CAPITULO 35
Harry lo esperaba en el despacho esa mañana temprano. Había convencido a Maggie para que viajara a Seattle de todas formas. Él por su parte, había cancelado el vuelo aunque esperaba poder viajar esa tarde o al día siguiente. No soportaría mucho más alejado de su familia. No obstante la desilusión, Bella le había intentado reconfortar por no poder viajar.
- Qué tienes? – preguntó Harry mientras servía dos tazas de café.
- No lo sé, no me dijo mucho
- Espero que sea algo útil
- Espero que sí – aceptó Edward
Phil entró en el despacho después de que la secretaria de Harry le anunciara.
- Buenos días, Phil, gracias por venir.
- Espero poder ser de ayuda.
- Seguro que sí – Harry le entregó una taza con café
- Usted dirá... – le instó Edward
- Tal vez no sea nada – se excusó Phil – pero hace cuatro años sucedió algo que me llamó la atención
- De qué se trata?
- James siempre fue muy querido por sus alumnos. Era algo así como el profesor guay del instituto
- Entiendo...
- Tanto que siempre contaban con él, al punto de que muchas veces les ayudaba con sus padres, cuando tenían malas calificaciones, James solía darles una mano a los chicos para estudiar o para hablar con sus padres
- Ayudaba a los chicos en los estudios? Siendo profesor de gimnasia?
- Sí, bueno, en realidad no es que les ayudase, pero alguna que otra vez hacía una especie de tutorías, qué sé yo. Algún alumno problemático que tenía que quedarse después de clases para estudiar o acabar algún trabajo, James muchas veces se quedaba con ellos...
Edward y Harry se miraron el uno al otro ambos pensando en que tal vez todo fuese mucho más grave de lo que habían creído.
- Pero hace cuatro años hubo algo muy raro...
- Qué sucedió, Phil?
- Una chica que cursaba el último grado quedó embarazada – Edward le observó sorprendido – Aparentemente sus padres no lo sabían. James dijo que eran muy estrictos y la tomarían con la chica. Según James la golpeaban en casa y ese sería un detonante para una paliza. James pensaba acompañarla a una clínica para que se realizara un aborto.
Edward soltó el aire que no se había dado cuenta de estar reteniendo.
- Cree que pudo haber sido él mismo quien la embarazara?
- No lo sé, nunca lo pensé, pero ahora que sé que dejó embarazada a Bella... supongo que sí, tal vez. Siempre decía que era una niña preciosa y que cuando creciera sería una mujer preciosa, pero nunca parecía que hablara de ella de una forma diferente a la que hablaría un profesor sobre una alumna. Yo le dije que debía informar a los padres de la chica, que no podía involucrarse en ello, pero él me aseguró que la chica era mayor de edad y que él solamente la acompañaría porque estaba muy sola.
- Recuerda el nombre de la chica?
- Sí, es Claire Ateara, lo sé porque es la hermana de Quil Ateara, un chico del equipo que yo entreno.
- De acuerdo – asintió Harry – Necesitaremos que nos de sus datos para poder contactar con ella
- Desde luego – aceptó Phil de inmediato – Espero que se pudra en prisión.
- Haremos lo posible para que así sea.
Esa tarde, y tras una larga conversación, Claire Ateara reconoció haber mantenido una relación íntima con James Whiterdale. Tenía dieciocho años cuando quedó embarazada y por tanto era mayor de edad, pero su relación llevaba ya dos años.
Ella se molestó mucho cuando él le dijo que debía abortar ya que no podía dejar a su mujer. Poco después se enteró que James había mantenido relaciones sexuales con Kate LaBow, una chica de su curso. Entonces ella decidió romper su noviazgo.
Fue difícil convencerla de hablar, pero cuando le contaron la historia de Bella y le hicieron saber toda la verdad que habían descubierto hasta entonces, entendió que no podía esconderse si quería evitar que más chicas viviesen lo mismo, abuso sexual por parte de un profesor de instituto. La existencia de su pequeña sobrina de diez años fue el detonante para su decisión.
Les pidió un poco de tiempo para hablar con su familia pero les aseguró que se pondría en contacto con ellos.
Tumbado en la cama del hotel hablaba con Bella esa noche.
- Cuando crees que podrás venir?
- No lo sé, cielo, el lunes nos reuniremos con Maggie y Harry para poner todo en orden, en cuanto tengamos noticias de Claire Ateara y podamos hablar con la otra chica, si logramos que colabore también, presentaremos las nuevas demandas. Supongo que esta semana tendré que pasarla aquí, pero espero poder volver para el fin de semana.
- Te esperabas esto?
- Honestamente, no – reconoció Edward – Sabía que era un cerdo pero no pensé que tanto.
- Ni yo...
El teléfono de Edward resonó en su oído.
- Espera un momento, cariño, tengo una llamada en espera – le informó interrumpiendo su llamada para contestar la llamada entrante – Diga?
- Edward, soy Maggie
- Maggie, qué tal?
- Bien. Edward, tenemos a Emily Uley – le informó entusiasta
- La tenemos?
- Acaba de llamarme, la he citado para el lunes. Tenía miedo, pero habló con su marido y éste la convenció. Quiere permanecer en el anonimato pero lo hará.
- Gracias a Dios... – suspiró Edward confiado
Heidi corrió a los brazos de Edward cuando por fin lo vio salir por las puertas de arribos del aeropuerto el sábado siguiente.
- Hola, papi! – gritó apretándose contra él
- Hola, cielo – suspiró él en respuesta contra sus cabellos – No sabes cuánto os he echado de menos…
- Y yo a ti – le respondió la pequeña enredando sus piernitas en la cintura de Edward mientras éste se acercaba a donde Bella y el pequeño Anthony le esperaban
- Hola, cariño – ronroneó agachándose para besar a su mujer
Después de pasar todo el día rodeado de su familia, era bastante tarde cuando finalmente pudo tumbarse en la cama junto a su mujer.
- Dios! Cuánto te he echado de menos! – susurró abrazando a Bella cuando se coló bajo las mantas
- Y yo a ti, cielo, no imaginas cuánto – reconoció ella acostándose sobre su torso desnudo – Crees que tendrás que volver a marcharte pronto?
- No lo creo. Estas cosas son lentas. Las demandas ya están todas presentadas pero supongo que pasaran al menos un par de semanas o tres antes de que comiencen los interrogatorios. De todos modos, Harry se hará cargo de todo cuanto pueda, y luego nos turnaremos entre Maggie y yo. – explicó a la vez que tiraba de Bella para dejarla completamente acostada sobre él
Pasó las manos por los costados de Bella, bajándolas hasta alcanzar el dobladillo de su camiseta para poder tirar de ella hacia arriba.
Deslizó sus manos por los muslos de la chica hasta alcanzar los firmes glúteos y apretarlos entre sus dedos.
- Mmm, te necesito tanto, cariño – confesó besando el largo cuello femenino
- Y yo a ti – Bella se removió sobre él endureciendo aún más su erección
Se giró con rapidez volteándola para quedar tumbado sobre ella, sin dejar de besarla tiró de la camiseta y se la quitó.
- Te necesito, cielo – dijo agitado – Creo que no duraré mucho
- Hazme el amor, Edward – le rogó ella ansiosa – No quiero esperar
Sin darse tiempo para pensar le quitó las bragas y el sujetador dejándola desnuda y temblorosa junto a él. Con premura se puso de rodillas entre las piernas de ella y se levantó para quitarse su ropa interior.
- Te necesito, Bells – repitió dirigiendo la mano a los labios íntimos de su mujer comprobando lo preparada que estaba para recibirlo.
Sin tardar más llevó su dura erección a su tan ansiado sosiego y se hundió lentamente entre sus carnes.
Intentó inspirar hondo cuando estuvo completamente clavado en su interior, buscando calmarse.
Bella se removió debajo suyo clamando satisfacción.
No necesitó más para comenzar a embestirla con una necesidad que los llevó a alcanzar el clímax en tan solo unos instantes.
Derramó su semilla en la matriz y completamente exhausto se dejó caer sobre ella.
- Dios – suspiró – Lo siento, cielo, he ido muy rápido
- Claro que no, cariño, ha sido tal como yo lo necesitaba
- De verdad, estás bien? – preguntó en un susurro sin poder moverse de su posición
- Mejor imposible
Se acariciaban somnolientos intentando recuperarse después de una segunda ronda.
- Cómo crees que acabará? – preguntó Bella poniendo en palabras las dudas que le reconcomían
- Pasará mucho tiempo antes de que pueda ver el sol en libertad – confesó Edward con seguridad
- De verdad lo crees?
- Claro que sí, cariño, puedes estar segura de ello. Tu caso ya le habría condenado, pero tener además a Claire Ateara y Emily Young le hundirá.
- Hablaste con ellas? Cómo son?
- Completamente diferentes la una de la otra. Claire es extrovertida, confiada, segura de sí misma. Emily por el contrario es tímida, insegura. Emily siempre estuvo segura de que todo había sido su culpa, que James no se había podido resistir. Tenía sólo trece años la primera vez que mantuvo relaciones sexuales con ella en el vestidor del gimnasio.
- Es un cerdo
- Sí que lo es. Sabes, ahora que he visto todo lo que ha hecho, y estoy seguro de que nunca sabremos ni la mitad, estoy cada vez más convencido que esto es lo que teníamos que hacer. No podíamos dejar que se librara de todo esto, no podemos hacerlo. Tenemos la responsabilidad de meterlo en prisión. Tenemos una hija, no podemos permitir que ninguna niña se exponga a algo así.
- Lo sé. – aceptó ella – Algunas veces he pensado en nuestra opción de dejarlo libre, simplemente amenazarlo para que no se acercara a Heidi, pero no podemos hacerlo. No podemos, por todas las niñas que posiblemente podrían toparse con él. En realidad me siento un poco culpable de no haber dicho nada antes. Quién sabe a cuántas niñas pude haber salvado de ello si hubiese hablado antes?
- No, cariño, no es tu culpa. Eras una niña, Bella, una niña que no sabía la real magnitud de lo que estaba sucediendo. También podías haberte salvado tú si Emily hubiese hablado antes, pero no lo hizo. Ni ella ni quién sabe cuántas niñas más, ninguna lo hizo, porque erais niñas y él un adulto que os hizo creer que erais las culpables. Pero se acabó para James Whiterdale.
- Gracias, Edward.
- Por qué, cariño?
- Por todo. Por confiar en mí. Por creerme. Por nunca dudar de mí ni pensar que de alguna forma me lo pude haber buscado.
- Por Dios, Bella – replicó con congoja – Cómo podías habértelo buscado? Eras una niña y yo nunca lo he olvidado. Ya te he dicho que agradezco todo lo que os ha puesto a ti y a Heidi en mi vida, pero nunca dejaré de pensar que él es un cerdo y no tenía derecho a hacerte nada de esto a ti, ni a nadie.
- Te amo, Edward. No sabes cuánto.
- Qué tal si me demuestras cuánto? – susurró sugerente volviendo a recostarla sobre él para hundirse en su interior.
Gracias a todos por leer y también por los reviews, alertas y favoritos!
Besitos!
