Disclaimer: La serie Twilight (o Crepúsculo) pertenecen a Stephenie Meyer.
Despues de la tormenta...
Bella POV
-¡Bella!- me saludó Esme abrazándome con fuerza.
Solté un leve quejido ante la presión en la herida, pero no importaba, estaba sonriendo. Por primera vez después de tanto tiempo pude sonreír sinceramente.
–Te hemos extrañado tanto.- añadió luego de que me soltara, no sin antes darme un beso más en la mejilla.
Mis ojos inspeccionaron rápidamente al resto de la familia, pero por mucho que buscara –e inentendiblemente- no podía hallar en ellos rastro alguno de rencor.
-¿Por qué?- me preguntó Carlisle, mientras le abrazaba, luego de que murmurase a su oído una disculpa. –Han vuelto todos enteros, es lo único que importa. Aunque creo que será mejor que vea ya mismo tu hombro.
-Oh, estaré bien.- murmuré echando una mirada a mi hombro. En otra época habría esperado ver mi camisa manchada de sangre, pero ahora solo veía una herida limpia, brillante y extraña.
Carlisle insistió en llevarme a su despacho para examinarme. Antes de ir volví mi rostro hacia mi familia, buscando uno en particular pero ya no estaba allí.
Desde que habíamos abandonado Forks, Edward y yo no habíamos vuelto a hablar. Obviamente estaba molesto y tenía todo el derecho de estarlo. ¿Qué derecho tenía yo ahora de volver a su vida?
Una vez en el despacho de Carlisle, este examino con cuidado –e interés- mi herida. Le vi fruncir el ceño varias veces y finalmente dijo que la única opción que quedaba era seguir con el procedimiento como si me hubiera herido un vampiro.
Sinceramente esperaba que funcionase, no deseaba andar el resto de mi existencia con una grieta entre mi hombro y mi cuello.
Mientras buscaba una venda para cubrir la herida Carlisle me contaba cuán rápido sanábamos. A diferencia de los humanos, nuestras heridas cicatrizaban con mayor rapidez, pero para ello necesitábamos estar bien alimentados.
Debía cazar el doble de lo que lo hacia. La herida debía permanecer oculta, tratando de mantenerla en la posición original de la piel para que esta cicatrizase.
-Sera cuestión de pocas horas, ya verás.- después de aquello, y sintiéndome incomoda con el vendaje, Carlisle le pidió a Alice y a Jasper que me acompañasen de caza. Aunque en parte estaba segura de que no se los pidió por no dejarme ir sola, si no por temor a que volviera a escapar, pero no dije nada al respecto, no podía culparlos.
-¿Qué tal te sientes?- me preguntó Jasper luego de haber acabado con media manada de alces.
-Mejor, pero pica.- me quejé alzando mi mano hacia la herida, pero Jasper me detuvo antes de poder rascarme.
-No lo hagas, esta cicatrizando. Si te rascas, quedaran cicatrices.- dijo alzando la manda de su camisa y mostrándome varias heridas. –Se habrían desvanecido de no ser porque no aguanté las ganas de rascarme.- comentó con una sonrisa.
Los tres sonreímos y luego nos quedamos en silencio. Extrañamente no era como antes, los momentos de silencio no solían estar cargados de tal energía. Era uno de esos silencios incómodos donde todos querían hablar de algo en particular y no se atrevían a hacerlo, por miedo o verguenza.
-Estuviste ausente un buen tiempo.- comentó finalmente Alice.
-¿Cuánto?- le pregunté suavemente, realmente no sabía ni que día o mes era.
-¿No lo sabes?- me preguntó con un dejo de sorpresa.
-Realmente saber las fechas no era algo que me interesara demasiado.
-Cuatro meses.- respondió y por sus ojos pude ver que ella sintió el mismo dolor que yo al entender cuanto tiempo habíamos pasado separadas. Seguimos caminando un poco más en silencio.
No sabía qué era lo que ocurría por las cabezas de Alice y Jasper, pero la mía daba vueltas en torno al tiempo que había pasado y como lo había vivido de mi lado.
Realmente había sido difícil, no sabía cuánto más, o menos, lo fue para mi familia.
-¿Cómo han estado por aquí?- pregunté, aunque en realidad solo quería saber de Edward.
-Ha sido…insoportable.- dijo Alice sin apartar sus ojos del camino. –Edward casi- pero se detuvo cuando Jasper se aclaró la garganta, obviamente no queriendo que Alice continuase con su relato.
-Creo que es algo entre ellos dos, Alice.- le respondió Jasper a la mirada de molestia que su esposa le dio.
-Pues yo creo que debe saberlo…no por despertar nada…si no porque se lo que está pensando.
-Alice…por favor.- la pequeña se detuvo, dándole una última mirada molesta antes de salir disparada en una dirección totalmente diferente a la nuestra.
-Iré por ella luego, mejor te llevo a casa.- dijo tomándome del brazo mientras yo permanecía confundida por la reacción de Alice. –Déjala, ya volverá. Esta algo incomoda con tus decisiones. Parece que ni tú misma sabes que quieres hacer.
-Realmente no lo sé.- afirmé sacudiendo la cabeza.
Quería quedarme, lo deseaba tanto. Deseaba poder volver todas las cosas como estaban antes de que me fuera. Quería volver a ser capaz de acariciar a Edward.
Pero a la vez no tenía el valor suficiente para enfrentarme al caos que había dejado atrás con mi partida.
-Quiero quedarme…pero después de lo que hice, de la forma en que…debe odiarme tanto.
-Lo subestimas Bella…odiar no es algo que este en la naturaleza de Edward. Solo necesitan hablar…se que encontrarán la forma de resolver esto.
¡Cuánto deseaba que tuviera razón!
En poco tiempo estábamos de nuevo en la casa, Esme nos esperaba en la puerta.
-¿Cómo te sientes, Bella?- me preguntó extendiéndome su mano. La tomé y apreté cariñosamente.
-Bien…llevaba tiempo sin cazar animales grandes.- comenté mientras ella inspeccionaba mi rostro.
De seguro ahora me veía mucho mejor que cuando me vio al llegar de Forks; mis ojos estaban rodeados por unas enormes y violáceas ojeras y mis ojos estaban negros como el carbón, cosa que sabía que ahora era todo lo contrario.
Repentinamente me abrazó, susurrando cuan feliz le hacía tenerme de vuelta en la casa. Traté de contenerme y no romper en llanto allí mismo. Hacía tiempo que nadie me abrazaba y después de tantos meses de soledad aquel abrazo fue como un bálsamo para gran parte de mis dolores.
Pero no pude controlarme más y, casi sin quererlo, el llanto se apoderó de mi cuerpo con dolorosos espasmos.
Esme me sostuvo entre sus brazos, acariciando mi pelo mientras me reconfortaba. Me sostuvo hasta que no me quedaron mas fuerzas para seguir llorando.
-Aun tienes tu habitación, puedes ir y cambiarte si lo deseas.- dijo finalmente luego de que pasara un buen rato en silencio entre sus brazos. Inútilmente, porque no derramé lagrima alguna, pasé mis dedos por debajo de mis ojos, soltando una triste sonrisa al darme cuanta de lo que hacía.
-Gracias.- susurré mientras entraba a la casa. Un reconfortable baño y un cambio de ropas me vendrían bien. Quizás en el ínterin consiguiera reunir el valor suficiente para enfrentar a Edward.
¿Cómo iba a conseguirlo? No tenia duda alguna de que mis sentimientos seguían tan vivos como antes, pero si temía que los de él hubieran cambiado, y con justa razón. No solo le había abandonado, rompiéndole el corazón, sino que además me atreví a herirle y decirle demasiadas cosas horribles.
Me detuve en la escalera, paralizada al mismo instante en que su olor me llego a las narices. Había añorado tanto volver a percibir aquel cálido y dulce efluvio. Había soñado despierta cientos de horas con el momento en que pudiera volver a estar cerca de él.
Miré a mí alrededor, incluso baje unos escalones para ver si se encontraba en la sala, pero no había señales de él por ningún lado.
De camino a mi vieja habitación, la cual había sido la primera que vi cuando desperté como vampiro, me detuve en la puerta de la habitación de Edward. No podía notar si estaba allí o no, ni siquiera podía percibir su respiración, o algún movimiento de su parte.
Alcé mi mano para llamar, pero la bajé rápidamente. Aun no estaba preparada para enfrentarle, no tenía las agallas suficientes y no sabía si las tendría…
Caminé hacia mi vieja habitación y cerré la puerta detrás de mí, recostando la frente sobre esta y dejando escapar un suspiro.
¡Qué idiota era! Ahora ni siquiera la perspectiva de un baño, o un cambio de mudas me parecían suficientes para ganar algo de coraje. No iba a perdonármelo jamás.
Eventualmente me moví de mi lugar, me di la vuelta hacia la habitación, dejando escapar un grito sofocado al ver su figura acomodada sobre el brazo del sofá…
