Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.

La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.

A pesar de seguir ciertas partes de la trama original, la he variado en varias ocasiones para amoldarla a mi historia

Capítulo 36.

Sanosuke y Chikara desayunaban en silencio, sentados frente a frente en el salón de la vivienda, escuchando el sonido de los pájaros piar que se colaba desde la ventana de la estancia.

Ambos chicos percibían la incomodidad en el aire tras saber que la noche anterior algo raro había pasado entre Kenshin y Nanako. Finalmente, Sanosuke rompió a hablar dispuesto a encontrar respuestas en el amigo de la guerrera.

-Oye, ¿qué les pasa esos dos? Creía que ya habían arreglado sus diferencias, pero parecen estar pero que nunca. Ni siquiera se miran desde ayer ¿Lo has notado?

Chikara alzó la vista de su tazón sin saber qué decir, mirando a su interlocutor alzar las cejas, en señal de que no creía que él no supiera nada.

-Eh... Bueno, ¿qué iba a pasarles? Tampoco les he visto muy habladores desde que llegasteis.

-No te hagas el tonto, sé que pasa algo. Creo que se gustan. Aunque todo el mundo se crea que soy idiota también percibo pequeños detalles.

Chikara suspiró soltando sus palillos, mirando al moreno para continuar rindiéndose a lo evidente.

-La verdad es que sí que se nota. Pero Nanako no quiere que se hable de esto, ¿entendido?

-Sí, lo entiendo, es normal después que lo odiara a muerte y eso. Pero sabes, yo siempre creí que algo así iba a suceder. Es lo típico; Los polos opuestos se atraen y todo eso... Aunque sean distintos y parezcan separados, destinados a odiarse mutuamente, al final algo los une. Están más cerca que lejos.

-Sí... –Susurró Oishi dándole la razón-. Son como el cielo y el mar.

-¡Eso es! Son como el punto donde cielo y mar se tocan. Cada uno es diferente al otro y parecen distintos entre sí, pero si te fijas en el horizonte, llega un momento en el que se hacen uno y parecen la misma cosa. Eso pasa con Nanako y Kenshin. A pesar del pasado y las diferencias que han tenido, son tal para cual. Aunque se avecina un buen lío con Kaoru y eso.

-Joder, Sanosuke... Tienes razón, y ellos también lo saben, que es lo peor. Esto parece no tener salida. Espero que ella pueda superarlo de algún modo, aunque no se me ocurre cómo, teniendo que abandonar a sus amigos.

-Bueno, no creo que ni Kaoru ni Kenshin quieran eso, a pesar de lo que ocurra.

-Eso espero. –Murmuró con tristeza Chikara, levantándose acto seguido.

El joven recogió los platos de la mesa y se dirigió a la cocina, donde comenzó a fregar en silencio mientras su mente procesaba rápidamente la información, y cavilaba sobre las posibles consecuencias con miedo.


La noche volvía una vez más, pero está vez, lo hacía acompañada de silencio y lluvia, tiñendo de un lóbrego color la casa de los Oishi, donde parecía no haber nadie, salvo Nanako.

La muchacha guardaba sus pocas pertenencias en un zurrón desgastado con violencia y nerviosismo, no pudiendo dejar de darle vueltas a lo sucedido la noche anterior, en la que Kenshin la besó desarmando su mundo una vez más.

No tenía idea de a qué jugaba el pelirrojo, ni qué pensaba para hacer aquello, sabiendo todo el lío que tenía a la espalda con Kaoru.

Kaoru. Ese nombre era el que ocupaba el espacio en la mente de la guerrera, sintiéndolo como mil alfileres bajo los pies. El sentimiento de ser una traidora hacía que Nanako se sintiese miserable y sucia, al pensar en fallarle a la que podía considerar su única amiga en la vida. Efectivamente, la chica sólo hallaba como salida a todo aquel suplicio abandonarlos para siempre.

-¿Te vas? –Preguntó Chikara asustándola al entrar, haciendo que parara en seco para mirarle.

-Sí, no puedo seguir aquí. Debo irme, lo siento.

-¿Por qué? ¿Por Kenshin? –Nanako lo miró asustada, pensando en cómo sabía lo que sucedía. –Para responder a la pregunta de tus ojos; Me he dado cuenta, es evidente por la forma en que lo miras y lo evitas. Sé que le quieres.

-Pues si ya lo sabes, no sé por qué preguntas que por qué motivo me voy. –Agregó con enfado, volviendo al zurrón.

-No pensé que fueras una cobarde, Nanako ¿Crees que esto es lo que de verdad necesitas?

-¡No! ¡Pero no sé qué más puedo hacer, Chikara! –Le gritó con saña haciendo que su amigo apretase la mandíbula, para después caminar con decisión hacia ella y quitarle de las manos la bolsa.

-Pues no voy a dejar que salgas por esa puerta ¡No sin pelear!

-Dame la bolsa, Chikara y lárgate, por favor.

-No, Nanako. Te estás precipitando. –Dijo seriamente, haciendo que la chica expirara con fuerza.

-¡Y tú te estás inmiscuyendo! ¡No sabes ni siquiera de qué va esto!

-Claro que sí, Kenshin me lo ha contado.

Tras el grito del hombre, Nanako se dejó cegar por la ira, abalanzándose sobre su amigo para arrebatarle el zurrón, propinándole en el intento un puñetazo en el estómago y la cara, haciendo que ambos se detuvieran a los pocos minutos.

Nanako se relajó poco a poco al comprobar que había herido al moreno, quien sangraba por su labio inferior. Pronto dejó caer la bolsa al suelo, disculpándose con su amigo.

-¿Qué estoy haciendo...? Perdóname. –Sollozó mirándolo en silencio, para acto seguido comenzar a golpear la pared más cercana con saña.

Chikara corrió a detenerla mientras gritaba su nombre, alejándola de la pared con dificultad, acabando ambos en el suelo mientras Nanako gritaba que la dejase ir, llorando finalmente en sus brazos con rabia.

Mientras la pareja continuaba abrazada sentados en el suelo, Kaoru y Kenshin aparecieron en el umbral de la puerta, alertados por los gritos y golpes, sorprendiéndose al hallar la escena y la sangre del chico.

Kenshin quedó abstraído en el sufrimiento de la guerrera, sabiendo que aquello había sucedido por él, aunque fuera indirectamente. La situación se estaba yendo de sus manos y de las de Nanako, y la culpabilidad empezaba a pesar demasiado.

-¿Nanako, qué ocurre? –Preguntó asustada Kaoru mientras se acercaba despacio, haciendo que la pareja se separase. Chikara se giró para mirar a Kamiya, que continuaba sobrecogida.

-Kaoru, tranquila. Sólo necesita estar sola. –Intentó calmarla mientras se ponía en pie y ella le respondía, observando que estaba herido.

-Te ayudaré con tu labio, estás sangrado.

-Gracias.

Tras la sonrisa que Chikara la profirió, ambos salieron de la sala dejando a Kenshin en el umbral, que con un gesto tranquilizó a Kaoru, haciéndola creer que todo estaría en orden.

Nanako se levantó finalmente del suelo, comenzando a recoger las cosas que se habían salido del zurrón, mientras el pelirrojo avanzaba unos pasos, introduciéndose en la habitación que las chicas compartían.

-Lo siento mucho. Tienes todo el derecho a irte si es lo que deseas, pero si no quieres hacerlo no te vayas. Nadie espera que eso suceda.

-Es cuestión de tiempo que ella lo sepa, ¿verdad?

-Sí, eso es verdad. Pero se enterará de buenas maneras y solucionaremos esto como adultos. Yo hablaré con ella. –Dijo con tranquilidad, haciendo que Nanako se girara para mirarlo, aún con los surcos de sus lágrimas en las mejillas.

-¿Por qué me besaste? ¿Qué coño estás pensando?

-Yo también estoy confundido. Sé que quiero a Kaoru, pero también siento algo por ti.

-¡No, no y no! Eso no puede ser. –Dijo volviendo a alzar la voz brevemente. –Voy a irme, Kenshin. Nadie va a joder a Kaoru, y menos nosotros.

-Cálmate primero, Nanako. Piensa antes de actuar. –Dijo interponiéndose en su camino, no dejándola abandonar el cuarto.

Aquel gesto sólo hizo enfadar a la muchacha, que no dudó en empujarlo para salir, pero este volvió a detenerla abrazándola hasta que dejó de pelar por zafarse del agarre.

Ella finalmente cansada, física y emocionalmente, se abandonó en los brazos del pelirrojo mientras le susurraba entre lloros que lo odiaba.

Kenshin no pudo evitar esbozar una sonrisa tierna y melancólica, mientras la aferraba más a su cuerpo, rogando interiormente fuerza para vencer todos los problemas que se le venían encima.

Pues ya sabéis por qué se llama así la historia, gracias a ese momento de lucidez de Sanosuke XD

Espero que os guste, muchas gracias por leer, y ojalá os animéis a decir que os parece o sugerir cosas.