Descargo de responsabilidad: Rumiko es dueña de los derechos intelectuales de Inuyasha y otros personajes de la serie. Este fic es para entretener y no forma parte de su obra.

Nota; Hola chicas ¿Cómo están? Miara un saludo como siempre, Makikita-Chan en este episodio se te despejarán las dudas, o eso espero ;), y liz10 ya actualice espero que te guste. Al resto les digo lo mismo y nada más a leer y eso.

Sólo se presentan cuatro gatos == Es una expresión que indica que de un gran grupo que debía haberse presentado sólo asisten pocas personas de lo esperado.

Hacer campana == no acudir a la cita o lugar en el que se debería estar.

El día después

En una cámara alejada del palacio central, el mayordomo jefe distribuía las tareas diarias a sus subordinados.

– "¡Qué curioso hoy que es el primer día que nos visita el segundo príncipe y sólo se presentan cuatro gatos a la reunión!* ¿Qué ocurre se os ha contagiado la pereza?" -Preguntó el mayordomo.

– "No señor." - Respondieron los asistentes.

– "Bien , entonces, ¿alguien sabe el motivo por el cual han hecho campana*?" - Interrogó el mayordomo. - "¿Nadie?"

– "Yo creo que es por lo que ocurrió anoche, señor." - Un asistente masculino habló. El jefe le indicó que continuara la explicación. - "Verá ayer mi amigo estuvo haciendo la ronda nocturna en el ala de los príncipes, y me contó que la princesa Rin era infiel a nuestro señorito Sesshoumaru."

– "¡Eh! ¡Que tonterías dices!" - Soltó una de las sirvientas más veteranas.

– "Lo que dices no es cierto ella nunca podría." - Agregó la otra asistenta de la Gran Dama Inu.

– "Yo sé lo que me dijo mi amigo y él no suele mentir en esas cuestiones." - Se reafirmó.

– "Pues tu amigo se equivoca." - Sentenció la veterana.

– "Si que le tienes aprecio a la chica humana."- Dijo en tono de burla el macho asistente.

– "¡Basta!" - Ordenó el jefe. - "Explica en qué se equivoca."

– "Yo y mi compañera colocamos unos paños íntimos a la prometida de Sesshoumaru. Por lo qué es imposible que las afirmaciones de éste sean verdaderas."

– "Entiendo, pero por si acaso. Id a las aposentos de Rin y atenderla en caso de que esté sino avisad a nuestra gran señora." - Las dos acataron la orden. - "Tú te encargarás de atender al segundo heredero."

– "A sus ordenes." - indicó el asistente masculino de antes.

El mayordomo jefe fue dando ordenes por doquier a sus compañeros de servicio y para cuando acabó se dijo.

– "Voy a comprobar la veracidad de los hechos en persona."

En la alcoba de las mikos Kaede se despertó por si sola. Se sentó sobre ella y miró la cama vacía de Kagome.

– "¿Kagome no está?"

En ese preciso momento unas sirvientas entraron dentro.

– "Buenos días." - La anciana miko las saludó.

Ellas no le devolvieron el saludo. Se acercaron a la anciana y la ayudaron a levantarse.

– "Gracias, pero no hace falta que me ayuden."

Kaede vio como las dos se miraban la una a la otra. Era como si estuvieron hablando por un largo rato sobre ella. La anciana entendió que no le hablarían si no fuera necesario, por lo que se fue a un bimbo cercano para cambiarse el yukata de noche por el kimono granate que Sesshoumaru le dio antes de venir. Cuando salió vestida las dos sirvientas, recogieron las sábanas de las camas y limpiaron la estancia a conciencia.

– "Si necesita sustento vaya al comedor."

– "Esperen" - Se detuvieron. - "¿Ha visto a mi compañera, la joven Kagome?"

Volvieron a mirarse con complicidad. Una pequeña sonrisa asomo por los labios de las criadas. Luego negaron con su cabeza y la dejaron de nuevo.

– "Esto es muy sospechoso." - Intuyó la anciana.

Las asistentas entraron en los aposentos de Rin. Ambas al ver a la joven dormir plácidamente, se relajaron pues tenían razón. Pero el olor del futón de Rin pertenecía a Sesshoumaru.

"Ya dijimos que era imposible." La más veterana le dijo a su compañera mentalmente.

"Sí,¿pero no hueles algo raro?" Inquirió la otra asistenta.

"Ja, ja, ja... Parece que los rumores sobre el príncipe Sesshoumaru eran ciertos."

"¿A qué te refieres?"

"A que le gusta jugar antes de practicar."

Las asistentas no aguantaron la risa y despertaron a Rin sin quererlo. Un poco remolona bostezó y se froto los ojos con los puños, luego la sirvienta más joven se puso en el lado izquierdo de su cama y le preguntó:

– "Buenos días, princesa Rin. ¿Qué tal fue el día de ayer?"

– "¿..Ayer..?"

– "Sí, no te hagas la inocente. Cuéntanos los detalles entre el señorito y tú." - Dijo la veterana.

– "Pues..."- Quedó pensando sobre lo que querían decir hasta que supuso que se referían a la cena familiar. - "la verdad le gustó mucho la cena." - Las sirvientas se tumbaron de golpe en la cama. - "Oops, ¿no se referían a eso?"

– "¡Por supuesto qué no!" - Se quejaron al mismo tiempo.

– "¿Y entonces...?" - empezó la pregunta Rin.

"Aparta." La avisó la veterana a la compañera.

La sirvienta más joven se levantó de la cama mientras ella retiró de golpe el futón y le abrió el yukata de Rin. Ambas vieron que los paños estaban intactos y no habían sido forzados. Rin por su parte enfadada al verse liberada abofeteó a la veterana por su osadía. Ella gruñó pero recordó que era la prometida de su señor y si le pasaba algo respondería por ello.

– "Lo lamento. Déjeme ayudarla a vestirse, por favor."

Rin no era muy vengativa y reconocía que para un demonio puro reconocer su error y pedir algo no era una tarea fácil aún así se hizo la dura para demostrar que no les tenía miedo.

– "Esta bien, pero no se te ocurra volverlo a hacer."

– "Sí, mi señora."

Rin fue ayudada como el primer día que vino a cambiarse y vestirse con el kimono real.

En el patio de piedra que daba cerca de las alcobas reales de los señores se amontonaban todos aquellos criados que no asistieron a la reunión, entre ellos el criado que Shiraga tenía de confianza y que lo había infiltrado para llevar a cabo su plan. Cuando el asistente masculino, cuyo encargo actual fue ir a atender a Inuyasha, llegó al pasillo cercano a las habitaciones notó la presencia de sus compañeros y antes de entrar se dirigió a ellos.

– "¿Qué hacéis aquí?" - Preguntó.

– "¡Vaya pregunta! Que vamos a hacer sino espiar la perra de dentro." - Soltó uno haciendo reír al resto.

– "Uff. No sé vosotros pero no creo que haya sido una gran idea. El jefe está muy enfadado y seguro que vendrá de un momento a otro." - Les advirtió.

– "Tranquilo macho. Lo tenemos controlado." - Dijo uno más.

– "¿El qué tenéis bajo control?" - Preguntó una voz por las espaldas del grupo.

Todos los presentes salieron por patas.

Sesshoumaru miró como los inútiles criados salían despavoridos.

Ilusos. Escaquearse del trabajo para satisfacer su morbosidad, ¿eh? Tal vez debería escarmentarlos por si se les ocurre hacerlo en un futuro. Aunque si lo hiciera probablemente nadie limpiaría el palacio.

– "Buenos días señor Sesshoumaru. ¿Ha dormido bien?" - Preguntó el asistente que quedó en el pasillo.

– "No es de tu incumbencia."

– "Por supuesto, señor." - Agachó la cabeza en señal de respeto y se dirigió a su tarea.

– "Espera."- El criado se paró en seco. - "Por hoy no hagas ésa habitación."

– "Pero señor mi deber es.." - Con una mirada fría y penetrante basto para hacerlo cambiar de idea. - "Como guste, señor Sesshoumaru."

En el mismo comedor en qué cenaron el día anterior estaban reunidas Kaede, Rin, Kirara y la madre de Sesshoumaru. Cuando él entró.

– "Señor Sesshoumaru, ¡buenos días!" - Rin lo saludó. Sesshoumaru suavizó su mirada sólo para ella algo que las otras dos mujeres notaron ipso facto.

– "Rin, ¿has dormido bien?" - Preguntó el daiyoukai.

– "Sí, señor." - Ambos se quedaron mirando en silencio. Rin le mostraba una sonrisa sincera pero estaba perdida en sus ojos, y él estaba anonadado en su estado de ánimo.

– "Os vais a quedar mucho tiempo así, o ya podemos empezar." - Se quejó su madre.

Ambos se sentaron y tal como ocurrió en la cena con un gesto de la dama los criados sirvieron el desayuno.

"Por cierto hijo, ¿sabes que es de mala educación entrar en la habitación de una hembra sin su consentimiento y menos si todavía no estás unido a ella?" -Preguntó a su hijo con la mente. Sesshoumaru se atragantó con el desayuno.

– "¿Pasa algo?" - Preguntó Rin preocupada.

– "No es nada, Rin." - Cerró sus ojos.

"¡Ni se te ocurra decírselo a Rin!" Avisó Sesshoumaru a su madre.

– "Ah" - Soltó Rin.

"Tranquilo chico. No le diré nada, confía un poco en tu madre." La gran dama inu sonrió y su hijo entrecerró sus ojos. Kaede vio todo esto y suspiró, hace un rato largo que se percató de qué gran parte de las conversaciones del palacio se hacían sin mediar palabra.

– "Por cierto, saben ¿dónde están el resto?" - Preguntó Kaede.

– "Creía que Kagome estaba con usted, Kaede." - Dijo su pupila.

– "Verás por la noche ella dijo que iría a dar una vuelta para despejarse antes de dormir pero cuando desperté ella no estaba."

– "Ella está con Inuyasha." - Soltó sin mucho ánimo Sesshoumaru. A Rin le brilló por completo el rostro en cambió a Kaede se lo quedó blanco como el papel.

– "¿Y ese ánimo hijo? Ni que estuvieras celoso de tu hermano." - Su madre se burló de él.

– "No digas tonterías, madre." - Dijo pausadamente esto último.

– "¿Y Kohaku?"- Esta vez preguntó su prometida. Sesshoumaru puso ojos de cansancio.

– "Él esta en enfermería. Por lo que se ve, no le sentó muy bien el postre."

"Seguro ¿qué no quieres contarme nada más?" Preguntó su madre.

"No."

– "En fin, supongo que entonces el entrenamiento con tu hermano se pospone." - Dijo la madre de Sesshoumaru.

Al fin algo bueno ha ocurrido después de una noche escuchando a aquél par de cerdos hacer el amor. Pensó Sesshoumaru.

– "¡Qué bien! Sesshoumaru eso significa que estará conmigo todo el día ¿verdad?" - Le preguntó Rin.

A su prometido se le pusieron los ojos grandes y se sonrojó.

– "Pero Rin no hemos hablado mucho durante bastante tiempo, ¿no te gustaría contarme lo que has aprendido?" - Se quejó su tutora humana.

– "Bueno sí..." - Comenzó a dudar de sí misma. - "¡Pero preferiría tener un día a solas con mi amado!"

Ahora a la madre padeció los mismos síntomas que su hijo. Él sin embargo le latía el corazón a 200 km/h y por vez primera no sabía que contestar.

– "¿A qué esperas para decir algo?" - Lo criticó su madre. – "Aght. Rin tienes el día libre. Haz con él lo que te plazca."

Mientras en la alcoba de Inuyasha, él y su mujer continuaban dormidos. Por los pasillos paseaba el mayordomo jefe en busca de los vagos que no se presentaron a la hora, y que por alguna razón intuía que estarían cotilleando los asuntos personales de sus señores. Ahora ben cuando llegó al lugar no había ni una mosca alrededor.

Alguien les debe de haber dado el aviso. Seguro que a quien envié a arreglar la alcoba del segundo heredero.

Ahora resentido por no poder desahogarse con esos perros entró en la habitación que creía desocupada y limpia, para hallar a la pareja dormida. Pero para su infortunio su olor despertó al hanyou y éste no estaba de buen humor.

Al menos he cumplido con mi obligación. He despertado al príncipe Inuyasha a tiempo para su entrenamiento.

Cierra la puerta tras de sí y va caminando orgulloso por el pasillo haciendo caso omiso de las risas de sus subordinados. En su cabeza había más de un chichón rojo.