Love Live Sunshine!

El deber de familia

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: Tengo sueño… no diré más… solo que este capítulo viene auspiciado por mi señora esposa que me ha sobornado con la cena para que me pusiera a escribir por fin y terminará este capítulo. Así que agradezcanle a ella.

Al final la respuesta que habían estado esperando… pero no se salten hasta el final…

Ojalá les guste...

— o —

Los días habían pasado en un abrir y cerrar de ojos, casi tres semanas para ser exactos, y es que cuando te sientes feliz el tiempo pasa sin que te deseo cuenta. Después de su inesperada confesión las cosas se volvieron mejores para ellas, al menos mucho mejores que, incluso, en el inicio de su matrimonio.

Se habían acercado poco a poco luego del altercado de su segunda noche. Al inicio todo fue un poco turbulento, Hanamaru aún mantenía sus pesadillas al menos una o dos veces por noche y en cada una de ellas Dia la abrazaba con cautela al principio para que se relajara lo suficiente para que afianzará su abrazo calmandola con su voz mientras cantaba. De ese modo los primeros días se iban a acostar cada una en un extremo del futón y despertaban una encima de la otra, o más bien Maru encima de Dia.

Fue así que en los últimos días, desde que establecieran esa pequeña rutina , Dia extendía su brazo para recibir a su esposa y cobijarla con su abrazo sirviendo como su almohada particular. Fue también notorio como sus pesadillas fueron disminuyendo hasta que se acostumbró a la presencia de Dia y a la cadencia de su voz cuando le cantaba al oído pues es que si no estaba con ella no lograba conciliar el sueño con facilidad.

En ocasiones Dia, cuando Hanamaru ya dormía o fingía dormir, llenaba de besos su frente y su coronilla antes de ella misma dejarse llevar en el sueño. Esa pequeña rutina les había sentado bien, sobre todo a Maru que aceptaba más la cercanía de Dia y sus pequeñas muestras de afecto. En un par de ocasiones incluso habían llegado a darse un beso, sencillo, apenas un toque, antes de que Maru se sonrojara y huyera avergonzada alegando que tenía cosas por hacer.

Dia solo sonreía viendo a Maru huir de ella dándole una última vista de sus hermosos ojos miel y su discreta sonrisa que le robaban el corazón aunque hace tiempo la chica se lo había llevado ya. Era hermoso para Dia mirarla de esa manera.

Yohane sólo refunfuñaba viéndolas ser melosas y cursis todo el tiempo. Detestaba ver llegar a Maru con esa sonrisa tonta en su rostro y esperar ansiosa a que Dia terminará su entrenamiento y volviera a verla. Era peor cuando la mujer Kurosawa tenía detalles con su amor no correspondido. A veces traía alguna flor de papel que Dia había hecho o una flor de montaña o un trozo de roca tallada de alguna forma particular que se encontrará en el bosque donde iban a practicar.

Esa era otra cosa que la tenía preocupada. Las prácticas o entrenamientos en esas armas que habían conseguido. Eran ruidosas y apestaban de forma horrible debido a la pólvora. Rin las había ocupado para ayudar en la preparación de ese polvo a ella y a Riri, por lo que ellas mismas terminaban oliendo de esa forma.

Era bastante irritante pero Riri le recordaba que debían hacerlo por You, para lograr sacarla y liberarla de las manos de los Takami. Riko pasaba sus días en eso y en aprender a usar una de esas armas. Tenía la firme convicción de querer hacer algo a toda costa aún cuando Rin le daba tareas para mantenerla alejada del grupo que participarían en el rescate.

Fue una mañana antes de que la cuadrilla del singular grupo partiera que Riko fue a reclamarle a Hoshizora-san por no incluirla entre ellos.

—¡Habíamos acordado que yo iba a ir con ustedes! —irrumpió en la junta cuando Rin nombró a cada uno de los integrantes de la partida—. ¡Le he dado información suficiente sobre los Takami para que me excluya de esto!

—Eres más necesaria aquí que yendo con nosotros ~nya —le explicó manteniendo la calma.

—¡Me reuso! —reclamó airada—. ¡Con o sin su aprobación yo iré con ustedes!

—No son indicaciones mías ~nya —Rin mantuvo su pose con su pipa en mano—. Watanabe-san pidió que se te mantuviera a salvo pasará lo que pasará ~nya y si realmente la amas, harás lo que ella está pidiendo.

—¡Aunque ella me pidiera mantenerme con vida si muere yo iré con You-chan! —sentenció y Rin suspiró moviendo la cabeza para dar una orden.

—Esperaba no tener que recurrir a esto ~nya pero no tengo más opción —le dió la espalda y un par de samuráis se acercaron a la chica tomándola de los brazos.

—Si cree que con eso voy a quedarme quieta está muy equivocada —forcejeó tratando de apartarlos.

—No, eso lo sé ~nya —les pidió a sus hombres soltarla por un momento—. Por eso le pido entrar en razón. Manténgase a salvo y cumpla la voluntad de Watanabe-san ~nya.

—Usted habla como si él estuviera muerto —dijo molesta—, y me niego a aceptar eso.

—Lo voy a traer aquí de nuevo —se oyó la voz de Dia que había entrado en la sala en ese momento—. Lo prometo, Sakurauchi-san, él regresara contigo.

Riko la miró a los ojos por unos instantes y al ver la determinación en sus palabras decidió no seguir peleando, al menos por ahora.

—Espero sepa cumplir con su palabra Kurosawa-sama —le contestó con firmeza avanzando hacia ella—, y que usted también regrese al lado de Hanamaru-san.

Acto seguido Riko dejó la sala siendo escoltada por el par de guardias que la condujeron hasta la salida. Rin sabía que su determinación no daría un paso atrás por lo que tendría que asegurarse de que la chica estuviera a salvo.

—¿Esta todo listo? —Dia se dirigió a la mujer gato uniéndose a ella en su mesa de trabajo.

—Prácticamente ~nya —le contestó de manera escueta dando una calada profunda a su pipa—. Los espías ya están ubicados en sus posiciones y nosotros los acompañaremos pronto para filtrarnos con ellos. ¿Está claro lo que deberá hacer ~nya?

—Si —dijo mirando el mapa que habían hecho del pueblo—, lo haremos lo más sigiloso posible para sacar a mi hermana, a Mari-san y su hija y a You-kun de allí.

—Solo le recuerdo que no vamos por una confrontación directa contra Kanan-san ~nya —le recalcó para que no olvidará esa parte—. No estamos aún en condiciones de combatirlo en un ataque frontal, no somos suficientes ~nya.

—Aún pienso que debemos aprovechar esta oportunidad para acabarlo puesto que no esperaría un ataque desde el interior —insistió en esa discusión que ya habían tenido anteriormente.

—Si fuera más joven y atrevida ~nya como hace algunos años, no dudaría en hacerlo —razonó con ella para que entendiera su punto—. Sin embargo hacer algo así conlleva hacer un sacrificio más grande de vidas ~nya pues el riesgo es mayor, jugárselo todo en una sola partida es arriesgado cuando se tiene todo en contra.

—Se que no tengo las cartas a mi favor pero… —como siempre se rehusaba a dejar el tema por la paz.

—Dia-san ~nya, usted no está en condiciones físicas para enfrentarse a su hermano, si lo hace ahora, es muy probable que termine perdiendo más que solo su vida —aspiro su pipa en una gran bocanada—. Piense en su esposa.

—Es por ella que deseo acabar con él de una vez por todas —golpeó con furia con su mano la mesa provocando que se movieran las piezas sobre ella.

—Ser líder de un clan requiere madurez y temple ~nya, además de paciencia, no deje que la desesperación sea la que guíe sus pasos en este caso —Rin se acercó a Día poniendo su mano sobre su hombro para calmarla—. Si permite a sus miedos tomar el control de su vida no podrá vencer a sus enemigos ~nya.

Día no le contestó, entendía que si dejaba que su inexperiencia y su desesperación tomarán las riendas como hasta entonces lo habían hecho, no iba a lograr su propósito. Bajo la cabeza con enojo mirando con frustración el mapa que tenía el apellido de su familia en letras grandes en medio del esquema del pueblo.

—Aún tengo un camino largo por recorrer para asumir el lugar que me corresponde, ¿no es verdad? —volteo a mirar a Rin ya con pocas esperanzas en sus ojos.

—No es tan largo, pero ciertamente es un camino que nunca se deja de recorrer ~nya —apretó su hombro dándole una sonrisa de confort—. Usted es una buena persona y no dudo que un gran líder, solo debe aprender a manejar mejor sus decisiones y sus emociones, las peleas no solo se ganan con una espada en la mano ~nya.

—Es verdad, pero eso no lo hace más fácil —se relajó bajando sus hombros—. Debo ejercitar más mi paciencia.

—La gota de agua sobre la piedra es capaz de romperla a base de paciencia y constancia ~nya —la mujer le sonrió para infundirle confianza—. Usted obtendrá el éxito si sabe manejarlas de manera adecuada ~nya, la he visto interactuar con su joven esposa y creo que la paciencia es una virtud que usted maneja pero que no domina ~nya, pues al final es su frustración la que está tratando de ganarle la partida.

—¿La frustración? Como no sentirme así, impotente y frustrada al ver como la persona que amo ha sido maltratada de forma vil, además de mi familia —suspiró apretando su puño.

—Transforme toda esa frustración en su motivación para lograr sus metas Dia-san —Rin dió unas palmadas a su espalda—. Convierta estos malos momentos en experiencia para mejorar su vida ~nya. Ahora repasemos una vez más el plan.

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— o —

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Hanamaru había estado impaciente y nerviosa desde esa mañana, ella sabía que el tiempo había llegado para que Dia emprendiera su campaña de rescate para salvar a su familia y a You-chan, y eso la tenía alterada. No quería dejar ir a Dia a la lucha puesto que las veces anteriores su esposa no había salido bien librada en sus encuentros.

Tenía miedo de que de nueva cuenta alguna desgracia le ocurriera y esta vez no pudiera tenerla de regreso. Eso le aterraba, el imaginarse perdiendo a Dia cuando se había convertido en lo único que la mantenía bien y a salvo de sus pesadillas y el constante recuerdo de su desgracia.

Perderla significaría perder lo único bueno que había en su vida, la persona que la amaba aún cuando estaba dañada y que a base de paciencia la estaba sanando poco a poco. Se negaba a dejarla ir, no la iba a dejar irse así.

Había tomado esa determinación que había estado dándole vueltas a su cabeza desde esa mañana. Con sus nervios a tope y su miedo acosandola se sintió mal. Había tenido ese extraño malestar que no la dejaba en paz y que no se calmó ni aún cuando vio a Dia esa noche después de su reunión con Hoshizora-san.

Como en los últimos días Dia la espero en la cama manteniendo su brazo extendido para recibirla solo que en esta ocasión Maru se negó a aceptar su abrazo manteniéndose sentada sobre sus talones mirando a su esposa con determinación incierta.

—¿Pasa algo Hanamaru-san? —Dia se incorporó hasta quedar sentada en el futón frente a la chica mirándola con confusión.

—Dia-san… —pronunció su nombre con inseguridad.

Dia entornó los ojos con ternura alzando su mano para tomar la mejilla de su joven esposa y cepillar con su pulgar el contorno de sus labios en una simple caricia para tranquilizarla, pero Maru no queria ser calmada en esta ocasión. Se hizo hacia adelante rodeando con sus brazos el cuello de Dia aferrándose a ella luchando por contener sus lágrimas.

La chica la recibió con gusto apreciando el gesto de acercamiento y se puso a acariciar su cabello sobre la espalda con su mano libre. Maru tembló ligeramente parpadeando varias veces para no dejarse vencer por la humedad que estaba formándose en sus ojos.

—Todo va a estar bien Hanamaru-san —le susurro al oído deduciendo que es lo que podía tenerla en ese estado.

Maru negó con la cabeza enterrada en su cuello y sin querer sus labios rozaron la piel sensible de esa área provocando un ligero estremecimiento en Dia que se mordió la boca para no delatarse. Alcanzó a oír la tenue voz de Maru diciendo algo que no pudo descifrar pero que la hizo temblar aún más cuando el contacto sobre su cuello se volvió más intenso.

—Ha… Hanamaru-san —dijo su nombre con dificultad cuando su mente se enfocó en lo bien que se sentían los labios de su esposa en su piel.

Los besos continuaron mientras la boca de Maru viajaba a lo largo de su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja. No pudo resistirse mucho cuando sintió el aliento cálido de la chica soplando sobre su oído.

—¡Por favor Dia-san! —le suplicó—. ¡Por favor no te vayas! ¡No quiero que te pase nada malo ~zura! —se aferró a ella pegando su cuerpo a lo que Dia la tomó de la cintura cuando el peso de Maru le ganó cayendo de espaldas sobre el futón.

—Hanamaru-san, me toma por sorpresa tu petición y me encantaría poder llevarla a cabo, pero esto es algo que debo hacer —le hablo tratando de sonar lo más calmada posible aunque sabía que su corazón estaba latiendo de manera descontrolada delatando su estado.

—¿No puede hacerlo Hoshizora-san? ¿Es necesario que vayas así? ¡No quiero perderte ~zura! —dijo de forma atropellada haciendo que sus palabras llenaran de regocijo a Dia que jamás se imaginó poder tener a su linda esposa preocupada de esa manera por ella.

—No me vas a perder Hanamaru-san —apartó unos cabellos rebeldes que se habían ido a parar sobre su rostro cuando se incorporó sobre sus manos—, y esto es algo que debo hacer por mí misma y por ti también, no puedo dejar que Kanan siga destruyendo todo lo que me importa.

—Pero él puede lastimarte —subió las cejas en un gesto de preocupación sentándose sobre el estómago de Dia a horcajadas—, y yo no quiero que eso pase ~zura.

—No voy a permitir que eso suceda —dijo con plena seguridad para que Hanamaru no siguiera pensando en eso.

—Pero… ¿qué puedo hacer para que no te vayas ~zura? —hizo una especie de puchero que enterneció a Dia.

—Nada —se rió con una tenue risa—, solo no preocuparte de más. Voy a estar bien porque sé que estarás aquí cuando regrese —le regalo otra gran sonrisa y Hanamaru se fue sobre ella.

—¡Zura~! Si dices esas cosas haces que no quiera dejarte ir todavía más —le reclamó tomando sus mejillas en un fuerte pellizco.

—Solo digo la verdad —se echó a reír y tomando desprevenida a Maru sostuvo su cintura para girarla y cambiar de lugar.

Dia quedó encima de la chica entre sus piernas recargando parte de su peso en su brazo sano y el otro en el cuerpo de Maru que se tensó de inmediato trayendo a ella recuerdos que no quería revivir.

Cerró los ojos tratando de dejar su demonios en el fondo empujándolos con fuerza para que no arruinaran ese momento. Dia noto esa tensión y trato de quitarse enseguida para no seguir incomodando a la chica pero Maru la detuvo poniendo sus manos en su espalda.

—No —le pidió—, no te vayas por favor.

Un aura inusual rodeo a Hanamaru que le hizo sentir un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo a Dia. Había algo diferente en la chica y no sabía si eso era bueno o malo.

—Yo… yo puedo… quiero… por favor… haré lo que quieras… pero no te vayas... —trastabilló sus palabras de manera nerviosa sujetando el rostro de Dia atrayendola hacia ella para unirse en un beso.

Los labios de Hanamaru se movieron contra los suyos de una forma mecánica, sin emociones. El estremecimiento que la invadió no se debió al beso en sí, sino a la frialdad con la que estaba siendo dado. Eso sólo hizo que la rabia la llenará al imaginar que de esa misma manera Hanamaru tenía que dejarse manipular por Kanan para acceder a sus bajos deseos.

Paró en seco el beso separándose de forma abrupta de Maru que se quedó indefensa al punto de casi encogerse esperando una reprimenda de parte de Dia y eso sólo la hizo sentir peor a la Kurosawa. Mil pensamientos horribles cruzaron su mente al ver a su esposa así preguntándose qué tanto daño le había hecho Kanan a Hanamaru.

—Así no —dijo poniendo distancia—, te amo y te respeto como para hacer algo indebido —frunció las cejas enojada, más bien furiosa consigo misma.

—Dia-san… —apenas pudo decir su nombre antes de encogerse completamente avergonzada—, ¿es por qué ahora no valgo nada? —no pudo contenerse más y comenzó a llorar—. ¿Es mi culpa por qué dejé que él me usará?

—No, por supuesto que no —Dia fue a abrazar a la chica viendo el estado en el que entró—. Para mí eres la persona más valiosa que tengo o llegaré a tener jamás y que quiero cuidar tanto como pueda, no me importa lo que haya pasado, eso no te resta valor, al contrario, te hace todavía más importante para mí porque fue tu sacrificio lo que me salvó. Tú me salvaste Hanamaru-san, no podría usar mi vida para terminar nunca de agradecerte lo que has hecho por mí.

Maru sollozo a moco tendido en su pecho sin poder dejar de sentirse sucia y una cosa sin valor alguno a pesar de lo que le decía. Eso partió el corazón de Dia.

—Te amo, te amo tanto que no me importa esperar el tiempo necesario hasta que estés bien y cómoda con nuestra relación, nuestro matrimonio —limpio algunas de las lágrimas de Maru—. No quiero que te forces a algo que no sientes o no quieres tan solo por una idea equivocada.

Hanamaru negó enérgicamente sacudiendo la cabeza para refutar las palabras de Dia.

—No… no… yo en verdad quiero —dijo con algo de timidez—, solo…

—Aún no estás lista —completó Dia levantando la barbilla de Hanamaru—. No tienes que presionarte, yo no lo estoy haciendo, dejemos que las cosas fluyan a su propio ritmo. Yo estaré aquí de regreso pronto y podremos seguir adelante poco a poco. Sólo te pido que confíes en mí y en qué regresaré a tu lado.

Dia sonrió con amor para infundirle esa confianza y esa tranquilidad que Maru necesitaba en ese momento. La dejó sollozar por algunos minutos en los que Hanamaru término de derramar sus lágrimas y entre las dos limpiaron su rostro para quitar esos restos de humedad en sus mejillas. Aún con algunos sollozos esporádicos Maru asintió para decirle que sí, que confiaba en ella y en que todo iba a estar bien.

—Solo… solo cuídate por favor… —dijo cuando pudo hablar por fin—. Yo voy a estar aquí esperándote.

—Si, lo haré —le contestó llenando su rostro de pequeños besos.

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— o —

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A la mañana siguiente ambas mujeres se despertaron temprano, Dia debía alistarse para salir al alba y Hanamaru no podía seguir en la cama sabiendo que ella estaba por partir. Sin embargo el malestar que la había agobiado el día anterior volvió a estar presente, incluso con más fuerza. Sólo que no quiso importunar a Dia dándole esa preocupación atribuyéndolo a su desavenencia de la noche y sus nervios de todo el día.

Como pudo ayudó a Dia a alistarse para que pudiera tener todo lo necesario para su viaje. Hizo el trabajo con algo de lentitud, cosa poco usual, pues un leve mareo la tenía mal y casi cualquier movimiento le provocaba el malestar. Por aquí termino se dispensó con Dia que fue a reunirse con Rin dejando a Maru en la cocina que quería ver a Yohane o a Riko con urgencia para que le dieran algo para calmarla.

Riko la recibió dándole un té de hierbas relajantes pues supuso que quizás estuviera así debido a la preocupación de ver partir a Dia a la lucha. Yohane sólo se quedó pensativa mirándola de arriba a abajo y fue a buscar entre su botica de hierbas, que se había armado a últimas fechas, algo para dar a su amiga.

Antes del mediodía los samuráis al mando de Hoshizora-san y Dia-san salieron del templo en la montaña para dirigirse a Fuji. Hanamaru despidió a Dia con un beso en los labios y la promesa de volver a verse en unos días estando sanas y salvas. Sólo así la dejó ir después de retenerla por varios minutos en los que Rin-san estuvo riéndose afablemente del par de tortolitos que estaban hechos.

Con tristeza Hanamaru regreso con Yohane y Riko a la cocina pero en algún punto del retorno, Riko se disculpó aduciendo que tenía unos pendientes que atender y desapareció antes de que alguna de las dos pudiera decir nada. Aunque Hanamaru sospechó que Yohane sabía algo al respecto pues no objetó su ida.

Estando con Yohane ayudándola a seleccionar las verduras y algunas otras cosas en la cocina, percibió un aroma que le provocó una cierta molestia. Alzó la vista para buscar el origen de dicho olor y vio como unos de los que habían sido designados como cazadores traían hasta la mesa de trabajo de Yohane y las otras cocineras su ración de carne de algún animal que habían cazado, matado y desollado.

La visión de la carne ensangrentada y la grasa y los músculos desprovistos de la piel le produjeron de nuevo esa sensación de malestar que la había acompañado desde el día anterior. Sintió náuseas y el mareo súbito que le movió el piso cuando se incorporó de donde estaba sentada para no seguir viendo todo aquello. Sólo que apenas estaba dando el primer paso cuando todo dió vueltas en su cabeza y se sintió desvanecer nublandose su vista hasta quedar inconsciente en el suelo no sin antes tirar también la tanda de vegetales que había estado seleccionando.

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