Aviso: La última escena puede herir la sensibilidad. Solo es necesaria para entender el personaje de Blaise con el que juego en la historia. Rating M +18 importante la nota de autora del final.

Disclamer: El mundo de Harry Potter pertenece a JK. Rowlings.


Capítulo 34

Gritos en la tormenta.

— ¡Dios mío!

Hermione buscó frenéticamente su varita entre los pliegues de su túnica, incapaz de encontrarla con el nerviosismo que hizo presa en ella. Sollozó, alterada mientras contemplaba como Blaise salía corriendo como si su vida dependiera de ello.

Y así era como se sentía.

Ginny se había quedado enganchada en la nudosa raíz de un árbol y un hombre lobo se abalanzaba sobre ella.

El corazón de Zabini había dejado de latir al ver aquella imagen, iluminada bajo la luz plateada de la luna que se colaba entre las gruesas ramas que conformaban la cúpula casi impenetrable del Bosque Prohibido.

Se lanzó hacia ellos en una carrera frenética, escuchando el latido desacompasado de su corazón en los oidos, con la sangre rugiendo y el miedo amargando su boca.

— ¡Aquí! ¡Jodido perro inmundo ven a por mi! — Pero nada parecía conseguir despegar su atención del sabroso bocado pelirrojo que trataba de alcanzar su varita — Se tiró sobre ella, cubriéndola con su cuerpo y se tapó la cara con el brazo, siseando cuando el dolor laceró su carne. Las garras de aquel monstruo desgarraron su ropa y su piel, pero no se apartó. Para llegar a ella debería pasar sobre él, le daría tiempo a Hermione para hacer algo, lo que fuera.

Sintió que Ginny le abrazaba por la espalda, apretando la cara contra él y retorciendo la tela de su capa de Slytherin entre los dedos.

¡Desmaius!

Hermione lanzó el hechizo con manos temblorosas, respirando agitadamente.

— ¡Vamonos! — gritó al escuchar otras aullidos no todo lo lejos que le gustaría.

Blaise se dio la vuelta y miró a Ginny que tenía los ojos aún brillantes de lágrimas no derramadas, temblaba pero su rostro permanecía sereno.

— Gracias — susurró.

Los dedos de Zabini acariciaron la curva de aquella mejilla de alabastro y ella cerró brevemente lo ojos, sintiendo el roce de sus yemas sobre los labios.

El calor se hizo más intenso, más cercano y, antes de darse cuenta sintió la respiración de él sobre su boca, cálida, atrayente…

Abrió los ojos y le miró, él parecía en trance, como si no fuera capaz de recuperarse de la impresión de haber estado a punto de morir, o de que ella hubiera estado a punto de hacerlo.

— NO

Ginny se apartó y salió corriendo, alejándose de él tan rápido como podía. Ella tenía clara su elección desde hacía tiempo y no iba a consentir que un momento de debilidad dañara de ninguna forma a Harry. Él se merecía su lealtad y su absoluta fidelidad y Ginny se las daría siempre.

...

— ¡Luna! — Theo iba con la varita en la mano invocando un lumus, zigzagueando entre los árboles, apartando ramas y esquivando setos. En alerta absoluta — ¡LUNA!

Neville estaba a su lado, igual de frenético que el Slytherin desde que unos diez minutos atrás habían perdido a la rubia.

— Maldita sea — masculló Theo. Escucharon un aullido y el grito de Hermione y ambos corrieron hacia allí, asustados.

Habían acudido al bosque porque Draco les había dicho que aquella noche iban a reunirse algunos mortífagos con Fenton, Baddock y los demás. Algo que Theo ya sabía, porque llevaba meses observando a aquel grupo de Slytherins en concreto. No era la primera vez que les pillaba haciendo cosas indebidas a deshoras, como la noche en que desmemorizaron a aquella chica de Hufflepuff… Theo imaginaba quien había sido, pero no tenía pruebas de ello, de modo que se limitaba a ver, oír y callar. Tal vez, lograra atar cabos en algún momento, mientras seguiría en las sombras.

Un grito le hizo girar de golpe.

Luna.

— ¡Ve por Hermione! — Gritó a Longbottom mientras iba en busca de la Ravenclaw sin pensarlo dos veces.

Ambos se separaron y cada uno corrió directo a su objetivo.

— Vamos, vamos, vamos

Theo esquivó un par de ramas, lanzó varios Diffindo y se tragó algunas hojas que no vio venir en su loca y desquiciada carrera. Se encomendó a Merlín, a Morgana y hasta a todos los antepasados de los que firmemente renegaba, desesperado por encontrar a la chica sana y salva.

— ¡Luna!

El bosque parecía tener vida propia, cada ruido, cada movimiento, cada olor que llegaba a él lo tensaba cada vez más. Estaba asustado, era inevitable sentir el vello erizado, los sentidos alerta… nada bueno ocurría entre aquellos árboles y aquel día menos que ningún otro.

Mientras corría se planteó seriamente la posibilidad de que Malfoy les hubiera vendido, era algo que se esperaría de él sin ningún problema.

Habían regresado a Hogwarts hacía apenas una semana y la tarde anterior les había avisado de la reunión en el Bosque Prohibido.

Casualmente una noche de luna llena.
Les habían lanzado a los lobos, de forma literal.

— ¿Theo?

Nott paró en seco, casi dándose con un tronco por el frenazo, convocó un Lumus y enfocó la vista hasta ver a Luna a lomos de un centauro.

La rubia le sonrió.

— Oh Parrick, gracias por salvarme — dijo bajando y dedicándole una sonrisa — pero ya estoy a salvo.

Se acercó a Theo agarrando su mano y se pegó a su costado a la vez que agarraba su varita.

Nott , al principio se sintió un tanto idiota por haberse lanzado a rescatar a Luna como un caballero de brillante armadura, esperando encontrar una damisela en apuros. Pero no solo no parecía en problemas, si no que le esperaba subida a lomos de un enorme centauro, sonriendo tan tranquila. Aún así, no pudo evitar henchirse de orgullo al escucharla y tragó saliva, agradecido por la confianza que parecía depositar ella en él.

— He oído gritar a alguien — dijo la chica mirándole desde su baja estatura — ¿Vamos?

Theo asintió, se despidieron del centauro y volvieron sobre sus pasos una vez más.

Era la primera vez que estaban a solas desde el día que le robó un beso, lástima que no fuera el momento ni el lugar para preguntarle por qué le esquivaba desde entonces.

— ¿Hermione? — Neville aferró los hombros de la castaña, que parecía a punto de derrumbarse y se asustó porque ella no era de las que caían presas de la histeria — ¿Qué ocurre?

La chica se giró al ver a Ginny correr hacia ellos e inspiró hondo, recuperando el control momentáneamente perdido.

— Nada — dijo con media sonrisa.

El estruendo de un trueno resonó en la noche y el brillo de un relámpago desgarró el firmamento. Todos miraron durante un segundo hacia arriba en el instante en que el cielo se abrió y un torrente de agua comenzó a caer, impenitente.

— ¡Vamonos! — Gritó Hermione haciendo señas a Blaise que permanecía de rodillas cerca del licántropo caído.

Comenzó a correr, seguida de cerca por los demás

— ¿Theo y Luna? — Preguntó por encima del hombro mientras los aullidos parecían estar más cerca

— Estamos aquí

La voz de la rubia que se acercaba a ellos por su flanco derecho, tranquilizó a la castaña que siguió corriendo, alejándose de aquel lugar.

Tenían que salir, estaban a punto de ser rodeados, eran pocos, estaban en desventaja luchando en aquel lugar, a ciegas, sin saber a qué se enfrentaban ni por qué.

Cuando llegaron al linde y vieron la cabaña de Hagrid, suspiraron aliviados, pero no dejaron de correr.

Hasta que vieron la figura de Malfoy en la loma, cubríendose tras las rocas.

Hermione corrió hacia allí, ciega una rabia que le imbuía de fuerzas inusitadas que aprovechó para lanzar un puñetazo al rubio con todas sus ganas.

— ¡Nos has vendido! — Gritó furiosa intentando lanzarse de nuevo sobre él — ¡Maldito seas! Era una trampa.

Zabini agarró a la chica de la cintura, levantándola en el aire mientras ella luchaba y pataleaba para desasirse, gritando todo tipo de pintorescos improperios contra el rubio.

Malfoy, aún con el rostro girado por el golpe, con los mechones de pelo sobre la frente, apretó las mandíbulas hasta que crujieron, al igual que sus puños. Sus ojos se ensombrecieron tanto como las nubes que había sobre sus cabezas, anunciando una tormenta de mayor intensidad si cabe. Su mano salió disparada y atrajo a la castaña de un brusco tirón hacia su cuerpo sólido, empapado y tembloroso, aprisionándola entre sus brazos con fuerza.

— Largaos todos maldita sea — gruñó mirando a los demás con ira.

Ni siquiera esperó a ver si le obedecían, aferró las mejillas de Hermione con manos trémulas, fruto del miedo que había pasado y de la cólera, le limpió la cara con los pulgares y clavó sus orbes grises en los de ella, donde vio el miedo, la preocupación y las lágrimas contenidas.

La lluvia caía sobre ellos, inclemente. El agua se acumulaba en sus pestañas impidiéndoles ver con claridad, formando riachuelos por sus mejillas, hasta la barbilla. Hermione lamió su labio empapado apartó la vista, incómoda de repente.

— Era una trampa — repitió más calmada. Él no dijo nada, solo la miraba con intensidad, dejando que ella viera la verdad en sus ojos, demasiado furioso para hablar, consciente de que, si abría la boca, diría cosas de las que se iba a arrepentir — Yo lo…

Fue lo único que alcanzó a decir antes de que los finos labios de Draco se aplastaran contra su boca en un beso profundo, que hablaba de miedo y de rabia ciega.

Ella cerró con fuerza los ojos, dejando que las lágrimas que contenía se derramaran, mezclándose con la lluvia que bañaba su rostro. Aferró las muñecas de Draco, anclándose a él, como si fuera su áncora en la tormenta que les asolaba, se sentía naufragar, recordando el momento en que pensó que perdería a Ginny. La impotencia, el más abyecto terror… Se colgó de él, buscando el consuelo de sus labios mientras sus enlazadas figuras eran azotadas por el viento y la furia de la tormenta que se arremolinaba sobre ellos.

— ¿Qué diablos ha pasado? Tenía que haber ido ¡Joder! No debí hacerte caso — dijo él apartándose apenas un milímetro de sus labios.

— Vayamos dentro — dijo ella al darse cuenta de que todos se habían marchado — Aquí pueden vernos.

En aquel momento a Draco le importaba una mierda pero accedió. Dejó que la chica marchara hacia la torre, esperó cinco minutos, dejando que la lluvia se llevara los vestigios de su enfado y salió tras ella.

…..

Ginny no había bajado a desayunar, ni a comer, ni a cenar. Blaise maldijo abriendo de un brusco tirón y cerrando tras él con un sonoro portazo.

- Vaya mierda.

Soltó la puerta, golpeándola con las palmas y apretó los puños dejándolos aún sobre ella, mirando su mano izquierda, amoratada, con pequeños arañazos sobre la morena piel.

Apretó la mandíbula y estiró el brazo hasta que las heridas se hicieron visibles bajo la difusa luz de la vela de su habitación.

Una sonrisa torcida se pintó en su cara y golpeó las molduras hasta hacerse daño

— Maldito seas una y mil veces Blaise — siseó — Será el recordatorio de lo imbécil que puedes llegar a ser — La giró hasta que quedó ante sus ojos y un gruñido grave retumbó en su pecho — Todo lo que soy es un puto enfermo desviado que se está volviendo completamente loco.

Se llevó los dedos a la sien, sintiéndose completamente ahogado, vencido. Cada vez más nervioso y agitado. Se revolvió el pelo con las manos, rascándose el cuero cabelludo en un gesto de la más pura frustración. Necesitaba sosegarse, necesitaba algo que le calmara los demonios durante un rato, un solaz temporal, un placebo que le diera algo de tranquilidad.

El día anterior había estado a punto de cometer un error… había tenido tanto miedo que la adrenalina del momento pudo con él y se abalanzó sobre ella dispuesto a devorarla.

Ahora Ginny le eludía… chica lista.

Cada vez se sentía más enfermo, más sucio… nunca era suficiente, ni la sesión más salvaje lograba apaciguarle más de unas horas. Resopló frotándose la cara nuevamente. Llevaba demasiado tiempo valiéndose del sexo para olvidar ¿Acaso no era ya suficiente? Ni el más intenso de los orgasmos que había tenido hasta aquel momento había significado más que un ínfimo instante de paz en un mundo de mierda.

Se dejó caer sobre una silla sacándose las botas echó la cabeza hacia atrás hasta dar contra la pared. Últimamente sentía que algo iba terriblemente mal, pero no lograba saber el qué. Sacó la varita de su bolsillo la dejó sobre la mesa, pasando el dedo por la punta, hipnotizado por el movimiento de su propia mano. Una extraña sonrisa empezó a dibujarse en su cara y casi pudo sentir junto a él un ramalazo de excitación en la ingle solo imaginando.

Chupó su dedo y se levantó, arrancando un pedazo de pergamino y mojando la punta de una pluma de águila en tinta.

- Ve al Cabeza de Puerco. Ya.

Mandó la nota con la lechuza de Theo y se puso de nuevo las botas. Cuando salió, rumbo al pasadizo de la Bruja Tuerta, lo hizo con una sonrisa de anticipación en la cara.

La vio aparecerse en la minúscula terraza y oyó el sonido de su ropa y su respiración cuando abrió la puerta y se adentró apenas unos pasos entre las sombras de la habitación. Se frenó en seco, agachando la cabeza ligeramente y bajando la mirada al suelo aunque no le veía, sabía de sobra las reglas de ese juego al que se había prestado a jugar. No le veía, oculto entre las sombras como estaba, así que apoyó el hombro en la pared dando una honda calada a uno de esos cigarros muggle que había aprendido a apreciar.

Dejó salir el humo despacio, sin despegar sus ojos de la mujer que permanecía quieta, como sabía que debía estar en aquellas ocasiones. Kat se estremeció, podía sentir su oscura mirada ella y le oyó inspirar, como si disfrutara al sentir su miedo y su excitación que eran, sin lugar a dudas, un afrodisiaco para Blaise.

Apagó el cigarro entre sus dedos destrozándolo y dejando que el tabaco cayera al suelo.

- Acercarte.

Kat levantó ligeramente la cabeza ante el ronco sonido de su voz, sintiendo que se derramaba sobre ella como un buen whisky de fuego, haciendo que hormigueara su piel y una extraña punzada se clavara en su estomago.

— No te dije que me miraras, te dije que vengas a mí.

Ella contuvo el aliento de forma ruidosa, su respiración se agitó cuando llegó hasta donde se encontraba Blaise, quien agarró su cuello con la mano, flexionando los dedos a su alrededor, sintiendo, bajo la palma, el movimiento de su garganta al tragar saliva, en las yemas como su sangre corría por las venas y su corazón palpitaba desacompasado...

Zabini gruñó complacido, abrió ligeramente los labios y separó las piernas, sintiendo como su sexo daba un tirón bajo la tela de los incómodos pantalones del uniforme... Sonrió, dejando que sus dientes rasparan aquellos jugosos labios y se agachó hasta rozar el pelo de la mujer y agitarlo con su aliento.

- Antes de que acabe contigo, vas a gritar, me vas a suplicar y a llorar de placer con cada una de las embestidas de mi polla, gemirás debajo de mi, sabiendo que nunca más nadie en este mundo conseguirá que vuelvas a morir de placer una y otra vez en una misma noche, vas a gritar mi nombre hasta quedarte sin voz.

Kat gimió al escuchar aquella voz rota y al sentir la morena mano del chico bajo sus pantalones, tirando de la tela de sus bragas hasta desgarrarlas y meter los dedos entre sus piernas sin contemplaciones.

Cerró los ojos y un gruñido animal se le escapó de lo más profundo de su garganta al sentir como aquella abertura se doblega ante él, mojando su piel.

- Esto quiero de ti, así es como quiero que estés, empapada, dispuesta y abierta a mí, a mis dedos, a mi deseo y a mi voluntad…

Ella soltó un quejido, seguido de un gemido grave ante las palabras que gruñó Blaise en su oído. Habría que ser de piedra para quedar indiferente ante aquel todo de voz, que derramaba las palabras de forma lenta y enronquecida. Kat apretó con fuerza los puños, completamente dolorida, asustada como el infierno de que su voz le estuviera mandando de cabeza a un estado de excitación tan brutal.

- Te quiero temblando justo así, quiero que tu sexo me apriete, me absorba y me empuje como hace ahora con mi dedo. Tiembla, Kateryn. No dudes que esto va a ser bueno.

Retiró la mano de su cuello, apartando su pelo, inclinando su cabeza para llegar a la piel que cubría su carótida, dibujando un rastro transparente de saliva hasta su clavícula. Pasó la lengua de nuevo hacia arriba, lamiendo las gotas de sudor que brotaban de los poros de ella y siseó cuando el hambre feroz se despertó, golpeándole con fuerza.

Por un instante, una milésima de segundo, se paró y todo pareció quedar en suspenso, su ojos buscando el rostro femenino, sintiendo una ligera opresión en la boca del estomago, el asco hacia sí mismo que le provocó lo que estaba a punto de hacer... Pero sabía que poco importaba, lo necesitaba, necesita esto para mantener a raya a los demonios de su pasado y su presente, esos que se daban auténticos festines con los restos de su alma cada noche. Necesitaba tener el poder, ser él quien manejara cada una de las sensaciones de quien quiera que fuera capaz de ponerse bajo su control, ser él quien le dijera cómo se correría y cuando, cuantas veces lo haría y que tan alto gritara cuando lo hiciera... Necesitaba saber que era su voluntad lo que les manejaba a su antojo.

- Desnúdate.

Clavó sus ojos en las pequeñas manos temblorosas que desabrochaban la camisa con dificultad, esperando pacientemente a que terminara con el último botón y se despegara la tela de su cuerpo, le siguieron el sujetador de encaje negro y los pantalones, que acabaron extendidos por el suelo junto a los restos de las bragas.

Puso sus dedos en sus hombros desnudos, la piel fría y suave le hizo levantar los labios hasta mostrar por completo sus blancos dientes y le hormiguearon las yemas de anticipación, cuando la empujó hacia abajo

- Arrodíllate y cruza las muñecas tras la espalda.

Obedientemente clavó sus rodillas en el suelo frente a él, sintiéndose húmeda y nerviosa de necesidad, con la mirada aun baja. El pelo que cubría su cara se movió cuando se retiró de su lado él lo apartó, tomó unas tiras de cuero que había dejado antes sobre la mesilla, anudándolas entre si y enlazándolas en sus brazos y sus muñecas, enrollando sus antebrazos con ellas e inmovilizándolos juntos. Abrió la bolsa con sus juguetes que había llevado con él y lo contempló, absorto, ligeramente distraído, como un pintor mirando sus pinceles y pensando cual utilizar en el siguiente esbozo de su cuadro. Esta mujer sería hoy su lienzo, pensó cuando agarró unos guantes de cuero de cuyos dorsos colgaban dos arandelas de metal, una sonrisa torcida desnudó sus dientes de nuevo al separar sus muñecas para ponerle los guantes, sus dedos estaban helados y temblaron. Miró por encima de su hombro complacido ante el modo en que los pezones de ella se endurecían, su piel se erizada por el tacto áspero de sus manos.

Blaise inspiró profundamente y entrecerró los ojos, dejando que el olor de su excitación penetrara en su cerebro. Se removió incómodo, apretando las mandíbulas al sentir la punta de su glande rozando la costura de su bóxer, repentinamente incómodo. Soltó el aire de golpe, sujetó las arandelas y dio un tirón.

- Ven conmigo.

La empujó firme pero suavemente hasta la pared de la izquierda donde había hecho aparecer una barra de hierro forjado, clavada en vertical con mosquetones a distintas alturas y la giró hasta que su espalda queda a escasos centímetros de ellos obligándola a arrodillarse nuevamente. Enganchó las arandelas de sus guantes con el que se ajustaba a su altura y se retiró un par de pasos para poder contemplarla. Sus ojos se centraron en Kat, que permanecía pegada a la pared, con sus muñecas ancladas a ella, su espalda arqueada dejando que sus pechos se elevaran invitadores, sus rodillas ligeramente abiertas y su cara tapada por la cortina de su pelo. Blaise se movió de espaldas y la mirada de Kat le siguió sin poder evitarlo. Descalzo, despeinado y con los pantalones medio desabrochados era todo un espectáculo para la vista... agarró los bordes de la camisa y la sacó por su cabeza. Los músculos de su espalda ondularon y su cuerpo moreno y musculado, hechizó a la chica durante una fracción de segundo, con sus movimientos tensos y elegantes, que le recordaban a una pantera, peligroso, letal… hermoso. Una sacudida del más puro deseo descarnado la recorrió por completo y una extraña sensación se anudó en la boca de su estómago, sintió una ola de calor batir su cuerpo y rompió a sudar en el mismo instante en que su corazón se saltaba un latido y empezaba a galopar con fuerza. Había descubierto que pese a su usual irreverencia, a su fama de chica dura y glacial, la sumisión con él la excitaba hasta límites insospechados. Blaise conseguía que alcanzara cotas de placer que jamás había creído posibles y, pese a la brusquedad y la indiferencia de sus gestos, jamás la trataba mal, siempre se cuidaba de darle placer y dejarla absolutamente saciada, pensando en todo momento en ella. Zabini frenó en seco y ladeó la cabeza apenas un milímetro. Ella aguantó la respiración estremeciéndose y recordando a cada uno de los antepasados del chico, apretó con fuerza los labios quedándose quieta como una estatua, esperando, expectante. Tragó saliva al verle caminar de nuevo hacia la bolsa y contemplarla absorto, descartando y eligiendo meticulosamente entre la enorme cantidad de cosas que tenía ahí dentro. Se dio la vuelta por fin y regresó junto a ella, poniendo la palma de su mano en su cabeza, enredando sus dedos en el pelo y levantándola despacio, contra todo pronóstico, ella gimió y levantó el rostro sin mirarle, lamiéndose los labios y respirando agitadamente. Él pasó la punta de su dedo índice sobre ellos antes de introducirlo en su boca, metiéndolo y sacándolo varias veces. Kat cerró párpados gimiendo suavementey Blaise clavó sus ojos en los labios de la mujer que seguían lamiendo y chupando su dedo. De nuevo, ella notó esa opresión en la tripa, esa excitación en contra de su sentido común cuando él puso sobre sus ojos un antifaz de cuero, enganchando hebillas tras su cabeza y su cuello. Kat ahogó un quejido al sentir entre sus labios un bocado que le impidió cerrar la boca.

Oh Merlín, pensó Blaise, era un jodido enfermo ¿Qué coño le ocurría? En verdad su mente se horrorizaba ante lo que hacía, soy un adulto ya, pensó y estoy demasiado pasado de rosca...había visto de demasiado en su vida, empezando por su madre y el modo de vivir la que llevaba, la forma en que utilizaba a los hombres que pasaban por su vida, había vivido demasiada rabia, miedo, furia... Y luego estaba ella.

Ginevra.

Sacudió la cabeza, no era capaz de entender eso, como había llegado a necesitar aquello para excitarse, para sentir, no comprendía porque, pero le daba igual, ya poco importaba, ella había pulsado el último interruptor de su cordura y él se había perdido definitivamente.

Kat respiró como pudo y sintió la humedad en su entrepierna, lo cierto era que no imaginó nunca que esas cosas pudieran excitarla, de ninguna manera, pero así era. Los ojos de Blaise se clavaron en el perfil de la mujer, en los mechones de cabello pegado a su sien, sus labios abiertos, los quedos gemidos...parecía tensa, desconfiada, los tendones de su cuello se marcaban igual que los de sus brazos. La mirada del moreno se clavó el brillo de su piel perlada en sudor, en la gota que descendía por el abultamiento de sus pechos al inspirar, rodeando el pezón erecto, resbalando por la leve depresión de su estomago a la altura de su ombligo hasta la piel libre de vello de su ingle que brillaba de humedad... Kate, amordazada y atada tembló de lujuria, totalmente tensa de anticipación. Él se acercó de nuevo a la bolsa y abrió un lateral ampliado con magia, látigos, varas, cuerdas y correas colgaban perfectamente colocados, pasó el pulgar por el extremo curvo de uno de los látigos mordiendo su labio y ladeando la cabeza, pero finalmente agarró una vara del mismo material y la sujetó entre sus manos sopesándola con expresión seria hasta que enrolló en su muñeca la tira de una de las puntas y golpea su propio muslo con el otro lado con suavidad.

- Guardarás silencio.

Ella apretó los párpados sin moverse ni un milímetro cuando una serie de golpes ligeros resonaron en la habitación y golpearon su carne levemente. Gimió más por la sorpresa que por que le doliese el movimiento.

Cuando él paró y regresó el silencio, roto únicamente por la respiración acelerada de Kat, Blaise no pudo evitar mirarla de nuevo, mientras metía la mano bajo la tela de su pantalón, agarrando su miembro semierecto, sin dejar de acariciarse y de contemplar fijamente un punto más allá de la pared, imaginando... soñando... hasta que una gruesa erección asomó de su pantalón, exhaló, sobándose a sí mismo lentamente, sus dedos se cerraron a su alrededor, apretaron su glande una y otra vez, mientras su palma frotaba arriba y abajo girando la muñeca con cada caricia brusca,.. Siguió frente a ella, apartó el bocado de sus labios y sujetó bien la base de su miembro guiando la punta hacia su boca abierta, la mujer no puedo hacer más que recibir sus suaves embestidas y Blaise siseó, al escuchar como ella soltó un gemido seguido de pequeños jadeos, ambos respirando agitadamente. Las caderas de él empujaron una y otra vez, entrando y saliendo de su boca mientras sujetaba su cabeza, manteniéndola en su sitio, pronto, los empujones se hicieron más rápidos, más violentos, los gemidos de la chica subieron en volumen e intensidad hasta que se quedó sin aire y él se retiró de golpe, alejándose. La cabeza de ella cayó hacia delante, mientras trataba de respirar y calmarse, pero Blaise no le dejó demasiado tiempo antes tomar su pelo y enrollarlo en sus dedos. Soltó los agarres de la pared sujetándola cuando estaba a punto de caer de bruces al suelo y tiró de ella hasta la enorme cama cubierta de seda negra, la ayudó a subir, arrodillándola en mitad del colchón, el torso hacia delante, dejando sus nalgas levantadas y los brazos hacia atrás.

Zabini se colocó tras ella y agarró un bote de la mesilla y unas pequeñas bolitas negras encadenadas, de distintos tamaños. Ella gimoteó, con el rostro apoyado sobre los cobertores sin poder hacer nada más que estar ahí, dejando que él hiciera con su cuerpo lo que le diera gana, indefensa mientras introducía esfera tras esfera en su cavidad. La expresión seria y concentrada de Blaise podría hacer pensar en cuan distinto era el sexo para él, sabía que cualquiera pensaría que era un enfermo, pero solo existía una mujer a la que dejaría el completo control de su cuerpo, solo una que le hacía desear perder el dominio y el control de todo. Kat se agitó y gritó cuando recibió una fuerte palmada en el trasero, Blaise torció la boca en una extraña mueca y ella gimió de nuevo cuando él agarró fuertemente su pelo con una mano y colocó la otra en sus caderas separando sus muslos y clavándose en su cuerpo de una sola embestida, empujó su cabeza al contra el edredón, y ella volteó los ojos, casi perdiendo el sentido, pues ni sabía cuántos orgasmos había tenido ya. Él tiró de la banda de cuero, haciendo que levantara el cuello mientras se hundía en su cuerpo una y otra vez sin separar sus ojos de la pared, perdido en recordarla a ella, era su olor, su sabor, su cuerpo el que imaginaba bajo sus manos, de pronto se sintió caer en las profundidades castañas de aquella mirada que vivía en sus sueños y una ola de vértigo se vertió sobre él, haciendo que su mundo basculara sobre su propio eje mientras Kat seguía jadeando con cada golpe de sus caderas. Un nudo se ató en su pecho, ahogándole, hasta que la bilis subió por su garganta, no podía… no podía respirar, no podía seguir, algo no iba bien, no estaba bien…. Pero el ritmo de sus embestidas se aceleró y tiró con más fuerza de la correa, dejando escapar un gruñido animal. Apretó los dientes y los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos y arrancó la mirada de la pared en un arrebato de rabia, conteniendo a duras penas el nombre de ella junto a su grito de liberación, cuando un orgasmo avasallador estremeció su cuerpo dejándole vacio y desolado.

Aprender a dominar nuestros demonios puede arrancarnos a pedazos el alma.

Ginny llevaba una hora sentada en la misma silla, escuchando el opresivo silencio, roto únicamente por el sonido de su pausada respiración. No era capaz de mover un solo músculo mientras miraba la bolsa que había frente a ella, llena de un montón de artículos que desconocía. ¿Acaso eso podía llamarse ser… normal?

No era capaz de apartar los ojos de una máscara de cuero negro de la que colgaban hebillas y que tenía un agujero a la altura de donde debería quedar la boca. Parpadeó y se frotó la cara por trigésimo cuarta vez en los últimos sesenta minutos, consciente de la miríada de pensamientos y sensaciones que le provocaba aquella habitación del Cabeza de Cerdo, impregnada del olor de la cera y el tabaco.

La cama estaba revuelta, deshecha, con los restos de la ropa y distintos artículos de cuero diseminados por la sala, todo alrededor gritaba sexo, salvaje, descarnado, brutal…

Se levantó incapaz de permanecer un segundo más sentada. ¿Qué le estaba ocurriendo?

Caminó unos pasos hasta la pared, a menos de medio metro de donde veía aquella extraña máscara y estiró el brazo para tocarla.

No llegó a hacerlo.

Con un gruñido, a menos de frustración, cerró la mano apretándola en un puño, deseando estamparla en algún lado, en la cara de ella… o de él a ser posible.

Había seguido a Blaise, no sabía bien por qué, supuso que para disculparse, para hablar de lo que había ocurrido y, cuando se había decidido a mirar, se dio cuenta de que habían bloqueado la puerta… pero no la ventana. El día que le había visto tocar a aquella auror, el asco y la negación, junto a los celos la hicieron sentir usada y perdida sin sentido. Pero ahora los había visto follar, porque aquello no fue hacer el amor, ni mantener relaciones, eso fue el acto más feroz que había podido imaginar nunca… pero mientras lo veía no fue capaz de apartar sus ojos, aún sabiendo que no debería estar contemplando aquello.

Un rugido salió de su pecho y agarró la máscara, arrancándola de su lugar y lanzándola contra la puerta, con fuerza.

- Zabini eres un maldito enfermo.

Siseó en el silencio, consciente de que una parte de ella lo era también, indudablemente por preguntarse qué se sentiría, como sería... Pasó las yemas de los dedos por unas cadenas de satén, apretó las mandíbulas porque aunque no había visto algo así en su vida, podía encontrarle utilidad sin ningún problema, siguió observando, abriendo bolsillos y compartimentos, su corazón cada vez más acelerado, cada vez bombeando más deprisa en su pecho, fustas, pequeños látigos, cadenas, correas, collares… esposas, mordazas, cuerdas, antifaces ¡Bendito Merlín!

Imágenes sin censura se colaron en su cabeza, se sintió excitada cuando el recuerdo de los gemidos de aquella mujer se filtraron en su cerebro, cuando la imagen de Blaise, medio desnudo, con su piel sudorosa y brillante le quemó los recuerdos.

Y se encontró preguntándose de nuevo cómo sería, que se sentirá sometiéndose a alguien como él, dejando que la mantuviera al límite, haciéndose dueño de su cuerpo… dominio, control, fuerza. Sintió un nudo de tensión en su sexo y un tirón en su estómago al imaginarse recostada sobre la cama, su cuerpo retorciéndose sobre las sábanas, las manos atadas al cabecero, las piernas abiertas, amordazada. Inspiró profundamente, cerró los ojos y rompió a sudar, tragó saliva mirándose las manos que no dejaban de temblar, sin control. Boqueo, por aire, asustada, tratando de meter aire en sus pulmones.

Harry.

De pronto sintió helarse cada trozo de su cuerpo poco a poco y una letanía se repite en mi momentáneamente perturbado cerebro una y otra vez: le amo, le amo, le amo

Se llevó las manos a la cabeza, sus dedos revolviéndole el pelo. A veces llegaba a odiarse a sí misma.

Se frotó la sien y el pecho. Le costaba respirar, le ardía la garganta como el infierno.

Aquello no estaba bien, ella nunca debería haber seguido a Blaise. Era egoísta e inmaduro, él podía hacer de su vida lo que quisiera, eran amigos, no le debía nada más que apoyo y amistad.

Aunque nunca podría volver a mirarle del mismo modo.

Ahora más que nunca se alegraba de amar a Harry, él era normal, no un monstruo degenerado adorador del cuero y el dolor… Además le había escrito esa misma tarde y sabía que iría a Hogwarts de un momento a otro, apenas se habían podido despedir antes de regresar a Hogwarts, pese a que él fue cada noche a verla, a excepción de aquella en la que Ivanka despertó y sabía que, pese a que en su carta había sido poco alarmista con lo que había sucedido el día anterior, Hermione no lo había sido tanto. Harry estaría desesperado por verla, así que más le valía correr de regreso.

La ducha dejó de sonar y se salió a la calle. Allí se colocó bien la capa, aunque el viento frío que golpeaba su cara no le molestaba demasiado, estaba tan congelado como ella.

Dobló la esquina y desapareció rumbo a Honeyducks sin mirar atrás, si lo hubiera hecho, habría visto los oscuros ojos de Blaise contemplarla desde la ventana con anhelo y desolación.

Él sabía que ella los había visto y la postura de su cuerpo y el gesto de su rostro eran la viva imagen de la desesperanza.


Hola!

Lo primero, antes de que alguna diga ¿Qué fue eso? ¿Te volviste loca? xD No más de lo que estaba.

La escena de Blaise es algo que escribí hace más de un año (ni las sombras de Gray conocía ni sabía que el bdsm se pondría de moda tras los libros) La gente que me conoce de aquel entonces y me leía en los roleos, sabe de donde es este fragmento. Me gusta mucho, es algo que escribí con muchísimo cariño y no quería que se perdiera ya que no pertenecía a nada en concreto. Me ha parecido una buena escena para Blaise porque en cierto modo es el giro que le estoy dando a su personaje.
Es un Slytherin, con un pasado oscuro, con una vida no demasiado recomendable, que se ha enamorado hasta las trancas de la novia de Harry Potter… sinceramente debe ser una mierda. Y quiero reflejar esa parte triste y mísera del ser humano. Siempre sin perder la esencia del personaje animado y alegre que también es Zabini. Tiene su luz y su oscuridad, que luchan dentro de él, detonado por ese amor imposible.

Espero que lo entendáis como lo que es, aunque no es parte fundamental de la historia si lo es de él.

Dicho eso, espero que el resto del capítulo os haya gustado. Me ha parecido apropiado empezar la escena con un cambio brusco, porque luego expliqué que ha ocurrido esa semana, además nada digno de mención como para relatarlo. Me gustan los cambios y apropiados o no, supongo que es mi forma de escribir xD

He intentado plasmar la angustia y la desesperación de este capítulo, espero haberlo conseguido.

El beso que pedías Manu Rocha, espero que sea de tu agrado :)

Veo que desconfiáis de Ivanka y de su amnesia … chicas listas!

Muchas gracias a todos por seguir aquí, por leerme y acompañarme en esta historia.

Nurf no sabía lo de los dramione awards, ni sé dónde mirarlo (sigo sin pc yo también) Pero según me ha dicho ella me dieron el tercer premio en Romance general, creo recordar. Así que mil gracias también por ello y por votarme a todos los que lo hicieron. Para mi es un placer compartir este fic con todos. Está siendo una buena experiencia.

Con cariño.

AJ

Adarae: Que sufra que sufra… bueno, el puñetazo se lo merecía ¿no? Puede que no les vendiera pero se lo había ganado de antes xDD. No te preocupes que la pelirroja no está cayendo en la tentación! Y sí, voto porque se haga una cuenta yo también

Nurf: Hola! Cuanto tiempo! Ya te extrañaba! Muchas gracias, no sabía lo de los Dramione Awards, ni donde se ve! Me alegra que te guste el ritmo que lleva y como va… la mano de Herm (guiada por mi) ya le ha dado un porrazo, veamos si vale ;) No sé si te sirve el capítulo en cuando a Ginny y Blaise, obviamente él es medio masoquista… tiene ese punto de dominar, pero en el fondo desear que fuera Ginny quien le dominara a él. Espero que lo entendieras ^^ Me alegra que tengas pronto tu pc! Se te echa de menos. Besos!

Dracoforever: Muchas gracias ^^ Justo es el Draco que intento mostrar! Ahh creo que este capítulo no te habrá gustado por el final y las parejas!

Azu23blood: jajajaj pobre Draco! Bueno, el puñetazo ya se lo llevó! Y cuando menos lo merecía! Besos

Emma Felton:. Ya ves que la "vuelta al colegio" ha sido un tanto… complicada! No mucho dramione, pero algo si! Jajaja Besos

Love Always: No os cae de momento muy bien draco jajaja eso es que no lo hago mal. Harry se fue a tomar un café nada mas! Que no cunda el pánico! Besos

Eponine: Todo bien, ya en la recta fnal de la mudanza. Bofetón no…puñetazo! xD Blaise y Kat… si, creo que este capítulo responde a tu pregunta Besos!

DuLce aMoR: Me da que si, vaya conversaciones xD Me alegra que te guste la historia ^^ espero que siga asi!

Abytutis: Ginny está algo desubicada si, ya le llegará el momento ;) El final de que?

Nikki: Gracias! Ginny y Blaise amigos, lo intentan! Ella es lo que quiere, eso es así. El no, pero la vida a veces es un asco. Y Harry y Kat no tienen nada, solo son compañeros y tal vez amigos más adelante, quien sabe. Pero a Harry ella le recuerda a Tonks, le cae bien pero en ningún momento he dado indicio de mas ;) Besos!

Mariapotter2002: Hola! Pues aquí, escribiendo cuanto puedo, entre curro y mudanza jajaja Draco lo intenta, pero no se si es buen espia ehhh… veremos en el próximo capítulo si es 007 o Austin powers! Besos!