Bueeeeeeeeeeeeeeeeno… Aquí el primer capítulo del final, o, como algunos pedían, el primero de los dos capítulos del epílogo. O, más aún, la explicación que me estábais pidiendo: qué ha pasado, por qué Harry primero estaba muerto y después no, por qué Hermione ha roto la varita de Voldemort, qué demonios está pasando aquí. Gracias a todos por la avalancha de reviews que he recibido en los últimos dos capítulos, en serio, me habéis animao la semana, y me estaba haciendo muchísima falta...
Castortroi: pues eso es precisamente lo que ahora voy a explicar, pero creo que ya te habrás dado cuenta de que el horcrux, en realidad, no era Harry.
Celina: sí, quedan otros dos, éste y el último de todos que es el 37. No hay historia que se precie sin un epílogo... al menos, eso es lo que yo opino.
Eli: idem, aquí tienes la continuación que querías, aunque ya prontito se va a acabar el fic... todo tiene un final, qué le vamos a hacer...
Expelliarmus: tu review ha conseguido sacarme los colores... Muchísimas gracias, de verdad, este tipo de críticas es el que te hace desear seguir escribiendo mucho mucho mucho tiempo.
Vanesa Li Potter: muchas gracias a ti también, espero que el final no te decepcione...
Pedro: la verdad es que con los dos fics que aún tengo en proceso tengo bastante... verás, estoy escribiendo una novela y no sé si tendré tiempo de escribir más fics. Pero si decido hacerlo tendrá que ser una continuación de la historia de Zoe, me temo que la sombra de la serpiente no puede tener continuación...
Dafne: ;D, totalmente de acuerdo contigo, claro que no se puede dejar así el fic, y claro que no todos los héroes trágicos tienen que morir... Harry ya ha demostrado lo que yo quería que demostrase. Y Hermione es capaz de resucitar a quien se le antoje jajajaja.
Sango0223: pos claro que continúo, hasta que se acabe de verdad.. jejeje
- CAPÍTULO 36 -
La sombra de la serpiente
- Harry - dijo una voz temblorosa detrás de él. Se volvió para ver a Hermione yendo hacia él, tambaleándose. Sonrió, cansado, y se quedó de piedra al ver que Hermione se echaba a llorar y se lanzaba contra él, sollozando. Tuvo que sostenerla para que no cayera, y, aún así, acabó hincando la rodilla en tierra bajo el peso muerto de Hermione, que le echó los brazos al cuello y enterró el rostro empapado en lágrimas en su pecho.
- Hermione, ¿qué...? - murmuró, atónito. Ron se arrodilló junto a ella y les rodeó a ambos con sus brazos, y, para sorpresa y desconcierto de Harry, se echó a llorar también.
- Era la varita - sollozó Hermione, levantando el rostro surcado de lágrimas y mirándolo con una expresión que mezclaba, incongruentemente, la alegría y el enojo -. Era la varita... No eras tú, ¿me oyes?... No eras tú... Idiota.
Harry parpadeó, anonadado, sin entender absolutamente nada.
- No eras tú - repitió ella tironeando de su túnica con tanta fuerza que Harry temió que la tela se rasgase.
- Va-vale - dijo él, desconcertado -. No era yo, ya lo he entendido. Bueno, en realidad no entiendo nada, pero...
- ¡No vuelvas a hacerme esto! - aulló Hermione, histérica. Harry sacudió la cabeza.
- Estás empezando a asustarme, ¿sabes? - dijo, esbozando una sonrisa intranquila -. ¿Qué es lo que no quieres que vuelva a hacer, matar a Voldemort?
- Harry - dijo Ron, muy serio, enjugándose las lágrimas con la manga -. No te me vuelvas a morir, ¿has oído?
- S-sí... - respondió Harry, temiendo que sus dos amigos se hubieran vuelto locos por alguna razón que se le escapaba. Dio una palmadita torpe en la espalda de Hermione, que lloraba incontroladamente sobre su túnica, y levantó el rostro para abrazarla.
Entonces estuvo a punto de gritar él también.
A un metro escaso de distancia de donde estaban los tres, junto al cadáver de Tom Ryddle, estaban Ron y Hermione. Otros dos Ron y Hermione distintos de los que él abrazaba en ese momento. Ambos observaban la escena con cara de estupor, vacilantes, sin saber muy bien, a juzgar por su expresión, cómo reaccionar.
- ¿Q-qué...? - farfulló, quedándose rígido y temiendo ser él quien se estuviera volviendo loco. Ron desvió la mirada al ver su cara, y se topó con la mirada de su otro yo.
- Hermione, tenemos que... - dijo, aferrando la manga de la Hermione que lloraba en brazos de Harry -. Oye, ¿cómo hacemos para...?
- ¿Qué? Oh, sí - dijo ella con voz débil, apartándose unos centímetros de Harry pero sin soltarle la túnica, como si temiera que Harry pudiera desaparecer si le daba la espalda. Se dirigió a la Hermione del pasado, que la observaba desconcertada -. Escucha, tenéis que ir al Ministerio de Magia ahora mismo - le dijo -. No hay tiempo para explicaciones: vais, le pedís a Croaker un giratiempo, volvéis aquí y retrocedéis una hora. Sólo una hora, ¿de acuerdo?
- ¿Nada más? - se respondió a sí misma desde el pasado -. ¿No hay nada más que debas explicarme? ¿Como, por ejemplo, por qué has roto la varita de Voldemort?
- Limítate a romperla - dijo Hermione, aferrándose aún más a Harry.
- Hermione, tienes que explicárselo - intervino Ron, el Ron del presente, observándose a sí mismo con curiosidad -. Ya es bastante malo que hayamos cambiado el pasado, no vayamos a cambiar el presente también. Tienes que asegurarte de que lo hagan. Y de que lo entiendan, porque si no es posible que nosotros dejemos de entenderlo también, y...
- ¡De acuerdo, de acuerdo! - exclamó Hermione, accediendo a regañadientes a soltar la túnica de Harry, que miraba alternativamente a los cuatro sin comprender absolutamente nada.
- ¿Por qué habéis cogido un giratiempo? - preguntó -. ¿Y por qué habéis cambiado el pasado?
- Muy bien - respondió Hermione, impaciente -. Escuchad, vosotros dos: es necesario que vayáis al Ministerio a coger un giratiempo porque si no lo hacéis nosotros no habremos podido volver y no habremos conseguido salvar a Harry, ¿entendido? Y ya se me ha muerto delante una vez, no quiero que...
- Espera, espera - dijo Harry, aturdido -. ¿Qué demonios estás di...? ¿En realidad ha vencido Voldemort, quiero decir, antes de que...?
- No - contestó ella rotundamente -. No, lo has matado, pero luego resulta que te has dado cuenta de que faltaba un Horcrux por destruir, y has pensado que ese Horcrux eras tú.
- ¿Y-yo? - casi gritó Harry, atónito -. ¿Pero qué...?
- ¡Luego te lo explico! - exclamó ella, y se volvió hacia el Ron y la Hermione del pasado -. El caso es que Harry se ha suicidado, algo muy noble, desde luego, pero, después de pensarlo bien, me he dado cuenta de que el Horcrux no era Harry en realidad, sino la varita de Voldemort. Así que...
- ¿La varita...?
- ¡Calla! - gritó Hermione hacia Harry -. Así que hemos ido al Ministerio, hemos amenazado al guardia de seguridad, nos hemos colado en el Departamento de Misterios, hemos pedido un giratiempo a Croaker, hemos vuelto, hemos retrocedido una hora y hemos roto la varita de Voldemort, antes, y esto es muy importante, antes de que Harry le matase. Y eso es lo que tenéis que hacer vosotros. Así que andando.
- ¿De verdad soy tan mandona? - preguntó la Hermione del pasado al Ron que permanecía a su lado con expresión indefinible.
- Sí - contestaron a la vez los dos Ron y Harry. Hermione se echó a reír.
- De acuerdo - dijo, cogiendo a Ron de la mano y arrastrándolo hacia la puera -. Adiós, chicos - añadió, y se Desapareció, haciendo Desaparecerse también a Ron.
Harry apartó la mirada del lugar donde los dos se habían desvanecido, y la clavó en Hermione.
- Quiero una explicación - exigió, y volvió a sonreír cuando Hermione se le abrazó otra vez y se negó a soltarlo.
La luz de la luna entraba, plateada, mágica, por las ventanas abiertas de la habitación, que habían dejado al descubierto tras descorrer los amplios cortinajes. El satélite en cuarto creciente parecía una enorme sonrisa torcida en el cielo nocturno. Y Harry, Ron y Hermione permanecían allí, sentados en el suelo, junto al cadaver de Voldemort, esperando...
- No sé si es seguro que nos quedemos aquí mucho tiempo - había dicho Hermione un rato antes, indecisa -. Todavía hay muchos mortífagos por ahí sueltos... Pero tenemos que esperar a que venga la Orden. No creo que tarden mucho en enterarse de que les necesitamos.
Y se habían quedado allí, sentados, observando cómo el cielo pasaba del violeta al negro tinta hasta que finalmente salió la luna, como una gran boca sonriente sin un rostro detrás.
- Lo que todavía no acabo de entender - dijo Ron, rodeándose las rodillas con los brazos y apoyando la barbilla en ellos - es por qué se ha transformado... Me refiero a Quien-Vosotros-Sabéis, se ha transformado antes de que lo mataras, y...
- En realidad, no tengo ni idea - respondió Harry, mirando el cuerpo sin vida que yacía a menos de un metro de distancia -. Sabía que su aspecto fue cambiando conforme ampliaba sus conocimientos de magia tenebrosa, porque lo vi en el Pensadero. Dumbledore pensaba que, conforme iba dividiendo su alma, iba perdiendo humanidad, y eso se reflejaba en su aspecto físico. Pero nunca se me ocurrió que, cuando su alma dejase de estar separada en distintos recipientes, pudiera volver a tener ese aspecto.
- Pero seguía teniendo sólo una séptima parte de su alma...
- Ya, pero cuando Hermione partió la varita ya no quedó ningún pedazo fuera de su cuerpo - dijo Harry -. No sé si eso lo explica, pero es lo único que se me ocurre.
- Tenías razón, Harry - comentó Hermione con los ojos fijos en Voldemort -. Es hermoso. Demasiado, quizá. Pero ahora puedo entender perfectamente cómo logró hechizar a tanta gente...
- Más que hermoso, yo diría precisamente eso, que es hechizante - asintió Harry volviendo la mirada hacia el cuerpo de Voldemort -. Cuando estaba en el colegio era francamente impactante. No me extraña que Dumbledore fuera el único que no se fiase de él: el resto estaban... - buscó una palabra desesperadamente y acabó por sonreír -: Hechizados, eso es.
- Demasiado carisma - gruñó Ron, lanzando una mirada aviesa a Voldemort -. Nunca me ha gustado la gente que se cree superior porque es más guapa. Son todos unos idiotas.
- En este caso, me temo que Voldemort tenía razón - dijo Harry encogiéndose de hombros -. No sólo era el tío más guapo de Hogwarts: también era muy inteligente. Y no tenía escrúpulos, lo cual también ayuda.
- No sé - contestó Ron -. Pero, ahora que lo miro, Quien-Tú-Sabes me parece sólo un tipo algo creído, que decidió pasarse a todos por...
- Para verlo como un tipo normal, Ron - le interrumpió Hermione con un guiño travieso -, sigues teniendo miedo de pronunciar su nombre...
- ¿Miedo, yo? - se encrespó Ron. Harry soltó una carcajada.
- Está muerto, ¿sabes? - dijo -. Puedes decirlo sin miedo.
- ¡Yo no tengo...!
- A ver, repite conmigo - se burló Hermione -: Lord Vol-de-mort. No es tan difícil.
Ron soltó un improperio y frunció el ceño, pero no dijo nada.
En ese momento oyeron pasos apresurados en la escalera, y un instante después la puerta se abrió con violencia, dejando pasar a varias figuras que entraron corriendo, con las varitas en alto. La primera de ellas se detuvo abruptamente al verlos, y la segunda chocó contra su espalda y soltó un gemido.
- Hola, Remus - dijo Harry serenamente, y se levantó del suelo. A su lado, Ron y Hermione hicieron lo mismo, sacudiéndose las túnicas.
- ¡Harry! - exclamó Lupin, asombrado, mientras Tonks daba un rodeo para colocarse a su lado y ver lo que había en la habitación. Detrás de ellos aparecieron Kingsley Shacklebolt y la profesora McGonagall, ésta última con una cara de susto que Harry no le había visto jamás.
- Qué ha pasado? - preguntó McGonagall, y corrió hacia donde estaban ellos tres -. Tonks asegura que un mago del Departamento de Misterios ha dicho que Harry Potter estaba... estaba muerto... ¿Estáis todos bien? ¿Harry?
- Sí, profesora - respondió Harry, sumiso. McGonagall paseó la mirada por toda la habitación, se detuvo un instante ante el cuerpo destrozado de Nagini y dio un respingo al ver a Voldemort.
- Tom Ryddle - susurró, anonadada, y por un instante pareció flaquear hasta el punto que tuvo que apoyarse en Shacklebolt, que había acudido a su lado seguido por Lupin y Tonks. En ese momento alguien más entró sigilosamente por la puerta.
Harry lanzó una mirada de soslayo hacia Hermione e hizo un gesto en dirección a la entrada. Ella miró, parpadeó rápidamente y se llevó subrepticiamente el dedo índice a los labios. Detras de Lupin y Tonks, otra Hermione hizo señas al Ron que acababa de entrar con ella por la puerta para que se metiera en el hueco de una cadenita de oro, y ambos desaparecieron sin hacer ruido.
- Harry, ¿qué ha ocurrido? - preguntó Lupin con voz preocupada -. Tonks nos ha dicho que Ron y Hermione habían ido al Ministerio diciendo que estabas muerto, y ahora os encontramos aquí a los tres, vivos, y... - señaló el cadáver tendido en el suelo -. ¿Quién es?
- Voldemort - respondió Harry, y Lupin dio un respingo -. Pero antes de morir le ha dado tiempo para hacerse un cambio de imagen.
- Quiero que me expliquéis qué ha pasado aquí - dijo McGonagall con la voz temblorosa -. Harry, dijiste que venías a enfrentarte con la serpiente. ¿Cómo... por qué...?
Harry se encogió de hombros.
- A Lord Voldemort no le hizo ninguna gracia que me cargase a su mascota - contestó -. No sé si me estaba esperando o llegó cuando nosotros ya estábamos aquí, pero el caso es que apareció y no tuve más remedio que enfrentarme con él. No pasa nada - añadió rápidamente al ver que el rostro de McGonagall se volvía de un malsano color verdoso -: me costó un poco, pero conseguí...
- ¿Y entonces cómo es que Ron y Hermione han aparecido hace menos de una hora en el Ministerio, exigiendo un giratiempo para salvarte la vida? - intervino Tonks, cuya palidez contrastaba con su vívido pelo violeta -. Croaker me explicó que...
Hermione suspiró e hizo un gesto para acallar a Tonks. Después se dirigió a la profesora McGonagall.
- Harry ha conseguido matar a Voldemort, que es lo que importa - dijo simplemente -. Cómo lo haya hecho da igual. Esta vez ha acabado con él de verdad, o sea, que no puede volver, y eso es lo importante.
Lupin se adelantó un paso y posó una mano sobre el hombro de Harry, obligándolo a levantar los ojos. Se miraron fijamente durante unos segundos que se alargaron como horas. Al cabo de un minuto o así, los labios de Lupin comenzaron a temblar y él se inclinó hacia delante para abrazarlo con fuerza.
- Gracias, Harry - susurró, y Harry se dio cuenta, alarmado, de que Lupin también estaba a punto de perder el control. Se apartó de él, inquieto, y señaló el cuerpo de Voldemort.
- A lo mejor deberíamos sacar la basura antes de que lleguen los mortífagos a ver por qué su jefe no contesta las llamadas... - sugirió, implorando por dentro que Lupin no volviera a perder los nervios como la noche que murió Dumbledore; si había algo que siempre le había gustado de Lupin era precisamente la capacidad que tenía de controlarse aún en las situaciones más adversas.
Lupin asintió y se separó de él.
- Tienes razón - admitió -. Creo que lo mejor sería llevarlo al Ministerio. No es justo que la gente siga encerrada en casa, aterrorizada, pensando que Voldemort todavía está vivo. Cuanto antes haga pública la noticia el Ministerio, mejor. Además, seguro que algunos de los mortífagos más jóvenes se entregan al saber que su amo ha muerto.
- No apostaría por ello - respondió Tonks, inclinándose para observar el rostro sin vida de Voldemort con curiosidad -. Oye, cuando me describíais a este tipo me había hecho una idea muy distinta de su aspecto. ¡Yum! - añadió, torciendo la cabeza y guiñándole el ojo a Hermione -. ¿Has visto esto, chica?
Hermione sonrió ampliamente y estuvo a punto de soltar una carcajada cuando Ron empezó a refunfuñar.
- Tenías que haberlo visto hace un rato - gruñó Lupin, acercándose a una pared para descolgar una de las cortinas de un brusco tirón -. Entonces no te habría parecido tan bonito. En absoluto.
Y Hermione y Tonks no pudieron contener la risa cuando lo oyeron refunfuñar exactamente igual que Ron.
Eric, el mago de seguridad del Ministerio de Magia, los miró con incomprensión y asombro al verlos Aparecerse repentinamente en el Atrio desierto. A sus ojos, debían ser un grupo bastante curioso: una anciana de gesto adusto y mirada severa, una joven con el pelo de color violeta y sonrisa contagiosa, un hombre vestido con una túnica raída, otro hombre calvo, negro y con un pendiente de aro en una oreja que cargaba un bulto extraño de brocado rojo oscuro a la espalda, y tres adolescentes, dos chicos y una chica, que parecían cansados pero sonreían ampliamente. Todos ellos le resultaban familiares, pero en ese instante no fue capaz de reconocer a ninguno.
- ¿Qué dem...? - empezó, levantándose a toda prisa. Shacklebolt se adelantó con el bulto envuelto en la cortina y su habitual expresión de serenidad.
- Tenemos que ver al Ministro - dijo simplemente.
El mago de seguridad entrecerró los ojos e hizo una mueca.
- Ya - respondió -. Así que tienen que ver al Ministro. Claro. A estas horas. Mire - dijo, subiendo el tono y rodeando el escritorio para enfrentarse a él cara a cara -: ya he tenido bastante por hoy. Así que si quieren ver al Ministro vuelvan mañana con una cita concertada o...
- De acuerdo - dijo Shacklebolt, dejando caer el bulto que cargaba sobre el escritorio de Eric con un golpe sordo -. Entonces le dejo esto aquí, ¿vale? Encárguese de que el Ministro lo recibe cuanto antes.
El color huyó del rostro congestionado de Eric cuando vio que, de entre los pliegues de la cortina, asomaba una mano blanca, inerte. Retrocedió a toda prisa.
- Llévense eso - dijo con una mueca de repugnancia.
- Es para el Ministro - insistió Shacklebolt tranquilamente -. Bueno, pues nosotros nos vamos, ¿eh? Hasta otra.
- ¡Es-esperen! - gritó Eric al ver que Shacklebolt giraba sobre sus talones para marcharse junto a sus compañeros -. ¡No pueden...!
- ¿No podemos qué? - preguntó Shacklebolt, mirando a Eric con su habitual parsimonia. El mago de seguridad vaciló.
- Er... No sé si el Ministro estará en su despacho a estas horas - admitió a regañadientes -. Le avisaré de que...
- No es necesario - intervino Tonks adelantándose un paso para pasar por delante del mostrador de seguridad -. Ya conocemos el camino, muchas gracias.
Pasaron junto a Eric sin apenas dirigirle una mirada más, ignorando su expresión de desconcierto. Shacklebolt volvió a cargarse el bulto envuelto en la cortina al hombro, saludó al mago de seguridad con un gesto y siguió a los demás hasta el ascensor.
- Primera Planta, Alta Dirección Mágica, incluyendo el despacho del Ministro de Magia y de sus asesores directos.
Los siete recorrieron a buen paso el pasillo hasta la puerta con la placa en la que aparecía grabada la leyenda Ministro de Magia. McGonagall se adelantó y llamó quedamente, y abrió lentamente la puerta cuando una voz respondió bruscamente "¡Adelante!" desde el interior.
Harry entró en el despacho de Scrimgeour justo detrás de Lupin a tiempo para ver cómo Shacklebolt dejaba el fardo de brocado y terciopelo sobre la mesa de madera pulimentada. Scrimgeour, recuperado ya de la sorpresa de ver entrar en su despacho a la directora de Hogwarts, a dos de sus aurores, a un hombre lobo y a tres alumnos del colegio, los miró de hito en hito, con expresión inexcrutable. Después bajó la mirada hacia su mesa, donde yacía el cadáver que Shacklebolt acababa de destapar.
- ¿Quién es este desgraciado? - preguntó con indiferencia haciendo un gesto hacia el cuerpo.
Lupin se adelantó hasta el escritorio y sonrió plácidamente.
- Lord Voldemort - respondió.
- Está un poco cambiado, pero, tratándose de Quien-Usted-Sabe, es lo menos sorprendente que se puede llegar a ver - dijo Tonks animadamente. Scrimgeour paseó la mirada por la habitación, sin comprender. Finalmente su vista descansó de nuevo sobre el cadáver que yacía sobre su mesa.
- No me gustan las bromas pesadas - dijo bruscamente -. Y menos a estas horas de la noche. Si tenéis la bondad de sacar esto de mi desp...
- Rufus - intervino la profesora McGonagall de pronto -. Te aseguro que es verdad. Es El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Consulta tus archivos si quieres y busca una descripción de Tom Sorvolo Ryddle: verás cómo coincide.
- ¿Tom Sorvo...?
- Lord Voldemort - repitió Lupin, apoyando los nudillos sobre la superficie de la mesa -. Se ha acabado, señor Ministro. Sin un enemigo, no hay guerra. Enhorabuena.
Por el rostro de Scrimgeour pasaron expresiones de todo tipo en sólo unos segundos: fluctuó entre la incomprensión, la incredulidad, la sorpresa y, finalmente, sacudió la cabeza.
- No es posible - farfulló, incorporándose y apartando la silla a un lado -. ¿Cómo iba a cambiar de aspecto tan... radicalmente?
- Usted es el Ministro - respondió Tonks mirándose las uñas en un gesto de indiferencia -. ¿Acaso no cree en la magia?
- Pero...
- Rufus - insistió McGonagall -, te aseguro que es él. Está muerto.
- No puede ser - dijo Scrimgeour -. Pero... ¿Cómo...? ¿Quién?
Harry sorteó a Lupin y a Tonks para llegar hasta el escritorio del Ministro, y se detuvo frente a Scrimgeour. Sostuvo su mirada con una media sonrisa bailando en los labios.
- Hola - dijo simplemente. Scrimgeour abrió y cerró la boca varias veces sin emitir ningún sonido; después bajó la vista hasta el cadáver de Voldemort y volvió a clavar los ojos en Harry.
- Tú - dijo débilmente -. Pero... Entonces, sí que... sí que eras El Elegido... -. Vaciló, y se dejó caer en la silla, tembloroso -. El Elegido...
- Sí - contestó Harry con frialdad. Se inclinó sobre la mesa, ignorando el cuerpo que había encima, y miró a Scrimgeour con los ojos entrecerrados -. Ya he hecho lo que se esperaba de mí, señor Ministro - añadió -. Ahora ya pueden dejarme en paz.
Dio media vuelta, se alejó del escritorio y, sin una palabra de despedida, abrió la puerta y salió del despacho.
- De modo que Voldemort había dividido su alma en siete partes... Es increíble.
Harry sonrió en dirección a Lupin y tomó otro sorbo de cerveza de mantequilla. Tonks abrió otra botella y se sentó en la silla que estaba al lado de Lupin.
- Eso ya no importa, en realidad. Harry ha conseguido matarlo, ¿no?
- Sí - Lupin sonrió ampliamente -. Eres increíble, Harry. Ni en mis sueños más locos pensé que...
- Dumbledore sí tenía fe en ti - dijo McGonagall apartándose de la ventana de la cocina de Grimmauld Place y dirigiendo una mirada brillante en dirección a Harry. Se enderezó las gafas cuadradas y fue hacia la mesa -. Gracias, Harry - añadió, posando una mano arrugada y temblorosa sobre el antebrazo de Harry. Éste se revolvió en su asiento, incómodo.
- ¿Cómo lo has hecho? - preguntó Tonks con curiosidad -. Quiero decir... Quien-Tú-Sabes era el mago tenebroso más poderoso que se ha visto en el último siglo... No ha debido ser precisamente fácil, ¿no?
- No - respondió Harry -. No, no ha sido fácil. Aunque he tenido mucha ayuda - añadió, mirando hacia Ron y Hermione, que se sentaban a su lado.
No dijo nada más, y se llevó de nuevo la botella a los labios. Aún no era capaz de asimilar que todo había acabado, que finalmente era libre.
- Así que al final Dumbledore tenía razón, Harry - intervino Hermione -. Era amor, lo que le faltaba a Voldemort, y el poder que tú tenías, según la profecía...
- ¿Sabéis? - dijo Lupin, frunciendo levemente el ceño y apartando su botella de cerveza de mantequilla -. Aún no puedo creerlo. De modo que sí había una profecía, y Dumbledore conocía su contenido desde el principio... ¿Por qué no nos lo contó? Lo único que hizo fue ordenarnos que vigilásemos que Voldemort no pudiera entrar en la Sala de las Profecías, pero no nos explicó por qué...
- A lo mejor no confiaba en nosotros - sugirió Tonks encogiéndose de hombros -. En todos nosotros, al menos. Y qué bien, porque al final Snape resultó ser un auténtico gusano.
Harry soltó un bufido.
- Ni de coña - respondió -. Snape sabía el contenido de la profecía desde el principio, y Dumbledore sabía que lo sabía. No, no creo que fuera por eso.
De hecho, lo más lógico, pensaba Harry, era creer que si Dumbledore no había contado a la Orden lo de la profecía era porque pensaba que eso sólo concernía a Harry. Al fin y al cabo, era sú profecía, ¿no, la que trazaba con tanta claridad el destino que iba a tener su vida... como así había sucedido.
- Pero Trelawney acertó - continuó Hermione -. Ha sido el amor el que te ha hecho vencer.
Harry frunció el ceño.
- No - dijo al fin -. No ha sido el amor que yo sí siento y Voldemort no podía sentir. Eso sólo ha servido para que yo me haya suicidado de mala manera. En realidad, lo que ha vencido a Voldemort habéis sido vosotros.
Y clavó los ojos brillantes en Ron y Hermione, que se sonrojaron de placer.
- Pero es que es eso, Harry, ¿no lo ves? - preguntó Lupin con una amplia sonrisa -. Has vencido a Voldemort porque Ron y Hermione te quieren. Por eso han hecho todo lo que han hecho por ti. Algo que ninguno de sus seguidores habría hecho por él... al menos, no por amor. Quizá sí por miedo, o por ambición, pero no por amor. Así que ha sido el amor lo que le ha matado.
Harry no dijo nada, y se quedó mirando su botella, pensativo. ¿Sería verdad? ¿Acaso cuando la profecía hacía referencia a "un poder que el Señor Tenebroso no conoce" se refería al cariño y la lealtad de Ron y Hermione? Sintió que su cabeza daba vueltas. Entonces, quizá la profecía no sólo le incumbía a él... también era cosa de ellos. Y lo habían descubierto demasiado tarde. Afortunadamente, no saber que la profecía afectaba también a su destino no había tenido consecuencias graves para ellos dos. ¿O esa profecía no se fijaba en nombres y apellidos, no hacía referencia a dos personas concretas? ¿Podría haber sido otro cualquiera, Ginny, Neville, Lupin, los Weasley...?
- Voldemort no habría sido capaz de entenderlo nunca - dijo al cabo de un rato, sin levantar la mirada -. Porque él no podía amar. Y, sinceramente, tengo mis dudas acerca de que haya sido algo que él mismo eligió.
- ¿A qué te refieres, Harry?
Harry miró a Lupin y frunció el ceño.
- Durante todo este tiempo he aprendido muchas cosas acerca de Lord Voldemort - contestó lentamente -. Él nunca amó a nada ni a nadie, cierto, pero no lo hizo desde que nació en ese orfanato, abandonado por su madre muerta y rechazado por su padre. No sé si yo, en esas circunstancias, habría sido capaz de amar.
Hubo un silencio prolongado, roto sólo por el ruido que hizo Ron al posar sobre la mesa su botellín de cerveza de mantequilla.
- Harry - dijo Lupin en voz baja -, Harry, ¿estás defendiendo a Voldemort?
Él suspiró profundamente y bebió un trago, más por darse tiempo para aclarar sus pensamientos que porque realmente tuviera sed.
- No lo sé - confesó -. Siempre he pensado que, en este caso, todo era blanco o negro, no había término medio, ni matices: si no amabas, eras malvado, y punto.
- Voldemort era malvado, Harry...
- Sí, lo sé - asintió él -. Pero también es cierto que lo era por... bueno, por todo lo que le ocurrió desde su nacimiento, no sé.
- Él podría haber elegido otro camino - susurró Hermione -. Harry, Voldemort podría haber elegido hacer otra cosa con su vida, en lugar de dedicarla a conseguir más y más poder...
- Sí, claro que sí. Ya lo sé. Pero no sé si podría haber amado nunca.
- Tu infancia no fue precisamente agradable, Harry - insistió Lupin -. Tú también eres huérfano, y, aunque no tengo ni idea de cómo era el orfanato donde se crió Voldemort, la casa de los Dursley tampoco ha debido ser una fiesta. Y después has tenido que lidiar con él toda tu vida, te ha perseguido, te ha hecho daño...
- Ya lo sé - repitió Harry -. Ya sé que a mí... ya sé que yo... - se detuvo, turbado, y sacudió la cabeza -. Lo que quiero decir es que Voldemort no conoció nunca lo que era el amor, por eso nunca supo cómo... practicarlo - sonrió -. Yo, por lo menos, tuve a mis padres un año... Ellos me querían. Me querían tanto que dieron su vida por mí. Y eso tiene que haberme marcado de alguna manera, ¿no? Enseñarme a amar, o algo así...
Calló, azorado, sin saber muy bien por qué estaba discutiendo acerca de algo tan absurdo como eso. ¿Qué importaba, al fin y al cabo? Voldemort ya estaba muerto. Fin de la historia.
- ¿Sabes? Creo que, en cierto modo, puedes tener razón - dijo Tonks, pensativa -. Debe ser muy difícil amar sin que nadie te haya enseñado a hacerlo. En ese caso, odiar es la opción más lógica.
- ¿Me estás diciendo que Voldemort era como era porque nadie le había dicho algo bonito en su vida? - exclamó Lupin, mirando a Tonks, incrédulo.
- No, no te estoy diciendo eso - respondió ella -. Lo que digo es que Quien-Tú-Sabes no sabía lo que es el amor, por lo que no tuvo que darle la espalda. Creo que es peor alguien que haya amado y se haya decidido por el odio.
- Como Snape - asintió Harry -. Slughorn me dijo que... que había estado enamorado de una mujer -. Se guardó el nombre para sí -. Y que cuando ella le rechazó se hizo como es... como era hasta que murió.
Para su sorpresa, el rostro de Lupin adquirió un tinte melancólico y sombrío que no le había visto antes. Suspiró.
- Así es - admitió, apoyando el codo en la mesa y la barbilla en la palma de la mano -. Snape estaba loco por Lily. Creo que nunca llegó a superar que ella prefiriera a James.
Harry clavó los ojos en Lupin, que bajó la mirada, turbado.
- Nunca me habías...
- Pues yo pienso como Harry - interrumpió Tonks -. En ese sentido, Snape era peor que Quien-Vosotros-Sabéis. Snape sí sabía lo que era el amor. Y eligió el odio.
- Oh - dijo Hermione, abriendo mucho los ojos -. Entonces... Entonces, en cierto modo, el amor también venció a Voldemort en este caso... Snape sí lo conocía, y fue capaz de superarle.
- ¿Superarle? - preguntó Lupin, desconcertado -. ¿Superar a quién?
Harry se encogió de hombros.
- Snape traicionó a Voldemort desde el principio - explicó -. Sólo buscaba convertirse en el amo. Descubrió lo de uno de los Horcruxes y convenció a Regulus para que robase; escuchó la profecía y envió a Voldemort a mi casa, con la intención de que muriese. Se alió con Dumbledore para tener poder sobre Voldemort, y estuvo haciendo su doble juego para obtener toda la información posible y propiciar la caída de Voldemort. Durante el tiempo que estuvo en Hogwarts me ayudó - escupió, rabioso -. Me ayudó sin que yo lo supiera, porque habría sospechado, teniendo en cuenta lo mucho que me odiaba. Pero me ayudó. Me protegió de Quirrell, y me enseñó Oclumancia, con lo que se aseguró de dejar a Voldemort en desventaja, porque yo podía contrarrestar su poder favorito, pero él no conocía el mío, como decía la profecía. Y todo porque Snape sí sabía el contenido de la profecía, y no se lo contó a Voldemort... Sabía que, si alguien podía auparle hasta el máximo poder, ese era yo.
- Snape era el mejor Oclumens que he conocido - dijo Lupin, meditabundo -. Si había alguien capaz de engañar a Voldemort, ese era él. Pero... ¿Estás seguro de todo eso?
Harry asintió brevemente.
- El mismo Voldemort tuvo que reconocer que era cierto, y él conocía a Snape bastante bien... Mejor, desde luego, que cualquiera.
- Voldemort se dejó engañar - intervino Hermione -. No creo que fuera capaz de imaginar que alguien, y mucho menos Snape, pudiera traicionarlo. Confiaba demasiado en el poder que tenía sobre sus seguidores.
La profesora McGonagall, que no había abierto la boca desde hacía un buen rato, levantó la cabeza con expresión indescifrable.
- Entonces, Snape era, en realidad...
Harry sonrió.
- Por lo que a mí respecta, un auténtico herpes inguinal. Por lo menos, Voldemort iba de cara, pero él... Jugando a estar a la sombra de la serpiente, cuando en realidad quería ocupar su lugar, jugando a ser la sombra de Dumbledore, jugando a ser el seguidor más leal de los dos bandos cuando para él sólo existía uno: el suyo propio. Está mejor muerto, desde luego.
Lupin lo observó con una mirada intensa, como si apenas pudiera creer que Harry dijera una frase como aquella. Harry sostuvo su mirada sin parpadear.
- Y Voldemort también, por supuesto - añadió, por si acaso quedaba alguna duda después de lo que había dicho antes.
- Ironías de la vida - dijo Tonks en tono casual, abriendo otra botella de cerveza de mantequilla -. Snape fue capaz de engañar a Dumbledore, a Quien-Vosotros-Sabéis y a todos nosotros, y, sin embargo, al final lo mató una rata cobarde como Colagusano.
- Ajá - asintió Harry, y vació su botellín de un sorbo -. Pero incluso Dumbledore me dijo una vez que algún día me alegraría de haberle salvado la vida a Peter Pettigrew. Si lo supiera, no creo que le extrañase tanto.
McGonagall soltó un suspiro tembloroso y se levantó de la mesa para ir hacia los fogones. Sacó la varita y de un golpecito encendió el fuego debajo de la tetera.
Cuando el agua comenzó a hervir la puerta de la cocina se abrió de golpe y un bulto lloroso y acongojado entró como un ciclón y se lanzó sobre un descuidado y distraído Ron.
- ¡Os podían haber matado! ¡Cómo se os ha ocurrido... cómo habéis podido...! En qué estabais pensando!
- Mamá... Mamá, por favor... - dijo Ron, medio asfixiado bajo el abrazo de la señora Weasley -. Contrólate...
El señor Weasley entró más despacio en la cocina de Grimmauld Place, con los ojos desorbitados, asustados, y sólo pareció tranquilizarse cuando adivinó, más que ver, el bulto de Ron entre los brazos de su mujer. Sonrió y se dejó caer en una silla junto a Harry, con aspecto cansado.
- Harry - dijo, mirándolo solemnemente. Alargó la mano y se la estrechó -. Harry... Ya no sólo salvas la vida a los miembros de mi familia, sino que has conseguido salvar a toda la comunidad mágica. No tengo palabras para...
Harry hizo un gesto evasivo, azorado, y notó cómo toda la sangre se le subía al rostro. Bajó la cabeza.
- ¡Harry! - gritó la señora Weasley abalanzándose sobre él, cuando Ron consiguió desembarazarse de ella -. ¡Harry, oh, Harry, cómo te has atrevido a...! ¡Enfrentarte a solas con... con... con él!
Y, para embarazo de Harry, la señora Weasley se echó a llorar en su hombro, abrazándolo con tanta fuerza que le cortó la respiración. Harry tragó saliva, ruborizado.
- Es lo que tenía que hacer, Molly - dijo Lupin amablemente, inclinándose sobre la mesa y dando una palmadita en el hombro de la señora Weasley, que, para alivio de Harry, se apartó un poco de él y se sentó sobre la silla que su marido le ofrecía, sin dejar de sollozar.
- Hagrid está en camino - dijo el señor Weasley, en respuesta a una mirada interrogante de la profesora McGonagall -. Les he enviado una lechuza a Olympe y a él: desde que Beauxbatons se salió de la Red Flú no hay forma de enviarles mensajes largos por otros medios. Imagino que utilizarán esa vieja moto de Hagrid para llegar cuanto antes: ya sabes que él no puede montar en escoba, y la moto es más rápida que el carruaje de Olympe.
- De modo que Hagrid todavía guarda la moto de Sirius... - musitó Harry con una sonrisa, preguntándose cómo no lo había pensado antes, y cómo había sido capaz de olvidar un artefacto que había poblado sus sueños durante sus primeros años de vida. Por supuesto que la tenía Hagrid: él mismo dijo años atrás que Sirius se la había cedido la noche que murieron James y Lily. Recordaba haber oído a Hagrid decir que, después de llevar a Harry a Privet Drive en la moto, Sirius le había dicho que ya no la necesitaba... justo antes de ir a buscar a Colagusano y acabar en Azkaban.
- Harry - dijo Lupin, y la seriedad que leyó en sus ojos le asustó un segundo, hasta que comprendió lo que Lupin quería decirle -. Estoy seguro de que, si quieres, Hagrid te devolverá la moto. Al fin y al cabo, tú eres el heredero de Sirius... Pero Hagrid la ha mantenido oculta todos estos años porque...
- Me da igual - contestó Harry -. A mí no me hace falta, y sé que a Hagrid le viene muy bien para viajar. Aunque no me importaría volver a verla -. Sonrió, nostálgico -. Igual le doy una vuelta a mi tío Vernon para demostrarle que las motos sí pueden volar -. Y soltó una risita, imaginando el rostro congestionado de Vernon Dursley a varios kilómetros de altura.
La profesora McGonagall puso una taza de té delante de la señora Weasley, se sirvió otra y se sentó a la mesa, dirigiendo una mirada preñada de gravedad en dirección a Harry.
- Escucha, Harry. Escuchad los tres - dijo, paseando la mirada por Ron y Hermione y dejándola descansar en Harry -. Ya sé que habéis terminado los exámenes, y que sólo le pedí a Harry que volviera a Hogwarts para protegerlo, algo que, evidentemente, ahora ya no es necesario. Al menos, no de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, aunque quizá sí de los mortífagos que aún quedan sueltos. De cualquier forma, entenderé que no queráis volver al colegio, ahora que él ha muerto y que ya habéis terminado los estudios. Pero me gustaría - dijo, y en sus severos ojos Harry pudo ver un brillo cálido y suave que jamás había visto -. Me gustaría mucho que decidiérais venir, y acabar el curso, y esperar las calificaciones de los ÉXTASIS allí.
Hermione y Ron se quedaron boquiabiertos al ver a la profesora McGonagall demostrando una emoción que apenas eran capaces de imaginar que sintiera; Harry, por el contrario, no pudo contener una amplia sonrisa. Dirigió una mirada de soslayo a los señores Weasley.
- De hecho, todavía tengo un asunto pendiente en Hogwarts.
No se sorprendió cuando sintió que su propio corazón se aceleraba al decirlo.
