pronto desapareció y a nadie nunca dañó. Denle de nuevo su libertad. Que se haga mi voluntad.
Se mordió el labio y esperó. El geranio se empeñaba tozudamente en seguir marchito. Bella se inclinó para mirarlo de cerca.
Volvió a erguirse.
—Me parece que no estoy preparada para ser solista.
Quizá debiera volver a intentarlo. Tenía que visualizar, ver la planta exuberante y llena de vida. Tenía que oler los pétalos y las flores, canalizar la energía. ¿O era la energía de la planta? En cualquier caso, darse por vencida a la primera la convertía en una bruja pusilánime.
Volvió a cerrar los ojos, empezó todo el proceso y dio un respingo al oír una llamada en la puerta trasera. Se dio la vuelta tan rápidamente que dio una patada a Diego y lo mandó al otro lado de la habitación, lo que hizo que se cayera de espaldas y empezara a limpiarse como si eso fuera lo que había estado esperando todo el rato.
Bella le abrió la puerta a Alice entre risas.
—Patrullaba por aquí y he visto la vela. ¿Tienes problemas con el suministro de luz? —Entró antes de que contestara la pregunta y vio las velas rituales—. Ah.
—Estoy ensayando y a juzgar por los resultados necesito mucha más práctica. Pasa.
—No quiero interrumpir —desde la noche de la sesión literaria, había decidido parar, o al menos pasar, todas las noches por allí—. ¿No es ésa la planta muerta de nuestro porche?
—No está muerta todavía, pero le falta poco. Le pregunté a Edward si podía intentar recuperarla.
—¿Haces conjuros con geranios muertos? Vaya, me parece genial.
—Me dije que si me equivocaba, por lo menos no haría daño a nadie. ¿Quieres un té? Acabo de hacer un poco.
—Bueno, Edward me ha dicho que vendrá cuando termine. Hemos tenido un B y B: borracho y bronca. Un menor. Ha vomitado el paquete de seis cervezas que birló de la nevera de su casa. Edward está llevándolo a casa.
—¿Es alguien que yo conozca?
—El hijo mayor de los Stuben. Anoche le dejó la novia y ha decidido ahogar las penas con la cerveza de su padre. Como lo único que ha conseguido es vomitar como un condenado, supongo que la próxima vez buscará otra forma de recomponer su corazón destrozado. ¿A qué huele?
—Estoy asando un costillar de cerdo. Puedes quedarte a cenar.
—No pienso quedarme para ver cómo os miráis con ojitos tiernos, pero no me importaría que me mandaras un poco de cena con Edward.
—Encantada —le pasó la taza de té—, pero no nos miramos con ojitos tiernos.
—Pues hacedlo.
Bella sacó de la nevera una bandeja con aperitivos diminutos.
—Caray, ¿todas las noches cenáis así? —preguntó Alice.
—Edward es mi conejillo de indias.
—Qué suerte tiene el cabrón —Alice cogió una barquita de pasta de berenjenas—. Lo que no le guste, puedes mandármelo a mí. Yo te diré si está bueno.
—Eres muy amable. Prueba los champiñones rellenos, Edward no quiere.
—No sabe lo que se pierde —afirmó Alice después de darle un mordisco—. El asunto de las comidas marcha bien, ¿no?
—Sí —pero Bella soñaba con un horno de convección y un congelador. Aunque sabía que era imposible meterlos en su pequeña y acogedora cocina y que estaban mera del alcance de su empresa—. Estoy haciendo sándwiches y una tarta para un bautizo el sábado.
—El nuevo bebé de los Burmingham.
—Efectivamente. Y la hermana y la familia de Lulú vienen de Baltimore la próxima semana. Lulú quiere agasajarlos. Me parece que hay cierta rivalidad entre las hermanas —Bella señaló el horno con el dedo—. Voy a hacer este costillar de cerdo y quería probarlo primero.
—Es increíble en Lulú. Es una tacaña de tomo y lomo.
—Hemos hecho un trato, un trueque. Ella va a hacerme un par de jerséis. Podré usarlos el invierno que viene.
—Todavía tiene que hacer algo de calor. Nos queda el veranillo de San Miguel.
—Espero que tengas razón.
—Entonces... —Alice se agachó y tomó a Diego en brazos—. ¿Qué tal Rosalie?
—Está bien. Últimamente parece un poco distraída —Bella arqueó las cejas—. ¿Por qué lo preguntas?
—Por nada. Me imagino que estará muy ocupada con el Halloween. Lo vive de verdad.
—Vamos a decorar la tienda justo la semana antes. Me han dicho que todos los niños de la isla llaman a la puerta de la tienda.
—¿Quién se perdería un caramelo de una bruja? Será mejor que me vaya —le hizo una caricia rápida a Diego y lo dejó en el suelo—. Edward tardará un minuto. Puedo llevarme ese tiesto si... —se quedó muda mientras lo miraba—. Vaya, vaya, qué hija de perra.
Los tallos verdes estaban cubiertos de unos maravillosos pétalos carmesí.
—¡Lo conseguí! Ha funcionado —se acercó a la mesa de un salto y hundió la nariz en la exuberante planta—. No puedo creérmelo. Quiero decir. Quería creerlo, pero no pensaba realmente que fuera a conseguirlo. No yo sola. ¿No te parece preciosa?
—Sí, no está mal.
Alice conocía aquella sensación, la acumulación de energía, la emoción resplandeciente. El placer, enorme e insignificante a la vez. Sintió una vaga nostalgia mientras Bella levantaba el tiesto y daba vueltas con él en el aire.
—No todo son flores y rayos de luna, Bella.
—¿Qué ocurrió? —Bella bajó el tiesto y lo acunó como si fuera un bebé—. ¿Qué ocurrió para que aborrezcas así lo que tienes?
—No lo aborrezco. Sencillamente, no lo quiero.
—Yo he vivido sin poderes. Es mejor tenerlos.
—Lo mejor no es poder reanimar flores, lo mejor es poder cuidar de una misma. No necesitas un libro de conjuros para aprender a hacer eso.
—Una cosa no tiene por qué excluir a la otra.
—Quizá, no. Pero la vida es mucho más fácil cuando lo hacen —Alice fue hasta la puerta y la abrió—. No te olvides de las velas.
OOOlaaa ke les parecio el capii?
espero reviews
byyee
