Capítulo 36

El día de la fiesta de compromiso de Annie y Archie había llegado. Ella no había visto a nadie, es mas los estaba evitando y si fuera por ella no asistiría a la fiesta pero ni Annie ni Archie tenían la culpa de lo que le estaba pasando y ella debía ir. Era tan difícil vivir una vida normal sin extrañarlo por eso evitaba toda situación que se lo recordara, pasaba los días sola llorando en su cuarto después de trabajar.

Buenos días Candice, hasta que por fin puedo verte – sonó un poco molesta la voz de la anciana mujer

Ella que iba bajando las escaleras silenciosamente esperando no encontrarse a nadie, maldijo para sus adentros – Buenos días, perdóneme es que no me he sentido bien

Sí, eso me dijeron los muchachos pero hoy es la fiesta de compromiso de Archie y espero asistas

Claro que si, no pensaba faltar

Estas muy flaca y ojerosa Candice, creo que el vestido que te mande hacer te quedara flojo. Llamaré al modisto para que te lo ajuste durante la mañana

¿Usted me mando hacer un vestido? – inquirió desconcertada la joven ¿por qué la tía abuela tenía con ella un gesto como ese?

Ven aquí Candice, vamos al despacho. Tenemos mucho de que hablar

Y así lo hicieron entraron en el despacho y se sentaron una frente a la otra en unos sillones que ahí había. La joven enfermera no entendía lo que pasaba pero quizás su estado anímico afectaba toda su percepción de las cosas.

Candice esto es muy difícil para mi , así que espero sepas entenderme – hablo la mujer retorciendo su pañuelo entre sus manos

Dígame

Yo siento mucho haberte juzgado mal y te agradezco infinitamente haber cuidado de William – su voz sonaba nerviosa y baja

No tiene de que disculparse y por lo que hice por Albert lo hice de todo corazón. Él era mi amigo – dijo con nostalgia deseando volver el tiempo atrás donde por lo menos lo tenía como amigo

Gracias Candice – la señora se relajó un poco y continuó – por eso quiero que me permitas conocerte de nuevo y que me conozcas

Estaré encantada de que empecemos de nuevo. Pero sabe tía sí vamos a empezar de nuevo me gustaría que me llamara Candy. Así me llama la gente que quiero

La anciana tuvo que hacer gala de todo su autocontrol para no mostrar su sorpresa y emoción. Esta chica de verdad era buena para perdonarle todo el pasado – Por supuesto que si Candy. Ahora ¿por qué no te unes a nosotros en el desayuno? Estoy segura que todos estarán encantados de verte.

No le apetecía en lo mas mínimo desayunar con todos, ver que algunos la miraran con lastima y otros con enojo. No podría, además él no estaba ahí. Pero no podía negarse ahora que iba a empezar de nuevo las cosas con la tía abuela – Esta bien.

Así la tía abuela en un gesto inusual en ella se tomó del brazo de Candy y caminaron hasta el comedor. En el mismo momento que vio la silla que solía ocupar Albert vacía el corazón le dio un vuelco y las lagrimas inundaron sus ojos ¡lo echaba tanto de menos! La tía le indicó que se sentara en su sitio habitual ya que ese era el sitio que el patriarca de la familia había asignado para ella y que ella tomaría el de la izquierda de la cabecera.

Ella así lo hizo, se sentó en su sitio de siempre, su mirada perdida en ese asiento vacío. Aún podía sentir su aroma y su presencia allí. A su mente venía momentos felices allí sentados. Por mas que quería no podía apartar la vista y poner atención en la conversación que tenía lugar en la mesa.

Anthony desde el otro lado de la mesa la observaba, se veía tan mal. Había adelgazado y sus ojos ya no eran aquellos alegres que él recordaba. Ella ya no era la misma, la había visto pasar por muchas cosas pero nunca perdió el brillo de sus ojos, las ganas de vivir como ahora ¿su tío significaría tanto para ella? Por el modo que observaba su silla vacía parecía que si, sus ojos estaban llenos de lágrimas y se le veía hacer un gran esfuerzo por contenerlas ¿qué le estaba haciendo a la persona que decía amar?

Se levantó de la mesa disculpándose y saliendo al jardín, poco después Patty estaba sentada a su lado en una banca. Ella había estado ahí todos esos días reconfortándolo con su compañía pero sin mencionar nunca mas el tema. Era tan prudente y tan cariñosa que cada día se sentía mas contento con su compañía.

¿te pasa algo? – preguntó la muchacha

Ella esta muy mal – afirmó consternado por la imagen de la mujer que siempre había amado

Sí, nunca pensé que estuviera tan mal

Yo… yo no se que pensar o que sentir Patty. Creo que quizás exageré, que estoy destrozando las vidas de las gentes que quiero, que quizás yo no la amo de verdad – no la miraba sólo decía en alto sus pensamientos

A veces Anthony uno se aferra a un amor, aún cuando uno mismo ya no lo siente igual

¿A qué te refieres?

A que uno se cierra a sentir de nuevo, creyendo que lo que uno una vez sintió no se borrara jamás. La mente vive aferrada a lo que fue, cuando el corazón ya olvidó – explicó pensando que eso le pasaba a ella, su corazón cada día sanaba pero su mente se negaba a dejar ir el dolor

Él se quedó pensando, quizás Patty tenía razón y él se estaba aferrando a Candy por ser su primer amor y él ahora ya no sentía lo mismo. Tenía que analizar con detenimiento sus sentimientos – Creo que tengo mucho que pensar

Creo que si Anthony pero mira a tu corazón para saber lo que sientes – se giró a verlo con infinita ternura y sus ojos se quedaron enganchados, sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos y una sensación nueva inundar sus almas.

Eso haré Patty, gracias – no dejaba de mirarla pero lo que le estaba pasando le recordaba ¿cuándo fue la última vez que sintió eso con Candy?

En la soledad de Lakewood, esa soledad a la que se había sometido por voluntad propia, miraba por la ventana de su cuarto ¿qué estaría haciendo ella? Últimamente sus pensamientos siempre eran adivinar que hacía porque si no pensaba en eso sólo pensaría en que la había perdido y no quería seguir así. Pero a quien quería engañar daba igual lo que él quisiera, su alma no quería seguir viviendo y no le hacía caso a la razón ¿cuánto daría por ver sus ojos esmeralda una vez mas, sólo una vez mas¿cuánto daría por tocar su piel o besar sus labios? Esa era solo la última voluntad de un moribundo deseando encontrar la paz antes de morir.

La noche rápidamente había llegado haciendo que con ella su cuarto se llenara de doncellas que se afanaban por dejarla preciosa. Una de ellas entró con el vestido. Por la mañana no lo había podido ver, el modisto tan solo le había tomado medidas de nuevo.

Una de las doncellas lo colocó sobre la cama, era un bello vestido color tostado, con tiras de satén blanco que resaltaban el corsé. Era un poco escotado y ajustado por lo que adivinaba al verlo allí expuesto. Tenía que admitir que la tía abuela tenía excelente gusto pero a ella en realidad lo que le apetecía era ponerse un vestido negro, tan negro como su futuro…

Una hora después las doncellas habían dejado su cuarto, la habían dejado como una muñeca. No había rastro de ojeras ni de tristeza por lo menos en lo exterior porque tan sólo viendo a sus ojos se vería tan increíble agonía. Se sentó en un taburete mirando hacía la puerta, esperando a alguien que nunca iba a llegar a tocar a su puerta. Lo esperaba a él, él que siempre la buscaba para acompañarla. Él que siempre estaba pendiente de ella.

Decidida a que tenía que por un rato fingir por sus amigos salió de su cuarto y bajo a la fiesta. Tratando de pasar lo mas desapercibida posible. Al fondo del salón vio unas sillas y decidió sentarse allí, no tenía ganas de socializar. Se quedaría un rato en lo que los novios anunciaban la boda y después de un poco se iría a su cuarto.

¿Escondiéndote pecosa? – inquirió sentándose a su lado

No, simplemente no tengo ganas de fiesta – respondió un poco incómoda. No quería vivir una rutina de cortejo en ese momento

Ya veo, no te he visto en estos días – trataba de encontrar conversación, de encontrar el punto donde pudiera hablar con ella y darle ánimos

No he querido ver a nadie- dijo escuetamente y sin mirarlo, en lo único que podía pensar era en él y en lo mucho que lo extrañaba en ese momento

Candy a mi me gustaría…

No voy a decidir entre ninguno de los dos Terry – lo interrumpió ella mirándolo duramente para reafirmar con sus ojos su posición y después volver a mirar hacía la puerta.

Miraba sin ver, gente iba y venía sin parar. Unos cabellos rubios llamaron su atención pero no podía ver a su dueño porque había mucha gente delante ¡No podía ser! Ya estaba alucinando de nuevo, su corazón brincaba dentro de su pecho, su cuerpo hormigueaba y el aire le faltaba. En ese momento la gente se apartó y ahí estaba él mirando justo hacía ella.

En el mismo momento que sus ojos se encontraron fue como si no hubiera nadie más solo ellos dos y la gente era solo un vago murmullo a lo lejos.

Hace mucho que decidiste y no seré yo él que me oponga – aseguró el joven a su lado levantándose

Él la miraba hipnotizado, no pensaba asistir a la fiesta pero una llamada hacía unas horas de Archie muy disgustado por su ausencia lo convenció que su deber era ir. Además para que negarlo tenía que ver con sus propios ojos como estaba, aunque eso aumentara después su dolor.

Pero nunca espero verla a ella según entrara, pero era inevitable sus almas se llamaban a gritos aun antes de verse. No supo en que momento sus pies se empezaron a mover evitando a la gente, sin dejar de mirarla.

Ella como atraída por un imán se levantó y camino lentamente, cómo si esa sala estuviera vacía y sólo estuvieran los dos.

Él estaba temblando de los pies a la cabeza, ahí estaba ella la dueña de su vida, la dueña de su dolor ¡Cuánto la había extrañado!

Se pararon frente a frente sus ojos llenos de lágrimas, ambos reconociendo lo que el dolor había hecho en el otro. La música comenzó a sonar y él por inercia la tomó entre sus brazos y comenzaron a girar al ritmo de la música.

Por fin tenía su cuerpo entre sus brazos, ese cuerpo que había poseído tantas veces. Por fin tenía cerca el alma que le poseía. Sabía que ese momento no duraría, pero sólo por una pieza quería soñar que nada había pasado.

Ahí estaba él, su piel vibraba al contacto. Cada poro de su piel lo reconocía, cada latido de su corazón le indicaba su cercanía. Parecía haber revivido de repente. Pero más bien parecía la mejoría que vivía todo agonizante antes de morir. Porque cuando se separaran de nuevo moriría para siempre.

A lo lejos unos ojos muy parecidos a los de él, miraban la escena conmovidos, confundidos, culpables, doloridos, deseando entender y desenredar la confusión de su cabeza y corazón.

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Annette como siempre gracias, gracias y gracias

Les agradezco infinitamente los mails y reviews que me impulsan a escribir y seguir adelante. Gracias