Siento muchísimo no haber podido actualizar antes, de verdad. Pero es que estoy como en medio de una crisis de inspiración bastante gorda y este capítulo me ha bloqueado completamente. Probablemente me ponga a escribir The Neighbour y me salga solo,o incluso otro capítulo de DAT, pero no hay peor sensación de saber que hay gente esperando leerte y tú ver que lo que estás escribiendo no sirve de nada. Es que no me gusta nada el capítulo y lo he terminado antes de cagarla más, cosa que también siento ya que no he metido el adelanto que escribí en el anterior. Así que he decidido que solo pondré adelantos cuando tenga claro que eso aparecerá sí o sí en el siguiente capítulo, cuando sean bombazos, porque si no, es el doble de presión, la verdad.
Quiero dedicarle el capítulo a una amiga, puesto que fue su cumpleaños y es lo mejor que puedo hacer por ella, aunque el capi no sea lo mejor del mundo. Sorry Aisha, te mereces un capi mejor, pero te quiero mucho y espero estar más cumpleaños a tu lado. Espero que lo disfrutes a pesar de todo:*
Dejad review pls, porque no sé ni lo que pensar.
Nos vemos en el próximo, gracias por estar aquí todavía :(
Capítulo 35. "La Historia Interminable."
Kate repasó el contorno de la ecografía con el dedo pulgar, haciendo círculos sobre las diminutas manchas que a partir de ese momento se convertían en sus bebés. "Mis bebés". Repitió de nuevo en su cabeza. El eco de sus palabras se extendió entre las paredes de su subconsciente, haciendo que todo aquello se volviese más real de lo que ya era. Llevaba varios minutos en esa misma postura, y por mucho que el tiempo pasase era incapaz de mover un mísero músculo de su cuerpo para dejar de escrutar la extraña fotografía que sujetaba en sus manos. En cierto modo, aunque su cuerpo estuviese en el loft de Rick, recostado en el sofá, su cabeza continuaba merodeando por la clínica ginecológica sin poder hacerse a la idea de las nuevas noticias. La sensación de sorpresa no abandonaba su cuerpo, ni tampoco el miedo que había comenzado a crecer en su interior al saber que ya no solo iba a ser madre primeriza, sino que además debía serlo con dos bebés al mismo tiempo en lugar de uno. Por no hablar del pavor que le suponía ahora el parto.
No estaba preparada para afrontar algo de semejante calibre, y por lo visto Rick tampoco lo parecía. Él más que nadie era el principal afectado. El que había perdido a su hija cuando ni siquiera había tenido oportunidad de verla y el que había decidido seguir adelante con el embarazo porque la amaba y se moría de ganas por compartir un hijo con ella. Pero no se hacía a la idea de lo difícil que debería ser para una persona que no terminaba de superar esa falta, que de repente apareciese otro bebé que no esperaba y que llevaría su apellido en cuestión de meses.
Probablemente de ahí salía su extraña reacción y el consiguiente desmayo en la consulta. Algo que nunca hubiera imaginando viniendo de un egocéntrico, orgulloso, fuerte y frío agente del FBI como él. Alzó una ceja al pensar en las palabras con las que acababa de describirle. Las mismas palabras con las que se había referido a él delante de Lanie cuando se conocieron, cuando fue un idiota con ella y cuando consiguió pegarse a su cabeza y quedarse para siempre. Para ella era gracioso porque Rick solía definirse a sí mismo de esa manera también, incluso estando juntos continuaba considerándose así. En cambio Kate veía a otra persona completamente distinta. Alguien con debilidades, con heridas curadas, con heridas abiertas, con un pasado, con un presente y con un futuro. Así que el motivo de su sorpresa había sido la debilidad que había mostrado al perder la consciencia unos segundos por la noticia.
A decir verdad lo peor había sido el regreso a casa. Antes de desaparecer de la clínica con un Rick todavía sumido en estado de shock, Danna, la ginecóloga, les había vuelto a felicitar y había bromeado respecto al bienestar del agente, puesto que quisiera reconocerlo o no, se había llevado un buen golpe en la cabeza y habían tenido que proporcionarle hielo para la hinchazón mientras la abogada se encargaba de recoger las ecografías físicas en mano además del número de contacto personal de Danna por si surgía alguna duda u algún problema. Rick le había dedicado una sonrisa falsa cargada de un veneno invisible que solo Kate había podido apreciar y, cuando se hubieron subido al BMW lo había escuchado llamarla zorra. Después no había habido más que un tenso silencio entre los dos. Un silencio que habían roto tan solo breves comentarios sin sentido por ambas partes.
Kate esperaba encontrar el loft habitado por las mismas personas de siempre, por la familia de Rick teniendo en cuenta que la madre de éste se quedaba a dormir ahí durante un periodo de tiempo indefinido y de lo que tampoco habían hablado ni había necesidad de hacerlo, sin embargo el nuevo silencio del apartamento le había hecho saber desde un principio que se equivocaba. La coartada para que Nikki no estuviese allí estaba clara, no hacía falta preguntar para saber que estaría trabajando en comisaría, en cambio Martha, Elliot y Jameson seguían en paradero desconocido. Había barajado diversas posibilidades mientras se sentaba en el sofá del comedor y se deshacía de su abrigo y su bolso, dejándolo todo a su lado. Podrían haber bajado a Central Park a pasear junto al pequeño al mismo tiempo que ellos conversaban y se ponían al día, o también ir al Rockefeller Center, ya que la Navidad se acentuaba en la ciudad a pesar de que apenas había comenzado el mes de noviembre y las luces navideñas ya decoraban la pista de patinaje.
-James y mi madre han ido a comprar al Upper East Side.-Rick apareció en su campo visual, apoyado en la barandilla de las escaleras, solo que no la miraba a ella, sino a su iPhone.-Aunque ahora están en el Rockefeller Center.-Kate sonrió victoriosa, a pesar de que solo ella entendería el motivo de dicha sonrisa.-Elliot se vuelve loco con las luces de Navidad, piensan que son hadas.-lo vio esconder una sonrisa tierna tras un fruncir de ceño rápido.
Esa era la primera vez que le dirigía la palabra desde que habían salido del coche y habían subido. Y tampoco parecía que tuviese ganas de conversar. Le daba la sensación de que simplemente la avisaba para que supiese que vendrían pronto y que tendría que hacer frente a muchas preguntas y dar muchas explicaciones al respecto. El día anterior, cuando Martha supo que esa sería su primera visita y que les informarían sobre el estado del bebé además de poder ver la primera ecografía, se había vuelto más feliz de lo normal, abrazando a Kate y pidiéndole por favor que le avisasen cuando saliesen de la clínica para ser la primera en enterarse de todo. Y James, que en ese momento no había estado presente pero que Rick le había informado sobre los planes, se unía a la comitiva de la información. Por suerte Nikki era la que mejor la comprendía y la que, hasta el momento, no la había presionado, ni le había hablado solo para preguntarle por el embarazo, sino que se centraba más en cómo podía sentirse ella en lugar de lo demás.
A esas alturas estaba convencida de que no había podido encontrar mejor apoyo y mejor asesoramiento adulto y experimentado, que el que le proporcionaba Nikki Heat. Cierto era que Lanie siempre sería su mejor amiga, su compañera, su consejera, y uno de los pilares fundamentes en su vida, pero no poseía los mismos conocimientos que la detective de homicidios, ni podía aconsejarla respecto a lo que sería la rutina estando embarazada. Y eso era algo que tenía muy en cuenta.
-Rick.-el aludido prosiguió atento a la pantalla, haciendo caso omiso a la voz de la chica. Lo observó sintiendo una cada vez más latente furia inexplicable en su interior. Fue consciente de que deslizaba el dedo pulgar a través de la pantalla de cristal y que, a continuación, hacía un ademán de retomar la dirección de sus pies para marcharse de ahí lo antes posible.-Richard.-no le hizo falta alguna elevar la voz si de hacerle saber que su estado de ánimo estaba cambiando se trataba. Él lo notó en el tono, y probablemente gracias a eso se detuvo, aunque continuase sin mirarle.- ¿Vas a seguir actuando como si tuviese yo la culpa de lo que está pasando o vas a ser una persona normal y corriente y vas a dar la cara?
-No estoy actuando de ninguna forma, Katherine.-resaltó el nombre de la detective con un dejé de irritación además de tomárselo como una venganza puesto que ella también había utilizado su nombre completo para llamar su atención.
-Exacto, no estás actuando de ninguna forma.-cruzó una pierna sobre la otra y apoyó su barbilla en el puño cerrado del brazo que se sostenía en su muslo.-No me miras, no me hablas, haces como si no hubiese pasado nada y desapareces. Explícame cómo pretendes que me sienta.
Rick se mordió la cara interna del labio. Todavía seguía sujetando el iPhone en una de sus manos, pero su mirada había dejado de sostener los ojos enfadados de Kate, por lo que ahora observaban la tarima del suelo. Todo su cuerpo parecía dudar sobre lo que responder, como si no fuese capaz de encontrar algo coherente que decir. Sus piernas se balanceaban casi de manera imperceptible. La abogada no podía creer que esa fuese su actitud respecto a algo que ambos sabían que podía suceder, independientemente de si lo esperasen o no. Le obligaba a pensar que en realidad no se había hecho a la idea del bebé y que solo había fingido estar de acuerdo para que ella no se sintiese mal. De no haber sido así la sorpresa no le habría afectado tanto.
Estaba claro que un bebé más suponía un extra de gastos, de responsabilidad, de estrés, de llantos, de comida... De todo lo que acarrea un único bebé pero elevado a dos. Por lo que era comprensible un agobio inicial, no un cambio radical de comportamiento.
-No pretendo hacerte daño. Es solo que...
-No esperabas esto.-Rick asintió en silencio cuando Kate terminó la frase en su lugar. Vio cómo guardaba su móvil en el bolsillo trasero de su vaquero y se cruzaba de brazos después.- ¿Acaso crees que yo sí? ¿Crees que esperaba que mi primer embarazo sería múltiple? ¿Que además de no estar preparada, tengo que dar a luz a dos niños al mismo tiempo? ¿Que en mi tripa ya no hay uno, sino dos? ¿Que puede salir algo mal?
El agente suspiró frustrado, dejando entrever en sus labios una risita irónica. Se revolvió el pelo con una mano a una velocidad increíble y Kate supo que esa era su forma de ganar tiempo. Rick estaba conteniéndose mucho a la hora de responder. Las palabras se amontonaban en su boca, sin embargo antes de pronunciarlas debía pensar con exactitud qué podía decir sin herirla.
-¿En qué momento he dicho que tú no lo esperes? Es que esto es increíble.-Kate le miró con sus dos cejas juntándose cada vez más por momentos, no obstante se mantuvo a la espera.-Vale, he sido un imbécil. Me he comportado mal, como un niño. Tienes razón, pero entiéndeme Kate, si ya es duro saber que vamos a ser padres, que tú todavía eres joven y que yo no quiero robarte tu vida, ¿cómo coño quieres que me adapte a que vengan dos de golpe?
-Porque eres su padre.-el tono de voz perplejo de Kate produjo un revuelo en el interior de su estómago. Los ojos de la abogada ya no brillaban con ilusión, sino con dolor. Con un dolor producido por lo que acababa de decir, por lo que había temido expresar desde un principio.
-No me has entendido.-chasqueó la lengua. En ningún momento había dicho que no los quisiese, que no fuese a ocuparse de ellos o incluso que no se alegraba del milagro que suponía que llegasen dos de repente. Al contrario, era todo una espiral de confusión y sentimientos contradictorios que no sabían cómo escapar de su interior.-No he dicho lo que estás pensando Kate. He dicho que estoy agobiado y acojonado.-observó un suspiro de alivio en ella y su corazón se encogió todavía más al suponer qué había pensado ella.-Soy viudo y también perdí a mi hija. Te encontré a ti, me enamoré en cuestión de meses, me asusté, después me acostumbré, me hice a la idea de que seríamos padres y ahora me entero de que vienen mellizos. Nada de esto va con mi personalidad.
-¿Con tu personalidad?-Rick asintió.- ¿Qué personalidad? ¿La que muestras en el trabajo o la que muestras conmigo y tu familia? Porque permíteme que te diga que son dos actitudes muy distintas.
-¿Estás llamándome hipócrita?-el agente endureció su mirada azul hasta que sus ojos fueron dos bolas chispeantes ocultas por un gran ceño fruncido.
Kate mantuvo unos segundos de duda inesperada. No era esa precisamente la contestación que esperaba. Le miró con la misma expresión frustrada dibujada en su rostro, sabiendo que eso era un auténtico duelo de miradas y que no sabía bien cómo podía terminar. El asunto se les estaba yendo de las manos.
-Para nada.-respondió ella todavía en un tono gélido.-Es solo que justificas tus acciones, tu comportamiento, tus actitudes con "es mi personalidad" y no Rick, no es así.
Kate recordó los breves segundos de calma antes de una tempestad en las fases de los cambios de expresión de Castle. Cuando todo se quedaba en silencio hasta que las primeras gotas comenzaban a caer y a continuación la lluvia lo arrastraba todo con fuerza. Él parecía estar a los bordes de estallar, lleno de agobio, enfado, frustración y mil cosas más que no sacaría a la luz en medio de palabras hirientes. No hacia ella.
-Sabes cómo soy.-comprobó su teoría en su tono de voz cauteloso, suave. A esto se le unieron unos pequeños pasos alrededor de la distancia que les separaba el uno del otro. Por un momento se sintió una presa a punto de ser devorada.
-Por eso mismo sé de lo que hablo.
Volvió a acariciar los bordes de la ecografía sin necesidad de mirarlas, solo fijándose en el padre de sus hijos de pie frente a ella. En su pelo revuelto, su mirada cansada y también un tanto enfadada, en sus bíceps presionando la tela de su camisa y en todas sus hormonas de mujer más las añadidas por el embarazo chocándose unas entre otras por la preciosa imagen. Eso era lo que odiaba de sí misma, la debilidad que le suponía verle enfadado, verle sacar ese genio imbécil que la atrajo el primer día en una sala de interrogatorios y todavía pensar que le encantaría levantarse y llenarle la boca de besos mientras él le rodeaba la cintura con sus brazos.
Así que precisamente por eso se mantuvo firme en su postura y no movió ni el más mísero músculo que delatase un cambio en su defensa. Un cambio qué Rick pudiese aprovechar para hacerla ceder.
-Entiendo todo el papel de machito arrogante, egocéntrico y misterioso que tienes en el trabajo.-sus cejas se arquearon el doble cuando Rick rodó los ojos. ¿Pretendía negar algo que era evidente?-Pero, seamos honestos. Ambos sabemos que eres romántico, pasional, familiar y protector. Así que no me digas que esto no va con tu personalidad porque es la peor excusa que he escuchado.
-Entonces-el agente se decantó por sentarse en uno de los dos sillones que descansaban paralelos al sofá dónde se encontraba Kate. De esta manera no tendría que estar preocupándose de si su pierna temblaba por sí sola gracias a la poca paciencia que se le estaba acabando-Doña experta en psicología, ¿podría decirme usted qué es lo que sucede?
Se acarició la barba incipiente con los dedos pulgar e índice, sintiendo bajo ellos la sensación áspera que tanto le gustaba a la abogada. Sobre todo cuando estaba entre sus piernas. Parpadeó confuso al pensar eso en ese preciso instante e intentó deshacerse de ello sacudiendo la cabeza ligeramente sin que Kate fuese consciente. Ella estaba demasiado ocupada respondiéndole con esos preciosos labios moviéndose al compás de cada palabra.
-El gran Richard Castle tiene miedo de no ser un buen padre.-Kate se encogió de un hombro y le lanzó una mirada de suficiencia. El semblante del aludido ya había empalidecido, además de tornarse entre indiferente e inescrutable. Sus seductores ojos ya no querían desconcentrarla, sino que estaban perdidos en algún lugar de su subconsciente y al mismo tiempo clavados en la punta de sus zapatillas.
-No es eso.-murmuró en voz baja. De no haber estado prestando especial atención probablemente no habría escuchado más que un lío de palabras mal pronunciadas. Se mordió el labio inferior con su pecho derrochando ternura al ver que Rick había dejado de ser un hombre adulto para convertirse en un niño avergonzado.-Sé que voy a ser un…-inspiró por la nariz el poco oxígeno que necesitaba para poder terminar la frase por si solo.-buen padre.
Rick no sabía con exactitud qué estaba sucediéndole, solo que sus latidos habían ido aumentando a medida que ella había ido hablando y de todo ello había resultado una mezcla potente terminando con él. Entrelazó sus dos manos encima de sus piernas y en silencio comenzó a juguetear con el dedo pulgar. ¿Era eso? ¿En realidad Kate había acertado y él ni siquiera era consciente de lo que le sucedía?
-Rick, es algo normal.-la abogada intentó parecer lo más calmada posible ahora que había dado en el clavo. Sin embargo él no estaba conforme con sus palabras, ni con que hubiese adivinado una parte tan oscura de su interior que ni él mismo conocía.
-No. Es. Eso.-cuando Rick alzó la mirada de nuevo, Kate observó una furia en sus profundidades azules que nunca había visto dibujada en ellos. Una especie de rabia contenida, de orgullo masculino herido. Las aletas de su nariz estaban abiertas y su mandíbula se asemejaba a una piedra.
Tuvo la corazonada de querer retroceder ante un instinto tan primitivo, y tan poco usual. Pero se mantuvo firme, todavía con su ceño fruncido y ahora también sus labios a juego. Entre los dos se libraba una batalla enorme dónde sus miradas frías eran las protagonistas.
-Rick, deja de comportarte así, joder. Deja de aparentar que no va contigo, que todo te da igual. ¡Sé un hombre y afronta que te da miedo hacerlo mal porque todavía piensas que es culpa tuya que perdieses a Kyra y a tu hija!-Kate cerró los ojos con fuerza una vez se hubo desahogado de los pensamientos retenidos hasta entonces en su garganta. Había perdido los nervios con una facilidad asombrosa, algo que nunca le había sucedido y que tampoco achacaría a las hormonas o el embarazo. Pero no era eso lo que le estaba matando en ese momento por dentro, sino el haber sido ella quién había terminado haciéndole daño a él y sobre todo con un tema muy espinoso.
-¿Eso es todo lo que tienes que decir?-es vez fue Kate la que tuvo que agachar la mirada avergonzada. El dolor era muy palpable en la voz de Rick. Su rostro pálido era todo un poema de las emociones que estaban librándose en su interior. Se mordía la cara interna de la mejilla mientras que sus manos se aferraban al sillón con fuerza y los músculos de su mandíbula se volvían cada vez más prominentes.
-Lo siento, no era mi intención...
-¿Sientes pensarlo u haberlo dicho en voz alta?
El cuerpo del agente se levantó con agilidad del sillón. Parecía tener la cabeza dentro de una cámara de descompresión, con los oídos taponados y una sensación de pesadez se extendía por todos sus músculos. Sabía que no tenía por qué justificar sus reacciones, ya que nunca había hablado de ese tema, y era algo que ni siquiera Rook, Martha o Nikki conocían, sin embargo Kate merecía una explicación al fin y al cabo. Contempló rápidamente la imagen de un cielo neoyorquino grisáceo, con algún que otro punto negro carbón, y no pudo evitar comparar el clima con la tormenta que se debatía en su interior.
La abogada, a diferencia de Rick, no prestó atención al paisaje melancólico de fuera, sino a la dirección que tomaban sus pies a la hora de desaparecer del salón. En silencio contempló la silueta del agente desaparecer por su despacho para después verle entrar en su dormitorio. Una vez hubo doblado la esquina dentro de éste ya no pudo observar nada, por lo que se dedicó a esperar con impaciencia. No sabía con exactitud si se había ido con la intención de resguardarse allí y estar solo, o porque había ido a buscar algo. Escuchaba varias cosas moverse con ímpetu, como si estuviesen registrando un cajón lleno de objetos y eso solo alentó su curiosidad.
Con la ecografía todavía aferrada a sus dedos inclinó el cuerpo hacia adelante. El sonido no cesaba, y esta vez se escuchaban también gomas elásticas chocando contra la superficie de alguna carpeta. Kate continuaba intentando darle sentido a lo que fuera que estuviese haciendo Rick allí dentro, pero no encontraba ninguna explicación lógica. Sin embargo lo que no podía dejar de sentir era un vacío en el pecho que no paraba de repetirle el error que acababa de cometer.
Ella nunca había sido tan desconsiderada ni había perdido los nervios en medio de una conversación como esa. Tampoco había metido el dedo en la llaga que no sanaba en el interior de Rick, porque era consciente de lo mal que lo estaba pasando y de que por mucho que él quisiese intentar superarlo, le acompañaría durante toda su vida. Lo más seguro era que el estrés del día, junto a la reciente noticia bomba, había causado estragos en su paciencia. Además de que estaba dolida por el comportamiento del agente. No pensaba que se mereciese una indiferencia tan grande hacia ella, ni tampoco hacia los bebés que esperaban.
Apoyó rápidamente la espalda en el respaldo del sofá al escuchar los pies de Rick regresando al salón. Se fijó en que había decidido cambiarse de ropa aparte de buscar lo que ocultaba tras su espalda. Ahora vestía unos simples pantalones de chándal gris perla y su torso estaba cubierto por una camiseta negra de manga corta. En cambio sus pies permanecían descalzos, acariciando el parqué del suelo. Por instinto o porque se había excitado de repente cruzó las piernas, una sobre la otra y se mantuvo firmemente sentada. El pantalón de chándal marcaba demasiado bien esa parte de la anatomía de Rick que tanto le gustaba, sobre todo cuando caminaba hacia ella. Ya no le importó estar o no enfadada, una nueva emoción crecía en su interior.
-Nadie sabe esto.-dejó que Rick se sentase a su lado en el sofá e intentó ralentizar su respiración y sus pulsaciones para que no notase qué estaba sucediéndole. Quiso centrarse solo en su voz, en lo que tenía que explicarle, pero era imposible no perderse en su olor o en lo sexy que le veía con esa camiseta.-Nadie de mi familia, de mi entorno… Nadie.
Kate asintió en silencio. Los ojos del agente brillaban con la emoción de los recuerdos latentes en ellos. Recuerdos de los que Kate estaba segura, Kyra sería la protagonista. Siempre que había tenido que comunicarle algo había girado alrededor de ella, y no podía culparle. Aunque tampoco le molestaba. Ella era su pasado, algo que quedaría hasta los restos en su corazón.
-Esta es la primera ecografía que le hicieron a Kyra en sus tres meses de gestación.-Rick apartó la fotografía antes de que Kate la cogiese.-No hagas ningún comentario hiriente al respecto.-La abogada suspiró con fuerza tras esa pulla nada esperada. Comprendió que le había hecho daño de verdad, a pesar de que él no mencionase nada al respecto.
Le acarició la mejilla con cariño y delicadeza, y después se acercó a él poco a poco, dándole tiempo para rechazarla o invitarla a seguir. Al ver que no se apartaba ni hacía nada para evitarlo, juntó sus labios con los de él varias veces. Abrió y cerró su boca pegada a la suya, degustando su cálida piel las veces que quiso mientras que él la sujetaba por la cintura y comenzaba también a rodear su lengua con la suya.
-Lo siento.-susurró ella sobre sus labios manteniendo los ojos cerrados.
-¿Lo sientes de verdad?-lo escuchó responder él en el mismo tono de voz, sin hacer el mínimo esfuerzo de despegar sus labios de los suyos. Entreabrió un tanto los ojos solo para comprobar si él la estaba mirando, pero al ver que él seguía cerrándolos, una pequeña sonrisa comenzó a dibujarse en su boca.
-Sí.
-Pues dame otro beso, que sigo enfadado.
Entonces, Kate se colgó de su cuello con las dos manos enlazadas detrás de su nuca y apretó todavía más su boca con la del agente. Sus lenguas eran un lío de saliva, gemidos cariñosos y risitas que no podían frenar desde sus gargantas. Mientras que las manos de Rick no podían quedarse quietas en un punto fijo, por lo que viajaban desde su cintura hasta su espalda. Y no por encima de la camiseta, precisamente.
Esa era la reacción que había estado esperando por parte de Rick. La emoción, los besos, los abrazos, la ternura, el amor... No la indiferencia, la distancia entre los dos o el mal humor. Ahora comenzaba a sentirse reconfortada por el padre de sus hijos, en lugar de pensar que al final, se había quedado sola con algo que les pertenecía a los dos. Para cuando quiso darse cuenta, yacía sobre el pecho de Rick, apoyada sobre los antebrazos y con unas ganas increíbles de continuar besándole. Y no solo en los labios.
Se había dado cuenta, en el transcurso de los días desde que sabía que estaba embarazada, que una caricia del agente podía desatar un fuego peligroso en su interior. Fuego que siempre terminaba en sexo rápido o en sexo cariñoso, dónde fuese. Si se encendían de verdad, la única manera de apagarse era gritar de placer en medio de un terrible orgasmo. Algo que Rick controlaba mejor que nunca y provocaba ganas de más constantemente. Sus hormonas parecían estar disparadas. Alerta a todas horas, y odiaba que Castle se beneficiase de ello.
Él era consciente del embrujo que tenía sobre ella. De que con un simple beso acompañado de una pequeña caricia en la cara interna del muslo, la piel de la abogada comenzaba a hervir. Su respiración se aceleraba y su cuerpo perdía el control. Entonces él se reía en una voz baja, cargada de un tono ronco, le miraba como si le pidiese perdón y apartaba la mano. Pero, para entonces ella no hacía más que derrochar feromonas sexuales, y no había vuelta atrás. Esa era la manía de Rick para convencerla.
-Toma.-le entregó al fin la ecografía que había encontrado tras buscar con ímpetu en su cuarto y Kate se sorprendió notablemente con lo que se veía dibujado en ella.
-¿Esto es en serio?-tuvo que dejar la ecografía de sus hijos en la mesita auxiliar porque le era imposible creer lo que estaba viendo. Dentro de una misma bolsa amniótica, había dos pequeñas manchas compartiendo placenta, una a cada lado de la otra. Le recordaba a la imagen que le habían sacado hacía solo unos minutos de su propio útero. La imagen que ahora descansaba sobre la mesita auxiliar.
-Es muy en serio…-el aliento de Rick le acarició la oreja, justo detrás de ella. Se había colocado a su lado, e inclinado sobre uno de sus hombros, observaba la familiar ecografía que llevaba tanto tiempo guardando.
-Siempre hablaste de tu hija, no de gemelas.
-Una de ellas murió semanas después de esa ecografía.-Kate se estremeció al escuchar un toque de dolor y nostalgia en su voz. Un toque que distorsionó un poco su barrera de hierro e hizo que apoyase la cabeza en el hombro de la abogada. Cada día que pasaba, algo nuevo descubría de ese hombre. Y no siempre eran cosas buenas, sino recuerdos perturbantes que solo conseguían hacerle sufrir. Rick tenía un pasado tan oscuro, que incluso dudaba que ella pudiese arrojar algo de luz en su nueva vida.
Primero había perdido a una de sus hijas después de haber tenido la ilusión de criar a dos niñas al mismo tiempo con la mujer de la que estaba enamorado. A continuación había tenido que atravesar una crisis psicológica fuerte por esa perdida, además de apoyar incondicionalmente a Kyra, que sería la principal afectada. Al menos unos grados mayores que él. Y, cuando pensaban que la tormenta había pasado y les deparaba un futuro feliz, la vida le arrebató a las dos personas más importantes de su existencia. Por las que vivía siempre con una sonrisa. Ni siquiera había podido prepararse, había sido todo un giro drástico y muy rápido.
-¿Puedo decirte algo sin sonar ofensiva?-la joven giró un poco su cuerpo hacia él. Tras ver que asentía, con una mirada no muy convencida, agarró su mano entre las suyas y dejó en ella la ecografía.-¿Por qué parece que la historia se repite? ¿Por qué le sucedió eso a Kyra y ahora yo tengo mellizos? ¿Por qué?
-Porque el destino es una mierda, Kate.-vio cómo algo en su interior dudaba. Lo sintió en la manera que le apretó la mano con suavidad, haciéndole saber que estaba cogiendo impulso para poder hablar.-¿Entiendes ahora por qué todavía no he querido ver nuestra ecografía?
Algo en la cabeza de Kate se activó al escuchar eso. Era cierto que en ningún momento le había pedido la fotografía para verla, ya que poco había podido observar en el monitor antes de desmayarse. Y bueno, ahora también comprendía el desmayo, cosa muy extraña en alguien como él.
-Sí.-susurró ella.-Pero ahora quiero que entiendas tú una cosa.
Se levantó con cuidado del sofá, ya que una de las piernas de Rick la había rodeado por la cintura, y una vez se hubo puesto de pie, tiró del agente para que se colocase a su altura.
-¿El qué?
-Vamos a tener dos hijos sanos, sin problemas. Y ninguno se va a quedar por el camino, ni yo tampoco te voy a abandonar como, por desgracia, Kyra tuvo que irse.-a medida que iba diciendo con toda la seguridad que pudo fingir sin desmoronarse ante la mirada triste de Rick, dirigió sus enormes manos hasta su vientre, obligándolo a que lo acariciase.-Vamos a ser felices juntos, Rick. ¿Vale?
-¿Me lo prometes?-Rick inspiró con fuerza por la nariz y Kate vio las lágrimas a punto de desbordarse por sus párpados.
-Te prometería el cielo si pudiese dártelo.-la abogada le mordió el labio inferior con ternura tras haberse fundido en un abrazo capaz de recomponer una a una las piezas rotas dentro del agente.
