Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de shasta53, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora. Thank you, Shanda, for letting me share this in Spanish.

Link de la historia original: www fanfiction net/ s/ 7360793/ 1/ Stolen-Dreams


Capítulo 36

Oh, nena, lo siento mucho.

Me hundí en la cama ante el sonido de arrepentimiento en su voz y apenas pude lograr un susurro en la mía.

—Lo prometiste, Edward. Prometiste que estarías aquí.

Alice me miró alarmada.

Él suspiró.

Estoy haciendo todo lo posible, Bella. No me pude ir hoy. Demonios, esta es la primera vez que he estado en cobertura de celular.

Inesperadamente, ira me atravesó cuando sentí la punzada de la desesperanza de más temprano regresar.

—Bueno, todo lo posible no es suficiente —espeté—. Te pregunté la semana pasada si necesitábamos posponer esta boda, y me prometiste, me prometiste, que estarías aquí. Que nada te mantendría alejado. Ahora, ¿me estás diciendo que no vas a estar aquí, que me vas a dejar antes de nuestra boda de nuevo?

Oí la inhalación brusca y escuché el silencio en el otro extremo de la línea. Pareció extenderse por siempre, pero en realidad, sabía que no habían pasado más de quince segundos porque estaba mirando fijamente el viejo reloj a cuerda en mi mesita de luz.

—Voy a fingir que no dijiste eso, porque sé que estás molesta —respondió en una forzosa voz calma—. Te prometí que estaría ahí para nuestra boda, y lo estaré. Lamento haberme perdido el ensayo y no haber sido capaz de decírtelo yo. Pasé todo el día en el aire y tuve que comunicarme por radio con Jasper para que se comunique contigo. Él se suponía que te dijera esto cuando te llamara. Desearía por Dios poder decirte lo que me está manteniendo alejado de ti, pero nuestra vida juntos, nuestro futuro, son más importantes para mí que eso. Solo vas a tener que confiar en mí, Bella.

—Nunca hablé con Jasper —respondí sarcásticamente—. Él y Emmett le estaban enviando mensajes de texto a Alice y Rosalie. Ni siquiera conseguí eso.

—¡Hijo de puta! —juró—. Le pedí específicamente que te llamara y te avisara que estábamos retrasados, pero que te asegurara que llegaría ahí a tiempo para la boda.

—Yo... espera, ¿qué? Pensé que me estabas diciendo que no ibas a estar aquí mañana. —Una semilla de esperanza se arraigó en mi corazón y comenzó a disipar la tristeza.

Edward se rio, pero el sonido no era particularmente feliz.

—¿Realmente pensaste que me la iba a perder?

—Pensé que por eso te estabas disculpando. Quiero decir, no he escuchado de ti en todo el día, tus amigos han estado enviándoles mensajes de texto a las mías, y te perdiste por completo nuestra cena de ensayo sin una palabra para mí. ¿Por qué asumiría que estarías aquí? —respondí.

—Porque te prometí que estaría —dijo con tristeza—. Incluso si tengo que tomar el Apache* y volar allí, estaré parado en el altar a las dos en punto, esperándote. Te amo, Bella. Ahora, ve a dormir, y te veré mañana.

—También te amo —susurré a través de las lágrimas escapándose de mis ojos—. También descansa. Tenemos grandes planes mañana.

La risa de Edward fue real y efusiva.

—No tienes idea de los planes que tengo para ti mañana. Te amo, y prometo que te estaré esperando en el altar.

Con espíritu renovado, le deseé buenas noches y corté. Alice había dejado la habitación en algún momento para darnos un poco de privacidad, y asomó la cabeza por la puerta.

—¿Es seguro volver a entrar? —Alice me dio una pequeña sonrisa.

Asentí.

—Sí, es seguro. Hablamos. Él dijo que estuvo fuera de rango todo el día y no pudo llamar, pero prometió estar aquí mañana. No sé por qué Jasper simplemente no pudo llamarme y decirme eso en lugar de dejarme pensar que Edward no se iba a presentar —gemí—. Hombres. Son tan frustrantes. ¿Por qué los mantenemos alrededor?

—Porque tienen penes, y los sustitutos fabricados son solo buenos —respondió Alice con naturalidad.

Rompí a reír ante su cara seria, y su fachada sucumbió. Colapsamos en la cama, riendo, mientras la tensión del día se disipaba.

—Lo siento, Bella, si hubiera sabido que Edward todavía estaba prometiendo que él estaría aquí y que Jasper se suponía que te llamara directamente, hoy habría sido muy diferente. En su lugar, el idiota siguió enviándome mensajes de texto que decían cosas como: "Ed está fuera de rango, no sabemos cuándo regresará", y "No podemos irnos. No podemos encontrar a Edward", y "No hay forma de que vayamos a llegar ahí, Alice".

Me reí sin humor ante la pura estupidez.

Ella puso los ojos en blanco y continuó.

»Emmett no fue mucho mejor. "Hay una mierda seria pasando", "Me han metido en una pequeña habitación sin ventanas, y el tipo de traje me dijo que no nos íbamos a ir pronto". "Oh, y, Jasper recién vino y dijo que Edward no iba a regresar". ¿Tienes alguna idea de lo mucho que no quería decirte sobre eso? Rose lo llamó y lo regañó por hacerle pensar que Edward estaba muerto.

En retrospectiva, estaba feliz de no haber preguntado. Estaba bastante segura que escuchar esos mensajes me habría enviado a un colapso total. Con el beneficio de saber que Edward estaba a salvo, podía ver el humor en ello. También estaba segura que Rose, en su ira, era un espectáculo para contemplar, y casi deseé no habérmelo perdido. Casi.

Suspiré y me relajé en la cama. Con suerte, a esta hora mañana, estaría metida en los brazos de mi esposo. Solo tenía que confiar en él.

Tomó algo de esfuerzo y fuerza de voluntad, pero me levanté de la cama y miré a Alice, quien no parecía inclinada a moverse.

—Ponte el pijama, mujer. Me voy a la cama. Hay una boda mañana, y me voy a ver malditamente bien para ella.

—Ese es el espíritu —dijo en voz baja, moviéndose para unirse a mí en prepararnos para ir a dormir. No mucho tiempo después estábamos bajo las mantas en la cama grande de mi infancia. Por un momento, me preocupé de que la emoción me mantuviera despierta, pero las horas tardías de anoche y el estrés del día me habían agotado. Estuve dormida en minutos.

~~SD~~

La luz del sol se filtraba a través de las cortinas la mañana siguiente, el cielo de un azul claro y sin nubes. Me senté, bostezando, y estirándome. Había pasado mucho tiempo desde que realmente había podido dormir hasta tarde, y me deleité en la sensación de despertarme naturalmente solo por un momento.

Sin embargo, ese momento fue todo lo que tuve. Mientras me estiraba, mis ojos se posaron en el reloj, y grité, despertando a Alice en el proceso.

—¿Cuál es tu problema? —gruñó Alice cuando me levanté de un salto de la cama y comencé a correr por la habitación.

—¿Mi problema? —chillé—. Son las jodidas diez, Alice. ¡Nos dormimos!

—¡Mierda! —gritó ella, al instante alerta—. Oh, Dios. Uh, se suponía que nos encontráramos con todas en el salón hace quince minutos. ¿Qué tan rápido te puedes bañar?

—Dame cinco minutos. —Ya que no tenía que lavarme el cabello y había sido encerada y depilada ayer, supuse que podía lavar mi cuerpo en esa cantidad de tiempo. Por supuesto, lo logré, pero solo apenas.

Alice estaba vestida y sosteniendo una de las camisas a cuadros de Charlie para mí. Ante mi mueca, ella puso los ojos en blanco y dijo:

—Vamos. No tenemos tiempo que perder. No trajiste una camisa contigo, y no puedes sacarte una camiseta por la cabeza una vez que tu cabello esté arreglado. Solo tendrás que ser una tragedia de la moda por un par de horas.

Mientras bajábamos las escaleras, vi a Charlie revisar su reloj y levantar las cejas. Él sabiamente no dijo nada, pero pude ver su bigote temblando.

Forks solo tenía un salón. Era una cosa buena que hubiéramos optado por permanecer cerca de casa en lugar de manejar a Port Angeles. Esme estaba caminando de un lado a otro por el frente del salón, observando ambos extremos de la calle cuando nos detuvimos en el estacionamiento.

—Oh, gracias a Dios. Estaba tan preocupada. ¿Qué pasó? —gritó ella.

Suspiré mientras abría la puerta.

—La alarma no sonó. Nos acabamos de despertar.

Rose y Elizabeth ya estaban en las sillas. Mamá estaba hojeando un libro de estilos y escuchando el chisme.

—Espero que no te importe que empezáramos sin ustedes. Supuse que estarían aquí tarde o temprano —dijo Rose con una sonrisa—. Escuché que te quedaste hasta tarde en el teléfono.

Me reí un poco.

—No era tan tarde. Edward finalmente llamó.

La cabeza de mamá se alzó con brusquedad ante esa noticia.

Rose se rio audiblemente.

—Sí, lo sé. Cuando hablé con Emmett anoche, Edward le estaba gritando a Jasper por no llamarte.

Mamá bufó audiblemente.

—Mira quién habla. ¿No es Edward el que debería haberte llamado?

—Mamá —le advertí.

Ambas peluqueras estaban escuchando con atención, y sabía que cualquier cosa que se dijera aquí sería el último chisme alrededor del pueblo para el mediodía. No era la situación ideal cuando los periodistas estarían pululando de nuevo después que la entrevista se emitiera.

—¿Qué? —gritó ella—. Solo estoy diciendo que puede estar enojado con Jasper todo lo que quiera, pero eso no cambia el hecho de que no apareció para el ensayo y que él no te llamó.

Suspiré y cerré brevemente los ojos antes de mirarla directamente a ella.

—Primero, esa es mi preocupación. Segundo, le pidió a Jasper que llamara porque él no podía hacerlo… y tercero, este es el día de mi boda. Se supone que sea el día más feliz de mi vida. No necesito la actitud arruinándolo.

Elizabeth trató de esconder su sonrisa orgullosa, pero no giró la cabeza lo suficientemente rápido para ocultarla por completo. No me enfrentaba a menudo a mi mamá, pero me sentía un poco estresada.

—Sí, lo es. Lo siento —coincidió mamá, aunque su voz estaba tensa.

El silenció descendió sobre el local por un momento, pero Rose se lanzó de lleno a algún chisme jugoso y aligeró el ambiente.

Las dos mujeres en el local trabajaron rápido. Nos tuvieron a todas listas y fuera de la puerta antes del mediodía, lo que nos dejaba solo el tiempo suficiente para buscar nuestra ropa y regresar a la iglesia. Esme tenía una canasta de picnic llena de sándwiches ligeros, zanahorias para que comiéramos, y muchas botellas de agua para que bebiéramos mientras terminábamos de arreglarnos.

Nuestro fotógrafo revoloteaba alrededor de nosotros, tomando fotos de nosotras mientras trabajábamos, raramente interrumpiendo o haciéndonos posar. Ocasionalmente, él le pedía a mi madre o a una de las chicas que se acercara a mi lado y observaba hasta que nos podía capturar en acción. Después, nos metió en el santuario para conseguir algunas tomas en la iglesia antes de la boda.

Semanas antes, Edward y yo habíamos hablado sobre si vernos o no para las fotografías antes de la boda. La tradición sostenía que era mala suerte si el novio veía a la novia; el sentido práctico insistió que esperar hasta después demoraría nuestra llegada a la recepción y haría a nuestros invitados esperar aún más tiempo.

Eso no importa —dijo Edward—. La única mala suerte que alguna vez vino del novio viendo a la novia antes de la boda era que él se daría cuenta que ella no era lo que le habían prometido cuando aceptó el matrimonio sin verse.

Resopló y después continuó:

»Yo sé con quién me estoy casando, a quien he esperado casi la mitad de mi vida para hacer mi esposa. No importará si te veo mientras tomamos las fotografías o cuando camines por el pasillo, todavía pensaré que eres la mujer más hermosa que alguna vez he visto.

Nos habíamos decidido por pecar en el lado de la practicidad después de que yo terminara cediendo.

Al final, no importó lo que habíamos decidido. Una hora antes de la boda, y Edward no estaba aquí. Empujé mi creciente pánico y sonreí para cada toma: yo sola, yo con las damas de honor, yo con mamá, yo con ambos padres, yo con Ryan… eran infinitas.

A veinticinco minutos del comienzo de la ceremonia, mamá me sacó del santuario y me regresó a la habitación de la novia. Alice captó el destello de preocupación que cruzó mi cara y me llevó a la parte trasera de la habitación.

—Lo prometió, Bella. Él estará aquí. Movería cielo y tierra si tuviera que hacerlo, y no la he sentido temblar —dijo ella en voz baja pero con insistencia.

Inhalé una respiración inestable pero asentí, dispuesta a creer sus palabras.

—¿Pero qué si…? —comencé.

—No —me interrumpió—. No qué si.

Asentí y agarré mis flores cuando llegó el momento de alinearnos en las puertas. Todos los invitados estaban adentro, y la música de entrada se estaba filtrando. Sonreí, fingiendo sentirme segura, el pánico estaba llenando mi interior.

Papá se paró a mi lado, con mi mano enganchada por su codo, y me palmeó la mano.

—Tenía todo mi discurso preparado, lo he tenido por años. Me iba a sentar aquí y decirte que no tenías que hacer esto, que podíamos salir por las puertas traseras e irnos antes de que cualquiera notara que estábamos desaparecidos.

Lo fulminé con la mirada, y se rio.

»Oh, no te preocupes. No voy a hacerlo, Bells. Voy a decirte lo mucho que te quiero y lo orgulloso que estoy de la mujer en la que te has convertido.

Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos, y parpadeé para alejarlas.

—Te quiero, papi —susurré.

—También te quiero, Bella —dijo a cambio mientras las puertas se abrían para que entráramos.

Mis ojos buscaron más allá de la multitud mientras caminábamos lentamente por el pasillo. A la izquierda, pude ver a Alice y Rose sosteniendo sus ramos y sonriendo, pero no había nadie directamente a la derecha del pastor Weber. Por un instante, la duda inundó mi corazón. Se me revolvió en el pecho, y solo los pasos firmes de mi padre me impidieron salir huyendo.

Entonces, Ed Masen se movió. Ahora, a más de la mitad del pasillo, podía ver toda el área del altar… incluyendo a Edward en su uniforme de gala completo.

Su expresión era una mezcla de nervios y asombro mientras me miraba. Podía sentir la sonrisa extendiéndose por mi cara, y él la imitó. Cuando papá y yo llegamos al altar, debíamos parecer como una pareja de tontos perdidamente enamorados.

—Lo lograste —suspiré, la felicidad y el alivio enfrentándose en mi interior por el dominio.

—Te dije que lo haría —se rio, pero pude ver la tensión en sus ojos y sabía que había sido a duras penas.

—Te amo —le dije.

—Y yo te amo —regresó.

En ese momento, nosotros éramos los dos únicos en el edificio y solo el aclaramiento de la garganta de papá a mi lado nos sacó de nuestra bruma.

El pastor Weber se rio, se aclaró la garganta, y continuó donde aparentemente lo había dejado.

—¿Y quién entrega esta mujer a este hombre?

—Su mamá y yo —respondió papá, su voz más ronca que lo normal. Puso mi mano en la de Edward y retrocedió al banco del frente al lado de mi madre y Phil.

El pastor Weber dijo una breve oración y el silencio cayó mientras el pianista tocaba una canción corta. Ryan caminó hacia el podio y se aclaró la garganta en el micrófono mientras el último acorde resonaba por el santuario. Escuchar a nuestro hijo leer las lecciones de Corintios sobre el amor para nosotros mientras nos agarrábamos de las manos en el altar trajo lágrimas a mis ojos. Cuando él terminó, nos sonrió y dijo:

—Gracias por amarse, ma y papá.

Suaves risas resonaron, y él agachó la cabeza antes de bajar del podio y tomar asiento de nuevo.

—Les pido a ambos, mientras están en presencia de Dios, que recuerden que solo el amor y la fidelidad servirán como los cimientos de un hogar feliz y duradero. Si los votos solemnes que están a punto de hacer se mantienen permanentemente, y si buscan incondicionalmente hacer la voluntad del Padre Celestial, su vida estará llena de paz y felicidad, y el hogar que están formando soportará todos los cambios. —El pastor Weber nos miró a ambos mientras hablaba.

»Edward e Isabella, habiendo escuchado estas palabras de enseñanza y consejo con respecto al amor y al matrimonio, ¿ahora aceptan ser fieles a las obligaciones de esta relación sagrada mientras ambos vivan?

Edward me apretó la mano y me miró a los ojos mientras decía en la voz más clara:

—Acepto.

—Acepto —prácticamente susurré, completamente abrumada por la emoción del momento.

El pastor Weber nos indicó que nos enfrentáramos. Agarré la otra mano de Edward y respiré profundamente. El pastor Weber le indicó a Edward que era su turno, y Edward tragó con dificultad.

—Te amo, Isabella, como no amo a nadie. Todo lo que soy, lo comparto contigo. Te tomo a ti para ser mi esposa en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la felicidad y en la tristeza, ahora y para siempre —prometió Edward.

Después, era mi turno, y dije las palabras que me unirían a Edward legalmente como ya estaba en mi corazón.

—Te amo, Edward, como no amo a nadie. Todo lo que soy, lo comparto contigo. Te tomo a ti para ser mi esposo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la felicidad y en la tristeza, ahora y para siempre.

—¿Puedo tener los anillos que han elegido? —preguntó el pastor Weber.

Edward se giró hacia Jasper, y yo hacia Alice. Ella se sacó el anillo de Edward del pulgar, donde lo había estado llevando, y me lo entregó. Lo dejé al lado de mi anillo en la palma del pastor.

Levantó los anillos y oró:

—El anillo de bodas es un símbolo de eternidad. Padre, bendice estos anillos que Edward e Isabella han elegido para ser signos visibles del vínculo interior y espiritual que une dos corazones en amor infinito. Y ahora, como un símbolo de tu amor y tu profundo deseo de estar unidos para siempre en corazón y alma, tú, Edward, puedes poner un anillo en el dedo de tu novia.

Edward levantó mi mano izquierda y deslizó la banda de platino en mi dedo.

—Isabella, te doy este anillo como un símbolo de mi amor y fidelidad hacia ti. —Él parecía casi mareado.

El pastor Weber se giró hacia mí.

—De la misma manera, Isabella, puedes poner un anillo en el dedo de tu novio.

—Edward, te doy este anillo como un símbolo de mi amor y fidelidad hacia ti. —Deslicé el anillo en su dedo anular izquierdo y después entrelacé nuestros dedos.

—Ryan, ¿quieres unirte a tus padres en el altar, por favor? —preguntó el pastor.

Edward y yo recuperamos la mitad de nuestro regalo para Ryan de Jasper y Alice. Ryan, un poco confundido, se acercó y se paró entre nosotros.

Desde que se nos concedió la custodia y nos restauraron nuestros derechos, Edward y yo habíamos hablado mucho del nombre de Ryan, tanto entre nosotros como con los Cullen. También había solicitado las opiniones de Zafrina y Jacob. Al final, estuvimos de acuerdo en que los nombres eran una parte importante de la identidad de una persona, y que sería justo dejar que Ryan decidiera cuál sería su identidad. Aun así, Edward y yo queríamos incorporar a Ryan en nuestra ceremonia y hacer que la herencia de nuestra familia fuera parte de eso.

—Ryan, como nuestro hijo, tú eres una parte de nuestra vida y una parte integral de nuestra familia —comenzó Edward—. Tanto la herencia de los Swan como la de los Masen viven en ti, y como un símbolo de eso, te damos esto.

Le entregué a Ryan una gruesa muñequera de cuero con el escudo familiar de los Swan y los Masen.

Ryan la tomó, sus manos temblando un poco, y la examinó con una expresión anonadada.

—Guau —susurró—. Esto es tan genial.

Señalé a los dos diferentes escudos, uno con tres cisnes en el escudo y el otro con un león parado. También habíamos añadido los lemas tradicionales abajo: Fidelitas para los Swan, fidelidad; y Dum spiro spero para los Masen, mientras respire, tengo esperanza. Para nosotros, con nuestra historia, esos tenían mucho significado.

—Gracias —susurró Ryan, abrazándonos a cada uno.

—No hemos terminado —me reí a través de las lágrimas de felicidad reunidas en mis ojos—. Tú sabes que el deber es muy importante para tu padre, tan importante como su familia y más importante que su vida. Como su familia, es nuestro deber apoyarlo y ser su fuerza mientras él asegura nuestra libertad y seguridad. Como un recordatorio de nuestro deber, te damos estas.

Edward sostuvo en alto una cadena de bolitas estándar con dos placas, los bordes cubiertos de goma negra. Él había hecho que le graben Masen Cullen, Ryan P con el resto de su información vital. Ryan tragó visiblemente e inclinó la cabeza así su padre podía ponerle la cadena alrededor del cuello. Ellos se abrazaron de nuevo, y después Ryan me besó en la mejilla y volvió a sentarse en un aturdimiento, su atención alternando entre nosotros, su muñequera, y sus placas.

El resto de la ceremonia fue un borrón. Encendimos el cirio de la unidad con dos velas que nuestras madres habían encendido cuando entraron, y el pastor Weber dijo una oración. Después, las palabras que había esperado escuchar por más de diez años...

—Ahora que Edward e Isabella se han entregado el uno al otro por las promesas que han intercambiado, los declaro marido y mujer, en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Edward, puedes besar a la novia.

Las palabras apenas habían salido de la boca del pastor Weber cuando los sonrientes labios de Edward encontraron los míos. En todos los besos que alguna vez habíamos compartido, nunca había habido uno más lleno de felicidad, amor, promesa, y pasión que nuestro primero como marido y mujer.

Solo las siguientes palabras del pastor Weber pudieron detenernos. Enfrentamos a la congregación, ambos sonriendo como tontos, mientras él decía:

—Ahora es mi privilegio presentarles por primera vez, al señor y a la señora Edward e Isabella Masen.


*Apache: el AH-64 Apache es un helicóptero de ataque de origen estadounidense.

Gracias por leer. Y gracias a Lety (aka Itzel Lightwood) por ayudarme con mis dudas.

¿Qué les pareció el capítulo? Voy a tratar de actualizar el viernes. :)

Gracias por las alertas, los favoritos, y sobre todo por los reviews, los aprecio mucho: Itzel Lightwood, cavendano13, lizdayanna, Melany, Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn, Caniqui, Tata XOXO, freedom2604, Adriu, tulgarita, debynoe, Yoliki, Jenn Hale, Rosy canul 10, Crucitoegr, cary, y los Guest.