Cada vez estamos más cerca de lo que todos esperamos: ¡la pelea de Luffy y Nathan! Espero les guste este capítulo. Los leo en los comentarios! Mary

Candy-chan: ¡Volvieron los SUPER comentarios! Los adoro, realmente los amo! Umi está mejor, o al menos eso parece. La habilidad de Sora es algo rara, es cierto. Pienso que más adelante explicaré por qué es así, sip, eso haré. Gracias por los halagos hacia el Señor Oscuro jajajaja. El último momento del cap es algo tenso, espero se te pasen esas ansias por saber más (aunque sea un poco) con este capítulo. Perdón por el pico de azúcar, es que el reencuentro entre Zoro y Robin tenía que tener algo de ternura y amor. Fueron muchos años y aunque la creía muerta, Zoro la siguió amando tanto como el primer día. Así que este reencuentro tenía que tener azucar, dulce de leche y mucha crema chantilly. El tema del kairouseki es verdad, pero recuerda que antes rompió en pedacitos la puerta de kairuoseki. ¡Pasaron 17 años! ¿Crees que Zoro se dedicó a ser un amo de casa todo ese tiempo? ¡Pues no! jajajajaja No, no quería arruinarles las esperanzas a todos. Al inicio pensé que Robin estaría muerta, debo confesar, pero después desistí, ¡me dio mucha pena! así que ahí está, viva, no sé qué tan sana, pero viva je. No sé desde cuando usas tantos "onna", pero o estás muy molesta conmigo o es mi nuevo apodo jajajajaja. Besos, Mary!


Sanji se acercó al muro. No le había gustado la forma en que Umi había salido de la plaza. Además, Luffy le había dejado su sombrero. Por lo que podía intuir que Umi ya sabía que él era su padre. Dudó varias veces antes de decidirse a entrar. Dio un paso dentro de la cueva y se encontró con Umi llevando el sombrero de paja. Su corazón dio un latido muy fuerte que sintió en la garganta. El parecido que tenían le jugaba muy malas pasadas y aunque sabía que Luffy estaba en la plaza peleando con Satsujin, su mente lo traicionaba viendo a Umi tan de cerca.

− ¡Sanji! − el grito de Umi fue de sorpresa. Sonrió levemente. Ryu se acercó a ellos y se quedó de pie junto a ella, clavando sus ojos en el rubio.

− Umi − susurró él, llevando su vista al muchacho.

− ¿Qué está haciendo aquí? − preguntó Ryu de mala manera.

− Salí de la plaza buscando a tu padre − Sanji comprendía que él podría estar tan confundido como lo estaría Umi. − Pero me acabo de encontrar con tu hermana y el otro chico

− ¿Sora está afuera? − preguntó la niña. Los últimos minutos antes de que salieran de la plaza se perdían en su mente y podía recordar poco desde que Luffy apareció frente a sus ojos.

− Si, Sora está afuera con mi hermana − afirmó Ryu, luego llevó su atención nuevamente a Sanji. − ¿Buscar a mi padre? − preguntó con desconfianza. − ¿Por qué debería ir tras mi padre?

− Zoro se fue de la plaza después de haber comenzado una discusión con Luffy − explicó Sanji. − Luego Luffy nos pidió que no nos entrometiéramos en la batalla − continuó. Ryu no comprendía. ¿Por qué Zoro no se había quedado en la plaza como los demás? ¿Quizá habría discutido con el que era su capitán y por ese motivo se retiró? ¿Qué era tan importante como para discutirlo en un momento así?

− Ryu, nos vamos − las palabras de Mika sorprendieron a los tres que estaban dentro de la cueva. Sanji volteó a verla. Tenía razón, ellos dos eran los que debían ir tras Zoro. Volvió su vista hacia Umi.

− Yo me quedaré con Umi − dijo, dejando en claro que no debían preocuparse por ella.

− No − fueron las palabras de Ryu.

− ¡¿Qué?! − gritó Mika, apartando a Sanji bruscamente y tomando a su hermano por el cuello de la camiseta. Era unos diez centímetros más baja que él, pero aún así había logrado que él se sintiera intimidado e incómodo. Lo miraba con furia en sus ojos. − Repite eso − dijo, apretando los dientes.

− No iremos a buscar a Zoro − la determinación en el tono de voz de Ryu irritaba aún más a Mika.

− No entiendes nada − le dijo, soltándolo al mismo tiempo que lo empujaba hacia atrás, haciendo que Ryu retroceda un par de pasos. − No había nada más importante para Zoro que matar a Nathan Conar − Mika estaba por demás molesta y no dudaba ni un segundo en mostrarlo a los demás. − Estoy segura que discutió con Luffy por ese motivo − aseveró, apretando los puños. No quitaba los ojos de los de Ryu, que también estaba cabreado. − Hubo algo que hizo que cambiara de opinión − se hizo una breve pausa. Sanji, que estaba escuchando atentamente la conversación entre los Roronoa, decidió intervenir.

− Mika tiene razón − dijo, acercándose a ambos, quedando en medio. Miró primero a la chica y luego a Ryu. − Zoro no hubiese cedido la pelea a Luffy si no hubiese un motivo más poderoso que una simple discusión − insistió.

− ¿Qué quieren decir? ¡Díganlo de una vez! − Ryu no soportaba más el misterio que intentaban mostrar las palabras de ambos. ¿Qué era lo que no se atrevían a mencionar? ¿Qué era lo que estaban suponiendo?

− Tal vez ese tipo le haya dicho a papá que Robin está viva − fue Mika la que se animó a decirlo. Los ojos de Ryu se abrieron y su boca se entreabrió. Sanji movió sus ojos al rostro de Mika, que estaba ensombrecido. Apretaba los dientes y los puños.

− ¿Qué − no podía articular palabra − estás diciendo? − dijo al fin.

Umi, que sólo estaba observando la situación, no llegaba a comprender absolutamente nada. No sabía quién era la chica de pelo rosa que estaba diciéndole todas esas cosas a Ryu. No comprendía por qué era tan grave que el padre de Ryu haya decidido irse y no pelear con Nathan. Y definitivamente no entendía qué era lo último que había dicho Mika. Se adelantó unos cuantos pasos y enfrentó cara a cara a Mika, poniéndose delante de ella. La pelirrosa era bastante más alta que Umi. Apoyó sus puños sobre su cintura en una pose de regaño y arrugó el entrecejo, mirando hacia arriba los ojos de Mika.

− Deja de hacer que Ryu se comporte tan extraño − le ordenó. La voz de Umi era dura. − No entiendo lo que dices − continuó con la misma expresión y tono. − Pero sé que él no se siente bien con eso − movió su mano derecha y la señaló con el dedo índice. − ¿Quién mierda eres tú? − preguntó. La situación no era para nada bonita. Ryu, recapacitando y a la vez, pensando seriamente lo que había dicho segundos antes su hermana, comprendió lo que quería decirle. Se acercó a Umi y la tomó por el hombro derecho, haciéndola girar. Ella no opuso resistencia.

− Ella es mi hermana − dijo Ryu, ya no con esa expresión confusa en su rostro, sino con una determinación que le dio a entender a Umi que había tomado una decisión. − Y me iré con ella a buscar a mi padre − concluyó. La chica hizo un silencio breve. Tomó la mano de Ryu que aún permanecía en su hombro con la mano izquierda. La bajó y lo soltó, sin dejar de mirarlo a los ojos.

− Te estaré esperando en la plaza − dijo y volteó hacia Sanji. − Vamos − le dijo.


Zoro y Robin habían permanecido abrazados por unos cuantos minutos. Estaban en absoluto silencio, sentados en la cama, en la penumbra de esa habitación. El olor a humedad había penetrado en las fosas nasales de él, pero ya se había acostumbrado. Decidió que era el momento para irse de allí. Se movió levemente y ella se separó con suavidad. No sonreía. Su rostro estaba apagado y sus ojos sin vida. Zoro sonrió tristemente.

− Debemos irnos de este lugar − le dijo, soltándola y poniéndose de pie. − Te liberaré − informó. Ella mantuvo sus pies quietos y él de un solo movimiento con Shusui cortó los grilletes, que hicieron un sonido y cayeron al suelo, arrastrados por el peso de las cadenas. Zoro se acercó nuevamente, habiendo enfundado su arma y tomó a Robin en brazos. Ella se abrazó a su cuello con suavidad.

No podía ponerse a pensar en cada una de las preguntas que se arremolinaban en su mente. Era Zoro, y con eso le bastaba. Tampoco sabía si todo estaba sucediendo realmente o era una mala jugada que su mente, como tantas otras veces, le estaba haciendo pasar. Recargó su cabeza entre el hombro y el cuello de él, y aspiró su perfume con fuerza, llenando sus pulmones con ese aire cargado de recuerdos. Zoro había comenzado a caminar, buscando la salida del palacio.

− Tranquila − susurró él, apoyando su cabeza en la de ella, de lado. − Pronto estaremos con los demás − dijo, provocando que ella se tensara. Pero no dijo nada. − Todos estamos aquí − explicó comprendiendo que quizá Robin no supiera nada de lo que sucedía.

− Ya lo se − dijo, refutando lo que él estaba pensando. − Nathan hizo esto a propósito − informó. − Es una trampa − continuó, aferrándose más a Zoro, que detuvo su caminar por los pasillos del palacio.

− Ya lo sé − repitió él. − Por supuesto que es una trampa − afirmó. − Por eso vinimos − sonrió de lado y continuó caminando.


− ¡Este es el Gran Rey Pirata! − gritó eufórico. − Monkey D. Luffy

Nathan podía ver cómo se formaba esa expresión de dolor en el rostro de Luffy, mientras sentía cómo el agua llenaba sus pulmones y su estómago, como aquella vez. De sólo pensar en que el Rey Pirata no tendría la mínima posibilidad de escapar de sus manos lo excitaba tanto que no podía para de reír maniáticamente. Y estaba completamente seguro de que no fallaría, no podía permitirse fallar después de haber esperado tantos años para saciar su sed de sangre, su apetito por sentir cómo corría la sangre de todos los Sombrero de Paja entre sus manos. Pero a la vez comprendía que no tenía que confiarse, que no podría jugar demasiado tiempo porque ellos eran realmente fuertes y estaba seguro que durante esos diecisiete años se habían hecho aún más poderosos.

El agua se removió alrededor de Luffy. En el exterior de la burbuja, que estaba suspendida un par de metros en el aire, se formaba de a poco una cabeza que se asemejaba a la de Nathan, pero de agua de mar. Podía sentir la debilidad de Luffy y no podía contenerse más. Mostraría al mundo entero, que lo estaba viendo todo a través de los Den Den Mushi, que tan poderoso era.

− Este es el verdadero poder − comenzó a decir. Las palabras salían de su boca con fuerza y potencia. − El poder del agua del mar, el océano que cubre la mayor parte del mundo. Este poder que me ha sido obsequiado, este poder que incluso puede dominar todas las habilidades sobre la faz de la tierra. Este poder divino que domina todo. ¡Véanlo! ¡Vean cómo el mar aplasta al Rey de los Piratas! − gritó y su sonrisa alocada se amplió aún más. − ¡Tengo el poder que puede otorgar la vida y quitarla! ¡Yo soy la justicia! ¡Este poder es mío y de nadie más porque la justicia me lo ha dado!


Umi y Sanji salieron de la cueva y se encontraron con el rostro dubitativo de Sora, que los estaba esperando afuera. Umi sonrió por primera vez con cierta tranquilidad y gusto, desde que llegó a esa isla. Corrió hasta su nakama y lo abrazó. Sora se quedó estático con los ojos fijos en los de Sanji, que se limitó a encender un cigarrillo.

− ¡Sora! − gritó contenta. Se separó y lo tomó por los hombros. − ¡Hace tiempo que quería saludarte así! − estaba realmente contenta. Desde que lo conoció en la bodega del barco siempre habló con él a través de una reja o una puerta. Era la primera vez que lo tenía frente a frente.

− Umi san − rió con timidez Sora, sonrojándose mientras ella reía.

Ryu y Mika salieron detrás de ellos. El chico pudo comprobar que Umi estaba mejor gracias a su estruendoso saludo al nuevo nakama. Apretó los puños sólo para lograr que su hermana le diera una palmada en la espalda, que hizo que diera un paso hacia delante.

− Ni creas que te quedarás con mi katana − le dijo. − Pero no tienes una así que puedes usar esa − quiso cambiar de tema notando la densidad del ambiente cuando Ryu vio aquella escena. Le parecía hasta divertido ver a Ryu así. ¿Acaso estaría enamorado de esa niñata? Reprimió una risa. Él volteó a verla, cabreado.

− La katana que tenía se la devolví a Zoro − dijo. − Así que si no quieres que use la tuya pelearé con mis propias manos − quitó la katana azul de su cintura y se la arrojó de mala gana a Mika, que la recibió con la mano derecha sin sorprenderse. Sonrió de lado.

− Te dije que puedes usarla hasta que recuperes las tuyas − insistió. Se escuchaba la voz de Umi diciendo barbaridades y que moría de hambre. Volvió a darle la katana de la misma forma que él se la devolvió y se encaminó hacia la entrada al castillo. − Nos vamos − dijo con voz fuerte. Ryu gruñó y la siguió.


Todos permanecían en silencio mientras Nathan hablaba a las cámaras. Los Sombrero de Paja aún se mantenías estoicos, con los pies bien puestos sobre las gradas de piedra, cruzados de brazos y con la frente en alto. Nada de lo que estaba diciendo ese maniático lograría que ellos movieran un solo músculo. Confiaban en Luffy y si él les había dicho que esa era su pelea, así debía ser.

− ¿Qué pasa sombreritos? − preguntó despreciativamente, con la evidente intención de provocar a todos. − ¿Se van a quedar ahí quietecitos viendo cómo muere su tan amado capitán? − continuaba con la misma intención. − Podría encargarme de todos al mism-

No pudo continuar. Dentro de la burbuja el agua comenzaba a tener pequeñas corrientes que eran empujadas desde el interior de Luffy, formando remolinos y burbujas. Los ojos del rey se abrieron mostrando confianza y determinación. La piel del capitán se tornó anaranjada y caliente, y un intenso brillo lo comenzó a rodear entero, reflejándose en el agua.

La burbuja iba reduciéndose rápidamente mientras se veía vapor a su alrededor. Nathan creó una figura dentro del agua para poder observar con detenimiento los ojos de Luffy al mismo tiempo que insistió con sofocarlo nuevamente, queriendo meterse a través de sus fosas nasales. Pero todos sus intentos fueron en vano, ya que le resultaba imposible luchar contra la corriente cálida que estaba provocando el cuerpo de Luffy. Varias lanzas de agua se formaron alrededor de la burbuja, por fuera, apuntando hacia el centro. Arremetieron a alta velocidad, introduciéndose en la burbuja, sin surtir efecto alguno. El agua continuaba evaporándose y la burbuja se reducía velozmente.

Nathan no comprendía lo que había sucedido. Él había logrado someter a Luffy y había sentido como su fuerza mermaba a cada segundo. No lograba entender cómo era que estaba pasando eso. Jamás en su vida le había pasado aquello, nunca ningún usuario se había podido resistir a sus ataques y menos si estaban en esa burbuja de agua de mar. Tenía que salir de allí y pensar mejor las cosas antes de que Luffy lograra evaporarlo por completo. Pero, al intentar moverse sintió una enorme explosión de haki que lo arrastró separándolo del pirata, dejándolo atontado por unos instantes. Una lluvia de gotas saladas mojó todo el suelo de la plaza de alrededor de Luffy, que había caído de pie, mirando hacia el suelo, con sus puños apretados a los lados de su cuerpo.

− ¿Qué era lo que estabas haciendo? ¿Querías huir? − preguntó Luffy después de unos segundos en el que continuaba ese tenso silencio que se había formado en la plaza. − Sería la primera vez en mi vida que veo que alguien huye de un cobarde, niñato


Kya!