Todo es una búsqueda de la verdad.

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- Hiei. Acompáñame arriba.

Sin palabras, le siguió. No estaba rodeada de soldados en el salón principal de su castillo, como era su costumbre. Le hizo pasar a una habitación especial, aquella donde se encierra a un traidor en interrogatorio. Ante ese conocimiento, miro a Mukuro con expresión ofendida y molesta.

- No es lo que crees- le dijo la gobernante con calma, entrando con el interior del macabro lugar- Aquí no pensarían entrar por creer que jamás hablaría contigo aquí.

- ¿Y quién pensaría en entrar por nuestra charla?

- Esa es la cuestión, Hiei. Te he estado esperando para pedirte algo.

- ¿No será una orden?

Le fastidiaba el ambiente y la forma de hablar de Mukuro. El sitio era un lugar de torturas, dada la sangre en el suelo y hasta los restos de los monstruos en los rincones. No es que le incomodase pero le daba mala espina lo que fuera que iría a decirle su -otra vez- jefa en ese tipo de lugar.

- Hiei, aceptaste mi propuesta y por ello tienes varias libertades aquí, pero no te abuses.

El demonio de fuego disimulo que la entendía, aunque desde que había llegado al castillo lo primero que hizo fue utilizar su Jagan para buscar uno de esos Elementos mágicos de los que hablo Kurama.

- Dime que quieres.

- Tenemos un problema entre nuestra gente.

- ¿Rebeldes?

- No.

Mukuro se sentó sobre una mesa.

- ¿Traidores?

- Uno muy odioso, para ser específicos. Sabe más de lo que puedo consentir. Me gustaría que intervinieras, se lo encargaría a otro pero tú eres el más indicado- le dijo, con una enigmática sonrisa.

Hiei se preguntó si sería alguien que conocía. Mukuro era poderosa, tenía un poder temible del que hacía que sus soldados, invencibles en combate como Hiei, no pudieran hacerle frente. En el pasado Hiei no le tenía miedo en absoluto, como algunos de sus compañeros con los que nunca fue a ninguna misión, sino un leal respeto hacia la magnitud de su poder.

- ¿Quién es?

- ¿Importa?- rebatió Mukuro- Te diré dónde está, lo he estado vigilando algún tiempo y podría decirse que conozco su rutina. Está a treinta kilómetros de aquí, al oeste, antes de llegar al Bosque Seco, ¿Has visto una cueva por allí? Con un conjuro se esconde dentro de una dimensión distinta.

- ¿Otro mundo?

- No, tonto. Otro sitio, más pequeño y reducido, pero tan real como el poder de las ilusiones. Admito que desconocía que un demonio así pudiera crear algo como eso dentro de una miseria.

- ¿Insinúas que debo matarlo en su territorio?- Sonrió de forma cruel.

- Matarlo sería lo más recomendable. Dejare que decidas que hacer.

Él se extrañó un poco. A un traidor se lo mataba y fin del cuento.

- Cuando encuentres a tu objetivo dile de parte mía: "Nunca te lo habría entregado"- le sonrió al muchacho de tal forma que se quedó inmóvil del asombro- Luego, haz lo que quieras con él.

Asintió después de unos segundos, recomponiéndose. Mukuro estaba muy misteriosa ese día…

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Aquel demonio sabía esconderse. De no haber sido por su Jagan habría pasado por alto el hecho de que la cueva a la que había entrado era la puerta a una dimensión alterna de intensos colores y objetos irreales.

Estuvo cayendo durante quince minutos, con su paciencia al límite, hasta que finalmente sintió el suelo. Evito una caída peligrosa gracias a su instinto y su mano de primera. Salto y de nuevo estaba de pies firmes. Amplio sorpresivamente los ojos al advertir que no estaba dentro de una cueva oscura y húmeda, sino en un pasillo a base de artículos de los más raros. Cualquier señal de salida desapareció a su alrededor y solo quedo caminar para adelante.

No quiso seguir el juego ese pero no había otra. Estaba dentro de un territorio que solo su creador dominaba. Era como estar en un laberinto del que quien observaba desde arriba movía todas las vías. Aun así, se mantuvo en alerta para el combate contra cualquier monstruo que no se decidió a aparecer.

Enojado por la falta de acción y el camino siempre recto, tuvo la intención de hacer uso de su espada en el pasillo interminable. Sin embargo, el camino desapareció en un parpadeo y una luz cegadora lo abrumo.

Ahora, Hiei se encontraba en un salón gigantesco, frotándose un poco los ojos. Escucho una voz antes de advertir que había cambiado de lugar. Reconoció la voz al segundo de oírla.

- Te esperaba…Pero, odio que vengas a mí por las razones equivocadas.

No necesitaba de la visión para saber quién le hablaba pero se sorprendió en demasía al ver a ese sujeto sentado en una silla echa de huesos, sobre de una plataforma de espectáculos, observándole campante.

Hiei no era de ceremonias. Presto su espada al combate.

- Mukuro dice: "Nunca te lo habría entregado".

Por primera vez en mucho tiempo escucho a ese youkai reírse con verdadera gracia natural.

- Si…Desde el principio, siempre lo supimos. Ella no solo te esperaba a ti, también esperaba la oportunidad para deshacerse de mí.

- Yo me encargare de eso- dijo con arrogancia, sonriendo malignamente.

Debido a la distancia Hiei se sintió tentado a hacer fuego, y a tiempo reflexiono que estando en otra dimensión en la que quizás las cosas le resultasen más complicadas.

- Atácame. Quiero ver la pasión de tu desprecio.

La provocación resulto y Hiei se guardó la espada, lanzando una bola de fuego.

El demonio en la silla revelo un brillo intensamente rojo en su mano derecha y Hiei observo incrédulo como su poder era absorbido por la mano del desertor. Esfumado hasta el último rastro de calor del fuego, Hiei descubrió que no era la mano la que había absorbido su ataque sino lo que sostenía…

- Eres mi invitado especial- anuncio este, sonriendo al ver reflejado el rostro de Hiei en la gema carmesí- Y recibirás un trato único…

Lo siguiente que pudo razonar el Maestro fue que estaba debilitándose de una forma increíblemente veloz, antes de cerrar los ojos y sumirse en la oscuridad. Cayó al suelo, perdiendo la conciencia.

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El pájaro había logrado escaparse de sus enredaderas y de los tallos gigantescos que había levantado para atraparlo. Estos se marchitaron al instante que una luz asombrosamente cegadora se apareció en las patas del animal, sosteniendo entre ellas un tipo de piedra preciosa. Se trataba de un Elemento. Sin dudas.

- ¡¿Cómo es posible que una condenada ave lleve la gema?!

- Lo más me intriga es como la ha activado- le dijo Kurama a su otro yo, sin despistarse al momento de seguir al ave.

Una hora atrás estaba de camino a las montañas hasta que un pájaro blanco de lomo negro se le acerco y rugió, muy diferente a un pájaro corriente; había sonado como un cuervo, lo cual sorprendió a Kurama y entonces lo vio. La gema que había robado del Museo de Tokio, ¡en las patas de un ave!

Tanta fue su sorpresa que persiguió al pájaro hasta que este tomo vuelo y se alejó de él. No lo creía posible. Tenía escondidos los elementos que había robado en un lugar secreto que nadie conocía, más que él y Youko.

Había estado persiguiendo al ave desde hacía una hora aproximadamente. La muy maldita usaba la gema para escaparse de sus criaturas. Por supuesto, el kitsune tenía recursos que resistían tal poder pero recapacito antes de usarlos. Si lastimaba al ave, nada le aseguraba que la gema no se perdiese en el sendero infinito del Makai.

- ¡La gema esta activa, sabremos donde está sin importar donde caiga!- le reclamo Youko- ¡Mata a ese pajarraco!

- ¡Esa es la pregunta! ¿Cómo es posible que este activa, porque la tiene un pájaro?

- No será un pájaro normal…Nos está llevando a algún sitio.

Kurama estuvo de acuerdo. Hacia un rato que sospechaba que el pájaro no era tan ordinario, sino un señuelo, un juguete de alguien. Youko usaba a las plantas y flores como parte del juego antes de empezar la verdadera pelea, y era probable que estuvieran haciendo lo mismo en su contra.

El ave lo condujo hasta una caverna de la que Kurama supo instintivamente que no era tan inofensiva. Desprendía un aura demoníaca reducida, limitada. El pájaro acabo por entrar allí, perdiéndose en la oscuridad, como si fuera su destino fijo y Kurama dio un primer paso cauteloso…Sintió que caía a un volcán en erupción.

- ¡Es una ilusión!

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Adivinen, ¿Quién es el traidor? Algunos ya tendrán idea. Pero todo lo que viene es mayor…

A todo esto, ¿A nadie le interesa saber que tipo de regalo le dio Hiei a Keiko, en "Mal, fatal, peor"? Esperaba que alguien se diera cuenta, pero bueno.

Justo después que Kurama se retirara, luego de discutir con su marido, Yusuke no aguanto mas la curiosidad y abrió el presente. Adivinen...

No, no eran armas, tampoco un regalo convencional...

No, no era una carta de felicitaciones que se compra en la tienda...

No, Kurama no estaba estaba enterado...

(Tiempo para pensar)

...

Yusuke descubrió el regalo y era...¡Un frasco de pepinillos!

Hiei los odia y no tuvo mejor idea que deshacerse de ellos a escondidas. Si, muy gracioso, pero la escena hubiera estado de mas y se suponía que seria un capitulo tenso para la relación. En fin, a quienes se lo preguntaban pero no pudieron comentarlo o simplemente no lo captaron, esta es la respuesta.

Si les quedo alguna duda, háganmelo saber.

Nos leemos en el siguiente capitulo, hasta entonces.