Karin: Locura


Karin se encontraba frente al espejo contándole a ella sobre sus planes, hoy los pondría en marcha, ya bastante había esperado por ello. Sonrió con humor y entre una carcajada giró a verla.

─No estoy de acuerdo con eso ─replicaron desde la cama.

─No es necesario que lo estés. Sólo te estoy contando lo que haré ─le dijo sin miedo alguno─. Sasuke pagará por lo que nos hizo.

Ino negó─. Estas loca ─le dijo tomando sus cosas─. No voy a ser tu cómplice en esto. Yo me marchó ─anunció caminando hacia la puerta a lo que la peli roja gimió de forma divertida dejando aún lado el pañuelo con la que limpiaba una Runger 357.

─Alto ahí… ─le susurró despacio provocando que los pasos de Ino se detuvieran casi al instante─. No te muevas.

La rubia giró en su sitio mientras aún tenía la mano sobre el picaporte, su corazón salto dentro de su pecho al mirarla sonreír de forma perversa─. Karin, ¿qué haces? ─preguntó con voz temblorosa al verse reflejada en sus anteojos. Su respiración comenzó a acelerarse y a hacerse cada vez más fuerte al notar a aquella mujer apuntarle con el arma en la frente─. Karin… ─repitió asustada al verla quitar el seguro.

─En un trabajo limpio jamás deben de haber cabos sueltos ─la chica sonrió con despotismo al sentir el gatillo entre sus dedos.

Escuchar los gemidos y las suplicas de Ino la llenaban de placer.

─Karin por favor, no lo hagas. Te juró que no diré nada.

La mujer de ojos marrón levantó una ceja─. ¿Crees que soy tan estúpida? ─inquirió con cierto sarcasmo en su voz─. No, no lo soy ─dijo acercándose a su bello rostro mientras lo acariciaba con la punta del arma a lo que Ino cerró con fuerza los ojos─. Deberías ver tu cara ─comentó alejándose un poco─. Te ves tan patética que me dan ganas de matarte. No entiendo como pude relacionarme contigo. No eres más que una vil basura miedosa ─culminó dando la vuelta─. Es por esta razón que prefiero estar sola.

Ino la miró desde la puerta, tensa y asustada, pendiente de cada uno de los movimientos que Karin realizaba. La chica ya había perdido por completo la cordura.

─Creí que eras competencia para mí pero, me equivoque. No eres más que una insignificante rata que merece ser aniquilada.

Karin acciono el gatillo e Ino gritó viendo su vida pasar frente a sus ojos.

La rubia cayó al suelo y la mujer carcajeo.

─Ups, creo que olvide cargarla ─anunció con burla.

─¡Estas demente! ─le contestó Ino llorando─. ¡Un hombre no vale la pena!

Karin miró hacia arriba, luego trazo una mueca en sus labios─. Sasuke sí ─contestó divisándola de nuevo─. Ese imbécil era todo lo que yo tenía pero prefirió dejarme y si él no puede ser mío, no será jamás de nadie.

─¡Estás loca! ─repitió la rubia sin dejar de lado el tono tembloroso de su voz─. ¿Crees que con asesinarlo lo resolverás todo?

─No, talvez no pero al menos pagara por todo lo que nos hizo.

─¿Y tú? ¿Qué hay de ti? ¿Qué pasará contigo?

─¿Para mí? ─inquirió ella con un ademán mientras se tocaba el pecho─. Para mí ya no hay nada así que ya no tengo nada que perder ─le dijo colocando las balas en su sitio.

Ino tanteó la puerta a sus espaldas observando como nuevamente Karin le apuntaba, la miró ladear la cabeza y a través de sus gafas pudo notar la perversión de su mente consternada.

─Fuiste una buena amiga, de eso no me cabe la menor duda ─Ino alcanzó a escucharla─. Sin embargo, de nada me sirves ya.

Los ojos marrones de Karin se iluminaron con un terrible brillo al ver a Ino tropezar con sus mismos pies al intentar escapar. La chica logró abrir la puerta pero no alcanzó a salir porque en eso la peli roja elevó el arma, apuntó hacia ella y disparo.

Ino chocó contra el marco de la puerta al escuchar el sonido estruendoso de la bala cortar el aire que lastimo sus oídos por el lugar cerrado en el cual se encontraban. La expresión que dibujo en su rostro al ser penetrada hizo que la fascinación de Karin aumentará, esta, sonrió con malicia al ver como una mancha de sangre estaba salpicada sobre la puerta blanca.

─Lo siento ─se disculpó con hipocresía mientras bajaba a revisarla.

Ino estaba recargada en la entrada respirando con dificultad. El dolor que ella sentía era demasiado, aun así consiguió mirarla; su vista se estaba opacando y su cuerpo se estaba debilitando.

La mujer la miró por unos instantes, la bala había penetrado bajo su clavícula.

─Que estúpida fui al creer en ti ─con mucho esfuerzo Ino logró articular. Todo su cuerpo comenzaba a fallarle.

─¿Por qué no te mueres de una vez? ─inquirió Karin con fastidio mientras se iba poniendo de pie─. Sólo me estas retrasando.

Ino sonrió negando─. Porque eso sería facilitarte las cosas ─dijo escupiendo un poco de sangre─. Karin, no voy a morir aquí, te lo aseguró ─advirtió la rubia mientras unos cuantos hilos de sangre resbalaban por su boca al tiempo en que sus ojos se iban cerrando.

La mujer de gafas suspiró con pesadez, luego negó.

─Ino… quise evitarte un poco de dolor al darte una muerte rápida pero… supongo que te lo tenías merecido ─dijo guardando el arma, la miró una última vez y sin volver a pensarlo abrió la puerta sin sentir ninguna clase de remordimiento.

Karin no sentía nada, no había ninguna clase de dolor o preocupación en su rostro que indicara que se sentía mal, al contrario, ella disfrutaba de ver a Ino desangrarse lo cual le provocaba una extraña sensación que no podía describir con exactitud.

El pequeño charco de sangre que la chica estaba dejando corrió bajo sus pies, sentir aquel líquido viscoso dejo en ella una sensación cálida. Karin la miró mover de nuevo sus labios mientras intentaba tristemente levantarse del suelo.

─Por favor Ino ya no te muevas o lo ensuciaras todo ─le dijo al verla caer una vez más en la madera.

Ino ya no tenía fuerzas aunque pudo llamarla apenas y con voz─. Karin, tu obsesión terminará por matarte ─bisbiseó mientras sus pupilas se iban apagando a lo que la mujer se quejó en medio de una blasfemia.

Karin chasqueó los dientes, guardó silencio y espero unos segundos más hasta que finalmente Ino dejo de murmurar.

Sacó su celular y le marcó a un amigo el cual ya la estaba esperando en el el lugar donde ambos habían quedado, luego salió de aquel lugar sin volver a mirar atrás.

.

.

.

Continuará…