Tan cerca y tan lejos

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El clima se calentó cuando la primavera se convirtió en verano, y los temperamentos comenzaron a estallar por la inactividad obligada en el campamento. Las torres de los arqueros hacía mucho tiempo que habían sido construidas, y parecía que los hombres de Edward intercambiaban flechas con los arqueros de Jasper sólo como un entretenimiento más que cualquier otra cosa. Por las noches, las tentativas de minar los muros no habían hecho mella en las paredes sólidas. Las peleas se sucedían casi diariamente entre los sitiadores y cuatro cuerpos se sacudían en el viento caliente de verano como testimonio que la paciencia de Lord Edward estaba llegando al fin.

El único aliento que habían tenido fue que la excomunión pública de Jasper de Hall había hecho que ningún ejército viniera a reforzar las tropas de Hall. Varias semanas después cuando la excomunión fue proclamada oficialmente, los gritos de torturados pudieron ser oído desde dentro y nuevas cabeza aparecían colgadas en los portones casi diariamente.

Ocasionalmente los portones del castillo se abrían bajo el manto de la oscuridad y algunos se aventuraban a salir para saquear a los sitiadores, partiendo con granos o ganado y matando a soldados durmiendo. Los ataques eran de tal ferocidad que muchos se iban a dormir vestidos con cota de malla a pesar del calor del verano.

El día 14 de junio, aconteció uno de esos ataques, pero esta vez el campamento estaba preparado. Los atacantes fueron lanzados de sus caballos y la mayoría fueron muertos por los soldados de Condes quienes vigilaban las provisiones de comida. Esa vez, el ataque de Hall falló.

El estruendo de la batalla sucedió cuando Edward se preparaba para ir a dormir. Salió apresurado y casi se chocó con Jacob que venía de la zona del ataque.

-¡Mi Lord, esta vez los atrapamos y todos están muertos!

Edward se abrió paso entre la multitud que se había reunido. Cuando se aproximó a los corrales de los animales, pudo ver cuerpos con ropajes verdes que yacían grotescamente en el suelo. Algunos ya no tenían cabeza, y el resto tenían serias heridas en sus cuerpos.

- ¡Aquí hay uno que pensó que podía escapar! -Un caballero a medio vestir empujó a un muchachito alto y esbelto hacia Edward. -Lo encontré sacándose la camisa verde en mi tienda.

Edward enfrentó bajo la luz de la antorcha al muchachito que usaba cota de malla debajo de su túnica.

-¿Jasper envía a los niños para hacer los ataques? - preguntó incrédulo. -¿Cuántos años tienes?

-Casi diecisiete- fue la respuesta malhumorada -Y no me envió yo le imploraré venir, pues allí no hay nada que hacer mas que sentarse y esperar.

-Y pensaste en descubrir como era una guerra.- Edward sacudió la cabeza sombriamente. -Bien, ya viste como es esto, y no es una bonita imagen, ¿verdad? ¿Estás acostumbrado a esto? ¿Vos sois uno de los que lo ayuda a torturar?

-No, yo soy su escudero.

-¿Cuántos hombres cabalgaron con vos esta noche?

-Dieciséis.- dio una mirada a las caras hostiles a su alrededor y estuvo seguro de que moriría. Tragó en seco luchando contra el terror que sentía en su corazón.

-Libéralo -ordenó al caballero que sujetaba al escudero de Jasper- Y veré de obtener un rescate.

-No, mi Lord -protestó- debemos matarlo.

-Y yo digo que no- replicó -Él no es mas que un niño de dieciséis años en su primer ataque.

-¡Le ruego su protección, mi Lord! - El muchacho se desprendió de su capturador y se arrodilló frente a Edward.

-No deberías usar armadura, niño, porque no estás bien preparado para la guerra.- Edward hizo levantar al joven. -Pero tienes la protección que buscas. ¿Cómo te llamas?

- James de Sols.

-Bien, James, da una mirada a tu alrededor y aprende.- Edward movió un cadáver sin cabeza con su pie. -Ves, este es el resultado mas común de una batalla. No es gloria o riquezas lo que se obtiene con esto.

-El discurso de un cobarde- James ridiculizó -Nunca oiría a mi Lord de Hall hablar así.

-¡Idiota! ¡Este es Lord Edward! -Jacob susurró detrás de James.

Los ojos de James se agrandaron y enfrentó al hombre al que había oído llamar "el Bastardo de Charlie".

-Perdón, mi Lord -dijo, colorado -no he oído a nadie llamarlo cobarde.

Edward le habló más suavemente,

-Todos nosotros podemos morir. Y eso sucede, a veces, muy pronto en una batalla. Se cauteloso cuando luches, James.- Girando hacia Jacob, ordenó que el joven fuese llevado a su tienda.

Después de que la mayoría de los hombres hubiera vuelto a descansar, Edward caminó entre los muertos. Se inclinó ante un cadáver, un hombre joven cuyo vientre había sido abierto con un hacha.

-Jesús-, murmuró -mejor el infierno que morir así.- se arrodilló e hizo la señal de la cruz encima de la cara fría del joven y murmuró una oración por su muerte. - Dios Todopoderoso recibe su alma y concédele la paz en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.- se sentía desamparado enfrentando la muerte.

Se movió sobre cada cuerpo y repitió el ritual hasta que acabó y vagó por la noche tibia, iluminada por las estrellas. Todo parecía tan insensato, esos ataques que costaban vidas y no resolvían nada. Su causa, no, la causa de Isabella. Estaba tan cerca y al mismo tiempo tan lejos que bien podría estar en la China. Tenía que sacar a Jasper de la fortaleza y no sólo porque deseaba a Isabella, sino porque no podía tolerar la idea de lo que ella debía estar sufriendo a manos de Hall. Impacientemente agarró una piedra y la lanzó.

-¡Deténgase!

-No- respondió -Soy Lord Edward.

-¡Dios lo proteja, mi Lord! -el centinela respondió.

Las palabras del hombre hicieron eco en la mente de Edward y de repente fue como una revelación. Él tenía los medios para sacar a Jasper si podía usar toda su fuerza de voluntad. Había jurado ofrecer protección a Isabella, y cumpliría ese juramento o moriría intentándolo. Volvió a su tienda con un nuevo propósito.

Encontró a James y a Jacob peleando ante un tablero de ajedrez como lo había hecho él y Garrett cuando estaban al servicio de Carlisle el Conquistador. Se puso detrás de James, y se inclinó para mover la pieza del rey.

-Muchas gracias, mi Lord. No soy muy bueno en este juego, aunque lo jugué con Lord Jasper. Pero, ahora que ella está allí prefiere jugar con Lady Isabella.- Percibiendo de repente que estaba hablando con su marido, se ruborizó y dijo -Perdón, mi Lord.

-No, me gusta oír hablar de ella-, respondió suavemente. -¿La ves con frecuencia?

-Yo, mi Lord, le sirvo a Lady Isabella. No hay ninguna criada en Hall y me cabe a mí asistirla. He aprendido a peinar su cabello ahora que esta pesada por el embarazo, pero principalmente le canto, y toco el laúd para ella.

-¿Pero, está bien?

-Si. Tuvo una fiebre muy alta y pensamos que la perderíamos, pero se recuperó. El bebé está creciendo y está pesada, pero no se queja. Antes del asedio, mi Lord le hacía traer todo tipo de delicadezas y dulces para tentar su apetito- James dijo lo que Edward no se atrevía a preguntar. -Pero no es feliz. Nada de lo que él hace puede hacerla feliz.

-¿Le llevarías un mensaje? -Edward notó la vacilación del joven y se apresuró a explicar- No es una trampa, lo juro. Te ofrezco tu libertad de volver allí si le comunicas que deseo hablar con él.

-Si, pero él no confiará en vos.

-Él me conoce. Creo que aceptará si le dices lo que quiero. Hablaré con él en campo abierto a mitad de camino entre este campamento y los muros de Hall. De ese modo ambos estaremos fuera del alcance de los arqueros.

-¿Y si acepta?

-Yo iré con vos mañana y esperaré delante de la muralla, en los portones exteriores. Dile que si acepta encontrarse conmigo que lo haremos cuando el sol esté alto y que debe colgar una tela verde encima del muro donde yo pueda verla. Esperaré la respuesta por un rato después que vos hayas entrado.

-¿Y cómo debe ir, mi Lord?

-Sólo y desarmado, como estaré yo. Planeo pedirle a Alec que sea testigo de este acuerdo, pero él no llegará a estar cerca de Jasper.

-Bien.

Cuando amaneció, Edward cabalgó fuera del campamento con James y luego observó como el joven entraba en la gran fortaleza. Desmontó y condujo su caballo cerca de una gran piedra que ofrecía una clara visión del frente de la muralla exterior de Hall. El aire todavía estaba fresco, pero el sol que golpeaba impiadosamente en su cabeza. Apoyado contra la piedra, Edward esperó. No le había contado a nadie de este plan porque no podía arriesgarse a que lo convencieran de abandonarlo. Era el único modo, si tenía éxito, que le devolvería a Bella segura.

Pasó el tiempo de espera, pensando en ella, y recordando las cosas que ellos habían compartido a lo largo de la vida. Sin ella, su riqueza o su poder no significaban nada. Era por ella que se había esforzado y era por ella que ganaría nuevamente. Él movió su peso contra la dureza de la piedra y observó nuevamente las paredes altas. De repente captó un movimiento en lo alto y se dio cuenta que Jasper no pretendía hacerlo esperar por una respuesta. Una nube de tela onduló encima de las plataformas y luego cayó para quedar colgada en el muro. Edward observó la caída de la tela verde y repentinamente se sintió alegre a pesar de la tarea que tenía por delante. Montó y volvió al campamento para ver a Alec.

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No fue una tarea fácil persuadir a Alec para acompañarlo desarmado a encontrarse con Hall, pero le dijo sólo debía observar a una distancia segura. Luego volvió a su tienda para enfrentar la oposición de su padre y del Príncipe Garrett que lo observaron mientras se preparaba para la reunión.

-Seguramente usarás cota de malla -, Garrett protestó cuando Edward se puso una camisa gris clara y luego un saco azul y gris encima de eso. -¡Piensa! Aunque estarán fuera del alcance de los arqueros, Jasper puede llevar un puñal.

-Si- su padre concordó, -y no puedo ver que ganarás hablando con ese hombre. Él no estará más dispuesto a entregarla hoy que lo que estaba ayer o de lo que estará mañana. Su ventaja es prolongar esta situación y hacernos esperar.

-No podrá demorar más esta situación, pretendo presentarle batalla.

-¡Qué! - Garrett jadeó. -¡No! ¡Jesús... no!

Carlisle contuvo la respiración y dejó salir el aire lentamente para calmarse.

-¡Edward, piensa! ¡Si fuera otro hombre que no sea Hall, te diría que Si, pero en este caso te digo que no!

-¿crees que no lo pensé? Sé a quien me enfrento, probablemente a alguien que es mejor que yo. Él es más pesado, tiene brazos más largos, y nunca pierde, y todo el mundo le teme. - Los ojos verdes de Edward estaban sombríos cuando encontró la mirada de su padre. -Pero yo sé que es mortal y que sangra como vos o como yo. Si Dios me ayuda, podré vencerlo.

-Piensas que puedes, Edward-, Garrett cuestionó, -pero, ¿y si no puedes? ¿Qué pasará entonces con Isabella?

-Hay cosas peores que la muerte, Garrett. Ella está viviendo un infierno y no veo ninguna esperanza de poder rescatarla sin matar a Jasper. Y es lo que haré.

-¿Crees que él irá a la reunión? -Carlisle preguntó finalmente. -El ya tiene lo que quiere y no puede arriesgarse a perderlo

-Mientras yo esté vivo, no tiene ningún derecho real sobre ella, y me he dado cuenta que Jasper quiere a Bella tanto como yo. Él luchará por ella.

-¡Le estás dando lo que quiere! - Garrett murmuró furioso.

-Planeo presentarle pelea. No hago esto ligeramente, y no tengo mas ganas de morirme de las que vos tienes.

Lo siguieron fuera y observaron como se subía al estribo y montaba. Una media sonrisa cruzó su cara cuando miró hacia abajo, a los dos hombres que más amaba en su vida.

-Creen que estoy loco, pero juro que no lo estoy- Girando hacia Jacob, pidió sus guantes.

-¡Madre de Dios! - Garrett todavía no quería creer lo que pretendía hacer. -Estás loco si lo enfrentas en un único combate.

Edward espoleó su caballo con sus rodillas y se abrió camino por el campamento hacia donde Alec lo esperaba ansiosamente. El nerviosismo del duque quedaba revelado por el hecho que había escogido usar la cota de malla aunque tendría que quedarse sentado en su caballo a una distancia segura de Jasper de Hall. Parecía que no había nada que decir entre los dos hombres mientras cabalgaban lentamente al campo abierto. Finalmente el duque preguntó,

-¿Estás seguro que vendrá desarmado?

-No estoy seguro de nada, pero no espero ninguna deslealtad.- Edward incitó a su caballo a un ritmo de galope, dejando al duque atrás. Cuando alcanzó lo que juzgó era el punto central del campo, Edward se detuvo y esperó.

Hall los observó desde el portón abierto del antemuro hasta que vio a Edward alejarse de Alec. Mirando sombríamente hacia atrás, se encogió de hombros. Lentamente encaminó a su caballo al encuentro del enemigo que se interponía entre él e Isabella de Swan.

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-¡Bastardo! - Hall lo provocó. -Bien, he venido a oírte.

Sin hablar, Edward sacó un guante y lo tiró al suelo, enfrente de Jasper. Los ojos de Hall se estrecharon y entonces su cara esbozó una sonrisa triunfante.

Con gracia atlética, saltó fuera de la silla de montar y se inclinó para tomar el guante. Caminó los pocos pasos hasta donde Edward lo esperaba. Como se aproximó, Edward dijo muy claramente para que ambos Jasper y Alec oyeran,

-Jasper de Hall, como defensor de Isabella de Swan, exijo justicia por ella en el campo del honor. Yo te desafío a someter tu reivindicación sobre ella a través de un combate delante de un testigo. ¡Dios haga justicia!

Hall respondió.

-Si, que así sea.- Y no pudo evitar bromear, -Creí que tenías mas cerebro, pero no puedo despreciar esta oportunidad.

El desafío de Edward había tomado a Alec por sorpresa y no estaba contento. De cualquier modo, cabalgó hacia delante pero se mantuvo lo suficientemente distante como para fijar las condiciones. Miró primero a Edward.

-¿Cuándo deseas que se encuentren?

-Mañana.

-¿Es aceptable, mi Lord? - Alec preguntó a Jasper.

-Si, cuanto mas temprano, mejor.

-Entonces a su pedido, fijo las diez de la mañana como hora para el combate. Cada uno vendrá armado con espadas de hojas largas a menos que prefieran otra cosa.

-No, está bien-, Hall murmuró.

-La lucha continuará hasta que haya un vencedor indisputable que será cuando uno de ustedes sea matado o se rinda. Si el derrotado escoger rendirse, el vencedor no rematará al vencido. ¿De acuerdo?

-Que así sea-, Edward declaró solemnemente.

-Que así sea -, Hall concordó.

-Mi heraldo establecerá las reglas de acuerdo con la costumbre y ustedes cumplirán las llamadas de él para comenzar o detenerse.

-Si.

-Jasper, vos traerás a Lady Isabella y la colocarás en la custodia del Obispo de Roen-, Alec continuó -hasta que el asunto esté resuelto. ¡Dios permita que la justicia sea hecha!

Hall vaciló y frunció el ceño.

-Ella está indispuesta y sólo faltan dos meses para el parto. No quisiera que asista.

El duque asintió con la cabeza entendiendo.

-Si. Montaremos una tienda donde podrá permanecer. Será entregada al vencedor.

Hall volvió a montar y saludó.

-Hasta mañana, entonces.

Alec esperó hasta que juzgó que Jasper ya no podía oírlos antes de dirigirse furiosamente a Edward.

-Eres un estúpido, mi Lord -estalló -Y nos haces parecer estúpidos a todos nosotros. Juntamos hombre y dinero para esta empresa para terminar descubriendo que has vaciado nuestros bolsillos para nada.

-Sometí mi causa a la decisión de Dios.

-Y perderás a tu esposa y tu vida. Vos, de todas las personas, conoces la habilidad de él.

La euforia de Edward se había evaporado cuando Hall había tomado el guante, y la tensión entre ellos fue casi insoportable. Él conocía las ventajas de Jasper y no tenía ganas de pasar el resto del día oyendo hablar de su locura.

-Déjame en paz. Yo sé lo que tengo que hacer. Si esto le sucediese a tu esposa, harías lo mismo.

-Nunca.

Alec se separó de Edward y cuando alcanzaron el campamento y Edward no pudo oírlo cuando le contó a cualquiera que quisiera escucharlo,

-Lord Edward planea encontrarse con Hall mañana.


En fin… Edward y Jasper… por fin la gran batalla… no queda mucho para terminar esta historia… y por lo que veo les esta gustando… me alegro mucho. quiero apuestas... quien ganara¿? alguien resultará herido¿? alguien se interpondrá entre los dos¿?... en el porx. cap. veremos la reacción de nuestra Bella...Bueno… mañana más… que este ha sido largito… un besote.