Buenos días. Me adelanto un día para colgaros el capítulo. Hoy, esta vez sí, tenéis el resultado de la reunión con los quileutes. Gracias por vuestras opiniones, sois un estímulo para mis ganas de escribir. Gracias a mi beta, Maria José. Cada vez estoy más insegura y cada vez me das más ánimos.
Y esto que voy a decir no tiene que ver con esta historia en particular pero sí con nuestra común afición por la saga de crepúsculo... El sábado me crucé media España para reunirme con varias chicas que he conocido gracias al foro de crepusculo(.)es , a quienes además tengo la fortuna de tener como lectoras: Anaidam, Aris123, Audrey, ladyArwen, Cris y Merce. Y no, no estábamos todas, pero le pondremos remedio, verdad P y Maria José? Quién iba a decirme que cuando hace dos años leí los libros de la saga me iba a encontrar con gente tan maravillosa como vosotras. Ah, y gracias a mis comprensivos marido e hija ;-).
Comentarios sobre el 36:
Mentxu masen Cullen, va a haber solución y pronto, no te preocupes ;-)
dioda, tienes razón... veremos, porque Angela aún no ha dicho su última palabra.
beakis, yo creo que en su situación ni las duchitas me funcionarían XD.
Anaidam, ¿ya veremos cómo lo voy arreglando?¿Y quién dice que lo voy a arreglar? jajajaja (risa malvada). Nena, me supermegarequetencantó conocerte en persona. Fue como si te conociera de años.
AnithaPattzCullenPacker, sí, Emmet es Emmet ;-)
v. cullen, lo de las paredes tiene fácil arreglo, y a Emmet te lo cedo, a Edward no XDD.
I love Edward, te olvidaste de firmar pero sabía que eras tú ;-). Me alegro de que disfrutaras de este capítulo, quise hacer uno relajado pero a alguna lectora eso no le ha gustado... mira que les gusta sufrir :-D.
SalyLuna, luego me llamas cruel a mí... fraude? jajajjaa, venga, en este sí ;-). Y que sepas que más adelante voy a seguir siendo cruel...
bellaliz, yo comprendo que Ang reaccione así, como tú dices sentirse presionada no es agradable.
Paola Cullen, gracias por tus palabras, siempre me animas.
yeraldin23, yo creo que al final haría con Ed como tú dices y me daría igual la vergüenza...
daniielacullen, no te disculpes, mujer, ;-) y de nada.
Gine, ya tendrás tiempo de usar tu segunda lengua, te lo aseguro.
Pegn, me dio pena no verte el sábado :-((. Pero habrá otra oportunidad, seguro. Y sí, Bella es GILIP!
nohemi, yo también me preocuparía por Daniel. Creo que bastantes problemas tiene Bella con esto, con Jacob, con las dudas sobre su transformación, como para liarla más, así que con los Cullen se lleva muy bien. Que ya vale de complicaciones ;-).
Bienvenida, lia! Gracias por tu amable opinión!
Capítulo 36
Me despertó lo que parecía un ruido de algo al romperse. Miré el despertador: eran las cinco de la madrugada. Volví a escuchar otra vez el mismo sonido. Esta vez podía asegurar que algo se había roto en pedazos. Me levanté y de puntillas me dirigí hacia la puerta del dormitorio, entreabriéndola. Se oían voces apagadas en el piso de abajo.
-Edward, te dije que despertarías a Bella -amonestó Alice.
Me di cuenta de que estaba haciendo el idiota, porque todos los que estaban abajo ya sabían que yo estaba escuchando. Así que me puse unos vaqueros y una camiseta mía, me aseé un poco en el baño y bajé, intrigada. ¿Qué había pasado? ¿Habrían vuelto Esme y Carlisle? Empecé a angustiarme. Abrí la puerta del salón y allá estaban, todos.
Edward apoyaba sus manos en la repisa de la chimenea... más que apoyar se aferraba a ella con tanta fuerza que dudaba que esta fuera a resistir mucho más sin comenzar a hacerse pedacitos. Alrededor en el suelo había fragmentos de lo que reconocí que eran dos bonitos jarrones que habían estado en dicha repisa.
Pero no fue eso lo que me preocupó. Fue que no se giró para mirarme cuando entré.
-Bella, cariño... siento que te hayas despertado -Esme se acercó a mí, me tomó de la cintura y me llevó hasta el sofá.
Me senté sin mirar lo que hacía, pendiente de la espalda de Edward. Todos se sentaron a imitación mía, supuse que para no hacerme sentir incómoda.
-¿Qué ha pasado? ¿Ha ido algo mal? -inquirí tensa. Volví mis ojos hacia Esme, cuya expresión dulce no podía ocultar cierta preocupación.
-Bueno, digamos que no ha ido bien. Los quileutes estaban muy a la defensiva. Realmente parecían lobos defendiendo su territorio -frunció el ceño.
-Eso del tratado es una absurda mierda. No tenemos por qué hacer caso. Todos los humanos que lo firmaron están muertos -espetó Edward girándose. Sus ojos echaban llamas mirando a Carlisle al tiempo que me evitaban.
-Edward... -este lo miró con severidad, sin añadir nada más. Entonces mi novio desapareció por la puerta tan rápido que apenas me di cuenta y la puerta del comedor se cerró de golpe con tanta fuerza que quedó colgando de uno de los goznes.
-¡Menudo carácter! Luego dirá que tiene que llamar a los obreros por nuestra culpa-comentó Emmet con los ojos muy abiertos.
-Hacía tiempo que no lo veía así-dijo Alice, sentada en el suelo a los pies de Jasper, su espalda apoyada en el sofá de enfrente.-Desde... -me miró, dubitativa.
-Desde que está conmigo -terminé la frase.- Yo jamás lo había visto así.
-No te preocupes, se le pasará enseguida. Siempre se le pasa-me palmeó Esme en el muslo.
Tomé aire con fuerza y me centré en lo importante. Qué habría pasado para que Edward sacara su peor genio.
-Bien, explicádmelo todo, por favor –pedí llena de ansiedad, mirando alternativamente a Esme y a Carlisle quien suspiró, se sentó a mi otro lado y tomó la palabra.
-Verás, Bella -dijo con suavidad- supongo que conoces el tratado que firmamos hace décadas con los dirigentes quileutes, entre ellos el abuelo de Jacob Black, que era el jefe. En él nos comprometimos a seguir con nuestra alimentación a base de animales y mantenernos apartados del área de la reserva, cosas que en aquel momento parecían sencillas porque era lo que siempre habíamos hecho. A cambio de eso ellos no revelarían nuestra auténtica naturaleza y nos dejarían vivir nuestra vida en paz. Quien comprometía el tratado, debería marcharse lejos de la reserva y de toda la región cercana.
-¿Qué? Es... ¡es absurdo! -protesté.- Edward no tiene que dejar su casa de Forks por lo que ha pasado. ¿Y qué pasa si alguien va diciendo por ahí que sois vampiros? ¡Lo más probable es que lo encerraran en una institución mental!-sentí la mano de Esme apretando la mía, tranquilizadora, y me viré hacia ella.
-Cielo, es mucho más complejo que eso. Primero, nos guste o no firmamos aquello y somos gente de palabra- me sonrojé un poco, Esme tenía razón.- Además, siempre hay alguien dispuesto a creer en eso, y nos da pereza volver a empezar de cero tan pronto -miró a Carlisle con intención y pensé que seguramente ya habrían vivido una situación así en otra época y lugar.-Nuestra única esperanza era que los indios no consideraran el que tú cedieras tu sangre a Edward como una violación del tratado... pero no ha sido así. Cuando los hemos intentado convencer con este argumento ha sido precisamente el que ellos han esgrimido para cerrarse en banda. Por una parte están muy protectores por el hecho de que Angela está embarazada.
-No entiendo qué tiene que ver eso.
-Verás, es... complicado. ¿Conoces las leyendas quileutes sobre los hombres lobo?-asentí.- Ninguno de nosotros ha visto nunca un hombre lobo, pero si nosotros existimos, no dudamos de que haya una base veraz en esas leyendas. Según esas historias, lo que pone en marcha esa transformación es el olor del vampiro... alimentado con sangre humana.- Jadeé. Ahora comenzaba a entender algo. Esme asintió al reparar en mi expresión, y continuó.- Los quileutes no quieren correr ese riesgo. No sabemos cuánta...-buscó la palabra- exposición hace falta para que ese olor ponga en marcha la transformación en lobo. Pero una vez empezada no habría vuelta atrás. También se dice que los lobos jóvenes tienen mal autocontrol, llegando a poner en peligro a sus seres queridos de forma involuntaria. Comprenderás que Jake no desee pasar por eso. Y por si fuera poco tampoco podríamos descartar que el embarazo de tu amiga se viera afectado por esa transformación, al fin y al cabo es posible que lleve los genes licántropos. Es muy, muy complicado, más de lo que imaginábamos. Ellos conocen bien sus leyendas. Y hay una cosa que no sabíamos...
En aquel momento Edward hizo acto de presencia, plantándose en el umbral de la puerta del salón. Lo miré y no alcancé a descifrar su expresión.
Carlisle se levantó y se sentó al lado de Esme, dejando un espacio libre a mi lado, que Edward no tardó en ocupar. Su mano se entrelazó con la mía. Estaba helada, lo que me indicaba que había estado en el exterior un buen rato. Quizá en la terraza. Hizo un leve gesto con la cabeza, indicando a Carlisle que podía continuar.
-Cuando Edward me habló de ti y de lo que sintió al conocerte tuve mucha curiosidad y me puse a investigar. No es que no crea en los flechazos, pero eso no me lo parecía. Pero no encontré nada en las viejas leyendas de vampiros europeos que me recordara remotamente a lo que Edward me había explicando. Mi error fue que investigué en las leyendas escritas, cuando aún hay pueblos que mantienen la tradición oral, y las historias pasan de padres a hijos como cuentos. Hace siglos que los quileutes han coincidido con vampiros, nosotros no somos los primeros como sabes -Hizo una breve pausa y miró a Edward, quien repitió el gesto con la cabeza.
¿Adónde quería llegar Carlisle? La curiosidad me quemaba, pero la ansiedad me estaba matando. Tomé aire profundamente.
-Algunas de esas historias -prosiguió- hablan de vampiros –y vampiras- que se sienten irremediablemente atraídos por el olor de la sangre de un humano en particular. Una atracción que no es la habitual. No se trata sólo de sed, que también. Es un deseo de posesión, de protección... es una necesidad absoluta del otro ser. Cuando esa atracción es correspondida por el ser humano acaba estableciéndose lo que ellos llaman un "vínculo de sangre" -pausó para dejarme tiempo a que absorbiera toda esa información.
La mano de Edward oprimió la mía. Como si la pareja estuviera perfectamente acompasada, Esme tomó la palabra.
-Bella, ¿has notado algo extraño últimamente respecto a Edward? Algo que no sintieras antes. Piénsalo.
Miré hacia el fuego de la chimenea. Quería concentrarme y no podía sintiendo sobre mí tantos ojos curiosos. Y entonces fui consciente de ello.
-Últimamente he notado -pronuncié lentamente las palabras, meditándolas- que siento la presencia de Edward. Sé cuando está cerca de mí, sin necesidad de nada más. La primera vez que me pasó fue en la Aguja Espacial. En aquél momento no le di importancia, pensaba que había sido casualidad. Pero esta noche -le miré- he sabido que estabas conmigo en la habitación antes de abrir los ojos. Creo que ya no me podrás asustar como hacías antes apareciendo de la nada – sonreí un poco y él me correspondió, aunque con gesto tenso.
-¿Y tú, Edward? No me has contestado a la pregunta que te hice antes de aparecer Bella -inquirió Carlisle. Aquél se envaró y de repente todos los Cullen excepto mi novio y sus padres adoptivos desaparecieron de la sala.
-Ya te lo he dicho. Me resulta más difícil de controlar la intensidad de mi deseo.
Me sonrojé por enésima vez. Vaya, aquello sí era una conversación que me hacía sentir incómoda. Pero tenía mucho más interés en escuchar lo que se estaba diciendo que en salir disparada de la habitación como los demás Cullen.
-Yo también siento algo distinto. Cuando desapareciste ayer -me miró con cautela- supe dónde estabas. No sabía cómo pero sabía dónde encontrarte. No pensé más en ello, podía haber sido una coincidencia.
-¿Nada más?- insistió Esme.
-Hay algo más- Edward suspiró con fuerza, mirando fijamente nuestras manos entrelazadas.- Últimamente cuando hacemos el amor siento dentro de mí el anhelo de... morderte para convertirte. Pero pensaba que era porque cada vez te necesito más. Es algo que puedo controlar, Bella. No quería decírtelo para no angustiarte - explicó alzando los ojos para mirarme entre tímido y arrepentido.
-Llegarás a no poder controlarlo. Es el camino natural del vínculo -sentenció el patriarca de los Cullen, clavando su mirada en su hijo adoptivo.- Si sigues bebiendo su sangre un día no podrás controlarte y a pesar de que Bella es evidente que no está aún mentalmente preparada la morderás y le inyectarás el veneno. Y no habrá vuelta atrás. Has encontrado a tu compañera y no renunciarás a ella. Pero todos nosotros hemos caído en esta vida in extremis. Ella debe elegir, y eso no se lo puedes arrebatar.
-Sé perfectamente que Bella no está preparada. Jamás la forzaría a una vida como la nuestra. Puedo controlarme - gruñó Edward furioso por el sermón de su padre.
Mi sangre escapó de mi rostro primero, y luego de mi cerebro, y sentí que me mareaba. Solté la mano de mi novio y me recosté en el sofá y cerré los párpados.
-¿Cuándo esperabas explicarme esos impulsos, Edward? –pregunté dolida. Había sido herida en mi confianza y no lo comprendía.
-El vínculo de sangre ayuda a algunos vampiros a encontrar su compañera para toda la vida- explicó Carlisle, conciliador.- Es un instinto incontrolable que afecta no sólo al vampiro sino también al humano. Puede que tú misma se lo pidas en un momento de pasión sin pensar en las consecuencias, y él te haga caso sin pensar si estás segura, porque lo que desea es hacerlo.
Puede que tú misma se lo pidas. Sentí que el calor volvía a la piel de mi cara. Recordé las palabras que luchaban por salir de mi boca la tarde que estuvimos juntos en el vestuario femenino del hospital.
-Estuve a punto de pedírtelo. Una vez. Fue muy difícil contenerme- abrí los párpados, un tanto avergonzada. Al fin y al cabo yo tampoco le había explicado nada de esto. Sus ojos intensos e hipnóticos se cruzaron con los míos. Había estado a punto de pedírselo. Pero sólo me había pasado aquella vez. Si lo hubiera hecho...
Me incorporé y me froté la cara. Fijé la vista en el bonito reloj que era lo único intacto de la repisa de la chimenea. Eran las seis de la mañana. Decidí que ya tenía bastante. Necesitaba meditar sobre lo que había escuchado. Sola.
-Necesito descansar. Disculpadme - me levanté y ellos hicieron lo propio.
-Claro que sí, cariño, es una sobrecarga de información -dijo Esme, apretándome el brazo con cariño. Carlisle me miraba comprensivo.
-Creo que quiero estar sola- miré al hermoso vampiro que permanecía en el sofá, estudiando cada uno de mis gestos. Como única respuesta parpadeó lentamente.
Me acosté y cerré los ojos, de veras necesitaba descansar, pero era lógico que el sueño me evadiera. ¿Qué significaba todo aquello? ¿En qué afectaría a nuestra relación? ¿Iba a confiar en que Edward no me inyectara veneno sin mi consentimiento mientras hacíamos el amor? ¿Iba a confiar en que no se escaparía de mis labios esa petición en un momento apasionado? ¿Podría parar el proceso si él no bebía más de mi sangre? ¿Tendría que irse Edward del único hogar estable que tenían en el momento actual? ¿Cómo afectaría a mi amistad con Ángela?
Había dado tantas vueltas en la cama que las sábanas y el edredón estaban completamente revueltos. De pronto le echaba de menos y ya no estaba enfadada con él. Aunque habría preferido que me hubiera confiado ese impulso que sentía, sabía que era sincero cuando decía que creía poder controlarlo. Si lo hubiera considerado importante, si hubiese creído que entrañaba algún riesgo, me lo habría explicado. Los dos éramos culpables de jugar con instintos cuya fuerza y alcance no conocíamos. Y era lógico que él sintiera en nuestros intensos momentos de intimidad el impulso de transformarme, como lo era que yo estuviera tentada de pedirle que lo hiciera. ¿Hasta qué punto eso era realmente originado por el llamado vínculo de sangre? ¿Hasta qué punto era todo controlable?
Pero sí había algo cierto, yo había sabido que Edward estaba conmigo en dos ocasiones, había sentido su presencia. Y él había sabido encontrarme. ¿Eran casualidades o pruebas de que el vínculo se había establecido entre nosotros, y por tanto todo lo demás que comportaba también?
De pronto me harté de darle tantas vueltas a todo. La verdad, en este momento todo eso no me importaba una mierda.
-Edward, ¿quieres estar conmigo? –susurré, con los párpados cerrados. Al cabo de unos segundos sonreí levemente.- Hola.
-Hola -su sedosa voz animó el latido de mi corazón- ¿De veras me quieres a tu lado esta noche?
-Sólo si tú quieres estar –abrí los ojos y tendí la mano hacia su silueta, de pie al lado de la cama.
-No deseo estar en ningún otro sitio- murmuró, se tumbó a mi lado sobre el edredón y me acercó a su cuerpo.
-Edward, si te vas de Forks me iré contigo. Te seguiré a donde vayas - susurré, y sentí que me abrazaba con más fuerza.
-No sé qué he hecho en algún momento de mi existencia para merecerte, Bella.
º*º*º*º*º*º
-Por dios, Alice, con un bol de cereales con leche ya tengo bastante. ¿Qué es esto?
Miraba con los ojos como platos el buffet de desayuno que me había organizado la vampira en la mesa de la cocina: una jarrita de zumo de naranja, una bandeja variada con bollería francesa incluyendo croissants y brioches, dosis individuales de mantequilla y mermelada de distintos sabores, una caja de muesli, una jarrita con chocolate, otra con leche y otra con café recién hecho.
-No sé lo que te gusta, así que he traído un poco de todo. Lo que no quieras te sirve para mañana.
-Lo guardaré, sí. Gracias -le sonreí,- la verdad es que estoy hambrienta.
Me senté y me serví zumo y también un vaso de leche a la que añadí una generosa cantidad de café. Tomé un croissant del montón y lo mojé en la leche. Alice se sentó enfrente de mí, mirándome comer con ojos curiosos.
-¿Dónde ha ido Edward? ¿Y los demás? - pregunté entre sorbo y sorbo del café con leche.
-Jasper está trabajando con su portátil, en sus cosas. Rosalie y Emmet han salido a pasear por la ciudad, creo que si siguen así repetirán luna de miel dentro de poco - rodó los ojos de forma expresiva.- Esme y Carlisle están visitando las nuevas instalaciones de cirugía en el Northwest, y Edward ha ido a cazar. Sé que está en Olympic porque me lo ha dicho, ha ido a su zona favorita. Es injusto que él siga pudiendo leerme el pensamiento y yo no pueda verle en mis visiones- compuso un divertido puchero de los suyos.
-Pensaba que si no estaba conmigo podías verle – me interesé.
-Eso era antes. Ahora vuestro futuro está tan ligado que apenas hay momentos en que lo veo.
-¿Entonces ahora no lo ves es porque está haciendo algo que tiene que ver con los dos? -indagué. Bebí un sorbo de zumo de naranja. Estaba fresco y dulce.
-Más o menos sí... -apoyó la barbilla en las manos, pensativa.- Ha salido a cazar porque quiere estar a tu lado sin que le moleste la sed, especialmente ahora. Todas las decisiones que él toma y tienen que ver contigo lo borran de mi scanner de futuro. Así que puedo decir que mi hermanito piensa mucho en ti, porque apenas lo veo -sonrió.
-Espero que todo esto del supuesto vínculo no afecte a nuestra relación. Ya sabes cómo se pone Edward cuando cree que mi seguridad está en entredicho.
-Es sobreprotector, ¿verdad?-Alice me observó con empatía.
-Sí, bastante complicado era ya sin meter a indios vengativos y vínculos de sangre de por medio - terminé el zumo y dejé el vaso vacío sobre la mesa.
-Ya sabes que Edward es un hombre muy apasionado, y como tal también tiene su punto melodramático. Pero una cosa te puedo asegurar, si las cosas siguen como hasta ahora continuaréis juntos. No veo a Edward en el futuro.
-Alice, sé que lo nuestro es complicado, pero no imposible. No me van a separar de tu hermano unas viejas leyendas, ni Jacob Black en plan padre y novio megaprotector, y diría que Edward piensa lo mismo -le apreté la mano.- Ya nos adaptaremos - miré a mi cuñada y me metí un pedazo de brioche de mantequilla en la boca. Tendría que parar o me dolería la tripa, pero estaba muerta de hambre a pesar de los nervios que sentía. O quizá por eso.
-Bella -esta vez fue Alice me observó con calidez.- Lo del vínculo os lo explicaron sólo para que mi hermano y tú fuerais conscientes de lo que os está pasando. Sólo os dejasteis llevar por el instinto. Creo que desde el momento en que conociste a Edward no tuviste elección. No deja de ser muy romántico esto del vínculo de sangre. –Ladeó la cabeza y sonrió con aspecto soñador.- La mayoría de nosotros, o más bien todos los vampiros que conozco, ha encontrado el amor después de la transformación. Vosotros parecíais destinados a encontraros. Sí, es muy de novela...- acentuó la sonrisa y me la contagió a pesar de lo preocupada que estaba.
-Alice, te llevarías bien con mi compañera de piso. Siempre tiene una novela romántica entre manos, aunque sus preferidas son las clásicas. Creo que se sabe de memoria Romeo y Julieta. ¿Sabes? -cambié de tema- me parece que a Edward no le importa mucho dejar su hogar.
-Si llevaras tantos años como nosotros en este mundo también te tomarías las cosas con más ligereza. No es que tengamos arterias coronarias que cuidar, pero se vive mejor dándole importancia a lo que la tiene, y cuando puedes vivir una vida tan larga... pocas cosas son tan importantes. El amor es una de ellas. Es lo que nos hace mantener la ilusión de seguir vivos.
La conversación con Alice me animó bastante. Como mi volátil novio seguía desaparecido decidí no esperar más e ir a visitar a Angela. No sabía qué haría si Jacob estaba allá, pero estaba decidida a quedarme con ella el máximo tiempo que me dejaran las normas del hospital, sin dejarme intimidar por ninguna cara torcida.
Me duché y me puse una sudadera, unos vaqueros y mis botas. Me tapé con una chaqueta vaquera: la primavera por fin comenzaba a notarse en la ciudad y la temperatura estaba alrededor de los 15º, pero habían anunciado lluvias durante todo el día. Alice me escaneó cuando me despedí de ella, pero no comentó nada aunque me pareció que apretaba los labios para no hacerlo.
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-Buenos días, cielo. ¿Cómo has pasado la noche?-besé a mi amiga en ambas mejillas, sondeando su humor. Afortunadamente la había encontrado sola.
-Mejor que Jake. Se ha empeñado en quedarse esta noche conmigo, en el sillón. Qué ganas tengo de que me den de alta y dejar de molestar a todo el mundo. Y tú estás malgastando tus vacaciones aquí por mi culpa -bufó con tono acusador.
-Deja de decir eso-la reñí cariñosamente, mientras me retiraba la gabardina.-Estoy aprovechando para hacer algo de turismo por la ciudad.
-Pues como no sea turismo para recoger setas, con este tiempo...-mi amiga miró por la ventana, torciendo el gesto.
-La comida del hospital está transformándote en una especie de pitufo gruñón, amiga-palmeé su hombro sonriendo y me senté en la cama. Me fijé en que ya no llevaba suero intravenoso, pero le habían dejado una cánula colocada en la mano para medicación intravenosa de urgencia. -También he aprovechado para hacer relaciones familiares, todo el clan Cullen está en la ciudad.
-Uao, qué impresión debe dar eso. Todos los Cullen que conozco son intimidantemente guapos, reunidos deben dar miedo.-Ni te lo imaginas, pensé para mí.-Edward ha pasado a primera hora a visitarme-sonrió ante mi expresión de sorpresa.- Decía que habías pasado una mala noche y que no había querido despertarte, pero que él tenía que hacer un pequeño viaje hoy y mañana volvía al trabajo, así que ha pasado a saludar y despedirse.
-Cierto. Jake estaba...-pregunté con cautela.
-Estaba -afirmó.-Ha pasado la noche conmigo.
-No habrá sido agradable...
-Se han comportado y punto. Digamos que la tensión se podía palpar, masticar y hasta vomitar, pero se han dicho hola y adiós, eso sí, sin mirarse.
-Vaya mierda. ¿Jake está de vacaciones?-cambiar de tema era la mejor opción.
-Sí, se ha tomado toda la semana, parece ser que entre mañana y el viernes me darán el alta. Mi cardiólogo no quiere hacerlo hasta que no esté todo ligado, y Jacob se está encargando de eso. Lo del marcapasos o el desfibrilador internos está descartado hasta los tres meses de embarazo, así que está mirando las posibilidades de quedarse en casa conmigo hasta que me pongan el alien -suspiró con fuerza y negó.-Está loco, no le darán un permiso de tres meses, lo echarán. Para más cabreo, tendré que llevar un jodido monitor de frecuencia cardiaca mientras duerma. ¡Y encima me han dicho que esto que tengo es genético! Como si no hubiera tenido bastante con la mierda de padres que me tocó, encima voy y heredo esto - gruñó.
Lo estaba pasando mal y lo entendía. Sólo sería por unos meses, pero pasar de la noche a la mañana a sentirse completamente dependiente de alguien, aunque fuera alguien que amabas, no era plato del gusto de casi nadie. Ang necesitaba desahogarse, así que la dejé hablar.
-Sobre eso...- sabía que me estaba entrometiendo, pero quería intentarlo- ¿estás segura de que no quieres que avisemos a ningún familiar tuyo?-una mirada fulminante de mi normalmente dulce amiga bastó como respuesta.
Me quedé con ella toda la mañana, y pude decir que a la hora de la comida su estado de ánimo se había aligerado, incluso a pesar del ver el menú que le trajeron. Me despedí de ella a media tarde, un poco antes de que Jacob hiciera su aparición.
Cuando llegué a casa de Edward sólo me encontré con Alice y Jasper. Estaban sentados en el sofá y un poco despeinados, y me pareció que había interrumpido algo. Joder con los vampiros, ¿nunca se cansaban?
-¿Ni rastro de Edward?-me quité la chaqueta y la arrojé encima de una silla.
-No -contestaron al unísono.
Me dirigí a la cocina a por un vaso de zumo y Alice me siguió.
-Creo que deberías hacer algo.
-Ah, no te preocupes, ahora me doy una vuelta por ahí y os dejo solos.
-No me refiero a eso, tonta. Quiero decir que si Edward es melodramático tú tienes que ponerte a su altura- hizo una pausa observando mi reacción y la miré frunciendo el ceño con incomprensión.- Ve a buscarlo, sé la zona donde ha ido, y que se ha llevado el móvil. Siempre lleva el móvil desde que está contigo- explicó.
La idea de Alice penetró en mi corazón antes que en mi cerebro.
-¿Crees que podré verlo cazar? -la impaciencia y la excitación se filtraron en mis palabras.
-No veo por qué no- me guiñó el ojo.
-Ya estás tardando en explicarme dónde encontrar a tu hermano -me mordí el labio.
-Vale, vale, trae un mapa- sonrió, negando con la cabeza.
Las lectoras de True blood habréis visto que he cambiado el concepto del vínculo de sangre y lo he mezclado con el de imprimación... es que soy una romántica...
Ay... Edward cazando... *blush*
Hasta el jueves.
