Los personajes de Yuri on Ice no me pertenece.

Gracias por su apoyo, por sus comentarios, votos y vistas. Me alegra mucho que les esté gustando y espero seguir manteniendo el interés en esta historia que para mí es especial.

Les invito igual a ser parte del grupo de lectores, está en mi perfil de está página el link del facebook. Seré muy feliz por ello. También estoy aprovechando para subir el fic en AO3 y así tenerlo en tres plataforma.


Capítulo 29: No quiero estar aquí.

Recordaba esa noche. Había sido muy fría; buscó como desquiciado el calor y el roce con los hombros de Yuuri hizo un perfecto efecto catalizador para sus más hondas necesidades. Se lo había llevado tras las prácticas en su moto y pese a haberse ofrecido a llevarlo al apartamento de Víctor, Yuri extendió el paseo tanto como pudo y Yuuri no preguntó nunca el porqué. Se había convertido en alguna clase de acuerdo silencioso que solo ellos dos comprendían.

Los dedos le hormigueaban. Quiso tomarle la mano, apretarle los dedos. Quiso abrazarlo por la espalda, pegar su mentón contra su hombro. Quiso hacer más, pero allí estaba, rozando su brazo con el de él sobre la chamarra, sintiendo el viento de noviembre golpeando sus mejillas y mirando de reojo en los labios entreabiertos de Yuuri el sopor de su aliento haciéndose una nubecita en el aire. Sostenía un par de servilletas usadas para comer el Pirozhki y miraba el horizonte de aquel rió, sobre el emblemático puente de los besos.

Si alguna vez Yuri quiso dejarse llevar por las supersticiones y cuentos que siempre catalogó como estúpidos, fue esa. Tuvo el impulso de agarrarle la mano y robarle un beso que se alargara lo suficiente para que el destino le quitara su beneplácito a Víctor y se lo diera a él. Un beso lo suficientemente poderoso como para enterrar todos los que imaginaba ya Víctor le había dado justo en ese lugar.

—Yuri. —Escuchó con la voz afectada. Buscándole, fijó sus ojos en la nariz enrojecida mientras sentía caer el peso de la cabeza de Yuuri sobre su hombro sin quitar la mirada del horizonte—. Ya debo volver.

Apretó sus labios y sus puños. De nuevo quiso agarrarle la mano, aún a sabienda que debajo de ese guante de lana, sentiría la textura del anillo que detestó desde el primer momento en que supo de su existencia. Pero se contuvo y bajó la mirada, para ver el reflejo iluminado de ambos sobre la superficie calma del río a punto de congelarse.

—Ey cerdo, no tienes porque volver a ese apartamento. —Escuchó la voz interrogante de Yuuri y apretó sus muelas, frunciendo más su ceño—. Puedes quedarte conmigo. Es decir, tengo un mueble y Potya seguro que no molestara.

—Pero qué dices… ¿qué te hace pensar que no quiero volver?

Pudo decir que esos ojos tristes y brillantes, junto a esa sonrisa fingida. Pero Yuuri dio la vuelta y mientras se movía la bufanda por el viento y sus manos eran guardadas en los hondos bolsillos del abrigo, el recuerdo se diluyó dando paso a la imagen de su amigo sentado en el mueble y al peso de sus palabras.

«Terminé con Mila »

—¿Por qué? —Solo pudo soltar, con el rostro transformado por la confusión y el miedo. Sus puños cerrados temblando a ambos lados de su cuerpo.

¿Por qué? No lo entendía… no entendía que había llevado a Otabek pensar que era mejor cortarla. Acaso… ¿acaso Mila lo había engañado? ¡Imposible! Ella había hablado con él muchas veces de cuánto quería y extrañaba a Otabek, de cuánto lo necesitaba, moría de celos por pensar que ella podría estar más tiempo con él de lo que él podría pretender. Pero le gustaba la sonrisa idiota de Mila, le gustaba ese aura de felicidad que había en ella.

¿Entonces por qué? ¿Por qué Otabek no le dijo cuando fue a Almaty lo que estaba pasando? ¿Por qué no confió en él? ¿Por qué no le dijo lo que pensaba hacer si se suponía era su amigo?

La figura de Otabek se volvía borrosa frente a él mientras se incrementaba la sensación de haber recibido una puñalada en la espalda. Y el silencio de su amigo, o quien creyó era su amigo, no ayudó en nada. Otabek estaba renuente a hablar.

—¿¡Por qué!? —Soltó exasperado.

—Porque así lo decidí, Yuri. Así es lo mejor. —Otabek levantó la mirada con firmeza, no supo con qué fuerza lo hizo. Los ojos de Yuri lo veían desbordados, con las pupilas temblandole, la irritación aumentando el color de su mirada vidriosa.

—¿Es lo mejor...? —Siseó mientras la tensión subía a su cuello—. ¿Se puede saber por qué? ¿Te engañó?

—No.

—¡Entonces por qué la cortaste! ¿¡Por qué no me dijiste!?

Al darse cuenta, había actuado por puro instinto y tenía a Otabek contra el mueble, sujetando fuertemente su abrigo. Yuri apretó sus dientes sobre el labio inferior, agarrándolo con una fuerza que se desconocía y que debía estarse alimentando de su misma frustración, del abandono y traición. La mano de Otabek se cerró en la muñeca delgada de su amigo, afilando la mirada oscura. Aunque no sentía que Yuri lo estuviera asfixiando, la forma en la que se cernía su sombra sobre él le resultaba intimidante.

—¿Por qué no me dijiste, Bek? —Frunció aún más su ceño, achicando la mirada—. Estuve contigo hace poco en Almaty, toda una puta semana… ¡¿Por qué no me dijiste?!

—No podía…

—¿¡Por qué no podías!? ¡Se supone que somos amigos!

—Precisamente… porque somos amigos.

Yuri le soltó con el pasmo dibujando las facciones de su cara. La confusión se hizo evidente por la manera en que lo miraba, con las pupilas temblando, con el horror comiéndose la poca calma que creía tener. Así, detenido, se sentía justo en el ojo del huracán. Como si cualquier movimiento lo arrancara de la tierra y lo arrojara muy lejos.

Otabek tuvo que sobreponerse a su propio temor para mantenerle la mirada. Esa misma confusión que había leído en Mila, ahora la veía en Yuri y se sintió aún más miserable.

—Yuri, yo quiero a Mila. La quiero, pero no como antes. No… no como ella merece.

Yuri esquivó la mirada. El ardor de su estómago amenazaba con convertirse en un torbellino que le haría devolver las entrañas.

—No sé cómo pasó. No sé, no puedo saber.

—Así que eres de eso que hoy dicen "te amo" y mañana no saben si es verdad.

—Yuri… —Otabek tragó grueso. Las palabras de Yuri se metían como una espada en su garganta y el desprecio, ese que empezaba a nacer de sus ojos, aumentaba la sensación de extravío que vivía.

—¿Así también va a ser conmigo? —Otabek abrió más sus ojos—. ¿De hoy soy tu amigo pero mañana no sé?

—¡La gente cambia sus sentimientos, sus pensamientos, pueden sentir diferentes!

—¡Y más mierda! ¡Eso es pura mierda, Otabek, pura mierda!

—¡Tu no empezaste a sentir por Yuuri eso hasta después! —La garganta gimió—. ¿Eso no es cambiar de sentimientos?

—¡No compares una cosa con la otra, maldita sea!

—¿¡Por qué no es lo mismo!? —gritó, manoteando en el aire sin darse cuenta que se había puesto de pie.

—¡Porque no es lo mismo! ¡Además no me dijiste! ¡No me dijiste cuando estuve allá! ¿Por eso estabas callado? ¿O es que también dejaste de sentir que era tu amigo?

Maldición… Otabek se llevó las manos en la cabeza porque sentía que iba a estallar, que sus neuronas estaban colapsando, que sus venas se inflamaban y le provocaban una jaqueca que solo terminaría con dejarle con una sensación de resaca emocional. Sentir tanto, en tan poco tiempo. Sentir que lo estaban desmembrando.

Ese ardor en sus ojos, esa necesidad de gritar que no podía materializar por mucho que abriera la boca, apretara sus dientes, recogiera su lengua seca.

Lo peor es que hubo silencio, de esos que se conocen por el peso que cargaba su cabeza, por la electricidad que recorría el aire. Yuri lo miraba con desprecio, apretando los labios, frunciendo el ceño mientras desaprobaba su propia presencia allí. Porque, como siempre, todo se trataba de él, se trataba de Yuri, de cómo se sentía. Jamás había detestado eso de él cómo en ese momento que se sentía contra la pared.

Y no saber qué prefería, si el silencioso lacerante o si sus gritos dolorosos, lo hacía aún más frustrante.

—Entonces… —Yuri soltaba bufidos, como si fuera la única manera de apagar el enojo que le llenaba el estómago—, ¿ya no la amas? ¿Cómo te diste cuenta? ¿Te gusta otra persona?

Otabek se dejó caer al mueble, con los músculos tensos, las manos apretadas sobre su rodilla. Con la cabeza gacha dejando caer los mechones de sus cabellos, mientras Yuri lo seguía mirando desde arriba, desde la cómoda altura que no era suficiente para escapar.

—Qué si me gusta otra persona. —Soltó rayando al hastío, como si empezara a cansarse de retener lo indetenible, de sostener lo inevitable. El rostro de Yuri volvió a transformarse en pura aberración.

—Eres un imbecil… ¡eres un maldito imbecil! —Otabek deslizó una mueca que no llegaba a ser una sonrisa—. ¡A ver! ¿Quién? ¿Es allá de Almaty? ¡Alguna chica de allá! ¡Ah claro! seguro es eso ¿no? —Solo renegó—. ¡Levanta la cara y dímelo entonces! ¡Dime quien es esa persona! ¿Por que vas a dejar a Mila?

—Eres tu.

Lo había dicho. Otabek no sintió que se quitó una carga de encima. No sintió que respirara de nuevo, no hubo sensación de liberación. Tuvo la certeza de que acababa de tirar todo lo que había construido con Yuri a lo largo de esos años al suelo. Tenía la seguridad, ahora mismo, que no había vuelta atrás y que nada sería lo mismo entre ellos. Solo tenía la terrible realidad de que esos ojos, que antes habían sido tan transparentes con él, ahora lo miraban aterrados, asustados, como si lo que acababa de decirle resultara una aberración.

—Pero… pero tu eres mi amigo. —No supo si lo había oído en su cabeza, o si realmente lo había dicho Yuri. Supuso que sí, porque la fluctuación fue tan débil, que sonó como si el aire hubiera escapado formando palabras.

—Lo sé…

—Y Mila...

—Lo siento…

—¿¡Cómo pudiste!? —Y estalló en furia—. ¿¡Cómo pudiste!? ¡Tu eres mi amigo! ¡Mila es mi amiga!

—¿¡Qué quieres que te diga!? ¡No lo sé! No lo sé, maldita sea, ¡no lo sé! ¡Dejé de amarla! ¡Empezaste a…!

—¡Pero yo no te amo! —Y dolió, como nada en su vida—. ¡Tu eres! ¡Tu eres…! ¡Maldita sea! —Yuri calló, con las manos temblorosas en al aire, con el rostro transformado de tantas emociones juntas—. Tu eras mi amigo…

Otabek sintió en ese momento que se había quedado sin aire y que su rostro ahora era una mascarilla de arena, frágil, que podría partirse en cualquier momento. Pasividad o resignación, cualquiera de los dos solo escondía el rencor que empezaba a guardar hacía sí mismo.

—Supongo, que Yuuri hubiera pensado lo mismo si le decías…

—¡Calla! ¡Calla! ¡Calla! ¡No es lo mismo!

—¿Por qué no es lo mismo, Yuri? ¡Es exactamente lo mismo!

—¡No! —Ladró—. ¡No es lo mismo! —Aseguró mirándolo con desesperación—. ¡Por qué Mila te hacía feliz! ¡Por qué Mila te ama! ¡Por qué tu no estabas sufriendo como Yuuri!

Entonces, lo entendió. Entendió de dónde venía la rabia, el odio, la animadversión que Yuri sentía por Víctor, que ahora sentía por él. Porque traicionaron el amor de alguien, porque despreciaron la entrega. Porque, ante los ojos de Yuri, preferían dejar el amor que recibían y destruirlo en el proceso. Eran cobardes para pelear, eran cobardes para cuidar.

Era el Yuri que se cansó de llamar a mamá el que gritaba.

Era el Yuri que adoraba a su abuelo, porque era el único que entendía su sentir, que le amaba, tal como era.

Y él era quien había confundido la entrega y autenticidad de Yuri para convertirla en una cosa monstruosa, que destruiría a Yuri y a la chica que se había enamorado de él. Él le había traicionado.

—¡No quiero verte! —Agarró la chamarra que en algún momento había tirado. Otabek miró la lágrima que había rodado por sus furiosas facciones. Se odió por ello—. ¡Ya lárgate de una buena vez!

Sin esperar, sin voltear, Yuri salió de su propio departamento y corrió acelerado por las escaleras. El frío de la calle golpeó su rostro empapado y el ardor de sus mejillas, producto del colapsos de emociones que sentía, no mitigaba la bofetada helada que había recibido por la realidad. Se levantó la capucha para ocultar su rostro y hundió sus manos, queriendo hundirse a sí mismo en algún lugar donde no pudieran encontrarlo.

Y Otabek si supo hundirse en sus manos, apretar sus labios, saborear la única lágrima que rodó por su rostro angulado y endurecido por la miseria. Ni siquiera se sentía con el derecho de llorar por lo que había provocado, porque él se lo merecía. Eso se lo merecía. Se merecía el resentimiento de Yuri, se merecía el odio de Mila. Se merecía quedarse sin ambos por haberlos traicionado a los dos.

« Ya le dije.
J.J Leroy » ¿Y? ¿Cómo lo tomó?
« Lo arruiné.

Otra vez se había cansado de llorar y sólo dejó que el silencio de su habitación la cobijara, enredada en su lecho desordenado y con la mirada perdida en el infinito. De nuevo, solo la acompañaba el ruido de sus pulmones intentando jalar aire y el dolor en su pecho, como si sus órganos estuvieran consumiéndose por el cáncer. La dificultad de respirar, la imposibilidad de dormir sin llorar, y el despertar para sentirse miserable: todo eso parecía haberse convertido su vida en menos de tres días.

Mila quería saber cuándo ocurrió, en qué falló como mujer y como compañera. En qué momento Otabek dejó de verla a ella para ver a Yuri y cómo era posible que ella no se hubiera dado cuenta. El peluche de oso que Otabek le había regalado, ya estaba desechó con todo el relleno afuera, junto a fotografías juntos, regalos varios que guardaba con cariño y se había convertido en parte de la ofrenda a su corazón roto en el suelo.

El error debió ser de ella, estaba convencida. Fue su error abocar sus esfuerzos en Yuri, meter a Yuri en su relación y en sus llamadas. Fue su error confiar ciegamente en Yuri y pensar que no haría nada cuando fuera a Almaty. Que era sumamente normal que se vieran a solas, que era normal que Yuri buscara solo a Otabek y que no había nada en el fondo.

Fue estúpida. Fue confiada. Fue una imbécil. Y aunque volvía a repetirlo y trataba de encontrar los miles de errores y solo venían recuerdos dulces con Otabek; ya no podía llorar. Ya había quedado seca. Ya estaba cansada. Ya le dolían los huesos y le faltaba las ganas.

Ella había empezado, sí. Otabek le había llamado la atención desde el GPF que Yuri ganó, el único. Ella quiso acercarse, formarle conversación, y le pareció tan adorable su formalidad, su seriedad, la forma en que mantenía distancia y desplegaba ese aire de misterio. Le pareció interesante y sumamente encantador el modo que tenía para transformar las caras más hoscas de Yuri en una muestra del niño que aún era.

Otabek transmitía confianza, transmitía estabilidad, transmitía madurez y al mismo tiempo pasión. Respiraba entrega, compromiso, intensidad, decisión. Como mujer, le atrajo. Le atrajo como la polilla al fuego.

Quizás estaba así por la visita de Georgi, quien había ido esa mañana y casi logró escabullirse entre el desastre que era su habitación para sentarse a su lado y escucharla sollozar. Había pasado una mano fraternal sobre su cabello rojo, sobre su mejilla pálida. Simplemente la dejó deshacerse hasta que ya no tuvo más lágrimas que derramar.

Era estúpido pensar que años atrás, ella era una de las que se burlaba en pantalla de Georgi y su dramatismo en el patinaje cuando Annya lo cortó. Era absurdo pensar en lo cruel que había sido, en su falta de empatía, en considerar que era más débil sólo por expresar abiertamente sus sentimientos. Ahora, era él mismo quien la consolaba cuando sentía que su corazón había dejado de latir, por muy dramático que sonara, para siempre. En ese momento todo se sentía como si fuera a durar la vida entera.

—Pero no es así. —Le dijo suave, mientras peinaba sus cabellos detrás de la oreja y ella estaba acurrucada sobre su pierna—. No dura para siempre. El dolor va a pasar, dejara de doler. Solo quedará el espacio y luego, se llena. Siempre se llena.

Pero ella se sentía traicionada, al doble. Burlada, al doble. Porque esa cara de Otabek, esa mirada, no podía significar otra cosa que el hecho de enterarse de última de algo importante. De algo que le competía, de algo que le afectaba.

Se apretó más contra la almohada que para su desgracia, aún olía a él. Y ella, quizás haciendo uso de esa vena masoquista que tienen todos los humanos, seguía aferrada a ese aroma como si con ello pudiera cubrir la ausencia.

Hacía tres días, ella había ido a recibirle en la pista cuando lo vio llegar. Lo había abrazado apenas pudo salir de la pista y le había besado. Otabek le había respondido, la había sostenido suavemente de su cintura, como siempre. Le sonrió de esa forma tan suya cuando le dijo que lo había extrañado. Luego, sí, había saludado a Yuri, y al resto. A Víctor de lejos, porque ellos no tenían siquiera la necesidad de hacerlo por compromiso. Le había dicho que la esperara, que ya acababa las prácticas, que luego de ir a su casa a dejar el equipaje, irían juntos al departamento de Yuri como aquel los había invitado, para ver las asignaciones. Y él aceptó.

Se sentía irreal aún, como de un espacio y tiempo paralelo. Mila se podía a ver a sí misma a través de una pared de vidrio, completamente ajena, como si se tratara de otra ella en un mundo donde su amor era correspondido.

El que Yuri le hubiera dicho a ella que lo acompañara a la asignaciones era un gesto que decía mucho. Yuri no quería verlo con Víctor, no quería, quería estar con ellos, quería estar solo con los dos. Ella ni siquiera se detuvo a pensarlo, entendía que se sentiría mejor con ellos, que con Víctor no había llegado a esa confianza. Lo consideró correcto.

Tras las prácticas, y darse un baño en los vestidores, ella salió hasta donde estaba Otabek. Le tomó la mano, le guiñó el ojo. Se sentía contenta de tenerlo allí, eran pocas las oportunidades que tenían cuando entraba la temporada y debían practicar. Ambos ponían mucho esfuerzo y corazón en sus rutinas, ponían mucho de su tiempo en los ensayos. Por eso ahora eran ganadores. Por eso, cada oportunidad era perfecta para sentirse, tenerse.

Mila esperó a estar en la comodidad de su habitación, después de que Otabek saludara a sus padres y a sus hermanos. Allí fue juguetona, traviesa. Le besó mientras lo ayudaba quitarse el abrigo. Sintió las manos en su espalda y ella arrastró sus uñas sobre sus pectorales, provocándole un agradable escalofrío. Mordió suavemente su labio inferior, y miró a Otabek con ojos encendidos, coquetos.

Siempre tenía que tentarlo cuando estaban en su casa, porque a Otabek le preocupaba lo que pudiera creer sus padres y siempre guardaba esa honorable forma de pensar con respecto a ellos. Era distinto cuando estaban en otro lugar, en un hotel o fuera en competencia, donde era él quien siempre propiciaba los lugares de encuentro y lograba sorprenderla.

Como era ya esperable, Otabek no opuso mucha resistencia. Lo arrastró suavemente contra su propia cama y rió cuando cayó sobre él. Había algo en la mirada de Otabek que parecía dulce, tan sincero, tan real que ella se derritió cuando pasó una mano suave sobre su mejilla, tocándola con esa dulzura que era tan contrastante con la fuerza con la que podía apasionarse. Ella le sonrió, le besó la comisura de sus labios, apostó su cuerpo contra el de él, formando la perfecta simetría.

Mila pestañeó, por un momento apartándose del reciente recuerdo. Sentía sed y recordó que debía tener esos mismos tres días sin tomar agua.

Aquella Mila que veía como si fuera una ajena, solo se separó de sus labios cuando Otabek buscó quitarle la camiseta, y luego amasó sus senos, provocandole un gemido. Ella se movió sobre él, meció sus caderas sobre la pelvis de Otabek, sintió la dureza formándose mientras mordía su propios labios y soltaba su cabello de aquella cola, dejando que sus bucles rojos atravesaran la visión de su piel blanca.

Otabek se había levantado, para buscar de nuevo sus labios. La buscó para besarla con la pasión escondida, para abrazarla con su fuerza de hombre y para derretirla al sentirlo con tal necesidad. Ella le recibió, conmovida, disfrutó cada caricia de Otabek porque eran suficientes para que temblaran sus piernas, para hacerla sentir tan húmeda, tan dispuesta. Lo necesitaba y lo ansiaba tanto, lo había extrañado tanto que su cuerpo colaboraba, se encendía. Y ella sólo pudo echar su cabeza hacía atrás, atorar un gemido cuando sintió la cercanía de Otabek dejando la aspereza de su barba contra su piel sensible y dirigir esa boca contra sus pechos.

Fue como sentir su cerebro licuado, su vientre temblar con anticipación. Fue como beber fuego y respirar canela, fue como sentir caerse en el vacío y anhelar, más, mucho más. Cuando Otabek la tomó para acostarla contra la cama, Mila ni siquiera pudo estar segura de en qué momento la había cambiado, pero el cuerpo de quien era su pareja se había posado sobre ella y no pudo evitar arrastrar sus dedos contra la nuca humedecida. Otabek volvío a besarla, a procurarla con su boca lleno de ansiedad, con hambre. Mila respondió igual porque si de algo estaba segura, era que tenía hambre de él. Aún en ese momento en que sentía que había arrancado su corazón de su pecho y lo había pisoteado, ella sentía necesidad de él.

Y jaló su camisa, se la ayudó a quitar mientras pasaba sus dedos avariciosos de tocar sobre la piel ajena y veía las expresiones de placer de Otabek por el paso de sus uñas. Veía como fruncía sus ceño, cómo se agitaba ante el paso de sus dedos y los besos que dejaba sobre el hombro descubierto. Estaba tan embebida que no notó en qué momento Otabek le había quitado la falda, le había deslizado sus medias. Solo cuando sintió la mano retirar la ropa interior y el escalofrío al sentirse tan expuesta y ansiosa, se hizo consciente que todo lo que tenía aún era su cadena, sus zarcillos y el corpiño que no había terminado de sacar, pese a que ya bailaba sin seguro sobre sus senos.

Pero a Otabek le gustaba asegurarse, siempre lo había hecho, y sus dedos gruesos tocaron su sexo y la hicieron sentir como si viajara en el espacio. Mila se retorció contra su brazo, gimió y movió su cadera al encuentro de esas yemas mientras Otabek le miraba, le miraba con esos ojos oscuros, profundos, siniestros. Mila apretó sus labios, arrugó el rostro intentando contenerse, sintió como sus dedos se manejaban con experticia y encontraba sus puntos, sus ritmos, sus momentos, para apretar, para hundirse, para soltar y volver y arrastrarse hasta quemarla. Mila acabó con un gemido, temblando, mientras una lágrima de placer caía sobre la cama y ella entendía que aún no había sido suficiente, que lo quería todo. Otabek no necesitó palabras para saberlo. Solo se tomó el tiempo necesario para cubrirse con el condón y acomodarse sobre Mila, quien lo esperaba.

Mila no había notado nada diferente. Durante todo el acto, durante el momento en que iniciaron, continuaron y terminaron, no sintió nada anormal en él. Lo sintió igual de dispuesto, apasionado como solía serlo. Hambriento de su cuerpo, necesitado de su calor. Mila no notó nada diferente, nada. Seguía repitiendo la secuencia una y otra vez pese a que dolía, solo para seguir encontrando una nada de razones.

Y habían acabado y Mila se había sentido feliz. Abrazada a él simplemente dejaba que sus cuerpos volvieran a enfriarse y el tiempo pasara, hasta que se cumpliera la hora de ir a encontrarse con Yuri. Ella acariciaba el pecho de Otabek y disfrutaba de ese silencio cómodo y contento mientras sentía a Otabek hacer arabesco en su espalda desnuda. Entonces, ocurrió. El inicio del fin. Una parte de ella, detrás de ese vidrio grueso y lejano, hubiera deseado que eso no ocurriera. Hubiera deseado callarse. Hubiera deseado mantenerse ciega un poco más.

—Oso… —Había usado ese diminutivo íntimo que solo utilizaba cuando estaban solos. A Otabek le gustaba, siempre se sonreía al escucharlo—, estuve pensando en una idea. —Se había acomodado sobre su pecho, apretando sus senos contra el tórax de Otabek mientras el cabello le caía como una lluvia roja sobre sus hombros—. ¿Por qué no te quedas con nosotros? —Sí, había notado la tensión en su cuerpo y la intentó mitigar con caricias suaves sobre sus pectorales—. Podrías entrenar con nosotros, estoy segura que a Georgi no le molestaría también tomarte bajo su tutela. Así podríamos estar más tiempo juntos y bueno, a Yuri seguro le encantará la idea.

—A Yuri… —Había soltado Otabek, con la voz extrangulada.

—Claro, a Yuri. Aunque yo siempre busque estar allí, entiendo que solo por ser chica no me quiera contar ciertas cosas. Cosas de hombres, ya sabes. —Soltó un golpecito sobre su hombro, para ilustrar su idea, mientras Otabek la seguía mirando—. Y pues… podríamos pasar también más tiempo juntos.

Mila había bajado la mirada, para ver la forma que sus dedos hacían en la piel de Otabek, mientras soltaba sus ideas, aquellas que había estado amasando desde hacía varios días, desde que vio a Yuri regresar más tranquilo de Almaty, desde que ella sintió que podrían hacerlo y así estar los tres es el mismo lugar.

—Por el hospedaje no tienes que preocuparte, Yuri tiene desocupado su departamento mientras esté viviendo con Víctor. Dudo que le moleste prestartelo durante esta temporada, aunque sabes que mis padres no tienen problemas con que te quedes aquí. ¿No te parece buena i…?

Otabek no la había dejado terminar. Se había movido, provocando que ella cayera acostada a la cama y lo viera sentarse, poner su cabeza entre sus manos. Mila se había levantado usando sus antebrazos, desnuda como estaba, mirando la espalda encorvada y endurecida.

—¿No te parece?

—No. No puedo. Tengo que quedarme en Almaty.

—¿Por qué? —Había preguntado curiosamente, al mismo tiempo que se arrastraba para apegarse a la espalda de él para recostarse—. Hace un año me habías dicho que te gustaría que me fuera contigo a Almaty, pero no se pudo porque el abuelo de Yuri murió. También estuvimos pensando en que te vinieras aquí, pero en ese momento estaba Yakov muy ocupado y tu entrenador no se podía venir. Creo que ahora es un momento propicio.

—No, no puedo.

—¿Por qué? —Había insistido—. Tu madre me preguntó cuando estuve allá en Diciembre, ¿recuerdas? Parece que estaba dispuesta a que te irías de nuevo de Kazajistan, y ya has entrenado aquí, ya...

Otabek había formado distancia, dándole la espalda mientras caminaba desnudo por la habitación. Lo vio buscar con la mirada su ropa interior y su pantalón, con la tensión atenazando los músculos, con la sombra cerniéndose sobre su espalda. Entonces supo, lo supo.

—No quieres… —Otabek tragó grueso y giró su mirada hacía ella. Mila estaba aún en la cama, arrodillada, mirándolo con una conjunción de sentimientos que no podía describir en palabras.

—Es mejor que sigamos llevando las cosas así.

—¿Así como? ¿Con 5 horas de vuelo de distancia? ¿Con kilometros separándonos? ¿Con algunas visitas durante el año?

—Sólo estás usando a Yuri para esto.

—¡¿Qué dices?! —Estalló ofendida y se levantó jalando la sabana con ella—. ¿Cómo se te ocurre decir semejante estupidez? ¡Me preocupa Yuri! ¡Claro que me preocupa! ¡Yo soy la que lo ve todos los malditos días caer en la pista desde que todo empezó! ¡Yo soy la que lo ve frustrado salir de la pista sin poder ejecutar los saltos! —Otabek no había podido mantenerle la mirada, y la bajó, con la ropa en sus manos sin poder decidirse a vestirse—. ¡Pero claro que también me preocupa lo nuestro, y me haces falta y quiero tenerte todos los días! ¿Está mal, Bek? ¿Está mal que quiera pasar más tiempo contigo también?

—No…

Y hubo silencio, y Mila volvió a recordar el sabor de las lágrimas. Porque el recuerdo, el letal recuerdo era capaz de hacerlas salir desde el lugar donde hubieran estado escondidas. Porque podía recordar a Otabek con la mirada gacha, con el puño cerrado y temblando. Y ella también había temblado, había sentido sus dedos doler, su ojos arder. Y aún así se acercó a él, decidió dejar de lado la estupidez que Otabek había dicho y buscó abrazarlo, porque ella no quería que las cosas terminaran así y odiaba pelear los pocos momentos que podían estar juntos. Se pegó a él con la sábana en medio de sus cuerpos desnudos y no le prestó atención al hecho de que Otabek no procurara el abrazo.

—No tenemos que vivir juntos desde ya si no te sientes preparado. Podemos seguir viviendo separados, yo aquí, tú… en el departamento de Yuri o en cualquier otro lugar. Pero estaremos en la misma ciudad, podríamos vernos más a menudo. —Ella había subido la mirada, buscando en sus ojos las respuestas a su constante negativas.

Y la encontró.

La encontró.

En los ojos oscuros de Otabek, en esa mirada negra, siempre tan dulce, había escapado allí el sentimiento. Había escapado allí la desolación. Había escapado allí la tristeza. Había escapado… la lastima. Otabek la había mirado con lástima. La había mirado como si no pudiera salir otra emoción de él. Como si no pudiera dedicarle otro sentimiento. Como si eso fuera todo lo que quedaba…

—¡Mila! ¡Sé que estás allí! ¡Abre la puerta!

Escuchó los gritos trás la puerta, los golpes a la madera y se ocultó bajo las sábanas presionando su rostro enrojecido contra la almohada que aún olía a él. Se tapó los oídos, apretó los labios, sintió como cada grito la golpeaba dentro.

—¡Mila! ¡Mila, voy a tirar la puerta de una patada!

—¡Vete Yuri! —Gritó lo que pudo, lo que su garganta seca y atravesada logró expresar entre el llanto que la estaba ahogando—. ¡No quiero verte, vete!

— ¡Yo no sabía! ¡Mila, yo no sabía! ¡Mila, por favor, yo no sabía! —Dejó de golpear. Ahora era su voz la que vibraba, la gruesa voz de Yuri la que temblaba—. ¡Yo no sabía…! Yo no sabía, Mila… Por favor, no quiero perderte a ti también… por favor.

Yuri ya no podía gritar, ya no le salía la voz. Estaba apretando su frente contra la puerta, sujetando con el temblor de sus dedos la manilla errada que lo separaba de ella, sabiendo que en ese momento Otabek debía estar en el aeropuerto. Consciente de que hasta allí su amistad había llegado. Seguro de que no quería verlo y de que pelearía por lo único que quedara.

Aunque ella lo odiara.


Notas del autor: ¡Muchas gracias por sus palabras, por los favoritos, ¡por las recomendaciones y por amar esta historia tanto como yo! Recuerden que está publicado también el fic Filomeno on Ice! que también habla de todo esto y hará menciones a estos eventos. ¡Será una manera más amena y divertida de comprender el panórama deportivo para esta temporada! Y que está el grupo de lectores de Matryoshka, en facebook. Pueden ver el link en mi perfil.

Este capítulo lo terminpe de escribir en una madrugada y kme sentí en muchas partes conmovida. Fue duro y triste ver lo que estaba pasando y como todo se caían alrededor de Otabek. La parte de Mila particularmente me dolió más, proque sé que es sentir que te engañaro, más cuando es por tu mejor amigo. Es duro estar en su lugar y es quizás la que más afectada esté.

En el próximo capítulo veremos que fue lo que exactamente le dijo Otabek a Mila y si habrá algo que Yuri y Mila puedan aclarar. Todavía no tengo escrito el interludio y eso me preocupa, porque no he tenido tiempo para escribirlo. Espero hacerlo este fin.

¡Mil gracias de nuevo por sus bellos comentarios! Les comento que me escribieron para hacerme una entrevista en una página de fanfic de YOI. No se imaginan lo honrada que me siento, ya que es la primera vez en casi 8 años de ficker que me proponen algo así, en mis inicios recibí mucho bardo porque me gustaba una pareja no muy famosa. (Eso de llegar a un fandom viejo y con mucho tiempo siendo nueva). ¡Me alegra mucho que lo que estoy escribiendo les guste y espero que esto siga creciendo!


acevedomonroydv: Lo sé. Pobre Beka montó la torta y no sabe que hacer ahora con ella. ¡Espero que hayas podido enconntrar el grupo! ¡Gracias por comentar!

LadySkyBlue:Jajajajaja ya me imagino que esperabas este momento, pero no será tan sencillo para ninguno de los tres. ¡Me alegro que la historia te encante y gracias por seguirla pese a que no haya sido de tu OTP!

EmilySweetUchiha: Jajajaja ¡lamento mucho por todas las lágrimas que te he hecho derramar! Necesito pagarle la terapia a varios uwu. Me alegro que te haya gustado mi recomendaci´no! Stalkeandote ví que leíste "Hasta que los días nos encuentren otra vez". Dios, como lloré con ese fic y el final, el final demoledor. Yo estuve toda la mañana de ese domingo mirando al techo mientras lloraba con un agujero en el pecho. Como Mila en este capítulo xD

¡La pareja de Seung y Phichit se me hace adorable! Pronto estaré hablando de como iniciaron ese par xD Espeor que no te haya ido mal por lo de dejar el trabajo al lado. ¿Lo terminaste? xD

Jajajajaja LMAO XD Sí, Yuuri y Minami estàn muy cerca y a Yuri eso le patea xDDDDD

Todo lo que está pasando Otabek es como subir de una colina para lanzarse al vacío. Literal. Yuri lo estaba torturando sin saber, y en este capítulo ya no hubo vuelta atrás. Yuri estaba tan enfocado en sí mismo. Y si hubieran dormdo juntos creo que Otabek la hubiera pasado peor. Estar al lado de Yuri sin tocarlo es slfhlssfhla. Eso es lo que quería mostrar de Yuri con la relación OtaMila. La siente suya, la siente parte de ellos, se siente allí en medio, y en parte es porque ellos lo hicieron así. Mila y Otabek nunca descuidaron a Yuri porque al inicio Yuiri andaba todo enojado por su relación. Bek sabía que cortar con Mila era crisis con Yuri, sin pensar en sus posibles sentimientos.

JJ es un amor, y estaba ansiosa de empezar a escribir de él en seiro, y lo veremos más amenudo porque como buen amigo que es, no va a dejar a Otabek solo ahroa que sabe que lo necesita. Amo como es y su carisma, e imagino que ha tratatdo de madurar esas cosas que le hacían dificil tener amigos en el pasado.

Exacto. Orabek està mal, y no puede mentir, no sabe hacerlo, aunque en este capitulo se ve que "lo intentó". Intentó llevar las cosas en paz, evitar la catastrofe porque obvio, tenía miedo. Pero entre la presión de Yuri y la de Mila, de estos dos pasionales rusos, no es normal xD

Exacto, Otabek la regó, ya veremos en el siguiente capítulo como la regño, todo estuvo mal porque todo fue terriblemente tenso. Ya al decirle a Mila lo que pasaba, no le quedaba de otra que decirle a Yuri. Peor como se ve en este capitulo, el no pensaba cortar, sino callar. No quería separarse de ambos y quería ser egoista al respecto. Me imagino lo terrible que pasó con tu amiga, a mi me pasó del lado de Mila, solo que el chico aun no era mo novio, se me había declarado, pero nada más. Y fue una patada en el estómago.

Jajajajaja anota lo de la chica del café que no es la primera vez que la veremos xD

Lamento mucho que todo haya enredado tanto, pero era necesario. Los personajes deben sincerarse y es el paso para pode rmejorar. Yuri debe sobrellevar esto como todo lo demàs si realmente quiere ser el fenix y quitarle el titulo a Minami.

Jajaja ¿viste ya a Welcome to the Madness? Estuvo genial y definitivamente incluiré lo que allí dice. ¡Estoy esperando la traducción completa!

Sofhi: JAjaja Sofhi, y eso que ya sabías que esto iba a pasar xD Como te he comentado, el maldito de Otabek se salió con la suta pero que no crea nque no iba a ver consecuencias ¿no? Allí las tiene, qiue sea hombresito y asuma (?) Sí, hizo un desastre, destruyó a Mila, destruyó a Yuri, se destruyó a sí mismo en el proceso. Hizo una tontería pero bueno, tendrá que enfrentarlo.

JAjajaja Leo y Guang Hong me matan de ternura, y Seung y Phichit son preciosos juntos. Me encanta su dinámica. Victor pues…. Creo que esta jugando xD ojala no parta más corazones a su paso. JAJAJAJA ghay que buscarle el cinturón de castidad xD y sí, el papi de Victor es precioso pero lo odia porque es demasiado parecido a él! (¡Tampoco me puedo quitar la imagen de cameron como papá de Victor)

Minami es peligroso. Peligrososen el patinaje, peligroso al lado de Yuuri. EL va dispuesto a todo y si llega a descubrir que quiere a Yuuri como más que un patinador, también irá por eso. Así que veamos como se desarrollan las cosas xD

Jajaja ve a comer la arepa malvada xD que mi hermano la hizo con mucha dedicación. Y veamos como afecta esta separación a los tres. Victor al menos eso le va y le viene xD ¡Gracias por leerme mujersota!

liloook: Creo que nadie esperaba que todo se cayera en este momento. A mi se me atrasó uno o dos capítulos de lo planeado. Pero ya ocurrió y no lo veían llegar porque así pasan las cosas, muchas veces nos caen de sorpresa y esto fue lo que pasó con Yuri y con Mila.

La parte e Seung y Phichit fue adorable, porque muestran como se complementan pese a sus diferencias y como la pasan bien juntos. Phichit adora a Yuuri y le dolió mucho su partida. Creo que fue al que más le dolió aparte de Victor y Yuri, porque lo había visto desde su inicio, cuando no era nadie, cuando se formaba el camino con las uñas. Verlo en la cima que tanto buscó completamente destrozado fue terrible para él.

Si, me alegra que se vaya bviendo de a poco que Victor pese a todo le preocupa Yuri, quizás no tiene toda su atención en él porque tiene que salvarse a sì mismo, pero si la tiene, si le importa y si le preocupa, de a poquito. Eso significa que tiene una mejora considerable que esperemos que continue así.

Y sí, Yuri todavía sigue viendo a sí mismo, no a otro, y ese es el gran problema. Necesita cambiar la mirada para darse cuenta del rededor, de quienes están, de quienes pueden ayudarlo. Y si no hacen eso, no podrá hablar con Victor de Yuuri, no podrá escuchar a Victor y entender que fue lo que pasó y cual fue su ligar. Necesita hacer eso para que se puedan entender y puedan encontrar la simetría que buscaban. Entender quien es Yuuri para ellos y quienes son ellos para el otro.

Lo de Yuuri y Yuri todavìa tiene cosas que contar, la escena que puse en este capítulo también dice mucho de lo que estaba pasando. Y es doloroso, para ambos.

JAjaja me alegra que te gustara J.J pese a no ser tu favorito! Me alegra que puedan ver más facetas de él que yo veo que tienen en el aniem aunque no hubo tiempo de desarrollarlo. Creo que el tipo es solo torpe para csocializar, peor tiene bellos sentimientos.

Jajaja no, no fue Otabek, fue otra chica, aunque con Otabek si intentó tener un amigo porque era extranjero y estaba solito y no es su Style dejarlo solito xD

Si, es muy apropiado porque en verdad es casi interminable. Es decir, lo que ha quedado costara para curarse para los tres lados. Me hace sentir mas tranquila ver que pese a que amen la pareja OtaYuri y los quieran juntos, sientan dolor por Mila. Creo que es una victima del infortunio, ella no mercía que las cosas pasaran así ni estaba preparada para ello. Ella está sufriendo y con justa razón, porque ella sí estaba enamorada.

Exactamente, si Yuri no quiere no hay manera que Otabek pueda sacarlo del circulo que tiene con Yuuri. Y sí, es horrible que se haya dado cuenta de esa manera que no había oportunidad con Yuri, que Yuri solo lo veía como un buen amigo y vio aquello como una travesura. Peor para Otabek fue darse cuenta que no había nada que hacer.

¡Justo eso! Yuri está atrapado allí y parece no salir y la cosa se agrabó desde que Yuuri está con Minami y ve más de él. Es como si no pudiera solventar ese peso , y mientars tenga ese pendiente consigo mismo y con Victor, no podrá continuar. Yuri debe ser sincero consigo mismo y con los otros. ¡Gracias por comentar y lamento mucho haberte afectado tanto!

zryvanierkic: Lo entiendo, pero esta chica estara por allí por un poco más de tiempo. Sé que ellos deben hablar primero y creo que es algo de lo que tiene que pensar Victor antes de hacer cualquier cosa.

Y sí, si era su novia con todas las letras, lo que lo hace peor para los tres. Otabek por eso estaba tan mal, porque sabía que iba a lastimar a Mila en el camino y a Yuri en el proceso. Peor tienes razón, la amistad es muy fuerte y de hecho ese fue el tema que escogio Mila. Ahora tendrá que buscar esa fuerza porque sino, tal como Yuri, Mila va a caer.

¡Yo también! ¡Gracias por comentar!