Retiro de notas: 23/11/2017.
Bleach no es mío.
Capitulo 36 "RIOT!"
Toshiro Hitsugaya pensó que nada podría sacarlo de su rabia, pensaba acabar con quien fuera que se pusiera delante de él, llámandose como se llamara, todo aquel que no era parte de las personas que conocía dentro de la Sociedad de almas tendría que morir, sin embargo, ver aquella criatura primero le causó sorpresa seguido de horror porque la vista era simplemente nauseabunda. No sabía si era hollow o shinigami, la musculatura expuesta daba indicios de ser lo segundo pero la cabeza no pertenecía a nada que él conociera.
- ¿Qué será esa mierda?- preguntó Zaraki acercándose y para ver si estaba vivo, le enterró la punta de su zanpakuto en el pie. Como el Olvidado estaba aletargado, rugió de dolor y despertó pero las ataduras le impidieron moverse.
- N-no había visto algo así antes- dijo el pequeño capitán, ambos decidieron mirarlo con cuidado mientras estaba despierto.
A pocos metros, en la entrada de esa cámara, los capitanes también eran observados.
- Si se lo llevan o avisan que está aquí el plan se echará a perder...- murmuró Aoi.
- ¿Querían curarlo con los poderes de esa mujer y soltarlo allá?
- Básicamente.
- Ese Yamamoto sí que está loco- dijo Shinsuke sonriendo y miró a su hermana de reojo.
- Simplemente hay que desgastarlos lo más que podamos. Dejarlos inconscientes hasta que Kyou pueda venir- dijo ella mordiendo su labio inferior con preocupación.
- ¿Y por qué no los matamos?
- No podría matar a un sujeto como él- señaló ella al capitán de la décimo primer división. Dieron un paso pero Shinsuke decidió decirle algo. Ella se detuvo al ver qué él lo hacía, el pelinegro pareció pensar por un momento hasta abrir la boca.
- Hermana, por favor no te atrevas a perder.
- Esas cosas no se piden de favor, es el deber de un guerrero el traer victoria- respondió Aoi algo sorprendida y decidió continuar.
¿Habría sido un error no advertirle de eso?
- Quizá de esa forma tengamos mejores probabilidades de sobrevivir.
Iban a atacar por la espalda pese al deshonor pero no había tiempo para esas cosas.
- Hay... dos ratas- dijo una horrible voz cavernosa y que sonaba como si a alguien le hubiesen desgarrado la garganta previamente. Hiruko se removió de nuevo pero esta vez despertando y casi se suelta pero olfateó al aire- Hace siglos que... no huelo esta sangre.
- ¿Qué cosa eres?- gritó Hitsugaya dejando de lado la sorpresa.
- ¿Cosa?... ¡¿COSA?!- gritó de vuelta El Olvidado y miró hacia donde estaban parados los capitanes- Cuatro... ratas ¡Son Shimuras!- susurró y luego soltó un grito espeluznante, sonaba como si dentro de él todavía se lamentaran las almas que había consumido en sus milenios de vida.
- ¿Te importa echar esto abajo?
- No, padre realmente no descansa aquí.
Ambos capitanes voltearon a ver a los dueños de esas voces.
Por sus siluetas podían decir que eran un hombre y una mujer, el color de cabello y los ojos los delataban como hermanos.
- ¡Tú!- gritó Hitsugaya y fue en contra de la figura más grande, desplegó su reiatsu lo cual causó que toda la cueva se viniera abajo, todos los shinigamis huyeron para evitar que enormes rocas les cayeran encima. Todos fueron en distintas direcciones pero desde donde se encontraban podían ver que solamente la parte en la que estaban se había dañado un poco y que el olvidado seguía clavado a la pared, ya que ésta estaba conectada a otra área de la cueva.
- Comienza- gritó Shinsuke liberando su reiatsu al mismo tiempo que Aoi y se separaron, la lluvia había comenzado a caer no sólo allí sino que en el mundo humano y en la sociedad de almas.
Para realizar la ceremonia fúnebre de la teniente de la quinta división, solamente se requirieron a los capitanes y tenientes que estaban más los que laboraban en tal. El comandante solamente había dicho unas cuantas palabras solemnes pues los ánimos ahora no estaban para discursos. Tardaron unas cuantas horas en preparar todo.
También, ese mismo día Kira pudo ponerse en pie junto con el teniente de la novena división y asistieron al funeral.
A esas alturas, todavía no podían creer que ella estuviese allí frente a todos en el ataúd, en el sueño eterno que a todos nos depara. Estaban en el proceso de quemar incienso ante la difunta y todos estaban en silencio. Afuera llovía a cántaros y hacía todo todavía más triste.
Casi todos los de rango superior iban acompañados de su teniente excepto Renji que acompañaba a Rukia, Nanao iba junto a su capitán pero ellos estaban sentados cerca de Kira y Hisagi quienes solamente veían todo con impotencia. Los que destacaban un poco eran Ukitake y Matsumoto pero realmente a nadie le extrañó que estuvieran juntos pues que la acompañase se lo atribuyeron a la naturaleza gentil del capitán ya que la teniente estaba sola ese día, su superior había ido a vengar a Hinamori y ella a su vez era una de las mejores amigas de Momo, él la mantenía abrazada intentando calmarla porque ella lloraba amargamente.
Decidieron no velarla pues quizá su cuerpo no lo soportaría así que cada quien pasó a dejarle flores al ataúd y posteriormente llevarla a cremar.
Cada shinigami que se considerara cercano a Hinamori no pudo evitar el permitirse llorar al verla tan apacible descansando por la eternidad. ¿Por qué no pudieron evitarlo? además de tristeza, la ira e impotencia eran los sentimientos que reinaban entre los presentes.
- Vamos, Matsumoto-san- le dijo el capitán de la décimo tercera a ella luego de que la acompañase a dejar su flor. Regresaron a donde estaban sentados.
- No sé que hubiera hecho aquí yo sola- le dijo intentando componer una sonrisa.- Gracias.
- De cualquier forma yo me habría encargado de estar a su lado, si así como la quiero me está partiendo el corazón verla tan triste, me imagino sintiendo lo mismo aún si no estuviéramos juntos. Me habría acercado.
- Capitán...- murmuró ella sintiendo cómo sus mejillas se sonrojaban y el corazón le palpitaba a gran velocidad. Esos despliegues de bondad y sinceridad que tenía él eran los que la hacían ponerse como una damisela.
- No está sola, yo no voy a dej-... - iba a decir él pero la rubia en un arrebato de amor, lo besó sin importarle si la miraban o no. Él se sorprendió pero le correspondió mientras ponía una mano en la mejilla de ella.
Para cuando se apartaron, no pudieron evitar mirar al rededor para comenzar a dar explicaciones pero afortunadamente nadie los vio excepto los que conocían el secreto, quienes estaban juntos conversando un poco.
- ¿Y tú cuándo?- preguntó el comandante palmeándole la espalda a Kyoraku.
- Al menos por ahora no, no quiero quitarle protagonismo a mi amigo- respondió él sonriendo apaciblemente.- Me alegro por él, en serio y estoy seguro que después de hoy, a nadie le va a extrañar si lo dan a conocer...-dijo bajando al último el tono de voz- Yama-jii, quiero hacerte una pregunta y espero que me puedas responder- pidió adoptando seriedad.
- Dime.
- ¿Por qué no vas a detenerlo?- dejó salir mirando fijamente a su mentor.
- ¿De qué hablas?- preguntó Yamamoto sorprendido.
- Sensei, no me hagas pensar que no quieres enfrentarlo, sabes perfectamente quién es, ya lo tenemos confirmado y lo que puede hacer, envíanos a detenerlo.
- Si van, acabarán muertos porque él tira a matar, si tiene un plan al menos vendrá buscando pelea y tendremos una oportunidad.
- ¿Vas a permitir que otro corra con la misma suerte que ella?- preguntó Kyoraku atónito mientras apuntaba con la mirada a la difunta.
- Si tú o Juushiro van, nos quedaremos todavía más desprotegidos y arrasarán con todos.
- ¿Por qué no mejor admites que no quieres enfrentar a tu hijo?- dijo el capitán intentando sostener el semblante.
- Porque solamente yo sé de lo que es capaz y no es que no quiera sino que como dije, él tiene que venir a mí para que sea tal y como lo dejamos pendiente hace siglos- respondió el comandante sin mirarlo y fue directo al ataúd para dejar sus flores.
El capitán de la octava división no dijo algo más, simplemente miró al comandante y de vuelta a su amigo, no podía pedirle al peliblanco que dejara lo que ahora tenía para ir a una misión suicida. Él mejor que nadie sabía a dónde podía llegar el que una vez fue su senpai. Ir solo era lo más prudente en su situación para él pero como cualquier hombre, tenía miedo e inseguridad. Él solo no podría así que simplemente tenía que sentarse a esperar pacientemente como lo pedía su superior por más que le purgara la idea.
- Lo siento, en verdad siento no poder hacer nada ahora pero debes disculpar mi cobardía. Sé que fuiste valiente al querer enfrentarlos y eso te hace mejor que yo, Hinamori-san. Me encargaré de que descanses en paz- le dijo a la difunta al ir a dejarle sus flores. El veredicto de la autopsia fue que la teniente fue decapitada luego de haber sido sometida a temperaturas muy bajas y haber sido herida profundamente de un costado además de que la mano con la que asía su zanpakuto fue partida en dos. Todo aquello no podía calificar como tortura pero el tiempo que estuvo en el frío extremo fue demasiado y eso fue lo que hizo flaquear su voluntad, se determinó que estuvo más de dos horas a temperaturas a menos cero grados, no cualquier persona pudo haber aguantado tanto pero ella sí, el frío no la mató sino que fue el desprendimiento de cabeza la que la llevó a donde estaba ahora. Se aseguraron de no matarla hasta obtener todo lo que querían, que aunque Momo no supiera mucho, el haber visto a sus atacantes dictó su sentencia.
Kyoraku decidió partir hacia el crematorio de inmediato para estar solo por unos momentos, iba a llamar a Nanao pero ella estaba hablando con el teniente de la novena división y juntos consolaban a Kira quien ahora se había soltado a llorar. La dejó estar y salió.
- Me alegro- soltó la de lentes mientras le acariciaba la espalda al rubio pero él finalmente se pudo levantar para llevar sus flores.
- ¿Perdone?- preguntó el teniente extrañado.
- De que ya esté bien.- respondió Nanao un poco sonrojada
- Gracias por sus visitas- dijo el pelinegro intentando sonreirle.
- Acerca de eso...- iba a decir la teniente pero el pelinegro le puso un dedo sobre los labios y la miró fijamente.
- Me gustaría que primero me dejaras aclarar mi mente y prometo que seré yo quien lo diga. No te obligo a esperarme ni tampoco te estoy rechazando, es sólo que ahora...- intentó decir él algo incómodo por la situación y porque había comenzado a tutearla
- Entiendo, es imprudente de mi parte haberlo mencionado ahora y en este lugar pero... de verdad me angustié mucho cuando supe lo que pasó, temí porque no despertaras o que fuera a verte y tuvieran malas noticias. Y hoy cuando me dijeron que despertaste me puse sumamente feliz y eso me ayudó a saber qué sentía. Pero mientras aclaras tu mente, ¿no me vas a impedir estar al pendiente de ti o sí?
- Por supuesto que no- respondió Hisagi y puso su mano sobre la de ella.
Había llegado la hora de transportar a la difunta al crematorio, ahora todos permanecieron en silencio lamentando la pérdida pero pocos de ellos estaban jurando vengar a Hinamori.
Al terminar de descargar todo, el señor Yamazaki y los dos muchachos que lo acompañaron entraron al restaurante para descansar y justo cuando se estaban acomodando, un aguacero monumental se soltó, apenas al inicio, otros dos muchachos aparecieron: Ren y Yuuki. El jefe de todos fue a la bodega para poder hablar por teléfono.
- No hubieran venido- les dijo Kyou al verlos.
- Lo sé pero ya estábamos cerca y ni modo de regresarse- dijo el segundo dejando su suéter en una silla para que se escurriera.
- Le avisaré a Masato que no venga- dijo el de cabellera negra sacando su teléfono.
- ¿Cómo les fue en Yokohama?- preguntó el pelirrojo tomando asiento cerca de Ichigo.
- Bien, supongo- respondió el pelinaranja.
- ¿Supones?- dijo el otro mesero también tomando asiento.
- No abusó tanto como me lo advirtieron- reconoció el shinigami sustituto.
- Tal vez es porque no quiere asustarte- dijo el rubio desde la ventana. Estaba mirando atentamente la lluvia porque conocía su causa.
- Yo creo. ¡Uy, mandarinas! creí que habían ido solamente por verduras- dijo Yuuki comenzando a pelar una pero de inmediato puso más en la mesa para todos y comieron en conjunto.
- Nos las regalaron- dijo Kyou suspirando.
- ¿Y Shimura?- preguntó Ren metiéndose un par de gajos a la boca.
- Se fue antes- dijo el señor Yamazaki regresando y fue hacia la ventana para soltar un silbido de admiración- Se está cayendo el cielo afuera...- comentó mirando por la ventana con algo de recelo porque parecía que el agua caía como cascadas y el cielo estaba tan oscuro casi como si hubiese anochecido.
- Creo que me voy- dijo Kyou intentando reprimir el sentimiento de querer matar a todos allí e irse a ayudar a los Shimura.
- ¡Pero si llueve a cubetadas!- dijo el señor Yamazaki sorprendido.
- Estoy preocupado por Aoi, se fue así de la nada y no me ha marcado para saber qué pasó- dijo Yagami gobernándose para no salirse sin decir algo que lo justificase.
- Cierto... no hay manera de evitar mojarte de camino así que por favor toma un baño cuando llegues a casa.
- Lo haré, gracias. Le tomo un paraguas- dijo el rubio encaminándose a la salida y tomando dicho objeto de un contenedor que estaba cerca de la puerta. ¿Qué era esa mezcla entre miedo y euforia que sentía? además, al tomar el paraguas la mano le ardió.
- Claro, espero que tu hermana esté bien- dijo el hombre y el muchacho solamente asintió para luego salir corriendo de ahí.
- ¿Hermana?- preguntaron los otros presentes con incredulidad.
- ¿Eh?- exclamó el jefe sin entender el desconcierto de Ichigo, Ren y Masato.
- ¡¿Son hermanos?!- dijeron los chicos mayores.
- Eso dicen, mismo padre, distinta madre. La madre de él los cuida... nunca la he visto...- añadió pensativo- no sé cómo estuvo su asunto pero tienen la misma edad... y... cielos, pensándolo bien es algo complicado, hasta parece que se lo inventaron jajaja, pero hay cada cosa en este mundo que ya no debería sorprenderme- dijo restándole importancia.
Ichigo se quedó pensativo... algo había oído de la madre de él pero no el resto de su historia, jamás pensaría que esos dos eran hermamos si eran tan distintos pero no era regla que los parientes se parecieran. No es como si le interesara pero se le hacía curioso... bastante.
- Juguemos algo ¿quieren?- ofreció Yamazaki sonriendo.
- Voy a llamar a mis hermanas, regreso- dijo Ichigo antes de verse envuelto en un juego que intuía que podía dejarlo pobre o muy comprometido..
- Pues ya qué...- dijo uno de los muchachos resignado.
El pelinaranja fue hacia el pequeño almacén y marcó el número de su casa, la linea timbró dos veces hasta que escuchó la voz de una de sus hermanas.
- ¿Yuzu?- preguntó alegrándose un poco.
- ¿Onii-chan? ¡qué bueno que marcas! ¿ya regresaste?- preguntó la menor de los Kurosaki.
- Ajá, no hace mucho pero con esta lluvia no puedo ir ahora.
- Está bien, no te preocupes ¡Tatsuki-chan y tu amigo Ishida-kun vinieron a acompañarnos!
- ¡¿QUÉ?!- gritó sorprendido el chico casi soltando su teléfono. En ese momento deseó que dejara de llover para ir a ver qué ocurría y si se podía, hacerles un poco de bulling amistoso.
- Sí, tal vez estaban en medio de una cita y...
- ¡CLARO QUE NO!- se escuchó la voz de los dos e Ichigo apostaba a que estaban rojos cual tomate.
- Bueno, en cuanto pueda iré, diles que en están en su casa- le dijo aguantando la risa.
- Está bien Onii-chan, ten cuidado de regreso.
- Sí- dijo él antes de colgar, se guardó el celular y rió un poco ante la idea, y luego el Quincy decía que no le gustaba su amiga y etc.
- ¿Por qué se oye el trueno luego de que cae un rayo?
- Ahm...- murmuró pensativo el chico pelirrojo- Creo que es porque el cielo se abre por un momento y por eso se oye así o debe de ser porque el rayo rompe algo allá arriba.
- Yuuki, lo que has dicho es científicamente estúpido y me veo en la necesidad de llamar la atención a tu ignorancia- regañó Ren suspirando.
- ¡Yo qué sé! hace años que me lo enseñaron en la preparatoria pero ya no me acuerdo.
- Silencio, te toca tomar.- dijo Yamazaki sirviendo una pequeña cantidad de vodka en un vaso para extendérselo al muchacho, él lo tomó rápidamente haciendo un gesto de desagrado. Tenía en la mesa una cajita con papeles que contenían preguntas.
- ¿Cómo?- se preguntó Ichigo sin explicarse lo que estaba viendo.
- Ah Kurosaki, perfecto- llamó el jefe mientras hacía señas para que el muchacho se sentara- como tú eres menor no vas a tomar pero dirás las preguntas. El que se desmaye primero perderá.
- Bueno...- aceptó el chico intentando no sentirse excluido pero a pesar de ello fue el que más se divirtió esa tarde.
Toshiro Hitsugaya solamente tenía en mente acabar con aquel que creía culpable de la muerte de Hinamori y aunque no estaba tan errado, realmente debió de detenerse a pensar un poco pues su enemigo solamente intercambiaba unos cuantos golpes y parecía estar jugando con él.
A los otros dos shinigamis en cambio, parecieron tomárselo con más calma pero decidieron empezar luego de que el capitán y su oponente se alejaron.
Aoi desenvainó su espada poniendo un pie al frente pero la pasó por un de su cabeza cuando dio el paso en una pose que simulaba un arco y apoyó la parte trasera de su filo en un puño el cual elevó un poco.
- ¿Y esa jodida pose qué?- preguntó Zaraki con sorna pero también se preparó.
- Voy a honrar a mi maestro- respondió ella concentrándose.
- ¡AHHHHHH!- gritaron ambos de repente para comenzar con bastante ímpetu y chocaron espadas desplegando una ráfaga de aire alrededor de ellos. Sus zanpakutos chocaron y se mantuvieron con filos cruzados, ninguno cedía para nada mientras se miraban directo a los ojos, ambos veían determinación en el otro.
- ¡Usa ambas manos!- gruñó el capitán al ver que ella sólo estaba usando una mano para medir fuerzas con él. Realmente quería probar la fuerza de la persona que tenía enfrente, no todos los días encontraba a alguien que pudiese aguantarle el primer golpe por lo que decidió empezar con ambas manos para terminar rápido también ya que si eran los culpables de la muerte de la teniente, un duelo no tendría qué interferir con los intereses de la sociedad de almas pese a que tenía unas enormes ganas de destrozar a la mujer, pero sentía que se lo debía a Hitsugaya.
- ¡Si así lo quieres!- respondió ella y puso la otra mano en la empuñadura de su arma con lo que el cruce de filos se desequilibró y la espada del capitán cedió en un momento hacia un lado debido a la fuerza repentina, quedando ambas espadas apoyadas en el suelo, Aoi aprovechó ese movimiento para atacarlo, usó la espada de él para enterrar la punta un poco y atorarla mientras que con su zanpakuto quiso cortarle el cuello pero Kenpachi se movió y sólo le hizo un rasguño, él recibió un leve corte pero tomó el brazo de ella aprovechando que su arma había quedado en el suelo, y la arrojó sobre de sí apoyándose también con su pierna en el estómago de la mujer, tirándose al suelo y levantándose de inmediato para tomar otra vez su arma pero Aoi le mandó otro corte a la cabeza desde el aire que él apenas y pudo bloquear pero de nuevo su oponente le había cortado un poco en el hombro y ella ahora tenía un rasguño en su frente; la mujer cayó de lleno en el suelo.
- ¡¿Eso es todo?!- gritó el capitán mientras cargaba de nuevo contra la pelinegra pero como era de esperarse, ella lo esquivó y se levantó de un salto pero fue de nuevo contra él, Aoi no vacilaba para nada en su ataque porque sabía que si lo hacía podría morir. Zaraki bloqueó el corte que iba para él con tan sólo el mango de la zanpakuto y le dio una patada en el estómago, ella se fue hacia atrás por el impacto pero rápido tomó la saya de su cinturón y le pegó fuertemente a él de la barbilla, fueron de nuevo en contra del otro pero ahora ella parecía tener más ventaja porque usaba también la saya para bloquearlo.
Una vez más quedaron frente a frente, ambos sangraban un poco de sus heridas, las cuales parecían irse evaporando poco a poco. Ella soltó la saya para poderse apoyar mejor, ambos se hicieron un poco para atrás y ahora Zaraki quiso darle otra patada en el estómago pero Aoi lo esquivó, tomó impulso y con una mano lo empujó tomándolo de la cara y pegándole con la empuñadura de la zanpakuto en el estómago llevándolo de nuevo hacia el suelo para ponerse encima de él y matarlo, aunque la diferencia de altura y peso fuera mucha, pudo compensarse con fuerza bruta. Aoi tomó todo el impulso que podía y fue contra él apuntando su arma directo al cuello del capitán pero él interpuso la parte interior de su muñeca para evitarlo, debido a la diferencia de tamaño, apenas y había logrado clavarle la punta esta vez; ella estaba más lastimada puesto que tenía el arma de él enterrada en el hombro derecho para evitar que ella siguiera avanzando. El capitán aplicó un poco más de fuerza para quitarla de allí y arrojarla al suelo pero ella se resistía así que la impulsó con su pierna encajándosela en el estómago otra vez. Aoi salió despedida hacia atrás y cayó sentada mientras tosía un poco.
- Es la primera vez que pruebo mi sangre en una pelea tan corta- murmuró ella escupiendo.
- O no has peleado mucho o nunca te haz enfrentado a un enemigo realmente fuerte. No peleas mal mujer pero te hace falta mucho para siquiera poder hacerme sudar, si me rasguñaste es porque eres rápida y lo admito pero no podrás hacer más, así que ¿por qué no me dejas matarte y ya?- preguntó él levantándose despacio.
- Si es que mi muerte se ha decidido que sea hoy- respondió ella también poniéndose de pie para luego quitarse las vendas de la cara, estaba jadeando debido al esfuerzo y a los golpes que se llevó- Que así sea sin embargo, dejarme matar sería deshonroso para mí. Si voy a morir que sea por tu filo atravesando mi carne luego de un ataque que por alguna razón yo no pudiese evitar.
- Ni tu forma de hablar ni tu forma de pelear corresponden con tu cara, no sabía que las niñitas pudieran soportar siquiera un golpe mío. Extrañamente al mostrar tu rostro me hizo querer destrozarte con más ganas- dijo Kenpachi tomando su zanpakuto para cargar contra su oponente.- ¿Cómo te llamas? no me importa pero necesito llevar un cadáver con nombre.
- Soy Shimura Aoi...- respondió ella sin inmutarse- Se considera cortés presentarse también.
- Zaraki Kenpachi- dijo él sonriendo como siempre y ahora ella sí cambió de gesto.
- Kenpachi... hubiera ido mejor por el niño- murmuró la mujer para también tomar su zanpakuto aunque esta vez con mayor determinación, el encuentro de filos se dio en tan sólo un instante pero ambos usaron una mano para sostener su arma- Tu fuerza ahora es distinta- decía ella entre estocadas.
- Igual la tuya, ¿qué carajo estás esperando?- dijo él aplicando cada vez más presión, la mujer solamente se limitó a seguir regresando los golpes.
- Esperaba algo más pero por las condiciones de tu espada, veo que no has logrado usarla como se debe.
- ¿Y qué?
- Entonces tendré que hacer algo al respecto o no ganaré- respondió Aoi e hizo algo que se calificaría como un acto suicida. Con la mano derecha desnuda tomó en el aire la espada de Zaraki y plantó bien los pies en el suelo para evitar que él se moviera, obviamente al hacerlo se llevó un corte pero éste se pronunciaba debido a que el capitán seguía presionando su arma, él no quiso quitarla de inmediato porque quería ver qué tanto soportaba la mujer, ella parecía no estar prestándole atención a la herida de su mano, se veía concentrada en algo más.
- Si sigues así te voy a partir por la mitad- anunció Zaraki con paciencia esperando a que su zanpakuto le cortara la mano para luego terminar de rebanarle el cuerpo.
- Ninguno de los dos está tomando esto en serio...- dijo ella y con el shunpo se trasladó unos metros lejos del capitán.
- ¡NO HUYAS!- gritó él y se encaminó hacia Aoi pero debido a que el acto de ella le molestó, liberó su reiatsu de golpe para hacerle saber que no estaba para jugar, cargó contra ella pero volvió a alejarse. El capitán se notó levemente sorprendido de que la mujer no resintiera la magnitud de su poder. Pudo alcanzarla una tercera vez que ella se movió pero supo por la única palabra que soltó que ahora tendría una de esas batallas que tanto le gustaban.
- Bankai- La arena se levantó y esparció en todas direcciones debido a la liberación de energía espiritual sumada a la que ya estaba presente, quizá era menor pero solamente por muy poco. Sin embargo, se escuchó un chirrido como el de una descarga eléctrica acompañada de algunos rayos- Susanoo no Ikari...
- Así que tú tienes uno de esos... ¿qué eres, mujer?- preguntó él algo interesado y ansioso por chocar filos con ella. Aoi respiraba agitadamente porque hacía mucho que no liberaba de esa forma su espada, tal vez hacía unos días lo hizo pero solamente fue por unos instantes, ahora tenía que pelear.
- Tu enemiga y en unos momentos, la que te habrá derrotado- dijo ella con mucho esfuerzo mientras se recargaba un enorme jian sin guardia a manera de cayado, aquella espada tenía la punta un poco enterrada en la arena pero le llegaba casi al pecho desde el suelo, su hoja era ancha y de color gris casi negro, la empuñadura era del mismo azul que la guardia de la zanpakuto antes de ser liberada, pero además del tamaño del arma, en los brazos ahora tenía dos protectores similares a los de un yoroi, éstos eran negros en su totalidad. Era un arma enorme sin muchos adornos.
- ¡YA LO VEREMOS!- enunció Zaraki y sin pensarlo dos veces, mandó un corte hacia ella. Aoi reaccionó rápido y pese al tamaño de su bankai, pudo levantarlo con facilidad para bloquearlo, lo hizo y el choque provocó que ambos plantaran bien los pies en el suelo.
Ahora empezaba la verdadera pelea.
- Vaya, entonces también tengo que ir en serio- dijo Shinsuke y puso fuerza en su estocada para apartar a Toshiro pero la diferencia de tamaños también era bastante en esta pelea así que el pelinegro detuvo el ataque del capitán tomándolo del rostro, ante esto, Toshiro bajó su guardia porque estaba fúrico.
- ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!- gritó el capitán intentando liberarse con las manos pero el pelinegro lo puso contra el suelo y le puso el pie encima, presionandole un poco el cráneo y se quitó también las vendas de la cara.
- Tu oponente ahora no soy yo, niño, peleas ahora contra tu ira e impotencia, tengo altas posibilidades matarte pero el que estés así me lo hace más sencillo. La ira te ciega, corrompe tu alma y te hace sentir poderoso, como si con el estar enojado pudieses partir una montaña por la mitad con sólo agitar tu espada pero es una ilusión, la ira te pone un velo en los ojos, puedes tener un corte en el estómago y tener las viseras colgando pero gracias a ella, no sentirás nada y lo peor es que tu enemigo puede aprovechar eso porque puede tirarte de los intestinos y acabar contigo sin mayor esfuerzo.
Hitsugaya intentaba quitárselo de encima pero la fuerza que aplicaba el otro era mucha.
- La ira también afecta tus sentidos, bien te podría estar perdonando la vida o rindiéndome pero al retirar mi pie, igual seguirías queriéndome matar... Pierdo mi tiempo, hablo con la pared. Es gracioso que nuestras liberaciones se llamen ira y furia, y que te esté hablando de eso... en fin, ¡Bankai!-simplemente se escuchó como si cayera un rayo luego de decirlo- Raijin no Mōi.
A diferencia del bankai de su hermana, el arma que liberaba él era más estilizada, era un yatagán sin funda, de hoja color plata y la empuñadura negra, en a cual tenía un dragón de dos cabezas que parecía estar hecho de zafiro, el resto del cuerpo bajaba hasta tocar la hoja, como si abrazara la empuñadura. En las manos también le salieron protectores pero los de él eran plateados.
Quitó el pie de la cabeza del peliblanco quien se levantó rápido para tomar distancia y liberar de nuevo su bankai, comenzó a bajar la temperatura a su alrededor de inmediato.
- Ya, entonces también tengo qué hacer lo mío- dijo Shinsuke tocó el contrafilo de su arma con los dedos rápidamente, como tamborileando.
- ¡Sennen Hyōrō!- enunció el menor y de inmediato una serie de pilares de hielo rodearon al pelinegro para cerrarse más rápido de lo que normalmente lo hacían. El silencio vino luego de aquello pero extrañamente ahora se escuchaban como una especie de tambores proviniendo del enorme bloque de hielo que se había formado.
- Kaminari no kyōdaina gōon- dijo Shinsuke desde dentro y una poderosa descarga bajó del cielo nublado y estrelló en mil pedazos el hielo. Lo miró esperando que atacara en seguida pero como el capitán estaba más ocupado en matarlo, no pudo notar que los trozos de hielo quedaron electrificados aunque eso fuera físicamente imposible.
- Ryūsenka.
Ahora Toshiro fue contra su oponente esperando arrancarle la cabeza y mandó la embestida hacia él pero no logró su objetivo, lo esquivó fácilmente y el pelinegro quedó a su espalda, antes de que el capitán pudiera hacer algo, Shinsuke lo mandó a volar con un puñetazo propinado justo en la espalda de Hitsugaya estrellando las alas de hielo que tenía, también ello causó que el muchacho saliera arrastrado unos metros para dar de cara en la arena.
- Kaminari ga ni-kai butsukaru.
Los trozos de hielo se convirtieron en agua debido a que la electricidad que acumulaban ahora se iban directo a la mano derecha del pelinegro y la otra la tenía en dirección del chico con la espada apuntándolo, un rayo salió hacia él pero Hitsugaya lo esquivó a duras penas sin embargo, de inmediato Shinsuke dirigió la mano derecha hacia el cielo y de allí atrajo otro rayo que también le lanzó, esta vez dañó de nuevo las alas heladas del capitán pero las regeneró de inmediato.
- Guncho Tsurara.
De las alas recién regeneradas del capitán, salieron varios proyectiles de hielo dirigidos obviamente hacia su enemigo.
- Kaminari ni nori.
Shinsuke usaba ambas manos para bajar relámpagos del cielo y destruir los proyectiles antes de siquiera tocarlos, se veía como si estuviera jalando hilos de arriba pero al llegar a sus manos, los rayos se convertían en lanzas y clavó en un rápido movimiento su zanpakuto en el suelo. En este ataque perdería el que se cansara antes sin embargo, Hitsugaya fue más osado y en una pequeña oportunidad pudo hacer otro ataque.
- Hyōryū Senbi
Un despliegue de hielo se dirigió hacia Shinsuke y éste pudo evitarlo por muy poco debido a que tuvo que tomar su arma.
- Zekkū
Ahora el hielo perseguía al pelinegro a donde se desplazara, con esfuerzos era evitado pero el Shimura de un momento a otro se detuvo en seco e interpuso a Raijin no Mōi para detener el ataque. Cortó por la mitad el hielo que nada más al tocar su arma se transformaba en agua.
Hitsugaya dejó de lado los ataques especiales y fue de nuevo contra él en un duelo uno a uno chocando espadas, estaba haciendo retroceder a Shinsuke porque cada vez se sentía más desesperado por matarlo y por ello ponía toda su fuerza en acabarlo.
- Estoy noventa por ciento seguro de que conoces este ataque- dijo el contrincante en un momento en el que ambos filos quedaron cruzados- Hyōten Hyakkasō- enunció el pelinegro y Toshiro se quedó con los ojos bien abiertos.
- I-imposible...
A Toshiro le resultaba irreal que alguien tuviese un ataque que fuese remotamente similar al suyo, se sintió perdido porque si tenía un solo ataque llamado como los de él, quizá tendría una copia exacta de todos.
- Sólo bromeo, ese es de Aoi- respondió con sorna señalando en dirección a su hermana- Esto es lo máximo que te puedo enseñar por ahora: Sen ryū no Raijin no arashi
Shinsuke apartó al muchacho de un cabezazo, le resultó fácil puesto que él estaba casi en shock pero luego le dio otro puñetazo en la cara para mandarlo un poco lejos. Lanzó hacia el cielo su zanpakuto y retumbó como si pasaran por él miles de truenos, entonces alrededor de donde se encontraban ambos shinigamis cayeron rayos sin césar, éstos tenían la función de no dejar al pelinegro desprotegido mientras su arma estaba en el cielo pero por ahora no tenían utilidad; de pronto bajaron varios dragones de hielo, se veían pequeños, casi como víboras pero se iban electrificando gracias a los relámpagos. Raijin no Mōi cayó justo en las manos de Shinsuke, la sostuvo frente a sí y como si fuera un pararrayos, los dragones y los relámpagos se encaminaron hacia el arma, entonces el shinigami mandó un corte hacia el capitán de la décima división y de la punta de la zanpakuto salió un dragón mayor al cual se le iban uniendo los que todavía seguían alrededor. Aunque golpeó a Hitsugaya, éste quedó atrapado dentro del dragón que subió de nuevo al cielo y por un momento todo se quedó callado, pero pronto una masa de hielo cayó delante de Shinsuke como un rayo, esta contenía dentro al capitán.
- Allí te quedas enano- dijo el pelinegro y se dejó caer en la arena porque estaba agotado, hacía tanto tiempo que no usaba su bankai que se sentía como si pedalease una bicicleta oxidada de subida a una cuesta pero aun así no lo deshizo.- Hace mucho que no enfrentaba a alguien tan fuerte, si tan sólo no fueras un tonto seguro que pudiste haberme derrotado.
Miró hacia donde su hermana todavía intercambiaba estocadas con Zaraki y decidió acercarse pues sospechaba que algo podía pasar.
Mientras tanto, en Karakura:
Kyou corrió hacia donde vivía en medio de la intensa lluvia, todo lo que escuchaba a su paso era el agua cayendo y sus propios latidos. Estaba nervioso y sinceramente tenía miedo porque si ese diluvio llegaba hasta ellos, solamente significaba que ambos hermanos estaban peleando contra alguien demasiado poderoso ya que la cantidad de agua y truenos era proporcional al poder del enemigo.
- ¿Y cómo demonios voy a llegar hasta allá?- se preguntó deteniéndose en su carrera, no estaba pensando claro y comenzaba a desesperarse.- Aunque pudieras, ¿qué harías?- volvió a cuestionarse, de pronto sintió que el escozor en la mano derecha aumentaba como si sostuviera algo con esa mano herida. Ignoró la sensación ya que no vio nada en ella, de pronto sintió como si se quitara una atadura.
¿Qué pasaba? ignoraba el sentir porque ponía más atención en su pensar.
No podía llegar y simplemente ayudarles, como lo había hecho antes ya que no tenía cómo ir hasta hueco mundo por sus propios medios y al llegar allí, meterse en medio de una pelea podría matarlo, no tenía el poder suficiente para hacer algo en ese momento. Comenzó a desesperarse como nunca antes lo había hecho.
La angustia comenzó a carcomerlo, por una parte debido a que pensaba en su plan, por otra en Aoi y una tercera que le era ajena, como si le presionasen a que vaciara un lago con solamente una cuchara.
En su camino, pasó enfrente de la tienda de Urahara y comenzó a recordar lo que había hecho para apartarlo de la situación y lo que hizo después de encerrar los ex capitánes... su padre. Se detuvo.
- No, no puedes pensar en él ahora- se dijo mientras se sujetaba con desesperación la cabeza.
Eran esos momentos en los que entraba en conflicto consigo mismo, si bien la relación con su progenitor no fue la mejor, todavía tendía a recordarlo con amor. A veces cuando menos quería, le llegaban unas ganas enormes de visitarlo, aunque después tuviese que hacer que el comandante lo olvidara. Estaría bien si solamente podía decirle un simple hola y que su padre lo recordase como un sueño. ¿Pensaría en él? ¿qué le habrá hecho a todas sus cosas? ¿todavía recordaría el día en el que lo encontró? ¿todavía visitaría su tumba falsa? ¿también visitaría la de su madre?
- Es por ella que estamos así, padre- se dijo y dejó de lado aquellos pensamientos de lado pero con el sentimiento de querer estar con él todavía en su corazón. El rencor que decía tener estaba al mismo nivel que el amor que le tenía aunque nunca lo admitiría.
Zaraki se estaba emocionando de más al sentir su espada chocar contra la de la mujer, ella le regresaba los golpes con la misma intensidad y pese a que podía usar ataques propios de su zanpakuto, no los usaba. Se perseguían a pocas distancias, medían sus fuerzas mientas las armas de ambos casi sacaban chispas. Eran esas peleas por la cuales se había hecho shinigami y ahora más que nunca se felicitó a sí mismo por haber matado al anterior Kenpachi. ¿Qué era su oponente? no había peleado con alguien así antes, estaba seguro de que era un shinigami como él pero ese estilo y teniendo un bankai, cualquier otro ya lo hubiese usado pero ella no. La primera vez que la enfrentó fue una pelea completamente física, no se fijó en si su oponente podía liberar su zanpakuto o no, simplemente lo atacó con la espada y con los puños, incluso cuando peleó contra Ichigo, él se escudó por completo usando su Zangetsu. Ya ansiaba acabarla y demostrar que él seguía siendo el más fuerte.
Aoi por su parte, no sabía qué hacer, la capacidad de su contrincante la sobrepasaba bastante sin embargo, sus manos se estaban moviendo solas y los movimientos eran limpios, esta vez no se sentía ajena a su bankai como las otras veces, ahora era la una extensión de ella. Su hermano ya había terminado su pelea y el reiatsu de aquel niño se mantenía en bajos niveles. Ahora tenía que terminar la suya y reducir a su oponente pero estaban parejos y de no ser porque ahora sí sabía cómo moverse, ya habría perdido. Si se es fuerte más vale no ser un tonto, eso ella lo había aprendido hace mucho y tenía que cuidar incluso su respiración para no errar pero de pronto, una angustia propia de alguien depresivo se apoderó de ella, la sentía dentro de sí pese a no tener motivos y la descolocó por un momento.
- ¡AJÁ!- exclamó Kenpachi y en la abertura que vio, logró cortar a Aoi del brazo derecho, encajó casi la mitad de su zanpakuto a través de la extremidad, se enterró perfecto en el bícep y tiró del arma para desgarrárselo, luego con una mano la tomó de la cabeza y le propinó un cabezazo que la aturdió, y finalmente la mandó lejos de una patada gancho directo a la cara.
- Kesshō gekkō- enunció Shinsuke apuntando su arma hacia Zaraki y de ella pareció salir un chorro de agua.
El capitán a ir contra su oponente pero algo lo golpeó, una pared de cristal le bloqueaba el camino a donde quiera que se moviera y no lograba ni cortarlo, era como si estuviera frente a un vidrio.
El pelinegro fue hacia donde estaba su hermana, ella estaba arrodillada sosteniendo su herida mientras verificaba si todavía podía sostener su zanpakuto con esa mano pero ya no coordinaba bien.
- ¿Por qué te metiste?- preguntó Aoi mirándolo furiosa.
- No me metí, simplemente pausé esto... ya te hirieron- le dijo con seriedad. La mujer se levantó y comenzó a caminar como si fuera una bestia enjaulada, la sangre no paraba de salirle- Déjame el resto, tú dijiste que no íbamos a matarlos y contigo así simplemente darías pena si sigues peleando- dijo el pelinegro pero nada más al decir la última sílaba, sintió el puño de su hermana estrellarse en su mejilla.
- Cállate, no debiste de meterte- le dijo tomándolo agresivamente del cabello para jalarlo a su altura. Shinsuke la miró sorprendido pues jamás en su vida se imaginó que la asustadiza niña que él conocía fuese a hablarle de esa manera y mucho menos golpearlo intencionalmente- Cuando termine con ese hombre vas a lamentar el haber intervenido- le susurró amenazadoramente mientras lo soltaba.
Allí estaba la prueba de que realmente eran familia, ella ahora había despertado.
- Escúchame bien- le dijo él tomándola del cuello de las ropas y levantándola del suelo- Quédate aquí y deja que yo me encargue, así no sirves- le dijo arrojándola al lodo.
- ¡ES MI PELEA!- gritó Aoi levantándose y lo detuvo del brazo pero él se sacudió fuertemente haciéndola caer, tal vez sí debió de advertirle que peleando cerca de él, le despertaría el instinto asesino que todos los de su sangre tenían, él lo controlaba perfecto pero ella jamás había peleado al lado de otro Shimura y ahora eso era contraproducente.
-¡QUE NO!- le gritó él de vuelta.
- ¡Si mi brazo es el problema entonces córtalo!- bramó la mujer haciendo que Shinsuke se detuviera.
- Estás loca, tendré que noquearte- respondió él más que dispuesto a hacerlo. Se había equivocado al pensar que ella sería buena peleando en ese estado, tal vez si tuviera la fuerza pero se estaba saliendo de sus casillas.
- ¡HAZLO O LO VOY A HACER YO!- amenazó ella- Sabes perfectamente que si estoy más herida podré pelear mejor.
- Deberías de escucharte ahora hermana, debí de encargarme yo solo.
Él decidió dejarla allí porque el ataque defensivo con el que dejó a Kenpachi no duraría tanto, dio unos pasos pero de pronto, Aoi le arrebató la zanpakuto de las manos y extendió su brazo herido para finalmente cortarlo. Apenas y emitió un quejido pero la sangre comenzó a salirle escandalosamente. Tiró a Raijin no Mōi a un lado.
- ¡¿Qué hiciste?!- preguntó Shinsuke al borde del infarto por lo que vio, entonces la sangre de ella dejó de brotar como fuente para ahora convertirse en un chorro constante.
- ¡Muévete!- le dijo ella tomando su zanpakuto con la mano que le quedaba y golpeó a su hermano con el filo vació que pudo hacer al agitar su arma. El pelinegro sintió como si le vaciara los pulmones y ya no pudo hacer algo más por evitar que ella continuara.
- ¿Pero qué?...- murmuró Kyousuke quien seguía su camino. Sintió algo raro en el brazo y de un momento a otro, un dolor indescriptible lo empezó a aquejar. Casi a la altura del hombro sintió primero escozor y luego como si algo lo rasgara. Le dolió bastante, tanto que tuvo que detenerse a tomar aire o se desmayaría.
De alguna manera, la lluvia todavía se hizo más fuerte a medida que el dolor incrementaba. No podía ignorar el dolor como quería pero debía de avanzar. Solamente logró avanzar unos cuantos metros cuando sintió como si le arrancaran el brazo de cuajo.
La vista se le nubló y las piernas le fallaron por lo que fue a caer entre un enorme charco mientras gritaba por el dolor... ¿qué había pasado? ¿por qué le estaba doliendo así? ni de chiste que era un infarto porque le dolía del lado contrario.
No sentía los dedos ni nada hasta medio bícep, en donde radicaba la molestia. Se sentía mareado como si estuviese perdiendo sangre, supo que había palidecido. El malestar se extendió hacia el hombro y ahora le dolía casi medio cuerpo. Ni cuando su padre lo lastimó le dolió tanto... o ya no se acordaba, luego de que Yamamoto lo golpeara con su mejor ataque justo en el pecho, lo último que supo es que probablemente lo había quemado también por dentro y luego quedó inconsciente por meses pero entre su inconsciencia recordaba que quería arrancarse el corazón y no precisamente de dolor. Oh no, su vida estaba pasando frente a sus ojos.
Lo que pasaba en ese momento no tenía explicación alguna; se quedó tirado entre el agua esperando que pasara el dolor pero no amainaba, incluso cada vez que respiraba, el dolor incrementaba. Ya no podía moverlo ni moverse él.
- Esta lluvia...- dijo entre jadeos porque sentía el pecho oprimido y miró hacia el cielo, estaba oscurecido por las nubes pero todavía tenía un dejo de azul. Entonces supo qué había pasado. Esa conexión no debía de estar... ya no a menos que hubiesen despertado a Hiruko y él solamente despertaría si percibía una alma que hubiese sido humana... y habían entrado a la tumba...
¿Por qué habían comido su carne y bebido su sangre? simplemente querían sobrevivir, no querían esa vida casi eterna ni esa conexión, pero ese era el precio de trasgredir lo divino... por querer regresar a casa.
- ¿Q-qué le hicieron a mi...?- se preguntó él sintiendo la vista borrosa, estaba casi seguro que en cualquier momento perdería la conciencia pero enfocó sus pensamientos para que no ocurriera. ¿Qué le habían hecho a Aoi? ¿le habían arrancado el brazo?
Lo que ocurría era que al haber trasgredido la divinidad de alguien como Hiruko, éste los maldijo con una condición extraña, sentirían lo mismo que el otro, especialmente sentirían las heridas pero también sentirían los sentimientos del otro y ahora comprendía por qué se sentía como si estuviera perdido. Lograron suprimirlo al tener encerrado a Hiruko pero ahora, era más que obvio que había despertado.
Le seguía doliendo el brazo derecho, casi lloraba por el dolor y estuvo tentado en estrellar su cráneo en el piso para desmayarse pero entonces le vino la respuesta a su padecimiento. La pelinegra era zurda... la lluvia estaba cada vez más intensa... ellos obtenían más poder si estaban lastimados...
- Si hay... esta conexión... entonces tal vez también puedo...- dijo Kyou incorporándose un poco pese al dolor, puso todo su esfuerzo en levantarse y lo logró, luego extendió el brazo que sí sentía- Mi condena es la soledad, ni no morir ni no vivir y mi pena es la eternidad, el tiempo escolta mi sufrir...- dijo intentando no desfallecer y sorpresivamente una garganta se abrió, una del tamaño justo de él.- Solamente tengo que llegar a casa e ir por eso.
Puso todo su esfuerzo en caminar para ir directo a su casa y tomar lo necesario, pensó que le costaría más trabajo pero de pronto, una oleada de energía e ira se intentó apoderar de él, lo que le dio oportunidad de seguir.
Se pensaría que ahora la pelea sería todavía más intensa pero ocurrió algo que Zaraki nunca se esperó. Creía que tendría un duelo bastante sangriento porque miró a la mujer y ahora parecía una desquiciada, iba escurriendo sangre y sus ojos exigían guerra.
- Me hiciste cortarme el brazo- enunció ella con una voz que no parecía la propia y de nuevo agitó su espada para romper lo que contenía a su oponente.
- ¿Y?
- ¡TE VOY A MATAR!
El capitán esperó que ella cargara en su contra pero al parecer ahora sí iba a hacer lo que cualquiera con bankai.
- Susanoo no Ikari es la zanpakuto más fuerte de su tipo, representa la ira del dios de las tormentas y voy a descargarla en contra tuya. Kumo no teikoku- dijo Aoi y la gran hoja de la zanpakuto brilló pero solamente hizo que las nubes se juntaran para hacer más intensa la lluvia.
- ¿Eso es todo?- dijo el capitán burlonamente y fue contra ella, sorpresivamente ella logró bloquearlo y mantuvo las estocadas.
- Tenshi no tōketsu namida
Las gotas que caían aparentemente con inocencia, ahora bajaban congeladas pero en forma de afiladas navajas que no cortaban a la mujer pero mermaban los ataques de Zaraki.
- Unos cuchillitos de mierda no me van a detener- clamó el capitán y elevó su energía espiritual todavía más para soportar. Intentaba que no le afectara el hielo cortando sus ropas y su piel pero como caían a manera de lluvia, era inevitable.
- Sen no taiyō yori mo akaruidesu- dijo ella en un momento en el que Kenpachi elevó ambas manos con zanpakuto en ellas, un resplandor enceguecedor manó del arma de Aoi pero que se escuchó como un trueno y golpeó en todo el cuerpo al capitán, quien sintió que por dentro le destrozaban todos los huesos que no estuvieron en contacto con la luz pero era solamente la sensación pues realmente no tenía roto nada. Él cayó al suelo inconsciente de inmediato.
La pelinegra iba a rematarlo pero una gruesa cuerda amarilla la ató por todo el cuerpo.
- Hasta allí- dijo Shinsuke suspirando aliviado de poder contenerla con kido. Su hermana se removía en el suelo tratando de librarse pero eso hacía que sangrara todavía más.
- ¡SUÉLTAME!- ordenó ella furiosa.
- ¿Qué le hiciste?
- ¡Le quité todo! ¡suéltameeeeee!.
- ¿Todo?
- ¡Sí, sentidos y todo lo que la electricidad pudiese herir, ese destello es un rayo enorme creado por mí! ¡SUÉLTAME!
- Entiendo, si se recupera entonces puede pelear pero si...- dijo pensativo mirando las manos del capitán, las cuales lucían ilesas.
- ¡MÁTALO!- le gritó Aoi desde el suelo mientras seguía intentando soltarse pero de repente resintió la pérdida de sangre y el enorme gasto de reiatsu que hizo por lo que se calmó un poco.
- No, ya nos arriesgamos matando a un teniente además de encerrar a ese niño y ahora ésto.
- Si se las cortas estoy seguro que encontrará la manera de sujetar la espada con la boca pero si las rompes, estará atenido a la idea de que tiene que recuperarse para volver a pelear. No sabemos exactamente qué borro ese ataque.
- Kyousuke... ¿cómo?...- preguntó Shinsuke sorprendido por escucharlo y al voltear a verlo, todavía se sorprendió más porque el rubio estaba empapado y tenía cara de que le pasó todo un ferrocarril encima- ¿Y ahora?
- L-larga historia, rómpele las manos.
El pelinegro solamente lo miró con algo semejante a la pena porque se veía bastante mal.
- Tú también te ves bien p**eado- repuso Kyousuke frunciendo el ceño y luego acercándose a Aoi- Ay mi cielo, tú estás peor... tu brazo...- se lamentó al verla porque estaba peor que ellos dos juntos, casi nadaba en su propia sangre y se veía bastante golpeada de la cara además de que la falta de su brazo la debilitó bastante y él lo sabía mejor, fue a ayudarla y hasta ese momento notó que estaba atada con un hechizo de kidoh, quiso acunarla en sus brazos pero la falta de movimiento en el derecho se lo impidió así que sólo se arrodilló junto a ella. Ya sólo escuchó el crujido de las extremidades del capitán al ser rotas por el Shimura.
- Mátalo o él nos va a matar cuando se recupere- murmuró la única fémina presente mirando casi suplicante al rubio pero los ojos comenzaron a cerrársele despacio y se recostó por completo en el suelo.
- Oye...- dijo Yamamoto sintiendo que perdía el suelo porque pensó lo peor pero pronto resintió lo que le había pasado.- Sólo se desmayó...- murmuró aliviado.
- Ella no se va a morir sólo por ésto- dijo Shinsuke con desdén.
- ¿Qué fue exactamente lo que le pasó?- preguntó Kyou haciéndole señas al pelinegro para que se arrodillara a la derecha de él y se sentara.
- Pelee contra el niño y ella contra este sujeto. Se distrajo y él aprovechó para cortarle el brazo.
- No eso, el por qué ella se salió de control y usó su técnica más poderosa. Nunca antes la había sentido así.
- Ah, es porque yo estaba aquí, digamos que nos salimos de control si alguien con la misma sangre se encuentra cerca, es como un mecanismo de supervivencia, tenemos que sobrevivir a toda costa, el cuerpo se desfasa y solamente busca ganar sin importar cuánto se lastime pues el mismo sabe que sanamos rápido. Si no le había pasado antes es porque ella había peleado sola- explicó Shinsuke deshaciendo las ataduras, miró el brazo amputado de ella y por un momento en verdad se lamentó no haberle advertido.
- Debiste de advertirle.
- Yo qué iba a saber que ella no sabía- mintió el pelinegro.
- Bueno, lo hecho, hecho está y lo bueno es que puede recuperarlo- dijo Kyou mostrando la katana negra. La desenvainó como pudo y la puso sobre su amiga.
- Al menos con eso podrás hacerlo.
- Podremos.
- ¿Podremos?
- Ajá, tú vas a ayudarme. Tengo que usar ambas manos para hacerlo. Extiende la derecha- indicó el rubio poniendo su izquierda sobre la hoja de la katana, Shinsuke lo imitó.- ¿Listo?
- Creo- murmuró el pelinegro ya no muy seguro al ver que el otro chico pasaba saliva sonoramente. Sabía que Kyosuke era alguien que desbordaba seguridad y ahora parecía que tuviera temor por hacer lo que iba.
- S-sōten Kisshun- dijo Yamamoto como temiendo que algo malo fuera a ocurrir.
De la espada, brotaron los espíritus requeridos para la técnica que utilizó el rubio y se instalaron en donde debía de ir el brazo de Aoi, hasta allí todo iba bien pero el pelinegro no pudo evitar sentirse incómodo al ver la mano de Kyousuke temblorosa.
- Va a doler- murmuró él. Shinsuke iba a protestar pero en cuanto abrió la boca, en lugar de palabras salió un grito. Sentía como su brazo derecho parecía arder tal como si la hubiera metido en el fuego o como si se la estuvieran triturando y su energía espiritual lo abandonaba de a poco para enfocarse en la mano de ese lado e irse directo al escudo. Kyousuke también gritó porque sintió exactamente lo mismo pero de la mano izquierda aunque el dolor era menor comparado con el de sentir como si le cortaran el brazo. Para alivio de ambos, el brazo que le faltaba a la pelinegra se iba regenerando bajo ese escudo que ahora lucía gris y opaco, completamente opuesto al resplandor naranja que siempre tenía.
- Y-yamamoto- dijo el pelinegro sintiendo que se desmayaría si seguían así.
- C-casi...
Kyousuke recuperó la movilidad del brazo derecho y fue cuando retiró con brusquedad la otra, al hacerlo, los Shun Shun Rikka regresaron a la katana y aquel dolor tan insoportable dejó a ambos hombres como si nada, de hecho ahora parecía que no había habido tal sin embargo, ambos se sintieron sumamente cansados y se les dificultaba respirar, jadeaban para tomar todo el aire que pudiesen.
- ¿Pero qué carajo Yamamoto?- dijo Shinsuke intentando levantarse al mismo tiempo que el otro pero resintieron en ese momento la succión de energía y curiosamente cayeron hacia la derecha, quedando Kyosuke sobre el pelinegro.- Quítate- ordenó en un tono parecido al de súplica por la falta de aire.
- Aguanta, no puedo ni moverme bien- murmuró el rubio algo incómodo y como realmente ahora le pesaba todo, recargó su cabeza en el pecho del Shimura. Ambos seguían con la respiración agitada- Tu corazón parece que se va a salir, ¿es por mí Shin-chan? ¿ya por fin me tienes donde quieres?- bromeó al tener el oído sobre éste. Era de esas veces que aunque todo se tornara extraño, el primero que rompiera el momento sería el que perdería aquel duelo nada convencional, un tipo de "gay chicken".
- Tendrías que estar más arriba para que ahora sí estés donde necesito- continuó él y para acentuar más el momento, lo tomó de la barbilla para obligarlo a mirarle.
- Ah, pero eso lo tienes qué pedir.
- No lo harías aunque te rogase.
- No me conoces como crees además, ¿y si yo quiero ir más abajo qué?- el pelinegro.
- Entonces no habría nada de problema, pero también tendría que ir yo abajo tuyo...
- Eso podemos arreglarlo, en cuanto me pueda mover sabrás...- dijo Kyousuke y se sintió observado junto con Shinsuke, ambos voltearon hacia la fuente de la sensación. Allí estaba Aoi todavía recostada pero viéndolos con los ojos bien abiertos y un poco roja.
- ...
Ninguno de los dos supo qué decir, ahora no había excusa alguna, no podrían contradecir los pensamientos que la mujer pudiese tener acerca de ellos.
- ¿Qué esta-ban haciendo?- preguntó ella intentando levantarse pero como solamente su brazo se regeneró y no el resto de su cuerpo, cayó de nuevo al suelo desmayada.
- ¿Ya te puedes levantar?- preguntó Shinsuke atento ante cualquier movimiento de su hermana.
- Ajá- respondió el otro chico y se levantó despacio también sin despegar la mirada de la pelinegra en el suelo.- La lluvia no parará hasta media noche, el reiatsu que despliega "Sen no taiyō yori mo akaruidesu"es tanto que el efecto seguirá.
Se levantaron e hicieron como que nada ocurrió.
- Ahora te toca a ti explicarme por qué también sientes lo mismo que ella- dijo el pelinegro sacudiéndose el lodo, el rubio lo miró sorprendido- me refiero a que tú también sentías como si te faltara el brazo, lo otro no sé.
- Ahhh, eso... te voy a explicar- dijo y quiso cargar a Aoi pero el brazo si bien estaba de vuelta, todavía lo sentía raro pues ella no estaba recuperada del todo por lo que Shinsuke lo hizo y entre los dos la acomodaron en la espalda de él para llevarla mejor, se encaminaron hacia la cueva- El olvidado es un ente divino y para almas como nosotros, se nos está penado el transgredirlo, tu padre luchó con él y le quitó un brazo, por eso también Hiruko le cortó uno y lo maldijo, ¿sabes cuál fue esa maldición?
- No...
- La llevas a tu espalda- señaló y lo miró seriamente- Ella nació el día que tu padre le arrancó el brazo a Hiruko y tú sabes bien que ella fue prematura. A partir del día que ella nació, llovieron tres días seguidos ¿o no?
- ¿C-cómo sabes eso?
- Tu padre me contó días antes de morir. Él tenía como misión matarlo pero no sabía de las consecuencias ni de su fuerza, le tomó varios días siquiera rasguñarlo pero en un ataque pudo hacerle ese corte y en ese momento, la divinidad de Hiruko se vio corrompida y de inmediato como venganza se comió el brazo de señor Masaya. La maldición no es algo verbal, la puedes sentir taladrando tu mente en el momento que te cae, te licua los sesos y revienta tus oídos porque se repite mil veces para que quede establecida. Su maldición consistía en que el nacido en ese momento sería honrado con tanto reiatsu como fuese posible para que creciera y tuviera el poder de acabar con toda su sangre y si quería evitarlo tenía que matarlo, tu padre sabía que ella estaba por nacer y regresó como pudo pero no pudo matarla, nunca iba a poder, por eso actuó como actuó y la escogió sobre ti, si los regía posiblemente no terminaría matándolos y como se le dio ese reiatsu tan grande, fácilmente los dominaría, pensaba que con eso los mantendría a salvo. Pero nunca esperó a que ella y yo fuéramos enviados a matarlo ahora sí. Tu familia se encargó de eso porque sabían que no duraríamos y porque la aborrecían a ella y fue allí donde caímos, no duramos ni un día pero Hiruko nos rompió las extremidades para que no escapáramos y bebió nuestra sangre de a pocos para hacernos sufrir más, ustedes tienen la capacidad de curarse un poco más rápido así que le sugerí a ese monstruo que primero terminara la sangre de uno y luego la del otro para que le "duráramos" extrañamente logré convencerlo y solamente bebió de mí, ella logró curarse y prácticamente lo despellejó en cuanto pudo. Entonces le hicimos algo todavía peor: comimos su carne y bebimos su sangre, llevábamos días sin alimento y fue horrible el pensar hacerlo pero terminamos saciándonos con él o de otra manera nunca podríamos regresar. Al tocar mis labios la sangre, sentí la maldición: estar conectado con Hiruko y con la otra pecadora hasta el final de mis días y permanecer como en el momento en el que rompí su divinidad. No somos inmortales, creo... pero míranos, nos vemos casi como ese día. No es en absoluto satisfactorio tener la misma cara por poco más de mil años además, matarme probablemente nos mataría a los tres, creéme que hubo momentos en los que me desesperé y quise terminar con mi vida varias veces pero no pude. Ahora, para aminorar la conexión, pensamos en adormilarlo y pudimos hacerlo, es por ello que no sentíamos nada hasta hoy que despertó por completo. Pude sentir toda la pelea, sus ganas de matar al enemigo y sé que ella pudo sentir mi angustia, creo que yo provoqué lo de su brazo, la distraje y no me dí cuenta antes- explicó Kyousuke sobando su antebrazo derecho.
Shinsuke no dijo ya nada, estaba atónito ante la explicación. Apretó su agarre para con su hermana y bufó de disgusto, ¿por qué su padre no le había dicho nada? ¿por qué dejarlo fuera de ese asunto? si lo hubiera sabido, todo ese odio para con la mujer que tenía en la espalda jamás habría existido... jamás se habría refugiado en la admiración que le tenía al comandante y jamás habría sentido el otro odio por ese hombre pues no le habría tomado importancia, se tocó la cara cuidando que no cayera su carga, esas heridas prueba de su deshonra, no estarían allí de no ser por...
- ¿Tu padre lo sabía?
- ¿Y con quién crees que fue el tuyo para que lo ayudara?
- Nos la jugaron bien nuestros viejos.
- Seh.
- ¿Crees que Aoi pueda soportar el usar los poderes de Saori?- preguntó el pelinegro pero pronto cayó en cuenta de su error- Digo, de Orihime.
- Eso espero, ya ves lo que nos hizo a nosotros.- ¿Por qué tuvo que decir ese nombre?- Quizás a ella no le hacen nada porque son sus propias habilidades pero al usarlos nosotros, cambiaron drásticamente... El reiatsu de Aoi es el triple que el nuestro y creo que soportará el curar a Hiruko y es entonces cuando todo se terminará.
Ya no se dijeron algo más y fueron de regreso a lo que quedaba de la cueva donde ahora Hiruko estaba clavado a una simple pared.
- ¡Tú!- bramó aquella bestia y se removió iracundo para tratar de soltarse.- ¿Qué nos pasó?- preguntó con su horrenda voz.
- No vengo a darte ninguna explicación, vine a ponerte a dormir de nuevo- anunció Kyou.
- ¡ATRÉVETE MALDITO BICHO!- retó Hiruko pero el otro ya no le hizo caso.- Son patéticos, tú y esa mujer... debí de haberlos matado.
- Pronto vendremos a liberarte pero tú vas a decidir si vas tras nosotros o te vas a alimentar, te dejaré elegir- indicó el rubio extendiendo ambas manos hacia el frente mientras Shinsuke solamente observaba.- No te rías cuando me caiga- le dijo al pelinegro.
- ¡NO!- gritó el olvidado al ver que Yagami ponía ahora ambas manos al suelo lodoso, él ya sabía qué iba a pasar.
- Kurayami no naka - dijo Kyou y unas cadenas negras recorrieron el lodo en dirección a Hiruko y subieron por su cuerpo hasta enterrarse en el cuello para asfixiarlo. La bestia profirió gritos horribles mientras se sacudía como convulsionándose, a su vez, el rubio se tiró al suelo sujetándose el cuello pues se estaba ahogando, Shinsuke no hizo nada pero pronto se dio cuenta que su hermana en su espalda también sufría de convulsiones, por lo cual la recostó rápido en el suelo cuidando que no tragara su lengua. Pronto, ellos dos dejaron de tener tales reacciones y ahora Hiruko era el que sufría solo.
- Es la primera vez que veo ese hechizo siendo ejecutado- dijo el pelinegro al ver que su acompañante reaccionaba.
- Según yo no tiene nada de malo pero está prohibido, no entiendo en qué te puede afectar el dormir de esa forma a quien se lo apliques- respondió el rubio y ya por fin la bestia estaba dormida de nuevo.
- Tal vez es porque la medio matas en el proceso y porque debe de salirte bien o tú mueres porque las cadenas se te revierten.
- ¿En serio?
- Sep.
- Válgame y yo usándolo así nada más- murmuró Yagami sintiendo que de nuevo ya tenía su brazo como si nada.
- Es algo así como un sacrificio de tu parte al usar una atadura de esa fuerza y sabiendo que se te puede revertir, pero si eres un maestro usándolo, no tendría que ser prohibido.
- Concuerdo contigo.
- ¿Nos vamos?- preguntó Shinsuke e iba a tomar de nuevo a su hermana pero el rubio se le adelantó, ahora la pudo cargar bien- ¿Pudiste abrir la garganta mientras Hiruko estaba despierto?
- Sí, supongo que la maldición no solamente consiste en sentir sino también en hacer lo mismo que el otro. Ahora te toca a ti, vámonos- dijo Kyou y el otro se puso enfrente de él para comenzar a caminar.
Los tres aparecieron justo en el pórtico de la casa que habitaban pues todavía llovía bastante fuerte y por ende, no se mojaron.
- Me largo a dormir, allí hazte cargo de ella que por hoy tuve suficiente- dijo Shinsuke y se encerró dando un portazo en la habitación que le habían dado en la planta baja.
- Sí, mi general- respondió Kyousuke fastidiado y fue directo al cuarto de ella para ponerla sobre la cama. Como durante la pelea ella usó su forma de Shinigami, su cuerpo físico se encontraba en la casa (junto con el de su hermano) así que se conservó seca pero todavía tenía la ropa con la que fue a Yokohama. Decidió dejársela pues era ropa cómoda, solamente le quitó los zapatos. Prácticamente la dejó caer sobre el colchón y él a su vez se sentó en el sillón que ella tenía. Estaba desgastado física y mentalmente por todas las sensaciones de ese día, eso no era bueno pues formalmente solamente se habían enfrentado a dos capitanes, muy poderosos sí, pero no eran ni la mitad de los que los esperaban en el seireitei.
Mejor no pensaba en eso ahora. Cerró los ojos y dormitó un poco hasta que escuchó que ella se removía para después despertar. Aoi pareció no notarlo y se incorporó un poco para tomar agua de una botella con vaso que tenía allí. El rubio se levantó sorprendiéndola porque le sirvió.
- Espero que laves diario esta cosa- dijo él pasándole el vaso pero tomando directamente de la botella.
- Sí, justo anoche la cambié...
- Bueno, no me voy a morir por un día ¿Cómo te sientes?- preguntó el rubio quitándose la chaqueta que llevaba.
- Bien. ¿Y tú?
- También ¿Te duele algo?
- El cuerpo pero mañana ya se me habrá pasado.
- ¿Segura?
- Sí.
- Oki, hazte para allá- pidió el rubio porque estaba tan cansado que ya no quiso caminar ni un paso más además, su ropa ya estaba seca. Aoi se movió para que ambos cupieran en la cama pues no era la primera vez que dormían así. Él se recostó en silencio y elevó la mano que hace tan sólo unas horas ya no sentía.
- De verdad lo siento mucho, olvidé lo que ocurriría si él despertaba- dijo ella tomándosela algo apenada.
- Ni yo me acordaba.
- De haberme acordado no lo hubiese hecho.
- Pero de alguna forma recordaste que podías recuperarlo ¿no? porque de no ser así, ahora ambos estaríamos mancos.
- Ajá... creo, ya ni sé porque me desfasé.
- Menos mal, luego hablamos de eso- dijo él y ambos se quedaron en silencio, recostados sin soltarse las manos- Soy un estúpido...- dijo de repente.
- ¿Por qué lo dices?
- No te hagas la ignorante, sé que lo sabes porque lo sentiste así como yo sentí todas tus emociones.
- Yamamoto... yo también estaría así si hubiese visto a mi padre luego de tantos años. Incluso ahora todavía tengo tus ganas de ir a abrazarlo pero no porque lo haya sentido sino porque eso es lo que me transmites, eso pude ver en ti la noche que fuiste a verlo y también lo siento aquí en tu mano- señaló ella dándole un pequeño apretón.- Le guardo rencor todavía pero si lo que sentí es mas fuerte que tus ganas de venganza, yo podría olvidarme de eso, haría ese esfuerzo por ti.
- Entonces no supiste interpretar lo que sentí. Es verdad que lo que quise hacer al momento de ver a mi padre fue abrazarlo y pedirle perdón pero pienso en todo el tiempo en el que fui shinigami. Sólo una vez me llamó "hijo", ni una vez dijo que estuviese orgulloso de mí, al principio, cuando me llevó con él casi no me hablaba ni me miraba por lo que empecé a ser un completo desobligado para que me dirigiera la palabra. A la primer oportunidad me mandó a la academia a cuidar niños para no verme a diario aunque eso me cambió la vida porque te conocí pero tampoco me dejaba ser un shinigami normal porque no quería que lo señalaran por tener a un indeseable como yo ahí. Luego me aceptó en su división para que dejaran de decirle que yo era un bueno para nada. Nunca obtuve un consejo o palabras de aliento y cuando... cuando lo de mi madre...- dijo él ya con un hilo de voz al último.
- ¿Sí?
Él ya no dijo nada porque se quedó pensando. Ella ya sabía más o menos qué había pasado pero jamás lo había oído de labios de Kyou. Vio que él se quedó rígido en la cama mirando a la nada.
- Mi mamá quiso matarme cuando me vio porque me parecía a su padre, me quiso ahorcar con sus propias manos... mi padre me hirió de muerte cuando fui a pedirle que la viera... mis padres casi me matan el mismo día y uno estuvo a punto de hacerlo- dijo él casi sin voz.
Aoi no dijo nada porque se quedó muda ante aquellas palabras.
- Me dejaron verla directamente ese día y yo estaba muy feliz, sabía que no me reconocería porque me daba por muerto pero no me importó, yo quería verla... pero en lugar de recibirme, puso ambas manos en mi cuello, comenzó a insultarme y diciendo que esperaba ver a mi padre, no al de ella... no quise lastimarla así que solamente trataba de quitar sus manos de mi garganta pero su fuerza era impresionante...- decía el rubio a la vez que se sentaba en la cama.
- Oye...- dijo ella también levantándose porque el tono de voz le había cambiado a Kyou.
- Vinieron a ayudarme porque en serio no pude quitarla de mí, estaba asustado pero en ese momento quise que de verdad me matara, dime ¿qué se siente que tu propia madre quiera ahorcarte?- preguntó pero no esperó respuesta- sabía que ella quería ver a mi padre así que fui con él, a pedirle que fuera a verla pero se negó...- murmuró y comenzó a contarle lo que pasó ahora con su padre.
- Dime que irás a verla. Por favor.
- No tengo por qué hacerlo además, ella no me reconocería.
- Claro que lo hará...
- No iré...
- ¿Por qué no quieres dar la cara? ¿Es porque si ves su rostro y la locura que se plasma, toda la culpa se te va a venir encima?
- ¿Culpa de qué?
- ¡Pues por abandonarla! ¿por qué más? si no me querías a mí, al menos lo hubieras hecho por ella...
- No hables de lo que no sabes muchacho. Cierra la boca ahora mismo.
- ¡Mi madre se está muriendo! no me reconoce para nada porque piensa que morí y pide verte porque pese a que está muy mal se acuerda de ti... quiere pedirte disculpas por no cuidarme, no es cierto lo que cree pero por favor, sana su alma al menos Padre, hazlo por ella- pidió Kyou con la voz quebrándosele pero resistió las ganas de llorar. El comandante lo miró fijamente y endureció el rostro para luego volver a lo que hacía.
- Si ya acabaste de gimotear, vete. Por primera vez en tu vida, ponte a trabajar ¿Quieres? si tienes tiempo de venir con tus absurdos sentimentalismos, mejor ponte a hacer algo de provecho o si tantas ganas tienes, vete a hacerte pasar por mí. Hinowa Yagami no me debe nada y si así lo cree, ni su frente en el suelo podrá hacer que se le quite la culpa.
- No puedo creer que te haya dicho eso- dijo ella con un susurro mientras se cubría la boca con sorpresa al terminar de escucharlo.
- Sí, después me enojé bastante y quise atacarlo pero tú sabes que un puño cubierto de ira solamente golpea al vacío por lo que no pude hacerle nada, eso y que él también me atacó pero yo no me puse en buena postura al querer atravesarlo con mi espada así que fui un blanco fácil...
- Ya veo- murmuró Aoi viéndolo pero ahora él ya se había perdido en el recuerdo.
- Y cuando desperté ella ya había muerto...- dijo él mirando hacia la puerta, la pelinegra esperó a que hablara de más porque él por fin se estaba desahogando, ella sabía algo de lo ocurrido ese día pero no con grandes detalles y había decidido jamás preguntarle porque ella lo vio justo después de recuperarse de aquel ataque del comandante, hablaba poco del suceso porque de verdad lo había traumado tanto que a medida que contaba algo, su conciencia se iba de paseo y comenzaba a decir otras cosas, recitar algo o se ponía a tararear. Solamente había oído hasta donde él visitaba a su madre pero nunca supo el resto ya que se ponía como ahora cuando llegaba a esa parte.
- ¿Yamamoto?
- Non, rien de rien, non je ne regrette rien, ni le bien, qu'on m'a fait, ni le mal, tout ça m'est bien égale...
- Al menos ya no es "koinobori".
Y mientras estaba así, era como un gatito mojado, temblaba y se le helaba el cuerpo por lo que le puso una manta encima dejándole solamente visible la cara. Aoi se la tomó con ambas manos y lo miró directo a los ojos pero él no estaba allí. Comenzó a desatarle el cabello y a peínarselo con los dedos.
- Avec mes souvenirs j'ai allumé le feu...
- Y un huevo que me voy a olvidar del problema, si lo hacía porque te lo debo, ahora realmente lo haré por ti. Me alegro ahora de haber soportado todo eso, pensaba realmente que no tenías por qué vengarte de tu padre pero te miro y me dan ganas de ir yo sola a enfrentarlo. El dolor que me produjeron las torturas no se compara con el verte así, tú eres el fuerte, tú eres mi maestro, tú eres el que siempre confía... ¿sabes qué me hace verte así?- preguntó ella resistiendo las ganas de llorar.
- Je repars à zéro...
Tomó aire y se sintió aliviada de que él no pudiese escucharla.
- Me hace querer admitir lo que siento, decirte que olvidemos todo y que seamos felices... verte así me hace querer decirte el "te amo" que he guardado por años, pero tú no puedes amar de vuelta a alguien como yo ¿verdad? sé que jamás estaré en primer lugar para ti, sé que si te dijera mis sentimientos no los aceptarías porque jamás ha habido espacio para mí en tu corazón como mujer, solamente soy... somos amigos...- confesó Aoi abrazándolo, y como él estaba en shock, no respondió para nada, simplemente siguió cantando en francés - Y si de casualidad también me amaras...- dijo pensando en lo que Shinsuke le comentó- entonces el que te callases es la mejor prueba de que no me quieres como yo a ti, pero eso siempre lo he sabido. Si yo fuera tú, te habría tomado de la mano y te hubiese llevado lo más lejos posible de todo ésto a vivir la vida que siempre quisiste. No creas que no he notado lo que nos trajo beber la sangre de Hiruko porque te mentí al decirte que no escuché nada cuando nos maldijo pero sé que me dijiste que era el gigai para que no me preocupara; te diría que lo sé y que si arrastramos esto, viviríamos juntos la larga vida que tenemos, te enseñaría todos los lugares que visité, iríamos a todos los que tú viste... sería vivir uno de mis sueños... aunque la verdad, tú eres mi sueño hecho realidad, sin embargo, aquí estás y yo sin poder hacer algo al respecto más que ponerte cómodo y acompañarte.
Se quedó con el rubio en brazos, quien ahora había cambiado de melodía en lo que ella le confesaba sus sentimientos. Algo en la mujer despertó, pensó en que estaba mal el hacerlo y lo caviló por varios segundos pero al final no pudo contenerse.
- But her friend is nowhere to be seen, now she walks through her sunken dream...
-¿Por qué tu madre te hizo tan perfecto?- dijo la pelinegra acercando su labios a los de él, Kyousuke seguía sin responder pero eso a ella no le importó y se acomodó mejor para hacer lo que quería- O al menos para mí lo eres, así medio loco y con tendencias psicópatas, con esa actitud tan floja y desganada que me hizo fijarme en ti... ¿sabes? yo te quiero desde la primera vez que te vi, que no fue el día que me defendiste sino antes pero no lo quería admitir... soy una cobarde- murmuró sonriendo para finalmente besarlo. No había sido como a Aoi le hubiera gustado porque simplemente había juntado los labios por unos segundos y él seguía moviéndolos debido a que nada externo lo afectaba.
- Sailors fighting in the dance hall...
- Nunca pensé en que yo fuera así de cursi, qué bueno que no me escuchaste porque te habrías reído- dijo ella sonriendo y sintiendo las mejillas calientes. Juntó su frente con la de él y le acarició el cabello con cariño.- Pero así como estás ahora, me hace reconsiderar lo que tenía pensado, yo de verdad quería que te arrepintieras de lo que vamos a hacer y decirte cuánto te amo pero así, tú tan afectado, jamás conseguiremos nada juntos, es por eso que debo ayudarte ¿no?
- I'ts the freakiest show...
Trató de recostarlo para que estuviera más cómodo y que así se quedara dormido pero de pronto se aferró a ella abrazándola por el estómago. Hundió su cabeza en ella pero siguió tarareando.
- Eso no le hace bien a mi corazón...- dijo ella quitando el agarre pero él insistía en abrazarla. Ya después no supo ni cómo le hizo pero se recostó con él en la cama y la envolvió por completo con sus brazos.- Ah, así se debe de sentir cuando yo duermo cerca de otra persona- se dijo y cerró los ojos. Solamente por esa noche se permitiría dejarlo estar, dejar en su cuerpo esa sensación de felicidad por tenerlo tan cerca, no encerraría sus sentimientos como lo había estado haciendo por tanto tiempo.
Algunas horas después, el rubio despertó y se encontró con que ella lo abrazaba cual lapa por la espalda pues estaba recostado de lado. Se tocó el cuerpo y se sintió aliviado de estar con ropa pero de inmediato sintió punzadas en la cabeza y recordó lo que pasó antes de perderse.
- Al menos ahora pude decírselo completo- se dijo removiéndose un poco pero al hacerlo, Aoi se le aferraba todavía más.- Normalmente me tengo que levantar a bañarme con agua fría en cuanto me despierto porque estuviste en mi sueño pero hoy...- murmuró pensando en lo que creyó escuchar mientras estaba ido y lo que posteriormente también soñó, ella declarándosele y besándolo mientras él estaba casi en su lecho de muerte- un tonto sueño como ese no va a revivir esos sentimientos que me encargué de matar, tú no puedes quererme así, no tienes motivos... no hay manera que sea cierto- dijo casi con enojo.
- Paul Rudd- murmuró la pelinegra frotando su mejilla en contra de la espalda y acariciando de manera sugerente los pectorales de él.
- Bien, pronto voy a necesitar ese baño- se dijo algo avergonzado pero Aoi ya no intentó más. La dejó estar así pues pese a todo lo que él creía, todavía tenía la capacidad de sentirse feliz por tenerla así a su lado.
- Buenas noches- dijo Ichigo hacia el suelo luego de meterse entre las cobijas.
- Buenas noches, Kurosaki- respondió Ishida un tanto molesto por tener que compartir habitación con Ichigo. Se encontraba recostado en un futon cerca del armario del pelinaranja.
- Dile buenas noches a Suzu- pidió el shinigami sustituto burlonamente señalando a la gata que ya se había instalado cerca de la almohada del Quincy y tenía acostadas sus patitas mientras miraba fijamente al chico.
- No.
- Grosero.
- Kurosaki, por favor no me hagas matarte en tu propia casa- respondió el peliazul y se quitó los lentes para intentar descansar pero la insistente mirada de la gata lo ponía nervioso. Él tenía gato pero el pequeño era un amor, Suzu parecía querer hipnotizarlo o acostarse sobre su cara.
Desde ese momento comenzó a odiar a la lluvia por llevarlo a semejante situación. En serio ¿cómo terminó teniendo una pijamada con su no-mejor amigo?
Los ataques de Shinsuke y Aoi así como otras cosas que no les suenen, son canciones de Iron Maiden, Rhapsody y Metallica traducidas con google al japonés Tenía una lista pero la extravié así que solamente recuerdo que "Kurayami no naka" es "in tenebris" de Rhapsody, "Kumo no teikoku" y "Sen no taiyō yori mo akaruidesu" son "Empire of clouds" y "brighter than a thousand suns" de Iron Maiden.
"Riot" One Ok Rock.
Año: 2010.
Álbum: Niche Syndrome.
