Capítulo 36: Pandora.


Según la mitología griega, Pandora fue la primera mujer que existió sobre la faz de la tierra.

Pandora fue creada como un castigo por orden de Zeus, para introducir males en la vida de los hombres, después de que Prometeo yendo en contra de su voluntad, les otorgara el don del fuego, robándolo al dios sol.

Cuando los mortales e inmortales se separaron, Prometeo urdió un engaño para que en adelante, cuando los hombres sacrificaran a los dioses, solo les reservaran los huesos y pudieran aprovechar para sí mismos la carne y las vísceras.

A causa de aquella afrenta, Zeus, irritado por el ardid, decidió castigarlos,

Ordenó a Hefesto que modelara con arcilla, una imagen de encantadora doncella, semejante en belleza a las inmortales y le infundiera vida.

A Afrodita le mandó otorgarle gracia y sensualidad, a Atenea concederle el dominio de las artes relacionadas con el telar y adornarla, junto a las Gracias y a las Horas con hermosos y diversos atavíos.

A Hermes le encargó sembrar en su ánimo mentiras, seducción y un carácter inconstante.

Todo aquello con el fin de configurar un "bello mal", un don tal que los hombres se alegrasen al recibirlo, aceptando en realidad un sinnúmero de desgracias.


Cuando Narcissa pronunció el nombre de la vieja hechicera, todo el mundo enmudeció, todos la conocían, y todos cayeron en la cuenta del gran error que habían cometido al confundirla con una mendiga.

La bruja Enom era muy poderosa, terriblemente poderosa, una de las pocas cosas que se sabía de ella con certeza, era que prevenía de la casta de la mismísima Hécate.

Miles de rumores corrían sobre ella, la gran mayoría malos, y más de la mitad eran inciertos, aunque los pocos que alguna vez preguntaron por ella, recibían la misma información corta y veraz, como si no desearan indagar más en el asunto, o como si tuvieran la intención de tocar el tema solo por encima.

Lo que se decía de ella y era muy real, era que vivía sola y recluida en los brumosos y espesos bosques de Landorf y que jamás salía de allí.

Para todos era sabido que poseía un dominio de la magia sin igual, se sabía que no tenía rivales, nadie la había vencido nunca, ni el propio Voldemort había podido equiparársele, ni el legendario Merlín la había alcanzado en maestría, el poder de aquella mujer era todo un misterio.

Lo que más impacto causaba, era que no moría a pesar de sus largos años, no se sabía la edad que tenía, pero existían antiguos y valiosos documentos que hacían mención de ella, los más recientes y mejor conservados databan del siglo XII, curiosamente no daban mucha información, cosa que aumentaba las intrigas.

Solo un puñado de personas sabía la verdad, no eran mas que seis, entre ellas, el ministro y Narcissa Malfoy.

Durante generaciones la familia Black la había venerado, la tenían en gran estima, ya que alguna vez habían comerciado y ella los había hecho prósperos multiplicando la fortuna familiar, y engrandeciendo el apellido.

Narcissa conocía bien su historia, era una simple mortal nacida muggle, que había sido trocada a los pocos días de nacimiento, por sal y exóticas especias, la habían criado desde la cuna para que aprendiera la magia en todas sus formas, y fue tan grande el éxito que llegó a convertirse en la bruja más sabia de todos los tiempos, era capaz de controlar el tiempo a su antojo, y aprendió a detener los signos de la edad en su aspecto físico, durante mil años se mantuvo joven y hermosa, hasta que el hechizo comenzó a perder su efecto, envejeciendo de golpe irremediablemente.

Enseguida supo que la muerte le pisaba los talones, en ese entonces se le ocurrió pedir ayuda a la magnífica Galen, no era mejor que ella, pero tenía casi sus mismas dotes y conocimientos, por lo que casi podían hablar de igual a igual.

Al llegar a su campamento la recibieron con una trágica noticia, Atíla había sido asesinado por Idico, con quien había contraído matrimonio la noche anterior, para los Hunos había sido el peor golpe que les habían podido dar, y lo único que supieron decirle de Galen fue que se había marchado, y que si quería podía disponer de las pócimas y los materiales que había dejado en su cabaña.

Cuando llegó se encontró con que todo estaba en perfecto orden, y le llamó la atención ver sobre un fuego lento, un colgante caldero de barro, en el que se cocía poco a poco, un humeante guiso.

Quiso acercarse para apagarlo pero una voz muy familiar la detuvo - No toques eso, Enom - escuchó. Miró hacia todas partes y no vio a nadie, finalmente miró al suelo y sus ojos parecieron salirse de sus orbitas.

- ¿Galen? - preguntó asombrada,

- si - contestó con voz firme y clara, un gato tan negro como la noche y de verdosos ojos de pantera, en realidad era una gata, era Galen que había adoptado la forma de un felino.

- ¿Qué ha ocurrido? - preguntó Enom,

- Me culpan de la muerte de Atíla…, piensan que hechicé a Idico para que le matase, y pretenden quemarme viva -

- ¿y qué piensas hacer?, ¿te marcharás de la aldea? -

- No puedo, no hay sitio como este Enom, es aquí donde obtengo todo lo que necesito para desarrollar mi magia -

- Pero…, no puedes estar mucho tiempo así Galen, o el dios destino te castigará por negarte a permanecer en tu estado original -

Pero Galen, invadida de soberbia no la escuchó, y poco después las dos fueron llamadas al Olimpo.

Decían que por haber desobedecido al destino, la diosa Hera castigó a Galen a vivir eternamente con el aspecto de un gato negro, y a Enom, le impidió volver a cambiar su aspecto y le dio la apariencia de una anciana mendiga.

Las obligó a las dos a permanecer ocultas en los bosques, de donde solo podrían salir en la fase de la luna llena. Les advirtió que no debían mezclarse con persona alguna, que nunca más podrían vivir como mortales normales, nunca más podrían alejarse del bosque de manera continua, hasta que llegase el día en el que encontrasen una digna sucesora, capaz de librarlas del hechizo de su inmortalidad.

Durante el resto de sus vidas, se resignaron a cumplir el castigo, elaborando y vendiendo pócimas a los incautos que se atrevían a invocar sus nombres. La abuela de Narcissa solía contarle a ella y a sus hermanas muchas historias de ese tipo, antes de que se fueran a dormir, y cuando creció y la prometieron con Lucius, a quien no amaba, la instó a que fuese en busca de la hechicera, para pedirle la pócima que la ayudaría a llevar a cavo, su indeseado papel de esposa.

Un total de cuatro veces la había visto en toda su vida, y todas las veces que la había visto le había causado la misma sensación de miedo y admiración.

La primera vez tan solo contaba con dieciséis años, y justo antes de que tocara la puerta de su rústica choza, esta se abrió ampliamente invitándola a pasar, y dejando escuchar su vieja y pesada voz,

- Pasa muchacha, ya veo que te ha costado encontrar el camino… - le había dicho en aquel entonces, dejándola estupefacta.

- ¿acaso me esperaba, señora? - se atrevió a preguntar,

- por supuesto…, vienes a pedirme la solución de tu problemilla conyugal, jajajaja - rió a carcajadas la bruja, - ten - le dijo entregándole un frasquito de cristal que contenían un líquido rojo pasión - se llama luxurium, esto hará que nazca el deseo en ti, por él, y que no cese hasta que lo tengas entre tus muslos, pero ten cuidado, es muy potente, úsalo bien, o podrías llegar a enloquecer..., se que lo han retirado del mercado, así que no le cuentes a nadie que lo tienes en tu poder... -

- gra, gracias señora..., he, he de irme... -

- tranquila..., vete en paz, aunque..., sé que volverás dentro de cuatro meses - respondió dejando a Narcissa muy confusa y contrariada.

Y así ocurrió, cuatro meses después, Narcissa regresó a la cabaña del bosque, llena de incertidumbre y también de mucha esperanza, en cuanto a la bruja Enom, ella ya la estaba esperando con la puerta abierta.

- supongo que sabrás el motivo de mi visita - comentó vacilante, tanteando el terreno.

- claro que si - contestó la bruja, revisando a la luz de una antorcha, un frasco lleno de anaranjados tritones en salmuera - lo sé sin siquiera usar mi magia - dijo fijando su vista en los cristalinos ojos de Narcissa - a leguas puedo notar en tu mirada que estás encinta - Narcissa sonrió acariciando su vientre aún plano, en un reflejo acto maternal.

- solo llevo dos meses embarazada, aún no lo sabe nadie... - la bruja levantó una ceja discrepante.

- nadie excepto tu madre, que es quien te ha enviado, ¿no es cierto? -

- si..., ¿cómo lo sabe? - la bruja estalló en carcajadas.

- Bueno..., es parte de mi trabajo -

- me..., me gustaría saber qué estoy esperando, aunque desearía con todas mis fuerzas que sea un varón... - comentó preocupada.

- Porque si no, él no lo aceptaría, ¿verdad? - Narcissa la miró fijamente pero no le contestó.

- Siento decirte que esperas una niña - la desilusión hizo que se le llenaran los ojos de lágrimas.

- Deseo que sea un niño..., necesito que lo sea..., o me obligará a deshacerme del bebé - susurró con la voz quebrada y un nudo en la garganta.

- No existe magia alguna que pueda cambiar ese hecho - le dijo con seriedad y firmeza - esperas una niña, esa es la verdad y no puedes hacer nada para cambiarlo, ni tú, ni yo, ni nadie -

- ¿¡qué puedo hacer entonces!? - preguntó desesperada,

- la decisión es sólo tuya - le respondió reflexiva - sólo tu madre lo sabe, así que..., podrá guardarte el secreto, quédate esta noche y te ayudaré, será rápido y haré que no sientas nada, luego sólo necesitarás reposo, mañana mismo regresarás a tu castillo - Narcissa se había quedado sin aliento de la impresión, no podía creer lo que le estaba proponiendo la vieja hechicera.

- No puedo hacerlo..., no puedo... - contestó sofocada y con la cara enrojecida de los nervios y la falta de aire.

- Es tu decisión, pero en cualquier caso, tu marido repudiará al bebé, y no le permitirá vivir, tú decides si muere ahora, o dentro de siete meses cuando des a luz - de todas formas la bruja Enom ya sabía lo que iba a pasar, y tras una gruesa cortina, había preparado con antelación un cómodo lecho, varios brebajes y pócimas, y todos los utensilios que iba a necesitar para arrancar de las entrañas de aquella señorita de la alta sociedad, la vida que crecía con fuerza en su interior.

A finales de es mismo año, Narcissa volvió a ver a la bruja, pero esa vez, la hechicera se le adelantó.

- vuelves a estar embarazada y esperas otra niña... - en esa ocasión, Narcissa no se dejó dominar por sus emociones y ni una sola expresión de desdicha turbó su semblante, pero para la bruja Enom, era inútil toda esa actuación, pues sabía perfectamente que la angustia de esa fatídica noticia la estaba matando, y se compadeció de ella - no sufras tanto..., el varón que tanto desea tu marido llegará pronto, ten fe y confía en la diosa fortuna y en el destino, puedo leer en tu rostro que tendrás un hermoso varón y será la alegría de tu vida -

- ¿pero qué debo hacer ahora?, ¿acaso este bebé tampoco podrá vivir?, ¿no puedo hacer algo para cambiar eso?, ¿¡es que no hay otra solución!? - preguntó angustiada

- sólo tú tienes la respuesta a eso, te aconsejo que regreses esta noche a tu casa, cuéntale a tu marido la verdad y tomad una decisión entre los dos, aunque sé que al final será él quien decida..., luego podéis venir a verme los dos cuando ya sepáis qué queréis hacer -

Narcissa se despidió con una reverencia y salió de la cabaña con el corazón nuevamente roto, pues sabía que pasara lo que pasara, nunca arrullaría en sus brazos a ese nuevo bebé, nunca tendría la oportunidad de criar a su hija, nunca la vería crecer, y la bruja Enom, mucho antes de que se hubiera marchado, ya sabía que no la volvería a ver hasta dieciocho años después, justo cuando su hijo estaba por casarse y ella le volvería a encargar el preciado elixir, que una vez había ingerido ella misma, con el objetivo de ser capaz de yacer con su marido.

Lo que la sacó de golpe del mundo de los recuerdos, fue darse cuenta de que se había dirigido a Lucius como si ya lo hubiera tratado antes, como si ya lo conociera de algo, cuando se suponía que era la primera vez que se veían,

- ¿para qué deseas a la niña vieja hechicera? - preguntó Agatha, con la voz temblorosa.

- ya os lo he explicado, quiero a la niña para convertirla en mi discípula, vosotros no tenéis ni idea del potencial que tiene, no es una niña como las demás..., esta criatura posee una magia inigualable, ¡su poder de dominio debe ser canalizado correctamente!, ¡este no es lugar adecuado para ella! -

- ¡PERO QUÉ SABRÁ ESTA VIEJA CHIFLADA! - gritó Dícon, irritado,

- ¡es una niña especial!, ¡tengo que llevármela! -

- ¡TENDRÁS QUE MATARNOS A TODOS! - respondió Agatha, colérica,

- ¡¿cómo podéis ser tan estúpidos!?, ¡os estoy dando la oportunidad de salvar todo nuestro mundo de una catástrofe! -

- ¿de qué hablas? - preguntó Lucius, alucinado,

- ¡esta niña llegará a ser aún mas poderos que el señor tenebroso!, ¡no puede ser educada por cualquiera y de cualquier forma!, ¡exijo que me la entreguéis! -

- ¡QUE SAQUEN A ESTA VIEJA LOCA DE AQUÍ! - bramó Dícon,

- ¡BASTA! - gritó Narcissa - señora..., os lo imploro..., entended que vuestro propósito es imposible, ¡es tan sólo un bebé!, ¡no ha cumplido ni un día!, no podemos entregarla, tiene que estar con su familia..., y puedo asegurar que tendrá la mejor educación que existe en el mundo mágico -

- ¡eso no es suficiente!, ¡no servirá de nada! - contestó malhumorada la bruja - ¡esta niña lleva dentro el mal!, ¡y hay que erradicarlo de raíz!, ¡comprended que no puede ser tratada como un bebé normal! -

- ¡FUERAAAAAAAA! - ordenó Dícon, que ya no aguantaba mas,

- ¿¡ASÍ QUE ESA ES VUESTRA DECISIÓN!?, ¡PUES ENTONCES LO LAMENTARÉIS!, ¡NO HARÁ MÁS QUE CAUSAROS DESGRACIAS!, ¡QUE CONSTE QUE OS LO HE ADVERTIDO!, ¡Y TAMBIÉN OS DIRÉ QUE TARDE O TEMPRANO, SERÉIS VOSOTROS MISMOS LOS QUE LA PONDRÉIS EN MIS MANOS!, ¡VIVE EL CIELO QUE ASÍ SERÁ! - y con tres potentes golpes de su bastón en el suelo, se esfumó desapareciendo y dejando tras de sí, un vaporoso halo carmesí.

Inmediatamente fueron a ver como estaban Astoria y la pequeña, que ya dormía plácidamente en su lujosa cuna, al lado de su madre la cual estaba despierta y lo había escuchado todo. Volvió a preguntar por Draco por enésima vez, y ni Lucius ni Narcissa, avergonzados por la falta de formalidad de su hijo, pudieron contestarle nada.

….

Tres jóvenes muy conocidos y borrachos hasta la indecencia, se encontraban en el callejón Nocturn, armando altercados de taberna en taberna, no habían parado de beber en toda la noche, pero estaba claro que uno de ellos lo estaba llevando peor que los demás.

Draco necesitaba evadirse de su realidad, necesitaba olvidar que cuando llegase a su casa, seguramente se encontraría con que ya era padre de una criatura que antes de que naciera ya detestaba, y de la que solo deseaba fervientemente que desapareciera de su vida.

La ira se apoderaba de él incrementándose a cada minuto que pasaba, maldecía su suerte, daba un buen trago y estampaba las botellas de cristal contra el suelo y la barra, Theo y Blaise trataban de calmarlo, pero eran empujados por Draco que los amenazaba con coserlos a puñetazos si no lo dejaban en paz.

Poco después apareció el tabernero rojo de la rabia y con cara de pocos amigos, empuñando su varita apuntándolos a los tres,

- ¡ya os estáis largando de aquí ahora mismo! - les espetó enfurecido, y revisando los daños que habían ocasionado en el mobiliario - lo malo fue que Draco, teniendo la mente tan nublada como la tenía, y sin ser consciente de lo que hacía, se envalentonó queriendo pavonearse, y empuñó también su varita, solo que al revés. Quiso lanzarle un expeliermus al tabernero, pero tubo la mala suerte de que se le trabara la lengua por la borrachera, y en vez de eso pronunciara otra cosa, ocasionando que él y sus amigos, salieran despedidos por una de las ventanas, reventando los cristales - ¡esta gracia os va a salir muy cara! - protestó el tabernero agarrando a Draco por el cuello de la camisa y levantándolo del suelo - ¡sé quienes sois!, ¡conozco a vuestros padres y juro que se enterarán de esto! -

- ¡oiga...!, ¡no se ponga así por favor...!, ¡no es para tanto!, le pagaré..., ¿de acuerdo? - se apresuró a decir Theo, mientras se levantaba del suelo y ayudaba a Blaise a ponerse en pie - tenga..., con esto podrá renovar por completo su cuchitril... - le dijo sacando de su billetera una cuantiosa suma de galeones,

- ¡ni hablar! - se quejó el tabernero, mirándolos severamente a los tres - ¡no sois mas que una panda de muchachitos mimados y malcriados incapaces de respetar lo que no es vuestro!, ¡os merecéis un castigo ejemplar!, ¡no todo se arregla sacando galeones de la billetera!

- ¡pero oiga...!, no llame usted a nuestros padres, que ya estamos grandecitos - se mofó Blaise, sacudiendo los cristales de su capa y aguantando a duras penas las ganas de reírse - escuche..., enviaremos a alguien para que arregle lo que hemos estropeado y le pagaremos una suma extra por las molestias, ¿contento? -

- ¿con que ya estáis grandecitos, eh? - contestó el tabernero devolviéndole la sonrisa, cínicamente - pues muy bien..., entonces que sean los jueces los que se encarguen de vosotros, ya os llegarán las cartas del Wizengamot -

Theo y Blaise trataron de disuadirlo, pero perdieron el tiempo, el tabernero les echó de allí, y ellos se alejaron del lugar todo lo que pudieron para evitar más problemas, sin embargo a Blaise no le preocupaba el asunto en lo más mínimo, porque ya había comprobado cientos de veces, que no había nada que una buena cuenta en Gringotts, no pudiera solucionar.

Tampoco tuvieron más suerte con lo que les quedaba de noche, ya que Draco, incapaz de comportarse civilizadamente, volvió a hacer que los sacaran a patadas de otras dos tabernas, por lo que decidieron lanzarle un desmaius y cargar con él, apareciéndose en la casa de alguno de los dos.

Definitivamente, Draco no estaba en condiciones de nada.

Durante los días siguientes, Theo y Blaise recibieron una infinidad de lechuzas urgentes, todas procedían de Malfoy Manor, ninguna fue leída ni tampoco respondida, Draco se pasaba el día durmiendo, y cuando se despertaba, se dedicaba a emborracharse hasta caer inconsciente, al cuarto día enfermó, y Blaise le prohibió volver a probar el alcohol,

esa misma tarde, los dos decidieron que aquello tenía que terminar, tenían que hablar con Draco, tenían que hacer que superara el duro trance por el que estaba pasando, ellos sabían que para Draco no era nada fácil aceptar su nueva situación, y que era precisamente eso lo que estaba acabando con la poca sensatez que le quedaba, justo por eso mismo tenían que ayudarlo, eran sus amigos y lo apreciaban mucho.

Lo único que podían hacer, era tratar de hacerle ver el lado positivo de su nueva vida, más que nada, para que pudiera seguir adelante.

Tres días después de estar postrado en una cama por orden del medimago de Blaise, ya se encontraba totalmente recuperado, había perdido un par de kilos y se podían ver bajo sus ojos, unas enormes y oscuras ojeras, que contrastaban espantosamente con la acentuada palidez de su piel, mostrando así lo mal que había estado.

Por la tarde, después de tomar el té con la familia Zabiny al completo, se despidió de todos haciendo gala de su perfecta cortesía y caballerosidad inglesa, y regresó al castillo. Habían pasado ya, siete días.

Era completamente de noche cuando terminó de subir los peldaños de la escalera que daba a su dormitorio, todo se hallaba tranquilo y en silencio, le pareció curioso que nadie saliera a su encuentro cuando lo habían estado buscando con tanta insistencia, pero le pareció mucho más curioso ver pegado a la puerta de la habitación de Astoria, un gato negro sentado cual estatua de mármol, observándolo en detalle, sin apartar su vista de él ni un segundo.

Frunció el ceño extrañado y entrecerró la mirada intrigado

- que raro... - pensó - ¿por dónde se habrá colado ese gato?, juraría que nunca lo he visto por aquí..., tampoco he visto ningún gato en los jardines... - avanzó varios pasos con cautela para no ahuyentarlo y poder cogerlo - vamos..., no tienes nada que hacer aquí - le dijo mientras comenzaba asombrarse cada vez más, por la intensidad de la mirada del felino

- no estés tan seguro - respondió el gato apartándose de él, y dejándolo boquiabierto y petrificado del susto.

En ese momento se abrió la puerta y apareció Narcissa, cerrándola con cuidado,

- ¡Draco! - exclamó su madre que no esperaba verlo - ¿se puede saber dónde diablos te has metido? - dijo en voz baja para no despertar a Astoria - ¡te hemos estado buscando por todas partes!, ¡te hemos mandado mas de cincuenta lechuzas!, incluso tu padre Dícon y Guernot, salieron hace una hora a buscarte -

- ¡madre, ese gato me ha hablado! - le contestó atacado por el espanto y la impresión, señalando insistentemente hacia el suelo, con su dedo tembloroso,

- ¿qué gato? - preguntó su madre extrañada,

- pe-pero..., ¡pero si estaba ahí!, ¡te lo juro madre, ahí había un gato!, ¡y yo le dije que no tenía que estar aquí!, ¡y me respondió que no estuviera tan seguro!, ¡de verdad que es cierto! -

- Draco..., en esta mansión no hay gatos, nunca los ha habido, no sé de qué estas hablando -

- ¡pero madre! -

- Draco, ¿quiéres hacer el favor de prestarme atención?, hace ya siete días que tu hija ha nacido, ¡y tu deber era estar con ella y con su madre en ese momento! -

- ¿mi hija? - preguntó con una ceja levantada - creí que Astoria tendría un varón, ¿no era eso lo que todos llevabais meses celebrando? - preguntó altivo, cruzando los brazos calculadoramente,

- eso era lo que pensábamos pero..., al parecer el destino ha querido otra cosa... - la puerta volvió a abrirse interrumpiéndolos a ambos,

- ¿Draco? - preguntó Astoria entusiasmada - ¡Draco por fin has regresado!, ¡Cómo me alegro de que ya estés aquí! - le dijo mientras se abalanzaba a abrazarlo,

- Astoria querida..., ¿qué haces levantada?, vuelve enseguida a la cama..., ¿acaso olvidas lo difícil que fue tu parto?, las matronas te mandaron guardar reposo -

- ¡bobadas!, ya no necesito mas reposo - le respondió antes de besar la mejilla de Draco, que no hizo el menor movimiento para facilitarle la acción, ocasionando que ella tuviera que ponerse de puntillas - además..., llevo toda la semana acostada, ¡si sigo así me moriré de tedio!, ya me encuentro bien Sissy... -

- siempre consigues salirte con la tuya..., no sé como lo haces - le contestó en fingido tono molesto, acariciando su larga y oscura melena.

- ¡Draco, tienes que venir a conocer a tu hija!, ¡anda ven! -

- creí que estabas embarazada de un niño - dijo cortante, apartándola de él, y un ligero rastro de vergüenza cruzó su cara haciéndola perder la sonrisa, aunque fue cosa de un segundo, enseguida recuperó su aire orgulloso.

- Yo también lo creía, ha sido una inmensa sorpresa..., pero grata al fin y al cabo, tu hija ha nacido el treinta y uno de octubre a las doce en punto, ni un minuto más ni uno menos, ¿no te das cuenta?, ¿sabes lo que significa eso?, ha nacido una bruja de sangre pura, en la media noche de Halloween..., roza el milagro... -

- Pues felicidades... - dijo él, alejándose de las dos mujeres en dirección a su habitación,

- ¿¡pero dónde crees que vas!?- le recriminó su madre indignada, por su falta de tacto y consideración,

- a dormir... - respondió aburrido, dándoles la espalda - estoy muerto de sueño... -

- ¡Draco! - gritó Astoria, furiosa, antes de que él se metiera en su habitación dando un portazo, dejándolas pasmadas a las dos.

Todos los intentos por hablar con él fueron inútiles, ni si quiera hizo caso de la orden de su padre cuando llegó, tampoco le importó que él y el padre de Astoria trataran de derribar la puerta y de utilizar el contrahechizo cerrojo, en vano, para obligarlo a salir.

Los ignoró a todos y se sirvió un trago fuerte, pero sólo lo probó, con la rabia devorándole las entrañas otra vez, estampó el vaso de cristal contra la leña de la chimenea prendida, y se sentó en su cama sujetándose la cabeza con las manos, y rompiendo a llorar desconsoladamente.

A la mañana siguiente se levantó antes de que todos se despertaran, y salió del castillo, ya lo había decidido, lo mejor que podía hacer para soportar aquello, era refugiarse en su trabajo, eso era lo que pretendía, pasaría la mayor parte de su tiempo en la oficina, almorzaría algo fuera y luego retomaría su jornada laboral hasta la hora de salida, cenaría también fuera, se tomaría alguna copa por algún Púb. céntrico, y llegaría tarde a la mansión, justo para dormir ocho horas, los fines de semana los pasaría con sus amigos, y de esa manera evitaría hacer frente a su desgracia.

Durante toda esa semana, trató de llevar a cabo su plan, pero no calculó con que al llegar a su puesto de trabajo, se encontraría con su padre y con Dícon, a los cuales no podía evitar de ninguna manera, ya que no tenía poder para ello, y también en parte, porque seguían siendo sus superiores.

No tenía mas remedio que soportar todo el tiempo sus broncas y la insoportable perorata de sus parientes, que no pensaban dejarlo en paz hasta que reconociera a su hija. Pero por las noches, llegaba raudo y directo a su habitación, se encerraba nuevamente en ella a cal y canto, e intentaba olvidarse de su amarga realidad, que se le hacía cada vez más pesada y asfixiante.

….

- Deberíamos llamarla Helena... - propuso Agatha, cogiendo en brazos a su nieta - es la niña mas linda que he visto nunca, mi hija fue muy bonita de bebé pero..., mi nieta la supera con creces..., ¿no creéis? - Narcissa, Daphne y Pansy asintieron sonrientes - es digna de llevar ese nombre, Helena fue una mujer con una belleza sublime, casi sobrenatural -

- ¿porqué no le ponemos Ariadna? - preguntó Daphne,

- ¡nada de eso! - replicó su madre - es demasiado vulgar, demasiado... común, esta niña ha nacido marcada por la noche de brujas, el día más importante para nosotras, debe llevar un nombre importante y que haga honor a su aspecto, un nombre tan especial como ella..., no es cosa sencilla, ni se debe tomar a la ligera, es un hecho de suma importancia -

- cierto... - coincidió Narcissa - el nombre va ligado estrechamente al alma de la persona, y juega un papel muy importante en el trayecto de su vida, incluso puede llegar a causarle conflictos si no es el adecuado, mi nieta debe llevar un nombre digno de su sangre y de su estirpe, pero sobre todo se debe analizar a conciencia y tener en cuenta su significado, ya que sea el que sea no podremos evitar que influya en su destino.

- ¿y qué os parece Berenice?, es nombre de reina, yo creo que le sería muy adecuado - comentó Pansy

- ¡ya os lo he repetido mil veces! - se quejó Astoria - es Draco y sólo él, quien debe hacerlo, es su derecho y su obligación -

- pues no entiendo a qué está esperando - replicó Pansy - ¿cuándo piensa aceptarla?, ¿no se supone que tendría que haberlo hecho hace días? -

- lo hará - aseguró Narcissa, ocultando su preocupación - no os preocupéis..., lo hará -

….

Draco terminó de hacer su maleta para pasar aquel fin de semana en casa de Theo, ya era completamente de noche y llovía a mares, el viento soplaba cada vez mas fuerte y habían pronosticado tormenta, pero eso no lo disuadió de coger su escoba, la verdad era que en esos momentos le importaba bastante poco lo que ocurriera, él lo único que deseaba era salir del castillo, necesitaba huir, pero cuando salió de su habitación, distraído por sus pensamientos, se encontró cara a cara con Astoria,

- Draco, ¿y esa maleta? - preguntó enfadada - ¿acaso piensas marcharte? -

- si... - contestó con desgana y emprendiendo su camino,

- ¿¡pero cómo que te vas?, - preguntó corriendo detrás de él, hasta darle alcance - ¡contéstame!,

- ya me has oído, ¿acaso ahora eres sorda? -

- pero..., ¿a dónde?, ¿¡cuánto tiempo?, no puedes irte Draco..., ¡no ahora!, tienes algo muy importante que hacer... -

- ya lo creo..., tengo que correrme una buena juerga con mis amigos - contestó burlándose de ella,

- ¡sabes que me refiero a la niña!, no puede seguir sin un nombre... -

- ¿y a mi qué me cuentas? - dijo bajando las escaleras, dejando otra vez a Astoria, estática y alucinada,

- ¡Dra-Draco! -

- que te valla bien... - le contestó de espaldas a ella.

- ¡maldita sea!, ¡no puedes seguir jugando conmigo así!, ¡hace ya dos semanas que he dado a luz!, ¡me merezco tu respeto y tu atención! -

- no sabes lo equivocada que estas… - le respondió sacándola de sus casillas,

- ¡DRACO LUCIUS MALFOY! - vociferó harta e iracunda - ¡HAZ EL FAVOR DE LEVANTAR A TU HIJA DE LA CUNA Y PONERLE UN JODIDO NOMBRE! -

Draco se paró en seco, se dio la vuelta, y avanzó a toda velocidad, subiendo de nuevo la escalera, ella dio un respingo al ver la expresión de su cara, sus ojos se volvieron siniestros y el reluciente y claro gris de su iris se oscureció, cada uno de los músculos de su atractivo rostro se contrajeron en una mueca de odio,

por sus manos fuertemente cerradas en puños, y el torso echado hacia delante en actitud agresiva, ella pensó que la iba a atacar, estaba realmente asustada, tanto, que notó el vello de su nuca y de sus brazos erizársele.

Un ensordecedor trueno sonó, y de repente se fueron absolutamente todas las luces de la mansión, las chimeneas se apagaron, y el huracanado viento abrió de golpe todas las ventanas agitando violentamente las cortinas, Astoria se encogió de miedo cuando Draco estuvo a un par de pasos de ella, pero él ni siquiera se paró a mirarla, pasó de largo a su lado sin decirle una sola palabra.

Entró en la habitación en la que estaba su familia y la de Astoria, se detuvo junto a la pequeña y fastuosa cunita, alzó a la niña sin ninguna delicadeza por encima de su propia cabeza en ofrecimiento a los dioses y se dirigió directamente a ella,

- ¡TE LLAMARÁS PANDORA!, ¡PORQUE ASÍ COMO ELLA VINO A LA TIERRA COMO UN LACERANTE CASTIGO A LOS HOMBRES!, ¡ASÍ MISMO HAS VENIDO TÚ A MÍ!, ¡COMO UNA TORMENTOSA DESGRACIA!, ¡ERES MI CASTIGO!, ¡ERES Y SERÁS PARA SIEMPRE EL RECORDATORIO CONSTANTE DE MI GRANDÍSIMA ESTUPIDEZ! -

Un enjambre de rayos y relámpagos poblaron la negrura del cielo, iluminando tetricamente todo el castillo, y a los pocos segundos, de la misma forma que había ocurrido, y con exactamente la misma rapidez, todo cesó, la tormenta paró, el viento dejó de soplar, la lluvia dejó de caer, y las tenebrosas luces abandonaron el nocturno firmamento, de inmediato se encendieron todas las lámparas del castillo y las chimeneas recobraron su fuego.

Dejó a la niña en la cuna y salió endemoniado de la habitación y de la mansión sin volver la vista atrás.

Las mujeres, horrorizadas, se taparon la boca con las manos, nadie daba crédito a lo que acababa de pasar, había sido todo demasiado rápido, demasiado extraño y falto de protocolo, demasiado carente de todo júbilo y alegría, demasiado sombrío, demasiado oscuro.

Pero estaba hecho, Draco había levantado a su hija de la cuna y le había puesto un nombre, uno bastante anormal y poco habitual, pero era el nombre que él con pleno derecho había elegido, y de cualquier forma, a efectos técnicos y legales, la niña ya era una Malfoy en todos los aspectos.

La pequeña berreaba desesperada, nadie la calmaba, todos parecían haber visto un fantasma, era como si supieran que algo malo estaba por llegar, como si todos tuvieran un mal presentimiento.

- que has hecho Draco... - susurró Agatha, saliendo la primera del trance - has traído la desgracia a esta casa... - dijo cogiendo a su nieta para consolarla - has traído la desgracia hacia ti -

….

Hermione estaba despierta, ya se le había pasado el efecto de los sedantes, y el medimago le había comunicado que no los iba a necesitar más, después de revisarla por ultima vez, dictaminó que prácticamente estaba reestablecida, y que en un par de días podría comenzar a hacer su vida normal, le mandó una dieta blanda, y le dijo que evitara tener intimidad conyugal durante las dos semanas siguientes.

Aquello le hizo una gracia amarga, el medimago pensaba que ella y Draco se seguían acostando, seguramente creía que ella y Draco llevaban una vida sexual plena y satisfactoria.

- bien..., podréis volver a intentarlo sin problemas, en un par de semanas - le comentó el medimago mientras le hacía la última prueba para cerciorarse de que todo marchaba bien.

- ¿perdón?, disculpe, ¿volver a intentar qué? -

- lo del bebé - en ese momento se sintió como si le hubieran dado un garrotazo en él estomago con una barra de hierro, aquellas palabras le recordaron otra vez que ya no había bebé, ya no estaba embarazada, su niño, " su James" ya no existía, ahora estaba vacía, sin lo único que le daba fuerzas para luchar por su libertad y su felicidad, estaba de nuevo completamente sola y con la dolorosa perdida tan latente como al principio - no debéis preocuparos, los dos sois muy jóvenes, fuertes y sanos, estoy seguro de que la próxima vez lo conseguiréis con mucho éxito, será un bebé perfecto y muy afortunado... -

- no habrá próxima vez - contestó ella cada vez más molesta e incómoda, el médico dejó lo que estaba haciendo y la miró fijamente - doctor..., ¿porqué perdí a mi hijo?, yo estaba perfectamente, no tenía ningún problema, el medimago que me estaba atendiendo me dijo que mi salud y la del niño eran buenas, no entiendo que es lo que ha pasado, ¡no he hecho nada que lo pusiera en peligro!, ¡he tenido el máximo cuidado con todo! -

- esas cosas pasa... - contestó terminando de guardar sus instrumentos en su maletín,

- ¿en serio?, si soy una persona tan sana y tan fuerte y llevaba un embarazo con toda normalidad, es un poco raro que lo perdiera así sin más ¿no le parece? -

- has tenido un aborto espontáneo, aparentemente no he encontrado ninguna razón por la cual lo hayas perdido, ni tampoco has hecho nada que lo provocara, simplemente ha ocurrido y ya está, así es la naturaleza..., inexplicable, hace su selección y decide quien nace y quien no, y la mayor parte de las veces no lo podemos controlar, te aconsejo que no le des mas vueltas, no eres culpable de nada Hermione, ni tu ni nadie, y es mas común de lo que crees, mas de la mitad de los embarazos se quedan en intentos, por suerte Draco y tú lo tenéis todo a vuestro favor, y te soy totalmente sincero cuando te digo que la próxima vez que te quedes embarazada, cumplirás cada mes sin complicaciones ni contratiempos, y al final darás a luz a un bebé tan sano y tan hermoso como tú -

- eso no ocurrirá - contestó ella al borde de las lágrimas,

- no pierdas el entusiasmo ni te niegues a ti misma la alegría de la maternidad, por un intento fallido, piensa en Draco también, piensa en su deseo de formar su propia familia, creo que deberíais hablarlo, yo os aconsejo que no dejéis pasar otro mes mas y que os pongáis a ello lo antes posible -

- no quiero volver a quedarme embarazada jamás -

- Hermione... -

- Un hijo no se remplaza con otro doctor -

- Por supuesto que no, cada uno de ellos es único, yo soy padre y sé de que estoy hablando, los niños hacen la vida más bonita..., son un regalo del cielo -

- Usted no lo entiende... - de repente recordó todas las veces que había visto a James en el ecógrafo, y sintió que comenzaba a hundirse de nuevo, olvidar lo que había ocurrido iba a serle más difícil de lo que pensaba - da igual... - susurró con la voz quebrada - ya no está... -

- Hablaré con Draco, ahora es cuando más necesitas tenerlo a tu lado, él logrará sacarte ese pesimismo de la cabeza -

- No por favor no hable con él, deje las cosas así -

- No creo que sea lo mejor, en un momento como este necesitas el amor y el calor de tu marido -

- No..., le aseguro que estoy bien, no necesito nada, quizá un poco más de descanso -

- Eso es mas que cierto, tienes que recuperarte del todo, lo que ocurra después lo decidiréis Draco y tú, aunque insisto en que no tengáis intimidad hasta dentro de catorce o quince días, ¿de acuerdo? -

- Por supuesto, no se preocupe doctor, así será -

- Bien..., entonces ya solo me queda decirte que no dudes en avisarme en cualquier momento para lo que necesites o cualquier duda que tengas, yo estaré encantado de responder a tus preguntas -

El medimago se despidió de ella y salió de la habitación dejándola muy pensativa, por mucho que se lo negase hasta la saciedad ella intuía que su aborto había sido provocado, cada vez estaba más segura de eso, ¿pero porqué?, ¿porqué su hijo tenía que morir?, ¿qué daño o molestia podía causar su bebé?, ¿a quién podía fastidiarle su existencia?, entonces un claro nombre le vino a la cabeza, Draco, él había mostrado rechazo hacia el niño desde el primer momento en que lo supo, de hecho había ardido en cólera, y casi la había obligado a deshacerse de él, Draco no quería que naciera, de eso estaba completamente segura, él mismo se lo había dicho, y era quien más razones tenía para odiarlo y desear que muriera, por lo tanto, ya no le cabía ninguna duda, si alguien había acabado con la vida de su hijo, ese no podía ser otro que Draco Malfoy.

Por la tarde, tres suaves golpes en la puerta la sacaron del sopor de un sueño curiosamente ligero, se incorporó en la cama y dio permiso para que entraran,

- adelante - dijo sorprendiéndose inmensamente cuando descubrió de quien se trataba, Astoria entró y cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido y avanzó despacio hasta ella, Hermione, con las cejas arqueadas y sin entender a qué había ido a verla, enseguida se fijó en su figura cambiada y tan delgada y esbelta como siempre había sido, entonces supo que obviamente ya había dado a luz y que lo que llevaba en sus brazos con suma delicadeza envuelto en mantillas, era a su bebé.

- buenas tardes - saludó Astoria en tono amistoso y con una leve sonrisa,

- hola... - respondió Hermione, bastante dudosa,

- el medimago le dijo a Narcisa que ya estás mejor, y que ya puedes recibir visitas - Astoria se quedó justo a su lado y descorrió con una mano las cortinas, para que entrara un poco de la escasa luz de una tarde que terminaba - ¿cómo te encuentras? -

- bien... - contestó Hermione desconfiada,

- me alegro..., tienes buen semblante - Astoria se sentó a su lado y durante varios minutos, ninguna supo qué decir, haciendo que la incomodidad empezara a notarse pesada, hasta que la niña hizo un ruidito y Hermione clavó su vista indagadora en ella,

- veo que has tenido a tu bebé... -

Astoria sonrió ampliamente y se la acercó apartando un poco de su carita, la colcha que la envolvía, para que la viera bien

te presento a Pandora..., todos pensábamos que tendría un varoncito, pero la diosa fortuna ha querido traernos a esta muñequita - Hermione, contempló hipnotizada la belleza cautivadora de la pequeña, nunca había visto tal perfección y armonía en un rostro, no podía dejar de admirarla, era una belleza magnética y dolorosa a la vista, al momento, sus espesas y negras pestañas se abrieron, desvelando el secreto de unos ojos irrealmente hermosos, aún mas brillantes e intensos que un par de valiosas esmeraldas, ¿cómo podía aquella cosita tan pequeñita poseer ese abrumador y embriagante encanto?, estaba claro que tenía los rasgos de Astoria, pero era un millón de veces más hermosa que ella.

Hermione se sintió absorbida por el misterio arrollador de aquella belleza sin par.

- ¿cuesta dejar de mirarla verdad? - afirmó Astoria mirando fijamente a Hermione y leyéndole el pensamiento, automáticamente cortó el contacto visual con la niña, sintiéndose mareada.

- Pandora... - pronunció su nombre reflexiva - curioso nombre para una criatura - Astoria la observó con una mezcla de desprecio y ofensa, pero no dejó que su comentario fuera más que eso, sólo un comentario,

- No fui yo quien le puso ese nombre - le respondió reprimiendo su irritación - fue Draco quien se lo puso - y Hermione lo entendió todo, un nombre como ese solo lo habría podido poner, un padre despechado por la soberbia de tener que soportar, la carga de una hija no deseada,

- ¿qué te parece mi nena?, ¿no es bonita la hija de Draco? - Hermione observó a la niña otra vez, que se había quedado dormida en los brazos de su madre, y sus palabras salieron de su boca involuntariamente,

- el pelo tan negro como el ébano, los labios rojos como la sangre..., y la piel tan blanca como la nieve..., tendríais que haberla llamado Blanca Nieves... - Astoria abrió los ojos asombrada por la crudeza de la ocurrencia y miró a su niña embobada, y entonces por primera vez en su vida, asintió estando de acuerdo con ella,

- si... - dijo convencida - Blanca Nieves... - sin embargo, la tensión entre ambas regresó cuando Astoria hizo un comentario indebido, pese a ser el más sincero que le dedicaba - siento mucho que perdieras a tu hijo, de verdad que lo lamento - Hermione se quedó pasmada, se sintió como si le hubieran echado sal a la herida que todavía tenía abierta, y aunque no había sido esa la intención, Astoria había hecho que se le desgarrara el alma con sus palabras - no se que habría hecho yo en tu lugar..., dicen que no hay nada mas doloroso que la muerte de un hijo, pero te diré que tuviste suerte, al menos no llegó a nacer, el sufrimiento habría sido terrible, por lo menos te ahorraste eso -

- ¿cómo puedes decirme eso Astoria? -

- oh..., no me malinterpretes tú y el padre de ese niño habríais sido muy felices con su llegada, ser madre es..., un acontecimiento increíble, es una experiencia que te cambia la vida, por eso digo que siento que no lo hayas podido tener..., pero que habría sido peor que naciese enfermo, y se te hubiera muerto -

- ¡mi hijo estaba sano! - dijo estallando en llanto y despertando a la niña, que empezó a gimotear,

- Hermione..., no sabes cuanto lo siento..., pero debes tranquilizarte, mira..., piensa que en unos cinco meses ya estarás divorciada de Draco, y podrás casarte con el padre de tu hijo, y entonces podrás volver a quedarte embarazada como mandan los dioses..., así tendrás su beneplácito, y todo os saldrá estupendamente cuando lo intentéis de nuevo, estoy segura de ello..., seréis muy felices..., en serio, os deseo lo mejor - le respondió mientras mecía a la niña para tranquilizarla,

- Márchate por favor - Astoria clavó su vista fijamente en ella y asintió con su habitual sonrisa falsa,

- Si..., además ya es hora de llevar a esta princesita con su nodriza para que le dé de mamar, en fin... - dijo en un suspiro cansino - supongo que por lo menos mi visita, te ha servido para que conocieras a la legítima heredera de Draco, ¡ya era hora de que la reconociera!, es toda una Malfoy de los pies a la cabeza, Pandora Malfoy..., - pronunció su nombre con escepticismo y decepción, al interpretar que el nombre elegido le era totalmente erróneo - ¿sabes? - le comentó poniéndose en pie para marcharse - creo que Blanca Nieves le habría quedado de maravilla... - su risa hipócrita resonó entre las cuatro paredes enturbiando la paz, de la elegante habitación, y Astoria salió por la puerta, sintiendo que su sueño por fin, se había hecho realidad, Hermione desbancada del trono, y su hija coronada como digna heredera y sucesora de la familia Malfoy.