Draco, sus padres y maestros, todos ellos pertenecen a JKR (como si ustedes no lo supieran).
Severus Snape siendo dueño de un cuervo pertenece a J.L. Matthews (vayan todos a leer su historia. Es grandiosa). Sin embargo encontré un nuevo nombre para él esta vez.
El nombre de la pandilla "Tiburones" está tomada del musical "West Side Story", por supuesto. No recuerdo dónde encontré el nombre "Rakers" pero debo haberlo leído en alguna parte.
La idea de Snape con una familia propia viene del fic de Al "Time of trial". (Gracias, Al. Parece que siempre tengo las mejores ideas leyendo tus fics).
La familia Glizzard y Gringolf Glizzard pertenecen a mi amiga Pega Pony, y también todas las canciones de Gringolf. ¡Gracias por prestármelos!
Mi amigo Edmond es dueño de sí mismo y de su caballo Apolo.
Viejo Joe y el Joe de Tess pertenecen a Zebee.
Nota de la autora:
No, no me equivoqué de capítulo.
Nota de la traductora:
Silverfox es de Austria (no confundir con Australia) y su lengua materna es el alemán, pero escribió "Runaway Dragon" en inglés, si deseas leer la versión original, puedes encontrarla en fanfiction.net y si deseas escribirle (en alemán o inglés, preferentemente), su dirección es silverfox@kabsi.at
Capítulo 36: DE REGRESO A LA ESCUELA
Con una sensación de alivio, Harry pasó a través del muro y entró a la plataforma Nueve y Tres Cuartos. Finalmente estaba lejos de los muggles. Las peores vacaciones de su vida habían terminado.
Bueno, tal vez estaba exagerando ligeramente, pero había sido malo. Los Dursley no le habían permitido tener a Hedwig consigo y a solo unos días de iniciadas las vacaciones, Ron había escrito diciéndole que no podía enviar tampoco a Pig. Aparentemente, el profesor Dumbledore le había informado a los Weasley que ya no era seguro enviarle lechuzas a Harry durante el verano y la señora Weasley le había prohibido a Ron contactar a su mejor amigo.
Harry había estado esperando que Ron se las arreglara para conseguir que al menos una lechuza evadiera la vigilancia de su madre, pero ni una sola carta de sus amigos llegó en todo el verano. Finalmente tuvo que recurrir a llamar a Hermione por teléfono mientras los Dursley estaban fuera para pedirle que comprara por él los libros de la escuela cuando fuera a Diagon Alley a comprar los suyos.
Ahora, simplemente no podía esperar para finalmente ver de nuevo a sus amigos. Empujó el carrito por la plataforma tratando de descubrir a los Weasley en la multitud.
-¡Harry! ¡Harry! –Harry levantó la Mirada y vio a los hermanos Creevey corriendo hacia él con tanto entusiasmo como de costumbre.
-¡Hola, Colin, Dennis! –respondió, considerando sus oportunidades de una rápida retirada empujando un carrito entre tanta gente mientras que los Creevey parecían haber ya subido su equipaje al tren y pasaban por entre la multitud sin carga que les estorbase. No tenía oportunidad, decidió, y se detuvo para esperar el asalto.
-¿Cómo estuvieron tus vacaciones, Harry? –preguntó Colin tan pronto como lo alcanzó-. Las nuestras estuvieron grandiosas. Fuimos a Francia y...
Harry lo dejó hablar lo que esperaba fuera suficiente para parecer educado.
-Eso es magnífico, Colin, pero debería subir al tren. ¿De casualidad ha visto a Ron o a Hermione?
-Oh, seguro que sí. Están en el siguiente carro, tercer compartimiento –sonrió Colin-. Te están reservando un asiento.
-Entonces, sera major que vaya antes de que crean que no voy a llegar y se lo den a otro. Hasta luego, Colin –Harry dirigió rápidamente su carrito hacia el siguiente carro y, afortunadamente, los Creevey no lo persiguieron.
-¡Por aquí, Harry! –escuchó a Ron llamándolo luego de unos pocos pasos y cuando levantó la mirada, los vio a él y a Hermione agitando sus manos por la ventana de su compartimiento.
-¡Ron! ¡Hermione! –los saludó.
-Danos a Hedwig por la ventana –sugirió Hermione, en lugar de saludar, y extendió las manos, lista para recibir la jaula que contenía a la lechuza nevada de Harry.
Hedwig ululó adormiladamente ante la sugerencia, lo que Harry asumió sería una aprobación del plan, así que la levantó tan cuidadosamente como pudo y Hermione y Ron la metieron en el compartimiento.
-¡Estaré con ustedes en un momento! –dijo Harry a sus amigos y levantó su pesado baúl para arrastrarlo dentro del tren.
Por suerte se había fortalecido un poco desde su primer año y aún cuando seguía siendo pequeño y delgado para su edad, ahora era capaz de cargar su baúl por las escaleras sin necesitar ayuda. Sonrió al recordar a Fred y George ayudándolo en su primer año. ¿Dónde estaban esos dos, por cierto? Todavía les quedaba un año en Hogwarts, pero Harry no podía verlos por ningún lado mientras arrastraba su baúl por el pasillo y se asomaba en todos los compartimientos por los que pasaba.
Sin embargo, pronto se olvidó de los gemelos, cuando encontró el compartimiento de Ron y Hermione y sus dos amigos lo saludaron con estusiasmo.
-¡Oh, Harry, estoy tan feliz de verte! –exclamó Hermione, abrazándolo.
-Lamento tanto no haber podido enviarte un solo búho en todo el verano, pero mamá le puso un encantamiento a Pig para que tuviera que enseñar toda carta que le diera para entregar y luego Percy me atrapó tratando de usar a Errol cuando mamá se fue de compras.
-Siento no haber podido enviarte un búho para tu cumpleaños –agregó Hermione-. Pero ya sabes que Dumbledore dijo que no sería seguro, y si Dumbledore decía eso...
-Lo sé, Hermione. Pero realmente los extrañé –contestó Harry, sonriente.
Estaba tan contento de ver a sus amigos otra vez que ni siquiera notó a Neville Longbottom sentado calladamente en una esquina de su compartimiento hasta que Ron le entregó su regalo de cumpleaños y Neville le deseó un tímido "feliz cumpleaños, Harry".
-Hola, Neville –lo saludó Harry, sorprendido-. Perdona, no te había visto. Es que estoy tan entusiasmado por ver a Ron y Hermione otra vez y no esperaba encontrarte aquí también.
-Está bien. El compartimiento de mis amigos ya estaba lleno, verás, y no quería sentarme solo en caso de que llegara Malfoy –Neville miró al grupo con aire avergonzado.
-¿Malfoy? ¿Te ha estado molestando otra vez? –preguntó Harry, enojado. Siempre se sentía un poco protector hacia el tímido, torpe Neville. El pobre chico no merecía el tratamiento que recibía con frecuencia de parte de los Slytherin.
-No, no. Ni siquiera lo he visto. Pero después de este verano, quién sabe qué actitud va a tener –trató de explicarse Neville.
Por un momento, Harry se preguntó que podría haber pasado ese verano para poner a Neville tan nervioso acerca de Malfoy, pero antes de que pudiera formular una pregunta, Ron empezó a hablar sobre sus aventuras durante las vacaciones y cuando les contó la última broma que los gemelos le habían gastado a Percy, Harry se olvidó de Malfoy por completo.
El tren pronto empezó a moverse fuera de la estación y alrededor de una hora después llegó la bruja con el carrito de comida. Neville insistió en comprar una gran caja de ranas de chocolate y algunas grajeas de todos los sabores para todos ellos. Harry tomó algunos pastelillos de calabaza y Hermione sacó algunos dulces muggles sin azúcar que sus padres le habían dado.
Ron se sonrojó un poco cuando todo lo que pudo dar para el "picnic" fueron algunos emparedados de queso, pero Neville siguió el ejemplo de Harry y Hermione y comió un emparedado sin quejarse.
-Gracias, Ron –incluso dijo Hermione-. Realmente necesitábamos algo de comida de verdad antes de todas las golosinas.
Ron se sonrojó otra vez y empezó a decir algo cuando de repente hubo un golpeteo en la puerta y la gran cara perruna de Gregory Goyle se asomó casi tímidamente.
Harry se sorprendió, ¿desde cuándo Goyle llamaba antes de entrar a un compartimiento lleno de Gryffindors?
Vincent Crabbe apareció detrás de su amigo un momento después y lo empujó dentro. Se quedaron ahí por un momento, mirando a su alrededor en una forma que hizo que Harry recordara a Neville cuando perdía su sapo.
-¿Buscan algo? –preguntó a los dos matones de Malfoy en un tono de voz casi neutral.
-Sí –dijo Goyle, luciendo como un cachorrito perdido.
-A Draco –agregó Crabbe-. ¿Lo han visto?
-No –los cuatro Gryffindors negaron con la cabeza.
-Hemos buscado en todo el tren –se quejó Goyle-. ¿Qué vamos a hacer sin Draco?
-Lo encontraremos –Crabbe trató de animar a su mejor amigo-. No hemos buscado en los baños todavía.
-Cierto –dijo Goyle-. Vamos a buscar en los baños.
-Uh, chicos –los detuvo Hermione.
-¿Qué? –preguntó Crabbe, que estaba ya en el pasillo.
-Si Malfoy está en el baño cuando empezaron a buscar en el tren, es probable que ya haya vuelto a su compartimiento.
-Oh –fue todo lo que pudo decir Goyle al respecto.
-Pero tampoco nadie en los compartimientos lo ha visto –señaló Crabbe.
Hermione se encogió de hombros.
-¿Tal vez les están gastando una broma?
Crabbe y Goyle intercambiaron una mirada, se encogieron de hombros y se alejaron por el corredor.
-Hey, quizá Malfoy realmente no está en el tren –Ron sonrió alegremente-. Tal vez nunca más regrese.
-No digas tonterías, Ron –Harry sacudió la cabeza-. Por supuesto que Malfoy va a volver a la escuela. ¿De qué otro modo podría terminar su educación? Y dudo que sus padres le permitan cambiar de escuela a estas alturas.
-Pero, Harry, ¿no te has enterado? –exclamó Hermione, y Ron y Neville lo miraron incrédulos.
-¿Enterarme? –repitió Harry-. ¿De qué?
-De lo del papá de Malfoy, Lucius –susurró Neville inquieto-. Él... mató a su esposa.
-La asesinó a sangre fría –agregó Ron-. La golpeó hasta matarla y la torturó.
-En realidad, el Daily Prophet dijo que estaba ebrio, que tuvieron una discusión que se puso violenta y que Narcissa cayó y se rompió el cuello –corrigió Hermione.
-Y cuando lo arrestaron encontraron su casa llena de muggles muertos y cosas de artes oscuras –continuó Ron, ignorando a Hermione, que estaba poniendo los ojos en blanco y a Neville, que estaba temblando de miedo con el espantoso relato.
-Deja de exagerar, Ron. Vas a empezar un rumor que sólo servirá para asustar a los pobres de primer año –ordenó Hermione-. No encontraron más cadáveres que el de Narcisa y, aunque encontraron muchos objetos de artes oscuras, éstos no estaban por toda la casa. Estaban almacenados en un lugar seguro y sólo unos pocos tenían señales de uso reciente.
Harry todavía se estremeció ligeramente ante la idea de Lucius Malfoy enseñando a su hijo cómo usar todo tipo de herramientas oscuras. Ciertamente deseaba que Malfoy no llevara a la escuela alguna cosa que el Ministerio hubiera pasado por alto. Eso si volvía a la escuela. Tal vez nunca tendría que ver a Malfoy otra vez.
-¿Arrestaron a Lucius? –le preguntó a Hermione, desconfiando de que el relato de Ron fuera a ser del todo correcto en cuanto a eso.
-Sí, fue juzgado y enviado a Azkaban de por vida –reportó Hermione-. Todo salió en el periódico. También dijeron que perdió toda su fortuna en el proceso.
-¿Y qué pasó con Draco? –preguntó Harry.
Hermione abrió la boca para contestar, dudó, y la cerró de nuevo.
-No lo sé –dijo con voz asombrada-. El periódico no lo decía.
Miró a Ron y Neville esperanzada, pero Ron sólo se encogió de hombros.
-Creo que el Departamento de Servicios Sociales del Ministerio lo habrá llevado con sus abuelos o algo así –concluyó ella después de un rato.
Pero Neville sacudió la cabeza.
-El Departamento de Servicios Sociales es una broma –les dijo-. Sólo existe de nombre. Nunca aparecieron cuando mis padres... bueno, ustedes saben. Mi abuela simplemente me llevó con ella y nadie preguntó siquiera qué había pasado conmigo.
-No pueden quedarse sin hacer nada, Neville –insistió Hermione-. Alguien en el Ministerio tiene que hacerse cargo de los niños huérfanos.
-Nunca parecieron tomarse la molestia conmigo tampoco –le recordó Harry-. Fue Dumbledore quien me llevó con los Dursley, no el Ministerio. Y, a diferencia de Neville, Malfoy ni siquiera es un huérfano. Su padre todavía está vivo para cuidar de él.
-Lucius fue enviado a Azkaban de por vida –corrigió Hermione.
-¿Tal vez su abuela lo recibió? –sugirió Neville-. Eso sería lo más natural, ¿no es así?
-Los padres de Lucius Malfoy ya murieron –dijo Ron alegremente-. Apuesto que él mismo los mató.
-¿Qué hay de los padres de Narcissa? ¿O tal vez tías y tíos? –preguntó Harry.
Ron lo meditó un momento y luego se encogió de hombros.
-No sé cuál es la familia de Narcisa. Pero creo que será una de las viejas y adineradas familias sangre limpia.
-Mi abuela mencionó una vez a un Jeremiah Malfoy –recordó Neville-. Me parece que dijo que no era tan malo como Lucius, pero que seguía siendo un típico Malfoy.
-En todo caso, ¿a quién le importa dónde está Malfoy? –sonrió Ron-. El que no vuelva a Hogwarts es motivo para celebrar.
¿No más Draco Malfoy? Harry sonrió ante esa idea. No más amenazas, no más luchas contra los Slytherins...
-¿Y por qué los parientes de Draco no lo enviarían a la escuela? –argumentó Hermione-. ¿Saben en dónde vive Jeremiah Malfoy? Si es que es él quien se hizo cargo de Draco. Lo más probable será que aborde el tren en otra estación esta vez.
-Uh... tal vez lo enviarán a otra escuela –Ron no quería renunciar a la esperanza-. Él siempre quiso ir a Durmstrang. Tal vez se cumplirá su deseo y nosotros nos libraremos de él.
-Nadie se cambia de colegio en el quinto año –Hermione sacudió la cabeza-. El currículum es demasiado diferente y tendría problemas con el lenguaje también. Víctor me dijo que tienen cursos de idiomas para los primeros años, pero los estudiantes mayores generalmente no los toman, porque chocarían con otras materias.
Aún así, Harry, Ron y Neville mantuvieron la esperanza de que Malfoy no apareciera y todo indicaba que tenían suerte. Cada vez que se detuvo el tren , abrieron la ventana del compartimiento y se asomaron buscando a Malfoy entre los chicos que abordaban el tren, pero a pesar de su distintivo cabello platino, ninguno llegó a verlo.
Entre más se acercaban a Hogwarts, más empezaban a creerlo. ¡No más Draco Malfoy! ¡Sí!
Y, ciertamente, cuando llegaron a la estación de Hogsmeade, todavía no había señales de Malfoy. Se detuvieron a observar a los otros estudiantes salir del tren, todavía buscando cabello rubio platino, pero todo lo que encontraron fue a Crabbe y Goyle todavía luciendo perdidos y confundidos.
-¡Sí! –exclamó Ron-. ¡Nos libramos de él!
-Todavía falta el tren pequeño que viene del Norte –señaló Hermione.
-Oh, pero ese estará aquí en cinco minutos –les informó Hagrid entre sus gritos llamando a los de primer año-. Será mejor que ustedes se vayan o se perderán el banquete.
Ron y Harry todavía querían permanecer ahí y ver entrar el segundo tren, pero Hermione sujetó sus brazos y los arrastró hasta los carruajes-. Vamos, no habrá espacio en los últimos carruajes cuando llegue el tren.
Reluctantemente, los muchachos aceptaron y unos pocos minutos después llegaron a Hogwarts y se abrieron hacia la entrada en medio de la gran multitud de niños entusiasmados y felices de regresar. Trataron de moverse con rapidez para conseguir buenos asientos en la mesa de la Casa de Gryffindor desde donde tener una buena vista de la ceremonia del Sombrero Seleccionador.
Harry se las arregló para deslizarse dentro del salón justo a tiempo para ver a Draco Malfoy entrando calmadamente desde el otro extremo del salón. Harry gimió decepcionado. ¡Malfoy estaba ahí, después de todo! Y no solo eso: además le había sonreído burlonamente, obviamente sintiéndose superior por no haber tenido que abrirse paso entre una multitud.
¡Un momento! ¿Cómo era que había entrado por otra puerta? Esa pertenecía a uno de los corredores que llevaban a una escalera hacia los calabozos, no era una de las entradas del salón. ¿Malfoy había llegado tan temprano que había tenido tiempo de visitar la sala común de Slytherin entre entonces y ahora? Eso no parecía probable porque esa no era la puerta que usaban normalmente los Slytherin cuando llegaban a comer. La escalera que correspondía a esa puerta era bastante estrecha y quedaba más cerca de la oficina de Snape que de la entrada a la sala común de Slytherin.
¿Y qué era esa extraña caja que llevaba en sus manos?
***
Draco llegó al gran salón justo en el momento en que todos los demás estaban entrando. Sonrió al ver a Harry Potter quedar medio aplastado a muerte en la puerta y se apuró a ir a la mesa de Slytherin. Listo. Ahora nadie se daría cuenta de que no había llegado en el tren como todos los demás.
-¡Draco! ¡Aquí estás! –gritó alguien solo unos instantes después.
Volteó la cabeza y vio a Vincent y Gregory yendo hacia él.
-No te encontramos –informó Gregory cuando llegaron.
-No estabas en el tren –aclaró Vincent-. Casi creímos que no ibas a venir.
-No tomé el Expreso de Hogwarts este año –Draco sonrió viendo sus caras de sorpresa.
-¿Por qué? ¿Dónde estabas? –preguntó Gregory-. Traté de enviarte una lechuza, pero se regresaba.
-Oh, tuve unas vacaciones realmente grandiosas en una locación ultrasecreta –les dijo Draco.
-¿En serio? ¿A pesar de... er… -Vincent se interrumpió de repente, pero por suerte su mejor amigo continuó en su lugar.
-¿Dónde fue? Vamos, Draco, puedes contarnos –presionó Gregory.
-Si se los dijera, solo lograría asustarlos –sonrió Draco.
-¿Quieres decir que es un lugar muy peligroso? –preguntó Vincent.
Draco asintió.
-Un lugar donde sus padres nunca les dejarían ir.
-¿El Bosque Prohibido? –preguntó Gregory.
-No, más prohibido.
-¿El cuartel de los aurors en Londres? –Vincent eligió el sitio más peligroso que conocía.
-¡Por supuesto que no! –resopló Draco-. ¿Quién quiere pasar ahí las vacaciones? No, estuve en un lugar mucho mejor, donde hasta los aurors temen ir.
-¿El cuartel de Voldemort? –sugirió Gregory inmediatamente.
-No. Ese lugar probablemente es aburrido a morir y debe estar en mitad de la nada. Estuve en toda clase de lugares y conocí a mucha gente.
-¡Oh, vamos, cuéntanos! –suplicó Vincent.
-No, tendrán que adivinar –insistió Draco.
-Se nos acabaron las ideas –se quejó Gregory luego de un momento.
-Bueno, entonces tendrán que rendirse –sonrió Draco.
Por un momento los dos lucieron casi decepcionados, pero entonces se distrajeron con la llegada de Blaise, quien los saludó con s manera usualmente amigable pero distante y entonces miró con desprecio a Draco.
-¿No pudiste pagar una túnica mejor que esa?
Draco simplemente se encogió de hombros.
-Esta servirá. Y no tendré que ser cuidadoso para no romperla en una pelea.
Blaise pareció ligeramente sacado de balance con esa respuesta, pero se recuperó después de un momento.
-¿Y qué es esa cosa que traes en esa caja?
-Sí, Draco –preguntó Gregory ansiosamente-. ¿Qué hay en la caja?
-Mi nueva mascota –Draco sonrió con orgullo.
Todos los que estaban en el rango auditivo voltearon a mirar la caja, pero nadie se movió. Severus había cubierto el huevo con una tela encantada para mantenerlo cálido, así que sólo podían ver un poco de tela.
-Bueno, ¿qué es? –preguntó Vincent finalmente.
-Un huevo de cuervo –susurró Draco.
-¿Un huevo? –repitió Blaise con un gruñido-. ¿Qué tiene de grandioso un huevo?
-A un cuervo hay que conseguirlo desde el huevo o no obedecerá –le informó Draco calmadamente-. El dueño en persona tiene que entrenarlo.
-Oh, ¿y crees que puedes hacerlo? –dijo Pansy Parkinson, despectivamente.
"Bueno, hasta aquí llegó cualquier esperanza de todavía tener novia" pensó Draco.
-El profesor Snape cree que puedo, y él sabe todo acerca de cuervos.
-¿Oh, en serio? –dijo Blaise.
-Da la casualidad que él también tiene uno como familiar –contestó Draco, con una dulce sonrisa.
-Sí, eso es cierto –confirmó Gregory para sorpresa de todos-. La vi una vez en su oficina.
-Él –corrigió Draco-. Munin es un cuervo macho.
Eso silenció a todos por un momento, entonces empezaron a hacer preguntas con interés y sólo se detuvieron cuando la profesora MacGonagall llegó con los de primer año.
Draco solo miró al Sombrero Seleccionador durante la mayor parte de su canción, que había empezado relatando cómo los Fundadores habían iniciado un colegio que proveía de educación a todos los magos y brujas. Hasta el estúpido sombrero debería saber más que eso. Tenía que haber escuchado alguna vez que había otra escuela en Londres.
La selección fue bastante aburrida después de haberla visto tantas veces ya. La única cosa interesante eran las caras verdes de los de primer año cuando eran llamados y tenían que caminar al frente bajo las miradas de toda la escuela.
Draco contempló la multitud de niños nerviosos que decrecía con rapidez y pronto vio a las dos niñas con las que había jugado en la tienda de ropa de segunda mano. Las saludó con la mano y la más valerosa agitó su mano en respuesta mientras que la otra se limitó a sonreírle. Las dos parecieron un poco menos nerviosas después de eso.
-¡Carter, Araminta! –llamó MacGonagall poco después y la valiente se adelantó hacia el Sombrero Seleccionador.
"Araminta" pensó Draco "Voy a recordar ese nombre". ¿O ella preferiría un diminutivo? Le parecía recordar que su madre la había llamado "Minty".
Al Sombrero no le tomó mucho tiempo decidir el destino de Araminta.
-¡Ravenclaw! –anunció en solo unos pocos segundos.
Draco aplaudió junto con los Ravenclaw mientras ella caminaba hacia la mesa de su nueva Casa.
-¿Conoces a esa primeriza? –susurró Vincent al oído de Draco.
-La conocí a ella y a su amiga en Diagon Alley durante el verano. Nos divertimos juntos, así que pensé que se merecía un poco de apoyo –contestó Draco sin apartar la mirada de la selección. Después de todo, no tenía idea de cuándo sería llamada la otra niña y, siendo la más nerviosa de las dos, definitivamente iba a necesitar todavía más apoyo.
Pero el Sombrero Seleccionador siguió y siguió y el grupo de primer año siguió encogiéndose y encogiéndose.
-¡Smith, David! –llamó MacGonagall cuando sólo quedaban cinco estudiantes.
¿Smith, David? ¿David Smith? ¿Dónde había escuchado ese nombre antes? ¡Oh, cierto!
Draco lanzó una mirada hacia la mesa de los profesores y vio que la atención de Severus estaba fija en el muchacho que caminaba tiesamente hacia el Sombrero como si estuviera en una marcha militar. Apenas logró contener una risita al notar el corte militar del cabello del niño. "Como un pequeño zombi" pensó.
Dravid se sentó muy recto en la silla con sus manos enlazadas en el regazo y frunció ligeramente el ceño mientras el viejo y gastado Sombrero era puesto en su cabeza.
Esperaron. Pequeños murmullos se extendieron por todo el salón mientras el tiempo pasaba sin una decisión. El muchacho tenía que ser realmente difícil de ubicar. Desafortunadamente, Draco no podía ver la cara de David, ya que el Sombrero había cubierto toda su cabeza. Se preguntó ligeramente si el muchacho podía siquiera respirar ahí debajo, pero, claro, el Sombrero tenía agujeros más que suficientes.
En la mesa de los profesores, el profesor Flitwick se inclinó junto al profesor Snape para preguntarle al director qué harían si el Sombrero no lograba ubicarlo.
-El Sombrero Seleccionador siempre ha sido capaz de ubicar a cada estudiante –contestó Dumbledore con calma-. No hay necesidad de ponernos nerviosos sólo porque le tome un poco más de tiempo con el señor Smith. Recuerdo algunos otros estudiantes con los que se tardó todavía más.
Como si fuera una señal, el Sombrero finalmente se decidió.
-¡Slytherin! –anunció con un ligero tono de alivio en su voz.
Draco miró rápidamente a Severus mientras todos a su alrededor empezaban a aplaudir. Había un brillo peligroso en los ojos de su tío. Draco sonrió. La presa había sido enviada directamente a los colmillos de la serpiente.
David pareció estar muy nervioso mientras se presentaba con sus compañeros de primer año con un breve discursito.
Ellos lo miraron por un momento, entonces una pequeña rubia soltó la carcajada y pronto todos en la mesa de Slytherin tenían cuando menos sonrisas burlonas. David parecía estar luchando por contener el llanto.
En la mesa de los profesores, Dumbledore miró a Severus, quien se encogió de hombros ligeramente.
-No puedo simplemente ponerme en pie de un salto y armar un gran escándalo justo ahora, ¿o sí?
Albus, quien sabía muy bien que Severus podía eliminar el comportamiento no deseado por medios mucho más sutiles que un escándalo, guardó en su mente el suceso para examinarlo después. Algo debía estar sucediendo con Severus y el señor David Smith.
Una prefecta de sexto año finalmente tomó cartas en el asunto y le recordó a sus compañeros de Casa que los Slytherin no se burlaban de los miembros de su propia Casa.
Casi al mismo tiempo llegó el final de la ceremonia del Sombrero Seleccionador con MacGonagall llamando:
-¡Zoran, Jana!
La otra niña de la tienda de ropa casi corrió a la silla sólo para escapar de todas las miradas. Tuvo suerte de ser ubicada rápidamente y por primera vez en su vida, Draco se encontró aplaudiendo por una Hufflepuff. Bueno, al menos ninguna de sus pequeñas amigas había tenido el infortunio de terminar en Gryffindor. Supuso que Hufflepuff no era tan malo. Al menos Jana tendría un montón de buenos, aunque mayormente estúpidos, amigos ahí.
Menos de un minuto después, apareció la comida en las mesas y Draco comprendió de repente que apenas había comido carne en todo el verano y que ni siquiera la había echado mucho de menos. Además había muchas otras cosas que los Snape no podían permitirse y él llenó su plato obligándose a recordar agregar algunos vegetales también. Después de todo, los vegetales eran buenos para la salud, aunque hubiera comido un montó de ellos durante el verano.
Acababa de empezar a comer cuando un búho irrumpió aleteando en el salón. La pobre ave parecía completamente exhausta. Debía haber estado volando durante días, tal vez semanas, a juzgar por lo revueltas que estaban sus plumas y por la forma cansada en que agitaba sus alas. Incapaz de seguir volando en línea recta, el búho aleteó hacia la mesa de Slytherin, donde cayó sobre un plato de puré de papas, frente a Draco.
Draco lo sacó y lo acomodó en la mesa, donde el búho inmediatamente extendió una pata hacia él. Tan pronto como el muchacho desató la carta de su pata, el búho dio un exhausto suspiro y hundió el pico en su plato, demasiado cansado como para picotear la comida.
-¿Qué es eso? –preguntó Gregory con curiosidad.
-Mi carta de Hogwarts para este año –contestó Draco distraídamente.
¿Cómo era posible? Todo lo que el búho tenía que hacer era volar de Hogwarts a Hogsmeade, la misma distancia que él y Severus habían recorrido a pie ese mismo día. Severus había dicho que el búho era joven y una inspección más cuidadosa confirmó eso. Parecía agotado, no viejo. ¿Estaría enfermo?
Draco levantó gentilmente el animal de su comida y se dirigió a la mesa de los profesores ignorando las miradas curiosas de sus compañeros.
Los profesores dejaron de comer y contemplaron casi con tanta curiosidad como los estudiantes a Draco llevando la inmóvil bola de plumas hasta Severus.
-¿Qué es, Draco? –preguntó el maestro de Pociones casi gentilmente.
-Mi carta de Hogwarts –contestó Draco-. Es el búho de la escuela que faltaba.
Severus miró al búho sólo por un momento antes de dirigirse a MacGonagall.
-¿Minerva?
La Cabeza de Gryffindor se levantó para mirar más de cerca al pájaro, entonces se encogió de hombros.
-Podría ser. Es del tamaño correcto, pero no lo conozco tan bien como para reconocerlo. Es uno de muchos, después de todo.
Hagrid se inclinó sobre la mesa extendiendo una de sus grandes manos y tomó el búho de manos de Draco. Acarició con gentileza sus plumas revueltas y goteantes, le quitó una pera de debajo de un ala, y levantó la mirada, llena de pena por el pobre animal.
-Sí, este es Chip. Ha estado desparecido durante todo un mes. ¿Qué le hiciste al pobre chico?
-Nada –se defendió Draco-. Nunca lo había visto antes. Nada más se suponía que me entregara mi carta de Hogwarts y no llegó hasta hoy.
-Es muy extraño –recalcó Severus-. Draco estaba a una distancia cómoda para el búho durante todo el tiempo que éste estuvo ausente. No hay razón por la que debiera llegar tarde o así de agotado.
El director Dumbledore sugirió calmadamente:
-Quizá deberías mantener a Chip aislado de las otras lechuzas hasta que se haya recuperado por completo, Hagrid. Parece que debe tener algún virus. Tal vez deberías llevarlo también con Madame Pomfrey.
Hagrid asintió.
-Eso haré, profesor. Pobre pequeño Chip. Usualmente es un pajarito alegre y vivaz.
-Parece que no tengo suerte con los búhos este año –comentó Draco a Severus-. Gregory me envió uno también, pero no me encontró y regresó con la carta.
-Bueno, no puede haber tenido tu dirección, así que tal vez su búho no fue capaz de localizarte –trató de explicar Severus. En realidad era una coincidencia muy poco probable, como si de alguna manera Draco hubiera sido invisible para los búhos. Teóricamente, era posible esconder a la gente de los búhos, pero Chip acababa de encontrar al muchacho. Se había dirigido en línea recta, o en línea tan recta como le era posible, hacia él desde el momento en que entró en el salón.
-¿Pero no debería ser capaz un búho de encontrar a un mago sin una dirección? –preguntó Draco.
-Muchos pueden, pero es un truco difícil. Supongo que el búho del señor Goyle simplemente no es muy brillante –contestó Severus, su mente distraída trabajando en el misterio. Si Draco no había sido invisible, eso tenía que significar que por alguna razón los búhos no habían sido capaces de aproximarse o encontrar su apartamento en West Hogsmead, lo cual significaba que debía haber un hechizo sobre su apartamento.
Pero Munin no tenía problema encontrando su camino a casa y la lechuza de la tienda de pociones en Diagon Alley lo había encontrado también sin retraso alguno. Si el apartamento era invisible específicamente para los búhos, él no debería haber recibido más que Draco.
A menos que...
-¿Puedo ver tu carta un momento, Draco? –pidió Severus, tan casualmente como fue capaz.
-Por supuesto, pero cayó en el puré de papas –Draco se la entregó.
Severus revisó rápidamente el sobre. Sin dirección, justo como había sospechado, ¿pero quién había escuchado jamás de un encantamiento que hiciera invisible un lugar para los búhos a menos que llevaran una carta con la dirección exacta? No muchas personas lo había visitado en el Parque Merlín y todavía menos eran lo suficientemente poderosas como para colocar un hechizo como ese sin que Severus lo detectara en algún momento.
-Deberías volver a tu cena –le dijo a Draco mientras le devolvía la carta-. Debes tener hambre.
Draco asintió y se marchó. Severus lo siguió con la mirada por un momento, entonces dirigió su atención al anciano mago sentado junto a él. ¿Qué tipo de medidas secretas de seguridad había tomado Albus para proteger a su familia?
***
-Draco, hay algo que debo decirte –dijo Vincent en el momento en que Blaise salió del dormitorio para ir al baño esa noche.
-¿Oh, de veras? ¿Qué? –dijo Draco, preguntándose por qué Vincent no se lo habría dicho durante el banquete. Por la forma en que hablaba Vincent, parecía que consideraba que se trataba de algo muy importante, ¿por qué habría esperado tanto?
-Greg, vigila la puerta –ordenó Vincent-. Si Blaise o alguien más quiere entrar, avísanos. Es importante.
-Oh, es acerca de eso –asintió Gregory-. Lo lamento, Draco –agregó mientras salía.
-¿Lamenta, qué? –dijo Draco, mirando interrogante a Vincent desde donde estaba acostado.
-Un mensaje del Lord Oscuro –Vincent explicó sus precauciones.
-¿Del Lord Oscuro? –repitió Draco-. ¿Hablaste con Voldemort en persona?
-Mi padre lo hizo. Me pidió que te dijera que el Lord piensa que no sería seguro para ti ser iniciado con el resto de nosotros –reportó Vincent-. Cree que los aurors te vigilarán de ahora en adelante y sólo nos pondrías en peligro a los demás, así que quedas fuera. No podrás ser un Death Eater hasta que hayamos tomado el poder y destruido el Ministerio.
Draco tuvo que luchar por no reírse a carcajadas ante la mirada triste y llena de lástima de Vincent.
-Está bien, Vincent. Ya lo había comprendido por mí mismo. Tendré que vivir con eso.
-Va a ser duro –comentó Vicent, todavía lleno de lástima-. Quiero decir, justo después de lo de tu padre y todo el dinero que perdiste.
-Ya lo superé, Vincent –Draco vio de repente una gran oportunidad-. Ya hice mis planes para manejar la situación.
-¿En serio? –la curiosidad de Vincent se activó de inmediato-. ¿Qué vas a hacer?
-Tomaré Estudios Muggles –sonrió Draco.
-¿Qué? –era obvio que Vincent no podía creer lo que escuchaba.
-De esa forma le probaré al Ministerio que soy un buen brujito amigo de los muggles y del lado de la Luz –explicó Draco-. Tomará años convencerlos del todo, si es que lo logro, pero al menos así me darán menos problemas.
-¿Ya te han molestado? –preguntó Vincent con simpatía.
Draco asintió.
-Nos registraron durante las vacaciones e incluso pasé un par de horas en la cárcel mientras me interrogaban.
-¿En serio te encerraron? –Vincent estaba horrorizado.
-Oh, sólo hasta que el profesor Snape llegó a sacarme –Draco se estaba divirtiendo montones dejando que Vincent malinterpretara sus aventuras durante las vacaciones-. Es realmente bueno manejando a los aurors, ¿sabes? Uno lucía casi asustado. Pero, por supuesto, era sólo un guarda de prisión de segunda clase. Los que realmente hacen el trabajo importante son mucho más duros, eso dijo Snape.
-¿Ni siquiera temen a Snape? –Vincent tragó saliva-. Hombre, eso debe haber sido terrible.
Draco casi no pudo dominar una sonrisa de triunfo.
-¿Sabes? Si eso te atemoriza tanto, tal vez tampoco tú deberías convertirte en Death Eater. Ciertamente vas a encontrarte con muchos de ellos y no van a tratarte con la "gentileza" que me trataron a mí cuando seas adulto. El profesor Snape me contó algunas historias realmente horribles.
Vincent se quedó muy callado después de eso. Obviamente, consideraba seriamente la advertencia de dRaco. Como dijo nada durante alrededor de un minuto, Draco abrió la puerta y le indicó a Gregory que podía entrar otra vez.
-Realmente lo siento, Draco –le dijo Gregory otra vez.
-Estoy bien, Gregory, ya lo sabía –lo tranquilizó Draco. Decidió no repetir su historia para Gregory. Que Vincent lo hiciera por él. Con algo de suerte, él la haría todavía más aterradora y Gregory era bastante fácil de convencer. Con un poco más de suerte, un pequeño comentario de Severus sería suficiente como para costarle a Voldemort otros dos seguidores.
Y, en último caso, Vincent empezaría un rumor que explicaría su repentino interés en Estudios Muggles.
Blaise regresó momentos después.
-¿Qué, todavía estás desempacando?
-No, ni siquiera he empezado –le sonrió Draco. Había tenido dos razones. La que probablemente era la más importante era que se había sentido demasiado perezoso, y la otra era que quería evitar enredarse en el caos usual que causaban cuatro muchachos desempacando al mismo tiempo.
-¿Piensas deshacerte de ese pedazo de basura? –Blaise miró con desprecio el baúl de Draco.
-Pienso desempacar mañana –le informó Draco fríamente-. Y me gusta ese baúl, por cierto.
-¿En serio? Luce como si fuera de segunda mano –contestó Blaise desdeñosamente.
-Eso se debe a que es de segunda mano –le dijo Draco-. El profesor Snape tuvo la amabilidad de prestarme su viejo baúl de la escuela ya que el mío, desafortunadamente, despareció cuando el Ministerio registró Malfoy Manor.
-¿El baúl de Snape? –preguntó Gregory, fascinado-. ¡Oh, guau! –él y Vincent inmediatamente se acercaron a inspeccionar el baúl de Draco.
-¡Alejen sus garras de él! –les advirtió Draco-. Quiero devolverlo en una sola pieza.
-Yo aún así habría preferido algo nuevo –gruñó Blaise.
-Es un asunto de gustos, supongo –le contestó Draco en el mismo tono-. Por mi parte, yo prefiero las cosas viejas que me prestó el profesor Snape.
-Snape, Snape, Snape –repitió Blaise-. Eso es todo lo que dices hoy, ¿verdad? ¿Dónde pasaste las vacaciones? ¿En Snape Manor?
-No hay Snape Manor –le informó Vincent-. Fue vendida hace mucho tiempo. Para pagar deudas, creo.
-¿Entonces, dónde vive Snape? –preguntó Gregory, sorprendido. Probablemente no podía imaginar que alguien no viviera en una mansión.
-¿Aquí, en Hogwarts? –sugirió Blaise, encogiéndose de hombros.
-No, no vive aquí –Gregroy sacudió la cabeza-. O estaría aquí los fines de semana. Una vez le pregunté a Filch dónde estaba y me dijo que se había ido a casa.
-¿Tal vez tiene algún viejo castillo? –probó Vincent.
-¿Para qué vender la mansión, si tiene un castillo? –respondió Blaise.
-Tal vez compró otra mansión –decidió Gregory-. Nada más que no se llama Snape Manor.
-Apuesto que Draco sabe dónde vive Snape –dijo Vincent-. ¿Verdad, Draco?
Draco sólo asintió. Estaba riendo demasiado fuerte como para poder hablar.
-¿Bueno, dónde es? –demandó Blaise, impaciente.
Draco controló sus carcajadas, pero todavía estaba riendo un poco cuando contestó.
-No puedo decirlo. Es un secreto.
-¿Secreto? ¿Por qué tiene Snape una dirección secreta? –se intrigó Blaise.
-¿Para no ser molestado por estudiantes curiosos o vengativos durante el verano? –sugirió Vincent-. Por la forma en que lo odian los Gryffindors, tiene razón suficiente para no querer ser encontrado.
Eso aclaraba el asunto lo suficiente en la mente de Gregory, y éste continuó desempacando su baúl. Vincent se alejó también, pero Blaise no dejaría así el asunto.
-Oh, ¿y Draco es el único privilegiado que sabe dónde vive? –siseó-. ¿Por qué debería ser el único?
-Porque soy el único al que Snape ha invitado a su casa, esa es la razón –declaró Draco-. Y prometí no decir dónde es, así que no lo haré.
-De acuerdo, ¿quién de ustedes tomó mis calcetines blancos? –exigió Gregory de repente-. Los puse aquí en mi baúl y ahora no están.
-¿Tus calcetines? –repitió Blaise, exasperado, cuando comprendió que Gregory estaba mirándolo a él-. ¿Por qué debería alguien querer tus calcetines?
-Estaban en mi baúl y ya no están –repitió Gregory con enojo.
-Bueno, pues yo no los tomé –gruñó Blaise-. No tocaría tus apestosos calcetines ni aunque me ofrecieras pagar por ello.
-¡Mis calcetines no apestan! ¡Nuestro elfo doméstico acaba de lavarlos! –gritó Gregory, avanzando enojado hacia Blaise y cerrando los puños.
Vincent lo detuvo sujetándolo por la túnica.
-No pises mi túnica de gala. La llenarás de huellas.
-¿Pero qué hace tu túnica de gala en el suelo? –preguntó Gregory, frunciendo el ceño.
-Acabo de desempacarla, pero tengo que reacomodar mis túnicas del uniforme para hacer espacio en el ropero. Así que la dejé en el suelo mientras tanto. Ahora, sé bueno y regresa con tu baúl –Vincent trató de hacer retroceder a Gregory.
-Pero necesito mis calcetines blancos –protestó Gregory.
-¿No será que ya los desempacaste? –sugirió Draco, rodando hasta quedar boca abajo para poder abrir su baúl sin tener que levantarse de la cama.
-No lo creo –contestó Gregory.
-¿Revisaste si ya están en el ropero? –preguntó Vincent mientras Draco sacaba su pijama.
Gregory buscó en el ropero.
-No están aquí.-
-¿No dejaste unos calcetines en la silla, cuando saliste un momento? –preguntó Draco, ahora tomando su mochila.
Gregory revisó la silla.
-¡Oh, aquí están! ¡Gracias, Draco!
-¿Dónde está mi otro zapato? –gritó Blaise un momento después.
Draco suspiró y sacó a Cuddly y su gorra de los Rakers. Se puso la gorra y colocó al osito en su almohada. Listo, casi como en casa.
-¿Qué es eso? –preguntó Vincent con los ojos muy abiertos.
-Mi oso de peluche –explicó Draco-. Lo conservo todavía porque fue un regalo –no quería mencionar a Snape otra vez, porque eso podría recordarle a Blaise que él sabía dónde vivía Snape.
A juzgar por la forma en que lo miraron Vincent y Gregory, debían haber asumido que estaba refiriéndose a su madre o su padre.
-No me refiero al oso –dijo Vincent, un poco incómodo-. ¿Qué es esa cosa en tu cabeza?
-¿Mi gorra? –preguntó Draco, incrédulo-. Es sólo una gorra ordinaria, como las que usan los chicos muggles todo el tiempo. Son muy cómodas cuando hace calor y el sol molesta en los ojos.
-Hum, no hay sol aquí, Draco –le recordó Gregory.
-Ya lo sé, es sólo que me gusta usarla –explicó Draco pacientemente-. Es un regalo de mis nuevos amigos.
-¿Nuevos amigos? –repitió Blaise-. ¿Qué nuevos amigos?
-Sólo un grupo de chicos que conocí durante las vacaciones –dijo Draco, a la defensiva-. No los conoces.
-¿Hiciste amistad con un grupo de chicos muggles? –preguntó Vincent, horrorizado.
-No, ellos son magos –corrigió Draco-. Pero van a otra escuela. Mike me dijo que hay otros tres colegios mágicos en Gran Bretaña, de los que yo nunca había oído hablar.
-¿Mike? –preguntó Gregory-. ¿El Ravenclaw de sétimo año?
-No, mi amigo Mike, que no es alumno de Hogwarts –insistió Draco. Aunque Ravenclawn le quedaría bien a Mike, decidió. Su conocimiento de Transfiguraciones, cuando menos, haría que cualquier Ravenclaw se sintiera orgulloso.
Al final, su primer día en Hogwarts no había sido tan malo como esperaba, pensó Draco después, ya acostado. Sus compañeros habían sido más curiosos, pero menos agresivos de lo que esperaba. Por supuesto, mañana sería el primer día de clases y eso probablemente significaría que tendría que lidiar con los Gryffindors. Sólo esperaba que fuera igual de fácil.
Continuará...
Nota de la autora:
¿Cómo reaccionarán los profesores con Draco? ¿Empollará su cuervo? ¿Y podrá arreglárselas con Blaise y Pansy? ¡Por favor, comenten!
En el próximo capítulo:
Draco se encontrará con los Gryffindors en clases, entregará su tarea y tendrá que lidiar con MacGonagall.
