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Terry Grandchester miro complacido los papeles que lo declaraban el nuevo dueño de la compañía Strafford, la compañía teatral donde actuaba su querida Eleanor y que había anhelado poseer aun antes de zarpar rumbo a América , era aquel otro más de sus tantos cometidos en cuestión de acumular y acumular como ella lo llamaba , incluso le había dicho que él lo tenía todo.
Si eso fuera cierto….
Pero la única verdad era que aquel papel no era más que un acto sentimental de su parte, cuando era un adolescente siempre había soñado con ser actor, era apenas un jovenzuelo cuando leía en silencio a Shakespeare y soñaba con aquel mundo donde un día podía ser un mendigo y al día siguiente un rey.
Pero afortunada o desafortunadamente había nacido con otros deberes, y aquellos eran solo sueños, él era el hijo de un duque, aunque bastardo, aquello carecía de importancia puesto que su padre había guardado en secreto su aventura con Eleanor y en vista de su pobre descendencia había hecho jurar a la duquesa no decir ni una palabra.
Por su parte Terry había cumplido con sus obligaciones y asumido su papel, después de todo era lo correcto.
Pero ahora ya no había nada que lo retuviera en América…
Había tomado la determinación de marcharse a Inglaterra , a pesar de que la guerra había estallado en Europa aquello no le impedía regresar, más aun tenia algunos asuntos a tratar que en todo aquel tiempo no había hecho más que posponer.
Aun cuando Podía parecer que alguien como Terry Greum duque de Grandchester se burlara de la sociedad y pisoteara las normas que esta imponía, su concepto de moral aunque algo blando pero siempre ahí no lo dejaba en paz.
Era algo más fuerte que él y sus vestigios de rebeldía adolescente, Terry tenía su código de honor y se aferraba a él en toda ocasión, y aunque había veces que le daban ganas de enviarlo todo al diablo sabía que no podía.
Nada que lo retuviera excepto ella….
Pero ella no le quería y a Terry no le gustaba engañarse con cosas que sabía no sucederían , mejor recurrir a la practicidad porque ¿Qué clase de persona seria entonces?
Aquella mañana había terminado de escribir la carta que ahora guardaba en su elegante chaqueta, cuando saliera de su casa en Washington square lo primero que haría sería mandarla, no sin antes visitarla a ella.
Sabía que había llegado el momento , la vería una vez más sin remordimientos ni tristeza simplemente le visitaría como cualquier otro día y le diría adiós de la misma manera en que se despedía siempre.
Probablemente aquella seria de las pocas veces que la volvería a ver, sino era porque ya no habría otra ocasión.
Al final ella volvería a ser Candice Brown Andley, rica heredera de los Andley tal vez no por nacimiento pero si por nombre y no Candy White la chica común que pretendía no tener un pasado.
Pero la verdad que ella no era nada de eso.
Nadie lo podía ver, pero él lo sabía, ella no era ni Candy Andley ni Candy White, sin importar las vidas que esta se inventara y aun cuando cumpliera ochenta años ella seguiría siendo simplemente Candy.
Su Candy.
-pareces pensativo- dijo una voz proveniente de la puerta- o más bien diría triste.
Terry levanto la vista sorprendido- ¿qué haces aquí?
-no lo sé, supongo que solo pasaba y me pregunte, ¿Por qué no visito al distinguido duque de Grandchester?- dijo la joven con un tono de mofa en su voz.
-estoy algo ocupado.
-¡oh Terry!, no seas tan descortés, no ahora con lo mal que me siento.
El enarco una ceja y se volvió a hacer cualquier otra cosa- ¿Qué sucede?
Anthony probablemente me odia-dijo la joven entrado directo a sentarse sobre el canapé de terciopelo- ¿fuiste tú, no es cierto? , tú le dijiste a Anthony de su hermana.
-Terry le miro en silencio, después hablo- no pensé que te importara tanto.
-no en este momento, pero comenzaba a sentir cariño por Anthony- dijo la morena sintiéndose afligida- quien sabe , probablemente después me hubiera enamorado de él y hubiera podido olvidar a Albert , pero ahora lo entiendo.
-¿Qué es lo que entiendes?
Karen puso los ojos en blanco y rio con amargura- está muy claro, si tú no eres feliz no quieres que nadie lo sea .
Terry endureció la mandíbula, aquel era el comentario más inadecuado e infantil que ella le dijera y era en esas veces cuando su lado caballeresco salía a la luz y toleraba , pero esta vez no tenía ganas de lidiar con las rabietas de ella ni con sus lloriqueos vanos , aunque solía demostrar siempre una gran paciencia y soltar respuestas que aparte de embromarla la tomaban por sorpresa , no, hoy no era el día para alegrar a Karen klaise , al fin de cuentas ella era ya una mujer adulta , que se fuera a lamer sus heridas a otra parte , o las que ella creía que tenía.
-Karen. Querida, de verdad estoy ocupado ahora.
La joven abrió los ojos exageradamente sintiéndose ofendida- no lo puedo creer…. ¿Me estas corriendo?
-no lo sé, ¿lo he hecho?
Karen no dejo de mirarlo solo hasta que rompió en llanto , era un llanto que Terry conocía muy bien y que había presenciado con frecuencia durante sus años de colegio donde Albert solía ceder la mayoría de las veces , por su parte el sabia distinguir entre el llanto verdadero y el ficticio y el de Karen era una mezcla de ambos que ella misma creaba según sus intereses, la conocía demasiado bien para saber cada pensamiento que cruzaba por su mente.
-¡odio esto!- exploto la joven sin dejar de llorar-¡te odio a ti y odio a Albert! Pero sobre todo la odio a ella… ¡por dios como la odio! ¿No es gracioso? La odio tanto y ni siquiera la conozco….
Terry se sentó a su lado sacando un cigarrillo de su pitillera de plata y pretendió fumarlo –basta Karen.
-¿sabes lo que he oído?-Karen no espero respuesta y siguió- que es una libertina, huyo de Chicago porque tenía una aventura con un hombre que jamás se casaría con ella y su tía no pudo con la vergüenza que paso sus últimos años recluida en la mansión de los Andley, ¿Qué es lo que ve Albert en ella?, es una mentirosa, dice llamarse Candy White y…
-cállate- dijo el con voz fría tirando el cigarro al suelo sin siquiera haberlo encendido - no sabes lo que dices, ella, ella no tiene malicia… la señorita White es la mujer más noble que conozco.
-¿noble?- la joven le miro incrédula y herida con sus mejillas húmedas del llanto - ¿es ella tan especial?
Pero Terry no contesto.
Karen achico los ojos con rencor - ¿Por qué?
-Karen, querida, basta de drama ¿quieres?
Ella lo ignoro -tú también….. Has estado enamorado de ella todo este tiempo ¿no es cierto? ,aquella noche cuando me contesta sobre la joven que bailaba bajo la lluvia , era ella…..-Karen se tapo la boca con ambas manos- oh Terry… ¿Por qué no haces algo?
Terry le sonrió amargamente y tan pronto como esta apareció no tardo en borrarse- soy sensato querida, simplemente eso, pero lo he hecho , apenas y te marches de mi humilde hogar pienso mandarle una carta a Albert.
-yo diría más bien un tonto.- dijo la joven con desprecio.
-pero un tonto que queda en buenos términos.
-eres un cobarde, al menos yo intente algo….
-¿y de algo sirvió?
La joven agacho la cabeza y respondió en casi un susurro-no…
-siempre lo supimos, pero no queríamos aceptarlo-Terry volvió a abrir la pitillera y Karen tomo un cigarrillo que encendió sin su ayuda, después de todo Terry tenía razón y ella lo sabía - tal vez lo mejor será que vuelva a florida, mi abuela me ha enviado una carta sobre la situación de mi prima Patty y su hijo, el tío klaise no la quiere volver a recibir en la familia.
-pensé que estaba comprometida con el hermano menor de Stear.
Karen le dio una calada al cigarrillo hasta llenar sus pulmones- pues parece que a él no le importó. Se enlisto y nadie sabe de él.- la joven volvió a fumar su cigarrillo pero esta vez Terry se lo quito - al menos no tengo la horrible vida de mi prima.
-dudo que su vida sea horrible.-dijo Terry procurando ver su reacción.
-ya Terry… ¿te la vas a pasar enseñándome valores?
-debería.-Terry sonrió conciliadoramente- pero ni siquiera yo los aprendí muy bien.
Karen hizo una mueca fingiendo desaprobación -tu mayordomo me ha dicho que te marchas, ¿es eso cierto?
El asintió- tengo que volver a Inglaterra.
Karen le miro escandalizada-¡pero hay guerra!
-la mejor época para hacerse rico.
Karen sonrió estando más que de acuerdo – tal vez debería preocuparme más por mi futuro, al paso que voy me convertiré en una solterona.
-pero tu tío te dejara su fortuna.
-¡gracias a dios!
Terry rio de su desfachatez y después su semblante se tornó serio– si eso pasa deberías de cedérselo a tu prima, ella lo necesitara más.
-¿a Patty? –ella frunció el ceño horrorizada con la idea.
-y a la abuela Martha, tu todavía eres joven y puedes conseguirte un viejo rico, tal vez así algún día te conviertas en una señora respetable y podrás hacer todas las rabietas en público que quieras.
-oh Terry-ella sonrió conmovida- siempre dándome ideas…
-y yo quisiera no hacerlo.
-tal vez debería tratar contigo y…
Terry enarco una ceja divertido- no lo creo.
Karen le miro ofendida-¿no soy lo suficientemente bella para el duque de Grandchester?
-lo eres, pero me temo que eres demasiado ambiciosa.
Karen apretó la mandíbula.
-tienes razón, quédate con la fortuna del tío Klaise y no le des nada a nadie, tu prima es más dócil y es más probable que se case.
-¡oh!
Terry soltó una risotada ante la mirada ofendida de la joven – ¡eres un grosero!
-y tu una falsa, pero siempre seré tu amigo.
-¿aunque el mundo me odie?
-aunque el mundo te odie.
Karen le sonrió agradecida- será mejor que me marche pronto, o no terminare con algunos recados.
Terry asintió y Karen tomo su bolsito junto con su chal que descansaban en el perchero de madera.-¿Terry?
-¿sí?
-¿Por qué te marchas?
-creí que ya lo habías adivinado.
Karen asintió en silencio y se marchó sin más.
Candy yacía sentada mirándose en su viejo tocador mientras se cepillaba su rebelde cabellera dorada repetidas veces, tenía tantas cosas que contarle a Terry y por más que pensaba en el este no se aparecía como era usual.
Debía verlo y contarle.
Quería compartir sus penas y alegrías con él, necesitaba hacerlo, porque solo el sabia escucharla sin juzgarla o hacer juicios mentales, solo el sabia comprenderla y cada vez que lo hacía y el silencio reinaba , solo entonces podía sentir una tranquilidad dentro de ella.
Aquella tarde los inquilinos de la casa de huéspedes le habían organizado una bonita fiesta a su casera, eventualmente la señora Garland se había dado cuenta hasta hace unos pocos momentos después de regresar de la iglesia acompañada de la nada adepta Mary Wagner quien había ayudado a que la señorita no los descubriera.
-Candy-la llamo cuki desde la escalera-¡Candy!
-¡ahora bajo!
Candy se unió con ellos en su pequeña fiesta ayudando a colocar la mesa que para entonces parecía el botín de las piratas, que si bien no había oro , la comida y algunos presentes seguramente no muy costosos abarrotaban la mesa donde se pensaba celebraría a la señorita Garland quien para eso ya tenía lágrimas en sus ojos.
-¿y cuantos años cumple hoy señorita Garland? –pregunto cuki con impertinencia.
La señora Garland se puso roja de vergüenza sin saber si decir la verdad a lo que otra voz contesto.
-¡por dios muchacho! no se es insolente con las damas.
Todos miraron hacia la puerta y la señora Garland miro con adoración a su defensor , que si bien no era su inquilino y jamás lo seria pues aquel hombre era inmensamente rico, el duque de Grandchester no necesitaba invitaciones para entrar a su humilde casa, el hombre era un caballero y como tal se acerco y beso su regordeta mano , después le entrego una cajita que estaba envuelta en el papel más fino que nunca antes había visto y que si tuviera que abrir le dolería en el alma romper tan bello papel.
-ábralo mas tarde- dijo el hombre guiñándole un ojo.
Mary Wagner le miro derritiéndose y la esposa del señor O´ Malley deseo ser diez años más joven , más delgada y más bonita.
El duque le sonrió a las damas hasta detenerse en la más especial , solo entonces saco su sonrisa más devastadora.
-¿Por qué no se sienta señor Grandchester?- la señora Garland fue la primera en hablar-¿quiere un poco de ponche? ¿o tal vez alguna copa de vino? Le ofrecería algún brandy pero creo que…
-preferiría que usted disfrutara su fiesta.-sentencio el duque mirándola encantadoramente y todo galante
La señorita Garland asintió hipnotizada y se disculpó cuando alguien más la llamo, eventualmente todos comenzaron a irse al comedor dejándolos a ellos dos solos.
Entonces Terry volvió mirar a la joven de bucles dorados, la única mujer que no le había mirado como si fuese a morir.-¿Qué pasa querida?¿no estas contenta con mi visita?
Candy hizo una mueca picara y se acercó a el- creí que no vendrías.
-¿y perderme de esto?
-no tienes que ser tan sarcástico.-se quejó ella sentándose a su lado- pero aun así , ha sido un gesto muy bonito de tu parte.
-sí, muy bonito.
-¡oh Terry!-chillo la joven-creo que nunca cambiaras.-Candy esbozo una sonrisa que casi se comía su cara de corazón mientras sus ojos brillaban dulcemente como un lago tranquilo y hermoso- tengo tantas cosas que contarte.
-lo sé.
-parece algo demasiado extraño… ni siquiera yo lo creo.
-y tal vez yo tampoco lo haga, ¿Por qué no me cuentas?
-apenas ayer… ayer- titubeo la joven jugando con sus pequeñas manos- he vuelto a ver a mi hermano, he vuelto a ver a Anthony.
-¿Cómo ha sucedido eso?- pregunto el duque fingiendo ignorancia.
-no lo sé, hablamos tanto y a la vez…..- la joven no sabía si continuar- me dijo que ha estado buscándome, todo este tiempo, Anthony me ha estado buscando, ¿puedes creerlo?- dijo la chica pareciendo confundida-ahora no sé qué se hacer, ni cómo actuar….
-me alegro mucho por ti.
-¡oh Terry!, tengo miedo….
-¿miedo?-el hombre la miro con escepticismo- no lo creo, la Candy que yo conozco no tiene miedo.
-esta vez lo tengo- insistió ella mirándole desesperadamente- Anthony, él quiere que vuelva a casa y...
-¿pero tú no?
-no- pronuncio la joven bajando la cabeza
Terry asintió pensativo - tal vez deberías reconsiderarlo.
-no tengo nada que reconsiderar, lo he pensado mucho , mi madre ha muerto y mi padre también, ¿a quién quiero complacer?, sé que si hablo de esto con Anthony tal vez no me entienda, pero ya no quiero volver ni quiero tomar un lugar que no me corresponde sin ellos, quisiera seguir aquí, quiero seguir siendo simplemente Candy White, últimamente he estado pensando en meterme a la escuela para enfermeras, el mundo está cambiando, una mujer ya no tiene que casarse para ganarse la vida y podría seguir ganando algo dinero una vez que Jimmy creciera…
Terry le miro con ternura - ¿enfermera?
-¡oh Terry!-chillo la joven un poco sonrojada- por favor, no te burles de mí.
-¿Cómo podría burlarme?- su voz sonó dulce y amigable muy diferente a la de siempre- estaré encantado de ver que eso suceda, ¿sabes? , tú y Eleanor son las mujeres que más admiro.
Candy se volvió a sonrojar, aquel era el mejor halago que le habían hecho- no sé qué decir…
-pues no digas nada.
Candy le tomo de las manos agradecida-oh Terry, muero por que conozcas a Anthony , ya verás que te caerá muy bien.
Terry sonrió simpático-no lo dudo, querida.
El hombre le dirigió una mirada significativa, una mirada que trataría de recordar su joven rostro por el resto de sus vidas, pretendiendo grabarse cada uno de sus rasgos porque aquel seria el ultimo día que le vería , entonces pensó si tal vez debería anunciárselo o simplemente marcharse , después de todo las despedidas nunca le habían gustado.
