―This was never the way I planned…not my intention.
La voz de Santana resonó en el lugar, marcando así una fuerza que todo el mundo descubrió, clavando sus respectivas miradas en las figuras de las tres animadoras, que permanecían en su sitio con miradas firmes y potentes. El rostro de la latina, sin embargo, dejaba entrever un poco la bebida que había tomado, notándose así su toque achispado por el alcohol.
Sus manos se deslizaron por los hombros de Fabray, que se giró para clavar sus ojos verdes sobre los de la morena, que le dedicó una sonrisa socarrona. Ambas movieron sus cadenas al compás, quedándose Kitty a un lado, observando sin saber muy bien qué hacer. Pero no tardó en descubrirlo.
Quinn sonrió, apartándose de su mejor amiga para hacer lo mismo con la rubia, colocándose a sus espaldas y rodeando su cintura con sus brazos, deslizándose a su vez Santana por el escenario, contoneando sus caderas en cada paso que daba. Kitty tragó saliva, sintiendo como las manos de la rubia se aferraban a su cintura, invitándole a que sus caderas se acompasasen con las suyas, provocando que la mayoría de los chicos no apartasen la vista de ellas. Al fin y al cabo, las dos chicas más malas estaban deslizándose seductoramente la una sobre la otra, consiguiendo que incluso Rachel y Marley se quedasen sin respiración.
―You're my experimental game…Just human nature.
Quinn perfiló el susurro en el oído de la menor, subiendo sus manos por sus brazos, rodeando así su cuello mientras que la morena se acercaba a ellas, separándolas con la suficiente delicadeza como para que todos suspirasen. Rebecca clavó sus ojos azules en su rostro, entreabriendo los labios para dejar escapar un suspiro, sintiendo que su cuerpo ardía por dentro de ella. Una sonrisa se amoldó en su rostro, misteriosa.
Fabray se encaminó mientras seguía cantando, sonriendo coquetamente a su alrededor; pero sus ojos verdes solamente se centraban en la morena. Estaba lo suficientemente ebria como para poder comprender que esa mirada le estaba diciendo todo. Que se querían. Que entre ellas existía un vínculo especial que nadie podría destruir. Ni siquiera los miedos de ambas. Por eso no pudo evitar esbozar una sonrisa cuando eso, deteniéndose mientras seguía moviendo sus caderas y sus piernas, rebotando así la falda de las animadoras en sus muslos, consiguiendo llamar la atención de muchos otros.
Pero los demás seguían fascinados en Kitty y Santana, que se habían encarado para unirse de vez en cuando, acercando sus rostros peligrosamente pero sin llegar a suceder nada. Kitty nunca besaría a nadie así en público, y menos si no era Marley. Solamente se veía besándola a la castaña. A nadie más. Por lo que siempre procuraba apartar su rostro y sonreír disimuladamente hacia la cantante, que observaba la escena con curiosidad y algo en su interior. Algo conocido como "deseo"; y aunque no era la primera vez que lo sentía, sí que era cierto que esa noche era todo distinto y especial. Sumamente especial.
―Us girls we are so magical; soft skin, red lips so kissable…
Y ese final tan sumamente delicioso quedó en manos de Wilde, que se alejó para dejar paso a la sensualidad entre Santana y Quinn. La rubia se bajó del escenario, perdiéndose entre varias personas que se encontraban allí.
María se acercó a ella, dejando a un lado a Ryder, que observaba la escena sumamente conmocionado. La morena se colocó a su lado, caminando con pasos sugerentes, como si eso se lo hubiese previsto. En ese instante, se acercó Marissa, una de las animadoras del equipo. Y después, otra animadora. Y así unas cuantas, que fueron traídas a la boda por la entrenadora Sylvester. Cuando se quisieron dar cuenta, las animadoras contoneaban sus cuerpos con elegancia, colocadas al lado de Kitty las otras dos, que hacían de coro.
Quinn y Santana rieron entre dientes, poniendo morritos ante la mirada irritada de Rachel, que no podía dejar de ver que entre esas dos podía ocurrir algo; pero también comprendió que Quinn nunca haría nada de ese estilo. No ella. La rubia mostró su mejor sonrisa, intentando aguantar el hecho de que estaba bastante dolida por el recuerdo de ver a Finn besando a Rachel, pero tenía que soportarlo. Porque la quería por encima de todo.
―I kissed a girl, and I liked it; the taste of her cherry chopstick…
La voz de las tres muchachas se entremezcló, perdiéndose entre los aplausos de los demás, que permanecían maravillados. Kitty se alejó, indicándole con un gesto a Marley que la siguiese. La chica tragó saliva, observando a su alrededor para poder escabullirse con suma facilidad.
Quinn se bajó del escenario, encontrándose con que Rachel se acercaba a ella con velocidad y su rostro completamente serio. Se quedó congelada en su sitio, esperando pacientemente unas palabras duras por parte de la chica. Pero esta permaneció en silencio, observándola atentamente.
―Rachel, me estás impidiendo el paso―declaró, intentando alejarse de allí lo antes posible, aunque los demás la rodeaban, evitando que pudiese hacerlo. Rachel permaneció en silencio, pero podía verse claramente que no estaba bien del todo.
― ¿Por qué te besaste con Santana?
―Es una buena pregunta. Creo que podría hacer lo mismo con respecto a Finn―declaró, intentando mantener la cordura, aunque su cabeza ya empezaba dolerle.
―Me besó él―aclaró, negando con la cabeza―, y me pidió volver. Yo le dije que no.
― ¿Por qué? ―Preguntó totalmente desorientada.
― ¿De verdad lo preguntas, Fabray? ―Inquirió con sorna Rachel Berry, fijando su firme mirada en el rostro de la aludida― ¿Y tú con Santana qué?
―Me besó para aclararme que un beso no significaba nada de nada. Somos como hermanas―susurró, mirando de soslayo a la morena―. Mira, Rach…
―Quinn…Lo siento―musitó ella, azorada, casi sin poder escucharla nadie.
― ¿Qué? No te he oído.
―Venga ya, Quinn. Sé que no me he comportado de la mejor manera, pero…
―En serio que no te he escuchado―aclaró, fijando su mirada en el rostro de su novia. Porque seguía siendo su novia pese a todo.
―Lo siento―repitió, bajando la cabeza, avergonzada―.He sido una estúpida.
―Rachel…
―No, Quinn. Siempre he sido una orgullosa, y quizás vaya siendo hora que empiece a aceptar que no siempre voy a poder tener razón en todo―su voz sonó triste, igual que su mirada, que mostraba el dolor más absoluto―. Perdóname, por favor.
―Rachel, yo…
―Quinn, he sido una completa estúpida, ¿sabes? Tenía miedo. Mucho miedo. Sé que pensarás que cómo puede ser cuando tengo unos padres gays. Y en verdad, si ellos supiesen todo esto, al igual que mi mejor amigo, me lo echarían en cara; pero una cosa es verlo en los demás, y otra cosa es poder asimilarlo en ti mismo. Enfrentarlo. Atreverte a aceptarte a ti mismo. Porque no es fácil por mucho que lo veas en los demás. En un proceso que cuesta asimilar, al que uno se tiene que amoldar. Y yo tenía miedo, Quinn.
―Entiendo que tengas miedo. Yo también lo tenía.
―Siempre he querido ser una estrella. Siempre. Desde pequeña he luchado para conseguirlo. He querido alcanzar la cima del mundo, sin pararme a pensar en los demás. Y tenía miedo. Tenía miedo de perder todo aquello por lo que había luchado solamente por ser quien soy. Y por eso soy una completa necia, Quinn. Soy una estúpida por no darme cuenta que la única estrella que hay en este mundo eres tú, y que eres lo que quiero alcanzar. No soy yo tu estrella. Mi estrella eres tú―aclaró, sonriendo de lado.
Quinn se quedó en silencio, encontrándose con el fuerte brillo de las pupilas de Rachel Berry enfrente suyo. Y de repente, fue consciente de que estaban alrededor de miles de personas; y a la diva parecía no importarle. No que estuviese allí Finn, a un lado, sonriendo disimuladamente un poco. Que Joe observase la escena completamente sorprendido, al igual que María y Ryder, que se tomaban de la mano con cuidado. Brittany rodeaba la cintura de su novio, completamente fascinada; y para colmo, Noah Puckerman había aparecido al lado de su hermano, los dos observando la escena completamente desorientados e incrédulos. Lo que en verdad el muchacho no entendía era el hecho de que su rubia y su judía sexy estuviesen en una especie de relación.
―Y tengo miedo. Mucho. Y no creo que desaparezca de la noche a la mañana; pero en el momento en el que me he dado cuenta de que podía perderte, aunque fuese solamente por un maldito beso de Santana, comprendí que tenía mucho pero que mucho miedo. Mucho miedo a poder perderte, Quinn. Y no quiero eso. No quiero perderte. Porque eso significaría que no tendría que luchar por ninguna estrella. ¿De qué me sirve ser una estrella si no tengo a mi estrella a mi lado brillando en el firmamento? Y si tengo que gritarlo, pues lo haré. Al fin y al cabo, soy una dramática del teatro. Y como una buena dramática, lo haré. ¡Estoy enamorada de Quinn Fabray! ―Gritó a pleno pulmón, sintiendo como su propia voz se impregnaba de fuerza y felicidad― ¡Quiero a Quinn Fabray! Y tengo miedo, pero juntas lo superaremos…Si tú quieres.
Le tendió la mano, nerviosa. Había cometido muchas locuras a lo largo de su vida, pero esa era una más. Gritar entre sus compañeros que amaba a esa rubia de ojos verdes. Y podía ser una cobarde, pero ya no por no luchar por ella. La otra permaneció en silencio, consiguiendo que Berry se pudiese completamente nerviosa.
―Dime que no he llegado tarde y que te has enamorado de Santana o cualquier otra persona. Por favor…―susurró, empezando a perder toda esperanzada.
Quinn rio, ladeando la cabeza y lanzándose a los brazos de la pequeña, que la estrechó contra su cuerpo para acabar riéndose a su lado, soltando un suspiro por la pura satisfacción que era sentir que Quinn la estaba abrazando. A ella. A la orgullosa de Rachel Berry. A la loca que se le había declarado en medio de una pequeña multitud, pero que eso era mucho más de lo que la rubia pudiese pedir. Sabía que era ella la de las declaraciones, no la morena.
―Soy un desastre―susurró Rachel, separándose un poco mientras sollozaba.
―Una dramática―musitó Quinn con una sonrisa, acariciando las mejillas de su novia―. ¿Sabes que estamos montando un espectáculo?
―Admite que en el fondo te gusta estar siendo la protagonista del drama―señaló, sintiendo como la otra la tomaba por las caderas para asegurarse de que no se iba a escapar.
―Dime que no es un sueño, Rachel.
―Sé que es difícil creerse que una futura estrella esté al lado tuyo, pero es difícil no hacerlo cuando eres la estrella que ilumina su camino―dijo con ternura.
― ¿Desde cuando eres la romántica de la relación?
―Desde el primer momento en el que no voy a dejar que te marches. Ni que me dejes de hablar. Ni nada. Desde el momento en el que eché de menos tus besos.
― ¿Solamente eso? ¿Solamente vas a echar de menos mis besos? Pero qué descaro―se atrevió a bromear, consiguiendo que una sonrisa se formase en el rostro de la morena.
―Hablando de besos… ¿Me das uno?
― ¿Delante de todos?
―Venga ya, Fabray. Ya nadie nos mira, y después de la maravillosa declaración, creo que me lo merezco.
―Estás muy creída, ¿eh? ―Rio, acariciando la espalda encorvada de la otra― ¿Sabes qué es lo que más me gusta de las declaraciones?
―Sorpréndeme―susurró acercándose peligrosamente al rostro de la rubia.
―Las reconciliaciones con besos al estilo Berry…
La morena soltó una sonora carcajada, sintiendo como al final los labios de su novia se presionaban sobre los suyos. Dejó escapar un gemido, sintiendo como todo su cuerpo reaccionaba al sentir de nuevo esa conexión mágica que se producía cuando sus bocas se volvían a encontrar. Y no hizo falta mucho más para que Rachel Berry comprendiese que siempre amaría a Quinn Fabray. Y que el miedo solo había logrado que, de alguna manera u otra, volviese a ella.
Después de todo, bendito miedo.
Marley tiró de la mano de Kitty mientras esta reía entre dientes. La joven Wilde había conseguido arrebatarle un beso en medio del pasillo, procurando que nadie las viese. Y ahora la cantante tiraba de ella para esconderse mejor y así poder besarse tranquilamente.
―Podemos…―comenzó la rubia, pero la castaña volvió a besarla arrebatadoramente, consiguiendo que la muchacha soltase un suspiro de puro placer―Podemos ir a la habitación que he reservado. Quería pedirte algo…
La aludida se quedó congelada, sintiendo como Kitty la volvía a atraer para besarla suavemente en la boca. Con ese encanto que ella poseía. ¿Estaba preparada? ¿Para acostarse con la rubia? Sabía que en parte sí, pero tenía miedo. Mucho miedo. ¿Y sí no sabía hacerlo? ¿Y si Kitty se percataba de lo fea que era?¿O de lo gorda que estaba? Eso era lo que le preocupaba, porque ella se veía así. Nada hermosa. No como lo era la animadora, que le lanzó una mirada suave y una sonrisa misteriosa, cogiendo su mano y entrelazando sus dedos con los suyos, instándola a que la siguiese a la habitación.
―Kitty…
―Llevo preparándolo desde hace una semana. Me ha estado ayudando María con ella y hemos venido antes para poder prepararlo todo―aclaró.
La castaña la miró sorprendida, aunque un poco celosa. No terminaba de acostumbrarse a ver a María y a Kitty tan unidas, y más sabiendo que la morena estaba aún enamorada de su chica. Pero sabía que esa joven era importante para la rubia, por lo que siempre callaba y prefería no mencionar nada al respecto. Bastante con que Kitty también respetaba su cordialidad y confianza con Ryder, a sabiendas de que ella también podría estar celosa y no lo demostraba.
La sonrisa que se amoldó en el rostro de la pequeña logró que se relajase, adentrándose en la habitación en la que se había detenido anteriormente la rubia para abrir la puerta. Se quedó totalmente sorprendida al encontrarse con las pequeñas velas encendidas y colocadas alrededor de la sala. Estaba todo perfectamente ambientado.
―Me gustaría llevar mi vestido, pero no tenía en mente lo de Santana y Quinn―señaló, sonriendo.
― ¿Por qué tenían la ropa de las animadoras? ―la aludida se encogió de hombros.
―No lo sé, si soy sincera. Santana es un poco…Sorprendente―ladeó la cabeza.
Encendió el reproductor, sonsacando una suave melodía. Parecía música antigua, y enseguida lo reconoció como la del "Cascanueces". Sonrió un poco, sintiendo como Kitty rodeaba su cintura con sus manos, dedicándole un gesto tierno.
― ¿Y esto? ―Quiso saber, sintiendo como la rubia sonreía extensamente.
―Quería bailar contigo, y como no podíamos hacerlo…―susurró, encantadora.
Besó sus labios de nuevo con calma, para después, apoyar su rostro sobre el hombro de la castaña. Esta se aferró a su cuerpo, abrazándose las dos y cuidándose mutuamente. Cuando quiso darse cuenta, se había perdido en la sensación de estar bailando con ella. ¿Acaso podía existir mayor perfección que esa?
Se apartó de nuevo, abordando los labios de la rubia contra los suyos, empujándola con suma facilidad. Kitty se sorprendió ante ese movimiento, además de que todo parecía estar cambiando. De repente, las manos de la castaña se deslizaron por debajo de la falda de las animadoras, provocando un sonoro gemido que consiguió que la más alta sonriese un poco satisfecha, aunque le podía la timidez. Pero si eso era lo que quería Kitty, a ella no le importaba.
―Marley…―dejó escapar, volviendo a gemir ante los movimientos de la castaña sobre su centro, tanteando el terreno― ¿Qué haces?
―Calla…―pidió con tono suave, posando su dedo índice sobre los labios de la otra. Pero antes de que pudiese proseguir, esta le detuvo― ¿Qué es lo que pasa?
―Marley, ¿a qué viene esto? ―Inquirió la rubia, acariciando con sus dedos las caderas de la chica.
―Creía que…
― ¿Qué? ¿Qué creías?
―Yo…Pensé que te apetecía y…
―Me apetece―se apresuró en contestar―, pero no ahora. Solamente quería pedirte algo.
― ¿Y no es esto? ―Kitty levantó las cejas, un tanto divertida, sonrojando a la otra―. Oh Dios…
―Creo que te has confundido, preciosa. Solamente te quería pedir algo.
La apartó un poco de su cuerpo pero tiró de ella, colocándola al lado de la ventana. Tiró de la persiana, levantándola, para así dejar vista a la noche, y ante todo, a la luna que se encontraba sobre el cielo oscuro. Una sonrisa se amoldó en el rostro de Marley ante la belleza de ese lugar, para después volver a fijar sus ojos azules en Kitty. Se percató entonces de que la rubia llevaba entre sus manos un colgante.
Era una luna de plata.
Se quedó en silencio, sin entender nada de nada. Kitty sonrió de lado, mostrando esa faceta tierna que enloquecía a la castaña por completo. Esperó a que hablase, dándole confianza con el cariño.
―Nunca he sido muy dada a…esto―señaló, transmitiéndole a la castaña lo que quería decir―, pero eso no quiere decir que no sepa hacerlo cuando tengo que hacerlo.
―Kitty…―pero la aludida posó su dedo sobre sus labios, callándola así con una ternura que dejó desorientada a Marley.
―Cuando era pequeña y mi abuela se marchaba, siempre me quedaba triste. Adoro a mi abuela, más que nada porque es una de las mujeres más…Increíble que jamás haya conocido.
― ¿Qué tiene que ver esto con…?―Volvió a callarse, esta vez ante la mirada que recibió por parte de la rubia.
―Y entonces, una noche de luna, me dijo que cada vez que sintiese que estaba sola, mirase al cielo, a la luna. Y esta me transmitiría lo mucho que me quería. Una forma de comunicarnos. Para que supiese que, en cualquier lugar que estuviese, ella siempre estaría aquí―posó su mano en la zona del corazón, sonriendo tímidamente―. Por eso quería entregarte esto, Marley. Porque pese a que discutamos, aunque a veces no nos comprendamos…Quiero que sepas que te quiero. Y que cada vez que mires a la luna, lo sepas.
―Kitty…―susurró la chica, totalmente emocionada. La aludida tomó sus manos entre las suyas, esbozando una suave sonrisa.
―Te quiero, Marley Rose. Y esta luna―se colocó a espaldas de la castaña, colocando el colgante en su fino y esbelto cuello―, quiero que sea el símbolo de mis sentimientos. De que te quiero, aunque sea una zorra mala―rio entre dientes, recibiendo una mirada interrogante de la castaña―. Te quiero―repitió en un susurro, rodeando su cuerpo con sus brazos mientras miraba por encima del hombro de la cantante, fijando sus ojos verdes en su rostro―. Eres demasiado alta.
―Lo sé―replicó, riendo por ello―. Yo también te quiero.
― Marley…
― ¿Sí?
― ¿Quieres ser mi novia? ―Preguntó, apretando el cuerpo de la joven contra el suyo.
―Kitty…
―Si me vas a decir que no…
― ¿Has visto alguna vez "Toy Story"?
―Es una película, ¿verdad? ―La aludida asintió―. ¿A qué viene…?
―Viene a que sí, a que quiero ser tu novia…Hasta el infinito, y más allá.
Y cuando giró su rostro, observándola por encima del hombro, Kitty se puso de puntillas para besarla en la boca suavemente, volviendo al suelo y escondiendo su rostro en su hombro.
Tenía que ver "Toy Story".
¿Quién quería Faberry? :P
Lolacaracola: Se han enterado. Lo sé, lo sé; ha sido uffff...Capítulo intenso :P Rachel celosa...Al final decide tomar decisiones. Faberry...Tú tener que estar ahora muy contenta. Karley...Tienes que estar muy pero que mu feliz. Santana y la nueva...Lo entiendo. Lo nuevo siempre cuesta mucho aceptarlo, pero se hace poco a poco :P Jajajaja que no se te pegue, que no se te pegue :P pero tranquila, que se disimula ^^ Un besuco y muchas gracias :D
