Glee y sus personajes no me pertenecen.


Chapter 36

Al parecer Russell Fabray pasaba por debajo del radar de la ley y por eso Sam no encontró algo que pudiera perjudicarlo. Pero Matt no era policía, él trabajaba por su cuenta y tenía sus propios contactos para conseguir lo que quería saber sobre quién fuera. El señor Fabray al parecer tenía sus pequeños negocios sucios, aparte de sus "supermercados", junto con su socio. Un hombre, el cual Matt no pudo averiguar su nombre, le daba una parte de un cargamento de drogas a Russell y éste era el encargado de distribuirla entre sus trabajadores. Pero Russell no era tan jefe como se creía ya que el hombre tenía que entregar cierto porcentaje de sus ventas a final de mes y sí era verdad que llevaba varios meses atrasados.

La siguiente semana pasó lentamente para todos, toda la información que daba Matt junto con Sam y altos rangos de la policía de New York, debido a que el hombre se estaba hospedando en la ciudad, estaban trabajando en el caso de Russell. La seguridad para las chicas y sus amigos aumentó debido al peligro que podrían correr debido a la gente con la que estaba relacionado Fabray, y querían evitar que se volviera a repetir lo ocurrido con Rachel, pero está vez con cualquiera de ellos. Pasaron días y noches recolectando las pruebas suficientes para tener un caso sólido y así irse sobre el hombre sin inconveniente alguno. Las llamadas y los mensajes fueron más seguidas debido a que Quinn no quería seguir contestándole, sabía que no hacerlo era tomar un camino peligroso y eso sólo lo haría enfadar pero ya estaba cansada. Lograron obtener algunas de las grabaciones de los mensajes de voz que cada día se volvían más agresivos al igual que las amenazas, tenían las prueba del chantaje y la extorsión, y también del ataque a la morena, que el mismo hombre se encargó de aceptar que era un pequeño aviso de su parte, por ese lado ya tenían todo cubierto. Pero en todo siempre hay un pequeño detalle, resultó que a Russell Fabray le gustaba jugar a las escondidas y sólo faltaba ese pequeño instante en el que el hombre hiciera acto de presencia para terminar con todo de una vez.

Be.- ¡No, no! ¡Déjame! - Corrió por toda la sala seguida de una morena.

R.- Ahora que ya estoy mejor no quieres jugar conmigo - Se detuvo a un lado del comedor viendo a Beth al otro lado.

Be.- ¡Tú no quieres jugar conmigo! Sólo quieres hacerme daño - La señaló acusadoramente y rodeó el comedor al ver a la morena acercarse - ¡Le diré a mamá! - Corrió hasta la sala y se colocó detrás del sillón. Rachel rió y rápidamente la siguió.

R.- ¡Ven aquí! - Beth negó y comenzó a correr rumbo al pasillo pero Rachel la siguió y fue un poco más rápida agarrándola por la camisa - Te tengo - La cargó en sus brazos.

Be.- ¡No, no! - Comenzó a patalear entre risas.

Rachel volvió a la sala y tiró a Beth al sofá para iniciar unas cosquillas. La pequeña se retorcía entre las manos de la morena que no hacía más que reír. Ella se lo había buscado, se suponía que estaban tomando una siesta pero Beth había despertado primero y lo único que se le ocurrió para pasar el rato fue molestar a una dormida Rachel hasta despertarla. La morena detuvo sus cosquillas al ver el rostro de la pequeña teñido de rojo, riendo se dejó caer en el sofá junto a ella y ambas empezaron a reír de la nada hasta que se calmaron. Beth se incorporó en el sofá y miró a su mamá.

Be.- ¿Cuando veremos otra vez a los abuelos? - Rachel sonrió al recordar a sus padres. Después del ataque, los hombres insistieron en viajar a la ciudad para asegurarse que su hija estaba bien pero la morena prácticamente les suplicó que no lo hicieran, ya tenía suficiente con las cosas por las que estaban pasando como para que ellos también se metieran. Los Berry sabían toda la situación y ofrecieron cualquier tipo de ayuda y siempre estaban al pendiente de su familia en New York.

R.- ¿Quieres verlos? - Beth asintió - Tal vez podríamos ir en Navidad, ¿no crees? - Aún faltaban un par meses para Navidad pero no era tan mala idea.

Be.- ¿Y pasar la navidad allá con ellos? - Preguntó emocionada y la morena asintió - Eso sería muy genial, sí, hay que hacerlo.

R.- Luego de comentamos a mamá para saber que piensa ella - Beth asintió entusiasmada.

Be.- ¿Pero los tíos y papá? - Frunció el ceño y la morena pareció pensarlo.

R.- Tal vez pueden ir con nosotros. Kurt también viaja en Navidad - Beth abrió los ojos emocionada y asintió. Al parecer le gustaba bastante la idea de pasar navidad junto a sus abuelas, sus padres y sus tíos, todos juntos.

Ambas se miraron en silencio un momento hasta que la morena lo rompió.

R.- ¿Qué quieres h...?

Be.- ¿Alguna vez has acampado? - Rachel frunció el ceño.

R.- ¿Acampar así de ir la montaña o algo y todo eso? - Beth asintió - No, nunca lo he hecho pero cuando era pequeña lo hacía en el jardín de mi casa.

Be.- Nosotros no tenemos jardín - Dijo desanimada. Rachel la miró un momento.

R.- Eso podemos solucionarlo - Beth la miró sin entender y la morena sonrió.

En poco minutos, la sala se vio llena de sabanas, almohadas y peluches. Los sillones quedaron a un lado y ayudó bastante la falta de una mesa de café. Rachel se las arregló para armar con unas sabanas y un par de sillas del comedor una rara tienda de campaña.

Be.- No funciona - Dijo entre risas cuando las sabanas le cayeron encima. La morena rió mientras las levantaba para verla.

R.- Si las mueves muchos no se mantendrán quietas - Acomodó nuevamente las sabanas - Trata de levantarlo con cuidado - Le dijo con respecto a una parte de la sabana que hacía de puerta de la tienda.

Be.- ¿Entrarás? - Levantó un poco la sabana para verla y la morena pareció dudarlo pero terminó aceptando y entró, lo que hacía por esa niña. Todo debajo de aquellas sabanas era almohadas, peluches, más sabanas y una de las lámparas de la sala alumbraba un poco - No tenemos fogata.

R.- Tal vez otro día - Dijo asintiendo, ella la complacía pero tampoco es que haría una fogata en la sala de su apartamento.

Be.- ¿Qué comeremos? - La miró esperando.

R.- La pizza que pedimos no tardara en llegar. Déjame buscar las galletas y chocolates que escondemos de tu mamá - Dijo saliendo de la tienda y minuto después volvió con varios paquetes.

Mientras esperaban la pizza, Beth convenció a su mamá de tocar la guitarra diciendo que eso era lo que se hacía cuando acampaban, o eso veía en las películas. Levantaron una parte de la sabana, la morena se sentó en la alfombra con su guitarra y cantaron un par de canciones hasta que la puerta del apartamento se abrió.

Quinn cerró la puerta tras ella y frunció el ceño al ver el desastre en la sala, pasó a un lado rumbo a la cocina y las vio sentadas en el piso frente a una especie de carpa hecha con sabanas.

Q.- ¿Qué están haciendo? - Dijo caminando a la mesada de la cocina con dos cajas en las manos. Beth se levantó a saludar a su mamá y le dejó un beso en la mejilla.

Be.- Estamos acampando - Le sonrió y la rubia volteó a ver a la morena - Mamá dijo que cuando era pequeña lo hacía en el jardín de su casa pero no tenemos jardín y… ¿esa es nuestra pizza? - Se acercó a la mesada y se subió a un taburete para abrir una de las cajas. Quinn frunció el ceño y miró a la morena que se levantó de un salto.

Q.- Un guardia estaba abajo peleando con el repartidor, no lo quería dejar entrar al edificio - Le explicó viendo a la morena acercarse a ella.

R.- ¿Y revisaron que no hubiera una bomba dentro? - Bromeó pasando sus brazos por la cintura de su novia.

Q.- Oh, si. Cuando llegamos Dave se aseguró que las pizzas estuviera en orden - Le siguió la broma y la morena sonrió. Le encantaban sacar el lado bueno de las cosas malas - Hola - Le sonrió.

R.- Hola, amor mío - Se acercó y unió sus labios en un beso. Quinn podría acostumbrarse a eso, luego de solucionar todo, llegar del trabajo y que la morena la recibiera junto con Beth, o ellas esperar a la morena luego de un largo día en el hotel y la academia. Y Rachel también amaría que eso ocurriera, que ellas se quedaran allí con ella, viviendo juntas, dormir cada noche junto a Quinn y verla despertar, ser despertadas por Beth, desayunar en su cama un domingo familiar, salir en la mañana juntas a su respectivos trabajos y escuela. Y más sí Quinn consideraba nuevamente la idea de volver a estudiar. Si, definitivamente sería algo que amaría - ¿Cómo te fue hoy? ¿Todo bien? ¿Nada fuera de lo normal?

Q.- Todo perfecto - Le dejó un suave beso en los labios y la morena sonrió.

Be.- ¿Vamos a comer o no? - Preguntó la pequeña desde la banqueta.

Q.- Porque no van a ese raro campameto y comemos alli - A la pequeña se le iluminó el rostro y asintió.

Rachel se separó de la rubia y se fue con la pequeña a sentarse sobre la alfombra, Quinn las miró y negó riendo ante la mirada de expectación de las otras dos. Caminó rumbo a la mesada para tomar las cajas de pizza pero apenas dio unos pasos sintió como todo le daba vueltas y se tuvo que sostener de una banqueta para no caer.

R.- Cariño, ¿estás bien? - Se levantó rápidamente y se acercó a ella bajo la mirada de Beth - Quinn - La tomó por la cintura y la hizo girarse.

Q.- Estoy bien - Parpadeó.

R.- ¿Estas segura? - Quinn asintió - ¿Almorzaste hoy?

No, no lo había hecho. Esa tarde, cuando estaba por comer el emparedado de atún que pidió, su cuerpo apenas toleró el olor antes de salir corriendo al baño. No era la primera vez que ocurria, ocurrió lo mismo un par de días antes pero ella no quiso darle importancia. Sabía lo que sentía, ella conocía su cuerpo y sabía cuando éste cambiaba. Lo sabía porque estaba sintiendo lo mismo que sintió años atrás pero no podía estar segura. Alejó ese pensamiento de inmediato, era imposible. Tal vez era el estrés, las preocupaciones y la falta de comida.

Q.- Sí, sí - Le sonrió para tranquilizarla - Sólo se me fueron un poco los tiempos - La morena asintió no muy convencida.

R.- ¿Segura? - Quinn asintió y le dejó un beso en la mejilla - Ahora vamos a comer - Tomó la caja de pizza y fueron a sentarse junto a la pequeña. Aunque Quinn sabía que tal vez no comería.


Quinn, es Russell, tenemos que hablar. Llámame.

¿Puedes contestar el maldito teléfono? Necesitamos hablar.

¿Por qué no contestas? Maldición, tienes una semana sin contestarme el maldito teléfono. ¿Donde está mi maldito dinero, Lucy? No querrás verme enojado.

No sé de donde has sacado la valentía de no responder mis llamadas, no sabes como me estoy aguantando para no ir a ese cochino apartamento tuyo y darte una maldita lección. Te deje en paz por un tiempo, Lucy, te dí la oportunidad para que consiguieras el dinero sin tenerme presionandote todo el tiempo pero veo que fue una mala idea. No tienes idea de lo que soy capaz, Quinn, y tampoco sabes de lo que ellos son capaz. Queda un día, sólo un maldito día para que aparezcas y entregues el dinero o de lo contrario te irá muy mal, y no sólo a ti, te recuerdo que tienes una hija, una novia y unos amigos a los que les puede ir mal si no haces las cosas como te digo. No querrás que por tu estúpido momento de valentía salgan sufriendo ellos, ¿o sí? Tienes hasta mañana a media noche, Lucy. Yo no soy el único que pagará las consecuencias.

El silencio inundó aquel apartamento, sólo se escuchaba el tono al finalizar el mensaje, todos los presentes se veían entre ellos y cada uno esperando que otro hablara primero. Rachel miraba fijamente el aquel teléfono celular deseando que explotara en algún momento. Se había acabado el tiempo y aquel hombre le estaba dando un último aviso a Quinn, pero todo seguía igual. Durante semanas esperaron que Russell hiciera algún movimiento en contra de ellos para aprovechar la oportunidad, pero el hombre no apareció, ni él y ni nadie. Cosa que estaba extrañando a Quinn. Tenían que busar una solución rápido antes de que todo se saliera finalmente de control. Tenían un poco más de 24 horas y ellos solamente se veían las caras.

R.- Hay que hacerlo - Rompió el silencio.

Sm.- Rachel... - Dijo Sam pero la morena negó haciéndolo callar. Ella desde un principio quería darle el dinero a Russell y así hacerlo dar la cara pero todos se negaban debido a que era muy peligroso y las cosas podrian irse de las manos. Pero ella ya estaba cansada, estaba cansada de ser vigilada, de escuchar cada día mensajes y amenzas de aquel hombre hacia su familia.

R.- ¿Acaso no lo entienden? - Preguntó en general. Estaban su novia, sus amigos a excepción de Brittany que distraía a Beth con una película en la habitación, Sam, Matt, Dave y dos policías - Tenemos todo y al mismo tiempo nada. Hay que hacer algo, ustedes lo escucharon - Señaló el teléfono encima de la mesa - Queda un día, sí no le damos su maldito dinero ellos vendrán hacia nosotros. No quiero que mi familia esté en peligro, ya no más - Sentenció molesta.

Sm.- No es tan fácil, Rachel.

Mt.- El hombre es inteligente. Tal vez se sintió vigilado y lo perdimos de vista.

- No sabemos donde está ni nada de él - Dijo uno de los policías.

R.- Entonces hay que hacer que salga de su escondite - Dijo mirándolos seriamente.

P.- ¿A qué te refieres? - Preguntó frunciendo el ceño.

R.- Tenemos que hacer que ese imbécl de la cara por lo que quiere.

Q.- Rachel - La nombrada volteó a verla y ella negó, no quería a su novia cerca de ese hombre, no quería que le hicieran daño de nuevo.

R.- No podemos quedarnos de brazos cruzados.

Sm.- No hay nada que podamos hacer por ahora. Tenemos que esperar que ellos hagan algo - Insistió.

R.- ¿Esperar que vengan por nosotros? ¿Que nos hagan daño o nos asesinen? No quiero que mi familia esté en peligro - Dijo nuevamente con los dientes apretados. Quinn suspiró y se acercó a su chica.

Q.- Cariño, escucha - La morena la miró - Tal vez ellos tienen razón y...

R.- No - Negó interrumpiendola - ¿Acaso no se dan cuenta que sus planes han salido mal? - Los miró duramente y los hombres retiraron la mirada. Era cierto, Russell se les había escurrido fácilmente.

S.- Yo creo que Rachel tiene razón - Todos la miraron - Si no le damos lo que quieren ellos estarán furiosos, cumplirán cada una de sus putas amenzas y ningún policía o guardaespaldas podrá detenerlos - Rachel asintió dándole la razón a la latina - Atacaran sin avisar. Pero sí ellos dan la cara antes de mañana en la noche entonces será más fácil. Los pueden capturar y se evita una tragedia - Todos quedaron nuevamente en silencio, la morena sonreia, nadie quiso aceptar sus ideas en semanas y que alguien, aunque sea Santana, estuviera de su lado le hacia sentir apoyada - Lo sé, soy increíble - Se encogió de hombros mirándose la uñas.

Ma.- Pero y si...

La morena giró los ojos y se acercó a la mesa para tomar el teléfono. Haría las cosas a su modo quisieran o no. Estaba harta de todo.

R.- Al diablo con todo.

Q.- Rachel, espera… - La llamó pero la morena se perdió en el pasillo rumbo a su habitación evitando que la siguieran. Deslizó su dedo por la pantalla y marcó aquel número. Luego de un par de tonos contestaron.

- Hasta que te dignas a aparecer. Lu...

R.- ¿Russell Fabray?

Ru.- ¿Sí? ¿Quién habla?

R.- Soy Rachel Berry. Ya tengo su dinero.

Ru.- Me alegro bastante - Dijo con una voz que a la morena no le gustó.