Emma se despertó al escuchar un llanto, no estaba acostumbrada a ello y cuando abrió los ojos se dio cuenta de donde se encontraba y de todo lo que había pasado unas horas antes.

Rápidamente apagó el walkie y se puso algo de ropa para salir a buscar a Henry, no quería que despertase a Regina que parecía estar tan cómodamente dormida. La rubia entró en la habitación que había justo al lado y descubrió al niño llorando y pataleando.

-¿Qué te pasa?- Preguntó cogiéndolo en sus brazos y poniéndole el chupete para que se calmase un poco.

Henry continuó gimoteando durante unos minutos más pero Emma andaba por toda la habitación y no dejaba de mecerlo y cantarle una nana que su madre le había cantado cuando era una niña y que aun recordaba.

-Deja de llorar o mama pensará que soy una niñera nefasta y terminará conmigo antes de empezar.- Le susurraba Emma mientras le besaba la frente con cariño.- Eso es… vuelve a dormirte.

Emma dejó al pequeño de nuevo en la cuna completamente dormido, una sonrisa nació en su cara para después volver al dormitorio de la morena, no había mirado la hora pero aún era de noche.

Volvió al dormitorio donde la morena seguía durmiendo, antes de volver a meterse en la cama encendió el walkie para escuchar si Henry volvía a llorar. Al entrar en la cama vio como Regina se había movido y solo tenía cubierta la parte inferior de su cuerpo dejando a la vista sus pechos. Emma tuvo que tragar saliva y echarle la sabana por encima para evitar abalanzarse sobre ella.

La rubia abrazó a Regina e intentó volver a conciliar el sueño aunque no le resultó sencillo. La morena estaba en un sueño tan profundo que no se había dado cuenta de nada de lo que había sucedido.

Nada volvió a interrumpir el sueño de ambas, tan solo la luz entrando por la ventana despertó a Emma que noto el peso del cuerpo de Regina sobre su pecho. Una sonrisa nació en su cara al verla.

-Eres tan hermosa.- Murmuró observándola.

Después se giró para coger su móvil y poder mirar la hora que era. Por suerte al ser sábado Emma tenía el día libre y Regina se había cogido unos días para preparar el juicio contra el fiscal.

Emma tiró de la sábana hacía atrás y dejó a la vista el maravilloso cuerpo desnudo de la morena, esta se encogió un poco debido al frío que sintió pero siguió durmiendo, Emma sonrió ante el movimiento.

-Vamos a ver con que humor te levantas por la mañana, Mills.- Dijo entonces Emma para sí misma.

Emma se quitó la camisa que se había puesto para ir a buscar a Henry y se quedó tan solo vestida con sus bragas. La rubia se quedó contemplando el cuerpo desnudo de su jefa para después colocarse sobre ella sin llegar a tocarla.

La rubia paso su lengua por el cuello de Regina y esta se quejó para después seguir durmiendo. Emma sonrió y bajo con su lengua por la barriga de la morena para luego llegar a su ombligo. Allí se mantuvo durante unos segundos, Regina seguía durmiendo pero gemía.

Emma siguió bajando y comenzó a torturar el clítoris de Regina. La morena al notar la intrusión se despertó soltando un gemido ahogado. No podía creer lo que sus ojos estaban viendo y lo que su cuerpo estaba sintiendo. La imagen de Emma entre sus piernas solo la excitó aún más consiguiendo que se despertasen pocos segundos.

-¡Emma!- Espetó al darse cuenta de lo que hacía la rubia.

-¿Quieres que pare?- Preguntó separándose ligeramente para después sonreír.

-No.- Contestó pasando sus manos por el cabello de la rubia para que continuase con lo que hacía.

Emma sonrió y volvió a lo que estaba haciendo. Regina seguía gimiendo y arqueándose bajo las caricias de la rubia, tenía que reconocer que era el mejor despertar que había tenido nunca.

-¡Swan!- Espetó al notar que Emma la estaba torturando deliciosamente.

Emma obedeció y aumentó el ritmo haciendo que Regina gimiese fuertemente y su cuerpo se arquease. La rubia lamio los restos de ese orgasmo para luego subir y besar los labios de la morena que correspondió al beso.

-Buenos días.- murmuró Emma sobre los labios de Regina.

-Buenos días.- Contestó Regina mordiendo el labio inferior de la rubia que gimió por el gesto.

-¿Cómo has dormido?- Preguntó Emma dejando besos sobre el cuello de Regina.

-Muy bien…- Contestó cerrando los ojos.- ¿Tú?- Preguntó cuándo recuperó el aliento.

-Yo muy bien también, aunque Henry se despertó de madrugada.- Contestó Emma.- No te preocupes, no tenía nada. Creó que tuvo una pesadilla.- Explicó Emma al notar a la morena tensarse.

-No lo escuche.- Dijo Regina.

-Estabas profundamente dormida, llevas unos días un poco agotadores.- Aseguró Emma que ahora la miraba a los ojos.

-Gracias.- Dijo sin más para luego volver a unir sus labios con los de Emma.

-No tienes que darlas.- Aseguró la rubia.- Vamos a desayunar.

-¿Estas bien?- Preguntó al ver el pequeño parche que Emma llevaba en el hombro manchado de sangre.

-Sí, supongo que me extralimité esta noche…- Bromeó Emma.

-¿Seguro?- Preguntó mirando.

-Solo un poco de sangre, después de desayunar te dejo que lo inspecciones.- Contestó Emma besando sus labios de nuevo. Para después ir a levantarse.

Regina agarró a Emma del brazo y no la dejó levantarse. Antes de darse cuenta la rubia estaba sobre la cama con el cuerpo de Regina sobre ella, la mirada de su jefa desprendía fuego y eso solo pudo provocar una creciente excitación. En esos momentos Regina había olvidado la herida de Emma, solo podía pensar en besarla, acariciarla y llevarla al cielo.

-Creó que te debo uno…- Aseguró Regina que mordió el cuello de la rubia dejando una pequeña marca roja.

Emma no pudo contestar porque un gemido de placer nació de sus labios, Regina sonrió y empezó a bajar sus besos por el cuerpo de Emma que tensaba sus músculos cuando eran tocados por los labios húmedos de Regina. Cuando la morena estaba succionando uno de sus pezones se escuchó el llanto de Henry en la habitación de al lado.

-Lo siento.- Dijo Regina mirando a Emma, en sus ojos se podía ver la disculpa.

-El diablillo es primero.- Aseguró la rubia dejando un beso rápido en los labios de la morena.

Regina se levantó de la cama y ayudó a Emma a levantarse también, Henry paró de llorar unos segundos que Emma aprovechó para besar los labios de la morena. Aunque sabía que debían de acudir a Henry no podía negar que estaba tremendamente frustrada por haberse quedado a medias.

-Por favor, vístete.- Le pidió Emma a Regina que sentía que perdería el control.

-Haz lo mismo.- Pidió también la morena que antes de separarse de ella mordió uno de los pechos de la rubia que sonrió negando con la cabeza. Ya lo sabía pero ahora estaba totalmente segura de que esa mujer la había vuelto completamente loca.

Regina se colocó una camiseta ancha junto con unos cortos pantalones mientras que Emma se volvió a colocar la camisa. Ambas salieron del dormitorio de la morena y se dirigieron a la habitación de Henry que pataleaba aunque ahora no estaba llorando.

-Debe de tener hambre.- Dijo entonces Regina cogiéndolo.

-Seguro…- Contestó Emma mirando a Regina, adoraba verla en ese papel de madre protectora.

-¿Qué?- Preguntó Regina que vio como la rubia se perdía en sus pensamientos.

-Me gusta verte con Henry, es muy diferente a la mujer autoritaria y estricta que hay en la comisaria.- Aseguró la rubia abrazando por detrás a Regina que tuvo que sonreír por el gesto tan familiar.

-Soy la jefa….- Dijo como única justificación.

-Y eso me excita aún más…- Susurró al oído para después salir de la habitación del pequeño en dirección a la cocina para preparar el desayuno.

Regina sonrió y negó con la cabeza para después dejar a Henry sobre el cambiador para quitarle el pañal.

-Esa rubia está completamente loca.- Le decía al niño que solo manoteaba y reía cuando Regina lo movía mucho.

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