Encendió el móvil finalmente, viendo cómo de repente empezaban a llegarle mensajes, llamadas y hasta correos electrónicos de todo el mundo. De todos y cada uno de los que se pudiera imaginar. Menos de ella.
No le sorprendía.
Acababa de llegar a casa, había tirado la maleta sin molestarse en deshacerla y había dejado a su digimon descansar. Él, a pesar de estar agotado, no se veía en la condición de poder dormir. Se quitó la chaqueta y sin tardar mucho más la camisa, hacía calor y llevaba demasiadas horas con ella puesta.
Todo el estrés del día hizo de repente mella en él, dejándose caer en el sofá. Se inclinó hacia delante, dejando los brazos apoyados en sus rodillas, enredando sus manos en su pelo, hundiendo la cabeza en ellas. No recordaba, desde hacía años, un día tan desesperante como el que había vivido. Tenía que esforzarse mucho.
Ahora en frío podría llegar a arrepentirse de algunas cosas que había dicho. Seguía pensándolas, pero quizás hubiera sido mejor decirlas de otra forma… En aquellos momentos, con los ojos cerrados, lo único que se le venía la cabeza era la voz de Sora pidiéndole por favor que no se fuera. Casi que a la vez que esa misma frase cuando se la había dicho horas antes, en otro contexto totalmente diferente. Notó formarse un nudo en la garganta que cada vez se hacía más grande. Cuando abrió los ojos, los notó húmedos.
- Maldita sea – maldijo en voz alta, dando un manotazo a la mesa que tenía delante, tirando algunos papeles que había sobre ella.
No era capaz de recordar la última vez que había sentido algo tan horrible. Tampoco era capaz de recordar la última vez que había llorado y en aquel momento era lo único que quería hacer. Lo necesitaba.
Fue minutos más tarde cuando una llamada lo hizo saltar. Estuvo a punto de no contestar, de seguir sin dar señales, pero no quería preocupar a nadie, de manera que la ver el nombre de su hermano en la pantalla contestó, intentando que se le notara lo menos en la voz.
- ¿Qué pasa?
- Dijiste que llamarías cuando llegaras – le recriminó.
- Me quedé dormido – mintió usándolo como jusficiación de su tono de voz.
- ¿Cómo estás?
- ¿Llamas para algo en concreto?
- Para preocuparme por ti, anormal. Eres mi hermano, vi cómo te fuiste.
- Est… estaré bien, Takeru – no mintió. No merecía la pena.
- ¿No me preguntas nada?
- No, y no quiero saber nada del tema ahora mismo, te lo pido por favor.
- Está bien… Ha pasado algo, de todas formas – anunció-. No sé si querrás saber tampoco de él ahora mismo, pero Taichi ha tenido una recaída.
- ¿Recaía? – no pudo no preocuparse a pesar de todo.
- Sí, estaba conmigo cuando empeoró de repente. No hemos sabido más de él, no querían darnos un diagnóstico porque aún era pronto para saberlo.
- … ¿Parecía grave?
- Espero que no, empezó a perder sangre, llevaba un rato quejándose. Hemos vuelto al hotel pero no les he dicho nada a Hikari y Koemi, por si acaso.
- Espero que no sea nada… Ya verás como al final solo es un susto – ni en esas condiciones podría alegrarse de algo así.
- Me alegra oírte decir eso – dijo tras unos segundos en silencio.
- ¿Qué pensabas que te iba a decir? Estoy muy enfadado, pero ojalá que se ponga bien… Sino, ¿cómo voy a poder desquitarme con él y quedarme a gusto? – intentó bromear ligeramente.
- Eso ya me suena más a ti. ¿Te han dicho algo tus superiores?
- Más o menos lo entendieron – hizo una pausa-. Takeru… al final he aceptado el ascenso.
- ¿Tú estás seguro de lo que haces?
- Ahora mismo, sí. Y no quiero pensar en otra cosa que no sea en esto, ¿lo entiendes?
- Puedo intentar entenderlo… Es tu vida, es asunto tuyo. Yo solo espero que no te tengas que arrepentir de nada.
- Yo tampoco… Ahora necesito pensar y centrarme en otras cosas.
- Me parece bien, her… - guardó silencio.
- ¿Qué?
- ¿Voy a tener que llamarte de ahora en adelante comandante?
- ¿Algún problema con eso? – a pesar de todo, le hizo gracia que hubiera dicho lo mismo que su compañero cuando se lo había contado.
- No te lo crees ni tú… - se rió de él abiertamente-. Llama a papá para decírselo, aunque creo que él ya lo estaba viendo venir.
- Lo haré… y tú vete con Hikari que tiene que estar de los nervios.
No se extendió mucho más la conversación entre ambos, sirviendo al menos para distraer al mayor de los dos hermanos de sus pensamientos poco agradables. Agradecía la postura que había tomado el otro, no queriendo meterse y respetando no tocar el tema, al menos en aquellos momentos.
Sentía las noticias que le había dado, por enfadado que estuviera, le preocupaba el estado de salud del otro. Probablemente gran parte de las llamadas que había acumulado a lo largo del día fueran para avisarlo de aquello. Era la noticia perfecta para terminar de rematar el día.
Una sombra se proyectó a escasa distancia de la suya, sacándolo de su ensimismamiento haciendo que girase la cabeza para encontrarse un trozo de kimono de color anaranjado claro que ascendía hasta volverse color crema.
- ¿Qué haces aquí? – le preguntó extrañado de que se hubiera alejado del resto del grupo.
Habían ido a pasar el día a una casa de baños y hasta dónde él sabía el resto del grupo se había ido en busca de algo de comer, no contaba con que nadie más se hubiera quedado atrás.
- ¿Puedo? – preguntó señalando el suelo a su lado.
Se había apartado del resto y se había quedado sentado en el borde de una de las piscinas exteriores con las piernas dentro del agua. A modo de contestación alzó el brazo para ofrecerle su mano como ayuda para sentarse. Aunque la aceptó para hacerlo, no tardaron en soltarse como si el simple contacto del otro les diera calambre.
- ¿No vas con los demás? Creo que iban a comer ya…
- No tengo hambre todavía – se encogió de hombros aprovechando para colocar bien la parte baja de su kimono y que no se mojara.
- Yo tampoco – volvió a dejar la vista fija en el agua, prácticamente pareciendo como si hubiera decidido dar por terminada ahí la conversación y hacer como si no estuviera.
Se mantuvieron en silencio un rato, cada uno con la vista en cualquier lugar menos en el otro. Parecía mentira que después de tanto tiempo estuvieran en aquellas condiciones, pero no se les podía pedir más en aquellos momentos. Especialmente a ella, ya que se había acercado para algo en concreto y delicado de tratar.
Dudó unos segundos más antes de hacer el esfuerzo y girar la cabeza hacia él, dándose cuenta de que estaba mirando hacia ella y con ese gesto se ponía rojo hasta la punta de las orejas para volver a rehuir su mirada rápidamente.
- ¿Qué os ha pasado esta vez? – acabó por decir aún con la sorpresa en la cara por la reacción que había tenido.
- Nada…
- Venga ya… os conozco más que de sobra, ¿qué ha pasado? – insistió intentando usar su tono de voz más suave. Sabía perfectamente cómo acercarse a él para tratar esos temas, desgraciadamente, llevaba demasiados años mediando entre ellos.
- … - mantuvo el silencio un poco más antes de, finalmente, encogerse de hombros-. No se separaron porque acabara la batalla…
La chica frunció el ceño sin terminar de entender a qué se refería. No insistió, simplemente dejándole algo de tiempo para que siguiera hablando.
- Nuestros digimon... Omegamon… algo ha pasado y la digievolución se deshizo antes de que terminara la batalla.
- ¿Estás seguro de eso? – comentó sorprendida.
- Totalmente. Vosotros igual no os distéis cuenta porque estabais más alejados pero algo pasa… Tienes ojos en la cara igual que yo, tú también tienes que haberlo notado.
Ahora la que guardó silencio y desvió la mirada fue Sora, bajando la vista hacia el reflejo del agua de su anaranjado cabello. Sí, ella también sabía que algo raro pasaba, pero por algún motivo, había preferido ir directamente a hablar con Yamato en vez de intentar la vía más sencilla. Era algo que incluso entonces no podía evitar.
- ¿Y lo que te preocupa es que le pase algo contigo? – dijo al final. No obtuvo tampoco respuesta aquella vez, tampoco hacía falta que lo hiciera, era algo que ya sabía. Sonrió antes de volver a levantar la vista hacia el rubio, con gesto amable-. Sea lo que sea lo que le paso dudo que tenga gana que ver contigo. Yo creo que simplemente le preocupa la situación en general y las consecuencias que pueda tener… Pero tú no le has hecho nada – amplió algo más su sonrisa-. Al menos esta vez.
Acabó por levantar la cabeza de nuevo hacia ella, ahora divertido por el último comentario, relajando del todo el gesto.
- ¿Cómo que al menos esta vez? – dibujó finalmente una sonrisa de medio lado.
- Sí… al menos esta vez – usó un tono burlón para decir aquello.
- Verás tú al menos esta vez y media – alargó la mano para meterla en el agua y con ella salpicar a la que estaba a su lado.
- ¡No! ¡Para! – recibió el agua de pleno-. ¡Te vas a enterar!
Para cuando volvieron a reunirse con el grupo no se podía decir que ninguno de los dos pudiera ser descrito, ni mucho menos, por el adjetivo de seco ante la atenta y curiosa mirada del resto de sus amigos.
Sabía que se le iba a hacer imposible, pero la mejor idea que podía tener en aquel momento era intentar dormir. Con un poco de suerte el cansancio de todo el fin de semana le pasaría factura y podría descansar o sino, al día siguiente, el humor de perros iba a pasar a los libros de historia.
AnnaBolena04: sí, sí, lo sé. Maldad pura por sacar estas escenas ahí, pero está bien meterse a explorar por lo que pasa por esa cabeza. Y ahora que ya lo he publicao puedo decir que al final todo el cuento de la recaía - aparte de para evitar que alguien le ayudara a recaer - ha servido para ver que por muy muy muy enfadado que esté Yamato lo primero que puede pensar es que ojalá que no sea nada grave y que se ponga bien. Eso, viniendo de quien viene, es todo un gran avance.
Ya me voy escondiendo yo solita, tranquila...
Y el fb pues... oye ya que Tri no quiso hacernos felices, ya me autocontento yo.
