..^ ^..* *.._ an mensis laxus _..* *..^ ^..
-¿Estamos seguros de lo que vamos a hacer?- preguntó Hanamichi nervioso.
-No. Pero no importa, lo haremos- dijo resuelto Kaede agarrando el pomo de la puerta dispuesto a salir.
Hanamichi le detuvo del brazo antes de que girara la perilla.
-Cuando llegue el momento no sé si sabré…- murmuró.
Kaede soltó el pomo y se giró para verle a los ojos.
-No sé si estoy preparado- murmuró Hanamichi.
-Nunca estaremos preparados para esto, nadie puede estarlo, es imposible; Pero ya lo hemos hablado y seguramente es nuestra única oportunidad para…- Hanamichi le puso suavemente un dedo en los labios haciéndole callar.
-Lo sé. Sólo quería que me dijeras que todo va a ir bien- susurró sonriendo nervioso.
-Todo irá bien- susurró Kaede.
-¿Sí?
-Sí. Vamos, se hace tarde- le dijo tendiéndole la mano.
Tomados de la mano salieron del piso tomando aire en una profunda respiración, dejando atrás su primero hogar sin dudarlo y sin mirar atrás.
La calle estaba llena de cámaras, los flashes les cegaron, instintivamente bajaron la cabeza protegiéndose de los objetivos que les enfocaban sin pudor alguno.
De lejos las voces de los reporteros sensacionalistas relataban los acontecimientos con pasión y sin piedad:
-Como pueden ver el escritor Heiwa Tameki y su pareja ya salen de su casa para dirigirse a la última sesión del gran juicio del estado contra el conocido Sam Samson.
-¿Han recibido más amenazas?- dijo una joven a pleno pulmón intentando acercar el micro a la cara de Hanamichi.
Como ella muchos otros intentaban averiguar si habían recibido amenazas de algún tipo por ser testigos de la acusación en un juicio tan polémico. Hacía unos días se había filtrado a la prensa que habían sido amenazados y por eso estaban tan vigilados por la NPA.
Pero eso no era lo único que los periodistas sedientos de respuestas intentaban preguntarles incansablemente, de forma agobiante, cada vez que salían a la calle.
¿Cuál pensaban que sería el veredicto?. ¿Cómo se sentían?. ¿Qué harían cuando todo esto terminara?
Fueron pocos los que se mantuvieron respetuosamente alejados narrando los acontecimientos en tono trascendental pero sin atosigarles.
Hanamichi resopló y tan rápido como pudo se metió en el coche negro que les esperaba en frente de casa. Kaede hizo otro tanto. Dos agentes de la NPA les esperaban como habían echo cada día de las últimas semanas mientras el juicio contra Sam Samson había empezado.
-Buenos días- saludaron ambos una vez dentro del coche.
Los agentes les devolvieron el saludo de forma queda, como siempre. Hanamichi y Kaede sospechaban que estaban incómodos por su, ahora pública, condición sexual pero ya se habían acostumbrado a ello.
Habían tenido que acostumbrarse a las malas miradas de mucha gente de su entorno desde que salió a la luz pública su implicación con el caso Sam Samson. Los detalles exactos nunca habían sido desvelados, pero tratándose de algo sexual, como más secretismo lo envolviera más atraía a los medios de comunicación en general y la prensa sensacionalista en especial.
Por culpa de ellos todos los que no eran familia y amigos se habían enterado durante los últimos meses que vivían juntos, como pareja y el "todos" incluía a todo el país.
Pero pronto acabaría todo eso. Pronto recuperarían su intimidad. Una de nueva, lejos, distinta, pero suya y solo suya. Una vida nueva.
El viaje hasta los juzgados fue corto y silencioso, como todos los anteriores. Al llegar Kiyota ya les esperaba como los días anteriores con el que había sido el abogado de los tres en ese caso, un viejo amigo de la familia.
Allí había más prensa esperándoles y de nuevo tuvieron que sortearles. Esta vez pero no se les acercaron tanto. Hanamichi se fijó en un reportero en particular y le oyó comentar:
-Después de días de tormento por fin esta mañana el escritor Heiwa Tameki y su guapo novio asistirán hoy al último día del juicio más polémico del año. Tameki se ha convertido en nuestro país en un referente en la lucha pro-derechos gay. Se ha convertido en un referente en ese colectivo y muchos somos los que nos preguntamos si cuando esto acabe seguirá con esta lucha, si su intención es lograr la legalización del matrimonio gay y quizá incluso la adopción. Tendremos ocasión de preguntárselo esta noche en el programa de entrevistas "la hora de la verdad". De momento me pregunto qué opináis en el plató del look de hoy de la pareja y del acusado que está llegando en estos instantes a las dependencias judiciales…
La voz se perdió en la lejanía mientras se apresuraban a entrar para no cruzarse con Sam. De todos los detenidos era el único que durante el juicio había podido pagar la altísima fianza que les habían impuesto a todos, y por eso seguía llegando al juzgado como un hombre libre mientras que Fujima y el resto de sus seguidores detenidos eran transportados a las dependencias judiciales desde la prisión con un furgón.
Hanamichi, Kaede y Kiyota entraron en la sala, y de forma disimulada, para que su abogado no les oyera, Kiyota les comentó:
-¿Ocurra lo que ocurra ahora, todavía seguiremos adelante?
Ellos no dijeron nada, solo asintieron con la cabeza. Luego se sentaron y pocos minutos después Sam entraba en la sala, luego Fujima seguido de todos los otros detenidos, todos esposados y escoltados, menos Sam. Eso les hacía poner el bello de punta a los tres pero habían aprendido a soportarlo con el paso de las semanas.
Esos momentos de tensión, unido a todos los preparativos que habían hecho juntos para ése caso y para el de los robos de arte, había ayudado a limar asperezas en la relación de Hanamichi y Kiyota. El primero ya consideraba al abogado un amigo digno de confianza, aunque este segundo todavía no lo sabía.
Cerca de donde Hanamichi, Kaede, Kiyota y el abogado de ambos estaban sentados había otros jóvenes que habían testificado en el caso. Kiyota había contactado con ellos. No todos los que habían pasado por las manos de Sam estaban allí, pero sí todos los que habían querido declarar contra él. Aunque por suerte para el resto solo Hanamichi y Kaede habían atraído de forma masiva la atención de los medios, por ser el primero un escritor de éxito de novela erótica gay, y por ser ambos las últimas víctimas de Sam a la vez que pareja formal durante y después del incidente.
Al principio había sido muy agobiante, pero accedieron a ser la cabeza visible la imagen pública de las víctimas de Sam para proteger la privacidad del resto ya que pronto sus vidas como las conocerían cambiarían radicalmente qué les importaba que sus nombres quedaran ligados a ésa sórdida y retorcida historia para siempre cuando pronto sus nombres dejarían de serlo.
Cuando los jueces acababan de entrar también en la sala llegó Jun. Iba solo e intentaba pasar desapercibido.
Poco después se leyeron los veredictos de todos los acusados, dejando para el final los de la cúpula de la organización y Sam.
Prácticamente todos fueron encontrados culpables de los cargos correspondientes, agresión y resistencia a la autoridad, posesión ilegal de armas y narcóticos, acoso, agresión, violación, tortura, homicidio… la lista era larga y estremecía.
Sólo un hombre mayor, el encargado de la cocina y de los muchachos que se quedaban en las instalaciones como sirvientes no fue juzgado por esos cargos, por los servicios prestados, por haber salvado vidas de esos muchachos con la ayuda de Kiyota durante años, la fiscalía le ofreció un trato más que favorable y Kiyota como su abogado le recomendó aceptar. Su castigo fueron un montón de horas de servicios sociales, que gastaría ayudando en el centro de rehabilitación donde muchos de esos chicos habían ido a parar para recuperarse antes de volver a casa.
Sam fue condenado a muchos años de prisión, muchas horas de terapia y a pagar una cuantiosa indemnización a cada uno de los muchachos que habían testificado. Había entrado al juzgado como un hombre libre pero no lo sería más por mucho tiempo, con suerte por el resto de su vida.
Todas las víctimas presentes suspiraron y respiraron tranquilos al oír los veredictos. Todos menos Hanamichi y Kaede, el fin de juicio marcaba también el fin de su vida tal y como la conocían y el temor a lo desconocido era más poderoso que el alivio de saberse a salvo de ese monstruo, y todavía no lo estaban del otro que si no les perseguía antes del juicio seguro que ahora ya lo hacía.
Al salir por la puerta del juzgado su destino se precipitaría sobre ellos de forma implacable y ambos lo sabían.
En un primer momento el gran seguimiento del caso por parte de la prensa había puesto en peligro el primer plan de la NPA para alejarles de Takamiya; Se trataba de esconderles de ellos para que no les reconocieran.
Al principio habían intentado retardar que sus caras salieran en la prensa pero como más intentaban mantenerlo en secreto la prensa más interesada estaba en poner cara a las víctimas.
Finalmente habían aceptado que iba a ser imposible evitar que llegaran a ellos y entonces fueran reconocidos por los hombres de Takamiya. Así que habían filtrado a la prensa unas falsas amenazas y les habían puesto protección oficial constantemente. Habían adelantado el proceso del caso de los robos de arte y antes de que nadie pudiera llegar a ellos les sacarían del mapa, delante de todos, aprovechando que todo el país estaba pendientes de ellos, una gran traca final con mucho ruido y muchas luces, y con suerte nadie sospecharía nada parecido a la verdad. Luego tendrían que irse, lejos, esconderse durante un tiempo y rehacer su vida. El gran truco final hacía días que había empezado y estaban a punto de culminarlo.
Bajo los incesantes focos salieron del juzgado, Kiyota se alejó de ellos como era convenido para evitar salir en las que iban a ser las últimas imágenes de Hanamichi y Kaede y que por ende iban a ser repetidas incesantemente por los mas sensacionalistas.
Ellos se encaminaron a donde el coche negro de siempre les esperaba, pero antes de llegar respondieron un par de las preguntas que los periodistas no paraban de lanzarles. Debían mostrarse contentos por la sentencia, relajados dentro de lo posible, optimistas, con ganas de adoptar el papel de "activistas por la causa gay" que la prensa les había colgado al cuello.
-Espero haber quedado bien- murmuró Hanamichi cuando ya llevaban unos minutos circulando por las calles de Tokio. –Van a ser las últimas fotos de Heiwa Tameki y de Hanamichi Sakuragi, quiero salir bien.
-También serán las últimas de Kaede Rukawa, gracias por la preocupación- murmuró divertido Kaede por la salida extraña de su pareja.
-Oh, pero tú siempre sales bien no hay por qué preocuparse por eso- dijo Hanamichi apoyando su cabeza en el hombro de Kaede.
-Eso es cierto- murmuró Kaede, con lo que se ganó un golpe en el muslo.
Kaede le agarró la mano, entrelazó los dedos con los de Hanamichi y susurró.
-Todo saldrá bien.
Grissina: bueno ahora sí que ya se ha terminado todo para nuestros chicos. Espero que me perdonen que me saltara toda la parte judicial, tampoco se trata de alargarlo más que la biblia en verso, no? jejej. Reviews?
An Mesis Laxus = unos meses después
