Capítulo 35: Lo Prohibido
Las ramas y hojas crujían bajo sus pies con cada paso que daba. Era algo tan frustrante, un recordatorio de que el suelo bajo él podría abrirse y tragarlo en cualquier momento, esas cosas pasaban.
Pero Draco se esforzó en seguir andando, con Potter pisando sus talones para más inri. Muchas cosas podían ir mal en aquel lugar y su extraña fortuna tenía formas muy retorcidas para salvarle de la muerte. Casi esperaba que algo saltara detrás de algún árbol y acabara con su vida de un momento a otro. Nunca entendería como la gente podía ponerse a sí misma en riesgos tan innecesarios. Como Potter, por ejemplo. Al auror lo único que le faltaba era ir dando saltitos por el camino, como si ese fuera el patio de su casa. Y sin embargo allí estaba Draco, enfrentándose a la muerte estúpidamente. Como todo un Griffindor.
Deseo tener uno de esos abrigos de cuello alto de los aurores, no le importarían las ridículas tiras y hombreras. O haber llevado la bufanda de su casa. Estaba empezando a helarse, y eso que él dormía en las mazmorras.
En ese momento algo aulló a lo lejos. No tan lejos. Los golpes de cascos se acercaban rápido a donde ellos se encontraban. Eran muchos. Varita en mano, el chico desató el pergamino y miró las palabras escritas con el color de la sangre en aquella enorme mancha de tinta que representaba el Bosque Prohibido. A la par de las siluetas humanas que representaban a ambos ponía Perro de Tres Cabezas siendo perseguido por una Manada de Centauros. Metió la mano en el bolsillo del saco y arrojo las galletas de piedra que había confiscado de la casa del gigante como posibles municiones al camino, lo más lejos que pudo de su pista. Potter lo miró con confusión y desconfianza.
-¡Al suelo!- gritó tan fuerte que algunas aves sobrevolaron alrededor. Su orden fue tan firme que el moreno se tiró de rodillas en la tierra helada sin replicar. Minutos después llegó el perro corriendo con lo que parecía ser restos de una trampa o catapulta de madera colgando de la boca y se detuvo a unos metros de ellos, antes de ponerse a seguir el rastro de las galletas. Al cabo la manada furiosa de centauros alcanzó el sitio donde los jóvenes magos se escondían tras unos arbustos de ortigas. Potter hizo ademán de ponerse en pie, pero lo jaló de llenó de vuelta al suelo. Al diablo el sarpullido. No era la primera vez ese año que Draco se topaba con esa manada de centauros.
Inicio del Flashback
Hacía labores en el bosque con Hagrid. Recolectar huevos de ashwinders era más relajante de lo que habría imaginado. Y cualquier distracción para su mente era bienvenida con creces. Entonces oyeron el ruido de los cascos y la manada de centauros irrumpió ante ellos.
- Buenas tardes, Bane.- Hagrid había saludado con gesto solemne. Los caballos habían relinchado molestos ante ello, como si el saludo fuera ofensivo en sí.
- Vosotros los mortales y vuestro erróneo concepto del tiempo.- El tal Bane se había burlado.- Como sabes, Hagrid, el enclave sigue sin dejar correr al traidor Firenze.- Draco se sorprendió de oír el nombre del profesor de Astronomía. Entonces los ojos ámbares y estirados ser clavaron en él como cuchillas.
-¡Intruso!- el centauro rugió mirando a Hagrid.- ¡Traición! La Marca de la Muerte. ¡La habéis traído a nuestro santuario!- acuso. Draco quiso protestar, pero una daga clavada firme contra su garganta se lo impidió. Miro a las criaturas con pánico, preguntándose si iban a matarlo. Sabía que los centauros eran seres orgullosos en extremo, y él entendía eso.
-¡No!- Hagrid suplico viéndose libre gracias a la ventaja de su fuerza y altura.- ¡Parad! ¡No hagáis eso! ¡Se ha arrepentido!- explico.
- Vosotros los humanos no conocéis el arrepentimiento.- el centauro espeto.- Solo os importa vuestro triunfo y falsos ídolos. No entienden de honor, deber o lealtad. ¡Han injuriado nuestro Bosque!- una hoja corto la mejilla de Draco, goteando sangre. Respiraba entrecortadamente y podía sentirse morir de un momento a otro. La cuchilla se hundió más antes de salir de su piel.
- Pero ya demasiada sangre ha corrido entre estos árboles.- Bane anuncio.- Te dejaremos ir, hijo de la oscuridad.- el centauro declaro.- Pero no seremos tan indulgentes contigo la próxima vez, no importa tus compañías ni quien te proteja. No importa dónde te escondas. Yo y mis hermanos te encontraremos y entonces créeme, no tendrás una muerte agradable.
Aún temblaba al recordar aquello, la respiración del líder contra su cuello. La promesa de sangre. Se concentró en no respirar en absoluto, rogando que su olor no los delatara. El tal Bane se giró con las fosas nasales dilatadas ha centímetros de ellos. Estiro un brazo a punto de apartar las ramas, con la flecha en su arco lista para disparar. En aquel momento se oyeron los ladridos burlones del can a distancia.
- ¡Matad al monstruo del Hades! ¡Matad al Ladrón de la flecha maestra!- alguien gritó. Los centauros dieron un par de gritos de batalla y giros embravecidos golpeando el suelo con sus cascos antes de seguir su camino.
- ¿Dónde está esa jodida capa tuya cuando realmente la necesitas, Potter?- siseó aún en tensión, la adrenalina bombeando a través de su sangre. Pero estaba vivo.
- Créeme, Malfoy.- a su par, el moreno replicó.- La de las veces que pensé exactamente lo mismo.- dijo relajándose y a continuación poniéndose de pie con aire digno, sacudiéndose la tierra y el polvo de su traje de auror.- Va a correr sangre.- el chico dijo entonces con aire lúgubre. Draco lo miro fijamente mientras se ponía de pie.
Fin del Flashback
- Si pretendes sensibilizarme por el destino del canido gigante- murmuro entre dientes conteniendo la respiracion.- ya puedes ir…
- No, Malfoy. - Potter le cortó- No es Fluffy la que me preocupa. Si yo fuese un centauro, bueno, digamos que preferiría hacerme otra flecha sagrada antes que hacerla enfadar. A menos que lleve una lira conmigo, claro.- declaro antes de reír, al parecer era una especie de broma privada. Draco lo miro enarcando las cejas, hasta que el rostro de Potter volvió a ser serio.
- ¿Qué es eso?- preguntoel moreno mirando el pergamino que aun sujetaba sin darse cuenta entre sus dedos entumecidos. Lentamente aflojo el agarre.- Y si me dices Un pergamino juro que…
- Es un mapa.- le cortó. No sabía que lo había llevado a decirlo, pero dudaba que Potter apreciara que lo dejara en ascuas.- Del Bosque Prohibido.- soltó entre dientes. El auror lo miro con la mandíbula desencajada.
- Eso no es…
-¡¿Posible?!- preguntó con ironía, soltando una carcajada.- Tampoco el jodido mapa de los Merodeadores, ¿O sí, Potter?- preguntó divertido.- Y sin embargo existe.- El moreno lo fulmino con la mirada, sin tener nada para replicar. Draco podía apostar a que quería saber cómo demonios sabía él eso, pero no pensaba decirle.
- ¿Puedo verlo?- pregunto al final, entre dientes. Debía sentir mucha curiosidad si acababa de tragarse su orgullo por ello. Draco le tendió el pergamino con arrogancia. El moreno dudo un instante antes de cogerlo. Desdoblo el mapa cuidadosamente y lo inspecciono en silencio.
- ¿No…no usaste ningún hechizo trampa? ¿Como un señuelo por si lo roban?-pregunto confuso. Draco sonrió divertido, el mapa era una mierda, lo admitía. Pero era mejor que nada, y no pensaba gastar su último año en Hogwarts inventando un legado para posibles generaciones futuras suicidas que decidieran internarse en el bosque.
- Estos de aquí somos nosotros, eso esta claro.- el moreno señalo las dos figurillas simples de seres humanos en emdio de la enorme mancha de tinta negra que simbolizaba el bosque. A su alrededor no había nada o nadie más.
- El mapa muestra las criaturas en un radio de 500 m a la redonda.- explico señalando la distancia.- Más o menos es la distancia fuera del alcance del oído humano. Pero en realidad, aparte de eso, esta cosa no es muy útil.- murmuro.- No tiene señalización topográfica o cardenal, ni te advierte lo suficientemente rápido de peligros veloces como los centauros, como ya notaste. Digamos que finalmente todo se reduce a ser lo suficientemente venturoso como para salvarte por los pelos de la muerte.- exclamó sacarstico, recordando la de veces que su vida había sido así.
- Sí, conozco la sensación.- Potter dijo con un suspiro, enrollando de nuevo el pergamino y tendiéndoselo a su dueño original. – Creo que acabas de salvarme la vida, Malfoy.- admitió.- No sé si lo pretendías, pero gracias.
Él cogió el mapa confundido, sin saber muy bien que decir luego de ello.
- ¿Estas ofreciéndote a ser mi nuevo elfo domestico de por vida, Potter?- pregunto finalmente, sonriendo sarcastico. El moreno se paso la mano por el cabello, bajando la cabeza y sonriendo también de un modo inquietante.
- ¿Quieres que prepare tu comida, Malfoy ?- pregunto en tono incrédulo, mirándole a los ojos.- Creo que tienes demasiada fe en mi destreza culinaria.- le picó.- ¿O acaso quizas deseas morir por intoxicación?- pregunto mortalmente serio y Draco no puedo evitar soltar unas carcajadas con eso.
- Vale, Potter.- acepto.- Olvida lo del elfo domestico.
- Y olvidare mencionárselo a Hermione, también.- dijo, mirándolo a los ojos. Draco lo miró entonces amenazadoramente por un instante fugaz, antes de recordar que ella no le hablaba. Aún.
- La esclavitud de razas apesta, pero no es una batalla que me interese luchar.- término diciendo entre dientes.- Pero las cosas podrían cambiar. Soy un Slytherin ¿Comprendes? Necesito saber que no perderé demasiado con ello.- admitio sintiendose incomodo y avergonzado de decir eso ante el cuatro ojos.
- Vale, acabo de verlo todo.- Potter silbo entonces con incredulidad.- Repite eso para el próximo artículo de El Profeta: La liberación de los elfos domésticos. Descubra como Malfoy planea atacar Ministerio con un futuro Ejército.- dijo con guasa.
- ¿Sabes, Potter?- murmuro divertido.- Cuando no tienes todo ese complejo mesiánico orbitando a tu alrededor eres un tipo interesante.- admitió sorprendiéndose a sí mismo. Potter le sonrió entonces con camarería, dejándole saber que entendía de lo que estaba hablando.
- ¿Sabes, Malfoy?- dijo imitando su tono incrédulo.- Realmente intento serlo, pero es cuando usas palabras como complejo mesiánico que entiendo cómo es que Hermione esta tan locamente enamorada de ti, patético intento de mortífago.- exclamo. Draco sonrió maliciosamente.
- Y yo creía que era solo por mi increible apariencia. - Espetó con vanidad.- Es prácticamente imposible resistírseme ¿sabes? – agregó mirando fijo al moreno, quien alzo las cejas incrédulo.
- Una verdadera pena sacarte de tu error.- Potter dijo ahora claramente divertido.- Ahora camina, rubio oxigenado, tenemos un gigante de tres metros que encontrar.- Potter murmuro.
Draco tenía los ojos grises, del color de la plata fundida, el filo de una espada o el brillo resplandeciente de la luna llena. Cuando él la miraba sentía que sus piernas se volvían de gelatina y era como si alguien le estuviera dando cuerda a su propio corazón, corriendo como loco. Todas las fronteras se desdibujaban y ella se perdía a sí misma intentando comprender sus miradas blindadas. Con Draco todo podía suceder.
Los ojos de Ron, en cambio, eran azules como el cielo del verano en la playa y el agua de mar pura y cristalina. Eran familiares y le producían una cómoda sensación de bienestar. Conocía a Ron tan bien como a sí misma. Sabía a qué atenerse, nunca iba sorprenderla. Ron tampoco hacía correr su corazón, pensó mirando el sol ponerse entre los arboles del bosque. Hermione se preguntó si alguna vez lo había hecho realmente, si alguna vez fue amor...
-Te amo, Hermione. Déjame estar contigo. - Ron exclamó entonces, mirándola con esos enormes ojos azules. Trago en seco y frunció el ceño, las palabras confundiéndose en su cerebro. No tenía la menor idea de cómo romper el corazón de alguien, lo único que deseaba era intentar arreglarlo de nuevo.
- No.- dijo con voz entrecortada, aunque deseaba sonar más firme.- No me amas, Ron. – Exclamó.- Tal vez pienses que sí, pero no es así. Estas confundido.- murmuro sintiendo las lagrimas luchar por salir.- No me amas de esa forma, Ron.- repitió para sí, sintiendo el dolor en cada letra. Quizás si decía todo de una vez acabaría, pero él parecía no entender lo que ella le estaba diciendo.- ¡Entiéndelo!- sollozó.- ¡Yo estaba al alcance de tu mano, Ron!- exclamó.- ¡Elegiste a Lavender!- le grito, el resentimiento supurando en su voz, las lágrimas cayendo. No soportaba estar así delante de él.- Y yo ya no te amo. Solo podemos ser amigos. Es demasiado tarde para algo más.- finalizó girándose, lista para salir corriendo de allí.
Pero la mano de Ron la sujeto del puño y la jaló hacia él, en un incómodo abrazo del cual no sabía cómo zafarse.
-Lo siento si te lastimé. No era mi intención.- Ron susurro por lo bajo viendo su expresión, algo extrañamente delicado en él. – Realmente te amo, Hermione.- repitió.- Desde cuarto año, y no como una amiga.- Sintió el vello de su nuca erizarse ante esta última frase y una parte de ella rogaba por salir de allí.- Todos lo saben.- aclaró.- Podemos estar juntos.- dijo.- Haría las cosas bien, tendríamos buenas amistades. Después de todo nadie puede reprocharte querer vivir tranquila conmigo.- sonó como que eso lo decía por Draco.- Seré bueno para ti, Hermione. Lo prometo. ¡Serías una Weasley más!- exclamó haciéndola sonreír y temblar a la vez.- Serías feliz.- él le aseguro solemne.- Solo quiero hacerte feliz.- finalizo en un susurro, pegando su nariz a ella.- Te quiero.
Hermione realmente pensó en ello durante un momento, lo que pudo ser, e incluso sonrió ante ello. Aunque podía decir que se sentía triste por no corresponder a todo eso.
- Yo también te quiero, Ron- murmuro envolviendo sus brazos en torno a la alta figura del pelirrojo. Era más ancho y robusto que Draco, no pudo evitar pensar. Y también más torpe. Nunca se había percatado de ello hasta especie de extraño rompimiento, y la sensación incomoda volvió a surgir. Si fuera una chica como Vane o Parvati, hubiera visto venir el momento exacto en que Ron fue a besarla. Nada del beso torpe e incomodo de la Cámara de los Secretos, sino que la sujeto por la nuca y la apretó contra él, de modo que sus labios ásperos por el frío comenzaron a humedecerse contra los de ella, buscando una respuesta. No era un mal beso, pero no sintió nada sacudirla por dentro, ni esa sensación de que el mundo podría acabarse en cualquier momento. Ni siquiera quería besarlo. Quitó sus brazos y luego se apartó de él con delicadeza, sintiéndose extrañamente culpable.
- ¿No funcionó, cierto?-Ron la miró desilusionado y ella no pudo hacer más que sacudir la cabeza negativamente.
- Lo siento.- susurró sin saber que más decir. Realmente quería a Ron, era su mejor amigo y a pesar de todo, no merecía sufrir por su culpa.- Tal vez en otras circunstancias tú y yo podríamos haber estado juntos.- le dijo, aunque no parecía correcto.-Y me habrías hecho feliz, Ron.- dijo.- Eres bueno, estoy segura. Siempre voy a quererte finalizó dándole al chico un último abrazo de despedida, antes de girarse para encontrarse con la perpleja mirada de Harry.
- Estoy confundido.- el moreno dijo parpadeando a ambos.- ¿Se estaban besando?- inquirió. Hermione sintió sus mejillas ponerse rojas, deseando lanzar a Harry un Obliviate.
- No es lo que parece.- murmuro.
- Es mi culpa.- Ron intervino entonces, dando varios pasos en dirección a Harry.- Yo la besé.- aclaró.- Ella es demasiado buena para admitirlo.- dijo dedicándole una sonrisa rota.
- Este bien…- Harry murmuro inseguro.- Si ustedes lo dicen. No es de mi incumbencia.- término poco convencido y sonando incomodo.
Entonces Hermione recordó algo muy importante. Draco y Harry andaban juntos por el bosque. Y si Harry los había visto besarse entonces…
-¿Dónde está Draco?- exigió mirando al moreno con desesperación. Harry trago en seco y solo se limito a señalar en dirección al espeso bosque sumido ahora prácticamente en la oscuridad. Merlín, eso no era nada bueno. Miró las ramas de los árboles como extrañas garras y el sonido de los animales nocturnos cantando a la noche. Un aullido similar a un hombre lobo. Se obligó a calmarse mientras sacaba temblorosa la varita de su túnica, tenía que entrar allí…
- ¡Nos vemos en la cena!- grito más por decir algo mientras se adentraba corriendo en las profundidades del bosque, con la luz de su varita como única guía.
Hermione se internó en el bosque. Las hojas crujían bajo sus pies cada vez que daba un paso, sin poder evitar girarse para mirar sobre su espalda cada quince segundos. La horrible sensación de estar siendo observada. Vio algo brillar en la rama de un árbol y se acercó hacia allí. Acerco la luz de su varita a la rama y de repente salió un murciélago volando justo sobre ella. Su grito agudo perforó la noche y la idea de que podría tratarse de un vampiro no tranquilizó en absoluto a la chica, cuyo corazón latía desbocadamente. El animal se alejó volando a la distancia.
-¿Sabes? Podría matarte en este mismo instante y luego suicidarme, amor. Al menos así estaríamos juntos.- una voz siseó a sus espaldas haciéndola estremecer. Se giró lentamente, intentando distinguir algo entre los árboles, pero allí no había nadie.
- Estoy aquí, amor.- la voz repitió elegantemente. Hermione siguió el sonido hasta dar con la rama alta de un árbol. Allí encaramada había una figura extrañamente pálida y ojerosa, con los ojos negros como la brea y el cabello platino como la luz de luna inexistente. Vestía completamente de negro y las sombras tapaban sus rasgos como una máscara.
- ¿Draco?- pregunto sintiéndose extrañamente confusa y atraída por esa extraña criatura.- ¿Cómo llegaste allí?- preguntó. La criatura entonces dio un salto aterrizando sobre sus pies elegantemente, metros más adelante entre las enormes raíces del árbol. Ahora que le veía bien, se parecía más al Draco de sus sueños, el que la desangraba hasta morir, que el real. Con esas ojeras y extrema palidez, casi como un vampiro.
Eso encendió en Hermione una chispa de conciencia, y asustada retrocedió varios pasos, hasta chocar de lleno contra el torso de alguien.
- Eso es patético, Vlad.- Draco se burló detrás de ella, sosteniéndola contra él con demasiada fuerza.- Y ofensivo.- agregó mirándola por sobre el hombro. Podía decir por como apretaba los dientes que estaba furioso, aunque no sabía realmente con quien. El Draco de sus sueños se acercó entonces hasta quedar a centímetros del verdadero y entonces sonrió. Dos enormes colmillos sobresalieron por delante de su labio, listos para atacar.
- Malfoy.- el chico dijo sonando igual a Draco, incluso en la arrogancia.- Han sido advertidos de no venir aquí. Les ha sido prohibido y ahora pagaran las consecuencias. A diferencia de otros, yo no brindo segundas oportunidades a los que invaden mi árbol. Y ella huele delicioso.- agrego mirando a Hermione con lascivia, pasándose la lengua por los colmillos. Draco lo miró sin ocultar su aversión.
-Eso es una pena.- dijo envolviendo una mano en torno a la de ella disimuladamente, sin apartar los ojos fríos del vampiro.- Porque no te cenaras a mi novia, Vlad.- aclaró. Y antes de poder hacer nada ellos se habían aparecido de regreso en las entradas de Hogwarts.
-¡¿En que estabas pensando?!- Draco gritó sacudiendo a Hermione bruscamente apenas pusieron un pie fuera del alcance del jodido vampiro imitador.- ¡¿AH?! ¡Respóndeme!- demando sacudiéndola de vuelta. Hermione entonces parpadeó mirando alrededor.
- No te entiendo.- ella susurró entonces en voz baja, sonando extrañamente asustada y confundida, como una niña pequeña. Suspiró, llevándose una mano al puente de la nariz. Como si ver a la comadreja besarla no fuera suficiente prueba para su autocontrol luego ella tenía que ir y meterse con la primera cosa peligrosa que encontrara. Preferiblemente un asqueroso vampiro chupasangre. Genial.
- Eres insufrible.- siseo con toda la intención, clavando su mirada en aquellos enormes ojos marrones que lo traían loco, antes de girarse en dirección al castillo. Al menos ahora sabían que las protecciones no incluían al bosque, lo cual en realidad era obvio.
No llego muy lejos antes de que los pasos de Hermione resonaran sobre la grava, antes de situarse a su par.
-Lo siento.- la chica susurró inaudiblemente. Draco la miró de soslayo, aun molesto, antes de volver a mirar adelante. No caería en su juego de nuevo, estaba enojado con ella, aunque no sabía bien porque.- Draco.- Hermione repitió entonces, sujetándolo del brazo y reteniéndolo a un lado del camino.- Respecto a...Yo no quise, no fue…
Pero cada palabra inacabada dolía igual que una cuchilla, porque tal vez no ahora, pero en algún momento ella había amado al Weasley, y no importaba como lo viera, él seguía siendo mejor para ella. Y él un cabrón egoísta.
Fiel a su papel, estampo a Hermione contra la columna de piedra de la entrada, besándola hasta que ella jadeo por aire, y luego la volvió a besar. Estuvieron así por lo que pudieron ser horas o años, hasta que se separaron.
-Tú…Yo…Baile.- Draco se las arregló para decir antes de volver a besarla en la boca con violencia, una sonrisa tirando de la comisura de los labios de la chica, que poso una mano en su mejilla con delicadeza cuando se separaron. Draco se inclinó y se llevó la mano a la boca y posando un suave y delicado beso en ella, inhalando su aroma en una reverencia y haciendo a Hermione sonrojarse. Sonrió con soberbia cuando se irguió.
- Odio los bailes.- ella dijo con un suspiro irregular que contradecía sus anteriores palabras.
- Te amo.- Draco dijo contra su voluntad, sintiéndose como un tonto, pero allí a la escasa luz de los faroles ella se veía magnifica, su cabello castaño y ojos brillantes como el oro. Podría pedirle matrimonio, solo eso conseguiría hundirlo más por ella.
Hermione sonrió toda roja, apartando la mirada avergonzada. Era tan impropio de ella que estaba disfrutando su incomodidad y pudor. Sujeto su barbilla, alzando su rostro y obligándole a mirarlo.
-Quiero oírte decir que me amas.- exigió calmadamente sin apartar los ojos de ella. Hermione se retorció en sus brazos, ¿Tal vez placer?, antes de quedarse tan tiesa como una tabla. Era orgullosa, eso ya lo sabía.
- Creído.- ella consiguió murmurar entre dientes, intentando inútilmente soltar su barbilla. Él podía decir que su agarre firma la irritaba, entonces Draco trazó el contorno de los labios de la chica con el dedo pulgar, hasta que ella comenzó a estremecerse con la sensación y dejar de pelear contra algo que esta noche no estaba en condiciones de negociar.
-Te amo, Draco.-Hermione susurró antes de envolver los brazos en su cuello para estrecharle contra sí y besarle durante cientos de millones de segundos más.
