Notas de la autora:
Me traigo una sonrisa de idiota con eso de que ya huele a verano (^^). Sí, sí, y tenemos las mismas cosas que hacer y todo, pero ya le ponemos otra cara, ¿o no?
Pues bueno, actu de... ¿abril? No me lo tengan en cuenta, es que ahora soy un año más vieja, ¿saben? En fin, muchísimas gracias por estar aquí otra vez, también a Aya-Takemeaway, Crimela, juliana-ch, Antotis, Fluoradolescent, Suiseki, Ley-83, Lyldane, MarianUchiha, Amy Kawaii Candy y a Ryukaze-sama por los refrescantes comentarios y las conversaciones, a la gente no-registrada a la que no puedo responder también le agradezco por el buen rato que me hacen pasar (¡eso por supuesto!) y al resto por los favs/alerts y el seguimiento. Ya sé que soy pesada, pero nunca me cansaré de decirles que ¡gracias!
Disclaimer: No importa qué haya dicho Minato en el manga, todo el mundo sabe que Naruto es de Kishimoto Masashi, y el resto de sus personajes también son sus hijos... (?)
El valor del silencio
por Shizenai
Capítulo XXXV – Mirar atrás
La última en mirarla cuando se acercó desde la lejana puerta de la casona fue Yuri, todavía tendida en el suelo y sollozando de conmoción, tal y como le hubiera prometido Suigetsu a juzgar por sus delicados labios rotos y el pañuelo empapado en bermellón que apretaba entre sus manos. Le fastidiaba verla allí, estremecida por la visión de su rostro cubierto de sangre, mientras su llanto se detenía abruptamente para perderse en recuerdos amargos que la ninja desconocía; ya la había visto así una vez, la noche en que contempló el aparatoso parto de su gata preferida.
Haruno caminó al encuentro de la banda, a menudo, entre empujones y tropiezos que Suigetsu ocasionaba al golpearle bruscamente la espalda, siendo muy consciente de que el espadachín se adelantaba mucho más aterrorizado que ella misma, nada convencido aún de la idea que le había planteado hace minutos escasos y en la que lo había involucrado. Por su parte, Sakura sentía la humedad en el rostro y sobre el resto del cuerpo donde el aire le congeló la sangre que le resbalaba como gusanos escurridizos; no se la había provocado él, aunque ésa tampoco era la idea que ella había tenido en mente desde el principio.
—Hazlo, no me moveré —le había ordenado a Suigetsu poco después de que hubiese invadido su habitación para exponerle los acontecimientos.
—¿Te has vuelto loca? Todos están esperando fuera.
—Vamos, tampoco voy a gritar, si eso es lo que te preocupa. —El muchacho la siguió estudiando con expresión de incertidumbre—. ¿Qué pasa? ¿Es que tu asqueroso amo jamás te enseñó cómo hacerlo? Buscaría a cualquier otra alimaña con más agallas que tú, pero no tengo tiempo precisamente.
—Chica, no me toques las narices, ¿quieres?. Soy uno de los Espadachines de la Niebla. Con estas manos le he desgarrado la garganta a monstruos el triple de grandes que un mastodonte, mientras tú probablemente jugabas a me quiere o no deshojando margaritas.
—¡Pues hazlo de una vez!
Sakura vio a Suigetsu relamiéndose los labios y apretando el shuriken en un preámbulo que sólo llegó a eso. Cuando levantó el arma por encima de su hombro y gimió ligeramente para asestarle el primer tajo, la determinación lo abandonó de golpe sustituida por cierta piedad que lo dejó tan asustadizo como a un chiquillo.
—No puedo —le confesó—. Si no te defiendes, no puedo hacerte daño. Sé que no hay nada bueno que decir de mí, pero no quiero que se me conozca además por maltratar a chicas cuando están indefensas...
—Está bien. Lo haré yo —concluyó con el ceño fruncido.
Le tendió sus manos ya maniatadas para tratar de sostener el reluciente shuriken del chico, pero éste se negó a entregárselo con una sarta más de argumentos acerca de su repentina locura en los que Sakura prefería no entrar.
No estaba loca, sólo desesperada, lo cual era bastante diferente. Cualquiera sería capaz de entender que Akatsuki consideraría traición lo que ella e Itachi estaban a punto de cometer; una cosa era permitir al Uchiha entretenerse con la prisionera de la organización, y otra muy distinta, que osara liberarla y abandonar definitivamente el puesto que había ocupado durante años. De Akatsuki no se entraba a placer ni se salía ya fueras un miembro de la élite o una vulgar prisionera; o recuperaba a los dos o los aniquilaba en el acto.
Sakura no podía permitirlo.
Golpeó fuertemente con el codo el espejo colgado en su habitación y los cristales cayeron como lluvia afilada entre sonidos estrepitosos que parecieron colmar la casona por unos instantes.
—Oye, no estarás pensando en... ¿Qué vas a hacer?
Sakura no escuchó. Percibía el peligro en el fijo de cada pedazo de espejo hecho añicos bajo sus pies, cogió torpemente uno entre sus dos manos y apretó los dientes con toda su energía antes de que la rasgada arista le surcara verticalmente el rostro en un corte de media luna.
Inmediatamente, sintió el hedor, el crujido de la carne desgarrándose al paso de su pulso tembloroso a la par que la sangre intensamente roja le cubría el rostro con un ansia macabra. Algo de aquel placer sádico, de la rabia, la desesperación y la venganza la llevó a deslizarse el cristal roto por un brazo, en un muslo, sobre el vientre. Se desgarró los labios tratando de contener un alarido, pero no podía detenerse; cada herida haría más creíble la mentira.
Poco después, supo que había perdido el conocimiento en algún punto de su arrebato, pues cuando volvió a sentir el ardor devastador de su carne malherida, estaba siendo golpeada suavemente en una mejilla por el ninja de Kirigakure.
—Sakura. ¡Hey! ¿Puedes oírme? —le dijo con una sonrisa que pretendía ser amable—. ¡Por el amor de Dios! Pensaba que intentabas quitarte la vida... Estás como una jodida regadera, ¿lo sabes? Pero, descuida, esto funcionará.
Nada menos.
La chica de las nubes rojas soltó un bufido antes de cruzarse de brazos y mirar a otro sitio, y el líder de Akatsuki tensó los labios en un gesto que no confirmaba ni desmentía su aprobación. Sakura notaba también la intensa mirada de Itachi contemplándola con incredibilidad, pero a él no podía mirarle a los ojos. Sabía que el corazón que había agitado al coserse a heridas había sido el del Uchiha, y no el suyo.
—¡Sakura!
Yuri consiguió escurrirse lo bastante deprisa como para abrazarla tan fuerte que casi consiguió derribarla. El suave susurro que dejó en su oído la hizo sentir mareada, y casi con tanta violencia, Suigetsu arrastró a la niña lejos, ordenándole entre gruñidos que se alejara si no quería perder algo más que un par de dientes. Otra cosa que debería agradecerle al chico más tarde.
—Así que aquí estás, mi necia y sincera prisionera... —La saludó Pain, como ella recordaba que solía hacer, siempre con una burla bailando en cada palabra. Se inclinó levemente y le apartó un par de mechones de pelo que se habían quedado pegados a la sangre reseca de su frente; Sakura se vio obligada a sisear entre dientes—. ¿Qué has hecho esta vez para merecerte este trato tan desconsiderado? Tú, que siempre has sido prudente y de pocas palabras...
—La he encontrado en el desván —se adelantó Suigetsu. El joven se había alejado de su lado cuando Itachi mostró el más mínimo interés por acercarse, y ella entendió enseguida que le tenía miedo—. Estaba amordazada y maniatada. Parece que ha pasado bastante tiempo allí. Ni siquiera estoy seguro de que pueda emprender el viaje por sí misma, podría caer enferma, sufrir fiebres. Quizás deberíamos esperar a que...
—Pero no le han cortado la lengua, ¿verdad? Haruno, no estás enfadada conmigo, ¿cierto? Sabes que mis métodos son distintos a los de nuestro amigo Uchiha. Yo te mataría antes de hacerte algo como esto. Soy un poco menos paciente cuando mis ninjas me desobedecen como a ti te gusta hacer tanto, pero mucho más piadoso que él. ¿Me honrarás dándome conversación durante el camino de vuelta a tu celda?
A la chica le faltó un esfuerzo vano escupirle una masa de flema sanguinolenta al rostro, pero comprendía que aquel capricho acabaría con todo lo que había ganado hasta entonces. Estaba apartándose con las manos sucias la entremezcla de sangre y sudor que comenzó a escocerle en los ojos, cuando la voz fría y aterciopelada de Konan detuvo sus desbocados latidos por un momento.
—¿Qué pasa con Goro? ¿Es que nadie piensa avisarle de que lo estamos esperando aquí? —pronunció, mirando todavía la casona de madera.
Un reguero de sudor helado corrió por la frente de Suigetsu. Desconocía si era por pura dominación o afecto, pero había llegado a darse cuenta durante el trayecto hacia la casona que Konan albergaba en realidad un fuerte apego hacia dicho súbdito. El chico balbuceó algo en un idioma que nadie entendió, no quería ni imaginar lo que Akatsuki haría con él si llegaban a descubrir que no les había contado desde el principio que sabía cómo, cuándo y por qué Sasuke había acabado con el ninja.
—Está muerto —se oyó rápidamente.
El espadachín tardó cinco latidos en descubrir que no había sido él quien había hablado.
—¿Qué estás diciendo? No, ni hablar, no es posible. Goro es... Nadie habría podido. Si Goro destaca por algo es por ser sumamente... —le exclamaba al Uchiha.
—He sido yo. Molestaba.
Había tanta naturalidad en su gélida voz, que Suigetsu estuvo a punto de creérselo. Si no le conociera tan bien como creía, pensaría que el mayor de los Uchiha estaba tratando de proteger a su hermano pequeño.
—No puedes hacer eso —gritó la hermosa mujer— ¡Su vida me pertenece a mí! No sabes lo que cuesta encontrar a alguien la mitad de competente. Goro es servicial, respetuoso, no tenías que..., ¡es mío!
—Era —insistió el joven.
—Maldito seas, Uchiha, no tienes ni idea de lo que has hecho, ¿verdad? ¿Crees que voy a dejar pasar por alto un atrevimiento como éste? Nadie, nunca, jamás, se apodera de lo que me pertenece sin pagar un precio a cambio. Ni siquiera tú. ¿Cómo piensas que vas a compensarlo?
El aludido le lanzó una mirada por el rabillo del ojo.
—Siempre puedo enviarte junto a él al mismo sitio. Aunque, sólo si me lo pides por favor.
Suigetsu estrangulo un gemido. Parecía el único en darse cuenta del error fatal que había cometido al desafiarla. Ya había padecido en sus propias carnes cómo se las gastaba la chica Akatsuki, pensó que Uchiha Itachi no sería una excepción para ella si decidía descuartizarlo con las manos tan bien cómo lo hacían sus ojos de oro batido. Pero, en lugar de eso, se sonrojó, y casi insultantemente, Suigetsu se dio cuenta que ella todavía lo apreciaba.
—Esto acaba de coronar tu esplendida expedición. —Pain entrecerró los ojos en un gesto que había repetido mil veces. Se volteó hacia la rehén y desenredó parte de los hirientes cordeles de chakra que le apretaban los brazos a los costados del cuerpo—. Goro era responsable de ella, y ya que te has deshecho de la única persona con la paciencia suficiente para soportarla, serás tú mismo quien la lleve de regreso al refugio. —Hizo una pausa pata extenderle el extremo desgastado del cordel—. Si la has dejado lo bastante magullada como para que ni siquiera pueda caminar de vuelta, siempre puedes arrastrarla. Después de todo, no iba a ser la primera vez, ¿no es así?
Uchiha Itachi hizo caso omiso de su mandato.
—Apártala de mi vista —sentenció con frialdad antes de retirarse.
Ni siquiera la había mirado, aunque Sakura no lo necesitaba para entender lo que pensaba. Siempre había un poco de verdad en las mentiras de Itachi, y de realidad en todos sus engaños.
Él no iba a perdonarle aquello.
::x::x::x::
Habían avanzado casi tres cuartas parte de la madrugada cuando aquel malparado cobijo, apenas un viejo gallinero donde guarnecerse, tuvo la desgracia de cruzarse en sus caminos.
Estaba siendo ocupado por entonces; una familia con una anciana arrugada, la mujer del bebé en los brazos y sus dos hijos adolescentes y pecosos. Eran tan esbeltos y enclenques que apenas les harían sombra al apretujarse juntos, pero aún así, Sakura sabía que no habría espacio suficiente.
Cerró los ojos y apretó los dientes mientras se acurrucaba sobre sus rodillas, tratando de pensar en el ruido de las olas rompiéndose en los acantilados o cualquier otra recreación que absorbiera sus sentidos, aunque eso no la ayudó a desaparecer de allí.
—Tápate los oídos —murmuró Suigetsu con tranquilidad, observando la imagen del viejo caserío a lo lejos donde estaban el resto de sus compañeros.
Y, Sakura escuchó entonces el gritó de la mujer. Un par de lágrimas se le escaparon de los ojos y notó el sabor salado y metálico cuando las gotas le recorrieron las mejillas para detenerse a la orilla de sus rasgados labios.
Sabía que el descanso de la organización consistiría en apenas unas horas antes de que amaneciera completamente, y aún así, habían acabado con la plácida felicidad de una familia para siempre. Como en todas las ocasiones anteriores, demostrando la sangre fría que los caracterizaba.
Aún no había abierto los ojos ni destapado sus oídos cuando presintió los pasos y la voz de Pain dando indicación a Suigetsu de que no le quitara el ojo del encima en ningún momento. El chico asintió con su típico desgano, aunque Sakura no estaba dispuesta a hacerle aquella tarea muy ardua. Prefería dormir fuera, a la intemperie, muerta de frío y hambrienta, cualquier cosa antes de permanecer bajo el techo en el que se había masacrado a la familia y junto a sus asesinos.
Esperaba que el espadachín se sintiera importante cuando le pidió con un sumiso tono de voz que le permitiera limpiarse en el riachuelo. Y, sin embargo, el chico asintió con un mohín de disgusto que bien podía traducirse a lo poco capacitado que se sentía para negarle o no hacer nada a nadie.
Él también estaba preocupado. Lo notaba. Movía la pierna tembloroso y miraba hacia la línea del horizonte como si esperara ver aparecer el sol cuanto antes.
Sakura se detuvo al borde del fino riachuelo. Un relámpago le atravesó el muslo como una cuchillada de hielo al tratar de arrodillarse, y cada facción le dolió a la más leve composición de malestar cuando la piel se movió bajo la sangre seca que la cubría más de la mitad del rostro como una máscara rojiza y oscura. Cierto miedo la refrenó a asomarse. La ninja no había tenido todavía oportunidad de vislumbrar las marcas de la cara que no habían pasado desapercibidas para ninguno de sus acompañantes. Era consciente de que las heridas que ella misma se había labrado dejarían una cicatriz imborrable en su piel, rogaba que no así en su corazón cuando se mirase.
Pero, la primera impresión fue perturbadora.
Por un momento, no reconoció a la chica que la miraba fijamente desde el reflejo de las aguas. Una grieta espantosa le recorría la cara como un arco desde la sien hasta la quijada. Sakura concluyó que la visión se suavizaría cuando limpiara adecuadamente su rostro, pero la abertura se acentuó aún más en su piel pálida con una grotesca erupción de pus y sangre negra.
Aparte de los cortes en el brazo, el costado y el muslo, la ninja médico tenía bastante claro que todo empeoraría sin una sanación escrupulosa, había visto a ninjas perder articulaciones por cortes mucho menos graves que el suyo. No dudaba que, pese a la crueldad de Akatsuki, recibiría dicha cortesía una vez en el refugio. Lo único que lamentaba es que para entonces ya fuese demasiado tarde para evitar que la carne se gangrenase.
Pese al frío, se arrancó una manga de su camisola y la frotó bajo el agua para hacer desaparecer cualquier rastro de suciedad. La retorció y rompió a tiras para tratar de hacer vendas, y fue entonces cuando escuchó los pasos impacientes de Suigetsu.
—Ni se te ocurra acercarte —le advirtió—. Si me entero de que has estado espiándome entre los matorrales, te prometo que te arrancaré los ojos de las cuencas con tu pequeña espadita de untar mermelada.
Aunque, lo cierto es que dudaba bastante que el espadachín lo encontrara la mitad de atractiva de lo que había sido unas horas antes como para perder el tiempo en eso.
—Sakura —escuchó.
Y reconoció ese timbre de voz tan característico en el acto.
Recogió los trocitos de tela de su manga rota y se alejó tan deprisa que tropezó y volvió a caer entre un amasijo de raíces secas. Sakura encogió instintivamente los hombros cuando una mano insistió en apartarle un mechón de pelo.
—No —dijo tajantemente antes de voltear el rostro hacia otro lado—. Todavía no. Por favor.
Itachi frunció el ceño.
—¿Por favor qué? No digas tonterías. Sólo voy a...
—¡Te he dicho que no! —gritó antes de apartarle la mano de un golpe—. Por favor.
Su voz se apagó débilmente. Era la segunda vez que le suplicaba que no se acercase, y aquello lo hizo sentir un autentico cretino.
—No quiero que lo veas. No es agradable ahora. Puedo encargarme yo misma.
Tuvo que morderse la lengua para no rogarle que se quedara cuando el Uchiha se incorporó de nuevo con el gesto sombrío. Pero, no se alejó de ella. Le sujetó la muñeca con fuerza, puede que demasiada, y ella tropezó un número incontable de veces mientras la obligaba a perderse en la maleza del bosque.
La oscuridad la hizo sentirse más cómoda, pero un claro de luna le incidió en el rostro desde el alto pedrusco plateado del cielo. A continuación, él la empujó bruscamente contra el torso de un enorme árbol, parecía increíblemente enfadado, y le temblaban los labios mientras su mirada se endurecía sobre ella, aunque sin terminar de encontrar las palabras exactas.
—¿Es que no me has oído...? No es tan difícil de entender: Quiero estar so-...
Sakura se interrumpió. No sabía por qué ni durante cuánto tiempo, pero Uchiha Itachi se cernió ante ella como una sombra temible, se abrió con rabia la oscura gabardina, y la apretó entre sus brazos para amarla allí mismo sin ninguna opción a réplica. Insistió hasta que el cascarón vacío en el que creía que había quedado reducido su cuerpo, volvió a sentirse vivo tras estelas de intensos calambres que la azotaron. Hasta que quemó y dolió cada respiración, hasta que sus heridas se lamentaron y olvidó quién era y dónde estaba. Luego se dio cuenta que cada caricia era un amago de dulzura, ira y remordimiento, todo revuelto en una combinación de suspiros y besos que dejaban insignificante cualquier disculpa. Nada pareció tan desolador cuando volvió a redescubrir una vez más lo plena que se sentía estando a su lado, como si fuera una extensión más de él mismo, o él una parte de ella que la perfeccionaba.
Acurrucó la cabeza sobre su hombro y pensó en el daño que podía haberle hecho. Apretó los párpados con fuerza. No lloraría. Sintió la necesidad de escudarse la horrible cicatriz entre sus manos y se encontró con que él fue mucho más rápido al esposarle ambas muñecas con sus largos dedos.
—No hagas eso —comenzó a decirle—. No les des a ellos el poder de avergonzarte. Si tú flaqueas, ellos se vuelven más fuertes, y no puedo hacerles frente yo solo.
—Tenía que hacerles creer que habías sido tú. —Se tocó la palpitante herida—. Pero no quería que tuvieses que rendir más cuentas ante Pain. Si lo hice fue sólo para...
—Sé por qué los has hecho... y lo que veo me asusta. Me gustaría mirarte y decirte que veo lo mismo que ellos, sólo una cicatriz. Pero cuando lo hago lo único que me recuerda esa herida es lo que sientes por mí y lo lejos que eres capaz de llegar para protegerme. No quiero eso. No quiero que algo así se repita otra vez. No lo hagas por mí, nunca lo hagas por nadie. Lo que yo quería era protegerte a ti, y si hubiese tomado otra decisión, probablemente no estaríamos aquí discutiendo esto.
—No podíamos enfrentarnos a ellos. Si hubieses actuado de otra forma, estaríamos muertos. —Suspiró—. Sé cómo te sientes, pero tienes que acostumbrarte a que no serás siempre el que se sacrifique por proteger algo. Además, estoy bastante conforme en comparación a lo que podía haber pasado, por lo menos, hemos dejado a Yuri al margen de todo esto. No hay nada que vaya a hacer que pueda arrepentirme de lo que he hecho.
—Lo sé... Por eso me preocupa tanto. Ni tú sabes dónde están tus límites.
Él encontró además una gran tristeza en sus ojos claros.
—Esto no va a cambiar nada de lo que hablamos. Te lo dije antes y te lo repito ahora. Volverás a casa antes de que ellos lleguen con vida a su maldito refugio. Te lo aseguro. El día que partimos de allí ya era un hecho que no volverías a poner un pie dentro. Nunca vamos a mirar hacia atrás ni volveremos sobre nuestros pasos. No importa qué suceda. Te lo prometo.
Sakura notó la ira en su voz. Pensar en su hogar hizo que contuviera las ganas de derrumbarse. Recordó al padre que siempre la había llamado princesa y a la madre a la que ya no volvería a parecerse tanto como antes. Sorbió nerviosamente por la nariz, y al mirar dentro de los ojos de plomo que tenía frente a ella, sintió que el día de reencontrarse con ellos estaba cada vez más cerca.
—Ahora echa hacia atrás la cabeza. Estoy seguro de que lo sabes, pero esto va a dolerte un poco.
Sakura no había reparado hasta entonces en la pequeña bolsa de cuero que el Uchiha había traído consigo. Un finísimo hilo se sostuvo entre sus labios, y la aguja brilló a la luz de la luna antes de que la joven cerrara los ojos para no concentrarse en el dolor cuando le perforara la piel.
Todavía estaba cosiéndole las heridas de un brazo cuando se dio cuenta de las motas rojizas que salpicaban su gabardina oscura. ¿Se habría implicado él también en la masacre de aquella pobre familia? Apartó la mirada hacia otro lugar para evadir la pregunta, aunque era evidente que ya conocía la respuesta.
—¿Qué te dijo ella al oído? —le preguntó él repentinamente.
—¿Quién, Yuri? Sólo estaba asustada.
—Dímelo.
Sakura dudó un momento antes de recordar las palabras textuales de la chica.
—«Te encontrarán, te lo prometo. Ya han estado aquí.» ¿Qué crees que significa?
—Yuri no ha sido precisamente la chica más perspicaz del mundo, pero vive en plena corrupción de Akatsuki. Tiene que estar acostumbrada a que sucedan este tipo de cosas a menudo. Todo el mundo sabe que es mejor no hacer enfadar a la organización y, por lo que ella comentó, estoy seguro de que le habías insinuado que pensabas marcharte.
El reproche la hizo enrojecer un poco, pero prefirió no entrar en detalles.
—En ese caso, ¿no habría dicho «Te han encontrado»? ¿Simplemente se equivocó al expresarse? He estado tratando de no darle más importancia, pero cada vez estoy más segura de que quería decirme algo.
—Tú misma has dicho que estaba nerviosa. Lo más probable es que ni siquiera estuviese pensado en lo que te decía.
—Eso no tiene sentido, ella se esforzó en...
—Entonces no lo entiendo, Sakura —dijo, deteniendo la conversación con una mirada brusca.
Sakura se mordió el labio. Si estaba siendo sincero con ella, ¿por qué se ponía tan nervioso? Yuri sólo era una niña...
La joven resopló con cansancio antes de volver a recargarse sobre el tronco gélido de madera. Aquello ya no tenía importancia. Ya no volvería a ver a Yuri para que la sacase de dudas y lo único para lo que debía prepararse consistía en huir de la organización asesina en cuanto Itachi encontrase la oportunidad perfecta para hacerlo.
«Te encontrarán, te lo prometo. Ya han estado aquí», volvió a repetir dentro de su cabeza. La respuesta la encontraría a ella apenas unas horas más tarde.
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Permaneció allí apreciando cada pequeño detalle de su elegante belleza durante minutos que aprovechaba como horas, siempre con la adoración propia del aficionado que reinventa una y otra vez un lienzo sublime de un mismo paisaje, hallando un matiz inapreciable que había dejado pasar por alto; la pincelada maestra que la hacía parecer tan irreal e impropia de aquel detestable mundo, o la más insignificante imperfección que sólo acentuaba aún más su divinidad. Desde que la conocía, Konan siempre había embriagado su alrededor con su porte característico y su aura distinguida. Desde luego, la había mirado a través de otros ojos por aquel entonces, unos ojos malditos tan diferentes a los que alguna vez hubiese tenido la dulce y cálida mirada de Yahiko. Pain tiraba ahora de los hilos del único muchacho por el que la joven había suspirado de amor y, aunque sentía su interior tan vacío como una coraza, su propio corazón latía lejos de allí, a kilómetros de distancia y siempre tarareando canciones que hablaban de ella. Demasiado apartado para que Konan pudiera escucharlas.
—Pain. —Lo llamó ella desde la sucia ventana por donde observaba el exterior. Pain, ¿en quién pensaba cuándo pronunciaba aquel nombre? ¿Recordaría de vez en cuando al joven pelirrojo que había sido antes, muchísimo antes de embaucarse en aquella guerra contra el mundo y aún antes de haberse alzado como un Dios? Sólo la mirada glacial que recibió volvió a recordarle lo lejos que estaba de lo que el mero cadáver de Yahiko significaba para ella—. ¿Es que pretendes quedarte de brazos cruzados cuando es tan evidente la situación que tenemos delante? Si te has creído algo de la pantomima de esta tarde es que estás ciego, loco y equivocado.
—Podría decirse que error tras error he llegado hasta donde estoy. ¿Lo recuerdas?
Su indiferencia la obligó a avinagrar aún más su enfado, aumentando si cabía el resentimiento que debía sentir hacia él.
—¿Qué crees que hace Uchiha Itachi en este momento? —insistió, con su peculiar tranquilidad perturbadora—. A decir verdad, ¿qué crees que ha estado haciendo desde que lo dejaste partir del refugio, sino buscar la manera de perdernos de vista? Es como si le facilitases la tarea.
—Parece que realmente no necesitas que te lo aclare.
Konan entrecerró los párpados, obstinada y con un aire tan demoníaco como su belleza.
—¿Por qué sigues con esto? Sabes que no podemos confiar en él. Esta aquí, viste nuestra capa y dormirá con nosotros, pero no es de los nuestros. Al menos, ya no.
—Quizás no lo ha sido nunca y te has dado cuenta demasiado tarde —susurró antes de cerrar los ojos y recargarse sobre la rasposa y podrida mecedora de madera—. Antes de atacar, un predador debe permitir que la víctima se confíe. Sobre todo, si es una víctima que está a su altura. Aunque, no me gustaría tener que perderle. Que no tenga especial devoción por mí no me preocupa, Itachi puede pensar y sentir lo que le apetezca siempre que actúe y obedezca del modo que a mí me plazca. —Pain hizo una pausa, y Konan creyó que con aquella confesión también le estaba salpicando a ella—. Tal vez necesita un incentivo para recordar que su lugar está a nuestro lado y, tú también te has dado cuenta de que tenemos en nuestro poder exactamente lo necesario para que hinque la rodilla.
—Ningún hombre consentirá que lo manipulen sólo por una estúpida chica.
—Entonces, es evidente que estás subestimando lo mucho que puede amar un hombre estúpido.
Konan se estremeció ante la intensidad con la que él le miro a los ojos. Siempre había tristeza en ellos, una soledad inabarcable que no había sido compensada desde que perdió a su amigo Yahiko, y todo eso la lastimaba. Suponía que Pain encontraba un gran placer en hacerla sentir culpable.
Recordó a Jiraiya, a Nagato, a una Konan que ya no reconocía dentro de sí misma. Constantemente, la atormentaba el recuerdo de que Yahiko hubiese perdido la vida sólo por salvar la suya. El muchacho frente a él jamás se lo había perdonado, y no era ni remotamente necesario que le reprochara su falta, ella no había dejado de torturarse tampoco.
—Estás agotada y necesitas dormir —indicó, recibiendo a continuación un gesto que demostraba no estar de acuerdo—. Sé que estás furiosa y decepcionada, Goro era un hombre al que habías llegado a respetar e Itachi un amigo que te traiciona. Es tu culpa, Konan.
El líder se incorporó sobre su imponente estatura, sus pasos se encaminaron hacia la chica y ésta notó el corazón rezumando bajo su pecho cuando le delineó los gruesos labios de carmín con los pulgares de sus manos.
—Debajo de tu apariencia fría, sigue habiendo una mujer vulnerable... y débil. Cuanto más confíes en los demás, mayor será el daño que recibas. Los únicos lazos que debiste proteger son los que creaste hace mucho tiempo. Nunca tenías que haberlo olvidado.
La joven cerró los ojos por un momento, le inquietaba el tacto gélido de sus manos y el aliento inexistente chocando contra la piel de su rostro. Se esforzó, se esforzó de verdad cuando aquel cuerpo la incitaba a debilitarse entre sus brazos presa de sus propios anhelos. Pero, no podía.
Por Pain no sentía nada.
Nada.
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Suigetsu había encontrado un buen sitio no muy lejos. La única pared que aún no estaba del todo derruida no era más que una aglomeración de enormes rocas de un gris verdoso debido al musgo. Los restos de los alrededores sugerían que hace algún tiempo habrían formado parte del salón de una pequeña y reconfortante edificación, Sakura echó de menos la chimenea que podía intuir entre los despojos, pero aún si sólo quedaba uno de los cuatro muros, era infinitamente mejor que encontrarse sin ninguno y al aire libre.
Se arrebujó sobre el lecho improvisado que el espadachín había creado a base de ramillas finas y hojas secas, bajo el calor protector de la gabardina oscura que había insistido en proporcionarle. Había reiterado una docena de veces que un ninja de su envergadura era totalmente inmune al gélido aliento de la noche, pero aún así, se había molestado en prender un pequeño fuego que serpenteaba y calentaba a ambos.
Resultaba complicado conciliar el sueño después de una jornada como aquella. No es que las ampollas de los pies o la tensión acumulada en cada uno de sus músculos no le pidiera a gritos un respiro, pero por lo demás, Sakura encontraba poco agradable enfrentarse a Morfeo. Entre otras muchas cosas, había descubierto que su inconsciente podía volverse muy cruel consigo misma. A menudo, recordaba cosas que no debieron suceder, incidentes que seguro pasarían, y ciertas recreaciones a las que no daba crédito del todo. Algunas, seguro le parecerían interesantes al ninja que tenía justo al lado.
En ese preciso instante, un olor penetrante hizo que moviera las ventanitas de la nariz. El empalagoso aroma a carne asada se le pegó de un modo molesto a las paredes de la garganta y, finalmente, Sakura abrió los ojos para avistar al chico cómodamente sentado a escasos tres palmos.
—¿No puedes dormir? —le preguntó con la boca llena y la barbilla grasienta—. Quizás tengas hambre, ¿quieres un poco?
Sakura negó todo lo cortés que pudo el pincho medio devorado que el ninja le extendió con su desconcertante sonrisa. El rugir de su estómago hizo que estuviera casi arrepentida de lo que había hecho, pero recordó que realmente Suigetsu era un tipo extraño y que no había manera de darle nombre a esos trozos de carne empalada que a él le parecían tan deliciosos.
—Hace frío aún, eh.
—No te preocupes.
—¿Quieres que te busque alguna otra capa?
—No, gracias —insistió, cerrando los ojos por tercera vez.
—A lo mejor si me acerco un poco...
Sakura alzó la vista para petrificar aquella sonrisa barata. El muchacho compuso un gesto para que se despreocupase y ella volvió a acurrucar la cabeza entre sus manos, incómoda por los cordeles que Suigetsu había vuelto a ceñirle sólo para que Pain estuviese satisfecho de sus marcas a la mañana siguiente.
Durante mucho tiempo, escuchó los ruidos sordos de cada movimiento del muchacho. Una vez creyó oírlo tararear mientras se desabrochaba el pantalón tras unos matorrales no muy lejos de allí. En otra ocasión, lo escuchó apilando las ramas podridas que había buscado para mantener vivo el fuego, y por último, encerando con suma paciencia la hoja desproporcionada que silbaba alegremente con cada caricia de su amo.
Entre una distracción y otra, Sakura logró quedarse dormida completamente. En sus sueños, volvió a ver de nuevo a su amigo Sasuke, pero como venía sucediendo en todas las ocasiones anteriores, el muchacho yacía muerto.
Intentaba correr hacía el esbelto cadáver que reposaba como un príncipe durmiente sobre un lecho de flores de cerezo. Pero, cuanto mayor era su afán por acercarse, más lento sentía que se movían sus pies. Cuando finalmente Sakura lograba alcanzarlo, el Uchiha parecía más deteriorado que en el sueño anterior, y aún más que en el anterior a ése. La esperanzaba imaginarse que aquel cuerpo irreconocible podía pertenecer perfectamente a cualquier otro chico, pero entonces, distinguía las intensas marcas rojizas en su pálido cuello encajando a la perfección con los moratones de los dedos de sus manos.
Sakura siempre se acercaba las manos temblorosas al rostro, y por ende, comprendía que era ella quien lo había asesinado.
Abrió los ojos de golpe para encontrarse con la visión borrosa del fuego que casi estaba apagado. Desde su posición, le pareció distinguir las piernas alzadas de Suigetsu, y junto a ellas, otras dos, o puede que incluso fueran más de cuatro... En cualquier caso, estaba demasiado agotada para prestarle atención. Cerró los ojos, masculló un gruñido y se removió para cambiar de postura y quedarse de frente hacia otro lado.
Después de aquello, el tiempo pasó para ella demasiado lento aunque su cuerpo estaba igual de cansado. Notó un cosquilleo. Las yemas de unos dedos tan suaves como el roce de una pluma que trazaban un camino hacia arriba y abajo en donde sentía el ardor de su reciente cicatriz.
La sombra de un rostro se formó frente a ella cuando abrió los ojos muy despacio, pero tenía la vista demasiado turbia para reconocerlo. Él se inclinó un poco más sobre ella y su aliento dulce y cálido la sacudió cuando le recorrió suavemente las mejillas.
—Creo que ahora eres incluso más bonita que antes.
La ninja ahogó una grito antes de alzar mucho los párpados.
—¡Sas-...!
Unas manos increíblemente férreas le ocultaron la mitad del rostro cuando trató de incorporarse. El nombre del intruso chocó contra esos dedos tersos, y el de Suigetsu lo hizo un instante después al tratar de llamarlo en señal de auxilio. Aunque, era una tontería. Lo más seguro es que el espadachín hubiese sabido que Uchiha Sasuke había estado allí todo el tiempo.
El muchacho de pelo oscuro siseó suavemente antes de destaparle la boca y apretarle un dedo contra los labios. Ella lo miró contrariada, el alivio que sintió al verlo con vida después de haberlo creído muerto y por sus propias manos, batalló con un nudo aparatoso en la boca de su estómago. Perlas de sudor le cayeron de la frente al reparar también en la fijeza de esa mirada ónice que siempre ocultaba algo.
—¿Tienes idea de a qué he venido? —le preguntó sin ninguna emoción en particular—. He vuelto a por ti. Quiero asegurarme personalmente de que llegas al refugio de una pieza, ya sabes, por lo que tú y yo sabemos que has descubierto respecto a cierta medicina. Sólo hay que echarte un vistazo para ver que una tarea estúpida como ésa no es apta para ese séquito de inútiles.
—No voy a ir a ninguna parte.
—No con él. Te lo aseguro, si es lo que estabas pensando.
Los labios de la chica se volvieron una rígida línea.
—¿Sabes? Era muy oportuno que Akatsuki apareciera en la casona justamente ahora... ¿Tienes algo que ver con eso? Me gustaría darte las gracias —musitó con sorna.
—No, que os encontraran era un hecho evidente. Si piensas que la organización iba a dejarte ir teniendo en cuenta todo lo que conoces sobre ellos y su localización, es que eres mucho más ilusa de lo que pensaba.
—Tú tampoco podrás escapar.
—Yo no estoy huyendo de ellos —esbozó. Algo en su rostro ceñudo pareció captar su atención de nuevo—. Si te soy sincero, me habría encantado atribuirme ese logro, y memorizar la expresión de mi hermano cuando en vez de verte partir como deseaba, tuvo que contemplar esto. —Hizo un gesto desdeñoso para señalar su cicatriz—. Cada vez que te mire, incluso cuando no quiera, recordará el fracaso que ha cometido cuando tuvo la oportunidad de salvarte tan cerca. Pero claro, eso tú ya lo sabes.
Sakura notó cómo el estómago se le contraía. Gruñó mientras daba pequeños zarpazos furiosos para liberarse de su tacto, y se arrastró hacia atrás componiendo entre los dos una distancia exagerada.
—¡No pienso ir contigo! Aunque no lo parezca, estoy a un centímetro de abandonar de una maldita vez esta pesadilla, y no vas a contribuir a que esa esperanza desaparezca. —Se apartó una hebra de pelo que se adhirió a sus labios mojados—. No tendrás nada que reprocharme, desapareceré de tu vida, y él también. No me importa si es a Konoha o al maldito trasero del mundo, pero me iré, y entonces...
—... ¿serás feliz? —concluyó. Sakura habría jurado ver un ademán de sonrisa sardónica en sus impávidos labios—. Tú no le conoces tanto como crees. ¿Acaso piensas que eres la única que guarda un secreto...?
El tono de su voz le hizo sentir escalofríos. Sasuke podía ser despiadado con respecto a muchas cosas, pero cuando hablaba, siempre decía la verdad, por lo menos, la suya.
—Si te vas con él hará que te arrepientas. Puede que confíes en que no será así durante un tiempo, pero la mentira saldrá a la luz pronto. Sakura, no quiero lastimarte, pero si no quieres actuar por las buenas harás que no me quede otro remedio.
Sakura rehusó el ofrecimiento de su mano. El joven Uchiha analizó el rencor profundo de sus ojos, y supo que no habría manera decorosa de que abandonara aquel sitio.
—Ni siquiera tendré que obligarte.
—De verdad, Sasuke, a veces haces que sienta que realmente te odio.
—Sí —dijo él. Atrapó a la joven por el brazo y la obligó a ponerse en pie como si no pesara nada. En vez de tirar de los cordeles que la amarraban, extrajo un shuriken para liberarla de ellos con un corte rápido y diestro—. Me odiarás hoy y el resto de tu vida seguirás sintiendo lo mismo. Pero, esta noche, cuando escuches lo que tengo que decirte... Esta noche, te irás conmigo.
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CONTINUARÁ...
See... no lo nieguen, yo sé que ustedes lo estaban echando de menos... (?) Pero no es casualidad, desde hace mucho, mucho tiempo (ok, no tanto xD) Sasuke tiene un As bajo la manga... (ah sí, ahora están cayendo... :D).
Pues eso, nos leemos prontito, gracias por leer y pásenlo bien~~~
Shizenai
