Disclaimer: Todos los personajes y lugares pertenecen a J. K. Rowling!

Muchas gracias a todos los que leen el fic y sobre todo a los que se toman el tiempo de enviar Reviews!

N/A: Bueno, por fin ha llegado el final! En un momento había decidido cortar esta segunda parte en dos (nuevamente) pero temí por mi vida y que alguno de ustedes me echarán una maldición asesina vía email, así que aquí está la segunda y última parte del último capítulo. Espero les guste y que sinceramente hayan disfrutado de éste, mi primer fanfiction.

35 – Resurrección – Parte Dos

(Última parte del capítulo anterior)

"No se la des, Harry!" Gruño furioso y entre dientes su amigo Ron, quien tanto él como su hermano aún seguían apuntando con sus varitas al extraño hechicero.

Repentinamente un intenso haz de luz clara salió de la punta de la varita del hechicero y un par de segundos después Ron se hallaba atado de cuerpo entero con gruesas sogas brillantes contra un árbol, amordazado. Bill quiso reaccionar pero su varita salió volando antes de arrojar un hechizo, y cuando sintió que Hermione también quería reaccionar Harry la contuvo firmemente detrás de él. Kingsley comenzó a forcejear con Mabus para liberarse de la varita clavada en su cuello; el Ministro, fuerte y más corpulento, finalmente se zafó del Auror y con un golpe de su codo lo desestabilizó y lo arrojó al piso. Pero unos segundos después Yaxley y el otro mortífago lo redujeron y lo maniataron contra el suelo del sendero.

"La Varita de la Muerte utiliza magia negra?" Le susurró Harry a Hermione aprovechando el revuelo.

"Qué? Errr... depende de la magia, y del mago." Repuso la chica dubitativa sorprendida por la pregunta, en un tono casi inaudible.

Había una razón por la cual el hechicero oscuro y los mortífagos no habían utilizado la magia a la que estaban acostumbrados a utilizar, de lo contrario Ron ya estaría muerto. Ahora sí la teoría de Harry se tornaba plausible, pero si se equivocaba...

Cuando la pequeña revuelta fue finalmente sofocada, el hechicero se volvió a Harry y lo apuntó con su varita. "Se te agotó el tiempo, Potter. Dámela o tus compañeros morirán como los perros que son frente a tus ojos."

Harry metió la mano en el interior de su chaqueta y sacó la Varita de la Muerte; la sintió fría e indiferente, como si estuviera ofendida por el rechazo del muchacho hacia ella. Mientras Bill le imploraba que no se la entregara y Ron emitía toda clase de ruidos para hacerle saber que tampoco quería que se la diera, el hechicero no esperó un segundo más, la convocó con su propia varita y la tomó en el aire; en ese momento unas brillantes chispas salieron de la punta de la maldita Varita y un muy efímero resplandor oscuro envolvió al hechicero.

Tanto los mortífagos que seguían sujetando a Kingsley como Harry y los demás observaban la escena absortos. No sólo por la evidente aceptación de la Varita hacia su nuevo dueño y amo sino por algo que Harry supuso todos comenzaron a sentir en el aire que los rodeaba.

Un débil clamor, o un susurro lejano... Harry no podía estar seguro pero mantuvo a todos (al hechicero oscuro inclusive) en vilo. Una especie de corriente eléctrica los envolvió y el follaje de los árboles de ese sector del bosque comenzó a moverse al compás de un inexistente viento, y cuando un débil pero audible zumbido llenó los oídos de todos los que estaban allí Harry creyó que había acertado en su decisión de entregarle la Varita.

"Ya tienes la Varita de la Muerte, Patrichs! Qué estás esperando? Mátalo ahora!" Rugió Yaxley quien miraba nerviosamente para todos lados; el bosque se había despertado y su extraña y poderosa magia comenzaba a manifestarse.

El alivio de Harry duró poco. El hechicero, que ahora el muchacho sabía que se llamaba Patrichs, le apuntó al pecho con la Varita de la Muerte. Apenas pudo escuchar a Hermione gritar desgarradoramente e intentar soltarse de los brazos de Harry que aún la sostenía firmemente detrás de él.

"Avada Kedavra!"

***HP***

Un poco de ayuda. Eso fue lo único que pudo pensar Harry antes de que la maldición asesina lo impactara y el brillante estallido verde inundara sus ojos. A veces, un poco de ayuda puede ser todo lo que uno necesita, o puede significar la sutil diferencia entre la vida y la muerte.

Debió de haber perdido la conciencia por unos momentos porque lo último que recordaba era ese verde resplandor y ahora se hallaba tirado en el piso de hojarasca del sendero del bosque, boca abajo. Pero a diferencia de la vez en que Voldemort intentó matarlo, Harry no estaba en King´s Cross ni en ningún lugar onírico producto de su mente; no había grandes y amplios lugares claros ni sensación alguna de profundo bienestar. Podía sentir perfectamente las hojas y las ramitas del suelo clavándose en uno de los lados de su rostro, y podía oír voces y gritos, forcejeos y hechizos; hasta podía oler la humedad del suelo y del bosque. Podía sentir su cuerpo entero, tendido en el suelo, y un pequeño dolor en su hombro izquierdo, quizá producto de la caída. Harry esbozó una sonrisa.

No, definitivamente no había sido como la última vez, y ahora que lo pensaba no tendría por qué haberlo sido. Ahora se sentía vivo, y aunque no quería abrir sus ojos estaba plenamente consciente de lo que sucedía alrededor suyo. Su descabellada y desesperada teoría acabó por ser cierta y gracias a ello la maldición asesina tuvo la suficiente fuerza como para noquearlo pero no como para matarlo. Un grito de un Ron enfurecido retumbó en sus oídos y luego se sucedieron varios ruidos de follaje roto y cuerpos rodando por el piso.

Unos segundos después creyó notar que los ruidos de forcejeos y hechizos se fueron alejando, y decidió que tenía que levantarse y ayudar. Al fin y al cabo todos deben haber creído que él había muerto y ahora estaban enfrascados en una pelea contra los mortífagos. En cuanto se incorporó tanteó el suelo hasta que dio con sus gafas, y miró alrededor. Encontró su varita y se levantó pero no había nadie por allí… salvo tres cuerpos.

El Auror Petrearca estaba tirado en el suelo, casi de costado y con sus brazos extendidos; había sido sorprendido por la espalda y asesinado a sangre fría por el hechicero oscuro, quien yacía tendido boca arriba con sus ojos cerrados, sus brazos abiertos y la Varita de la Muerte aún sobre la palma abierta de su mano. Harry no podía saber si estaba muerto o inconsciente pero no le importó ya que se abalanzó contra el otro cuerpo que había visto, a la izquierda de donde él estaba tendido hacía unos segundos atrás. Desesperado y sin aliento, el muchacho se agachó sobre el cuerpo de su amiga del alma y tomó su muñeca; un par de segundos después, que parecieron años, notó que el pulso no la había abandonado y suspiró aliviado; si algo le sucedía, todo su plan hubiera sido un enorme y trágico fiasco.

Unos gritos y estallidos de luz hicieron que levantara su vista hacia el sendero. Tomó desesperadamente la Varita de la Muerte y la guardó en el bolsillo interno de su chaqueta; se echó a correr y justo detrás de la primera curva vio a uno de los mortífagos escondido detrás de un árbol para evitar los hechizos que alguien le arrojaba más adelante. Harry se acercó un poco más y le apuntó con su varita.

"Hey!"

El mortífago, con su rostro cruzado de cicatrices y de cabello oscuro y ralo, se dio vuelta y ni atinó a moverse por la sorpresa de verlo parado, con vida.

"Stupefy!" Rugió, y su furia concentrada provocó un hechizo aturdidor que impactó en el mortífago y lo hizo volar varios metros más allá del sendero, incrustándolo contra un árbol. Harry siguió corriendo por el sendero rumbo a la segunda curva antes del claro ya que aún escuchaba gente luchando y sólo unos pasos después se topó con Ron y con Bill, escondidos tras sendos árboles protegiéndose de las maldiciones que otro mortífago les arrojaba sin cesar. Éste, a varios metros, vio a Harry y abrió sus pequeños ojos, estupefacto.

"Tú?" Gritó el mortífago sin poder creer lo que veía; al notar la extraña reacción del que los estaba atacando sin parar los hermanos Weasley también miraron hacia atrás y al ver a Harry se quedaron petrificados; ambos estaban heridos y sangraban profusamente.

"Stupefy!" Rugió Harry de nuevo y sin titubear, aprovechando el efecto sorpresa que había generado. El mortífago, que resultó ser el Auror Mabus ni siquiera pudo esquivar el hechizo aturdidor y salió despedido algunos metros, inconsciente.

"Harry! Eres tú o…" Balbuceó Ron. Su amigo estaba pálido como la luna, seguramente creyendo estar viendo el fantasma de su mejor amigo.

"Por supuesto que soy yo Ron!"

"Pero… te vimos, Harry!" Dijo Bill, con una profunda herida en su brazo izquierdo y en su pierna derecha. "El hechicero te lanzó la maldición asesina, cómo has podido…"

"No pueden utilizar magia negra aquí! Por eso no me mataron ni tampoco a ustedes!"

Bill frunció su ceño sin comprender pero unos instantes después lo entendió y lanzó una carcajada al aire. "Claro! La magia del Santuario Druida! Es pura como lo había predicho Croaker, rechaza todo tipo de magia negra! Pero cómo supiste que todo esto ocurriría?"

"No hay tiempo ahora, Bill! Dónde están Kingsley y Ollivander?"

"Ollivander está por allá." Dijo Ron acercándose rengueando. "Lo aturdieron cuando quiso interponerse entre Hermione y Yaxley… ella está bien, Harry, aunque la golpearon muy fuerte en la cabeza."

"Sí, ya la vi." Agregó Harry angustiado al escuchar las palabras de Ron.

"Kingsley estaba persiguiendo a Yaxley y al otro mortífago que queda, creo que fueron hacia el claro." Concluyó Ron, muy agotado.

"Kingsley, debemos ir a ayudarlo!" Recordó Bill, quien justo en ese momento no pudo soportar más el dolor en su pierna y cayó arrodillado al suelo.

"Quédense. Yo iré a ayudarlo." Dijo Harry echándose a correr. Bill acató la orden ya que no podía más pero escuchó que su amigo pelirrojo lo seguía, aunque a duras penas y cojeando.

"No te hagas el héroe, Harry! Yaxley es peligroso!" Le gritaba Ron mientras corrían.

Cuando el muchacho por fin llegó al borde del claro del bosque, se detuvo abruptamente; no había nadie allí y no escuchaba ningún sonido que delatara lucha alguna.

"Qué pasa? Dónde están?" Dijo Ron jadeando. Su cabello colorado estaba manchado con sangre, producto de algún fuerte golpe en su cabeza.

"No lo sé! Dijiste que habían venido para este lado!"

"Sí lo hicieron! Deben de haber…"

Unos ruidos provenientes del otro lado del claro interrumpieron al pelirrojo, y de pronto el mortífago restante (Harry creía que era Selwyn) apareció entre el denso follaje y trastabillando aterrizó de bruces en el suelo. No había notado la presencia de los dos amigos al otro lado, quienes lo miraban apuntándole con sus varitas; el mortífago lucía asustado y con ganas de huir, seguramente queriendo escapar de Kingsley. Pero cuando se levantó y enfiló hacia el extraño símbolo que yacía en el suelo justo en medio del claro del bosque Harry intuyó lo que se proponía. Se detuvo en ese punto y levantó los brazos ridículamente, como esperando que el tremendo poder mágico del bosque lo abrazase y lo salvase.

"Qué hace? Está loco?" Murmuró Ron, quien se aprestó a usar su varita.

"Espera. Déjalo" Dijo el muchacho de la cicatriz cuando un zumbido los envolvió y un fuerte viento apareció de la nada. "No se saldrá con la suya."

Lo que siguió a continuación fue asombroso. Harry no recordaba nada de eso ya que él había caído inconsciente y malherido sobre ese extraño símbolo justo antes de aparecerse en Hogwarts. Las copas de los árboles de alrededor del claro se mecían violentamente y el zumbido parecía ser cada vez más fuerte. Tanto Harry como Ron sintieron una corriente eléctrica atravesándolos al mismo tiempo que el mortífago comenzó a reírse siniestramente, creyendo que se empaparía con ese poder o que lograría huir de allí.

"Cómo supo cómo funciona esa cosa?" Preguntó Ron atónito elevando la voz por el creciente viento que se comenzó a arremolinar sobre el mortífago.

"No sé! Quizá sabían sobre ese cuento que Hermione encontró… o quizá lo supieron cuando el hechicero se metió dentro de la mente de Hermione!" Gritó Harry.

En ese preciso momento, el viento levantaba polvo y hojas del suelo del claro formando una especie de remolino que envolvieron al mortífago. Ron levantó su brazo herido y atajó a Harry, quien pretendió ir allí para sacarlo de ese lugar.

Y, súbitamente, el viento desapareció, junto al zumbido y al mortífago; el eco de sus risotadas aún retumbaban por el claro, dándoles la sensación de que él aún estaba allí, invisible para ellos. Estupefactos, los dos amigos no salía de su asombro cuando Yaxley apareció de entre la espesura.

"Selwyn! Dónde demonios te has metido?" Vociferó el lacayo de Voldemort justo antes de notar la presencia de Harry y Ron. Nuevamente, el gesto de mayúscula sorpresa al ver vivo al muchacho de cabello negro le transfiguró su cara y tardó algunos segundos de levantar su varita y apuntarle, pero Ron, rápido de reflejos pese a sus heridas, lanzó un aturdidor que fue apenas contenido por el encantamiento defensivo del agotado mortífago; casi al mismo tiempo, éste recibió desde el otro lado el impacto de un brillante hechizo que lo hizo volar varios metros hasta estrellarse contra el tronco rugoso de un gran roble, cayendo inconsciente al suelo.

"Kingsley!" Gritó Ron, y Harry esbozó una media sonrisa. El Ministro había aparecido por el mismo lugar en el que Yaxley lo había hecho, y permanecía parado observando el claro. Cuando vio a Harry se echó a correr cuidándose de rodear el símbolo, el epicentro del poder mágico del Santuario Druida.

"Harry! Qué demonios?" Exclamó un alegre y cansado Kingsley cuando llegó a donde estaban los dos amigos. "Intuí que no te había matado cuando me di cuenta de que no podían utilizar magia negra aquí!"

"Oh, eso me recuerda…" Dijo Ron mirando a su amigo. "Estás bien? Has sufrido alguna herida o algo así?"

"Quien, yo? No, Ron, estoy bien, gracias por…"

"Bien." Lo interrumpió el pelirrojo, y lo golpeó fuertemente en el hombro con su puño sano.

"Auch! Qué te sucede?"

"Que qué me sucede? Es que acaso tienes una manía por dejarte matar? Estás demente o qué?" Le recriminó Ron más colorado que de costumbre.

"No me dejé matar, Ron! Creía que el hechicero oscuro no podría arrojarme la maldición asesina con la Varita de la Muerte porque aquí no se puede utilizar magia negra, de acuerdo?"

"Imbécil! Y si se equivocabas?"

"Pues no me equivoqué, o sí?" Desafió Harry.

"Parece que no, pero en cuanto Hermione se despierte y se entere de tu… plan… desearás estar muerto!"

"Bueno, basta ya ustedes dos!" Kingsley cortó la discusión de cuajo, pero con una leve sonrisa dibujada en su rostro que no podía disimular, dejando una incógnita en el muchacho. "Estuviste brillante Harry, has salvado una situación que se nos había ido de las manos. Ron, qué sucedió con Selwyn, y dónde está Bill?"

"Selwyn fue tan estúpido como para pararse sobre el símbolo y desaparecer; le quedan pocas horas de vida, supongo. Bill está más atrás por el sendero, creo que necesita atención médica."

"Sí, todos la necesitamos, pero antes debemos terminar con esto. Volvamos, necesitamos despertar a Hermione y a Ollivander."

Harry asintió y comenzaron a caminar hacia el sendero para reunir a todos y realizar lo que habían planeado en el Ministerio; esta vez Harry esperaba que aunque fuera esa parte del plan saliera como lo habían planeado.

"Por qué te sonreías cuando discutía con Ron, Kingsley?" Preguntó Harry mientras caminaban por el sendero.

"Porque Hermione se volvió loca cuando el hechicero te arrojó la maldición asesina. Ella sola fue la que atacó a todos los mortífagos juntos para que pudiésemos reaccionar y además liberó a Ron; estaba furiosa, desquiciada, lloraba y repetía tu nombre creyéndote muerto. No querré perderme el espectáculo cuando Hermione se despierte y se entere de que te arriesgaste de semejante manera."

***HP***

"Cómo que no está? El cuerpo del hechicero estaba tendido sobre el suelo justo allí hace unos minutos!" Clamó Harry al descubrir que su cuerpo ya no estaba.

"Pues no está más. Alguien se lo llevó, o él mismo se paró y se fue." Dijo Ron poco convencido.

"Tonterías, Ron. Si se despertó no se irá de aquí sin la Varita de la Muerte… se llevó la Varita de la Muerte?" Preguntó Kingsley aterrado.

"No, yo la tomé." Dijo Harry antes de que al Ministro le agarrara un síncope.

Kingsley suspiró. "Ufff, hiciste bien, muchacho. Si no la teníamos con nosotros, todo esto que estamos haciendo hubiese sido una completa pérdida de tiempo."

En ese momento Bill apareció de entre el follaje del costado del sendero, cargando a un confundido Ollivander. "Le practiqué un ennervate, pero aún está un poco ido."

Harry se arrodilló al lado de la cabeza de Hermione y se la levantó, apoyándola sobre sus piernas. Notó una gran cicatriz justo en la coronilla de la cabeza de su amiga, de donde había manado mucha sangre. Kingsley se acuclilló al lado de ellos dos y con su varita realizó algunos encantamientos en voz muy baja.

"El golpe en la cabeza fue muy fuerte. Uno de los mortífagos hizo volar un gran tronco mientras todos forcejeábamos y Hermione no lo vio venir; ella también debe recibir atención médica cuanto antes ya que creo que tiene una concusión, pero por lo menos logré que dejara de perder sangre." Explicó Kingsley intentando calmar a un preocupado Harry.

Levantó su vista y vio a Ron, sentado en el suelo mientras Kingsley sanaba una de sus tantas heridas. Los dos amigos cruzaron miradas y en ese momento Harry se dio cuenta de que el pelirrojo había estado mirándolo acariciando a Hermione, pero no le importó.

"Bien, listo." Dijo Kingsley levantándose tras curar a Ron. "Deberás ir a San Mungo de nuevo, Ronald, como la primera vez que vinimos a Irlanda. Eso si no quieres que te queden esas feas cicatrices en el brazo y la pierna."

"Hmm… no, no lo creo." Le respondió Ron, meditabundo y sin dejar de mirar a Harry.

"De acuerdo. Comencemos lo que hemos venido a hacer." Dijo el Ministro levantando la voz para captar la atención de los demás, quienes entre heridos y golpeados parecían un grupo de jubilados. "Las cosas se han complicado un poco, diría, pero debemos acabar con la Varita de Saúco sea como sea. Harry, la tienes contigo, verdad?"

"Sí."

"Excelente. Bill, Ollivander, procederemos con el plan original, y esperemos que no surjan más contratiempos."

"Disculpa Kingsley, pero al decir contratiempos… no creerás que vendrán más mortífagos, cierto?" Opinó un poco preocupado Bill, con sus heridas sanadas pero aún dolorido.

"No, no lo creo. Y juntaremos en el claro del bosque a los que hemos capturado e inmovilizados… los necesitaré para tranquilizar a Robbin y a todo el Departamento para la Aplicación de la Ley Mágica sobre mi nueva ausencia sin aviso."

"Alguien puede explicarme qué demonios ha sucedido con el hechicero oscuro? Por qué ha podido entrar a esta parte del bosque si de acuerdo a lo que Harry nos ha contado no tendría que haber podido pasar de aquel gran roble?" Preguntó Ron sin comprender, señalando el enorme árbol que hacía las veces de límite entre el área de acción del tremendo poder mágico del Santuario Sagrado Druida y el resto del bosque.

"Hmm… no estoy muy seguro Ron." Atinó a decir Kingsley.

"Creo que el hechicero utiliza alguna clase de encantamiento oscuro alrededor suyo, por eso no pudo entrar a este sector la primera vez. Debe de haber aprendido la lección y no lo utilizó en esta oportunidad, así entonces pudo ingresar al Santuario y sorprendernos…" Explicó Harry no muy convencido.

"Y asesinar a Petrearca." Masculló entre dientes Kingsley, mirando hacia el cuerpo sin vida del Auror. "Por la espalda."

"Pero si sabe que no puede utilizar magia negra dentro de los límites de esta parte del bosque, y si sabe que sus mortífagos fueron capturados… no sería lógico suponer que ha escapado?" Preguntó de nuevo el pelirrojo.

"Sería sabio de nuestra parte no suponer nada, Ronald." Le contestó Kingsley. "Y aunque se sabe en desventaja también sabe que sigue siendo el amo de la Varita y querrá recuperarla a toda costa."

"Sigue siéndolo? Y por qué estaba inconsciente cuando me desperté?" Cuestionó Harry; recordaba haber visto al hechicero tirado en el suelo y había creído que alguien lo había noqueado o derrotado.

"El hechicero oscuro simplemente… se desvaneció luego de arrojarte la maldición asesina. Fue extraño, como si hubiese recibido una descarga eléctrica de algún tipo… quizá la magia de este lugar, pura y poderosa anuló el efecto de la maldición y lo derribó, haciéndole perder la conciencia." Dijo Kingsley ensayando una respuesta.

Harry asintió; creía que la explicación del ex Auror tenía lógica… o por lo menos era lo más lógico dentro de ese contexto de poder mágico tan avanzado y tan por sobre sus capacidades.

"Bien, vayamos de una vez hacia el claro. Bill, ayuda a Ollivander a caminar, veo que aún está aturdido."

"Un momento, Kingsley. No podemos dejar aquí a Hermione ni a Petrearca." Dijo Harry, quien no dejaría sola a su amiga en esa parte del bosque por nada del mundo, a sabiendas que ese oscuro hechicero de los mil demonios podía estar por allí aún, al acecho.

"La llevaremos con nosotros, Harry, igual que a Petrearca." Le contestó; conjuró un hechizo locomotor y el cuerpo inerte y sin vida del Auror abatido a sangre fría se elevó del suelo y levitó tras Kingsley. "Andando!"

Harry hizo lo mismo con el cuerpo inconsciente de Hermione, y lentamente marcharon hacia su destino final.

***HP***

"Acomódalos allí, Harry. Bien lejos del centro del claro."

Harry acató la orden del Ministro e hizo levitar a los tres mortífagos hacia uno de los límites del claro del bosque. Estaban atados, amordazados e inconscientes, y los debían mantener así hasta que pudieran volver a Inglaterra y encerrarlos en Azkabán; Kingsley los quería mantener a la vista, los necesitaba para justificar su ausencia en el ejercicio de sus funciones como Ministro, sobre todo porque uno de ellos, Yaxley, había sido uno de los mortífagos más fieles de Voldemort y había podido escaparse del Ministerio justo antes de recibir su sentencia, meses atrás. Sin embargo, no estaba seguro qué haría él con el Auror Mabus, quien tan inesperadamente se volcó hacia el lado de los malos, aunque Harry se imaginaba que atacar y amenazar al mismísimo Ministro de Magia le proporcionarían muchos años en la tristemente famosa prisión de magos. Con respecto a los otros dos, uno era un perfecto desconocido para el muchacho, y el otro (Selwyn) se había escapado utilizando irresponsablemente el poder mágico del Santuario Druida; como había dicho Ron, seguramente sería hallado muerto en unas pocas horas.

Al contrario que a Hermione, cuyo cuerpo aún inconsciente debido a la concusión en su cabeza apoyó suavemente en el suelo del claro, anuló el hechizo locomotor que mantenían levitando a los mortífagos y sus cuerpos cayeron bruscamente entre el follaje, pero sus cabezas rebotaron contra algo duro que permanecía oculto bajo la vegetación.

Harry se agachó y retiró parte del follaje, dejando al descubierto lo que parecían ser largas piedras rectangulares blancas, manchadas de humedad y profusamente agrietadas y ajadas.

"Vaya! Es el Santuario Druida que buscábamos después de todo, por si quedaba alguna duda." Dijo Harry cuando Ron se acercó para ver qué sucedía.

"Estúpido Croaker, cómo diablos se suponía que encontraríamos estas piedras blancas si están cubiertas de vegetación!" Bufó el pelirrojo.

Harry sonrió ante la exclamación de su amigo, pero se le diluyó al instante ya que estaba demasiado ansioso y nervioso por la marcha del plan; aún no tenía muy en claro cómo iban a llevarlo a cabo pero sabía que los demás tampoco. Lentamente los dos amigos se dirigieron hacia la única zona libre de vegetación de los alrededores del claro desde la cual el sendero se internaba en el bosque; allí estaban todos: Bill, Ollivander y Kingsley, dialogando en voz muy baja y seguramente intentando ultimar detalles para llevar finalmente a cabo el desesperado e improbable plan de Croaker. El cuerpo inconsciente de Hermione se hallaba casi al lado de ellos, sobre una angosta franja de hierba que Harry había elegido para su amiga.

"No sabemos las consecuencias, señor Ministro. Es algo que nunca antes se ha hecho, y además no sabemos si el poder y la pureza del flujo mágico de este Santuario interactuará con la Varita de Saúco tal como necesitamos que lo haga." Decía el viejo fabricante de varitas mientras Harry se acercaba. Notó cómo Ollivander sostenía la maldita Varita de la Muerte en sus manos, con sus ojos grises abiertos reflejando admiración y veneración por la Reliquia, la varita más poderosa jamás fabricada; un objeto de deseo de muchos magos ambiciosos por hacerse de su poder letal. A Harry se le hizo difícil meterse dentro de la cabeza del viejo e imaginarse qué estaría pensando al saber que por fin la tenía en sus manos pero no por mucho tiempo.

"Ni tampoco podemos saber si tendré posibilidad alguna de acceder a las maldiciones que configuran internamente la Varita. No sabemos si la magia del lugar la destruirá o si simplemente desintegrará las maldiciones protectoras que la envuelven." Añadió Bill.

Harry se desalentó un poco al escucharlos. Le sudaban las manos y los pies, y el vacío que sentía en sus tripas reflejaban su estado de nerviosismo. Miró hacia el claro, buscando calmar su angustia y se dio cuenta de que lo observaba detenidamente por primera vez. Era una zona muy extensa, casi circular, rodeada íntegramente por árboles y follaje de todo tipo, un lugar perfectamente oculto y alejado para los antiguos Druidas y sus rituales de sacrificio. El suelo, al contrario que el bosque de los alrededores, no estaba cubierto de hojarasca sino que presentaba manchones de hierba y gramilla que resaltaban claramente de la tierra. Se imaginó que las largas y rectangulares piedras blancas se encontrarían en varios lugares del claro, además de las que él había descubierto minutos atrás, pero no pudo imaginarse a los antiguos sacerdotes celtas con sus túnicas blancas sacrificando toros u otros animales. Sus ojos cayeron finalmente en el extraño símbolo del centro del claro.

Se acercó un poco para verlo mejor, aunque fueron sólo unos pasos; no deseaba activar el poder mágico del lugar por accidente, pero aún así comenzó a sentir una extraña y leve sensación, como si la zona del centro (cuyo epicentro era el símbolo marcado en el suelo) estuviera rodeada de alguna clase de campo de fuerza o de magia. El símbolo no era más que borrosos trazos sobre el suelo terroso que estaban en parte ocultos por gramilla, pero se imaginó que siglos atrás sería perfectamente visible.

"Ten cuidado, Harry." Oyó que alguien le dijo a sus espaldas, cuya voz le sonó lejana, como un eco del pasado. No pensaba acercarse más pero quería lograr distinguir el diseño de dicho símbolo sobre el cual él mismo había caído inconsciente y malherido la primera vez que estuvo allí algunos días atrás. Dio un paso más para tener una mejor visión del símbolo, y aún así los trazos no parecían ser más distinguibles, pero seguía sintiendo ese sutil cosquilleo que lo envolvía y penetraba. Decidió que no se acercaría más, no quería ser atravesado por ese poder mágico y morir algunas horas después, pero al mismo tiempo no sentía deseo alguno de retroceder...

Levantó la vista del suelo y su corazón se aceleró; el bosque seguía allí pero su follaje se movía muy lentamente, como en cámara lenta. Estaba lo suficientemente lejos del símbolo como para estar seguro de que no había activado la magia del Santuario pero algo allí no estaba bien. Asustado, pero extrañamente tranquilo al mismo tiempo, creyó que de alguna manera había ingresado en ese campo de energía mágica que (según pensaba) circundaba el símbolo. Ya no escuchaba sonido alguno pero sí podía sentir que el aire que lo rodeaba estaba cargado de energía.

Quiso mirar hacia atrás, hacia donde estaban sus compañeros pero no pudo voltear la cabeza. Pequeños y rapidísimos destellos comenzaron a surcar por todo su campo de visión, y fue allí donde comenzó a preocuparse en serio.

"No quiero utilizar este poder, no lo quiero." Pensó alarmado. Su respiración se agitó cuando se percató de que ya no podía salir de allí por sus propios medios pero no podía sacar la vista de esos pequeños brillos que cruzaban frente a él. Estaba muy tentado a dar un nuevo paso hacia delante y acercarse más al símbolo... era como si alguien lo llamara desde allí y lo guiara hacia ese lugar, pero estaba decidido a no empeorar aún más la situación; temía la reacción de Kingsley cuando pudiera salir de allí.

Un par de rápidos destellos colisionaron y estallaron a pocos metros frente a sus ojos, produciendo un brillo que fue apenas perceptible. Los destellos comenzaban a multiplicarse y ser más visibles, y Harry frunció su entrecejo. No se imaginaba qué podía significar todo ese despliegue de luces que viajaban a gran velocidad ni tampoco por qué chocaban entre sí cada vez más frecuentemente, pero sí estaba seguro de que todo eso estaba sucediendo dentro de ese campo energético en el que él se había metido de alguna manera.

Las pequeñísimas explosiones duraban décimas de segundos, pero comenzaron a sucederse por todos lados y algunos segundos después sus brillos se unían a otros y parecían conformar destellos más importantes y duraderos. Harry estaba extasiado, convencido de que inminentemente algo iba a ocurrir y de que no parecía conveniente estar allí... pero seguía sin poder marcharse, como si estuviera bajo el influjo de algún hechizo inmovilizador que le permitía mover sus miembros pero sin poder trasladarse.

A esa altura, los destellos eran cada vez más grandes, ahora del tamaño de una quaffle. Su campo de visión estaba prácticamente ocupado por esas explosiones que obstruían parcialmente al bosque y su extrañamente lento vaivén.

"No quiero estar aquí... no quiero este poder." Se repetía a sí mismo una y otra vez, cada vez más nervioso.

Repentinamente, se percató de que se estaban formando brillantes y etéreas figuras en el aire, alimentadas o conformadas por esas pequeñas explosiones. Las figuras vagaban lentamente por la zona alrededor del símbolo, lejos de él, y parecían crecer a medida que los destellos seguían impactando en ellas; Harry ya no quería irse de allí, era demasiado curioso como para no querer saber qué eran esas cosas, o por qué razón se estaban formando. Algún tiempo después (segundos, horas, ya daba lo mismo) las figuras, que el atónito muchacho miraba embelezado y aterrado al mismo tiempo, ya tenían casi su misma altura, y flotaban a distintas alturas a su alrededor. Ya casi no había destellos surcando el aire y cada vez que alguna de las etéreas figuras pasaban cerca de él el aire se cargaba de algo que no podía describir pero que podía sentir en todo su cuerpo.

"No quiero este poder... no lo quiero."

Esta vez, aturdido y con los nervios de punta, repitió su deseo en un susurro que emanó de su boca sin habérselo propuesto. Al instante, una de esas figuras pareció detenerse a escasos metros de donde él estaba y para su horror comenzó a acercarse, muy lentamente. Su brillo no lastimaba sus ojos y resplandecía apenas un poco más que los fantasmas de Hogwarts, y a medida que se acercaba a él comenzó a percibir un poco mejor su vaga forma. Era lo bastante traslúcido como para poder distinguir el bosque por detrás, y juraba que se asimilaba vagamente a una forma humana aunque carecía por completo de cuerpo o extremidades. A escasos tres o cuatro metros suyo, finalmente se detuvo frente a él; el cosquilleo en su cuerpo se intensificó y no le pareció para nada desagradable; no sabía qué intenciones tenían esas cosas pero estaba completamente seguro de que no eran entes malvados sino todo lo contrario. Sin embargo su corazón casi se detuvo cuando escuchó una sutil y lejana voz que pareció salir de todas partes.

"Entonces por qué estás aquí?"

***HP***

Harry tragó saliva. Observaba a esa figura etérea y fulgurante que permanecía frente a sus ojos y comenzó a creer que estaba inmerso en un sueño... o en una pesadilla. Sin embargo sabía que todo eso era completamente real, otra extraña e increíble situación para contarle a sus hijos o nietos... o incluso a sus alumnos durante las prácticas de Defensa, eso sólo si podía salir de allí con vida.

El muchacho abrió la boca, pero no estaba seguro qué debía responder, o si debía responder. La voz no pareció haber salido de esa fantasmagórica figura que tenía enfrente sino desde dentro de su propia cabeza, como si fuera sólo un eco, un eco del pasado.

"Ya has estado aquí…" Insistió la voz. "Por qué has vuelto?"

"Demonios, me recuerdan… no debe pasar mucha gente por aquí." Pensó Harry. Al muchacho le dio la impresión de que la voz ahora había sonado como si fuera una recriminación de algo que no debía haber hecho, y eso lo intranquilizó aún más; era alguna especie de magia que se hallaba muy por encima de su comprensión y francamente no deseaba que esa clase de ente se irritara.

"Yo... no quise... lo siento. No era mi intención utilizar este poder." Susurró temeroso de que no le creyeran, pero como única reacción la extraña figura se alejó de Harry y se unió a las demás, quienes vagaban errática y lentamente dentro de ese amplio campo energético. El muchacho no comprendía por qué se había activado la magia del Santuario ya que no se había acercado ni remotamente al símbolo del suelo del claro, y recordaba a Kingsley o Ron pasando más cerca del mismo que lo que él estaba ahora. Justo cuando comenzó a pensar que lo dejarían marcharse, la voz volvió a retumbar en su cabeza.

"Por qué has vuelto?"

Las figuras vagaban como si estuvieran ignorándolo. Harry pensó muy bien su respuesta ya que no quería terminar enloqueciéndose hasta la muerte como el antiguo mago del cuento celta.

"Necesitamos ayuda... necesitamos destruir un artefacto oscuro y muy peligroso."

Una de las figuras que se movían constantemente de repente se detuvo y se mantuvo allí, como colgada en el aire.

"Entonces... tú quieres utilizar nuestro poder mágico."

La figura retomó su movimiento con la voz aún sonando en su cabeza, como si hubiese sido una acusación. Harry ya tenía los nervios de punta y su cerebro trabajaba a toda máquina para no responder algo que signifique su fin; si sólo Dumbledore estuviera allí con él.

"No, no lo quiero utilizar. Es que se trata... de una varita mágica... es muy poderosa y muy peligrosa... no sabemos cómo..." Atinó a responder el muchacho casi tartamudeando, cuando fue interrumpido.

"Ya lo sabemos!" Rugió la voz, y luego prosiguió retomando su habitual tono monótono y lejano. "Ese ser oscuro la posee, lo supimos desde que quiso irrumpir en nuestros dominios. Y tú también la has poseído."

"Nunca la he querido! Nunca fue mi intención poseerla!" Contestó Harry intentando contenerse y levantando un poco su voz. La reacción de su entorno fue inmediata: una de las figuras volvió a detenerse y se dirigió hacia él, deteniéndose a un par de metros e inundando al muchacho con una nueva sensación de cosquilleo. Ya no quería estar más allí: se sentía cada vez más en peligro, y también impotente al no poder hacerse entender con ese lugar; deseaba profundamente poder volver a hablar con Hermione, tomarla de la mano, perderse en la profundidad de sus ojos...

"Eso no nos interesa. La magia negra de ese artefacto aún corre por tu sangre. Nuestros dominios no toleran ese tipo de magia y tu te has metido en ellos; eres una amenaza para nosotros." Dijo la voz; la figura se marchó y se unió a las demás pero las palabras siguieron resonando en la cabeza del alarmado muchacho. "Sin embargo tu núcleo mágico es fuerte y poderoso, te hemos mantenido vivo dentro de este campo de protección y aún no hemos destruido tu ser sólo por eso."

Harry miró el aire que lo envolvía sobrecogido, sabiendo que su vida pendía de un hilo y que estaba a la merced de esas raras entidades que deambulaban por allí dentro. El bosque seguía pareciendo casi inmóvil, como si el tiempo allí fuese mucho más lento de lo normal.

"Quiénes son ustedes? Druidas?" Preguntó Harry con un hilo de voz, lo más suavemente posible.

Otra figura detuvo su deambular mientras la voz respondía. "No somos Druidas. No somos como tú. No somos alguien. Somos la energía de nuestros Dominios, la magia que ni tú ni ningún... humano... podrá contener jamás."

Harry abrió su boca, extasiado. Estaba interactuando con la mismísima magia del bosque? Cómo era eso posible? Croaker jamás le creería cuando se lo contase; sin embargo temía que siguieran creyendo que él quería usufructuar el poder mágico del lugar.

"No quiero utilizar vuestra magia para mi beneficio. No pretendo ser poderoso ni tampoco soy ambicioso. Necesitamos deshacernos de esa peligrosa mortal Varita, y no sabíamos cómo hacerlo."

Las figuras vagaban de aquí para allá sin prestarle atención (aparentemente); le daba la impresión de lo estaban ignorando, o de que lo que él había dicho no había sido lo suficientemente interesante para esos brillantes entes como para contestarle. Después de un largo rato sin novedades, Harry volvió a arriesgarse.

"Necesitamos vuestra ayuda..."

Ahora sí, una de las figuras se detuvo y la voz reapareció dentro de su cabeza.

"No prestamos ayuda. No somos seres vivos que presten ayuda. Sus pequeños problemas no nos interesan!"

Harry bajó la cabeza abatido, cerrando sus ojos presa del fastidio. Su vida pendía de un hilo y francamente no sabía por qué lo mantenían vivo mientras esas cosas giraban a su alrededor. De pronto, pensó que quizá no se hacía comprender porque no estaba realizando las preguntas correctas; luego de algunos segundos se decidió y se arriesgó de nuevo.

"La... Varita de Saúco... pueden ustedes... decirme cómo destruirla?"

Al muchacho se le hizo un nudo en su estómago al terminar la frase; creyó por un momento que había ido demasiado lejos con su pregunta y que su insistencia sólo lo llevaría a una muerte horrible. Otra de las figuras se detuvo en el aire y brilló intensamente pero la voz no apareció.

Esperó pacientemente pero sin embargo nada sucedió. Tanto él como los demás se habían arriesgado demasiado para llegar hasta el bosque, y habían puesto sus vidas en peligro en repetidas oportunidades; sentía que valía la pena conseguir algo de información, teniendo en cuenta que de alguna manera estaba ante un ente muy poderoso que parecía ser o representar la magia de ese lugar... o de esos Dominios como ellos lo llamaban.

"La Varita de Saúco es demasiado poderosa para nosotros... sus maldiciones protectoras son impenetrables y..." Comenzó a decir Harry pero fue súbitamente interrumpido por la voz.

"Ya lo sabemos! No te atrevas a explicarnos lo que ya sabemos!" Rugió la voz, retumbando en cada rincón del cerebro de Harry haciéndole sentir un profundo dolor de cabeza. "Hemos destruido sus maldiciones protectoras en cuanto el hechicero oscuro quiso utilizarla en nuestros Dominios!"

Harry se tomaba la cabeza del dolor; el ente (o lo que fuera) parecía enfadado con su osadía y se lo hacía sentir, pero un rastro de esperanza surgió de sus adentros. Si la Varita de la Muerte ya no contaba con las maldiciones que protegían su integridad entonces Bill podía realizar la parte que le correspondía antes de terminar de destruirla: acceder a las terriblemente poderosas maldiciones que configuraban la Varita y deshacerlas una por una. Pero el gran problema radicaba en que no sabía cómo transmitírselo, y quiso voltear su cabeza para mirar hacia fuera del campo de energía que lo mantenía inmóvil para mirar hacia donde estaban Ron, Bill y los demás… pero no pudo; extrañamente no podía realizar ningún movimiento que implicara irse de allí o mirar otra cosa que no fueran esos brillantes y traslúcidos entes que merodeaban alrededor suyo. Comenzó a desesperarse.

"Entonces… la Varita de Saúco… puede ser destruida?"

La pregunta de Harry no surtió el efecto que esperaba, ya que la voz no le contestó y las figuras vagaban ignorándolo; suspiró del fastidio creyendo que no había formulado correctamente la pregunta.

"Si anulamos las maldiciones de la Varita… entonces podremos destruirla?" Arriesgó nuevamente Harry; ya que el poder mágico de esos Dominios no los ayudaría, por lo menos intentaría por todos los medios averiguar si lo que tenían planeado iría a funcionar o no.

Luego de algunos segundos, la voz al fin contestó. "Ustedes?"

Harry frunció su entrecejo y asintió con su cabeza, como si esos entes pudieran comprender su gesto.

"Ningún mortal puede destruir ese artefacto! Su magia oscura es muy superior a vuestras capacidades! Antes morirán en el intento!"

Al muchacho se le hizo un nudo en su estómago; eran pésimas noticias y según esa voz ninguno de ellos podría anular las maldiciones que le daban el terrible poder a la Varita. Bill no podría hacerlo y correría el riesgo de morir intentándolo; estaban perdidos.

Harry pensaba sin cesar, buscando encontrar un resquicio por donde seguir teniendo alguna oportunidad de destruirla. Se concentró todo lo que pudo para voltear su cabeza y mirar a Bill pero le era imposible; el nudo en su estómago crecía a la par de su desesperación por la vida del hermano de Ron, puesto que si continuaban con el plan establecido el mayor de los Weasley moriría sin remedio. Aparentemente las maldiciones de la Varita eran mucho más peligrosas que las que él rompía en Egipto trabajando para Gringott´s.

Preso del pánico, su respiración se agitó.

"Por favor! Déjenme ir y avisarle a Bill, no quiero que por mi culpa muera intentando romper las maldiciones de la Varita!" Suplicó Harry en voz alta, más para sí mismo que para los entes mágicos.

"Irte? No puedes irte, ya no."

Harry comenzó a enojarse. Qué clase de poder mágico era ese que dejaría morir a alguien sólo porque la Varita no les interesaba? Y por qué no lo dejaban ir? Acaso ese poder mágico, tan puro y tan poderoso no hacía distinciones entre alguien que buscaba aprovecharse del mismo y alguien que no tenía la mínima intención de hacerlo?

"Acaso no lo entienden? Un amigo mío morirá si intenta destruir las maldiciones de la Varita!" Masculló Harry entre dientes, conteniendo su furia. Sabía que estaba a la merced de esos entes poderosos pero ya no le importaba; sólo quería salir de allí y alertar a los demás de no continuar con el plan.

"Acaso tú no lo comprendes? No nos interesan sus artefactos ni sus intenciones!" Rugió la voz, taladrando la cabeza de Harry, quien se la tomó de inmediato por el dolor. "Sus problemas no nos competen, pero nos los han traído hasta aquí y pretenden que los ayudemos!"

De pronto, el campo energético comenzó a cambiar. Era como si el aire tomara un resplandor apenas amarillento, y comenzara a acelerar alrededor de él; parecía que su fin estaba próximo.

"No teníamos intenciones de molestarlos! Lo siento, sólo queríamos deshacernos de esa maldita Varita y no sabíamos cómo hacerlo!" Gritó Harry debido a que el aire había acelerado hasta convertirse en viento, un viento que giraba en torno a él y que no presagiaba nada bueno.

"Nunca podrán deshacerse de ese artefacto! Ustedes son mortales!"

Extrañamente, las figuras que habían estado vagando cerca suyo constantemente ahora se hallaban quietas, como si estuvieran observándolo. Quizá sólo querían ver cómo el lugar se tragaba a Harry para que éste luego apareciera en algún improbable lugar y muriera unas pocas horas después, enloquecido y con su núcleo mágico destruido por su exposición a tan pura y prístina magia… El muchacho abrió sus ojos ante la revelación de lo que acababa de pensar, y aunque muy probablemente ya era demasiado tarde para él volvió a hablar.

"Entonces… no podemos destruir la Varita porque somos mortales, pero si el núcleo mágico que la posee se expone a este… poder… se destruirá?" Gritó Harry jugando su última ficha.

La respuesta no se hizo esperar. "Finalmente has comprendido. Nuestro poder mágico es demasiado puro, y si el núcleo mágico del que la posee se expone a nuestra magia, la magia negra del artefacto que fluye dentro de su amo será destruida… junto con el amo."

"Sin embargo, por desgracia tu tiempo se ha acabado."

"No!" Gritó Harry más fuerte; el viento giraba sin cesar creando una especie de vórtice en el centro del claro, justo encima del extraño símbolo. "Déjenme ir, debo avisarles que no cometan un terrible error, acaso no lo ven? De esta forma sólo lograrán que una persona inocente y que busca el bien muera a causa de las maldiciones que quiere destruir, y que la magia negra de esa Varita subsista y siga amenazando nuestras vidas!" Rugió el muchacho.

No sabía si había sido una ilusión o algo relacionado con su inminente muerte, pero hubiese jurado que las etéreas figuras que aún permanecían observándolo parecían estar contemplando su súplica.

"No suplico por mi vida, sino por la de ellos quienes morirán absurdamente!" Gritó el muchacho, refiriéndose a sus compañeros. "Y por la de los demás, quienes nunca podrán vivir en paz si esa maldita Varita sigue siendo codiciada por magos tenebrosos!"

"Tu tiempo se ha terminado. Ya no podemos hacer nada por ti." Dijo tranquilamente la voz dentro de su cabeza. Harry miró desesperadamente a las figuras; las mismas comenzaron a brillar inusualmente, y cuando creía que todo había terminado notó que el viento comenzaba a amainar. Fueron apenas un par de segundos de esperanza, ya que el símbolo del suelo repentinamente comenzó a brillar haciéndose muy nítido, y emitir haces lumínicos hacia todos lados; seguramente era el portal por donde desaparecería y… moriría.

De repente tuvo la sensación de que alguien estaba detrás de él. Su mirada, fija en el símbolo y su comportamiento, se desvió hacia atrás impulsivamente y descubrió que esta vez sí pudo voltear la cabeza… quizá le habían concedido un pequeño y último deseo. Pero sus ojos casi se salen de sus órbitas al descubrir la silueta de Hermione, justo detrás de él.

"Hermione! Qué haces aquí, vete!" Le gritó Harry desesperado pero la chica sólo le sonrió. Era ella, sin dudas, pero incluso en medio de la batahola del viento arremolinado y de los haces de luz encegueciéndolo pudo percatarse de que no era ella; quizá sólo era un producto de su desesperada imaginación ante su inminente muerte. Mientras el viento comenzaba a circular cada vez más rápido, la chica (o lo que fuera) extendió su mano hacia él.

"Ven, Harry. Debes salir de aquí… ahora."

***HP***

La conmoción, los zumbidos y el viento se apoderaron del lugar mientras Harry sostenían fuertemente la mano de su amiga. Sólo un par de instantes después el silencio se apoderó de sus oídos. Aún mantenía sus ojos cerrados por el polvo y el feroz viento e inmediatamente se percató de que ya no sostenía ninguna mano.

Un segundo antes de abrir los ojos temió lo peor, que se despertaría en algún lugar lejano y que el extraño poder mágico del bosque de Killykeen lo hubiera contaminado y eventualmente destruiría su propio núcleo mágico. Pero cuando los abrió se sorprendió al verse parado casi en el medio del claro del bosque, justo en el mismo lugar en el que estaba antes de que fuera atrapado por ese campo energético que lo había inmovilizado.

Miró hacia atrás. El símbolo, a unos cinco o seis metros de él había dejado de brillar y lucía tal como antes, ajado y borroneado por el paso de los siglos. Luego miró a sus alrededores y al descubrir el bosque y su follaje una profunda sensación de alivio lo recorrió, sensación que lo abandonó rápidamente cuando se dio cuenta de que Hermione ya no estaba a su lado. Dirigió su mirada hacia donde estaban sus compañeros y ahí estaba ella, tirada en el suelo tal como él mismo la había dejado, inconsciente.

Afligido por la visión que había tenido y por lo que podía representar, se echó a correr hacia ella. Kingsley, Ron, Bill y Ollivander se hicieron a un lado para dejarlo pasar, con sus bocas abiertas por la mayúscula sorpresa al haberlo visto reaparecer luego del intenso y sucio remolino de viento que se había formado alrededor del símbolo del centro del claro.

"Hermione!" Exclamó Harry agachado casi sobre ella. Sus compañeros lo miraban sin comprender su extraña conducta.

"Harry, sigue inconsciente! Qué te sucede?" Murmuró Ron, aún atónito.

El muchacho miró a su amigo y se sentó en el suelo, pensando. Su cabello estaba más revuelto que nunca debido al viento, y estaba cubierto de polvo y tierra.

"Yo la vi… allí dentro."

Sus compañeros permanecían parados en el mismo lugar como si estuvieran petrificados. Sólo algunos segundos después, Ron y Kingsley se acercaron a Harry; el Ministro tomó una muñeca de la chica y dijo:

"Imposible. Su cuerpo no se ha movido de aquí, ella sigue igual que antes, Harry."

"Pero…"

"Cómo has podido salir de allí? Te vimos desaparecer algunos minutos cuando te acercaste a ese símbolo y luego…" Interrumpió Ron intentando explicar lo que había ocurrido según su punto de vista. "Y luego el viento, el fuerte zumbido… pensamos que la magia te había atrapado y que aparecerías en otro lugar… y que acabarías muerto y que…"

"Fue Hermione la que me sacó de allí dentro, se apareció allí dentro, a mi lado!" Se fastidió Harry; estaba agotado, mareado y confundido. "Ella fue la que me sacó."

Harry suspiró, bajando su cabeza. Quizá había sido producto de su imaginación después de todo, o quizá fue la forma en la que esos extraños y brillantes entes habían elegido para sacarlo de allí y evitar que muriera irremediablemente en manos del enorme poder mágico del lugar. Quizá los entes no eran reales sino también un producto de su imaginación, la manera en la que la magia del bosque se había representado a sí misma dentro de su mente. Cómo les explicaría todo lo que había vivido allí dentro a ellos? Lo creerían demente, pero le habían sucedido tantas cosas extrañas que una más…

"Dices… que Hermione te sacó de ese… sitio?" Preguntó Kingsley anonadado.

"Estuve allí largo rato, no me podía mover. Creía que el símbolo me tragaría y que moriría pero unos instantes antes de que sucediera ella apareció a mi lado y me tendió su mano. Estoy seguro."

Sin embargo al verla allí, inmóvil, comenzó a convencerse de que la presencia de su amiga había sido fruto de su mente desesperada y enloquecida; la magia de ese lugar había manipulado su cerebro y había elegido el recuerdo de Hermione para ayudarlo a salir de allí… a la única persona a la cual le confiaría su vida sin titubear un segundo.

"Te creímos muerto, Harry. No sé en qué demonios estabas pensando cuando te acercaste al símbolo." Le reprochó el Ministro apoyándole una mano en su hombro.

"No se acercó tanto, Kingsley. Yo mismo he pasado por allí más cerca de lo que él lo hizo." Lo defendió Bill.

"Dicen que el poder mágico del lugar se activó conmigo ya que… bueno, ya que sigo contaminado por el poder de la Varita de la Muerte." Explicó Harry en un tono monótono.

Sus tres compañeros lo miraron sin emitir palabra. "Dicen? Quién?" Preguntó finalmente Ron sin comprender; aparentemente ninguno de ellos había podido ver lo que Harry vio; quizá sólo habían visto el remolino de viento sobre el símbolo.

"Eso queda para después, Croaker querrá saber con lujo de detalles qué ha sucedido allí y qué fue lo que viste. Ahora acabemos de una vez con esta maldita Varita." Dijo Kingsley dirigiéndose a Ollivander; el viejo aún la tenía en sus manos, examinándola en cada detalle y pasando un dedo sobre ella. Harry creyó que sería muy difícil para él desprenderse de la vara y no le gustó un ápice la idea de ello; de pronto recordó las advertencias de la voz que escuchaba mientras estaba atrapado dentro del campo energético.

"No!" Gritó levantándose como si tuviera un resorte. "Nuestro plan no funcionará de esa manera!"

Kinglsey se dio vuelta, sorprendido. "A qué te refieres?"

"Allí dentro…" Explicó el muchacho señalando hacia el símbolo del centro del bosque. "Me dijeron que ningún mortal puede destruir la Varita."

"Tonterías Harry! Este… poder… puede destruir las defensas externas que protegen la Varita! Sólo así podré acceder a las maldiciones que la conforman!" Dijo a su vez Bill, exasperado.

"No, Bill! Esas defensas… o como se llamen… la magia de este lugar ya las ha destruido cuando el hechicero oscuro la quiso utilizar!" Explicó Harry.

"Mejor aún! Ollivander, dame la Varita. Acabaremos con esto de una vez por todas!" Replicó el mayor de los Weasley, decidido como nunca.

"Bill, te digo que no funcionará de esa forma! Sólo terminarás muerto ya que esas maldiciones no pueden ser destruidas por ningún mortal!" Le gritó Harry exasperándose.

"Quién te dijo eso? Harry, he desactivado infinidad de maldiciones en Egipto, puedo hacerlo!"

"No, no puedes! Acabarás muerto! Los entes… o lo que fueran… ellos me lo dijeron" Volvió a gritar Harry, llenando con ecos de su voz todo el claro.

"De nuevo con eso? Nos estás diciendo que allí dentro, en algún lugar que no podemos ver… hay… entes?" Preguntó Ron sin comprender nada.

"Sí Ron! O no lo sé, sólo sé que la magia de este lugar se manifestó frente a mí de esa forma!"

Ron frunció su cara; obviamente no podía comprender lo que su amigo le explicaba.

"Harry." Dijo Bill bajando la voz. "Puedo hacerlo. Tengo defensas que me protegerán de cualquier reacción surgida de las maldiciones que…"

"Expelliarmus!" Vociferó Harry desesperado cuando vio que Bill ya la tenía en sus manos. La Varita de la Muerte voló de sus manos y cayó mansamente varios metros más atrás.

"Qué demonios haces, Harry? Acaso estás demente o se te ha metido un doxy en la cabeza?" Le recriminó Bill ofendido y sorprendido ante el repentino hechizo del muchacho de la cicatriz.

"Esas maldiciones te matarán, Bill! No me estás escuchando?" Rugió Harry aún blandiendo su varita de madera de acebo.

Bill estaba sacado de quicio, ya que quería terminar con ese problema lo más rápido posible. Miró a Ron y a Kingsley, buscando apoyo para hacer entrar en razón a Harry.

"Si Harry dice que morirás haciéndolo… no creo que sea conveniente que lo hagas, Bill." Susurró Ron, asustado ante la sola idea de perder otro hermano.

Bill miró fastidiado a su hermano y luego dirigió su mirada a Kingsley; "Si Harry dice que el plan fallará y que tú perecerás en el intento, entonces busquemos otra forma de destruirla." Concluyó el Ministro ante la airada protesta de Bill.

"Y que sea rápido. Este lugar me está poniendo nervioso y además en cualquier momento puede volver a aparecer ese hechicero de los mil demonios!" Exclamó Ron exasperado ante los constantes cambios de planes de la excursión.

"Entonces puedes dejar de preocuparte por eso, asqueroso traidor a la sangre!"

Con el corazón en sus bocas, Harry y los demás se voltearon y vieron al hechicero oscuro parado del otro lado del claro del bosque. De pronto sus cuerpos fueron maniatados por fuertes cuerdas mágicas brillantes que los envolvieron desde los pies hasta los hombros y sus bocas amordazadas, al mismo tiempo que la Varita de la Muerte volaba hacia su mano libre, convocada sin varita.

***HP***

Harry no lo podía creer. Le resultaba imposible convencerse de lo rápido que se metían en algún nuevo embrollo apenas saliendo de otro. Estaba furioso y al mismo tiempo alarmado por la insistencia del hechicero oscuro, quien se arriesgaba a perder la vida a pocos metros del epicentro del claro del bosque. Pero por desgracia Harry se percató de que el hechicero de los mil demonios había aprendido la lección ya que se hallaba parado a distancia prudencial del símbolo, y además guardó la Varita de Saúco dentro de su túnica apenas la cogió del aire cuando la convocó.

Que ese extraño hechicero no pudiera utilizar magia negra allí en aquel lugar no tranquilizaba a Harry en lo más mínimo; era lo suficientemente poderoso y fuerte como para matarlos a todos sin tener que apelar a su verdadera fuente de magia. Presa del pánico, intentaba zafarse de las cuerdas pero sabía que era infructuoso. Todos sus compañeros habían caído al suelo del claro de costado al tener sus piernas atadas fuertemente, y se hallaban retorciéndose buscando la forma de deshacerse de las ataduras mágicas; Harry se había caído casi al lado del cuerpo de Hermione, casi en el mismo lugar en donde se hallaba parado unos segundos antes.

"Imbéciles, creyeron que me iría de aquí sin mi Varita?" Dijo el hechicero entre dientes, en un tono frío y lleno de furia; Harry creía recordar que su nombre era Patrichs pero no estaba seguro.

"Oh, es verdad. No pueden hablar." Volvió a decir, esbozando ahora una media sonrisa francamente horripilante que congelaba la sangre. Dio unos pasos hacia ellos, seguramente para regodearse con su victoria.

"Así que querían destruir la Varita de Saúco, no es verdad? Qué… ignorantes." Murmuró, haciendo énfasis en la última palabra. De pronto, un rápido movimiento de su varita arrancó un ahogado grito de dolor en Harry; un silencioso e inesperado hechizo del hechicero oscuro cortante le produjo un tajo enorme en el lateral de su pierna derecha. Pero al mismo tiempo se produjo una explosión y el hechicero oscuro fue arrojado un par de metros hacia atrás, cayendo aparatosamente de espaldas al suelo.

"Maldición! Maldito bosque, destruiré cada árbol de este maldito bosque!" Gritó enfurecido el hechicero mientras se levantaba; aunque adolorido, Harry suspiró aliviado. Hermione tenía razón al final de cuentas: la clase de magia efectuada dependía del mago y de sus intenciones. Al parecer su maldición cortante era alguna clase de magia negra que era rechazada por el santuario.

El oscuro hechicero terminó de levantarse y furibundo apuntó su varita hacia los árboles. Estaba fuera de sí, y si fuera por él no quedaría en pie ningún árbol del bosque mágico. Pero antes de lanzar un nuevo hechizo pareció pensarlo dos veces y comenzó a reír siniestramente a carcajadas, haciendo que los vellos de la piel de Harry se erizaran.

"Ya lo entiendo! Así que no puedo hacer mi magia aquí? Entonces me iré, y los mataré a todos fuera de este asqueroso bosque!" Siguió gritando y riendo el hechicero, girando sobre sus pies para asegurarse de que sus gritos y amenazas se esparcieran por todos los rincones del claro.

A Harry le quedaron claro dos cosas: que el hechicero oscuro estaba completamente loco, lo que lo hacía más peligroso todavía, y que además era lo suficientemente inteligente como para aprender de sus errores rápidamente. Y cuando el hechicero pasó cerca de él y de los demás (que aún estaban maniatados y tirados en el suelo) y sus cuerpos comenzaron a levitar algunos centímetros por sobre la hierba, Harry comenzó a temer por su vida y por la de los demás. El hechicero oscuro los llevaría levitando con un hechizo locomotor fuera de los límites del Santuario Druida y una vez allí no dudaría en asesinarlos a todos… seguramente con la Varita de la Muerte.

De pronto, sintió que el cuerpo de Hermione (que levitaba detrás de él) cayó al suelo del claro. Un destello y un grito ahogado fueron prueba de que el hechicero había sido sorprendido sin poder defenderse ya que sus energías estaban concentradas en el hechizo locomotor múltiple. Al instante, todos cayeron al suelo del claro, casi en el mismo lugar en el que estaban antes.

Harry intentó zafarse de sus ataduras pero seguían firme; vio a Hermione pasar corriendo cerca de él y se agachó sobre el cuerpo de Kingsley. Un par de segundos después el Ministro estaba levantado sacándose de encima las cuerdas rotas y buscando con su mirada al hechicero oscuro.

"Muy bien hecho Hermione! Ahora ve y desata a Harry, me encargaré del hechicero!" Ordenó Kingsley mientras Hermione terminaba de desatar a Ron, pero la chica quedó petrificada y con sus ojos muy abiertos al ver a Harry y percatarse de que su amigo estaba vivo y de que no había sido asesinado.

"Hermione! No tenemos tiempo, desátalo ahora!" Le gritó el Ministro desesperado, pero al ver que la chica no reaccionaba él mismo fue hacia el cuerpo maniatado de Harry y con un hechizo de su varita cortó las ataduras que lo mantenían inmóvil.

Harry pudo ver la expresión de su amiga, una mezcla de profunda sorpresa y de alegría, sólo por un par de segundos; un hechizo (Harry creyó que se trató de un depulso) impactó en el cuerpo de Hermione de lleno y la lanzó varios metros, incrustándola en el follaje del borde del claro.

"No! Hermione!" Gritó Harry, al tiempo que Kingsley tuvo que conjurar un escudo protector para absorber un nuevo ataque del hechicero oscuro contra él. Harry se levantó y tomando rápidamente su varita contraatacó, obligando al hechicero a defenderse con otro escudo; Ron hizo lo mismo y también comenzó a lanzar hechizos contra el insistente y peligroso mago oscuro.

Los hechizos comenzaron a volar en ambas direcciones, y tanto Harry como Kingsley y Ron atacaban y se defendían como podían de los embates del hechicero, quien se había replegado y se hallaba a varios metros de ellos. No podía practicar magia negra, y aún así era lo suficientemente poderoso como para mantener a raya a los tres al mismo tiempo, ya que su escudo protector era muy fuerte y se mantenía firme pese a absorber hechizos desde tres lugares distintos.

Harry, cansado y agotado por el intenso ajetreo del día, creyó que no podría sostener por mucho tiempo más su protego, y observando a pocos metros del hechicero un enorme tronco y macizo tumbado sobre un árbol en pie se concentró en él y con un fuerte hechizo flipendo lo lanzó violentamente sobre el mago que se hacía llamar Patrichs. Éste apenas tuvo tiempo para girar su cabeza y verlo venir, pero no tuvo reacción y el enorme tronco lo embistió a la altura de su pecho, arrojándolo varios metros hacia el centro del claro del bosque. Tanto él como el tronco cayeron al suelo estrepitosamente, pero el hechicero oscuro se llevó la peor parte: había caído casi sobre el símbolo que permanecía borrosamente dibujado en el centro del claro.

"Bien hecho Harry!" Lo congratularon Kingsley y Ron al mismo tiempo. Pero Harry estaba de pie con su varita apuntando hacia el hechicero, quien adolorido intentaba levantarse del suelo; en vilo, esperaba que el poder mágico del lugar se activara y se lo tragara para siempre.

Ni dos segundos habían pasado cuando el bosque no lo defraudó. Una fuerte corriente de aire, mucho más fuerte de las que habían visto allí, rodeó al hechicero al tiempo que un grave e intenso zumbido llenó íntegramente el lugar, retumbando molestamente dentro de sus cabezas.

"Aléjate Harry! No quiero que esa cosa te trague de nuevo!" Gritó Kingsley, quien junto a Ron permanecían parados con sus varitas listas, por las dudas. Los tres compañeros tenían que taparse los ojos con la mano libre debido a la increíble cantidad de polvo y desechos del suelo del claro que fueron lanzados hacia el remolino de viento.

"Kingsley! Harry! La Varita!" Gritó a su vez Ron, haciendo que el corazón de Harry se paralizara: en la estrepitosa y aparatosa caída del malherido hechicero, la Varita de la Muerte se había salido del interior de la túnica en donde la guardaba y yacía a un par de metros de él. La misma, más pesada que los desechos que volaban por el aire, aún permanecía quieta sobre el suelo pero Harry sabía que cuando el endemoniado viento tomara más fuerza la perderían para siempre.

Y cuando estaba a punto de convocarla con su propia varita de acebo, recordó repentinamente las advertencias de las extrañas y etéreas figuras cuando él mismo estuvo dentro de aquella clase de vórtice mágico.

"Nuestro poder mágico es demasiado puro, y si el núcleo mágico del que la posee se expone a nuestra magia, la magia negra del artefacto que fluye dentro de su amo será destruida… junto con el amo."

Ahora sí la advertencia tuvo sentido para Harry. No se trataba de destruir la Varita ya que ningún mortal podría hacerlo sin morir en el intento, sino de destruir su magia, la cual fluía a través de su poseedor…

El hechicero pareció volver en sí, y aterrado por lo que estaba sucediendo quiso levantarse y salir de allí, pero no pudo; tal como le había sucedido a Harry. Pero su vista localizó la Varita de Saúco en medio del polvoriento remolino y en su infinita y estúpida ambición comenzó a arrastrarse hacia el símbolo, estirando su mano para tomarla.

"No! No tomarás la Varita, maldito demente!" Rugió Ron, quien viendo que el hechicero se aprestaba a agarrarla apuntó su varita para intentar sacarla de allí y alejarla de su mano.

"Déjalo Ron! Deja que la tome!" Gritó Harry elevando su voz por el intenso sonido del viento cada vez más fuerte.

"Estás loco? Todavía tenemos que destruirla!" Le contestó el pelirrojo exasperado con otro grito y con sus cabellos rojos moviéndose descontroladamente por el viento que los azotaba.

"Te digo que dejes que el hechicero la agarre!" Gritó enfurecido Harry.

"Estás seguro de lo que estás haciendo?" Dijo Kingsley dubitativo, quien pese a estar casi a su lado apenas lo oyó.

"Eso espero", murmuró Harry.

En ese preciso momento, el hechicero pudo estirar su mano un poco más y acabó por tomarla. Al instante el vórtice se llenó de pequeños destellos brillantes que viajaban a gran velocidad alrededor del símbolo y del hechicero que estaba casi sobre él. El zumbido aumentó su intensidad hasta niveles casi insoportables para los tres compañeros, quienes tuvieron que taparse sus oídos, y el remolino de viento comenzó a aumentar paulatinamente su velocidad. Apenas podían ver al hechicero entre tanto polvo y desechos, y Harry temía que la Varita se le escapara de sus manos o peor aún… que se percatara de su error y la soltara.

Pero nada de eso sucedió. El viento ya había tomado ribetes huracanados y tanto él como Ron y Kingsley comenzaron a retroceder precavidamente para alejarse un poco más de esa destructiva batahola. Los destellos colmaron el lugar y pequeñas explosiones comenzaron a aparecer por doquier; Harry intentó explicarles que eso mismo había visto él cuando estuvo dentro del vórtice pero desistió ya que jamás lo podrían escuchar en esas condiciones.

Y cuando el enorme y furioso remolino de viento crecía hasta terminar arrinconando a los tres compañeros y a los cuerpos aún maniatados de Bill y Ollivander casi sobre los límites del claro en donde comenzaba el tupido follaje del bosque, el vórtice mágico repentinamente colapsó sobre sí mismo en dirección al símbolo brillante del centro, y un instante después se produjo una explosión lumínica que arrojó despojos y piedras hacia todas direcciones. La onda expansiva de la explosión literalmente barrió todo lo que estaba en el claro del bosque, inclusive a Harry y sus compañeros, quienes como si no pesaran nada fueron lanzados hacia fuera del claro violentamente y arrojados sobre el follaje y los árboles del bosque.

***HP***

Harry abrió los ojos pero sólo podía ver formas borrosas. La súbita explosión aún retumbaba en sus oídos y como consecuencia de ello un molesto zumbido parecía instalado en su adolorida cabeza; tanteó sus alrededores pero no pudo ubicar sus gafas, aunque pudo percatarse de que se hallaba tirado en el suelo del bosque, rodeado de plantas y pequeños arbustos. Su cabeza estaba sobre un tronco tirado en el suelo, y quizá el golpe luego de aterrizar allí le había hecho perder la conciencia.

"Harry!"

La voz de Kingsley acercándose resultó música para sus oídos y vio su figura agacharse sobre él, tapando el débil resplandor que provenía de los pocos rayos de solo que se filtraban por entre las copas de los altos árboles.

"Estás bien? Toma tus gafas." Le dijo el Ministro. Cuando Harry se las puso, vio el lamentable estado del ex Auror, sucio y con varias lastimaduras en su rostro, y con su túnica hecha harapos.

"Qué sucedió? Qué pasó con el hechicero?" Preguntó Harry levantándose abruptamente al recordar todo lo que había acontecido.

"Calma muchacho. Todo acabó." Le respondió, pero Harry se lanzó a correr hacia el claro desesperadamente, tenía que asegurarse de que el hechicero había sido destruido junto a la maldita Varita de la Muerte. Trastabilló sintiendo un profundo dolor en su pierna derecha por el hechizo cortante que había recibido pero no le importó, debía llegar al claro.

En cuanto llegó al lugar, se frenó de golpe y buscó desquiciado cualquier indicio que le indicara que algo había salido mal, pero no había nada allí. Era como si nada hubiera ocurrido. No había rastros de desechos ni de escombros ni de nada, ni siquiera del hechicero oscuro.

Harry sonrió.

Con el corazón acelerado y temiendo desilusionarse por enésima vez en su vida, dio unos pasos por el claro mirando en todas direcciones, pero no había nada que ver allí. Sólo podía distinguir el ahora borroso símbolo en el medio del claro, al cual no pensaba acercarse nunca más en su vida.

Harry comenzó a reír.

"Sí! Sí! Sí!" Comenzó a gritar, levantando sus brazos en éxtasis.

"Harry!" Oyó que exclamó Kingsley cuando llegaba a su lado, cojeando. Su negra calva brillaba por el sudor pero estaba sonriente, señal de que él compartía el mismo sentimiento que Harry.

"Se ha destruido! La Varita se ha destruido!" Exclamaba Harry sin cesar, y se fundió en un abrazo con Kingsley.

"Y como tú supusiste, el hechicero también." Dijo Kingsley tranquilamente, con la satisfacción del deber cumplido. "Tendrás que contarnos cómo diablos lo supiste, Harry. Has estado brillante."

Harry sonrió complacido. Habría suficiente tiempo para contarles todo con lujo de detalles. De hecho, pensó que a partir de ese momento dispondría de todo el tiempo del mundo; la sensación que le ocasionó pensar en tanta libertad casi lo asfixió y comenzó a respirar agitadamente, pero no le importó.

"Hey! Interrumpo?" Preguntó Ron apareciendo por entre el follaje del bosque; Harry y Kingsley se miraron y al notar que aún estaban abrazados se separaron presurosamente, y se rieron de ellos mismos.

"Cómo estás?" Le preguntó Harry poniéndole una mano en el hombro a un muy sonriente Ron.

"Bien, eso creo. Un poco golpeado." Dijo, mostrando una corredera de sangre que le brotaba de un hombro.

"Hermione!" Clamó Harry de pronto, recordando a su amiga. "Tengo que buscarla, puede estar…"

"Tranquilo Harry. Resulta que aterricé casi a su lado, ella está bien aunque está inconsciente de nuevo. Debe haber recibido otro golpe en su cabeza cuando fue lanzada por el hechizo del hechicero."

Las palabras de su amigo lo tranquilizaron, pero si Hermione había sufrido otro golpe en su cabeza tendrían que marcharse de allí inmediatamente. "Debemos irnos, tenemos que llevarla a San Mungo."

"De acuerdo. Ron, ve a buscar a tu hermano y a Ollivander." Dijo Kingsley.

"Oh, ellos están bien también. Los vi mientras venía hacia aquí." Contestó Ron con un buen humor llamativo.

"Perfecto, tráelos para marcharnos. Yo iré a buscar a los mortífagos que atrapamos, deben estar esparcidos por todo el bosque." Dijo Kingsley yendo hacia donde creía que los encontraría. Si habían sido arrojados (como ellos) por la onda expansiva, tardaría tiempo en encontrarlos pero los necesitaba para entregarlos al Ministerio y justificar así su nueva ausencia a su cargo.

"Harry, intenta convocar a tu escoba desde aquí, la necesitarás para tu primer práctica de este próximo lunes en el Puddlemere. No debe estar muy lejos. Oh, y no iremos a San Mungo. Nos las tendremos que arreglar con Poppy y con la enfermería de Hogwarts." Les gritó mientras se alejaba.

"Estamos todos heridos, Harry. Llamaremos demasiado la atención si vamos a San Mungo, y se enterarán en el Ministerio." Explicó Ron ante el gesto de incomprensión de Harry. "Quieres que te ayude a buscar la Saeta de Fuego que perdiste?"

"No creo que sea necesario. Mira." Dijo Harry. Acto seguido se sacó la sucia y rotosa chaqueta y dejando su hombro tatuado a la vista lo tocó con la punta de su varita. Súbitamente, el tatuaje que él había elegido como sistema de seguridad cuando compró su escoba cobró vida y sus iniciales doradas sobre el escudo de la empresa fabricante parecieron resplandecer; algunos segundos después la Saeta de Fuego Serie 97 apareció volando por entre los árboles hasta acabar mansamente en la mano derecha de Harry.

"Brillante! Así que para eso servía ese tatuaje, además de darte ínfulas!" Rió el pelirrojo.

Harry también rió, y sólo espero algunos segundos para sacarse la duda. "Estás… de muy buen humor, Ron. No es que no me guste verte así, pero… te encuentras bien?"

Ron, como toda respuesta, le sonrió aún más. Luego dijo: "Recuerdas lo que me pidió George? Bueno, cuando abrí mis ojos luego de ser arrojado por la onda expansiva me di cuenta de que mi cara estaba sobre un enorme montón de pequeñas plantas como ésta."

A continuación le tendió una mano y le mostró su palma abierta; allí descansaba una pequeña planta… un trébol de cuatro hojas.

***HP***

Era un soleado domingo en donde el frío casi no se sentía en Escocia, algo desacostumbrado para esa época del año. El castillo de Hogwarts estaba prácticamente desierto temprano por la tarde, y los alumnos aprovechaban lo que era quizá el último día de agradable temperatura y sol antes del crudo invierno que se avecinaba. Estaban desparramados por todos los rincones de los terrenos, desde la orilla del lago hasta los jardines que colindaban con el estadio de Quidditch, acostados sobre la hierba platicando entre ellos o con cantidades de libros abiertos, estudiando febrilmente.

Todo eso había resultado ser bueno para el contingente de heridos que había arribado al castillo un par de horas atrás. Recibidos por un sorprendido y preocupado Hagrid en los portones de la entrada, se encaminaron inmediatamente hacia la entrada principal en donde los esperaba la directora McGonagall con su acostumbrado ceño fruncido cuando algo se salía de los parámetros normales. Y también había resultado bueno que no se hubieran cruzado con nadie en su trayecto hacia la enfermería ni en el pasillo del tercer piso ya que todos ellos eran especialmente reconocibles, en particular dos de ellos, uno por ser el Ministro de Magia y el otro por ostentar una curiosa cicatriz en forma de rayo sobre su frente.

Un par de horas después todos ellos se hallaban mucho mejor y sus heridas comenzaban a sanar gracias a los cuidados de Madame Pomfrey. La herida cortante de la pierna de Harry casi había desaparecido, y según le habían dicho en un par de días ya no habría rastros de ella; por su parte, Bill y Ron también estaban bien, aunque todavía cansados por el intenso trajín y por las emociones vividas en Irlanda. Hermione era la única que aún debía mantener reposo en una cama. Harry la veía bien y sin síntoma alguno del golpe en la cabeza que había sufrido (aunque con un enorme vendaje que le cubría de la frente para arriba) pero la notaba pensativa, aún cuando le habían relatado lo que había sucedido y cómo pudieron finalmente deshacerse de la Varita y del hechicero oscuro al mismo tiempo.

Kingsley se aprestaba a marcharse ya que debía presentarse en su despacho; apenas habían llegado a Hogwarts, convocó a un Auror para que lo ayudase a trasladar a los mortífagos apresados y se desaparecieron rumbo al Ministerio; volvió una hora después para asegurarse de que todos se hallaban bien.

"Bien, debo irme." Dijo, levantándose. "No se imaginan el jaleo que me espera en el Ministerio. Cuando me vieron entrar en el Atrio con los tres mortífagos capturados… bueno, la noticia se esparció como reguero de pólvora por todo el Ministerio."

"Han podido encontrar a Selwyn?" Preguntó Harry.

"No que yo sepa, ya aparecerá."

"Muerto, espero." Murmuró Ron.

"Ron!" Se quejó Hermione.

"Qué? Acaso no es lo que le espera? El idiota se creyó que se escaparía utilizando esa… magia o lo que fuera…" Se defendió el pelirrojo.

"Hablando de esa magia, Croaker está ávido de verte y que le cuentes cada detalle de todo lo que ocurrió en el bosque." Dijo Kingsley refiriéndose a Harry, quien asintió con su cabeza.

"Y me temo que tendrán que ir un día de éstos al Ministerio, a atestiguar todo lo que sucedió."

Cuando Bill y los tres amigos lo miraron desquiciados, el Ministro continuó explicando. "Por supuesto que no diremos nada sobre la Varita de la Muerte? Acaso me creen orate? Pero si los mortífagos declaran todos sabrán que ustedes también estuvieron allí, así que es conveniente no ocultar lo sucedido y que la comunidad mágica sepa que algunos de los que se habían escapado ya no representarán un peligro nunca más."

"Y qué sucederá con ese hechicero oscuro? También lo darán a conocer?" Preguntó Hermione.

"No, pero la Oficina de Aurores y el Departamento de Misterios querrán saber sobre él y sobre sus capacidades y poderes, por lo menos eso me imagino yo."

Se hizo un profundo silencio cuando Kingsley dijo lo que dijo, y todos seguramente se pusieron a considerar lo que había ocurrido y los peligros en los que se habían metido en sus dos viajes a Irlanda. Harry rogaba internamente que haya sido la última de sus aventuras, no quería pasar su vida visitando la enfermería de Hogwarts o San Mungo, y menos aún volver a ver a Hermione internada por haberlo seguido a él y a sus problemas.

El muchacho miró a su amiga, y seguía creyendo que ésta parecía preocupada u ofuscada por algo. Harry se sentía feliz y aliviado, sentimientos que crecerían a medida que los días pasaran y que la sensación de haberse liberado del hechicero desconocido y de la última carga que había heredado de la época de su némesis Voldemort recorrería lentamente cada circuito de su cerebro pero que al fin se sentiría feliz y libre.

Pero su amiga no parecía compartir dichos sentimientos, por el momento. Algo la estaba molestando y no podía saber qué; tenía que preguntarle.

"Estás bien?"

La muchacha lo miró fijamente algunos segundos y luego le respondió: "Ven, acércate."

Harry se levantó de su silla obedientemente (intuyó que le convenía) y se acercó a la cama en donde la chica permanecía recostada. Súbitamente lo tomó de las solapas de su chaqueta con sus dos manos y lo atrajo hacia ella; el muchacho no pudo reaccionar, sorprendido por la rapidez de movimiento de su amiga.

"La próxima vez que te dejes matar o que te entregues o que tengas un plan que de alguna forma implique que te maten o que te arrojen alguna maldición, juro por Merlín que si sobrevives yo misma me encargaré de completar la tarea!"

Harry la miraba atónito y con sus ojos muy abiertos; ahora ya sabía por qué estaba tan molesta. Hermione no le gritaba sino que utilizaba un tono neutro pero cargado de ira, y terminó de enunciar su amenaza con un gesto de furia que ratificaba que estaba hablando en serio.

"Estaba seguro de lo que estaba haciendo, Hermione! El hechicero oscuro no podía utilizar magia negra dentro de ese bosque, tú misma me lo dijiste cuando te lo pregunté mientras todos peleaban!" Se defendió Harry, dubitativo; sabía que jamás podría ganar una discusión de ese tipo con ella. "Al fin y al cabo resultó un buen plan, o no?"

Hermione abrió sus ojos incrédula. "Un buen plan? Te creí muerto, Harry! Es la segunda vez que te creo muerto, acaso no lo comprendes? Te han golpeado tantas bludgers y tantas quaffles en la cabeza que un buen plan consiste en entregarte y dejarte matar?"

"No!"

Al instante, la chica cambió su gesto adusto y de furia por uno menos atemorizante (aunque siguiera enojada).

"Nunca más Harry. Si te matan, no sé qué haría sin ti." Murmuró su amiga en un tono que rayaba la súplica y que hizo que Harry sintiera un nudo en su corazón.

"Nunca más Hermione. Te lo prometo, ya no más."

"Bien. Eso era todo lo que quería escuchar. Ahora sí, me marcho al Ministerio." Dijo satisfecho Kingsley, y saludando al grupo con su mano enfiló rumbo a la salida de la enfermería."

"Bah! Qué patético, pensé que vería correr sangre, mejor me marcho yo también!" Dijo a su vez Ron siguiendo los pasos del Ministro.

"Dónde cree que va, señor Weasley?" Protestó Madame Pomfrey cerrándole el paso antes de que llegara a la puerta.

"A comer! Hace días que no pruebo bocado!" Se quejó el pelirrojo exagerando y tomándose la barriga con su mano.

"Aún no ha tomado su última poción, y ya está usted demasiado crecidito como para hacer un berrinche! Vamos, venga!" Le ordenó la sanadora de Hogwarts, llevándolo casi a las arrastradas hacia su despacho.

"Suerte Ronald. Te veo en el Gran Comedor... eso si llegas a tiempo para la cena!" Se burló Bill marchándose.

Ron lo miró furioso mientras era arrastrado, y le siguió suplicando a Madame Pomfrey. "Pero la cena debe estar servida! Los elfos retirarán los platos en cualquier momento!"

Harry y Hermione se permitieron que una pequeña sonrisa brotara de sus labios mientras escuchaban las inútiles quejas de Ron, pero no podían dejar de mirarse. Luego de las disculpas del muchacho, los gestos de enojo de su amiga habían dado paso a la encantadora y profunda mirada de Hermione, mirada que hacía latir su corazón y que ahora, libre y sin problemas a la vista, auguraba tiempos de felicidad y de tranquilidad.

***HP***

EPILOGO

(Dos semanas después)

***HP***

"Qué tienes?"

"Hmm... no lo sé, no sé qué significa esto."

Harry bajó lentamente sus cinco cartas y las apoyó en la mesa, mostrando cuatro ases y provocando bufidos y gestos de fastidio en sus compañeros de póker.

"De nuevo Poker, Jean? Has aprendido a jugar en estos meses..." Protestó Alain, el vecino cuya casa era contigua a su casa de La Valette-du-Var en las afueras de Toulon, Francia. El mismo que, al verlo después de meses de ausencia en el vecindario mediterráneo lo había saludado efusivamente al mejor estilo francés y había convocado a un juego de póker con otros vecinos, tal como acostumbraban mientras Harry estuvo viviendo allí por algunos meses. Le parecía increíble que aún lo llamaran Jean, aunque si lo pensaba bien no tendrían por qué no hacerlo ya que siempre lo habían conocido por su falso nombre de Jean Martans, el cual se inventó al llegar a Francia escapando de sus culpas y de sus fantasmas, e incluso de su propio nombre.

"Bah, sigue teniendo suerte de principiante!" Exclamó sonriendo otro de sus vecinos, Jean-Luc, recientemente separado de su mujer por haber comprado una costosísima podadora de césped sin consultarla; Harry no pudo dejar de notar el esfuerzo que sus amigos franceses hacían al intentar hablar en inglés cuando estaban con él, y eso lo hacía sentir aceptado.

"En realidad soy un experto, los he engañado durante meses para que se creyeran el cuento y poder desfalcarlos." Bromeó Harry mientras acomodaba las fichas que había ganado en la última mano. Tanto Alain como Jean-Luc y los otros dos vecinos que estaban sentados en la mesa de paño verde rieron a gusto; a decir verdad era la primera vez que Harry tenía suerte con las cartas, algo que comenzaba a relacionar estrechamente con sus cambiantes estados de ánimo.

"Debo irme, muchachos. Cuídense, quieren?" Comenzó a despedirse el muchacho inglés, saludando con un abrazo a cada uno de sus vecinos.

"Au revoir, Jean! Prepárate para una paliza la próxima vez que vuelvas!" Le dijo Jean-Luc mientras le palmeaba la espalda.

Alain lo acompañó hasta la puerta (ya que era su casa y era un buen anfitrión) y cuando abrió la puerta el fresco aire de la tarde lo atravesó. Era una hermosa tarde en el sur de Francia.

"Adiós Harry. Esperamos verte pronto por aquí."

"Sí, vendré más seguido ahora que..." Dijo Harry correspondiendo el saludo y sonriendo ante lo que estuvo a punto de decir, sobre magos tenebrosos y varitas poderosas que ahora lo dejarían en paz. "Ahora que tengo más tiempo."

Luego del saludo y del abrazo, Harry caminó cuesta arriba rumbo a su casa, la cual se hallaba semi-oculta entre algunos altos árboles y sobre el final de la serpenteante calle que atravesaba el vecindario que al muchacho tanto le gustaba. Estaba feliz, ver a sus amigos franceses después de tanto tiempo y compartir con ellos una breve partida de ese juego tan aburrido pero que disfrutaba enormemente cada vez que lo jugaba con ellos. Con una sonrisa dibujada en su rostro llegó hasta su casa y se dio vuelta para mirar hacia abajo.

Una placentera sensación de deja-vú lo invadió, recordando sus meses viviendo en ese lugar. La vista francamente quitaba el aliento: la calle viboreaba entre casas de techo de tejas rojas y pequeños bosques hasta perderse bastante más abajo, lejos, en el pequeño y pintoresco pueblo de La Valette-du-Var. Y más allá, hacia el horizonte, la bella y gran ciudad de Toulón recostada sobre el Mediterráneo, cuyo azul profundo se mezclaba con el azul del cielo de la tarde.

Cuánto deseaba vivir en ese lugar! Sabía que no iba a ser posible por el momento ya que seguía siendo el encargado de las prácticas de la asignatura de Defensa en Hogwarts y además sus prácticas en el Puddlemere, si bien agotadoras, iban por buen camino. Aún era reserva debido a que el buscador titular se hallaba en buena forma y tenía más experiencia que él, pero faltaba sólo una semana para el inicio de la temporada de Quidditch profesional y debía estar listo por si el coach lo tenía en cuenta.

Pero internamente sabía que tarde o temprano acabaría viviendo allí. Era un lugar perfecto para él, el lugar que lo había refugiado en tiempos de tristeza mayúscula y de culpas, el lugar que con su paz y belleza lo había sacado de su depresión y de su encierro, otorgándole amigos y un nuevo hogar con el cual estaba profundamente encariñado. Era un lugar que lo tenía todo y que le ofrecía todo lo que él siempre había querido para su vida: tranquilidad, amigos, belleza... anonimato. Sólo había una cosa que le preocupaba y que estaba precisamente relacionada con su feliz anonimato allí. No podría seguir haciéndose llamar Jean Martans frente a sus amigos y en algún momento tendría que relatarles (muy aproximadamente) el porqué de su decisión sobre elegir un nombre falso para ocultarse fuera de Inglaterra, y contarles que su verdadero nombre era Harry Potter. Pero ya habría tiempo para eso.

Harry sonrió. Aún observaba el paisaje mientras el sol caía lentamente sobre las montañas cuando sintió un par de brazos rodeándole su cintura desde atrás y unos besos en su cuello. Ahora sí, todo era perfecto.

"Hola. Te fue bien?" Preguntó la voz en un susurro, el tono de voz que más le gustaba en ella.

"Sí. Gané una partida de póker por primera vez. No lo podían creer."

"Un mago tan famoso como tú jugando un juego de muggles... quién lo diría!"

Los dos amigos del alma sonrieron con ganas, mientras permanecían en la misma posición sin ninguna ganas de separarse ni un centímetro. Harry jamás había sentido tanta libertad en su vida, y jamás había sido tan feliz aunque sólo habían pasado dos semanas desde la destrucción de la Varita de la Muerte y del hechicero oscuro. A veces se desorientaba, sin saber qué hacer ante la total falta de preocupaciones y de problemas, y cuando eso le sucedía no hallaba respuestas. Su vida había sido un compendio de situaciones peligrosas e inverosímiles, repleta de amenazas y de enemigos; y ahora no había nada de eso. Era como un vacío enorme que aún le costaba esfuerzo llenar. Era increíble como tanta tranquilidad y tanta libertad podían sobrepasarlo de semejante manera.

Pero extrañamente cada vez que se sentía de esa forma su amiga del alma, su alma gemela aparecía y lo abrazaba; automáticamente su mente dejaba de divagar y de preocuparse, y su ser entero volvía a la realidad, reconfortado y contenido por el abrazo. Así era Hermione: brillante, pero lo suficientemente sensible como para detectar sus cambiantes estados de ánimo; estudiosa y responsable, pero tan cariñosa con él que había momentos en los cuales no se sacaban las manos de encima durante largos ratos. Ya no se negaba a sí mismo lo que sentía por ella, ni ella lo que sentía por él, pero todavía pasaría algún tiempo hasta que se animaran a abrirse totalmente y a demostrar sus sentimientos frente a todos. No querían dar aún ese paso, no querían enemistarse con los Weasley ni con Ron ya que sabían que tendrían que tener mucha paciencia con ellos y especialmente con el restante integrante del trío.

"Ven aquí." Dijo suavemente Harry, ubicando a Hermione delante de él y de esa forma abrazarla por la cintura desde atrás, siempre mirando el hermoso paisaje. Adoraba tomar a su amiga así, y más aún a ella ya que cerró sus ojos extasiada y apoyó su cabeza en un hombro de Harry; podría quedarse horas allí, junto a ella.

"Recuerdas la primera vez que me trajiste aquí?" Susurró la chica.

"Ajá."

"Aquí me besaste por primera vez hace meses, en este mismo lugar en el que estamos parados... y ahora que lo pienso en un día muy parecido a éste."

Harry la besó en una mejilla. La chica volteó su cabeza y besó a su amigo en la boca. Un rato después Hermione volvió a mirar hacia delante, en dirección al pueblo.

"No puedo dejar de pensar en lo que te dijo Ron hace algunos días." Dijo Hermione.

"Aquello de no sé si lo voy a poder soportar cuando nos vio tomados de la mano en el Callejón Diagonal? No te preocupes, no es estúpido. Creo que lo sabe desde hace meses o años quizá, los únicos que no lo sabíamos éramos nosotros dos." Explicó Harry.

Hermione se sonrojó y lo besó en una mejilla. Luego giró y se puso frente a Harry, y cuando se abrazaron fuertemente y se besaron en la boca el muchacho se sintió en el paraíso. Estaba en el lugar que más le gustaba estar con la chica que amaba, qué más podía pedir? Amaba sentirla cerca suyo, abrazarla y sentir sus abrazos. Amaba besarla y amaba los besos de su amiga, había tanta pasión y tanto cariño en ellos al mismo tiempo que su mente se ponía en blanco y dejaba de pensar.

Luego de un largo rato, cuando sus bocas se separaron el sol ya se había puesto detrás de las montañas, y comenzaron a prenderse las primeras luces del hermoso vecindario; Hermione sonreía, feliz.

"Ya me lo imaginaba, Harry, aunque nunca osé permitirme creérmelo. Yo también te amo." Le dijo en un susurro atrapante y sensual, y volvieron a juntar sus labios, besándose como a ellos tanto les gustaba hacerlo.

"Oh la lá, Monsieur Jean!"

Harry aguantó la risa pero Hermione no. El muchacho que lo había saludado era el hijo de uno de sus vecinos, que tenía casi su edad, y los había pillado abrazados y cariñosos cuando pasó en su bicicleta. Harry levantó su mano saludándolo mientras el joven seguía sonriendo mirándolo, con un par de pequeños niños en sendas pequeñísimas bicicletas siguiéndolo y pedaleando a toda máquina para no perder de vista al mayor.

"Sí." Dijo Hermione aún sonriente. "Es un lugar perfecto para vivir, no crees?"

"Sí, pero creo que lo dejaré para más adelante. Entre mi cargo en Hogwarts y el Puddlemere supongo que me resultará más práctico seguir en Inglaterra; además si terminaré siendo un Auror es preferible estar cerca de la acción, no crees?"

Hermione separó un poco su rostro del de Harry y lo miró frunciendo su entrecejo. "No lo sé, Harry. Te has deshecho tú sólo de Voldemort y de muchos mortífagos estos últimos meses… sinceramente no creo que quede mucho de acción."

Harry sonrió, esbozando una media sonrisa. "Una vez, hace tiempo, Dumbledore me dijo que hay que luchar, volver a luchar y seguir luchando porque sólo así se podrá mantener a raya al mal, aunque nunca se llegue a erradicarlo."

El muchacho volvió a sonreír, evocando el recuerdo de su querido ex director y mentor. Una frase que le había quedado marcada a fuego en su cerebro, entre tantas, y descubrió que echaba de menos al viejo; se sentía afortunado de haber sido tan cercano al hechicero más brillante y poderoso de los últimos tiempos.

"Siempre pensé como él, y lo sigo haciendo. El mal nunca desaparecerá ya que es inherente al ser humano, y si bien seguramente vendrán tiempos de paz y tranquilidad, creo que hay que estar preparados." Concluyó Harry.

Hermione no estaba muy feliz con su decisión pero asintió con su cabeza; lo besó largamente en la boca y luego le dijo:

"Y yo estaré allí, apoyándote."

Harry murió de amor, y se le formó un nudo en su garganta ante el cariño y la lealtad de la persona más importante de su nueva y auspiciosa vida.

"No te preocupes por eso ahora." Le dijo, tomándola de la mano y llevándola hacia su hermosa casa de paredes blancas, amplias ventanas y techos de teja roja, casi íntegramente rodeada de bellos árboles. "Quiero que me ayudes a decidir dónde demonios pondré esa biblioteca que te había prometido, recuerdas? Vendré mucho más seguido por aquí y me gustaría que vengas conmigo algunas veces!"

Hermione abrazó por la cintura a su amigo del alma mientras caminaban, sonriendo. "Algunas veces? Honestamente, Harry, vendré contigo siempre! Adoro este lugar! Y adoro los libros, amor, pero ninguno se acerca siquiera a mis deseos de estar contigo… aunque tienes un amplio espacio desaprovecho en la planta alta…" Dijo la chica sugerentemente, mientras entraban por la puerta de la casa.

O mejor dicho, del hogar que Harry siempre había soñado con tener y que un mago tenebroso le había negado. Un hogar que ahora, con Hermione dentro, comenzaba finalmente a tomar forma; y si bien sabían que los problemas y los peligros tarde o temprano regresarían, eran tiempos de paz y de tranquilidad ganada con sangre y sacrificio, con muertes de seres queridos y con una lucha sin cuartel. Ahora tocaba disfrutar de la vida y de los seres queridos, de proyectar y de planificar, de jugar para el Puddlemere o de iniciar una carrera en el Ministerio, de viajar a Francia las veces que quisieran o de quedarse en Inglaterra; se lo habían ganado con creces y nadie en el mundo mágico podría opinar lo contrario.

Porque, como bien dijo Hagrid alguna vez, lo que tenga que llegar, llegará, y ya habrá tiempo para plantarle la cara.

*** FIN ***

Otra N/A: Bueno, al fin! Espero les haya gustado porque a mí me gustó escribir esta historia; tengo pensado escribir una continuación de esta historia... pero quedará para más adelante ya que tengo mucho para estudiar! Un saludo para todos los que leyeron toda la historia, y otro más para los que se tomaron el tiempo de mandar reviews, muchas gracias y nos vemos!