Libro 3 - Fuego

Trucos de Salón

Cap. 35

.

Katara se despertó con bastante lentitud. Hacía semanas que Aang había caído. Semanas. Y pasaba cada momento libre a su lado. Lo que explicaría el por qué se estaba despertando en la silla a lado de su ventana, adolorida y sin esperanza.

-¿Katara?

Su cabeza se levantó expectación, pero no... No era Aang. Toph estaba en la puerta, frunciéndole el ceño con preocupación.

-Katara- repitió en voz baja -Vamos a comer algo.

Katara se limitó a sacudir la cabeza y tiró de sus rodillas hasta la barbilla.

-Más tarde- dijo entrecortadamente.

Oyó que Toph suspiraba y se iba. Le agradeció en secreto que no la presionara. Al quedarse sola de nuevo, Katara se quejó. Necesitaba algo para comer, beber, tenía que lavarse el pelo, salir, estirar las piernas y practicar agua control... ella no había salido de la casa desde que regresaron a la destilería. Ni una sola vez. Había dormido algo, comido un poco, pero no tanto como debería… ella no se atrevía a retomar su vida cotidiana. No mientras él estuviera en coma.

Cuando llegaron a la casa de huéspedes, Billie los recibió en la puerta con evidente preocupación. Su padre y Bato habían salido en busca de todos los Riversiders que quedaban en la ciudad para evacuarlos, pues sabían que tanto Omashu como Ba Sing Se, estaban por caer. Ella había insistido en quedarse a esperarlos, y aunque ambos hombres se opusieron y amenazaron con subirla al camión a la fuerza, Hakoda fue fácilmente intimidado por esa mirada iracunda que tanto le recordaba a su fallecida esposa.

Billie estaba muy sorprendida por el estado en que sus chicos venían, y a pesar de que estaba en legítimo derecho para entrar en pánico, con un alcalde cuya cabeza ahora tenía precio, tres adolescentes malheridos y uno más debatiéndose entre la vida y la muerte, ella demostró ser el sostén y el consuelo que tanto necesitaban. Tenía todo listo para salir de la ciudad (incluyendo el equipaje de los chicos), tenía una ruta de escape, combustible para el camión de Sokka y fue lo suficientemente lista como para encubrir la huida de los corredores más buscados.

Billie estaba muy preocupada por el estado de Aang. Nunca en su vida había oído que un curandero maestro agua, pudiera devolverle la vida a alguien por medio de una sanación con agua de los espíritus, era algo que no tenía precedentes. Sin embargo, también le inquietaba su niña, de manera que se esforzaba por ocultar su temor de que en cualquier momento, el efecto de los poderes espirituales pasara y perdieran al muchacho definitivamente. En todo el camino hasta las afueras de la ciudad, la mujer le dio los mejores cuidados que podía ofrecerle y tras algunas indicaciones a Katara, se separó de ellos y se llevó al alcalde consigo, pues tenía instrucciones de dirigirse a la destilería Norte junto con los demás Riversiders que habían escapado.

Katara había podido curar sus heridas y la de los demás, pero su pérdida de energía era evidente para todos. Billie le había suplicado que se cuidara y no intentara usar sus poderes de nuevo hasta que hubiera descansado por lo menos una noche entera. Sokka había prometido encargarse de ello y tanto él como Toph planeaban turnarse para cuidar de Aang y Katara. La despedida fue dura para todos, Billie no quería separarse de sus chicos (ni siquiera de los nuevos a quienes parecía haber adoptado), y ellos no querían quedarse sin la seguridad y calidez que ella les proporcionaba.

-Uhm...

Katara levantó la vista, no sin bajas expectativas. Pero no había nadie en la puerta. Tendría que haber sido...

-¿Dónde?- murmuró Aang, todavía inmóvil.

Ella abrió los ojos sorprendida y voló desde su asiento a su lado en la cama.

-Aang- susurró frenéticamente, tomando su cara entre las manos -Aang, ¿me oyes?

-Ka... tara...

Intentó decir, con la voz quebrada por falta de uso. Sus ojos se abrieron con cautela y ella sintió lágrimas comenzando a aglomerarse en sus ojos.

-Oh Aang- suspiró ella -¡Estás despierto!

Ella no sabía qué hacer consigo misma. Con un gruñido de esfuerzo, Aang trató de incorporarse. Katara se acercó de inmediato para ayudarle, recostándolo contra la cabecera. Él suspiró profundamente y abrió los ojos por completo, le tomó unos segundos enfocar, pero cuando lo hizo fijó la mirada en ella. Él sonrió débilmente.

-Katara- susurró.

-Aang- suspiró de vuelta, el alivio se hizo tangible en su cara -Estoy tan...

Ella cambió su postura un poco, evidente quería abrazarlo, darle sostén, envolver sus brazos alrededor suyo y tomar una respiración profunda capturando su aroma... pero se contuvo. Incluso después de su virtual muerte. Incluso después de sus semanas de inconsciencia, incluso después de su desaparición y de lo mucho que eso le dolía físicamente. Incluso después de eso, no podía olvidar que antes de todo, ellos no habían hablado una palabra amable durante varios días. Katara exhaló lentamente y bajó la mirada.

-Me alegro que estés despierto.

Aang tragó saliva y miró a su alrededor. Estaban en su habitación, él postrado en su cama, y parecían estar solos. Se miró a sí mismo y con una mueca, descubrió que había sido despojado de sus pantalones, vestido en su pijama y que la mayor parte de su piel desde la cintura para arriba, estaba cubierta de vendas. Su cerebro le informó muy lentamente, que le dolía el torso, los hombros y lo único que le evitaba esa misma sensación a su pierna izquierda, era un emplasto que alguien le había untado y cubierto con más vendas. Sus ojos se estrecharon por el esfuerzo de recordar.

-Qué... ¿qué pasó?- preguntó en voz baja.

Katara se mordió el labio.

-Tú... Azula, ella... - balbuceó.

-Me derrotó- la cortó Aang con voz llena de pesar, mirándose las manos -pero... pero no... no fue sólo eso ¿verdad?, yo... me fui y tú...

Katara lo miró con tristeza.

-Te traje de vuelta- susurró.

Su mirada se unió fuertemente a la de Katara, pero ella desvió la vista nuevamente.

-Con el agua del manantial de la Destilería del Norte.

-Me salvaste- anunció el chico, mirándola con una mezcla de ternura y culpa -Incluso después de...

Su voz se apagó, dejando un silencio ensordecedor entre ellos. Katara retorcía las manos en su regazo con nerviosismo, pero su mirada se había vuelto triste y distante.

-Por supuesto que sí- dijo en voz muy baja -No importa lo que suceda entre nosotros, nunca podría dejarte... sin ni siquiera intentarlo... simplemente no podía.

Ella cerró los ojos y Aang pudo darse cuenta finalmente, que se veía muy diferente a la última vez que la había visto. Había ojeras opacando sus ojos y su cabello no estaba en perfecto estado como de costumbre. Su ropa estaba arrugada, sus labios estaban un poco secos y sus hombros hundidos por el cansancio. Él tragó saliva. Seguía siendo hermosa.

-Katara... ¿cuánto tiempo he estado así?

Ella suspiró de nuevo, sin mirarlo.

-Cerca de cuatro semanas- Aang se derribó.

Cuatro semanas.

-¡¿Cuatro semanas?!- repitió con incredulidad.

Él pasó una mano por el pelo, agitado y mirando fijamente al techo. Katara sólo lo miraba en silencio, mientras Aang suspiraba profundamente.

-Has estado aquí todo ese tiempo, ¿no?

Katara no respondió, en su lugar apartó la mirada de él.

-Katara...

-No- dijo ella con firmeza -No me preguntes por qué. No me digas que no era necesario, porque lo hice de todos modos. Tenía que estar aquí.

Ella dio un suspiro tembloroso y miró hacia abajo de nuevo.

-Yo necesitaba saber que estabas bien, porque si no... y te atrevías a irte con lo último que te dije...

La joven exhaló con fuerza y cerró los ojos.

-Yo solo... necesitaba estar aquí.

Aang no podía apartar los ojos de ella. Sentía como si algo dentro de él se hubiera partido en dos y no podía decir si era bueno o malo.

-Trata de no moverte mucho, es posible que perdure la tensión de las lesiones- dijo en tono neutro -¿Hay algo que pueda traerte?

-No... estoy bien- respondió Aang, finalmente encontrando su voz.

Ella negó con la cabeza un poco.

-No lo estás- suspiró, pero Aang no respondió -Sólo llama si necesitas algo.

Katara se puso de pie y se estiró, sus articulaciones crujieron audiblemente. Aang la miraba en silencio. Ella se detuvo un momento y se volvió hacia él, vacilando un segundo antes de acercarse y cepillar su rebelde cabello, que ahora caía en su frente. Aang no sabía cómo reaccionar y se había quedado estático por la sorpresa. Y antes de poder decir o hacer nada, ella se había inclinado y le había besado la frente, susurrando a su paso un "Estoy muy feliz de que estés mejor". El aliento de la joven colapsó contra su piel y causó estragos en la voluntad del chico. Luego ella salió por la puerta y Aang se quedó mirando el lugar que ella había ocupado momentos antes.

Su cabeza le latía con fuerza y tenía la garganta seca. Con un gemido, hundió la cara entre las manos. Cuatro semanas. El tiempo nunca se había distanciado tanto de él antes. Sus pensamientos volvieron a las palabras de Katara, buscando algo... algo que le había molestado...

-"Yo necesitaba saber que estuvieras bien, porque si no... lo último que te dije..."

Aang frunció el ceño, parpadeando a través de sus dedos.

¿Qué era lo último que le dijo antes de caer?

Él cerró los ojos. Concentrándose justo como si tratara de atrapar el humo con sus manos. Su mente estaba llena de niebla y agua de alcantarillado...

Aang se sentó muy erguido de repente, ignorando el dolor en sus músculos. Recordó con pánico esas últimas palabras que ella había lanzado contra él.

-"Muy bien, entonces usted puede salir ya mismo de mi vida..."

Otro suspiro y se dejó caer contra el colchón. ¿Por cuánto tiempo habían estado peleando? Debió haber sido tan sólo… hacía unos días. Pero se sentía como si fueran edades. Y ahora, al parecer… las cosas todavía no estaban bien.

Katara. Había pasado cuatro semanas a su lado… Si eso no era un intento de reconciliación, no sabía lo que era. Suspiró derrotado. Fuera lo que fuese, sabía una sola cosa con seguridad: esto no podía tomarle mucho más tiempo.

.

00000000

.

Katara estaba sentada en la cocina, con los codos sobre la mesa y la cabeza entre las manos. Ella no sabía dónde estaban Sokka y Toph, pero no eran el problema ahora mismo.

¿Cómo podía haber sido tan fría con él?... ¿Por qué todavía estaba enojada?

Él probablemente estaba sediento… con dolor de garganta. Lo más probable es que también estuviera confundido... y adolorido. Él dijo que estaba bien pero ella lo conocía mejor. Podía sentir la tensión entre ellos. Tal vez él quería que saliera de la habitación. No debería haber...

Katara dejó escapar un gemido. Las cosas habían cambiado en las últimas cuatro semanas. Muchísimo. Ella tenía que decirle. Enterarlo de cada detalle... después de todo esta era su guerra también. Pero ella no se atrevía a mantenerse en sus pies frente a él. Espíritus, estaba cansada...

-¿Katara?

Ella levantó la vista para encontrar Sokka y Toph entrando a la cocina juntos. Ella frunció el ceño.

-¿Dónde estaban ustedes dos?

Ambos se encogieron de hombros.

-Fuera- dijo Sokka, serio -Tu sabes, como todos los demás. Vamos Katara, tienes que conseguir un poco de aire fresco.

-Bueno, probablemente lo haré- suspiró ella -Aang despertó.

-¡¿Qué?! ¿En serio?

Y con eso, ambos salieron de la cocina tan repentinamente como habían llegado. Podía oírlos correr por el pasillo, subir las escaleras en medio de un escándalo y luego saludar al recién llegado con entusiasmo. Parecían muy contentos de tener a Aang de vuelta.

Katara dejó caer la cabeza sobre la mesa con otro gemido.

-¿Cuando fue que mi vida se volvió tan complicada?

-Yo diría fue cuando tu la hiciste así.

Katara se incorporó con sorpresa. Su padre estaba sentado en la mesa, frente a ella. La joven le frunció el ceño y dejó caer la cabeza hacia atrás sobre su silla.

-No quiero hablar de eso- se quejó.

-Pues muy mal- respondió a la ligera -Hablé con Billie…

Katara lo fulminó con la mirada.

-¿Y?

-Ella dijo que estabas teniendo problemas con el chico.

-Ah.

Hakoda enarcó una ceja.

-¿Eso es todo lo que dijo? ¿Sin especificaciones?

-Por supuesto que no. Billie no traicionaría tu confianza, pero por favor… hasta una roca podría entender que tienes al muchacho de Gyatso en la mira.

Katara no respondió, sólo le gruñó.

-Mira, yo sé que soy la última persona en el mundo con quien quieres hablar de esto pero...

-Segunda persona.

-¿Eh?

-Tú no eres Sokka, ¿verdad?

Hakoda soltó una carcajada y Katara sólo suspiró.

-Quisiera que mamá estuviera aquí- dijo en voz baja.

Hakoda se inclinó hacia delante, acomodándole un poco de pelo detrás de las orejas.

-Lo sé hija- dijo con voz afectada -Todos lo hacemos. Pero con el tiempo, tenemos que defender y afrontar nuestros problemas solos.

Padre e hija se quedaron una vez más, en silencio. Hakoda la conocía y sabía que eso era, porque no quería que él supiera que estaba llorando.

-Vas a estar bien Katara- murmuró -Siempre lo estarás. Eres una guerrera, mi pequeña maestra.

Ella oyó el chasquido de la silla cuando su padre se puso de pie, y sintió el suave beso que él colocó en su coronilla antes de salir de la habitación. Katara suspiró de nuevo, usando sus dedos para doblar las únicas tres lágrimas que habían caído a la mesa.

-Siempre lo estoy- susurró.

.

000000000000

.

-¡Hey, pies ligeros! ¿Qué haces levantado?

Aang miró hacia la puerta con sorpresa. No podría ser mucho después del amanecer, pero había sido incapaz de dormir y ahora se encontraba en la cocina. Había sido una lucha llegar ahí por sí mismo… sus pies se negaban a coordinarse y debía pedir permiso a cada pierna antes de moverla. Aunque debía admitir que el planeador de Aire Control que habían liberado de la biblioteca, la hacía muy bien de bastón.

Ahora estaba apoyado en la esquina de la cocina, cerca de la puerta que Toph y Sokka acababan de cruzar. Aang frunció el ceño.

-¿Por qué se han levantado tan temprano?

Ambos se encogieron de hombros.

-Ha habido mucho que hacer aquí en las últimas cuatro semanas- dijo Sokka rotundamente.

El ceño del chico se profundizó y Sokka suspiró, resignado.

-Supongo que Katara no te ha informado.

Aang miró con repentino interés las líneas de la mesa.

-No. Realmente no hemos tenido la oportunidad de hablar- murmuró.

No había hablado con ella ni una vez desde que había despertado la noche pasada. Si no lo supiera, diría que ella lo estaba evadiendo. Quizá hasta se escondía de él. Sokka y Toph se sentaron a la mesa con él y Sokka se frotó los ojos cansados.

-Mira, las cosas han cambiado- dijo, arrojando la precaución al viento -Azula controla a los oficiales de la prohibición, así que la ciudad de Ba Sing Se, cayó.

-Diablos- suspiró Aang.

-Sí- concordó Toph. Ella también parecía cansada.

-Los Dragones son cada vez más agresivos. Quiero decir… si no estuvieran empezando, la mayoría de los hombres de Omashu estaría fuera de combate o desaparecida.

-Papá y el jefe Arnook establecieron perímetros, evacuaron a nuestra gente de las ciudades y los recibieron en las destilerías. Incluso recibimos algunos refugiados, pero los dragones no tardarán en atacarnos directamente- hizo una pausa y se paso una mano por el pelo, parecía realmente preocupado –No podremos protegerlos a todos y nuestras defensas tampoco podrán resistir para siempre.

-Me temo que los núcleos de los Riversiders se están reduciendo también- añadió Toph con voz triste.

-Todo esto es mi culpa- señaló Aang con amargura, enterrando la cara entre sus manos -Tenía que haberla detenido... tenía que evitar que invadieran la ciudad.

-Aang, ella te disparó por la espalda- puntualizó Sokka, con una nota de disgusto en su voz -No hay nada escrito para gente como esa.

-Los veo por la ventana, ya sabes- dijo Aang de repente, su voz era baja y un pliegue oscuro se coló en su mirada -Riversiders que han sido heridos o muertos en la lucha contra los dragones. Los veo llevarlos a la enfermería…

Él Apretó los puños sobre la mesa.

-Podría ser uno de ustedes después, podría ser... Katara.

Aang sacudió la cabeza y se puso de pie, tomando con firmeza su planeador y estrellándolo con fuerza contra el piso.

-No puedo permitir que esto suceda, ya no más. Se está saliendo de nuestras manos.

-Aang- comenzó Toph con cautela, pero él ya estaba cojeando fuera de la cocina.

-Si te atreves a dar un paso fuera de esta casa, en esas condiciones, tendré que patearte de vuelta ya lo sabes- le advirtió.

Aang se detuvo un momento sin dejar de darles la espalda.

-Lamentaríamos mucho tener que dejarte inconsciente de nuevo amigo- comentó Sokka, aunque también con cautela.

El joven apretó con fuerza su planeador y desvió su caminó hacia las escaleras con un andar furioso. Los dos oyeron la puerta de su dormitorio dando un portazo y ninguno supo que hacer, ambos compartieron una mirada y se encogieron de hombros con resignación.

Aang, por otra parte, se sorprendió al encontrar su habitación ocupada. Katara estaba sentada en el marco de su ventana, con un dedo trazando espirales en el cristal. Ella lo miró cuando la puerta se cerró detrás de él y le sostuvo la mirada al chico, aunque brevemente.

-Tú realmente no debes estar de pie tan pronto- dijo en voz baja.

Aang lentamente se sentó en la cama, apoyando su planeador en la esquina. Katara podía sentir sus ojos en ella y suspiró.

-Yo uh... necesito revisar tu vendaje.

Aang se miró a sí mismo y se sorprendió al ver las vendas tornándose rojas. Sólo podía suponer que lo mismo pasaba con las de su espalda. La próxima vez que miró hacia arriba, Katara estaba sentada junto a él con gesto preocupado, por lo que tragó saliva.

-Relájate- murmuró ella, sin mirarlo a los ojos.

Él asintió en silencio mientras la joven desenrollaba la tela manchada de rojo. Podía verla mordiéndose los labios, y supo inmediatamente, que se culpaba por lo que le había sucedido. Él abrió la boca, dispuesto a decirle que no era su culpa y que ella había hecho más de lo que él merecía por salvarle la vida, pero algo lo detuvo…

Estaba tratando de averiguar qué era ese algo cuando una mano, envuelta en agua fría entró en contacto con su piel, enviando un ramalazo de dolor por su espalda. Se obligó a mantener los ojos cerrados frente a la sensación de escozor repentino, pero ella lo vio de inmediato y lo estabilizó colocando una mano en su pecho.

-Tranquilo- susurró de nuevo, centrada tan intensamente, que no parecía darse cuenta de que esto era lo más cerca que habían estado en más de un mes.

Él aprovechó la oportunidad para tomar una respiración profunda, atrapando el olor de su cabello. Espíritus, amaba ese olor.

Una nueva descarga de dolor le recorrió el cuerpo y por un momento creyó verse a sí mismo siendo alcanzado por el rayo de Azula.

-Lo siento, perdón… hay demasiada energía acumulada en este punto, déjame ver si puedo liberarla…

Otra descarga más, esta vez combinada con algún tipo de electricidad, le obligó a arquear su espalda para tratar de escapar del dolor, pero éste sólo se acrecentó. Su vista se nublo por un momento y una nueva escena se estrelló en su mente.

El avatar Roku estaba parado a su lado, y detrás suyo, una fila aparentemente interminable de avatares anteriores a él. Roku lo miró un instante, con esos ojos azul eléctrico que compartían estando en estado avatar, mientras sus antecesores iban esfumándose uno por uno, de atrás a adelante, en una explosión de nubes.

Katara terminó con el fluido de energía, liberándolo del dolor; y acto seguido, lo abrazó contra ella para tratar de ayudarlo. Funcionó. El dolor cedió terreno y en su lugar una sensación de alivio lo embargó. La joven se separó un minuto después para untarle el emplasto y ponerle un nuevo vendaje. Pero la herida que le causaba su distancia, a pesar de esa cercanía… estaba volviéndolo loco.

-Katara- se quejó él con amargura, apoderándose de su muñeca y empujándola suavemente lejos.

Ella lo miró a los ojos, confusa.

-Está bien... puedo terminar yo mismo.

No sabía que le había obligado a decirlo, pero ciertamente, no había anticipado el aspecto de dolor y traición que cruzó por el rostro de la chica. Fue breve. Pero él lo vio y le pareció que sus pulmones se quedaban sin aire.

-Oh- dijo ella al fin.

Una vez más, negándose a cumplir con sus ojos.

-Claro, voy a...

Ella se puso de pie, con toda la intención de salir de la habitación lo más rápido que podía, pero él no soltó de su muñeca.

-Katara, detente- se lamentó -No es que no quiera tu ayuda.

Ella miró fijamente a sus pies.

-Es sólo que... todos a mí alrededor están en peligro, es mi culpa y yo...

-Para- ella lo interrumpió, con una dura mirada dirigida a él -Dejar de hacer esto. Por favor... Tú me prometiste que no terminarías por encerrarte de nuevo.

-Bueno, eso fue cuando yo podía pensar en lo feliz que te hacía- le soltó sin pensar y liberando por fin su muñeca -Ahora solo hacemos que el otro se vuelva loco.

Katara lo miró fijamente. Con los ojos cristalinos y mordiéndose el labio en lo que Aang supuso, era un intento de evitar gritarle. Ella sacudió la cabeza y desvió la mirada de nuevo. Sin una palabra más, salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella. Aang ignoró el dolor en la espalda y enterró el rostro entre las manos.

.

00000000000

.

Era casi el atardecer y Katara no había escuchado un solo sonido de la habitación de Aang. Estaba angustiada y molesta. Pero ella todavía estaba preocupada por él y su estado debilitado. Así que hizo un plato de panqueques en torno hora de la cena y llamó a su puerta. Su única intención era verlo… y simplemente dejar la charola a su lado lo más rápido posible. Pero no hubo respuesta.

-¿Aang?

Todavía nada. Katara tragó saliva y abrió la puerta.

La charola chocó contra el suelo cuando Katara encontró la cama vacía y la ventana abierta.

-No- le dijo a la habitación vacía.

El pánico la inundó, por lo que le fue imposible pensar, moverse o respirar.

-¡Aang!

Y en el instante siguiente, ella estaba corriendo por el pasillo y saliendo de la casa.

-¡Sokka, Toph! ¿Dónde están?- gritó, haciendo eco de su voz sobre el terreno de la destilería -¡Appa!, ¡ven muchacho!

Necesitaba a Appa. El sería capaz de rastrear el aroma de Aang. Sin embargo, Sokka y Toph lo había llevado a dar un paseo hacía cerca de una hora.

¿Dónde en la tierra podrían estar?

Absorta en sus pensamientos como estaba, corrió justo frente a su padre, sin notarlo. Él la atrapó antes de que lograra escaparse.

-Whoa calma, ¿cuál es la prisa?- preguntó con seriedad.

Katara volvió los ojos a él y al instante, Hakoda pudo ver que algo estaba terriblemente mal.

-Appa- jadeó -Tengo que encontrar a Appa, solo él… puede seguirle la pista… Él sabrá dónde está.

-¿Saber dónde está quién?

Katara se detuvo, como si la respiración se congelara en su pecho. Se mordió el labio y de repente Hakoda vio lágrimas en los ojos de su hija. El hombre frunció el ceño y la tomó con firmeza por los hombros.

-Aang se ha ido, ¿no?- dijo en voz baja.

A Katara se le tensó la mandíbula y sus manos se apretaron en puños, luego miró a sus pies, asintiendo con la cabeza. Hakoda la oyó sorber por la nariz y observó con sorpresa, que rápidamente se secaba los ojos con la parte posterior de su mano.

-Katara, por favor- dijo con un deje de agonía -No te visto llorar en seis años… tienes que ayudarme con esto.

Ella negó con la cabeza de nuevo.

-No entiendo- le susurró entrecortadamente -¿Cómo pudo solo irse?, ¿Solo dejarnos así?...

Ella jadeó en otro suspiro tembloroso. Finalmente lo miraba, pero lágrimas corrían con libertad por su rostro.

-¿Cómo pudo abandonarme?

Hakoda dejó escapar un suspiro y tiró de ella, envolviéndola en un abrazo. La dejó llorar en la parte delantera de su traje, acallando las lágrimas que no reconocía en ella. Katara era tan fuerte, tan orgullosa… que se había convertido en una mujer joven y bella. A menudo eso le hacía olvidar que seguía siendo su niña.

-No te dejó, cariño- murmuró Hakoda -Él nunca podría abandonarte. El chico, para bien o para mal, se preocupa demasiado por ti... Yo sé que volverá.

-Espíritus papá, me vuelve loca- lloró en su chaqueta -Pero no puedo soportar la idea de estar sin él.

Hakoda parpadeó sorprendido.

¿Cómo no se había dado cuenta de que su hija se había enamorado?...

Pero antes de que pudiera poner voz a estos sentimientos, la gran figura peluda de Appa entró a la vista de ellos, seguido de calurosos ladridos de saludo.

-Appa- exclamó Katara, inmediatamente cayendo de rodillas y agarrándolo del cuello para mantenerlo quieto.

Sokka y Toph llegaron en breve.

-¿Dónde diablos han estado?

Ambos se encogieron de hombros y Katara les frunció el ceño.

-Ustedes siguen desapareciendo juntos- señaló con poca emoción.

Toph frunció los labios e irritada, golpeó un pie en el suelo, pero se mantuvo en silencio. Sokka sólo tiró incómodo de su cuello.

-No importa, tenemos que encontrar Aang.

-¡¿Qué?!

-¿Aang se ha ido?- exclamaron al unísono.

Katara no les hizo caso.

-Tu lo puedes encontrar, ¿no es así Appa?- dijo en voz baja.

Appa inclinó la cabeza hacia un lado y ladró. Katara suspiró y se enderezó. Ella le acarició las orejas.

-Está bien Appa, ve a buscar a Aang- le ordenó y señaló con un dedo hacia cualquier dirección.

Appa parpadeó, olfateó el suelo, dibujó un círculo y ladró de nuevo. Su cola comenzó a menear y Katara miró a Sokka con un deje de triunfo.

-Ve a buscar tu auto y sígueme- dijo a toda prisa, al tiempo que ella y Appa salían corriendo hacia la puerta de la destilería.

Toph lanzó una mirada preocupada de vuelta a Hakoda.

-Voy a ir con ella- anunció, apurando la distancia entre Katara y Appa.

Sokka estaba a punto de ir a buscar su camión, cuando Hakoda lo detuvo con una mano firme en el hombro.

-Cuida de ella- dijo muy serio -Y de Aang, ¿De acuerdo?

Sokka asintió con la cabeza.

-No te preocupes, papá. Siempre lo hago.

.

00000000000000

.

Hola a todos!, les traigo el inicio del libro 3 como una ofrenda de paz porq, lamento anunciar que tengo dos enfermitas en casa y sus cuidados van a acarrearme algunas responsabilidades que me restaran bastante tiempo para leer a mis autores predilectos, traducir y actualizar.

De verdad lo siento, quizá tarde un poco más de lo debido en cada nueva actualizacion y quiero disculparme de antemano. Sé que a partir de aqui empiezan muchas de las grandes novedades, y muchos de los mejores momentos, de hecho les puedo asegurar que es mi libro favorito por el contenido que trae.

También nos acercamos al capítulo en que quedó inconclusa la historia y donde mi intervención se hace tangible e inevitable. No soy capaz de expresar lo mucho que eso me asusta porque la verdad no sé que esperar... tengo miedo de no estar a la altura y esas cosas que no se dicen... pff lo siento me salí del tema.

Ojala les haya gustado esta obra hasta ahora, prometo subir capítulos todo lo rápido que sea posible y avisar cuando es el cambio de narrador. Ojala que no los decepcione. Muchas gracias a todos por su apoyo y por comentar.

Un abrazote!