Disclaimer :Todos los personajes y lugares que aparecen en el fic pertenecen a J.K. Rowling; a excepción de Cassandra Nayron, Anne Sullivan, Eric Misdet, Evelyn Grams y todo lo relacionado con la Fundación Seward.

Para Sara y Biank. ¡Felicidades adelantadas! :D


Capítulo 34: El valle de Godric

- Es una estupidez. – repitió Casey, levantándose de un salto del sillón. – Dejar la escuela, ¡con lo que estamos aprendiendo, Remus!

El chico desvió la mirada hacia la ventana como si la conversación no fuera con él. Aún no sabía por qué llevaban tanto tiempo discutiendo si ya lo había decidido. No había vuelta atrás, por mucho que Casey insistiera en su rematada insensatez por abandonar las clases.

- Llegará el día en que me canse de oírte llamarme estúpido, ¿sabías? – repuso Remus con una fría tranquilidad. – Para ti todo es mucho más fácil.

- Claro, es tan fácil que ni siquiera sé con exactitud dónde viven mis padres. – ironizó la chica, acercándose a la ventana para entrar en el campo de visión de su amigo. - ¡Qué lástima! Teniendo una vida tan fácil y ¡no me había dado cuenta! Deja tu papel de víctima para otro que pueda tenerte lástima.

Remus no cambió el gesto, parecía que los comentarios de Casey no le afectaban en lo más mínimo. Su semblante seguía siendo serio, indiferente, frío.

- ¿Vamos a jugar a quién es más víctima que quién? Porque tengo la impresión que por una vez puedo ganar en algo.

- Vete al infierno. – masculló Casey, entrecerrando los ojos.

Se apoyó en el quicio de la ventana y miró al exterior, observando con parsimonia a la poca gente que pasaba. Se sentía enfadada, más con ella misma que con el propio Remus. No sabía por qué, pero no era la primera vez que no eran capaces de terminar civilizadamente una conversación. Si no era la ácida ironía de él, eran sus propios gritos. Y en el fondo Casey no quería discutir con él...¡por Merlín, era uno de sus mejores amigos!. ¿Cómo habían llegado a aquella situación? Imposible que fuera únicamente porque el chico fuera a dejar la fundación. De hecho entendía que Remus aceptara un trabajo, tenía muchas más facturas que ella que pagar. ¿Pero por qué seguían discutiendo?

A Casey le dolía ver cómo su amigo se degradaría a ser un mulo de carga en unos grandes almacenes muggles mientras todo su futuro se iba diluyendo. Mientras veía cómo el sol se iba ocultando en el exterior, Casey recordó a Peter. Se recriminó a sí misma en silencio por ello.

Porque aquellos días en casa de Sirius había tenido que aguantar demasiada charla sobre Remus y la repentina escasez de confianza que tenían en él. Ella ya estaba agotada de seguir defendiéndole y que el chico, las veces que había aparecido, no diera señales de querer cambiar la opinión de ninguno de sus amigos. ¿Y no era aquella una actitud extraña?. Lo era, incluso para el huraño Remus J. Lupin.

Y Casey lo sabía y aunque luchaba, la duda había anidado ya en ella. Pero tendría que ser más fuerte, porque si Remus estaba raro no era por ser parte del otro bando; era por la traición que Peter ya le había achacado. Y Sirius no ayudaba precisamente.

- Casey.

La chica tardó unos segundos en reaccionar y cuando se dio la vuelta Remus estaba en la puerta de la habitación. Sirius estaba al lado de ella, tendiéndole la mano. En su rostro no había rastro de sonrisas, era una clara mueca de incomodidad. ¿Por qué habían llegado a aquel extremo?

- ¿Te ha dicho Remus que piensa dejar la fundación? – soltó Casey de repente, sin más saludos que una mirada rápida. Mientras hablaba, miraba directamente a su amigo. – A este paso me voy a quedar sola en clase.

- Así que te vas. – comentó Sirius, volviéndose hacia el otro chico. – Quizás es lo mejor con los tiempos que corren.

Casey, asombrada, se giró y encaró a su novio.

- ¿Hay algo que quieras decirme? Porque si es así, dilo. ¿No estamos en esa fase donde cada uno suelta una estupidez y todos van haciéndole caso sin discutirle? Aprovecha, lo mismo me dejo llevar.

- Me voy porque tengo un trabajo que no me permite seguir yendo a las clases. – intervino Remus, cruzado de brazos junto a la puerta. – Pero creo que tienes razón, Canuto. Los sustos no cesarán hasta que la fundación no haya cerrado.

Sirius notó, de nuevo, que Remus seguía llamándole por su apodo. ¿Cuánto hacía él que no lo llamaba Lunático?

- Ni se te ocurra insinuar nada de dejar las clases, Sirius. – le amenazó la chica, mirándole con fiereza.

- No es mala idea y lo sabes.

- Ni se te ocurra. – repitió ella, lentamente, pronunciando sílaba a sílaba.

- ¡Es peligroso! – exclamó Sirius, olvidándose por completo de la presencia de Remus. – Y no me digas que no lo es, porque los mortífagos ya han estado allí.

- ¡Y nunca me ha pasado nada! – respondió la chica, enfadada. - ¿Acaso no crees que puedo cuidar de mí misma?. ¿Eso es lo que piensas?

- Deberíais calmaros, no creo que sea el momento de...

- No es asunto tuyo, Remus. – le cortó Sirius, sin ni siquiera darse la vuelta para mirarle.

Y Remus no hizo nada, salvo quedarse callado, observando con cierta tristeza cómo la guerra podía afectar a sus amigos. Pero Casey, lejos de tranquilizarse, se soltó bruscamente de Sirius. Miró significativamente a Remus, pero él no hizo ni dijo nada.

La chica bufó y se metió de un salto en la chimenea de la habitación.

- Daros las manos y os vais al infierno juntos. – Casey cogió un puñado de polvos flú y antes de soltaros indicando la dirección añadió: - Y de paso, llevaos a Peter para que os haga compañía.

ooo

A pesar de la época del año en que estaban, Peter aún tenía frío cuando salió a la calle aquella tarde. Era mediados de abril y hacía casi tanto frío como en enero; o eso pensaba él. De todas formas, lo más probable es que aunque la brisa no fuera tan fresca, él seguiría caminando con los brazos encogidos en torno a su pecho.

Eric iba a su lado, hablando en susurros mientras cruzaban una calle muy céntrica de la ciudad. La multitud apenas existía ya a aquellas horas, y aún así caminar por aquella zona le había parecido lo más seguro a su amigo. Siempre lo más lejos que pudieran de las zonas mágicas conocidas en Londres.

Y Eric sabía muy bien las zonas por las que no tenían que pasar.

- El tiempo sigue pasando y no precisamente a nuestro favor. – murmuraba, mirando hacia uno y otro lado mientras cruzaba por el paso de peatones.

- Me está llevando tiempo.

- Pues que te lleve menos, Pete, que te lleve menos. – masculló Eric.

Peter tembló ante la perspectiva de lo que tenía que hacer. Sabía por qué lo hacía, no es que tuviera dudas, pero eso no quitaba que pudiera estar nervioso por ello. Y esos nervios lo estaban llevando a tardar más de lo que se suponía que debía. Aún le quedaba algo de tiempo, ya se lo habían asegurado, puesto que no era tarea fácil... Pero el chico sabía que la próxima vez no sería Eric quien le recordara el plazo del que disponía.

A lo lejos, una figura desgarbada se había quedado quieta, mirándoles a ambos fijamente. Peter se tensó, reconociendo de inmediato las facciones de la mujer, con el pelo largo y negro ondulando al viento.

Vestía entera de negro y la sonrisa burlona de su rostro la hacía más aterradora de lo que ya era. Peter se quedó quieto, mirando a todos lados, temeroso de que alguien pudiera verle allí, con ella. ¿No le repetían constantemente que tuviera cuidado?. ¿Por qué allí, en medio de la calle?

Eric le dio un empujón para que caminara.

ooo

Anne tenía a Harry en brazos, meciéndole para que no se despertara mientras ella terminaba de subir las escaleras hasta la habitación del niño. Cuando lo recostó en su cuna se quedó mirándolo un momento. El pobre estaba exhausto después de haber pasado la tarde correteando con Casey y con James por toda la casa, mientras ella y Lily se habían dedicado a observarlos con diversión.

- Duerme como un tronco, no se despertará hasta dentro de un par de horas, cuando le toca comer. – comentó James desde la puerta. Sonreía, mirando con infinita ternura al niño, que se había hecho un ovillo bajo la sábana. – El té ya ha salido, ¿te quedarás un rato más?

- Claro. – respondió la chica con una sonrisa.

Mientras bajaban hacia la cocina, James le preguntó si creía que Remus iría esa tarde. Anne, ligeramente incómoda, le contestó que no estaba segura, ya que le cambiaban el horario de trabajo continuamente. James pareció algo desilusionado, aunque intentó ocultarlo con una sonrisa. Llevaba toda la tarde con las chicas allí y no es que se lo pasara mal, pero Sirius no iría hasta el día siguiente y a Remus hacía tantos días que no le veía... Viendo el cambio de semblante de su amiga, el chico decidió preguntarle si tenía noticias de sus padres. No es que fuera un tema menos doloroso, pero al menos estaba seguro que sí era más tranquilizador para ella. Los señores Sullivan habían viajado hasta Francia, donde vivían unos amigos de la infancia del padre de Anne. La chica tenía noticias de ellos cada día, normalmente a través de un teléfono muggle que ella había acabado comprando. La idea de mandar cartas con lechuzas le parecía demasiado peligrosa.

Sin embargo, la tranquilidad de Anne desapareció en cuanto hubo entrado en la cocina. Lily y Casey estaban hablando de Remus.

- Es extraño, sólo eso, Casey. – aseguraba Lily, de espaldas a la puerta, mientras terminaba de sacar las tazas para el té. – Sirius viene todos los días, incluso Peter es capaz de sacar tiempo y viene casi cada día también... Pero,. ¿Remus? Hace días que no viene.

- Está muy ocupado con el trabajo, Lily. – repuso Anne desde la puerta, con voz pausada pero severa.

- No digo que no pero...

- Lily. – James parecía de pronto enfadado. Su mujer frunció el ceño, pero no se calló.

- ¡No estoy diciendo nada malo! – repuso, sorprendida. – Sólo estábamos hablando de las visitas que tenemos desde que estamos aquí encerrado,. ¿también es malo eso?

Anne no dijo nada, aunque se detuvo en el quicio de la puerta. James, sin embargo, siguió caminando hasta situarse al lado de Lily, terminando de sacar las tazas ya que ella se había detenido. Casey permanecía al fondo de la habitación, sentada a la mesa y observando con cierto nerviosismo la escena.

- No es malo, pero suena fatal. – replicó Anne.

- ¿Nos tomamos el té ya? – intervino James con voz trémula. Su mujer y su amiga seguían mirándose fijamente.

- Yo sólo estaba haciendo un comentario, Anne. No veo por qué tienes que tomártelo a mal, es simplemente un comentario. – continuaba Lily, sorprendida y ligeramente asustada por el cariz que había tomado la conversación. – Es como si hubiera dicho que ... no sé, que mis padres hace días que no vienen. Es sólo un comentario, nada más.

- Creo que todos estamos un poco alterados últimamente, Anne. – habló Casey por primera vez, queriendo calmar el ambiente. – Tomémonos el té y ya está.

- No, ya está no. ¿Por qué todos los comentarios tienen que ser de él?. ¿Por qué a nadie se le ocurre pensar en otra persona? – de pronto, la voz de Anne había pasado de ser severa y dura a sonar triste, descorazonada. - ¿Por qué tenemos que alterarnos todos así?. ¿Por qué tenéis que desconfiar de él?

- Nadie desconfía de Lunático. – señaló James rápidamente.

- Peter lo hace. – le recordó Anne.

- Peter es un bocazas y no sabe lo que dice. – masculló Casey, levantándose de la silla.

Lily miró a su alrededor, asustada y con el corazón encogido mientras veía brillar los ojos de Anne. Se acercó a ella para abrazarla, pero Anne negó en silencio y salió de la habitación. Poco después escucharon la puerta principal cerrándose.

¿Por qué la confianza se había vuelto un bien tan frágil?

Peter llegó un par de horas más tarde. Venía muerto de frío, aunque James no se explicaba por qué, si el tiempo no era tan desapacible. Le ofreció una taza de té y lo guió hasta la cocina, donde Lily y Casey estaban dándole de comer a Harry. La pelirroja le saludó con una sonrisa, mientras Harry hacía aspavientos con las manos para que la cuchara llegara de una vez a su boca. Casey, sin embargo, gruñó un saludo y no tardó demasiado en marcharse.

A Peter no le pasó desapercibido el detalle. Que ella se fuera al poco de llegar él, sumado a las últimas conversaciones y gruñidos que cruzaban en casa, era todo lo que el chico necesitaba para confirmar lo mal que le caía. Parecía que habían llegado a llevarse más o menos bien, hasta que él empezó a mal meter contra Remus. Pero en realidad a Peter le daba exactamente igual lo que Casey pensara o dejara de pensar; a él lo que le importaba era lo que pensaran James, Sirius y Lily y parecía que eso sí estaba haciéndolo bien.

James por su parte no se dio cuenta, o no quiso hacerlo. Estar allí encerrado y que cada día que pasaba tuviera que escuchar una discusión o una queja sobre el tema del traidor de la Orden le ponía enfermo. Se resistía a creer que alguien pudiese traicionarlos, más aún que ese alguien fuera alguno de sus amigos. ¿Y Remus? Con todo lo que habían pasado, todo lo que habían compartido... era imposible imaginarlo con una capa negra y una máscara blanca. Era incapaz de verlo delatándolos, llevándolos directamente a alguna emboscada. Y sin embargo, había cambiado tanto en los últimos tiempos... Su madre, la guerra, sus problemas con el dinero... ¿no podía ser sólo eso?

ooo

Sirius estaba sentado en su habitación, colocando la ropa que había terminado de lavar y planchar un momento antes. Peter, detrás de él, le comentaba algo relacionado con un apartamento que había visto en las afueras.

- Es algo pequeño, pero tampoco es como si necesitara mucho más espacio para mí.

- Sabes que no tienes por qué irte, Colagusano. – respondía Sirius de forma mecánica. Habían tenido aquella conversación más de una vez aquella última semana. – Aquí hay espacio de sobra para los tres.

- Eso díselo a Nayron. – masculló el otro chico, cruzándose de brazos.

Sirius se giró y le miró duramente, recordándole en silencio de quién estaba hablando. Pero Peter se encogió de hombros y siguió hablando de las ventajas de aquel apartamento que había visto.

Hasta que una lechuza comenzó a picotear en la ventana de la habitación. Sirius, extrañado, se acercó para dejarla entrar y no se sorprendió cuando el ave pasó de él y se posó en un mueble, al lado de Peter. El chico cogió el pergamino y su rostro cambió ligeramente mientras lo leía.

- Vaya, creo que tengo una cita. – rió, ocultando lo mejor que supo los nervios.

Se guardó el pergamino en un bolsillo y se despidió de su amigo, saliendo de la habitación.

Pero a Sirius no le había convencido lo de la "cita" . No sabía explicar por qué, pero aquella risa supuestamente banal no le daba buena espina. De hecho, le había parecido que Peter se había puesto tenso al leer el pergamino.

Bajando las escaleras de dos en dos, alcanzó a escuchar la dirección que Peter indicaba antes de arrojar los polvos flú en la chimenea. Sirius cogió una chaqueta y se dispuso a seguirlo. Pero el patronus de Moody apareció de improviso en medio del salón.

- Reunión urgente en mi casa.

El chico maldijo en voz alta, mirando cómo la figura plateada se esfumaba frente a él. Al fondo de la habitación, la chimenea parecía estar llamándole. Maldijo de nuevo, le dio una patada a las cenizas y desapareció envuelto en llamas verdes.

Lo de Peter tendría que esperar.

ooo

Al mismo tiempo que Sirius arreglaba su ropa, Lily y James estaban en el salón de su casa, con Harry dormido en su habitación, y ellos conversando con los señores Evans y con Frank Longbottom.

Los padres de Lily solían ir al menos una vez en semana de visita, se quedaban a cenar la mayoría de las veces para poder aprovechar así más a su nieto. En aquella ocasión habían coincidido con Frank, que solía ir siempre que podía a visitar a James y a Lily. Antes iba con Alice y con Neville y dejaban que los niños jugaran juntos, imaginando lo amigos que serían en el futuro. Pero hacía unas semanas que ni Alice ni Frank se atrevían a sacar de casa al niño.

- Está enorme, incluso más que Harry, aunque evidentemente no tiene ese pelo tan revuelto que tiene tu hijo, James. – comentaba Frank con diversión.

- Ya verás como Neville llegará a envidiar a Harry por ese pelo revuelto, como tú le llamas. – James le seguía la corriente. - ¿No has visto que combina perfectamente con sus ojos? Mi hijo va a ser un donjuán, ya lo verás, Frank, ya lo verás.

Todos se echaron a reír.

- Es una pena no ver lo mucho que habrá crecido Neville. – comentaba Lily mientras recogía las tazas con un movimiento de varita. – Gracias por traernos la foto, Frank. Cuando Harry se despierte se la enseñaré, para que no se olvide de su amiguito.

Greg Evans le echó el brazo por encima de los hombros a su hija, intentando reconfortarla.

- Esto no puede durar para siempre, cariño. Seguramente pronto Harry podrá jugar con él, tranquilamente en el jardín, sin que necesitéis estar escondidos. Ya lo verás.

Los ojos de Lily se humedecieron, y aunque intentó con todas sus fuerzas no echarse a llorar delante de todos, no pudo evitarlo. Era demasiado duro estar escondidos, sin poder salir, haber abandonado todo. Pero sabía que lo haría una y otra vez si eso significaba salvar la vida de su hijo. No era el encierro lo que más le dolía; era Harry. El miedo permanente, el pánico y el terror a pensar que el mismísimo Voldemort fuera tras su hijo. Su pequeño, tan indefenso, tan débil, tan ajeno a todo.

Frank apoyó una de sus manos en el hombro de James, dándole fuerzas en silencio. Imaginaba lo duro que debía ser todo, sólo de pensar en lo que habría pasado si en vez de Harry, hubieran elegido a Neville... Aunque en el fondo, ni Frank ni Alice confiaban demasiado en ello, protegían a su hijo igual que hacían Lily y James, salvo por el Fidelio. El temor de que le ocurriese algo era desgarrador.

Con la habitación de repente en silencio, la llegada del patronus de Moody los puso a todos alerta. Antes de poder pestañear, James y Frank habían sacado ya las varitas y estaban de pie.

- Reunión en mi casa, Frank. ¡Urgente!

El auror asintió y con un gesto se despidió de todos antes de salir de la casa y desaparecerse unos metros más allá.

James se sintió repentinamente inútil. No había nada que él pudiera hacer, ni siquiera acudir a una reunión. No podría tampoco volver a la escuela, aprender a defender mejor a su familia. Se sentía como un león encerrado, un león que sabe que va a ser cazado y que, sin embargo, no puede más que sentarse a esperar a que lleguen a por él.

Frustrado e impotente, el chico subió escaleras arriba.

El león esperaría sentado, pero sacaría las garras si alguien se atrevía a tocar a Harry.

ooo

Meses después, Lily intentaría no recordar ese desasosiego cuando planeaban el cumpleaños del pequeño Harry. Anne estaba con ella contándole cómo llevaba la preparación para los exámenes mientras James corría detrás del niño, que por fin andaba solo. Se tambaleaba bastante aún y de vez en cuando se caía, pero volvía a levantarse sin llorar demasiado.

Era primeros de julio, aún faltaban semanas para el cumpleaños, pero el tema de la celebración había salido el día anterior, cuando Sirius había llegado preguntando qué podría regalarle a su ahijado. Remus también había estado allí, aunque en las últimas semanas había ido espaciando cada vez más sus visitas. Pero nadie dijo nada, quizás por Harry, quizás por el hecho de que no querían que tardara tanto en ir a verlos. Quizás porque Peter no estaba allí para recordárselo.

Y lo cierto era que el tema de la supuesta traición de Remus no había variado demasiado. Que abandonara la escuela no había servido para que Peter reafirmara sus sospechas, puesto que Casey tuvo que hacerlo semanas después... ¿iba a decir que ella también era la traidora por eso? La fundación se había ido quedando vacía, hasta los propios profesores empezaron a abandonar y a la chica no le quedó más remedio que rendirse.

No fue la única, incluso en Hogwarts los padres habían empezado a sacar a sus hijos antes de que finalizara el curso escolar. De seguir así, el próximo septiembre no tendría ni la mitad de alumnos que solían tener.

Y aquella tarde de julio, Petunia y Vernon Dursley visitaron por primera vez la casa de los Potter. Para ellos fue la primera casa que veían, ya que nunca habían ido a verles cuando Lily y James aún vivían sin tener que esconderse.

Nada más verlos cruzar la puerta principal, Lily supo que algo no iba bien.

- ¿Petunia, Vernon?. ¿A qué debemos la visita? – les saludó, con el ceño fruncido y muy sorprendida.

- ¡Ha sido tu culpa!. ¡Tú, la preferida de papá y mamá y tú has tenido la culpa! – gritó su hermana mayor acercándose a ella y apuntándola con un dedo.

Vernon tenía el rostro encendido y se había quedado parado en la puerta, sin atreverse a entrar. Miraba de hito en hito a las hermanas y a James, que había aparecido rápidamente al oír los gritos.

- Pero, ¿qué pasa aquí?. ¿Vernon, Petunia?

- ¡Venían de verte a ti, en tu estúpida casa mágica que está tan lejos! – Petunia no paraba de gritar, pero no dejaba nada en claro y Lily estaba empezando a asustarse de verdad.

- ¿Qué les ha pasado a papá y a mamá?. ¿Dónde están? – preguntó con un hilo de voz.

De repente Anne apareció al final de la entrada, con Harry en brazos. El niño se había puesto a llorar. El ruido era estresante. Petunia seguía gritando y moviendo los brazos, enfadada; Lily estaba llorando y James estaba intentando que su cuñado le dijera algo. Pero nadie se entendía. Y Anne no podía consolar a Harry. Miró angustiada a James, que se había quedado paralizado unos segundos más tarde. Estaba mirando al irritado Vernon, que al parecer había logrado articular palabra.

Cuando fue capaz de reaccionar, James se dio la vuelta y miró a su mujer con el gesto desencajado. Ella se había quedado pálida, apoyada en la pared mientras su hermana seguía gritándole que todo era culpa suya.

Tenía que ser cierto entonces.

Petunia Dursley no volvería a ver a su hermana, ni volvería a pisar el Valle de Godric jamás. Y siempre le echaría la culpa por la muerte de sus padres, aunque un accidente de tráfico fuera justamente eso, un accidente.

Lo último que Lily recordaría de su hermana mayor serían los gritos y la culpa.


N/A: Corriendo como las balas me veo xD Estos últimos días he adelantado el fic una barbaridad y ya puedo decir con exactitud cuántos capítulos nos quedan: tres y el epílogo. No sé exactamente cuándo podré terminar de escribir todo, pero mi idea es tenerlo listo antes de final de mes, para poder estudiar con tranquilidad.

Como veis, ya hemos llegado a julio. ¿Rápido, eh?. A partir de ahora ya no habrá más capítulos con tanta línea temporal, pero la acción de verdad viene ya. Gracias a las que estáis ahí siempre. Esta vez quiero dedicárselo a Sara y a Biank, por su apoyo y sus ánimos. ¡Sois unos soles! Y porque esta semana es el cumple de ambas y mi escaso tiempo libre no me permite regalaros un fic a cada una. Para la próxima vez ;)

Nasirid