Obviamente, los personajes pertenecen a J.K. Rowling y yo solo los tomo prestados. Aparte hay otros muchos que son de mi propia creación.

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Capítulo 36: Posibilidades II

En la casita del árbol otro pelirrojo y otra castaña estaban sentados mientras apoyaban la espalda en la pulcra pared. La brisa de la tarde movía los cabellos de Eric, cuya cabeza sobresalía por el alfeizar de la ventana. Tenia las piernas recogidas y sobre ellas un cuaderno de dibujo; se le daba muy bien plasmar la belleza de los paisajes. A su lado, Beth sostenía en su regazo a su gatita, Babette, mientras leía "Historia de Hogwarts". Sus ojos aun estaban irritados del disgusto que se llevó hacia dos días cuando la visita de su padre. Había llorado mucho, sola y en compañía de Eric. El pelirrojo había demostrado con creces que era su mejor amigo y ella no podía estarle más agradecida.

Sentado en las escaleras blancas de madera había otra persona, de cuyas manos traqueteando encima de las cuerdas de su guitarra, salía el sonido que escuchaban de fondo. A sus dieciséis años, James era muy listo, y sabia que esa excesiva tranquilidad que había dentro de la casa se debía a algo. Sin embargo, había pasado por bastantes dramas ese verano como para indagar en otro más. Recogió su guitarra de su habitación y bajó al jardín donde ahora se encontraba. Hacia ya varias semanas que no tocaba, desde el baile de fin de curso en Hogwarts. Sabía que Eric y Beth estaban dentro de la casita y que también ellos tenían un secreto en el que ahondar. Hacia unos días que se venia sintiendo solo y eso sólo podía significar que echaba de menos a Alice. Durante esos últimos dos meses en Hogwarts la rubia había sido su apoyo, pero desde que llegaron las vacaciones tan solo la había visto tres veces contadas. Quizá porque no dejaba de pensar en ella, la letra se unió a la melodía en aquella canción que estaba componiendo bajo el sol estival. James tenía una voz muy dulce que conseguía engatusar a cualquiera.

There's so much craziness surrounding me,
There's so much going on it gets hard to breath
When all my faith has gone you, bring it back to me,
You make it real for me

Well I'm not sure of my priorities,
I've lost sight of where im meant to be
And like holy water washing over me,
You make it real for me


James no se dio cuenta de que hacia ya algún rato que había dejado de estar solo al pie de la escalera. Por el camino de piedra venia una sombra que cada vez se iba haciendo más grande y más cercana. El moreno tocaba con los ojos cerrados, poniendo el alma y el corazón en cada nota y en cada sílaba, y la persona que venia lo sabía. Había sido complicado convencer a sus padres de que la dejaran ir a ella sola y más aun de que se quedara a dormir, pero finalmente, y más sorprendente aun, gracias a su padre, lo había conseguido. Los rayos de sol robaban destellos brillantes de sus cabellos rubios y se tenía que tapar los ojos con las manos para no estornudar. Su corazón latía apresurado, pero su sonrisa era cálida y segura, la clase de sonrisa de una chica enamorada. Porque Alice Longbottom estaba sumamente enamorada de James Potter y lo había demostrado con creces los últimos meses. Esos habían sido los más difíciles que habían tenido que vivir como pareja.

And I am running to you baby,
You are the only one who saves me
That's why I've been missing you lately,
'Cause you make it real for me

When my head is strong, but my heart is weak,
I'm full of arrogance and uncertainty
When I can't find the words, you teach my heart to speak,
You make it real for me

La rubia llegó hasta donde estaba el moreno y sin hacer ruido, se sentó a su lado en la escalera. A veces le daba miedo, pues funcionaban como un viejo matrimonio que sabia cuando el otro estaba en su momento más bajo y necesitaba de su apoyo. Y ya hacia días que Alice sentía una opresión en su pecho que le decía que era necesaria su presencia en Lily Cottage. Arremangó el vestido azul de tirantes que llevaba y cruzó una pierna sobre otra. Esto pareció llamar la atención de James, que abrió sus ojos marrones y se encontró con los azules de Alice. El amor se juntó con el alivio, el agradecimiento y la preocupación. Alice le puso una mano en el hombro, pero le animó a seguir tocando. Nunca se lo había dicho, pero una de las cosas que le habían conquistado del moreno había sido su faceta como compositor. Tal vez James no era muy bueno a la hora de decir sus sentimientos con palabras a la cara, pero todo cambiaba cuando las ponía sobre el papel en forma de canción. Alice recordaba cuando de niña se escondía detrás del abedul que había en Casa Potter y se pasaba horas escuchando a James.

And I am running to you baby,
You are the only one who saves me
That's why I've been missing you lately,
'Cause you make it real for me


Everybody's talking in words I don't understand,
You got to be the only one, who knows just who I am
And you're shining in the distance,
I hope I can make it through
Cause the only place that I want to be is right back home with you

I guess there's so much more I have to learn,
But if you're here with me, I know which way to turn
You always give me somewhere, somewhere I can learn,
You make it real for me

And I am running to you baby,
Cause you are the only one who saves me
That's why I've been missing you lately,
'Cause you make it real for me
You make it real for me

La canción terminó y con bastante elegancia, James se descolgó la guitarra del hombro y la dejó a un lado, apoyada contra la baranda blanca. Ya libre de ataduras y sin nada que se interpusiera entre ellos, se fundieron en un íntimo y tierno abrazo. James respiró tranquilo entre el cabello de Alice y besó levemente su cuello cuando este quedó a la vista. La había echado tanto de menos. La rubia era su particular pedazo de cielo en ese verano tan oscuro que le había tocado vivir.

- Viniste. –dijo separándose de ella para poder mirarla a los ojos. Sus manos continuaron en las pálidas mejillas de ella.

- Así es. –confirmó Alice.- No aguantaba ya más sin verte, y a pesar de que tienes una voz preciosa, no era suficiente. Necesitaba estar a tu lado, sentirte, abrazarte, besarte…

- ¿Besarme? –era increíble como su sola presencia servia para aumentarle el ánimo.- Pues fíjate que eso todavía no lo has he…-la palabra quedó interrumpida porque justo en ese momento Alice juntó sus labios con los de él. Se besaron larga y pausadamente.

- ¿Mejor? –preguntó Alice mirándolo con una sonrisa.

- Infinitamente mejor. –confirmó James.

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Eric y Beth casi ni se habían percatado de la llegada de Alice. Los dos niños evitaban a toda costa mirarse. Lo ocurrido con el padre de Beth había puesto de manifiesto la debilidad que sentían el uno por el otro, a pesar de ser tan pequeños. Beth leía con avidez el libro que le regalara Lily para su cumpleaños y no se daba cuenta de que era objeto de estudio para el pelirrojo. Eric la miraba con sus ojos marrones, esmerándose en captar su mirada concentrada en todo momento. Sus manos se movían rápido por el papel y era muy hábil con el carboncillo. Reconocía que la castañita estaba muy guapa con su vestido de tirantes color verde manzana y el cabello cayéndole hasta por encima de los hombros; pero estaría mucho mejor con una sonrisa.

Beth sonrió, pero no porque tuviera telepatía con Eric, sino porque algo escrito en el libro le causó gracia. Movió la mano por el lomo de Babette y fue correspondida por un ronroneo de satisfacción. Eric dejó a un lado el carboncillo y la observó sin tapujo alguno. Le picaba la nariz, así que distraído como estaba, se llevó la mano sucia de carboncillo al rostro. Beth levantó la cabeza, pues hacia rato que notaba unos ojos sobre ella. Era una criatura muy frágil y pequeña, tierna y atenta, cariñosa y razonable, y Eric no comprendía porqué alguien querría hacerle daño. Sin embargo, no estaba preparado para la carcajada de Beth.

- ¿Qué? ¿Qué ocurre? –preguntó extrañado mientas la castaña seguía riendo.- ¿Beth?

- Nada, no es nada. –dijo en un intervalo y luego volvió a reír.

- Ha de pasar algo; uno no se ríe por nada.

- Pues tal vez nos deberíamos de reír por nada más a menudo.

- No te entiendo, Beth. –Eric tenia la misma cara de confundido que a menudo ponía su tío Ron cuando hablaba con tía Hermione.

- Eres un buen amigo, Eric; pero a veces también un despistado. –Beth dejó a Babette en el suelo y se acercó al niño apretando contra su pecho el libro de Historia de Hogwarts.

- Gracias, supongo. –Eric al ver acercarse a Beth enseguida cerró su cuadernillo de dibujo. Nunca se lo había enseñado a nadie; bueno si, a su padre. Pero Harry ya no estaba y eso le hizo poner triste.

- ¿Qué te pasa? –Beth notó el cambio de semblante del pelirrojito.

- Nada; es que me acordé de mi padre.

A Beth le sorprendió esta afirmación. Desde que ella recordara, nunca habían hablado de los padres de Eric. Sabia que estaban muertos y ya esta. El pelirrojo se mostraba muy reservado con el tema y ella no quería ahondar en su dolor. Se sentó a su lado, apoyando la espalda contra la pared de nuevo y estirando las piernas en el suelo.

- Los echas mucho de menos. –el tono de voz de Beth bajó varias pulgadas. Nunca se había encontrado en una situación así, pero sabia que debía mantenerse cautelosa y receptiva.

- Si, mucho. Que no llore cada día por ellos no significa que no los quisiera. A veces me acuerdo mucho de ellos, pero no puedo evitarlo. Yo…quisiera que estuvieran aquí…conmigo, con todos nosotros.

- Es normal, Eric. ¿Eran unos buenos padres?

- Los mejores. –dijo Eric sin dudarlo.- Y no es que tío Ron y tía Hermione no sean unos buenos sustitutos, son los mejores después de papá y mamá, pero…-Eric se encogió de hombros.

- Pero no son ellos. –Beth extendió una mano y cogió la de Eric. Fue un gesto de amistad muy bonito que el pelirrojo supo reconocer con acierto.- Háblame de ellos, Eric.

- ¿De papá y mamá?

- Si.

- Eran unos grandes magos y tuvieron que luchar mucho para conseguir la paz en el mundo mágico. Todo el mundo siempre reconocía a papá, era famoso desde pequeño, pero a él eso no le importaba. Trabajaba mucho en el ministerio, era jefe de aurores, un cargo muy importante. A veces tenía que marcharse de misión unos días pero siempre volvía con regalos para todos, sonrisas, abrazos y besos. Él fue quien me enseñó a volar y a nadar como los muggles. Decía que me parecía mucho al tío Bill, pero que sin duda había sacado la valentía de él y de mamá. Me ayudaba con los deberes y quería mucho a Patitas. Nos reíamos mucho cuando me contaba un incidente que tuvo en Hogwarts con muchas arañas. Al tío Ron no le gustan las arañas y era gracioso ver las caras que había puesto. Papá sabía imitarlo muy bien. Pero por encima de todo me quería y eso le convierte en el mejor padre del mundo.

- A mi me habría gustado tener un papá así. –suspiró Beth y Eric le apretó la mano.- Puedo imaginar lo fantástico que era.

- Oh, si, mucho. ¿Sabes? Él era el único que sabia que yo pintaba; siempre decía que no sabía de dónde había sacado ese don porque tanto mamá como él no pasaban de unos simples rayotes. –apretó con fuerza el cuadernillo.

- Sabía apreciar la belleza de tus dibujos.

- Pero si tu no los has visto; a lo mejor son una patata y solo me lo decía porque me quería y quería verme feliz. –miró a Beth de reojo.- ¿Quieres verlos?

- Me encantaría. –Beth se sintió extremadamente conmovida y en su corazoncito de diez años supo que Eric era especial. Vio como el pelirrojito abría su cuadernillo por la primera hoja.

- Vale. Este es papá descansando en la hamaca del jardín. Estaba completamente dormido y hacía mucho calor, así que a mamá se le ocurrió despertarlo tirándole un cubo de agua fría cogida de la piscina. Papá se cayó de la hamaca del susto y nosotros nos reímos mucho, hasta que incluso él terminó riendo. Fue el verano pasado.

En el dibujo se veía a un muy reconocible Harry Potter con su cicatriz en forma de rayo, sus gafas redondas, su cabello negro salvaje y su encantadora sonrisa. Dormía apaciblemente en su hamaca sin saber qué le esperaba al minuto siguiente. Ciertamente Eric tenia buena mano para el dibujo y Beth se quedó maravillada.

- ¿Te gusta? –preguntó Eric dudoso.

- ¿Gustarme? Me encanta; es muy bonito, Eric. Tu papá se parecía mucho a Brian, a James también, pero más al enano.

- Si; tía Hermione siempre dice que es como tener un mini Harry en casa. –sonrió Eric.

- Estoy segura de que me habría gustado…como persona, digo.

- Oh, y tu le habrías encantado a él. –Eric se ruborizó ligeramente y pasó la página.

- ¿Esta es tu mamá?

- Si.

- Era muy hermosa. –Beth no quitaba los ojos de esa mujer de sonrisa juguetona y vivaces ojos marrones. Estaba tumbada en una manta, en el jardín. Llevaba un vestido de color blanco, de tirantes y falda amplia por encima de las rodillas. Se había quitado los zapatos y la melena rojo fuego era mecida por el tenue viento de principios de mayo. A su izquierda había una cesta de mimbre para un picnic. Ginny Potter aparecía con toda la vitalidad de sus 36 años.- Háblame de ella. –pidió la castañita.

- Mamá era la mejor compañera de juegos que podías tener, nunca se cansaba de reír. Aunque a veces tenía mucho genio, papá solía huir de ella cuando eso ocurría, pero luego siempre se arreglaban. Se querían mucho mucho, y de verdad. A veces mamá se perdía por el mundo muggle y era una fanática del cine, siempre se emocionaba cuando íbamos. Ella me enseñó muchas cosas, pero la más importante fue el concepto de la amistad y el saber valorar a las personas por como son y no por quien son. Era muy buena y los días que llovía y no podíamos salir al jardín nos contaba cuentos mientras nos acurrucábamos todos en su cama.

- Parece que tenías unos muy buenos padres. –confirmó una vez más Beth y apretó la mano de Eric.

- Los mejores. –repitió el pelirrojito.

- ¿Aun estás triste?

- No, ya no. Creo que tenía que hablar de ellos con alguien. Se que puedo hacerlo siempre que quiera con tío Ron y tía Hermione, pero ellos ya tienen muchas cosas y se han de hacer cargo de los más pequeños. No quiero añadirles más preocupaciones.

- Bueno, conmigo puedes hablar siempre que quieras.

- Gracias.

- No; gracias a ti por ser mi amigo. Y no me alegro de la razón que te trajo aquí, pero me alegro de que estés aquí. ¿Entiendes?

- Perfectamente.

Beth sonrió.

- Por cierto, tienes manchada la nariz.

- ¿Manchada? ¿De qué? –Eric se llevó la mano limpia y comenzó a restregársela por la nariz. Enseguida la mancha desapareció.

- De carboncillo. Pero ya está, desapareció.

- ¿Por eso te reías de mi antes?

- Bueno, es que estabas muy gracioso. –rió la castañita.

- ¿Si? Pues veremos a ver quien ríe antes ahora. –Eric dejó el cuadernillo con sus dibujos a un lado del suelo y se arremangó imaginariamente las mangas de su camiseta.

- ¿Qué vas a hacer? –Beth también soltó su tocho de Historia de Hogwarts.

- ¡Guerra de cosquillas! –dijo Eric antes de lanzarse contra Beth.

- Nooo. Eric, no, jajajaja, que tengo muchas, jajajaja. Eric… Jajajajaja.

- Jajajajajajajaja. –reía a su vez el pelirrojo.

Como todas las amistades, la suya tenía momentos de tristeza y alegría, de comprensión y diversión. Y siguiendo el ejemplo de Harry cuando era pequeño, Eric había sabido escoger muy bien a sus amigos.

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Molly caminaba por los alrededores de la casa; aunque habría sido más acertado decir que trotaba. Entre sus manos sostenía un ramillete de flores silvestres que había cogido de aquí y de allí. A todas luces Molly era la imagen de una niña feliz; y es que había sacado el carácter risueño de su madre. A sus ocho años sabía muy bien lo que era el sufrimiento, pero no iba a dejar que eso amargara su vida. Echaba mucho de menos a sus padres, al igual que sus hermanos. Pero sabía que no los iba a recuperar, así que solo se concentraba en sus recuerdos felices. Creía firmemente que existía un cielo y que sus padres estaban allí y la observaban.

El sol de la tarde estaba bajo y comenzaba su inexorable camino hacia el ocaso. Rodeada de tanta naturaleza y tranquilidad, Molly se sentía en la gloria. De mayor quería ser veterinaria muggle y jardinera mágica. Así tendría sus dos pasiones para ella sola. Ansiaba los momentos de paz que siempre habían sido escasos en su familia de nueve miembros. El canto de un pajarillo llamó su atención y detuvo su trote. Se llevó una mano a la frente para protegerla de los rayos anaranjados del sol. Dio una vuelta sobre si misma sin lograr localizar al animalillo. Y ya estaba por darse por vencida cuando de nuevo escuchó el canto lastimero. Ahora si que lo vio en la copa de un árbol.

Era totalmente negro y con el pico rojo. No muy grande, parecía ser una cría que se habían olvidado en su nido. A Molly se le encogió el corazón por el animalito. Soltó el ramillete de flores silvestres en el suelo y caminó decidida a encaramarse al árbol para cogerlo. Sin embargo, un brazo fuerte y moreno se posó en el suyo frágil y blanquecino, moteado de pequeñas pecas. El corazón de la pelirrojita comenzó a latir con fuerza mientras se daba la vuelta lentamente. A su lado se encontraba un chico de unos doce o trece años. Tenía el cabello castaño cortado al ras y sus ojos marrones miraban demasiado fijamente. Molly lo reconoció enseguida, y a pesar de lo que le decía su razón, dejó de tener miedo.

- No puedes subir allí arriba. –su voz era muy diferente a como la recordaba. Más suave y amable.

- ¿Y eso porqué? –se llevó una mano a la cadera. Había heredado la vivacidad de su madre, pero también parte de su genio.

- Porque te harás daño. –el chico señaló su vestido de falda corta que dejaba al descubierto sus piernas.- Esos zapatos te harán resbalar. No son para escalar. –señaló también las sandalias blancas de Molly.

- Ya sé que no son para escalar. –contestó ella de manera condescendiente.- Además, no quería escalar.

- ¿Y qué querías hacer? –el chico metió las manos en los bolsillos y miró al suelo. Era mucho más humilde ahora que estaba solo.

- ¿Porqué habría de decírtelo? –Molly era cabezona como todo Weasley que se precie.

- Porque así podría ayudarte. –el chico levantó la cabeza y le sonrió tímidamente.

- Umm…está bien. Quería coger ese pajarillo de allí. El pobre parece estar muy asustado y a lo mejor también está herido. –señaló con su mano la precaria rama de árbol donde estaba el animal.

- Es peligroso subir allí arriba. –reflexionó el chico.

Ninguno parecía ser consciente de que el brazo de Molly aun era sujetado por la mano del chico. En su otra mano, este llevaba un mp3 muggle de color negro. Un pequeño sonido salía de los cascos colgados al cuello; la pelirroja enarcó una ceja, el chico sacó su mano pero no apagó la música que por momentos subía de volumen.

- ¿Vas a ayudarme o no? –preguntó Molly cruzándose de brazos.

- ¿Para qué quieres el pájaro?

- Ya te lo he dicho. Para que deje de estar asustado y para curarlo si tiene alguna herida. Está muy solo allí arriba. Parece que su familia lo ha abandonado.

- A veces es mejor no tener familia. –reflexionó una vez más el chico. Molly lo miró sin acabar de comprender qué quería decir con ello.- Pero tu pareces buena persona, así que te bajaré al bicho.

- Gracias.

- No lo hago por ti, así que no me las des. –dijo el chico sin mirarla en ningún momento. Con bastante habilidad, se subió al tronco del árbol y comenzó a escalar de manera rápida y sin pausa. El pajarillo chillaba de manera estridente, pues creía verse amenazado. Sin embargo, el chico comenzó a hablar de una manera tierna y sosegada consiguiendo que le dejara acercarse y parase su incesante piar.- Tranquilo, bonito. Tranquilo. Parece que tienes daño en las patas y por eso no puedes moverte. No te voy a hacer nada. Allí abajo hay alguien a quien le preocupas mucho y no me lo permitiría.

El chico finalmente llegó hasta el pajarillo y lo cogió con una mano. Intentó tirar de él, pero se dio cuenta enseguida de que eso no sería posible. Alrededor de sus patas, el animal tenía un hierro que no hacía más que lastimarle la piel. ¡Con razón no podía volar! ¿Quién querría hacerle daño de esa manera a ese animalito indefenso? Se apoyó mejor en el tronco y con pericia desenroscó el hierro de las patas. El pajarillo chilló de nuevo dejando constancia de su dolor. Abajo Molly se inquietaba.

- ¿Qué pasa? ¿Qué le estás haciendo? –chilló para que el chico la escuchara.

- Tiene un hierro alrededor de las patas; se lo estoy sacando. –explicó él de manera tranquila.

- ¡¡Pobrecillo!! ¿Quién le haría algo así?

- Alguien muy cruel.

El chico al fin bajó con el animalillo entre sus manos. Parecía mucho más pequeño de lo que Molly se había imaginado y a sus ojos de niña asomaron unas lágrimas al ver las patas lastimadas. Los ojos negros del animalillo mostraban un miedo atroz, pero Molly se prometió que lo calmaría. Deshizo el nudo del pañuelo que llevaba en el pelo, lo extendió en sus manos y le hizo un gesto al chico para que lo pusiera en el medio. El pajarillo estaba tan asustado que no había forma de que se escapara y mucho menos de calmarlo. Chillaba de manera penetrante.

- Bueno, ya está a salvo. Ya me puedo ir

- ¿No quieres venir conmigo y ayudarme a curarlo? –preguntó Molly de manera inocente.

- No. No se me da bien cuidar de nadie. Ni siquiera sé porqué te he ayudado.

- Porque eres una buena persona.

- No, no lo soy.

- Si, lo eres. Una buena persona rodeada de malas personas. Como un rayo de luz en el ojo de la tormenta.

- Dices cosas muy extrañas.

- Bueno, todos tenemos nuestras cualidades.

- Yo no tengo ninguna.

- Si que las tienes; por ejemplo, eres el salvador de Chip. –le mostró al pajarillo que se había calmado con el acuneo de la pelirroja.

- No lo soy,

- Lo que si eres es muy negativo. –dijo con el ceño fruncido.

El chico no dijo nada en contestación, sino que se puso sus cascos y caminó sin volver la vista atrás. Sin saberlo, Molly se había convertido en su rayo de sol en el ojo continuo de la tormenta que era su vida. Porque él sabía que no era una buena persona. Lo decía él y lo decía la canción que escuchaba.

When you were here before
Couldn't look you in the eye
You're just like an angel
Your skin makes me cry
You float like a feather
In a beautiful world
I wish I was special
You're so fucking special
But I 'm a creep
I 'm a weirdo
What the hell am I doing here?
I don't belong here

I don't care if it hurts
I want to have control
I want a perfect body
I want a perfect soul
I want you to notice
When I'm not around
You're so fucking special
I wish I was special

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Esa noche, Hermione no bajó a cenar. Aludió que no se encontraba bien y Ron, que sabía la verdadera razón, no insistió. La cena transcurrió en agradable armonía y el tema estrella fue el pajarillo que Molly había encontrado en el bosque. Chip se había convertido en uno más de la familia y Ron bromeó con que era la única especie que les faltaba por tener en casa. Un pájaro común. Molly ayudada de James y Alice, que se quedaba a cenar, habían curado a Chip y este ahora descansaba en una jaulita en la habitación de Molly. Rose enseguida quiso saltarse la cena para ir a ver al animal, pues por una causa o por otra, era la única que todavía no le había saludado, y eso se convirtió en arma de discusión entre ella y Ron.

- Pelo, tío Lon, el pajalito no me conoce. Tengo que il a vel-lo y decil-le que soy Lose y vamos a sel amigos. –decía la niña componiendo su mejor sonrisa.

- Antes de subir tienes que cenar, Rosie. A Chip no le gustaría que fueras con el estómago vacío.

- No está vacío. Antes comí una chocolatina; y además, no me gusta lo velde. ¿Polqué siemple comemos velde? No hay comida losa.

- Rosie, comemos verde porque es sano y nutritivo.

- No quielo sano; quielo vel al pajalito. –Rose se bajó de su silla, pero Ron la cogió en brazos antes de que se marchara de la cocina.- ¡¡Tío Lon!!

- Rose…vas a comer o no verás al pájaro. Tu misma. –el tono de voz del pelirrojo le dijo que no bromeaba.

- ¿Y si hacemos un tlato? –se movió en el regazo de Ron, pero este no la soltó.

- ¿Qué clase de trato?

- Subo a vel al pajalito coliendo y después bajo y como lo velde.

- Umm…me parece que no. ¿Por qué no comes lo verde primero y después vas a ver al pajarito?

- Nooo, tío Lon. Ese tlato no me gusta. –Rose hizo un puchero.

- Pues es el único que hay.

- Eles malo; no dejas a Losie vel al pajalito. Se lo voy a decil a la tía.

- No; la tía no se encuentra bien esta noche, así que la dejaremos descansar. –a las palabras de Ron, Lily levantó la cabeza y cruzó la mirada con la del pelirrojo.

- Vamos, Rosie, come un poco y después te enseño a Chip. –dijo Molly conciliadora. No le había contado a nadie de la presencia del chico en el rescate.

Finalmente, Rose había accedido a comer y después ver al pajarillo. Ron sonrió mientras lo recordaba. Pasaban varios minutos de las once de la noche, Alice ya se había marchado mediante red flu y todos los niños dormían en sus camas. Esperaba tener esa noche a solas para Hermione y para él; tenían mucho que hablar. Terminó de recoger la cocina, mitad al método muggle y mitad al mágico. Subió la escalera en silencio, procurando hacer el menor ruido posible y guardando los juguetes que habían esparcidos por el suelo del pasillo. Asomó la cabeza por la habitación de Rose y Brian; dormían. Y después fue a echarle un vistazo a Leo en la nursery. El bebé también dormía con el chupete en la boca.

La puerta de su habitación chirrió levemente al abrirla, pero el pelirrojo supo cerrarla rápidamente. Cogió el pijama de encima de la cómoda y se cambió en absoluto silencio. Sus ojos azules estaban atentos al pequeño bulto ovillado que había a un lado de la cama. La ventana estaba abierta y la persiana subida de par en par. Por lo que la luz de la luna se filtraba dejando una sensación de claro oscuro. Ron suspiró antes de meterse en la cama. Si por algo se caracterizaba su relación con Hermione era por su perseverancia y su capacidad de anteponerse a la adversidad. Ya habían pasado por ello demasiadas otras veces.

- Hermione…-el pelirrojo se pegó al cuerpo de la castaña y enterró su rostro entre el cabello castaño alborotado.

- ¿Ya se durmieron los niños? –su voz sonaba lejana y ronca.

- Si. –Ron acariciaba sus cabellos con sus labios.

- Bien. –Hermione apretó con fuerza la mano del pelirrojo que envolvía su cintura.

- Mi amor…-comenzó a decir Ron, pero Hermione se dio la vuelta en su agarre y puso dos dedos temblorosos en los labios de él. El pelirrojo pudo ver que tenía los ojos irritados.

- Lo siento. –fue cuanto dijo ella antes de bajar la cabeza avergonzada.- Te lo tendría que haber dicho todo antes. Siempre lo estropeo todo.

- ¿Qué estás diciendo, Hermione? –preguntó Ron muy dulcemente.

- Debería de habértelo dicho antes, haber sido sincera contigo.

- Lo escuché todo, mi amor.

- Oh, Dios mío, qué tonta he sido. –se tapó el rostro con las manos.

- Un poco tonta si que eres, pero no por lo que tu crees. –con una mano fue sacando las de Hermione de su rostro. Después le besó la mejilla derecha.- Yo nunca podría dejarte de nuevo, nada podría obligarme a hacerlo. Lo hice una vez y mi vida se terminó hasta que te volví a encontrar.

- Peor Ron… Yo…yo no puedo tener hijos. –confesó Hermione acompañado por un lamento. Se notaba que le dolía profundamente.

- Hermione, escúchame, aunque te lo voy a repetir todas las veces que hagan falta; estar contigo es lo que quiero, lo que da sentido a mi vida. No me importa que no puedas tener hijos, y solo sufro porque veo que te hace sufrir a ti. Eres la mujer de mi vida, el ángel al que más quiero. Si tu sufres…yo sufro, si tu ríes…yo río. Somos un equipo que forman un todo, Hermione. Para lo bueno y para lo malo, para todo el amor que aun nos queda por darnos. No tendremos hijos, no pasa nada; a nuestro cargo hay siete personitas muy especiales y siempre podemos adoptar. Pero no te aflijas por ello; no lleves una carga que no te corresponde. –la abrazó fuertemente y le dio un beso en la frente.

- Ron…-había lágrimas de nuevo en los ojos de la castaña.- Te quiero, Ron.

- Yo también te quiero, mi amor. –Ron bajó sus labios hasta los de ella.- Nunca te dejaré, nunca. Tendrás que aguantarme lo que te reste de vida. –intentó infundirle un poco de humor al final.

- Estoy dispuesta a asumir el riesgo. –sonrió entre las lágrimas Hermione.

- Estás preciosa hasta cuando lloras. –le acarició la mejilla derecha de nuevo.- Pero eso no significa que tengas permiso para llorar siempre, eh.

- Lo tendré en cuenta. ¿Cómo está Lily? Se ha llevado un buen susto el día de hoy. He sido bastante injusta con ella, pro es que no estaba preparada para contemplar esa posibilidad. –Hermione hablaba con la seguridad que le transmitían los brazos de Ron arropándola.

- Cuéntame qué pasó.

- Bueno, llevo un par de días que me levanto con nauseas y sudor frío en la frente. No te he dicho nada porque no quería preocuparte. –se adelantó antes de que él protestara.- Lily había estado observándome y llegó a la conclusión de que podría estar embarazada.

- Vaya.

- Si. Y ante su insistencia mi reacción no fue muy buena. La pobre se asustó y disgustó mucho. Nunca habíamos tenido una discusión.

- Pero después ambas lo arreglasteis, y Lily es una chica sensata, en eso se parece a ti. Ya verás como mañana es la de siempre.

- Eso espero. –se quedó callada unos segundos antes de volver a hablar.- Ron…lo del bebé… Se que te lo tendría que haber dicho antes, pero es algo que había enterrado en lo más hondo de mi memoria y no estaba preparada para contarlo aun.

- No pasa nada, cielo. No te voy a negar que me ha dolido, pero no que no me lo contaras, sino que tuvieras que pasar por ello tu sola.

- ¿Cómo eres tan bueno conmigo? ¿Y por qué?

- Porque te quiero.

- Haces que suene muy simple.

- Es que lo es. –volvió a hacerle carantoñas y ella se dejó mimar.

- El bebé que perdí…-tomó aire antes de seguir hablando. Le costaba hilar las palabras.

- Shh. –Ron la interrumpió poniéndole un dedo en los labios. No quería que volviera a sufrir contando la historia. Al menos no esa noche.- No digas nada; ya has tenido suficiente por hoy.

- Pero Ron…

- Es una conversación que nos queda pendiente, ¿vale?

- Vale.

- La retomaremos el día que te sientas con fuerzas.

- Gracias. –le dio un casto beso en los labios.

- Y ahora vamos a dormir, porque mañana llegan Stuart y Lainey y además, los niños esperan a su hermosa tía sentada en la mesa del desayuno para decirle cuanto la quieren.

- Tonto.

- Pero me quieres igual.

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Efectivamente, al día siguiente llegó Stuart…pero sin Lainey. La rubia estaba enferma y se había tenido que quedar en Nueva York guardando cama. No se iba a aburrir, sin embargo, porque como dijo Stuart, se había quedado a su lado ese perro suyo que estaba tan loco como ella. Aunque lo dijo con cariño y medio en broma. Stuart le dio un abrazo muy especial y prolongado a Hermione; la echaba mucho más de menos de lo que estaba dispuesto a reconocer. La encontró más delgada que la ultima vez, pero pudo comprobar que la chipa de amor que había en sus ojos cuando miraba a Ron no había disminuido en absoluto.

Con la excusa de que tenia que enseñarle algo, Ron se llevó a Stuart demasiado pronto del lado de Hermione. No es que tuviera celos ni nada de eso, los había superado con todo el mundo excepto para con "Vicky", pero lo que tenia que hablar con Stuart era importante. Hermione compuso un puchero de esos que le salían tan bien a Rosie, pero a ella no le funcionó. Le pareció algo extraño, pero enseguida Leo reclamó su atención y ya no pudo seguir al pendiente. De todas formas, Ron le avisó de que tan solo serían diez minutos, como mucho quince.

Así que el pelirrojo y el rubio salieron presurosos hacia el cobertizo; tanto que este último casi no podía respirar. En el jardín vieron a Eric y Brian jugando en el parquecito de tierra. Ajeno a todo este trasiego, una silueta vestida completamente de negro y con sus ojos negros enfocados en su objetivo, esperaba pacientemente su oportunidad. Una ráfaga de aire proveniente del río tiró para atrás la capucha que cubría su cabeza y dejó al descubierto una mata de cabello rubio, casi blanco. El desconocido volvió a colocársela en silencio y se agazapó todo lo que pudo. Unos ojitos verdes desviaron su mirada hacia allí, le pareció ver algo. Miró a Eric que aplanaba la torre de su castillo de tierra; apretó con más fuerza el elefantito gris de peluche que ahora era su favorito.

- Eric, ven un momento, por favor. –se escuchó la voz de Hermione desde la ventana de la nursery de Leo. Llevaba al pequeño en brazos que no dejaba de llorar. Saludó con una mano a Brian y desapareció dentro.

- Ahora vengo y terminamos el castillo, ¿vale? –le prometió Eric a su hermano.

- Bueno. –dijo Brian apretando su peluche con ambas manos y mirando de nuevo hacia los matorrales donde creyó ver moverse algo minutos antes. Después volteó para ver como Stuart y Ron entraban en el cobertizo.

- Ya voy, tía. –dijo Eric en voz alta para que la escuchase su tía.- No te muevas de aquí, eh. Tienes que proteger nuestro castillo.

- Si, yo lo protegeré. –aseguró el morenito colocándose mejor las gafas.

Eric se marchó; Ron y Stuart entraron solos en el cobertizo y Brian se quedó completamente solo en el jardín. La sonrisa que se dibujó en el rostro del individuo agazapado fue enorme. Escondió la cabeza mejor dentro de la capucha y sacó su varita. Con un movimiento creó una réplica del hurón del niño y usando la maldición imperios hizo que el animal se paseara delante del niño y luego volviera a él. Así se aseguraba de que Brian saldría de las barreras protectoras que rodeaban el jardín y la casa.

- Nero, ¿Dónde vas? No salgas al bosque, te vas a perder. –dijo Brian. Se resistía a moverse porque tenía miedo. Pero el animalillo parecía querer enseñarle algo, porque no dejaba de ir y venir.- ¿Has encontrado algo? ¡Nero, no te vayas! ¡Nero! –finalmente Brian se levantó y después de traspasar la barrera de seguridad de la casa, fue envuelto por la espesa capa negra del desconocido y despareció.

No pasaron más de tres minutos y Eric ya había vuelto a salir al jardín. El pelirrojito miró hacia un lado y a otro buscando a su hermano pequeño, pero no lo vio. Decidió buscarlo por el jardín y los alrededores; de seguro había visto una mariposa o algún animalillo que le había llamado la atención y se había ido tras él. Si hasta se había dejado su peluche favorito olvidado en el parquecillo de arena. Miró mejor este sitio y vio que estaba deshecho; tendría que hablar con él cuando lo viera.

Mientras, en el cobertizo había dos hombres que estaban llevando a cabo una conversación muy desagradable. No por el tono ni las palabras ni nada, sino por el asunto que entrañaba. Stuart estaba apoyado contra una de las picas de mármol mientras que Ron se paseaba de un lado a otro. Habían puesto hechizos silenciadores y de seguridad para que nadie los molestara.

- Lo mejor sería que nos reuniéramos en casa de Neville cuanto antes, pero ha de ser de manera que Hermione no sospeche. –dijo el pelirrojo.

- ¿No te has planteado lo que dirá cuando se entere? –preguntó Stuart después de asentir a lo primero que había dicho.

- Sé que se va a enfadar mucho, la conozco. Pero es un pequeño precio que pagar si conseguimos atrapar a ese hijo de puta.

- Bien. ¿Sabes, Ron? Admiro la forma en la que siempre hablas cuando algo esta relacionado con Hermione.

- Ella es mi vida.

- Lo se; y tu la de ella. Así que ten cuidado en todo lo que hagas. No soportaría perderte de nuevo.

- Ambos la conocemos muy bien.

- Si. –Stuart sonrió tímidamente.

- Por cierto, a la reunión vendrá…Malfoy. –el último nombre lo dijo con desagrado.

- No te cae bien.

- No es cuestión de que me caiga bien o mal. Fueron demasiados años de malestar entre los cuatro. Harry, Hermione, él y yo. Pero a pesar del tiempo, para mi sigue siendo una serpiente que solo se arrastra en pos de su beneficio.

- ¿Y qué puede sacar de esto?

- No se; es amigo de Hermione, así que me aferro a eso. Además que su apellido aun le abre muchas puertas a las que nosotros no podemos entrar.

- Bueno, ya sabes que yo estoy al 100% contigo.

- Gracias.

- Dámelas cuando le hallamos dado su merecido a ese hijo de puta. Créeme, que después de ti, no hay nadie que quiera más que yo vérmelas con él. No hice nada en su momento, pero esta vez no me voy a quedar de brazos cruzados.

- Estuviste junto a ella, apoyándola en silencio. Y eso es ya mucho.

- Bueno…-el rubio se encogió de hombros indeciso; en su corazón sabia que no había sido suficiente. Tendría que haber hecho algo para alejarla de él desde el principio.

- Anda vamos. –Ron le pasó un brazo por los hombros a Stuart.- Le vendrá bien tenerte aquí unos días. Ella no lo dice, pero yo se que te echa mucho de menos.

- Es como mi hermana. –salieron a la luz del sol del exterior.

- Pues vamos a saludarla como se merece. –dijo risueño para luego ponerse serio de nuevo.- Intentaré que mañana mismo sea la reunión. Hablaré esta tarde con Neville para que él los reúna a todos.

- Quieres deshacerte pronto de mi, eh.

- ¿Yo? ¡Que va! Lo que pasa es que no me gusta compartir.

- Supongo que tienes que hacer malabarismos para compartirla con los siete enanitos. –rió el rubio.

- Pues si, bastantes. Y mira, ahí viene uno de esos enanitos.

Eric venia corriendo y con el semblante lleno de angustia.

- ¡Tío! ¡Tío! –le faltaba el aire para respirar y hablar al mismo tiempo cuando llegó a ellos.

- ¿Qué pasa, Eric? –Ron buscó con sus ojos azules a los asustados de Eric.

- Es Brian; no aparece. –sendas lágrimas caían por sus mejillas.

- ¿Cómo que no aparece? –preguntó Stuart, pues Ron se había quedado pálido y sin habla.

- Estábamos construyendo un castillo en la arena cuando tía Hermione me llamó. Entré solo un momento y le dije que no se moviera. Pero al salir el castillo estaba deshecho, su peluche favorito tirado y él no estaba. Lo he buscado por todo el jardín y no aparece. –Eric terminó sollozando y Stuart lo atrajo hacia él para consolarlo.

- ¿Lo sabe tu tía? –preguntó al fin Ron.

- No, pero también lo está buscando para no sé qué cosa.

- ¡Merlín! –el pelirrojo se llevó una mano al rostro, no había imaginado nunca eso.- Tenemos que encontrarlo; tenemos que buscarlo y encontrarlo.

- ¡Brian! –se escuchó la tierna voz de Hermione a lo lejos; una voz que estaba teñida de angustia. Había buscando al niño por la casa para que fuerza a almorzar, pero no estaba en ningún lado. Después recordó haberlo visto con Eric jugando en el jardín. Pero allí tan solo estaba su peluche abandonado. Se agachó y cogió al elefantito con sus manos. El corazón se le aceleró.- ¡Brian!

- No puedes ocultárselo. –le dijo Stuart a Ron.- Si de verdad Brian ha desaparecido tiene que saberlo.

- No sabemos si has desaparecido. –con un movimiento de varita, el pelirrojo hizo aparecer un mapa del merodeador, pero de Lily Cottage y sus alrededores. Allí aparecían todos los niños excepto Molly y Lily que estaban en La Madriguera. Pero Brian no estaba.- No está, no está. –Ron estaba al borde del colapso.- Si no aparece aquí…es que no está.

- Pero… ¿dónde puede haber ido? –preguntó Stuart.

- ¡¡¡NOOOOO!!! –se escuchó de nuevo a Hermione y desde el montículo vieron como la castaña se desmayaba.

Al bajar a su lado, lo que vieron escrito en la tierra fue:

"HOLA TELARAÑA,

TE QUEDASTE SIN UNO DE TUS HILOS.

LA CAÍDA ESTÁ CADA VEZ MÁS CERCA.

¿CUÁNTAS VIDAS PUEDE TENER UNA ARAÑA?"