Se que es feo, horrible, terrible lo que voy a decir, y por lo mismo pido disculpas: olvidé que tenía que subir el capi S aunque la verdadno es tan terrible, pues tengo una buena justificación: estábamos celebrando el cumple de mi mami, estaba mi casa llena de gente parientes y amigos, entre lo que se incluye 4 niños menores a 6 años, las pantallas de los dos compus de mi casa están malas y el nootebook estaba perdido en algún rincón... supongo que es suficiente D pero de todas maneras, aquí está el capi para que conozcan a un nuevo personaje que la verdad por si sola no es taaaaan relevante, pero si lo que esta chica ocasiona ) ya lo veréis...
Capitulo XXXIV
¿Un mal entendido?
El grito se oyó fuerte y claro en todo el Hall de entrada. El aludido se dio la vuelta para ver quien lo llamaba y se encontró con una hermosa chica de sedoso cabello rubio y ojos celestes que corría hacia él. Se lanzó a los brazos del chico a penas llegó junto a él en un apretado abrazo.
– ¡¡Clarisse¡¡Que agradable sorpresa!! – exclamó James a penas se separaron, con una enorme sonrisa en el rostro.
– Jamie… te extrañé muchísimo – dijo ella alegremente sin soltar el cuello del muchacho.
– También yo a ti linda… no sabía que venías – añadió.
– No te preocupes – dijo ella haciendo un gesto con la mano, como si quisiera apartar una mosca – Estás más guapo que la última vez que nos vimos – añadió pícaramente guiñándole un ojo.
– Yo… gracias – respondió el de inmediato –, también tú… muchísimo más guapa – afirmó abrazándola de nuevo.
Lily echó un vistazo a los Merodeadores, buscando una explicación, pero ellos miraban la escena con las mismas caras de asombro. Luego intentó buscar algún consuelo en sus amigas, pero ellas también estaban igual de sorprendidas, mirando a ella, a James y a la chica alternativamente.
Lily, a quien los celos casi no le dejaban una gota de cordura, tan solo atinó a dar la media vuelta y se perdió escaleras arriba al momento preciso en que la profesora McGonagall llegaba para cerrar las puertas del Gran Comedor para luego dar la bienvenida a los alumnos de primer año.
Temprano por la mañana Lily se despertó hambrienta. No había comido nada la noche anterior y tampoco había aceptado lo que sus amigas le habían llevado, tan solo se hizo la dormida. Después de ducharse y vestirse en silencio para no despertar a las chicas, pues era muy temprano, bajó al Gran Comedor para tomar un buen desayuno.
En la Sala Común se cruzó con James, que en ese momento estaba frente a la chimenea, ahora apagada, con la mirad perdida, melancólicamente. Al oír los pasos de la pelirroja él intentó acercarse a ella, pero Lily mantuvo el paso firme, y sin siquiera mirarlo cruzó la Sala Común con paso decidido y salió del lugar por el hueco del retrato dejándolo con las palabras en la boca.
Durante todo el primer mes de clases Lily consiguió eludir a James magistralmente, a pesar que el siempre que la veía intentaba hablarle. El se juntaba mucho con aquella chica que había aparecido de pronto, "dale tiempo" le escuchó decir a la rubia a James en una ocasión. Cada vez que alguno de los Merodeadores intentaba hablarle del tema, Lily tan solo los enviaba a freír espárragos y los dejaba en medio del pasillo, Sala Común, biblioteca o Comedor, con las palabras a medio camino y la frustración reflejada en la cara.
Aprovechaba los tiempos libres para visitar a Sam en la enfermería, pero eso también significaba ver a Sirius constantemente y tener que soportar los comentarios de él acerca de la "amiga" de James.
– ¿Cómo se llama? – preguntó la voz de Samantha.
– Clarisse – respondió la voz de Sirius. Lily quiso dar la vuelta, justamente un día en que iba entrando a la enfermería, pero la curiosidad pudo más que su sentimiento de apatía ante el tema y se quedó detrás de la puerta para escuchar más sobre aquella chica.
– No puede estar en primer año ¿no?
– Claro que no… este año comenzó quinto. Lo que pasa es que ella estudiaba en Francia, estaba en Beauxbatons, pero ahora se cambió de escuela por que el Ministerio le ofreció un buen empleo a su padre, que es inglés…
– Pero no entiendo de donde la conoce James…
En ese momento el sonido de unos pasos distrajeron a Lily. Alguien venía por el pasillo. Se giró rápidamente para encontrarse de frente con James Potter. Le lanzó una mirada de odio y se alejó de la enfermería sin darle tiempo para hablar.
Una semana después de iniciado el año escolar Samantha volvió a Londres para integrarse a la Escuela de Cuidadores de Dragones. La despedida fue un tanto triste, pero Lily estaba muy contenta por que Sam estaría cumpliendo su sueño. Sirius estuvo melancólico todo el día.
La segunda luna llena del año escolar fue algo casi traumático para Sarah. Todos los Merodeadores se encontraban castigados, por lo que no pudieron acompañar a Remus en su transformación, aunque solo Lily sabía que ellos le acompañaban.
Temprano por la mañana, Sarah se encontraba en el alfeizar de la ventana del dormitorio, mirando hacia el sauce boxeador intentando ver regresar a su novio, pero por más tiempo que miró y esperó, el no salía.
Cuando ya estaba desesperada decidió despertar a Lily y Emily. Ellas se preocuparon al igual que Sarah, y Lily, que sabía que ninguno de los chicos había podido acompañarlo, se preocupó aún más, por lo que decidió ir hasta el dormitorio de los Merodeadores para averiguar si alguno de ellos sabía algo.
– Sirius!! – llamaba Lily golpeando la puerta del dormitorio de los chicos – Sirius!
La puerta se abrió desde adentro gracias a un hechizo y Lily entró al dormitorio intentando no tropezar con el sinfín de cosas que había repartidas por el suelo. Aún era muy temprano como para que alguno de ellos estuviera despierto, y dentro de la habitación estaba oscuro, pues tenían las cortinas corridas.
– ¿Sirius? – preguntó Lily son alzar la voz - ¿Dónde estás?
– Aquí Lily – le respondió una voz desde la cama más cercana - ¿estás bien¿Pasó algo con Sam?
– No Sam está bien… sucede que…
– ¿Eh¿Quien es? – preguntó una somnolienta voz desde la cama de enfrente
– Es Lily, James – respondió Sirius. Lily lanzó un bufido.
– ¿Que sabéis de Remus? – preguntó apremiante – Hace horas que debería haber vuelto. Sarah ha estado mirando hacia el sauce boxeador desde antes del amanecer y ni rastros…
– Oh oh… eso no es para nada bueno – dijo James ahora despierto – vamos Canuto, algo sucedió con Lunático.
James y Sirius se levantaron de inmediato. No llevaban pijama, tan solo dormían con bóxers, pero el apuro les hizo olvidar el pequeño detalle que Lily estaba allí, quien, a pesar de lo delicado de la situación se permitió echar un vitazo a James, por muy sentida que estuviera (y quien no XD!!)
Se pusieron las túnicas rápidamente y bajaron corriendo. Lily los siguió hasta la Sala Común de ahí volvió a su dormitorio para avisar a Sarah y Emily que los chicos ya iban a ver a Lupin.
Arriba, Sarah no dejaba de mirar por la ventana, mordiéndose las uñas, mientras que Emily intentaba, infructuosamente, calmarla. Lily se acercó a sus amigas y abrazó a Sarah intentando consolarla un poco. La condujo hasta su cama y la acostó con delicadeza. Sarah se dejó llevar, exhausta. Se había despertado muy temprano debido a un mal sueño en el cual veía a Remus muerto, en medio de un charco de sangre.
– Lily… tengo miedo – susurró ella acomodándose en la cama.
– Ya Sarah, los chicos fueron a ver que sucede. No es nada malo, tranquila.
Unas dos horas después del amanecer, Lily seguía junto a Sarah, acariciándole el cabello. La chica no había podido dormir, pero se mantuvo tranquila durante todo el tiempo. Emily por su parte, se había quedado junto a la ventana para ver que sucedía abajo.
Un poco después que Sarah se hubo acostado, Sirius y James llegaron al sauce boxeador y desaparecieron por un hueco en las raíces. Aproximadamente cuarenta minutos más tarde Sirius, había salido, solo, en dirección al castillo. Al cabo de veinte minutos más había vuelto hasta el sauce boxeador, acompañado por Madame Pomfrey, que llevaba un pesado maletín en las manos.
– Llevan allí casi una hora, y aún no salen – informó Emily desde la ventana. Sarah lanzó un débil sollozo y escondió la cara entre las mantas de la cama – Esperen, aquí sale Black, y Remus está en una camilla. Madame Pomfrey lleva la camilla con la varita, y James viene atrás con…
Sarah, ya más calmada, se levantó de un salto y entró a la ducha para bajar lo más pronto posible a la enfermería y ver a Remus con sus propios ojos. Lily se acercó a la ventana para ver que era lo que James traía en sus manos, que Emily no quiso decir a Sarah.
– Eso es… ¿la túnica de Remus?
Emily asintió en silencio. En efecto, James traía en sus manos la túnica y zapatos de Remus. Estaban completamente rotos y cubiertos de sangre y barro. En la camilla, el chico estaba cubierto de vendajes y pastas de diferentes colores.
Luego que Sarah saliera del baño, entraron Lily y Emily por turnos y bajaron las tres hasta la enfermería. Afuera estaban James, Sirius y Peter, sentados en el suelo, esperando a que Madame Pomfrey saliera y les dijera como estaba Remus.
Se saludaron en silencio y se sentaron junto a los chicos a esperar noticias. Ya se habían perdido la primera clase del día, pero no les importaba, incluso los profesores les concedieron la excusa, debido a lo delicado de la situación.
– Black, por favor… ¿Que sucedió? – dijo Sarah de pronto.
Después que se separaran de Lily en la Sala Común, James y Sirius bajaron hasta el primer piso sin toparse con nadie. Atravesaron la enorme puerta de roble y se encaminaron, corriendo al sauce boxeador. James cogió una vara del suelo para apretar el nudo en el tronco y entraron al oscuro túnel que conectaba Hogwarts con la Casa de los Gritos.
Con las varitas encendidas y en alto avanzaron sigilosamente. En el camino se encontraron con manchas de sangre en el suelo y las paredes del túnel. Avanzaban cada vez más rápido y con mayor cautela, a espera de encontrar alguna otra cosa anormal que les indicara cómo y donde se encontraba Remus.
Casi a mitad de camino divisaron un bulto oscuro en el suelo: era Remus.
Tenía la túnica raída, sucia, con grandes y frescas manchas de sangre y lodo, como si se hubiese arrastrado hasta llegar ahí. Tenía profundas y grandes heridas en el torso y las extremidades.
– Ve a buscar a Madame Pomfrey, Sirius – dijo James afligido – no podemos moverlo nosotros, está muy grave, intentaré hacer algo por mientras.
Sirius echó a correr por donde habían venido y muy pronto ya no se oyeron sus pasos alejarse. James mientras acomodaba a Remus e intentaba quitarle la túnica con cuidado y limpiarle las heridas con su varita. Remus abrió los párpados débilmente y miró a James con ojos vidriosos. Hacía muecas de dolor de cuando en cuando, pero se mantenía fuerte, a pesar del dolor.
– Gra… gracias Cornamenta – susurró casi sin fuerzas – Dile a Sarah que la amo… dile que es lo mejor… que me ha… pasado en… en la vida – cerró los ojos exhausto y respiró profundamente – junto con… ustedes…
Madame Pomfrey llegó agitada y angustiada en compañía de Sirius. Se arrodilló de inmediato junto al cuerpo nuevamente inconsciente de Remus y tras comentar el buen trabajo que James había hecho comenzó a curar y cerrar cada herida con muchísimo cuidado. Luego de un minucioso trabajo conjuró una camilla y subió a Remus sobre ella para llevarlo al castillo. Sirius iba adelante, iluminando el camino. Seguido de Remus, arriba de la camilla guiada por Madame Pomfrey.
Jame caminaba al final de la fila, a paso lento, sumido en sus pensamientos. Llevaba en sus manos la túnica rasgada de Remus. Estaba muy afligido por el estado de su amigo. Probablemente había luchado con algún otro hombre lobo que llegara a las cercanías de Hogwarts, y ni él ni Sirius habían estado allí para ayudarlo, habían sido castigados por una tontería.
– No me podría perdonar si llega a morir – dijo James en voz baja una vez que Sirius terminara su relato – Nos castigaron por una tontería y no pudimos estar con él.
– ¿De que hablas Potter? – preguntó Emily escéptica –, es un hombre lobo, jamás podrían acompañarlo.
– No cómo humanos Emily, pero sí como animales – puntualizó Sirius.
– Sarah… él… en un momento despertó – dijo James en voz baja, cambiando el tema – y me pidió que te dijera que… eres lo más importante que tiene y… que te ama…
Sarah tenía los ojos anegados de lágrimas nuevamente. Agradeció a James y se quedó con la mirada perdida, sumida en sus pensamientos, con gruesas lágrimas rodando por sus mejillas, esperando a que Madame Pomfrey saliera y les dijera algo.
No tuvieron que esperar mucho más.
– ¿Señorita Parker? – preguntó Madame Pomfrey al abrir la puerta – El señor Lupin no ha dejado de llamarla desde que despertó… por favor, una visita a la vez y, no le hagas hablar mucho por favor, está muy débil aún.
Sarah asintió en silencio y siguió a la enfermera hasta adentro. En el pasillo reinó el silencio nuevamente. Lily miraba a James de reojo, pero era demasiado orgullosa como para hablarle, como para siquiera exigirle una explicación, por que al fin y al cabo ella no tenía ningún derecho a exigirle explicaciones; no eran novios ni nada por el estilo.
Muchas veces sus miradas se cruzaron, pero James entendía muy bien que aquel no era el mejor momento para hablar, estaban todos muy preocupados por Remus, y ninguno de los dos tenía cabeza suficiente para pensar en otra cosa.
Veinte minutos más tarde la puerta de la enfermería se volvió a abrir y Sarah invitó a los demás a entrar.
Remus se encontraba semi acostado sobre una pila de cojines. No tenía pijama, pues Madame Pomfrey debía revisar los vendajes del abdomen y las extremidades constantemente. Estaba con los ojos cerrados, aparentemente dormido, pero en cuanto los demás llegaron junto a él los abrió y recibió a sus amigos con una sonrisa convaleciente.
Lily fue la primera en acercarse a él. Le dio un cariñoso abrazo. Se mantuvieron así largos segundos. Lily susurraba palabras optimistas en su oído, intentando mantenerse fuerte y no llorar. Luego se acercó James; estrecharon manos con cuidado.
– No tienes por que agradecer Remus – dijo sonriendo – es lo menos que te mereces.
Remus sonrió ampliamente dando un cariñoso apretón a James. Sirius lo abrazó con sumo cuidado, sin decir palabra alguna, al igual que Peter. Finalmente Emily le dio un cariñoso beso en la mejilla.
– Fue Greyback – musitó Remus con hilo de voz.
– No pienses en eso Remus – dijo Sirius con firmeza – tú no eres cómo él.
A pesar de lo grave que estaba Remus en un comienzo, Madame Pomfrey le dio el alta tres días más tarde. Remus salió de la enfermería completamente recuperado, acompañado por Sarah, y se integró a clases al día siguiente.
Lo complicado fue intentar saciar la curiosidad de todos sus compañeros. La versión oficial fue que Remus había sido atacado por el sauce boxeador esa mañana. Incluso el profesor Dumbledore apoyó esta versión y muy pronto todos dejaron de hacer preguntas desagradables.
Todo iba bien hasta que salí de la Casa… quería respirar algo de aire fresco. No se cómo logro recordar eso. La noche estaba estrellada, sin ninguna nube que tapara la luna llena, redonda y brillante.
Paseé por los jardines, sin toparme con ningún humano y me adentré en el Bosque Prohibido. Caminando sigilosamente entre los árboles me crucé con muchos unicornios.
Animales blancos, brillantes, majestuosos. Con su largo cuerno coronando sus cabezas, guiando a sus hijos color miel, por los invisibles senderos del bosque.
Caminé entre los árboles que tantas otras veces había visto junto a mis amigos, hasta que ya no reconocí mi entorno. Estaba todo mucho más oscuro. El bosque, denso, no me dejaba ver muy lejos. Ningún animal ni ser viviente cerca de mí.
Hasta que de pronto un ruido me hizo aguzar los sentidos.
Pasos.
Leves pasos haciendo crujir las hojas secas bajo sus pies, quebrando minúsculas ramas. Y luego, a unos diez metros de distancia un fuerte y profundo aullido.
Me acerqué sigilosamente hasta el origen de aquel sonido, y le vi, en un claro del bosque, perfilado contra la luz de la luna; el único ser viviente que alguna vez he odiado.
Ahí estaba él. El causante de mi desgracia. Él, quien me había convertido en lo que en ese minuto era. Un horrible licántropo.
Quise huir, alejarme lo más posible de aquel maléfico ser, mitad hombre, mitad lobo. Pero en mi prisa, el me oyó.
Corrió hacia mí. Me reconoció de inmediato, por supuesto.
Yo por mi parte apresuré el paso. Pero no fue suficiente. Me alcanzó, clavando sus largas y afiladas garras en mi espalda. De mi boca tan solo salió un gemido de dolor.
Intenté escabullirme, pero él fue mucho más rápido.
No me quedó otra opción más que luchar por mi vida.
En medio de mi desesperación logré reconocer mi entorno. No estaba tan lejos del castillo como lo supuse en un principio.
Intenté llamar a algo o alguien que me socorriese, pero sentía que mis aullidos eran en vano. Hasta que el sonido de unos cascos retumbando en la tierra me devolvió las esperanzas.
Era un centauro. Un enorme centauro de cabello dorado y crines blancas. De porte majestuoso y facciones finas. Traía un carcaj lleno de flechas colgando de un hombro y un hermoso arco, con una flecha a punto.
Ante la llegada del centauro, mi atacante se sintió amenazado. A los licántropos como él no le agradan en lo más mínimo seres buenos e inteligentes como los centauros.
Salió corriendo justo a tiempo para no ser alcanzado por una mortal flecha.
Pero el centauro tampoco se entretuvo conmigo. Nunca lo hacen, ninguno de ellos. Me dejó ahí, en medio del bosque, sangrando a borbotones.
Sentí que la vida me abandonaba. Pero al mismo tiempo una imagen llegó a mi cabeza y me dio fuerzas. Era ella. Hermosa y sonriente como todos los días. Con ese brillo especial en los ojos dedicado sólo a mi.
Como pude recopilé todas las fuerzas que me quedaban y logré salir del boque, casi a rastras.
Sintiéndome cada vez mas débil, logré llegar hasta aquel enorme y furioso árbol, que guardaba debajo de sus raíces mi salvación, o por lo menos un refugio.
Avancé lentamente, cayendo a suelo algunas veces, arrastrando los pies, otras, hasta que las fuerzas se me acabaron y la vista se me oscureció.
Lo siguiente que recuerdo es haber visto el rostro de Cornamenta, mi mejor amigo, limpiándome las heridas.
A mediados de octubre se llevó a cabo el primer partido de la temporada de Quidditch; Gryffindor, versus Slitheryn, pero Lily no quiso ir a verlo, y tampoco participó en la posterior celebración del aplastante triunfo ante las serpientes.
Se pasó casi todo el día en la cabaña de Hagrid, conversando con el semi gigante de esto y de aquello; temas sin mayor relevancia, para pasar el tiempo. Volvió al castillo a tiempo para la cena y pronto se sumergió en una redacción para Slughorn, que debía ser presentada el lunes, sin prestar atención al alegre y entretenido ambiente.
Un par de veces James intentó acercarse a Lily, pero ella siempre encontraba alguna excusa para salir del lugar por unos momentos, o hundirse entre la pila de libros que la rodeaban. Él, resignado, volvía a donde estaban sus amigos.
Unos días más tarde, el día de Halloween, durante la hora del almuerzo, Lily subía una escalera en el cuarto piso con una enorme pila de libros que le tapaban la vista, acompañada de Sarah y Remus. Subía distraída, volteándose para atrás para conversar con sus amigos, hasta que hundió su pie hasta la rodilla en un escalón falso, botando al suelo todos los libros que traía en los brazos.
Con gran esfuerzo Remus y Sarah lograron sacar la pierna de Lily, no sin antes hundirla más aún. Finalmente el pié logró salir, pero con un hueso quebrado.
– Férula – susurró Remus apuntando su varita al pie de Lily, al momento aparecieron unos blancos vendajes que rodearon la pierna de Lily, entablillándola – lo mejor será que vayamos a la enfermería.
Lily se apoyó en Remus para poder caminar, mientras que Sarah encantaba a los libros para que los siguieran. Al llegar a la enfermería Madame Pomfrey atendió a Lily rápidamente. Le reparó el hueso roto con un toque de la varita, pero aún así le vendó el pie con yeso.
– Te recomendaría que no bajes al Gran Comedor, Lily – recomendó la enfermera – la cena de Halloween causa siempre un gran alboroto y con el pie como lo tienes es un poco riesgoso.
Lily asintió en silencio, con una media sonrisa. Tenía una buena excusa para no bajar al banquete. No le gustaba estar mucho tiempo en el mismo lugar que aquella chica que acaparaba todo el tiempo y la atención de James; y tampoco se sentía de ánimos cómo para festejar el día de brujas. Remus y Sarah la acompañaron luego a la Sala Común y Lily subió hasta el dormitorio. No quiso bajar a clases.
Después de clases Emily y Sarah se reunieron con ella para comentar de las clases de aquel día y prestarle los apuntes a Lily. No habían entendido muy bien por que Lily no bajó a clases, pero como siempre la apoyaron en su decisión. Seguramente le dolía el pie, pensaron.
Cuando las chicas bajaron al Gran Comedor, para la cena, acompañaron a Lily hasta la Sala Común para relajarse un rato, en la soledad de la Torre, frente al fuego. Estaban todos abajo en el Gran Comedor, por lo que Lily pudo disfrutar de los mejores asientos frente al fuego con una exquisita cena que Skriper le llevara.
Cuando ya estaba terminando de comer la puerta del retrato se abrió. Lily, que estaba de de espaldas a la entrada, se giró sobre sí misma en el asiento para ver quien había entrado, y se topó con un par de hermosos ojos tristes.
Intentó ponerse de pie y subir a su dormitorio, pero se dio cuenta que, con el pie como lo tenía le era muy complicado. James sin vacilar se acercó a ella, sin dejar de mirarla a los ojos. Lily sentía que él se estaba aprovechando del hecho que ella no podía caminar para hablarle.
– Lily, necesito que me escuches…
– No quiero hablar contigo Potter – respondió ella tercamente.
Él sonrió entretenido. De veras que ella estaba muy celosa por Clarisse. Se sentía como antes, en su época de galán de Hogwarts, donde las chicas se peleaban por él; pero Lily era distinta, por eso quería explicarle, por eso iba a seguir luchando por ella, hasta el final.
– No puedes caminar, y yo no me voy a ir de aquí hasta que me escuches…
Lily suspiró resignada. No quería escucharlo, no para que le inventara cualquier cosa. No iba a ser tan ingenua para caer de nuevo, para que él jugara con ella.
– Habla Potter, pero si te escucho no querrá decir que te crea…
– Si me creyeras de inmediato pensaría que eres como todas las demás chicas tontas de la escuela; y estoy seguro que no lo eres – dijo él dulcemente, sentándose junto a ella – Clarisse… es la mejor amiga de mi hermana…
– ¿Hermana? – preguntó Lily escéptica.
– Claro… ¿no lo sabías? – respondió el a su vez, extrañado. Ella negó con la cabeza – Bueno, no importa. Ella estudia en Beauxbatons. Sucede que mi madre estudió allí, y a mi hermana le dieron una beca… está en quinto año, igual que Clarisse.
– Pero el padre de Clarisse vino a trabajar a Inglaterra… - dijo Lily de pronto, aburrida – ¿tu pretendes que yo me crea ese cuento tan intrincado?
– Es la verdad – dijo James con semblante abatido – Clarisse va todos los veranos a casa, pero este año no fue, por todo lo de la mudanza. Ella para mi es como mi segunda hermana.
La puerta del retrato se volvió a abrir y por él entraron todos los Gryffindors, que volvían del banquete de Halloween. James, resignado a que Lily no le creyó, se puso de pie y se reunió con sus amigos para subir al dormitorio. Emily y Sarah se acercaron a ella.
– ¿Que sucedió?
– Me contó una historia… no le creo.
– Lily… estás viendo cosas donde no las hay. James te ha demostrado que él ya no es así…
– Solo vamos al dormitorio ¿si?
Ayudaron a Lily a subir las escaleras y se acostaron muy pronto, pero Lily no podía dormir. ¿Qué tal si lo que James le había dicho era cierto? Pero ¿y si era una mentira? Ella nunca había sabido que James Potter tuviese una hermana. Pero en todo caso, se daba cuenta, ahora, que sabía muy poco de él. Solo conocía a su padre, pero aquello había sido una mera coincidencia. ¿Y su madre? Él nunca hablaba de ella, y tampoco de su hermana, hasta ese día. ¿Cómo averiguarlo? No iba a ir donde Clarisse para preguntarle aquellas cosas. Seguramente estaban de acuerdo para decir lo mismo, la misma mentira.
A ver si está vez cambian las cosas,pues para el último capi tuve muchas menos criticas que en el anterior y de veras que esperaba más... así pues, si no hay las suficientes, me tardaré más que un día )
de todas maneras, gracias a Yedra Phoeniz que no ha dejado un solo capi sin criticar ) y un saludo a las nuevas lectoras que han aparecido en este y el anterior
besos
Javi
