Hola de nuevo! Pues eso, lo prometido es deuda y aquí está el segundo capítulo de hoy. Antes de nada, no matéis a la escritora por estar loca. Va en serio, no lo hagáis. O.O Disfrutad.
Esperé a que ella saliese del restaurante y después me fui yo. Por suerte, estaba cerca del Dal. Me he venido a ver si Trick tenía alguna idea de lo que Evony tramaba o de lo que voy había hecho, pero está enfadadísimo con las dos: con su nieta por hacerlo y con la Morrigan por permitírselo. Al menos, puedo disfrutar de uno de sus brebajes raros observándolo limpiar los vasos mientras se queja con indignación. Hasta cierto punto es divertido verlo así con lo pequeño que es.
—¿Lena? —alguien pone la mano en mi hombro.
Me giro dejando al Rey Sangriento discutiendo solo y observo a la chica. Sus ojos azules brillan a pesar de la poca luz del Dal y me sonríe como si realmente se alegrase de verme. La reconozco en seguida: es Diana, la Vampira.
—Hola, Diana —me levanto para quedar a su altura—. ¿Cómo te encuentras?
—Bien, me curo rápido —responde sin dejar de sonreír—. Tu amiga me dio duro, pero soy una criatura de la noche…un poco de sangre y como nueva.
—Sangre ¿eh?
—Sí, pero no he matado a nadie—se pone un poco nerviosa—. Tengo una amiga enfermera, que debe estar…
La pelirroja se da la vuelta y busca a alguien con la mirada. Cuando por fin encuentra a un grupo de chicas que ríen en una esquina, las señala y me las presenta como sus amigas. Asiento y la invito a sentarse junto a mí en el caso de que no tenga que volver con ellas. Diana niega rápidamente y toma asiento en el taburete. Le digo a Trick que le ponga lo que quiera y ella pide mientras observo a sus amigas. Son cuatro y solo una de ellas es una Vampira. La pelirroja me explica que no van al club de Vex porque su amiga, la enfermera, no podría ir al ser de las Luces.
—Es que eso de los bandos me parece una tontería —se encoge de hombros y da un sorbo a lo que parece sangre—. Es buena chica y su hermana, la morena que está a su lado, también lo es. Las dos son de las Luces y no veo por qué no pueden caerme bien por estar en el bando contrario ¿no?
¡Vaya! Sorprendentemente, la chica no es solo mona sino que también me gusta cómo piensa. Pienso exactamente lo mismo y me alegra no ser la única. Diana resulta ser muy agradable y divertida a medida que la voy conociendo. Sus amigas se van ya y yo espero que ella no decida marcharse con ellas. La miro con una sonrisilla de cachorrito y la pelirroja manda a sus compañeras a casa para quedarse conmigo. "¡Sí!", exclamo interiormente mientras le sonrío como una persona completamente normal que no está haciendo ninguna clase de bailecito de victoria mentalmente. Ella se ríe al ver mi cara y le pide otro vaso de sangre de Hada a Trick. La miro un poco extrañada.
—Son las únicas Faes que se suelen prestar a donarnos sangre —se encoge de hombros con toda naturalidad—. Y está rica.
—Si tú lo dices… —me río—. Prefiero seguir con mi zumo de moco de Troll subterráneo.
Diana pone cara de asco y, entonces, me echo a reír más fuerte. Le digo, con toda la seriedad que puedo, que solo estoy bebiendo un zumo normal de lágrimas de unicornio y ella me mira más extrañada aún. Cuando ve que vuelvo a reírme, me da un suave empujón en el hombro y coge mi vaso para beber un poco.
—Es mora —dice casi con decepción.
—¿Qué esperabas? No soy una rarita que bebe sangre de Hada —le saco la lengua de broma.
—¡Ah! ¿Soy una rarita? —Diana se hace la ofendida—. Pues tú me dirás, Fae con todos los poderes, que nos puede destruir a todos y sin bando.
—Sí, pero me gusta lo raro. Y yo no soy rara, soy de lo más normal.
—Así que te gusta lo raro… Es bueno saberlo. Así sé que no me equivoco.
—¿Equivocarte? ¿Con qué?
—Al hacer esto…
La pelirroja se inclina hacia delante y me besa lentamente. Su boca aún sabe a sangre, pero no me molesta. Continúo con el beso unos segundos hasta que alguien pasa por nuestro lado y le da a ella en el hombro accidentalmente. Diana se gira para recibir las disculpas del extraño y le sonríe para hacerle ver que no pasa nada. Es muy simpática para ser una Vampira de las Sombras. Cuando vuelve a mirarme, me guiña un ojo y toma un sorbo de su vaso. La imito tras aclararme la garganta y miro hacia el suelo para que no se dé cuenta de que me ha dejado con ganas de más. Sí, quiero que vuelva a besarme y no, yo no voy a hacerlo ni a pedírselo. Sin darme cuenta, sigo usando las mismas reglas que tenía con las hermanas y Alex.
—Supongo que soy afortunada a pesar de no tener padres —Diana actúa con normalidad y sigue contándome sobre su vida—. Al principio que era el apocalipsis no tenerlos, pero luego crecí y me di cuenta de que no pasaba nada.
Es huérfana desde que nació porque mataron a sus padres por ser de bandos diferentes. Quizás por eso no le gusta que se la juzgue por tener amigas de otros bandos. A pesar de eso, no está traumatizada ni mucho menos. Al revés, ha conseguido bastantes cosas de las que se proponía y está a punto de alcanzar su meta principal: terminar la carrera. Eso es, va a la misma universidad que yo, pero está en la otra punta del campus, en la facultad de los científicos más concretamente. Actualmente, tiene un "trabajo" en los laboratorios de Evony. Intenta descubrir algo para que los Faes no involucionemos tras pasar por el "Amanecer". Y digo "trabajo" porque aún la tienen en prácticas, hasta que no acabe la carrera no le pagarán oficialmente. Sinceramente, creo que está haciendo algo bastante importante para el mundo Fae, así que puede que vaya a hacerle una visita a la Morrigan para que le pague.
—Me parece impresionante que intentes acabar con los Underfaes —asiento.
—En sí no es acabar con ellos sino que los futuros Faes no tenga que convertirse en seres más primitivos —me explica—. Solo evolucionar. Si pudiera, acabaría con la estupidez también, pero ya sabes lo que dicen…stultorum infinitus est numerus.
—El número de necios es infinito —sonrío—. También sabes latín.
—¡Qué va! Solo sé eso y porque me llamo la atención al leerlo en un libro —ella ríe conmigo.
—Algo es algo.
—Lena, siento molestaros, pero voy a cerrar ya —Trick se inclina sobre la barra—. Aún tengo que limpiar y son casi las cinco.
—¿Las cinco? —me sorprendo—. No pensaba que era tan tarde.
—Mejor nos vamos, que se nos va a hacer de día y el sol pica —Diana se levanta—. Gracias por la sangre, la charla y la compañía.
—Dámelas luego. Te acompaño a tu ataúd.
—En realidad vivo en un piso de estudiantes con una amiga —ella se lleva la mano a la cabeza adorablemente—. Y duermo en una cama.
—No me hables de camas —digo bromeando—. Anda, vamos, que es tarde.
Caminamos bastante rato en silencio. Yo solo espero que ella diga algo o que siga contándome sobre su interesante vida, pero parece que está pensando. Finalmente, se detiene delante de un bloque de pisos para sacar las llaves y, antes de abrir la puerta, me mira haciendo una mueca, como los detectives cuando intentan recrear el escenario del crimen.
—Reconócelo, tú me has acompañado porque querías otro beso —eleva una ceja con algo de malicia.
—Me has pillado —levanto las manos en señal de rendición—. Solo he venido por eso, nada más.
—Pues me parece que tendré que besarte por hacer que me lo pase tan bien esta noche.
Pensaba que Diana iba a volver a besarme justo como la primera vez en el Dal, pero me da un rápido beso en la mejilla y me sonríe como despedida antes de entrar. Me quedo en la puerta unos segundos asimilándolo todo. Sí, me acabo de dar cuenta de que, al principio de la noche, pensaba que iba a salir con Victoria y podríamos arreglar las cosas y he acabado con la mejilla llena de pintalabios rojo…o sangre, no estoy muy segura.
Camino distraída de vuelta a casa mientras me limpio la cara. Al final, resulta que sí es sangre. Supongo que es el pintalabios natural de Diana. Sonrío al pensar en eso y observo cómo la noche se va aclarando para dejar paso al sol. Sí que es tarde…temprano… Estoy demasiado confusa como para pensar en eso ahora. Así que, llego a casa por inercia con la mente casi en blanco.
—¡Lena! ¡Por Odín! —Tamsin se levanta a toda prisa del sofá y viene a abrazarme—. ¿Dónde estabas? ¿Pensaba que mi hermana te había matado de verdad?
¡Ostras! ¡Tamsin! Me había olvidado de que se había quedado a esperarme en casa. ¿Y ahora que le digo? ¿Le miento? ¿Le digo la verdad?
¡Tomad giro dramático! Es broma. Tened en cuenta que he escrito lo más rápido que he podido. Venga, eso tiene que sumar puntos positivos. ¿Qué pensáis? Disfrutad del resto del sábado.
