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XXVIII

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La señora de la magia de Midgard.

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1

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Millia entró en la habitación. Se encontraba en penumbras. Quiso dejar la bandeja de plata sobre el escritorio pero topó con algo que no pudo distinguir. Impaciente empujó la bandeja y botó una pila de libros al piso asustándose. Miró rápidamente hacia la cama pero Akane no reaccionó en absoluto. Dejando la bandeja sobre la superficie se movió hacia la ventana y deslizó rápidamente las cortinas permitiendo que la luz entrara con la palidez de un día gris. Se volvió hacia su amiga.

Akane se encontraba en la misma postura que cuando la vio por última vez pocas horas atrás durante la madrugada. Sobre la cama abrazando las rodillas con la espalda apoyada contra la pared. Vestía una larga camisa de dormir mal abotonada bajo el cuello, despeinada, con ojeras, los pies algo enrojecidos por el frío que no parecía notar. La rodeaba sobre la cama una gran cantidad de libros abiertos, hojas arrancadas y algunos pergaminos con anotaciones que mezclaban runas arcaicas con los más actuales kanjis, la lengua escrita de las islas al este de Midgard de donde provenía la chica. Su amiga suspiró meneando la cabeza con desaprobación. Se acercó a la cama y comenzó maquinalmente a recoger los libros, cerrarlos, ordenando los documentos y apilándolos en el piso a un costado de la cama. Para traer después la bandeja que colocó sobre las mantas que descubrió sin usar. Otra mirada de desaprobación le dedicó a su amiga, pero ésta parecía perdida en sus propios pensamientos con los ojos clavados en la lejana pared.

—Debes alimentarte, Akane.

Ella la ignoró descaradamente girando el rostro en otra dirección como una pequeña taimada, recostando la mejilla sobre los brazos cruzados.

— ¡Akane!

—No hay otra solución.

— ¿Solución?

La deprimida chica cerró los ojos color ámbar, ahora carentes del resplandor de la vida, antes de responderle con la voz temblorosa. Intentaba mostrarse firme y apática como si estuviera en realidad conteniendo los deseos de llorar.

—Ese sujeto tenía razón, no existe otra manera segura de utilizar los Pilares de Asgard más que sacrificando las almas de los hijos de Niddugh.

Millia se subió de rodillas a la cama, tomó un pequeño plato que había preparado con una ensalada para Akane, esperando que ella pudiera comer algo ligero ya que no había probado bocado desde el día anterior. Cogió una porción con un tenedor y se la acercó a su amiga. Cuando Akane descubrió aquella porción de ensañada frente a su rostro retrocedió la cabeza asustada.

— ¿Qué estás haciendo?

—Dándote de comer, alguien debe velar porque no enfermes. ¿O como tendrás fuerzas para cuando se nos presente la siguiente aventura?

— ¿Aventura? ¡De qué estás hablando, Millia! Maeda está muerta, yo no pude hacer nada para salvarla, ¿y tú te dedicas a bromear como si todo hubiese sido sólo un juego?

—Lo siento, pero no es para que te molestes tanto. Sólo trataba de ayudar.

Akane se encontraba demasiado ensimismada en sus propios problemas para haber notado el tono irónico y extraño en su antes siempre paciente amiga. Millia se había molestado también, sin decir nada se sentó contra la pared al lado de Akane, dobló las piernas recogiéndolas al igual que Akane y con el plato de ensalada en las manos comenzó a comer dando enérgicos y furiosos mordiscos a la ensalada. Tan fuerte comía que a Akane se le hizo notoriamente incómodo, cuando sin darse cuenta de su propio actuar dejó de ignorarla.

— ¿Qué estás haciendo?

Shomiendo —dijo con la boca llena. Se sonrojó por su actitud, se forzó a tragar dándose de suaves golpes en el pecho para repetir tras un profundo suspiro—. Comiendo.

—Pero, ¿Qué no era para mí?

—Tú no lo quisiste —se echó otra porción a la boca y la saboreó con exagerado placer.

Siguió comiendo, saboreando con exagerados suspiros de placer, y Akane, incrédula, se quedó observándola con la boca abierta. ¿Esa era la misma amiga con la que tantas veces había compartido sus sentimientos y temores? ¿Cómo podía ahora ser tan indiferente a su preocupación? Lo había perdido todo, incluso la esperanza de recuperar a Ranma. Porque, ¿sería ella capaz de cometer un crimen semejante por él, estaba ese hombre Rays en lo correcto, era necesario sacrificar a otros para satisfacer sus propios deseos? También estaba el problema de Mouse al que ahora debía considerar como a un enemigo. No, todo era muy doloroso para ella, ¿y Millia se atrevía a seguir comiendo como si tuviera más hambre que ella? El estómago de Akane gruñó. Maldijo en un susurro, ella no podía sentir hambre, tenía problemas mucho mayores de los que preocuparse. El estómago le volvió a gruñir avergonzando todos los poéticos propósitos que tenía de sufrir su propio martirio.

—Millia, ¿me darías un poco?

—No.

Akane mostró los dientes enfadada y asombrada por la actitud de su amiga. Millia volvió a echarse una porción a la boca. Aquel montón de hojas verdes de hierbas Asgard con verduras picadas y un ligeramente aromático toque de aceite de oliva, se veía tan apetitoso a sus ojos que por un momento tuvo la tentación de arrebatarle el plato por la fuerza. Luego recordó "su importante" dolor y frustrada se negó a mirarla volviendo a descansar el mentón sobre los brazos. La escuchaba comer con molestia, la vio de reojo relamiendo el tenedor para seguir comiendo, incluso la vio sonreír.

— ¡Ya no lo soporto! Cómo… —le gritó en el rostro— ¿Cómo es que puedes comer en un momento como éste? ¿Acaso no te preocupa todo lo que está sucediendo?

Tras su exabrupto se sintió culpable, jamás le había gritado así a Millia.

La hada se sintió un poco triste también. Estiró las piernas deslizándolas sobre la cama y dejó el plato descansar sobre su vestido. Suspiró profundamente.

—Lo lamento, he sido muy desconsiderada.

—Millia…

—Pero también es verdad que estamos vivos. No podemos dejarnos derrotar cuando las cosas no salen bien, después de todo, ¿no era esa la forma en que el joven Ranma siempre conseguía sus victorias?

— ¿Ranma? —Akane se sintió indignada.

¿Qué sabía Millia de la forma de ser de Ranma? La única que debería conocerlo mejor que nadie más era ella. Sí, es verdad que muchas veces Ranma se vio derrotado, ¿pero lo reconoció? Jamás, el muy tozudo siempre se sonreía como si en realidad nunca hubiera perdido, solamente se trataba de un tiempo de preparación antes de la verdadera batalla, porque no existía un combate oficial mientras él no obtuviera la victoria. Cuando retrocedía era para pensar en alguna estrategia. Si no era con su cuerpo lo hacía con su mente, inventando alguna técnica que le diera la ventaja. Lo recordó como muchas veces, pensando de brazos cruzados en el dojo alguna manera para finalmente ganar. Así era él. Pero, ¿no era justamente lo que Millia le estaba diciendo?

—No es lo mismo —insistió tercamente a pesar de que en su corazón sí lo había reconocido—, esto no es igual a aquellos días. Ahora la vida y las almas de otros seres están en juego. ¿Qué no lo entiendes?

—Si ahora las cosas son más serias, entonces es mucho más importante que no nos desanimemos —Millia dejó de sonreír y se quedó mirando su plato casi vacío—. Hay días en que quisiera no probar bocado por el terror que me provoca el futuro, pero no puedo dejar de comer, es mi deber hacerlo. Es mi deber continuar viviendo.

— ¿A qué te refieres?

Millia se llevó una mano al vientre que acarició con ternura, la sonrisa en su rostro provocó tal efecto en Akane que, cuando comprendió finalmente el significado de aquel presentimiento, los labios de la chica temblaron en una mezcla de asombro y confusión. Akane cogió la mano de Millia con fuerza entre las suyas, necesitaba estar segura. Millia se sonrojó sabiendo lo que ella intentaba hacer. La percepción de Akane al tocar a Millia le reveló como dentro del espíritu de la hada había una pequeña chispa de vida unida a ella. Cuando descifró lo que era se sintió la amiga más estúpida del universo por no haberlo descubierto antes. Era tan sencillo, siempre estuvo allí al alcance de sus sentidos espirituales pero ella había estado ciega y había sido víctima de los intentos de Millia por ocultarlo también con la magia a aquellos que pudieran detectarlo.

Sin embargo, de haber abierto bien los ojos no habría necesitado de magia para descubrirlo; las señales siempre estuvieron allí.

¿Cansancio, molestias físicas, repentinos cambios de humor, apetito desmesurado o malestares que le impedían ingerir incluso el agua, exceso al dormir, sus discusiones constantes con Nina por razones estúpidas? ¿De verdad ella era tan distraída? Por un momento se imaginó a Ranma mirándola "de esa manera" cuando parecía que algo se le estaba escapando y que todo el mundo conocía.

—No… ¡No puede ser! ¿Desde cuándo, cómo…? El padre… ¡No me digas que el padre es…!

Ella asintió tímidamente sonrojándose. Todo había sucedido en la ciudad de París.

—Perdóname por no decírtelo antes, pero yo estaba un poco asustada, y…

—Millia, ¡eres una grandísima idiota!

Akane saltó de la cama incorporándose a un costado y la acusó con tanta fuerza que ahora Millia, confundida y asustada, encogió las piernas acurrucándose. Estiró la mano cogiendo por reflejo una almohada que abrazó como única protección ante la repentina furia de su amiga mortal.

—Pero… Pero yo…

— ¿Por qué no me lo dijiste antes? Por Kami —llevó ambas manos a la frente angustiada sin parar de hablar—, te he arrastrado por lugares peligrosos sin siquiera haberme dado cuenta. Estuvimos en Gimle, luchamos en el interior del templo de Maeda —Akane contuvo un escalofrío al recordar los peligros, en especial el momento en que todos cayeron al abismo—. ¡Y estabas embarazada!

—Akane, no es para tanto. Es natural que…

— ¡Embarazada, Millia, embarazada! —Akane le recalcó como si quisiera hacerla entender sus miedos a base de gritos, cuando recordó más y más peligrosos momentos durante su aventura que la hicieron palidecer de la culpa, deslizando las manos desde la cabeza hasta el rostro, como si quisiera cubrir la vergüenza que sentía— Y peleamos contra… ¡Contra gigantes!

—Pero no podía dejarte sola.

— ¡Idiota! ¿Te das cuenta a todos los peligros a los que has expuesto a tu bebé? Porque eso fue lo que hiciste de manera tan irresponsable.

Millia no había reparado en ese detalle, ella era la responsable del hijo que se estaba formando dentro de su cuerpo y al arriesgarse de esa manera lo había puesto en peligro también. Cuando su mente terminó de asimilarlo los ojos se le llenaron de lágrimas.

—Fui… ¡Una tonta! —gritó entre lágrimas.

Akane perdió todo el furor al verla llorar, sintiéndose culpable por haber, quizás, reaccionado en sobremanera.

— No, lo lamento, no quise hacerte sentir mal. Aunque debes entender que…

— ¡Soy la más horrible madre de todas! No merezco a mi bebé —gimió escondiendo el rostro tras la almohada.

—Millia, basta, te dije que lo sentía. ¿Quieres dejarlo ya?

La puerta de la habitación de se abrió de golpe. Nina Dalange entró sin pedir permiso, con fuerza y arrogancia, como si hubiese estado dispuesta a decir algo. Se detuvo sorprendida por la escena que allí se desarrollaba, quedándose perpleja y olvidándose por completo de la razón que la había traído hasta ese lugar.

— ¿Alguien puede explicarme por qué Millia parece haber sido regañada, y no soy yo la que le está gritando?

Akane torció los labios, ligeramente temerosa. Millia, aterrada, apenas asomó los ojos por encima de la almohada con una mirada suplicante. Ante el silencio e insistencia de Nina, que alzó una ceja con las manos en la cintura, se vio obligada a transmitirle la "buena nueva".

Cinco minutos después Millia se acurrucó ocultando el rostro detrás de las rodillas, aferrando la almohada con fuerza sobre la cabeza, asustada ante la reacción de la valquiria.

— ¡Eres la más estúpida, idiota, imbécil, mentecata y descuidada hada de todo el universo de Asgard! ¿Qué demonios tienes en la cabeza, cerebro de polilla? ¿Pensaste siquiera en las consecuencias? ¿Cómo pudiste haber ido con nosotras cargando un crío en el vientre? ¿Piensas, lo haces, o sólo piensas en flores y árboles? Cabeza de chorlito, ¿estás loca o qué?

Millia no respondió, únicamente gimoteó, tratando de no hacer ruido pero sin éxito al ser obvio que lloraba intentando ocultarse, mojando la almohada con las lágrimas. Nina se rascó la nuca mirándose con Akane, ambas no mencionaron palabra alguna pero era seguro que imaginaban lo mismo; intentando pensar qué sería ahora del futuro. Akane recordó entonces sus preocupaciones y por muy doloroso que fuera reconoció que no podía seguir amargada por lo que estaba fuera de su control. Sacudió la cabeza, con un suspiro miró hacia la ventana donde las enormes ramas de Yggdrasil se mezclaban grisáceas con las largas nubes, y concluyó que era el momento de poner las cosas en orden. ¿Qué deseaba, vivir y morir por una obsesión o preocuparse por proteger a los que todavía estaban con ella? ¿Qué es lo que habría hecho él en su lugar? No lo sabía, pero debió asumir con una punzada en el corazón que era el momento de tomar sus propias decisiones y no dejarse llevar por lo que él, o cualquier otro, habría hecho. Más ahora que estaba segura que desde un principio había tomado la decisión equivocada.

—Un momento —Nina, sumida en una extraña sensación de culpa se dirigió a Akane en voz baja, como si no quisiera interrumpir el llanto de Millia que ahora abrazaba la almohada—, ¿y quién es el padre?

La chica Tendo se mordió los labios no estando segura si debería también contarle aquel "insignificante" detalle. Millia dejó de gimotear guardando un sepulcral silencio sin atreverse a levantar el rostro. Presintió la alumna de Freya que habría una tormenta en su alcoba a pesar que el día en el exterior se anunciaba con un templado sol invernal.

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2

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Jamás se sintió más preparada para una batalla que en ese momento. Ahora sabía que el estar lista no significaba confiar en la fuerza propia, ni creer en la oportunidad adecuada, sino únicamente poseer el motivo correcto para luchar. Estrenaba ropas nuevas, similares a su anterior traje de aventurera que usó en el bosque de Gimle, pero ahora con finas terminaciones que le daban un aire elegante. La capa había cambiado, la anterior que antes rodeaba todo el torso cedió a un nuevo diseño que igualmente le llegaba hasta el inicio de las piernas uniéndose a la línea del corto vestido, pero ahora abierta por delante cubriendo sólo uno de sus hombros hasta cruzar bajo el cuello rozándole el otro, cayendo recta dejando una abertura que permitía ver uno de sus brazos, y al otro costado caía por el exterior del brazo siguiendo todos sus movimientos, dejando al descubierto parta de la chaqueta.

El emblema de los Dragones Rojos brillaba con hilos de oro sobre el exterior del costado más ancho de la capa que lucía con orgullo como si fuera un estandarte. Adornos de metal se ajustaban en distintas partes del traje, así como ornaban también las dos cintas de cuero de la que colgaba la flamante funda de la Katana Dragón, piezas brillantes de joyería con los símbolos que honraban al escuadrón, y otros que simbolizaban alianzas que sólo los más antiguos conocían. Como el escudo con el árbol sagrado y la flor del desaparecido pacto de Gimle que una vez luchó contra Asgard, y que de sólo utilizarlo en las calles de Valhala podría provocarle más de un problema si un dios o espíritu llegara a reconocerlo, pero que Akane ahora portaba consciente de su significado. Más intrigante que aquel escudo era el emblema con forma de anillos que rodeaba al de los Dragones Rojos haciendo más complejo su significado; Un círculo y triángulos que simbolizaba a la desaparecida casa de Baladi, maestros de la magia de Vanaheim.

"Mi señora, ¿está completamente segura de lo que va a hacer?"

—Sí, K'Zun Fei, no intentes disuadirme.

El dragón emitió un profundo gruñido que fue reflejado por un ligero resplandor de la empuñadura, pero de satisfacción. Había sido una de esas raras ocasiones en que la chica se dirigió a él por su nombre formal y lo consideró un honor.

Las botas marcaban el paso con ritmo marcial, los pequeños refuerzos metálicos del calzado resonaban con el ímpetu de la caballería. El cuerpo erguido, el rostro alzado y la piel todavía sensible al agua fría con que se había bañado la ayudaban a disimular las otras razones de la palidez que dominaba su rostro. Sostenía con la mano firmemente el inicio de la funda de la katana, como lo haría un antiguo señor de la guerra del Japón feudal.

Una peineta con piedras preciosas aplastaba el cabello contra un costado de la cabeza despejando la oreja, mientras del otro lado quedaba suelto rozándole los hombros con una corta melena, los mechones antes libres sobre la frente ahora se mantenían ordenados con un par de casi invisibles ganchos para el cabello adornados con una pequeña gema cada uno. Todo en su imagen reflejaba disciplina y preparación, tanto o más que la que tenía en sus pensamientos. Los sentimientos y deseos de su corazón los había subyugado al bien que sabía debía buscar para otros. No se había rendido, pero sí se había postergado por el futuro de quienes la rodeaban.

Llegó a las enormes puertas de madera oscura talladas con hermosos diseños, que antecedían al estudio de la dama Yngvi Freya, señora de la magia de Asgard. Esperó, no era necesario golpear ni anunciarse entre hechiceras pues seguramente su maestra ya sabía que se encontraba allí.

Las puertas crujieron y se abrieron empujadas por una fuerza invisible. Akane esperó el tiempo indicado para que terminaran de abrirse, con el rostro alzado y fría arrogancia, ya que necesitaba mostrarse segura, entró con la mente despejada dando el primer paso con firmeza. Recorrió la larga alfombra que separaba en dos espacios el piso del amplio y alargado salón. Los ojos de Akane se distrajeron por un instante girando en dirección de los arcos y ventanales que cubrían toda la pared del lado izquierdo. Yggdrasil cobraba un tono plomizo al encontrarse cubierto por las primeras nieves del año, aparentando ser nubes esponjosas detenidas sobre la ciudad. Los comentarios sobre el adelanto del frío y su extrema crueldad eran ajenos al entendimiento de la chica, que no había vivido lo suficiente en el país de los dioses como para comprender que el clima estaba reflejando también cambios bruscos, anticipando el final de una era y el comienzo de otra que se anunciaba oscura.

Se asombró cuando descubrió que el capitán Belenus Saotome también se encontraba en el estudio, el hombre con las manos cruzadas en la espalda miraba hacia el exterior con el rostro casi pegado a uno de los ventanales. Detrás del capitán la señora la esperaba a ella sentada tras el escritorio. Como siempre muchos libros se encontraban abiertos sobre la mesa y apilados en el piso a los costados del mueble. Akane esbozó una ligera sonrisa pensando que ahora conocía el contenido de la mayoría de ellos. Se detuvo ante el escritorio con solemnidad.

—Maestra.

—Akane —la saludo también con una ligera inclinación de cabeza y un tono igual de solemne. Algo distinto había en el trato de la diosa, una especie de igualdad que la menor no había percibido—. Me sorprende desprevenida tu visita, pero no me desagrada. ¿Puedo saber a qué se debe que olvides tus deberes, algo ha sucedido? —Freya se inclinó hacia adelante, cruzó los dedos de las manos y apoyó sobre ellos el mentón con coqueta curiosidad.

—Sí —respondió ella sin relajar la rigidez en su postura. Bajó los ojos para encontrarse recién con los de su maestra—. ¿Usted sabía del estado de Millia?

Freya apretó los dedos cruzados. Los relajó enseguida recobrando el control sobre sus emociones. Sonrió relajada.

— ¿A qué te refieres?

La dama esperó a que Akane golpeara la mesa y demostrara su enfado. Cerró los ojos sin perder la sonrisa, esa chica era muy evidente. Sin embargo, los segundos pasaron y no escuchó nada, abriéndolos de nuevo al sentirse intrigada. Para su asombro Akane seguía allí quieta y con un aire marcial mirándola fijamente sin demostrar reacción alguna.

—Maestra, ¿usted lo sabía? —insistió, más fría que antes, pero conteniendo a la perfección sus emociones.

La dama de Asgard se sintió orgullosa de su alumna. Ya no era la temperamental chiquilla que conoció semanas atrás. Esta vez no evitó la pegunta.

—Sí, lo sabía.

— ¿La envió en el grupo a Gimle conociendo su delicado estado?

Freya miró hacia la ventana. Belenus seguía dándoles la espalda a ambas, pero su cabeza se inclinó ligeramente como si estuviera prestando atención a la conversación.

—Sí —volvió a responder la dama—, lo sabía y de todas maneras la he enviado contigo a Gimle. ¿Está satisfecha tu curiosidad o seguirás comportándote de manera insolente con tu maestra?

—Ya veo —Akane inclinó el rostro un momento. Parecía pensativa, pero los labios apretados demostraron la furia que estaba manteniendo a raya dentro de su ser. Además la sonrisa burlona de la dama, que no demostraba arrepentimiento alguno, no la ayudaba a calmarse.

—Perdonen que interrumpa, mis señoras, ¿pero puedo saber de lo que están hablando?

La diosa contuvo un escalofrío. Podía soportar el desprecio de Akane, ¿pero del capitán Belenus? Dos regaños en un día podrían ser demasiados para su fingida indiferencia. Respiró profundamente.

—Mi querido capitán, pues parece que tenemos una buena notica que compartir en el cuartel.

— ¿Buena noticia, qué sucede con la dama Millia?

Llamó la atención de Akane el trato respetuoso que tenía Belenus para con Millia, cuando otros la trataban como a una simple hada en el cuartel. Luego adivinó que el capitán también debía conocer el secreto sobre el linaje de su amiga. Sacudió la cabeza, era mejor decir las cosas directamente para no seguir cayendo en ese juego de sutilezas y verdades a medias que comenzaba a disgustarla.

—Millia se encuentra embarazada.

Belenus abrió los ojos y la mano que tenía apoyada en el mentón colgó paralizada. El capitán era astuto, tan rápido de mente como en esgrima.

— ¿Y el padre? No sería durante su misión en Midgard que… ¡El joven Kapsuo!

—Felicidades, capitán —anunció Freya sarcástica.

Akane relajó la dureza en su rostro, a diferencia de su maestra fue honesta porque ella creía que la noticia debía ser celebrada con alegría.

—Felicidades, capitán Belenus —repitió la chica sonriéndole cálidamente—, será tátara, tátara, ¿tátara? Oh, bien, será tatarabuelo otra vez.

Fue el capitán el que golpeó la mesa con el puño cerrado. Akane casi tropezó del susto, incluso Freya retrocedió acurrucándose en el respaldo de la silla.

—Dama Freya —susurró casi como un gruñido, profundo y escalofriante. Akane jamás había visto al capitán tan furioso y temió por lo que pudiera suceder—, esta vez se ha sobrepasado.

—Capitán, yo…

—Perdí a Kapsuo una vez en manos de Loki, después perdí a Ranma por culpa del destino. Pero no pienso perder a otro de mis descendientes por una absurda trama entre dioses. ¡Debió haberme enviado a mí con ellos, no ha Millia cargando en su vientre a otro de mi sangre, a otro ser indefenso de mi familia! ¿Qué no les basta a ustedes los Yngvi con maldecirme, que desean propagar la desdicha a los que tuvieron la mala suerte de heredar mi sangre?

—Capitán… —Freya sacudió el rostro y reaccionó. Entonces se levantó tirando la silla, apoyando ambas manos sobre la mesa. El rostro y la presencia de la diosa causaron tanto temor a Akane como la ira de Belenus. Ella se sentía entonces en una batalla entre dos colosos, asustada y fuera de lugar, cuando la dama volvió a hablar con la misma autoridad con que un día a ella le provocó espanto—. ¿Con qué derecho ustedes dos cuestionan mis decisiones? Si les hubiese informado de todo antes de la misión habrían hecho un escándalo, ¿creen que eso es justo para las millones de almas en Midgard que requieren de nuestra protección, piensan que no es necesario hacer sacrificios?

—Pero…

— ¡Akane! ¿Me juzgas a mí, tu maestra, por ocultar lo que tu querida amiga te negó? ¿Soy yo acaso la que debería haberte confiado tal noticia?

—No… Pero… ¡Pero usted la envió a Gimle a pesar de saberlo!

— ¡No se atrevan a enjuiciarme! —Alzó la voz tanto a Akane, como al capitán al que silenció con un gesto cuando parecía querer reclamar junto con la chica—. Sí, pienso en el bien mayor, pero también pienso en la seguridad tuya, Akane, como en la del resto de mis hombres. ¿Crees que la envié por voluntad propia? Si me imaginan tan manipuladora, ¿crees que fue astuto de mí parte arriesgar a mis dos valiosas chicas en una estúpida misión en las profundidades de Gimle? No sólo a la descendiente de mi pueblo, sino también a la princesa de Nilfhel, la única portadora del halo divino de Hel que podría haber utilizado como rehén para contener a la diosa infernal, debí enviar a una sola a esa misión, pero no, a las dos las he enviado. No, a los tres, si contamos a su nuevo descendiente en ciernes, mi querido capitán.

— ¿Entonces por qué lo hizo? —Belenus gruñó.

Ignorando al capitán, quizás por no ser capaz de luchar contra su intensa mirada, se dirigió únicamente a Akane.

—Akane, dime, ¿quién salvó al resto del grupo cuando cayeron en el abismo? ¿Fuiste tú, fue Dalange acaso? ¿Quién lo hizo, ah?

Akane enmudeció. De no haber estado Millia con ellos de seguro todos habrían muerto en el abismo a excepción de ella. Buscó rápidamente otras posibles soluciones, mas no halló ninguna. Los hombros de la chica cayeron ante la verdad de lo inútil que había sido, incluyendo su falta al no haber podido salvar el alma de Maeda.

Belenus no se sentía satisfecho.

—Pero el riesgo…

—Yo asumo toda la responsabilidad de lo que pudo haber sucedido, capitán. Si su descendiente llegase a morir por alguna de mis decisiones, le aseguro que es libre usted de despojarme de mi vida en cuánto lo crea conveniente. Pero no, no me arrepiento de lo que hice porque sabía que esa niña Millia, gracias a la instrucción que recibió de Amatista, es la única en todo Asgard que conoce los misterios el Ginnugagap. Y sí, Akane, no es necesario que lo preguntes, conozco exactamente el abismo que existe bajo el bosque de Gimle y también que tu grupo se tendría que enfrentar a su influencia durante el camino a las profundidades de la guardia de Maeda. No podía permitirlos ir sin ninguna protección, o a lo menos a la persona indicada que tuviera el conocimiento para actuar ante un imprevisto como el que sucedió allí. ¿Y bien, capitán, está satisfecho ahora, o prefiere que me arregle el cabello para que pueda cortarme el cuello sin ninguna molestia? Si es así, estoy dispuesta.

El capitán dio un paso atrás. La dama Freya no estaba jugando con las palabras, no en ese momento, la experiencia que poseía en el campo de batalla le advirtió que los ojos de la diosa poseían la misma determinación de los soldados a los que vio entregar la vida una y mil veces por razones menos justas que ésa.

—Podría haberme instruido a mí sobre el abismo —insistió Akane, no dándose por vencida tan fácilmente.

—Hubiese sido lo más conveniente, ¿no es así? —Freya rió con tristeza y dejándolos se acercó a la ventana, apoyó una mano y la frente sobre el vidrio helado en un gesto de cansancio—, pero mi orgullo me impidió antes reconocer que no te puedo enseñar lo que yo misma ignoro.

— ¿Dama Freya?

—No soy dueña de todos los conocimientos. Incluso Amatista, mi nodriza, sabía cosas sobre la magia que yo ignoro completamente que ocultó, y que enseñó precavidamente a su nieta —suspiró penosamente—. Capitán, ¿no es el deber de un líder saber apoyarse en las habilidades de los que siguen sus órdenes? Puede que ambos tengan razón, no he hecho más que tomar decisiones egoístas, caprichosas y despiadadas. Pero en realidad he sido una cría ilusa porque no quise perder a nadie más. He puesto en peligro a ese pequeño que todavía no ha nacido por la pequeña posibilidad de haberlos protegido a todos. Sí, aposte, lo jugué todo por el todo y lo seguiré haciendo. Por suerte he ganado en esta ocasión. Si les disgusta son libres de dejarme. Todos ustedes.

El silencio en la sala se tornó incómodo. Los tres miraban en distintas direcciones mezclando sentimientos de culpa. Silenciosamente examinó al capitán, después a su maestra. ¿Por qué había sido tan ciega de creerse la única desdichada? Todos estaban luchando a su manera, cargando responsabilidades y mordiéndose los labios por cumplir con el deber que tenían hacia los demás, no importando el sufrimiento que debieron cargar en sus almas por ello. La única que había tenido la libertad de luchar por sus propios deseos había sido ella, guiada por el egoísmo. Aquella verdad la hizo sentir reafirmada en su propósito. El descanso que sintió al creer que hacía lo correcto la hizo fijarse en un detalle que nunca antes había pensado.

La risa cantarina como la lluvia de primavera resonó en la sala. Belenus giró el rostro con curiosidad, Freya se volvió perpleja. Akane reía con los dedos sobre los labios, relajada, como si nada malo estuviera sucediendo en ese lugar.

—Lo siento, no pude contenerme. ¡Pero es ridículo!

— ¿Dama Akane? —Belenus preguntó intrigado.

—Es que su actitud, capitán, lo siento, es igual a Ranma.

Freya también se unió a la risa dejando perplejo y aislado al capitán.

—Vaya que tienes razón, querida. Él es idéntico, no lo había pensado antes. Hasta tiene la misma manera de reaccionar.

— ¡Y la forma en que golpeó la mesa!

—Sí, sí, tienes razón. Y cuando tuerce los labios frustrado como un niño pequeño.

— ¿Lo hace también?

—No lo creerías, la manera en que se taima cuando no hace lo que quiere.

—Mis señoras —Belenus, contrariado, intentó controlarlas—, creo que me tienen confundido.

El gesto de indefensión del capitán avivó la alegría de las damas. Todo el ambiente se distendió. El capitán se inclinó ante la diosa, no fueron necesarias las palabras para comprender que se estaba disculpando por su actitud anterior, y Freya se sonrojó sintiéndose indigna de aquel gesto de lealtad, después de lo que ella había hecho.

—Si me perdonan he de retirarme, creo que tienen cosas importantes que discutir. Además necesito salvar la poca dignidad que todavía me queda.

— ¡Capitán! —Freya clamó con infantil tono de reproche, otra vez era ella misma y no esa dama triste y derrotada que reveló minutos atrás— ¿Por qué nos abandona?

—Lo lamento, pero tengo que visitar a alguien muy importante ahora —miró a Akane—, ¿será conveniente llevar algún presente?

— ¿Para Millia? —Akane juntó las manos encantada— Servirán unas flores. No —lo retuvo cuando el capitán ya se despedía acercándose a la puerta—, también podría llevarle algunas frutas, o caramelos. Le aseguro que se lo agradecerá mucho.

Belenus, confundido por aquel último consejo, se despidió con una nueva reverencia y abandonó la sala. Las puertas se cerraron tras el hombre. Ambas mujeres se quedaron solas, tras unos segundos de calma en que suspiraron profundamente, se observándose atentamente.

—Vas a dejarme, ¿no es así, Akane?

La chica se sonrojó, se sintió desprevenida por aquella directa pregunta que reveló sus más profundos pensamientos. Sin defensas asintió tímidamente. La diosa agregó con un ligero tono de resentimiento:

—No te culpo si me odias todavía…

—No la odio, pero sí me enfada que actúe sin advertirme.

—Lamento tener que llegar a esos extremos, pero debes comprenderme, no siempre es fácil tratar contigo, querida.

Akane cruzó los brazos enfadada.

—Todo esto es debido a que usted no confía en mí, dama Freya. ¿Por qué no me prueba en alguna ocasión para ver si soy de fiar en lugar de intentar manipularme? Le aseguro que así ganaría mucho más rápido la confianza de quienes la siguen.

Freya se mostró perpleja ante las sencillas y sabias palabras de su pupila.

—Akane, yo siempre he confiado en ti —susurró casi en un suspiro que la chica no escuchó, regresando al escritorio.

La dama hizo un gesto de querer agacharse para levantar la silla que antes había tirado en su furor, cuando el mueble la sorprendió levantándose por sí mismo. Miró a Akane levantando una ceja, la chica respondió cerrando los labios y con los ojos puestos en el techo fingiendo inocencia, escondiendo malamente la mano con la que había realizado el simple conjuro. Freya se sintió vieja, en especial porque no pudo percibir el momento en que su alumna había realizado aquel movimiento. ¡Qué descuido, la señora de la magia de Asgard siendo atrapada por un simple hechizo de levitación! Por supuesto que no lo confesaría. Ocultando sus sentimientos tras una irónica sonrisa se acomodó en la silla con la soberanía con que una reina se posa sobre el trono y la observó detenidamente.

— ¿Quieres mi permiso para dejar el cuartel, abandonar los estudios y regresar a casa acobardada tras tu derrota?

La probó. Pero Akane se sonrió, ahora que era dueña de sus propios sentimientos no permitiría que nadie le arrebatara el control sobre ellos.

—Sí, quiero volver. Y si usted se siente desilusionada por mi decisión no la culpa, pero tampoco deseo justificarme.

La chica recuperó su postura marcial cruzando las manos por delante del corto vestido, parecía sumisa en apariencia, pero los pequeños detalles en la tensión de su cuerpo y la desafiante mirada revelaban que se encontraba preparada para una batalla.

— ¿Y si te detengo por la fuerza? Recuerda que me perteneces.

—No le pertenezco a nadie más que a mí misma.

—Tenemos un trato, ¿lo recuerdas?

—Lo sé —Akane no se alteró, a pesar de que ella siempre cumplía su palabra. Lo que advirtió a Freya de que algún detalle se le estaba escapando perdiendo un poco la confianza. Cuando la chica agregó pausadamente—, pero olvida que no he sido yo la que no cumplió su parte del acuerdo.

—Nunca he faltado a mi palabra.

Akane la miró fijamente antes de responder.

—Jamás tuvo la intención de guiarme a los Pilares de Asgard, ¿no es así?

Bastaba una simple mentira para deshacer como el agua entre los dedos el argumento de Akane. Sin embargo, en ese momento, mentir sería un pecado contra sí misma.

—No, nunca tuve intenciones de hacerlo.

—Eso significa que soy dueña de mí misma otra vez.

Freya se rió contrariándola. Akane esperaba enfurecerla pero la reacción alegre de la diosa la terminó por confundir.

—Nunca dejaste de serlo, niña. ¿Pensabas que yo te retendría como a una esclava a mi lado, me comparas a los necios Asgarianos? Deja de humillarme más, ya lo has hecho suficiente por un siglo en el día de hoy —la repentina tristeza, en la que Freya perdió la fuerza en la voz, asombró a la chica. Suspiró pesadamente antes de seguir—. Yo deseaba a una alumna a la que transmitir mi conocimiento; quería que aprovecharas tu talento, que no te perdieras llorando como una necia por culpa de un hombre, cuando otros miles mueren a cada momento en esta trágica guerra.

Akane, al comprenderle, asintió agradecida.

—Lo sé, dama Freya, ya lo sé todo. Usted sólo se estaba preocupando por mí.

— ¿Lo sabes? —Freya retrocedió ligeramente, antes de recobrar la compostura intentando que la emoción que la invadió no se reflejara en su rostro—. Oh, sí, por supuesto que lo sabes, no esperaba menos de ti.

—Llevaré a Millia conmigo —agregó impaciente.

—Lo suponía. ¿Quieres protegerla?

—A ella y a mi sobrino.

—Sobrina, Akane –la corrigió—. Las hadas sólo pueden procrear mujeres cuando se mezclan con otras especies. ¿No te lo he enseñado muchas veces ya? Qué poca presteza para retener lo aprendido —fingió sentirse ofendida.

—Oh, claro, lo tendría que haber sabido… Sí, lo siento

Pero poco le importaban a ella sus propias disculpas por su olvido, ya que su voz contuvo malamente la emoción que no quería revelar ¡Qué torpe había sido, cuando todo el mundo en mundo en Asgard lo debía suponer, menos ella! Ya no importaba, saber que Millia esperaba a una pequeña niña sólo ayudó a endulzar en su mente una noticia que finalmente cambiaba la tendencia de esos últimos días. Por fin algo que celebrar y que ella no permitiría que fuera mancillado por el aciago destino de Asgard. Millia debía salir de ese mundo, ella se aseguraría que su amiga se encontrara segura.

Respiró profundamente, no había terminado.

—También le pediré a Nina que nos acompañe, si desea dejarla en libertad de hacerlo.

Aquella petición tampoco sorprendió a la dama.

— ¿Por qué presiento, niña, que no tengo opción al respecto si quiero evitar un terrible conflicto?

Akane sonrió e hizo una ligera reverencia con la cabeza

Freya no se quejó, sólo exhaló un profundo suspiro lleno de resignación.

—Te será útil.

—Ella es mi amiga —insistió la chica recordándole a su maestra que ella no actuaba con el deseo de manipular ni utilizar a los demás—, no la quiero dejar sola en Asgard.

—Sí, sí, eso también.

Se quedaron mirando por otro largo tiempo. Ahora no había desafío ni tensión, era algo más: Un afecto nacido en el corto tiempo en el que se habían conocido. Akane detestaba las mentiras y la manipulación de la que había sido víctima; Freya envidiaba a esa chiquilla por la libertad que tenía para escoger su propio futuro y la enfurecía la arrogancia que tenía para enrostrárselo. Pero tales sentimientos sólo realzaban el vínculo que las unía y hacía más fuerte, como la rivalidad que existiría entre miembros de una única familia.

— ¿Cuándo partirás?

—Lo más pronto posible, quizás esta misma noche.

—Entiendo. Debo primero hacerte una advertencia, ¿recuerdas a Alberick, del que te hablé?

— ¿El rey de Svartalfaheim? —Akane respondió con una segunda pregunta revelando su inseguridad.

—Sí, el mismo traidor que se rebeló a Asgard y ahora, como aliado de Hel, ha ordenado la captura de la princesa Iris Motvidnir. Él no ha renunciado a la pequeña y a llegado a mis oídos noticias de que podrían volver a intentar capturarla. Nerima no es un lugar seguro, la mitad de Asgard sabe dónde vives.

Akane se sintió un poco atemorizada. En el último ataque fue que falleció el joven Mouse y la idea de que se pudiera repetir otra desgracia la lastimaba, pero jamás llegó a acobardarla.

—Estoy preparada para defender a los míos.

—Ten cuidado, Akane. Alberick ha presionado a la arrogante de Hel, ya que la alianza que comparten depende en mucho de Iris.

— ¿Pero por qué ella si no tiene culpa alguna de esta estúpida guerra? Es una pequeña solamente.

—Tiene la culpa de haber nacido heredera del trono de Alvheim. Mientras hablamos el pueblo de Alvheim que fue recibido primero como amigos en el seno de la montaña ciudad de los elfos oscuros, ha sido traicionado y sometido a esclavitud. No, Akane, no me mires así, los señores de Asgard abandonaron al pueblo de Iris desde el principio, ¿no te contó Ranma que los Dragones Rojos, apenas un escuadrón de cien hombres, fue la única ayuda que les prestó la ciudad de Valhala a sus aliados los elfos de luz? Imagina ahora cuánto les ha de importar a ellos teniendo la guerra contra Nilfhel en la frontera de Gimle.

—Es terrible —Akane cerró la mano empuñada sobre su pecho—, ¿pero no hay nada que podamos hacer?

— ¿Quieres enfrentarte a un país entero liderando a un pequeño escuadrón? Ni siquiera conoces la crueldad de la guerra, niña, no sabes lo que estás deseando. Sería un suicidio.

— ¡Pero…!

—Proteger a Iris es lo mejor que puedes hacer ahora para ayudar a su pueblo. Mientras la princesa siga con vida y lejos de las manos de Alberick, el pueblo de Alvheim seguirá luchando, conservando la dignidad y el orgullo, y no se someterá fácilmente a la voluntad del rey de los elfos oscuros. Incluso entre su propia gente Alberick ya es visto como un tirano. No temas, no debemos perder la esperanza, es por ello que tampoco debemos permitir que "la esperanza de Alvheim" caiga en manos de Alberick.

— ¿La gente de Alvheim sabe que Iris está viva?

—Lo saben, y seguirán creyendo que su reino existe no importando lo que Alberick les diga. Porque para ellos Alvheim no es un montón de ruinas cubiertas por la nieve, sino que es Iris Motvidnir, su futura reina; y ella es el símbolo que ese sucio traidor pretende destruir para poder tener el control total del pueblo de los elfos. ¿Existe una razón más importante que ésa por la que debas protegerla?

—Sí —respondió la chica con seguridad y rabia, que emocionó a la dama al punto de apenas conseguir mantener la aparente frialdad—, más importante que la política de Asgard, ella ahora es mi hija.

—Oh, algo más, lo olvidaba.

— ¿Más?, dama Freya…

—No es necesario que vuelvas a tratarme como tu maestra.

Akane entendió el mensaje y se sintió un poco triste, pero no podía esperar seguir siendo su alumna tras la decisión de abandonar Asgard. A pesar de su excusa seguía sintiéndose como si la hubiera traicionado. Inclinó la cabeza no pudiendo esconder su tristeza, ya que la magia se había convertido en una parte importante de su vida y legado, que jamás habría llegado a descubrir si no fuera porque Freya la fue a buscar aquel día cuando deshecha lo único que hacía era llorar por la muerte de Ranma.

—Lo entiendo, dama Freya.

—No, no lo entiendes. Ya no tengo nada más que enseñarte, ha terminado tu entrenamiento conmigo. La próxima vez que nos veamos ya no seremos maestra y alumna. Si tenemos la suerte de sobrevivir para encontrarnos otra vez, nos trataremos como parientes. ¿No fueron mi madre Skadi y tu antecesora Heid Baladi primas queridas?

La diosa dejó la silla apoyando las manos sobre el escritorio. Las cruzó por delante del vestido en un elegante movimiento. Miró fijamente a la chica durante prolongados segundos con una seriedad que la asombró. Entonces, la grande y poderosa señora de la magia de Asgard se inclinó respetuosamente ante una sencilla chica mortal, Akane Tendo.

—Que el viaje sea tranquilo y la paz se prolongue por todos los días, como la eternidad del sol, la felicidad y la armonía estén con vuestra familia siempre. Hasta nuestro próximo encuentro, dama Akane, señora de la magia de Midgard.

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3

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Los pétalos blancos y rosados de cerezo caían lentamente, como los copos de nieve en invierno, sobre la delgada callejuela que se encontraba entre los muros de las silenciosas casas y el delgado canal protegido por una cerca, a los pies del cerro ubicado en las afueras de la ciudad. Sobre la empinada ladera de húmedo césped los árboles de cerezo se agolpaban con las ramas extendidas colgando en las alturas por encima las aguas. Aquel rincón tan cotidiano de la urbe le pareció mágico, más hermoso que toda la gloria que antes había presenciado en el mundo de los dioses. El aroma era distinto, suave y delicado. El sonido lejano de unos niños jugando con un cachorro llegó a los oídos de la joven que cerró los ojos provocándole una rápida sonrisa. La brisa primaveral agitó los pétalos, sacudió los cabellos cortos, el frío la refrescó.

—Es increíble —Akane murmuró con los ojos todavía cerrados, aspirando con fuerza las fragancias de la vegetación como si recién las estuviera descubriendo—, tantos años vivir en un mundo sin saber lo bello que es.

—Y frágil —le recordó Millia preocupada. El cabello plateado cogido en una gruesa trenza caía elegante por un costado frente a su hombro.

—Te equivocas, Millia —Nina, extrañamente tranquila, con las manos en los bolsillos de la chaqueta de cuero, vistiendo también unos simples y ajustados jeans, se encontraba igualmente distraída mirando los cerezos—, Midgard ha soportado tantos ataques que no puede ser coincidencia el que todavía exista y no haya sido sometida por ningún dios. Éste es un mundo fuerte.

Akane asintió. Se inclinó para recoger la maleta que había dejado a su lado un momento. Se despidió del cerro que le traía ambiguos recuerdos, porque fue allí, en lo más alto tras el bosque donde se encontraba un pequeño templo, el lugar donde una vez Ranma, Rashell y Méril desafiaron a Eggther, el señor de los gigantes de Jotumheim. La Tierra era un mundo fuerte, porque no importando la destrucción que hubiera sucedido en ese sitio ahora no quedaba marca alguna de la violencia, sólo había paz y vida en abundancia.

El regreso de las chicas a la casa de la familia Tendo no tuvo grandes dosis de emoción o sorpresa. Con la naturalidad con que había partido fue recibida por los suyos. Entre risas y saludos, no aparentaban haberse ausentado más que por unos días a pesar de haberse ido durante todo el invierno. Cuando Akane se sentó a la mesa entre las preguntas de sus hermanas, Nodoka la observó detenidamente, ¿sería ella la única que notó la diferencia? La chica se había acomodado con gran seriedad, sin pedir de nadie la atención de todos en la familia estaban en ella, ya no por curiosidad, sino con ese aire de autoridad que parecían querer consultarle ante cualquier pequeña decisión. Iris con sus pequeños brazos rodeó el cuello de Akane colgándose de su espalda como si no la quisiera soltar jamás, cuando Soun, sin derramar ninguna lágrima, le preguntó con tanta simpleza que nadie más pudo comprender la verdadera importancia de la preocupación de ese padre, a excepción de la misma Akane.

—Hija, ¿todo está bien?

Ella lo miró en respuesta, todavía una profunda tristeza se ocultaba en el fondo de esos ojos color ámbar, pero no fue más que un reflejo rápidamente tapado por la fuerza y el orgullo que habían vuelto a aflorar en la joven mujer.

—Sí, papá, todo está bien ahora.

Había madurado. Ya no era la temperamental chiquilla que una vez dejó el lado de su padre, ahora era una mujer decidida con una clara misión en la vida. Se sonrieron. Y como si finalmente pudiera retomar un viejo papel, Soun Tendo se afirmó del brazo de su amigo Genma Saotome llorando como un crío. Iris los interrumpió exigiendo la atención de su madre adoptiva. Le hablaba con gran detalle de todo lo que había aprendido en la escuela. Kasumi, entusiasmada, corrió a preparar algo especial para la cena y aunque no demostró enojo, no permitió que Millia la ayudara porque decía que también era una de las celebradas en ese día. Nodoka seguía en silencio, sonriendo y observando, notando cada movimiento de las recién llegadas, comparándolas a los recuerdos, descubriendo infinitos detalles que demostraban cambios no sólo en Akane, sino también en las otras dos. Cuando Millia notó la curiosidad con que la miraba sonrojó y la evitó nerviosa como si los secretos que ahora guardaba los tuviera escritos en todo el rostro. Nina, ingenua, se dejaba halagar por Nabiki contándole sin pensar muchos detalles de lo sucedido en Asgard que Akane quizás no habría querido compartir.

Horas después, tan agitadas que le parecieron apenas minutos dentro de un sueño, se encontraba en la habitación que antes le pertenecía, la que ahora era de Iris. Akane vestía uno de sus antiguos pijamas sentada a un costado de la cama. Iris, luchando contra el sueño, no quería cerrar los ojos escuchando las historias que le contaba su joven madre. Tras la última aventura, simplificada y sin los lúgubres detalles convirtiéndola casi en un cuento infantil, Akane notó que la pequeña se había dormido. Miró el reloj sobre el escritorio e hizo un gesto de disgusto, se había hecho muy tarde ya, Iris debía haber estado en cama a lo menos dos horas atrás. Sacudió la cabeza, ¿qué clase de madre iba a ser si no era capaz de hacer cumplir las más simples normas? Pero tendría tiempo para corregirse, mucho más tiempo junto a Iris.

El fugaz recuerdo de Ranma la lastimó otra vez. Sintió la boca seca y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. ¿Sería el frío de la noche o la sensación de la pérdida? No tenía tiempo para mostrarse débil, había tomado una determinación y la seguiría hasta el final. No había abandonado a Ranma, pero ahora tenía presente cuáles eran las prioridades en ese momento. Tenía que proteger a su hija Iris, ya no pensaba en que ella era una niña adoptada por Ranma, casi no recordaba aquel detalle de no pensar en la razón por la que peligraba la vida de la pequeña, porque el amor que sentía por Iris era igual de grande que el que sentía por Ranma y comprendió, por primera vez, que el amor de una madre exigía sacrificios; olvidarse de sus propios deseos y velar por la felicidad de esa niña como si fuera su propia felicidad. También estaba Millia, la que cargaba a una nueva Saotome en su vientre, ¿tendría esa pequeña criatura todas las dificultades que la familia de Ranma parecía atraer? El destino era especialmente malévolo con los descendientes de Belenus y supuso, que de ser así, la pobre Millia no tendría fuerzas para lidiar con todo eso por sí misma. En cambio ella, para su propia diversión, imaginó que tenía mucha más experiencia lidiando con un Saotome, o la suficiente como para poder ayudarla. Sería una tía muy cuidadosa.

¡Vaya vida que les esperaba!

Era su responsabilidad proteger a toda su familia, Millia era su familia ahora también porque así se lo había prometido. Miró hacia la ventana cubierta por cortinas con estampados de flores y aves. ¡Cómo deseó escuchar los golpes en el cristal con que Ranma siempre anunciaba su presencia! Pero ella no lo había abandonado, no, porque al jurar proteger a su familia y a todo el mundo en el que vivían también se había hecho otra promesa, una secreta que no revelaría jamás a nadie.

"Ranma, si no puedo traerte de regreso, ¡seré yo la que te seguiré en la muerte! No creo que tengas que esperarme por mucho tiempo". Pensó, con triste resignación, recordando los terribles peligros que la acechaban y de los que ella no iba a escapar.

Sin saber que la promesa que hizo esa noche, el destino cruel e inflexible se encargaría de cobrársela más pronto de lo que sus seres amados hubieran deseado.

Akane iba a dejar la habitación, cuando al querer incorporarse Iris la sorprendió aferrándose de su manga.

—Mamá, no te vayas.

Iba a regañarla, decirle que no la abandonaría otra vez y que podía descansar tranquila. Pero la inquietud de la niña como un oscuro presagio la hizo desistir. Ella también se sentía sola esa noche.

—No me iré a ninguna parte, pero tendrás que hacerme lugar.

Iris, entusiasmada, retrocedió dejándole espacio a su madre en la cama. Akane tiró de las mantas para acurrucarse frente a Iris. Las dos se miraron y se rieron como amigas en una travesura.

— ¿Me seguirás contando aventuras?

—No, ahora vas a dormir.

—Pero, mamá…

— ¡Dormir!

Iris cerró los ojos a la fuerza asustada por la autoridad materna. Para después acurrucarse. Akane la recibió rodeándola con los brazos sintiendo en el aroma del cabello de la niña la alegría de encontrarse de nuevo en casa. Los recuerdos de Asgard le parecían ahora lejanos, como si hubiera sucedido años atrás a una persona completamente distinta a ella.

—No puedo creer que esté durmiendo otra vez en mi habitación —murmuró melancólica.

—Ahora es mi habitación —gruñó Iris con los ojos cerrados.

— ¡Dije que te durmieras!

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Millia se detuvo a mitad del pasillo. Akane lo hizo unos pasos más adelante y giró la cabeza para mirarla.

— ¿Qué ahora? —clamó impaciente, ya había tenido una larga discusión con ella y no quería volver a lo mismo.

—Akane —Millia jugó con los dedos y el rostro inclinado—, ¿estás segura que es lo correcto?

Akane no podía mentirle, tampoco estaba segura de lo que iba a suceder. Pero sabía que era lo correcto. ¿Cuánto daño se hizo a sí misma por no ser honesta con sus sentimientos? ¿Y cuánto más perdió? Todavía le pesaba en la conciencia el tiempo que vivió junto a Ranma sin haber disfrutado del amor que secretamente se profesaban. No, las mentiras sólo ocasionarían mayores problemas, si no querían seguir siendo víctimas del destino ella debía tomar la delantera. Sin embargo, fue evidente para ella como Millia temblaba desde los brazos hasta los tobillos. ¿Era esa la misma chica que se enfrentó a los poderes de Hel en París? Aspiró profundamente soltando un largo suspiro. Trató de imaginar lo que sería estar en la situación de ella y entonces la comprendió.

Se acercó a ella cogiéndola por los brazos con cariñosa firmeza.

—Es lo correcto, ella tiene que saberlo. Además no es algo que podamos esconder para siempre.

—Pero tendremos que explicarle todo lo demás, las mentiras con que le ocultaron la existencia de… ¿Estás segura que hacemos bien?

—Millia, ¿puedes dejarlo ya? No podemos volver siempre a lo mismo. Dime, ¿crees que fue lo correcto vivir sin saber quién eras realmente?

Millia adoraba a su abuela Amatista, pero todavía no le perdonaba el haberle oculto la verdad incluso hasta después de la muerte. Inclinó más la cabeza y negó con fuerza.

—Vamos, yo estaré contigo así que no tienes nada que temer.

—Lo dices porque a ti te acepta, te ama como a una hija, yo en cambio soy una completa desconocida. ¡Oh, no, lo siento, no quise decir que…! Lo siento.

Quedó perpleja, para Akane no fue evidente la razón de las palabras de Millia hasta que las pensó con cuidado. Abrió los ojos y levantó las cejas asombrada al descifrarlas.

"Así que eso era."

—Millia —la cogió de la mano y tiró de ella obligándola a avanzar a rastras—, eres una idiota.

—Pero…

— ¡Pero nada!

Llegó ante una habitación de la casa y abrió de golpe la puerta corredera. Allí se encontraba Nodoka doblando algunas camisas, en su mayoría trajes de entrenamiento de Genma prácticamente idénticos. Genma se encontraba detrás acurrucado contra la pared leyendo el periódico, en realidad buscando oportunidades para hacer dinero fácil. La forma brusca en que las chicas entraron en la alcoba los asustó. Genma, bendecido por aquel espíritu precavido, sintió un ligero escalofrío. Pero no pudo hacer más que saludar a Akane y esperar.

—Hola, Akane. Millia. Qué buen día hace, ¿no? —Genma intentó pensar cuál de todas las fechorías que había cometido durante los últimos dos días podría haberlas involucrado a ellas dos.

—Tío Genma, tía Nodoka, tenemos que hablar —Akane tiró de Millia para que ingresara completamente en la alcoba y cerró la puerta con fuerza haciendo a su amiga contener la respiración, ahogando un grito, como si ya no tuviera forma de escapar.

Akane miró a Genma y después a Millia, la ironía de la situación le provocó gracia, no sabía cuál de esos dos estaba más nervioso. Colocando ambas manos sobre los hombros de Millia la obligó a caer de rodillas, después se acomodó a un costado de ella de manera formal, con la espalda recta como si estuviera dispuesta a anunciar una gran noticia.

Nodoka, perpleja, se enderezó en el piso deslizando las piernas dobladas para quedar de frente a las chicas. Con las manos descansando sobre las piernas esperó. La inocente mirada de la señora Saotome hizo a Akane perder todo el ímpetu, se parecía tanto a Ranma cuando se mostraba ingenuo y vulnerable. Sacudió la cabeza para aclarar las ideas y no distraerse, pero ¿cómo comenzar, qué palabras escoger?

— ¿Sucede algo malo? ¿Akane, Millia?

—Yo…

Akane, sin valor para continuar, le dio un codazo a Millia, la que soltó un grito de espanto por la sorpresa para después cubrirse la boca con una mano. Nodoka seguía expectante, luego volvió el rostro hacia su marido, el que no se veía muy tranquilo acomodado al lado de su mujer y buscando con los ojos constantemente la ventana más cercana.

— ¿Será que mi esposo hizo algo malo de nuevo?

—Nodoka, cómo puedes hablar así de tu marido —se quejó el hombre. Pero por respuesta sólo recibió una severa mirada que lo hizo callar y volver el rostro hacia la pared, empapando la camisa en sudor.

—No, no es nada de eso —respondió Akane a tropezones. "Aunque quizás sí", pensó cuando miró inconscientemente a Genma de manera acusadora, lo que colocó más nervioso al hombre.

— ¿Entonces? —insistió la señora Saotome con una solemnidad que bien les pareció un regaño. ¿O sería que la mamá de Ranma ya sospechaba algo y se estaba impacientando?

Si a Akane aquél tono de voz la hizo dudar, el estado en el que se encontraba Millia bordeaba el pánico. Pero para sorpresa de todos fue Millia la que se atrevió a hablar.

—Yo… Yo… —las dudas de la hada eran espantosas. ¿Cómo explicarle a Nodoka que tenía un hijo al que la habían obligado a olvidar con un hechizo, secuestrado por Loki y entrenado como un terrible asesino? Tras la muerte de Ranma, ¿no sería aquello un dolor nuevo y espantoso para ella? — Yo… —inclinó el cuerpo apoyando las manos sobre el tatami, deslizó los dedos empuñándolas— Tengo que…

La señora Saotome batió las palmas encantada, con tanta energía y de manera repentina que hizo a los otros tres saltar en sus lugares. La sonrisa de la mujer contrastaba con el rostro afligido de sus invitadas y el de su paranoico esposo.

—Será que…—dijo entusiasmada llevándose una mano a la mejilla— ¿Me traen noticias de mi Kapsuo?

La temperatura del cuarto bajó hasta sentirse más fría que en las montañas de Nifelheim. Millia alzó el rostro con los labios temblorosos abiertos, a Akane le temblaba el párpado tras quedar con el rostro desencajado. El rostro de Genma se tornó blanco, no pálido, eso sería poco decir para la tonalidad monocromática que cubrió su piel, los ojos abiertos vacíos de terror y la boca tan abierta que podría haber rozado el piso con el mentón.

—Tía Nodoka —Akane susurró débilmente—, ¿usted lo sabía?

— ¿Saber que tengo dos hijos en lugar de uno? Por supuesto, como también el que mi marido y aquel señor tan poco amable me hicieron olvidar con alguna clase de conjuro lo que le sucedió a mi pobre Kapsuo —se inclinó sobre el hombro de su paralizado esposo susurrándole con un "forzado" tono de afecto—. Después lo discutiremos, querido.

—Pero…

— ¿Pero por qué no nos lo dijo antes? —Millia se adelantó a Akane impaciente y desesperada.

—Niñas, ya es suficiente, cálmense un poco. Ustedes han sufrido mucho, tienen suficientes preocupaciones, ¿para qué afligirlas con mis problemas? Además, después de lo sucedido meses atrás, sé que él se encuentra bien, ¿o no era eso lo que querían decirme?

Akane no podía creerlo. Durante de todo ese tiempo, los largos meses en que estuvieron en Asgard, Nodoka había guardado el doloroso secreto de saber la verdad. Otra vez se sintió protegida cuando en su arrogancia había creído lo contrario, ¿por qué nunca conseguía estar por delante de la situación? Miró a Millia y descubrió que la chica, impactada y quizás pensando lo mismo que ella, derramaba lágrimas de alivio.

—Millia, estás llorando —le dijo torpemente.

Ella le respondió tras mirarla, cambiando su perplejidad por una encantadora sonrisa.

—Tú también, Akane.

La chica se llevó la mano al rostro y sintió la humedad de sus propias lágrimas. Los ojos de Nodoka Saotome se humedecieron hasta que ya no pudo mantener la calmada sonrisa. Día tras día en que ella se había cuestionado sus propios recuerdos y cordura terminaban ahora con la confirmación que esas dos niñas le habían traído. Kapsuo estaba vivo.

— ¿Dónde está él? Quizás… —reaccionó bruscamente mirando con ilusión la puerta— ¿No habrá venido con ustedes?

—Él está bien, señora Nodoka, pero no ha podido acompañarnos —Millia respondió formalmente inclinando la cabeza. Se la veía más repuesta al descubrir la alegría de la mujer y lo ávida que se hallaba por saber de su hijo perdido, en especial por el deseo oculto que guardaba, de que Kapsuo Saotome consiguiera reintegrarse en una vida normal junto a su familia—. Aunque tampoco se encuentra ya bajo la sombra Loki. Está a salvo y seguro —supuso, porque en realidad no estaba segura y deseó sentir la misma confianza que expresaban sus labios.

Genma suspiró aliviado, en lugar de alegrarse por la noticia de Kapsuo, más se había contentado con saber que aquel joven no estaba allí. Había temido encontrarse de frente a un asesino de Asgard dispuesto a ajusticiarlo por no haberlo protegido en el pasado. Akane lo notó y no pudo evitar demostrar su enojo cruzándose de brazos. El hombre tuvo un destello de lucidez y una astuta sonrisa se formó en su maquiavélica boca. ¡Tenía un hijo, todavía le quedaba uno! No se había perdido nada y rápidamente sacó cuentas felices.

— ¡Entonces nuestras familias sí podrán unirse después de todo! Akane podrá casarse con Kapsuo y todo arreglado…

Akane dio un con la palma en el tatami con tanta fuerza que provocó un estremecimiento en la alcoba. Genma la miró aterrado al descubrir la oscura aura que comenzaba a irradiar.

—Creo… —aspiró profundamente recurriendo a todas las fuerzas que disponía para no atacar al padre de Ranma, y únicamente por respeto a la señora Nodoka que se encontraba presente— Creo que eso ya no será posible, tío… Genma.

— ¿Por qué no? Además tú no puedes desobedecer la voluntad de tus mayores, niña, cuando lo discuta con Soun… ¡Ah!

Genma dio un grito de horror cayendo hacia atrás, cuando fue interrumpido por la katana de Nodoka, el acero había cortado el aire deteniéndose justo delante de su rostro.

—Genma, "querido", ¿podrías guardar silencio un momento? Akane tiene que decirnos algo primero. Lo siento, querida, puedes continuar.

—Gracias, tía Nodoka. Casi olvido lo más importante de todo —Akane posó una mano sobre el hombro de Millia con orgullo—. Es mejor que tú se lo digas.

— ¿Yo? —Millia chilló como si fuera a desfallecer, todo el miedo de antes regresó a su cuerpo tembloroso— Akane, no me hagas esto —suplicó en un murmullo con una mirada desvalida—, por favor.

—No seas cobarde —le murmuró en respuesta.

— ¿Cobarde? Pero…

—Deja de insistir que no voy a hacerlo por ti.

— ¿Aunque te lo ruegue?

—Millia, no estás ayudándome —se quejó Akane ante lo ridícula que se había tornado la situación—, ¿quieres decirlo ya?

—Yo soy la que necesita ayuda y tú me estás empujando, qué terrible amiga eres.

— ¿Mala amiga? Yo no fui la que se comió "mi ensalada".

— ¡Todavía me guardas rencor por eso! Akane, fue un golpe bajo, sabes que lo hice para motivarte a comer.

—Pues ahora yo te estoy motivando a hablar, ¿y me lo agradeces tratándome así?

Nodoka estalló en una carcajada al ver como las chicas discutían en susurros que ahora parecían gritos.

—Niñas, niñas, por favor, no sigan. Si ambas tienen algo que decirme, no teman, ya me han dado una gran alegría en este día al traerme noticias de Kapsuo. A esta familia le hacían falta esa clase de bendiciones. Si hay algo que quieran decirme las escucharé. Aunque se trate de una noticia amarga, no importa, porque…

— ¡Estoy embarazada!

Millia gritó aferrando con los puños los pliegues del vestido. Con el rostro inclinado no se atrevía a mirar a la mujer. Nodoka parpadeó confundida, aquello era una maravillosa noticia pero algo más la intrigaba, ¿por qué era importante que esa niña se lo dijera, en el mismo día en que le trajeron noticias del mayor de sus hijos? Cuando lo adivinó miró severamente a Akane, la que no bajó la mirada reteniendo la dureza de Nodoka con una actitud tanto o más seria que ella.

— ¿Es una broma, Akane?

—No, tía, no lo es.

—Pero, ¿dónde?

Akane esperó a que Millia respondiera, al mirarla la notó temblorosa, asustada. Respondió por ella.

—Se conocieron en Francia, durante una peligrosa misión en París semanas atrás.

— ¿Francia, París? —Nodoka encontró extrañas esas palabras, sin sentido dentro de su cabeza llena de ideas furiosas. Recordó los noticieros sobre el suceso ocurrido poco tiempo atrás en otra lejana parte del mundo y el revuelo que causó la existencia de una criatura mítica. Cuando asoció aquellas ideas se sintió más tranquila—. Ahora lo comprendo. Millia, ¿tu conociste a mi hijo Kapsuo en París?

Millia asintió lentamente.

—Y… —Nodoka, con las mejillas sonrosadas, trataba de mostrarse severa— ¿Estás esperando un hijo de él?

Volvió a asentir silenciosa. Nodoka dio un largo suspiro dirigiéndose otra vez a Akane.

— ¿Ella siempre es así?

La chica puso los ojos en el cielo.

—Siempre. O casi, se le quita la timidez cuando se trata de quitarles la comida a otros.

Millia sollozó, no sabía si de emoción o vergüenza por la broma de Akane.

Nodoka se deslizó por el tatami apoyando las manos en el piso, quedando frente a Millia casi tocándose por las rodillas. Posó una mano sobre las frías manos de la chica, la otra mano la llevó al mentón de Millia obligándola a levantar el rostro para mirarla a los ojos.

— ¿Por qué tienes miedo? Es la segunda maravillosa noticia que me han traído en este día, deberías sentir orgullo.

—Lo siento. Lo siento —las lágrimas de Millia seguían cayendo— Lo siento.

Ante la mala costumbre de disculparse de la chica, Nodoka volvió a buscar a Akane con una pregunta en su mirada.

—Siempre —Akane insistió conmovida.

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4

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La alegría resonó esa noche en casa de la familia Tendo. Genma, olvidándose de sus reparos, celebraba cogido del brazo de su amigo Soun la llegada de un nuevo nieto. Entre los dos armaban nuevos planes, ya que si no fue posible unir a sus hijos, bien podían hacerlo con la generación siguiente. Mal recordaban que todo el plan del compromiso había sido una estrategia concertada antiguamente por Freyr para proteger a Ranma, ahora demostraban que realmente deseaban unir a las familias, por la profunda amistad que se profesaban bajo la excusa de preservar el arte. Agitados derramaban desvergonzadamente el sake ante la molesta mirada de las chicas.

Iris se encontraba radiante de felicidad, contagiada por la exaltación de los adultos. Ganándose también algunos yenes de parte de su tía Nabiki, que la incentivó a preguntar a los adultos: "¿De dónde vienen los bebés?". La niña no comprendía la razón por la que todos se abochornaban con tan tonta pregunta que no entendía, pero más se divertida al escuchar las carcajadas de Nabiki, la que le cerraba el ojo tras cada éxito en su misión. Happosai comenzó a cantar, borrachos se le unieron Genma y Soun. Iris también les hizo coro pronunciando mal todas las palabras al no conocerlas. Genma trató que Millia bebiera un poco de sake para celebrar la ocasión, pero Nina la defendió oportunamente de una patada, cogiendo a continuación a la avergonzada chica celosamente por los hombros apartándola para el lado donde las mujeres miraban a los escandalosos hombres con reprobación.

Akane dejó la sala cerrando la puerta tras de sí. El jardín se encontraba un poco frío pero no le importó, ya que la refrescó un poco del enrarecido ambiente del interior. Se sentó en el borde de la casa mirando las estrellas, con los pies desnudos rozando la humedad del césped que le provocó cosquillas. La sonrisa fue desapareciendo lentamente de los labios sonrosados.

"Debí haber sido yo."

Se dio un duro golpe en la frente con la palma extendida, pero no retiró la mano, inclinando la cabeza para descansar el peso del cuerpo en los codos, que a su vez apoyó sobre las piernas.

"Soy horrible, cómo puedo pensar algo así. Debería sentirme feliz por Millia, por todos."

Sumida en su distracción no percibió a la persona que silenciosamente se sentó a su lado. La elegancia de Nodoka resplandecía en cada uno de los gestos que cuidadosamente realizaba al moverse con el tradicional kimono. La mujer se quedó mirando las estrellas sin interrumpir a la joven hasta que ésta tardíamente se percató de su presencia. Akane la miró girando un poco la cabeza, todavía con el rostro tras las manos. Se irguió rápidamente avergonzada.

— ¡Tía Nodoka! Ah, yo sólo estaba tomando un poco de aire.

—No tienes que excusarte, querida.

Guardaron otro prolongado silencio. Los ruidos al interior de la casa parecían lejanos, como de otro mundo en comparación a la lentitud con que el aire mecía las hojas del viejo árbol en el jardín. Akane intentó sonreír a pesar de la evidente frustración que emanaba de sus ojos.

—Debe estar muy feliz, tía. Finalmente será abuela.

—Sí, Akane, estoy muy contenta; Seré abuela por segunda vez.

— ¿Segunda vez…? —Akane guardó silencio al recordar a Iris— Oh, ya veo.

Nodoka se tomó un tiempo prudente antes de continuar, dándole espacio suficiente a Akane para pensar y calmarse de la turbación que parecía afectarla.

—Ranma y tú me bendijeron con Iris. Ahora Kapsuo, mi otro hijo al que creía perdido, del que dolorosamente ignoré su existencia, vuelve a mi vida gracias a Millia y la nieta que pronto ha de nacer. Akane, llegar a esta casa siempre significó gran alegría para mí, porque aquí he recuperado todo lo que antes se me había arrebatado. Incluso más, mucho más de lo que siempre rogué al cielo volver a tener.

—Tía Nodoka, yo…

—Déjame continuar, Akane —la mujer suspiró lánguidamente cerrando los ojos, saboreando el aroma de la fría noche de primavera—. Me has traído muchas alegrías. Primero me ayudaste más de lo que yo habría imaginado para recuperar a mi hijo Ranma, nos ayudaste a los dos a reencontrarnos a pesar de los problemas que te provocamos.

—Nunca ha sido una molestia, tía.

—Lo sé, querida, pero eso no quita lo mucho que hemos abusado de la hospitalidad de tu familia. Además de ayudarme con Ranma ambos me dieron a Iris, que ha sido una alegría y un consuelo en estos difíciles tiempos. Esa niña posee una fuerza envidiable.

—Sí, es increíble. A veces pienso que es mucho más fuerte que yo. No por nada es la hija de una gran reina del mundo de Asgard.

—"Y no por nada" es ahora tu hija también. Akane, no te menosprecies a ti misma, Iris ha cambiado mucho desde que llegó. Ya se está pareciendo cada día más a ti.

—No bromee, ¿qué haría si ella luego se acostumbra golpear a sus compañeros de clases? Sería terrible.

Ambas mujeres rieron por la broma. Tras unos momentos se calmaron admirando la belleza de la fuente. Desde donde se encontraban podían ver el reflejo de la luna sobre el pequeño círculo de agua.

—Te has convertido en la mejor madre que podía haber deseado para mi nieta. A pesar de que tuve mis dudas al principio, por tu edad, lo que ahora me apena reconocer y te pido perdón. Has demostrado de nuevo estar a la altura como toda una mujer de la familia Saotome.

—Tía, no soy una Saotome. No alcancé a serlo.

—Lo eres para mí, querida. Siempre lo fuiste, y siempre lo serás.

—Tía Nodoka, ¿lo dice de verdad? ¿Nunca pensó en las otras chicas?

— ¿En ellas? Deja de bromear, Akane. ¿No recuerdas la primera vez que las conocí? ¡Destruyeron mi casa! Sin mencionar lo maltratado que terminaba mi Ranma cuando debía tratar con alguna de ellas.

—Oh, bueno, pero yo también golpeaba a Ranma… A veces… ¡Cuándo se lo tenía merecido! —concluyó con el puño en alto en un arrebato de honestidad, tras haber recordado los desagradables momentos en que "las otras prometidas" se colgaban del joven como si les perteneciera.

—Por eso siempre fuiste una perfecta mujer de la familia Saotome. Mientras esas chicas destruían mi hogar, tú sabías perfectamente "en quién había que colocar esos puños".

Akane parpadeó confundida, sólo se percató de que también era una broma cuando Nodoka estalló en una melódica risa. Se le unió forzando la sonrisa no muy segura de sí debía sentirse halagada u ofendida.

— ¡Ay! —Nodoka respiró profundamente agotada de tanto reír—, qué recuerdos, parecen años desde esos días a pesar que no ha pasado tanto tiempo desde que todo comenzó. Pero no pensemos en lo triste. Todavía tengo más que agradecerte, porque me traes ahora más alegrías como ya te mencioné: noticias de Kapsuo y la existencia de mi segunda nieta. No, no intentes negarlo, Akane, sé que tú has protegido a Millia todo este tiempo. Puedo notar como la has guardado a ella y la has traído a casa. Sigues cuidando de mi familia, ¿cómo puedo agradecer todo lo que has hecho por los míos?

Ella negó con la cabeza.

—No tiene que darme las gracias por nada, tía Nodoka, es lo mismo que hubiera hecho Ranma en mi lugar.

—Pero tú lo hiciste. Ahora que lo pienso creo que tienes razón, hay algo que Ranma me ha dado y que siempre estaré en deuda con mi hijo, y quisiera también agradecerle —la señora miró con mayor interés las estrellas en el oscuro cielo—, desde donde quiera que él nos esté vigilando y guardando en este momento.

Cogiendo a la chica por sorpresa posó una mano sobre su cabeza en un gesto de ternura.

—Gracias a él he conocido y ganado a la mejor de las hijas que una madre podría desear; fuerte, orgullosa y responsable de su familia.

Akane emocionada no pudo responder. Inclinó la cabeza y asintió torpemente.

—Ahora, Akane, hay algo que quiero decirte —Nodoka dudó, no sabía si era el momento adecuado. Finalmente se decidió a hablar—. Sé cuánto amaste a mi hijo y siento que no tengo derecho de pedirte esto, pero… Eres joven todavía, algún día podrías querer rehacer tu vida y si así lo decides tienes que saber que no te juzgaré, por el contrario, siempre tendrás mi apoyo. Tampoco dejaré de amarte como a una hija, sólo porque no…

Akane dejó de escucharla erizándosele hasta la punta del último de sus cabellos. ¿Qué había dicho? ¿Qué aceptara la muerte de Ranma y siquiera con su vida? ¿Qué no debía sentirse culpable por nada? Mientras Nodoka intentaba hablar, tan dolida como Akane por reconocer así la muerte de su propio hijo, pero esforzándose por algo que ella creía necesario para proteger la felicidad futura de Akane, la chica empuñó las manos marcando con las uñas el piso de madera.

—No voy a aceptarlo —susurró en un tono sombrío, escalofriante.

—Akane, escúchame, sé como debes sentirte, algún día me comprenderás y entonces quiero que recuerdes mis palabras, y no vayas a sentirte presionada…

— ¡No voy a aceptarlo!

Gritó incorporándose bruscamente. Las manos seguían empuñadas a los costados de su cuerpo vibrando intensamente. ¡Cómo se atrevía, ella, la madre de Ranma, a negar la existencia de su hijo! La miró con tal rabia que al principio no se percató de lo que estaba haciendo. La mente de Akane oscureció producto del dolor y la ira que comenzaban a dominarla. Algo oscuro comenzó a sentir como un frío profundo dentro de su pecho, mientras en su mente no cesaba de gritar las mismas palabras una y otra vez: Claro que la tía Nodoka podía hacerlo, podía olvidarlo, ¡porque tenía otro hijo, podía reemplazarlo!

"Una hechicera jamás debe perder el control".

La voz de Freya hizo eco en su quebrada mente, como un suave murmullo que se alzó por encima de las otras cientos de voces que le hablaban desde lo más lastimado de su ser.

Entonces reaccionó. Abrió los ojos como si hubiera sido abofeteada en sus pensamientos. Observó, víctima del espanto que sentía ante su propio odio, detenidamente a la mujer sentada a su lado. Ella era su tía Nodoka, la madre de Ranma; y sólo una madre podía sentir tanto o más dolor que ella por la muerte de Ranma, como lo comprendía desde que asumió el cuidado de Iris, sintiendo con toda su alma lo mucho que implicaba el amor hacia un hijo.

Los ojos de Nodoka se encontraban humedecidos a pesar de intentar forzar una temblorosa sonrisa, como fuera ella la que quisiera mantener la calma en esa situación. ¿Sufría por Ranma, o por ella? ¿Por ambos? La vergüenza nubló sus ojos también, tenía deseos de huir pero ella ya no podía dejarse llevar por la debilidad. Se sentó otra vez, lentamente, agotada como si toda la rabia sentida ahora se hubiera vuelto contra su propio cuerpo por haberse contenido. Le dolieron las manos lastimadas con sus propias uñas.

Exhaló lánguidamente todo el aire en su pecho antes de atreverse a pedir disculpas.

—Lo lamento mucho, tía Nodoka… —se mordió los labios conteniendo la angustia, hasta que dueña otra vez de sus emociones pudo continuar— No sé lo que me sucedió.

Sí sabía lo que le había sucedido, no se arrepentía tampoco de seguir creyendo como lo hacía. Pero también debía reconocer que Nodoka ignoraba sobre sus planes para salvar a Ranma. Para esa mujer a su lado no había ninguna esperanza que la mantuviera en pie como a ella, que vivía con el sueño de devolverlo a la vida gracias a la magia de Asgard. Sí, quizás Nodoka tenía una, la de su otro hijo. ¿Pero no había ignorado esa mujer la existencia de Kapsuo durante semanas? ¿O desde que lo recordó no había sido el doble su dolor al temer por la vida de uno de sus hijos mientras lloraba la muerte del otro? Qué egoísta se sintió otra vez, por creer que su pena era mayor a la del resto.

Siempre le sucedía lo mismo y por más que se prometía pensar antes de actuar parecía que sus sentimientos la superaban en aquellos violentos arrebatos. ¿Cuándo iba a madurar? No quería reconocer que a los ojos de muchos, dada su corta edad, seguía siendo una niña que el destino quiso colocar en el lugar de una gran señora con responsabilidades. ¡Qué alguien la ayudara! Parecía pedir a gritos en los momentos en que flaqueaban sus fuerzas y su alma se doblaba hasta amenazar con quebrarse, en esos momentos donde perdía los estribos y volvía a actuar como la cría impetuosa que, tras una pequeña victoria, había imaginado vencida y exiliada en lo profundo de su corazón, donde también ocultaba sus más terribles inseguridades.

—Yo soy la que debe pedirte perdón, sólo he conseguido reabrir la herida. Nunca ha sido mi intención hacerte sentir mal. Si me odias lo entenderé.

—No, tía, la culpa es únicamente mía. No debí excederme de esa manera. Usted sólo está intentando ayudarme y se lo agradezco.

—Te has exigido mucho, y yo aquí pidiéndote todavía más. Akane, no debes tratar de ser cortés conmigo, si lo haces pensaré que no eres honesta porque desconfías de mí. Cometo errores, como todos, no soy mejor que tú sólo por tener unos años más.

Akane alzó los ojos encontrándose con los de Nodoka. ¿Esa mujer sabía lo que estaba pensando?

—Confío en ti, querida, por eso intento serte de utilidad. A pesar que ninguno de los adultos en esta casa ha sido capaz de protegerlos, en ningún momento. Hemos dejado toda la responsabilidad en ustedes los más jóvenes. Debería sentirme avergonzada.

Con la amargura pesando en el corazón Nodoka se levantó lentamente, hizo una pequeña reverencia y se retiró, cuando Akane la detuvo.

—Tía, espere un momento.

— ¿Sí, querida?

—Jamás me daré por vencida. Y eso lo haré porque sé que todos me están apoyando a su manera.

Nodoka confundida no supo qué responder, pero la sonrisa de Akane disipó todos sus temores sintiéndose perdonada y otra vez querida por la chica. Se alegró también y en respuesta repitió la reverencia inclinando la cabeza más que al principio.

.

Akane miraba detenidamente la entrada de la escuela de Iris. Una de las madres que allí se encontraba la reconoció como aquella chica que venía tiempo atrás a buscar a su hija vestida con uniforme de preparatoria y silenciosamente se alejó de ella. A pesar de que Akane ya no vestía el uniforme de la escuela Furinkan y aparentaba ligeramente más edad de la que realmente tenía, dado el aire maduro y calmado en su mirada, así también por las ropas recatadas y algo sencillas que usaba con llamativa elegancia, no se libró de los rumores que un grupo de mujeres mantenía sobre ella en un rincón apartado del portón. Akane se rió, ellas no imaginaban que el refinado oído de la chica, dado su entrenamiento en Asgard, podía escucharlas a la perfección.

Nina a su lado no parecía tan contenta y de vez en cuando miraba a las demás mujeres murmurando gruñidos. La chaqueta oscura de cuero con estampados de calaveras, pantalones ajustados con roturas y la fina cadena que colgaba alrededor de la cintura, resaltaban aún más la agresividad de su presencia.

—Deja de hacer eso —le recomendó Akane tras descubrirla otra vez amenazando con la mirada a una madre del grupo de chismosas.

—Tienes más paciencia de la que deberías, Akane. ¿Sabes lo que esas idiotas están diciendo a tus espaldas?

—Lo sé, también puedo escucharlas.

— ¿No te molesta?

— ¿Debería?

La chica no le daba mayor importancia a lo que pensara la gente sobre ella. Era verdad que en el pequeño mundo en el que vivía, fuera de su familia, no era muy bien observada por tener una hija a su edad. No tenía tampoco intención de estar disculpándose ni explicarles que Iris era adoptada, no se sentía avergonzada de que pensaran que de verdad era su hija, por el contrario deseaba a menudo que sí lo fuera. Más vergüenza deberían tener esas mujeres, pensó con tristeza, al reconocer que había asuntos mucho más importantes de los que preocuparse que andar juzgando la vida de una jovencita como ella. Los humanos eran criaturas egoístas y realmente imbéciles en ciertos momentos. Más que rabia, aquellas personas llenas de prejuicios le inspiraban lástima.

Nina Dalange resopló una mezcla de suspiro y maldición cruzando los brazos con impaciencia. Akane apenas movió los ojos hacia ella antes de volverlos hacia el frente manteniendo su actitud relajada y pensativa.

—Si te sientes incómoda podrías ir a casa, no es necesario que me protejas. Recuerda que ya no estás bajo mis órdenes.

—De seguir a tus órdenes ya te habrías deshecho de mí, ¿no es así? —la valquiria dio una risotada ante la confusión de Akane— Pero como una amiga tendrás que soportarme porque no te pienso dejar en ningún momento sin vigilancia, no después de lo que hemos pasado.

—Gracias.

Sonrojada la valquiria evitó la cándida mirada de Akane que la hizo sentir incómoda.

—No tienes que agradecerme nada. Sólo cállate y deja de decir cosas vergonzosas.

Otra preocupación perturbó la paz de Akane. Nina lo notó y adivinó lo que estaba pensando.

— ¿Estará bien? —Akane preguntó perdiendo la seguridad que había aparentado hasta ese momento.

— ¿Hablas de Millia? Sí, no tienes de qué preocuparte, sólo fue un ligero malestar. Pero ya verás que la medicina de Asgard le sentará de maravillas.

—No lo sé —Akane cerró las manos cogiendo los pliegues de la larga falda que le llegaba a los tobillos—, no se veía muy bien esta mañana. ¿Las hadas siempre tienen…?

— ¿Qué si un hada padece de embarazos difíciles? Algo —Nina se rascó la cabeza insegura—, recuerda que no es natural para su especie parir crías. Además esa tonta es un caso especial, no sé en qué estaba pensando cuando quiso tener una hija, sabes que su especie puede quedar encinta cuando quieren. Todavía no tiene el valor de explicarme qué se le pasó por la cabeza cuando quiso tener una hija de ese sujeto. Pero ya no vale la pena regañarla. Lo hecho, hecho está. Sólo debemos asegurarnos que esa niña no vaya a crecer tan boba como su madre.

"Ella es un caso especial", repitió Akane en su mente aumentando sus temores.

La salud de Millia decaía en días y mejoraba en otros. Las hadas normalmente nacían de las flores y cristales de Gimle, pero Millia era especial al haber sido concebida por Hel, la reina infernal. La princesa de Nilfhel nació débil y frágil. Secuestrada por el Yngvi Frey terminó en el hogar de la sabia Amatista, hada de Gimle y uno de los personajes más respetados de Asgard mientras vivió. Para salvar la vida de Millia, Amatista mezcló su propia sangre con la del bebé en un oscuro ritual transformando parte de la esencia de la princesa en un hada también. Sacrificando gran parte de su tiempo de vida.

Sin embargo, sumando a las dos naturalezas que luchaban dentro de la nieta de Amatista, el embarazo significaba otro problema. Porque la niña que crecía en el vientre de Millia tenía la sangre de Kapsuo Saotome, hermano mayor de Ranma y también poseedor de otra conflictiva combinación de esencias al ser descendiente de los señores Vanir.

— ¡Deja de preocuparte! —Nina le dio una fuerte palmada en el hombro, al descubrirla callada y pensando otra vez en Millia, que la hizo inclinarse hacia el frente. Para estallar en carcajadas burlándose de su enojo— No vale la pena amargarse por lo que no podemos arreglar. Ya verás que esa idiota va a estar bien, es más fuerte de lo que aparenta.

—Lo sé, tú la aprecias mucho también.

— ¿Yo, a esa cerebro de polilla? ¡No digas bobadas!

Ahora fue Akane la que estalló en risas ante la ofuscación de la orgullosa Nina. Aunque no lo reconociera, tras el reciente malestar de Millia, había sido Nina la que sin pensarlo dos veces regresó a Asgard de madrugada sólo para suplicar a la dama Freya alguna ayuda para la salud de la hada.

Los niños comenzaron a salir de la escuela siendo recibidos por sus padres. Iris apareció corriendo, abriéndose camino entre ellos. Se había vuelto popular a pesar de su corta edad entre sus compañeros que no dejaban de intentar saludarla mirándola embobados.

— ¡Oh, Señora Saotome! Qué placer verla de nuevo —la saludó la señorita Midori, maestra de Iris.

—Akane, llámeme sólo Akane —se sentía mal por tener que mantener todavía aquella mentira de que se había casado con Ranma, aunque había sido la mejor opción que tenía para evitar cualquier problemas legal por la adopción de Iris. También debía agradecer a Nabiki su ayuda con el falso papeleo que necesitaron para la escuela.

— ¿Y su amiga…?

—Nina Dalange—respondió la aludida bruscamente, mirando en otra dirección como si no quisiera ser parte de la conversación. El cabello dorado y la tez brillante, que la hacían parecer una extranjera del frío norte occidental de Midgard, llamaban la atención al resto, además de su ya llamativa peligrosa belleza.

—Me alegra que últimamente pueda venir por Iris. Nos había contado que usted se encontraba en un viaje muy importante.

—Sí, sí, fue por culpa de un asunto familiar —la tristeza en su mirada advirtió a Midori que podría tratarse de un tema doloroso. Normalmente era el tipo de gesto que se realizaba cuando fallecía un pariente cercano y querido.

— ¿Y cómo se encuentra el señor Saotome?

Nina apretó los dientes. Akane por un momento se impresionó, tarde recordó que en Nerima nadie sabía de la muerte de Ranma por tratarse de un asunto de Asgard. Tuvo dificultades para recuperar el aliento, cuando fue salvada oportunamente por la intromisión de la pequeña Iris.

—Papá está trabajando mucho, anoche me llamó. Él está muy bien, ¿verdad, mamá?

— ¿Yo, qué? Ah, sí... Sí, él está bien, muy bien.

—Me alegro.

Akane intentó sonreír, era increíble que esa pequeña tuviera tanta fuerza y astucia para mentir protegiendo los secretos familiares. Después de todo, concluyó Akane, en realidad era la hija de una gran reina. Tras despedirse un niño se acercó a Iris. Se saludaron con un rápido y divertido choque de manos que provocó gracia en las dos chicas que los observaban, y un poco la preocupación y nostalgia de Akane al notar que Iris se estaba comportando más como un chico que una chica. Cuando la madre del niño apareció cogiéndolo por el brazo con innecesaria brusquedad.

—Takeshi, te he dicho que no te juntes con esa niña, no sabes qué tipo de madre tiene —lo regañó en voz baja, pero lo suficientemente fuerte como para ser escuchada por Akane.

Akane apretó los dientes, la mirada de Nina se enfrió. Pero más fue el coraje de Takeshi que ignorando completamente el enojo de su madre volvió a Iris para despedirse con mucha más energía que antes.

—Nos vemos mañana, Iris.

—Hasta mañana, Takeshi —respondió la pequeña con la mano en alto. Apenas la mujer se hubo alejado tirando de la mano de su hijo, Iris agregó con fuerza—. Mujer idiota.

— ¡Iris! —la regañó Akane.

La niña se mostró fingidamente arrepentida torciendo los labios con disgusto llevándose ambas manos detrás de la cabeza, y Nina no fue de mucha ayuda riéndose de toda la situación.

—Esta mocosa tiene el valor de una valquiria. Apenas volvamos a casa te entrenaré personalmente.

—Agradezco tu ofrecimiento, pero nadie le va a enseñar a mi hija a usar una peligrosa espada.

—Mamá, yo quiero aprender.

— ¡Claro que no! Nina, deja de meterle ideas en la cabeza a Iris, ella es muy joven para eso.

— ¿Y a los diez? —Nina insistió mitad en broma, mitad súplica al sentirse tentada con la idea de tener una nueva alumna.

—Muy pequeña —Akane mantuvo con firmeza.

— ¿Quince?

—No.

— ¿Cuándo cumpla veinte?

—Nunca.

—Por los dioses, Akane, mírate, apenas tienes diecisiete, perdón, casi dieciocho y ya eres la señora de la magia de Midgard. ¿No crees que estés siendo muy sobre protectora con Iris?

—Sí, mamá, tía Nina tiene razón.

—A callar las dos si no quieren que me enfade seriamente —cerró los ojos solemne ante la frustración de las otras dos, para luego entreabrir uno y agregar divertida—, la única que le va a enseñar a luchar soy yo. Primero te instruirás en el arte, después en lo que quieras.

— ¡Mamá! —Iris reclamó frunciendo el rostro, era conocido por la familia que a la niña le encantaba la esgrima, pero no tanto las artes marciales.

Al doblar en una esquina Nina se quedó quieta y perpleja, porque Akane guiando a Iris de la mano caminó en la dirección opuesta. La chica también se detuvo unos metros más adelante.

—Nina, qué haces, muévete.

— ¿Pero que no íbamos a casa?

La mirada de Akane fue misteriosa, tanto como la sonrisa que le dedicó en ese instante.

—Creo que se me hoy se me ha antojado comer fuera. ¿Qué dices, Iris, quieres ir a un restaurante?

Iris asintió. Nina las siguió sintiéndose confundida. De pronto tuvo la extraña ocurrencia de que la mirada de Akane le pareció tan insondable como lo eran las que siempre dedicaba la dama Freya a los suyos.

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5

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Apenas se encontraron ante la entrada del "Café gato", Nina palideció. El recuerdo de Mouse y su responsabilidad estaban todavía latentes. Sin embargo, Akane no le permitió dudar.

—Yo seré la que hable, tú no dirás nada —ordenó con brusquedad, el mismo tono de voz que tenía cuando se hallaban ante peligro dirigiendo a los Dragones de Belenus.

La valquiria se encontraba muy perturbada como para haberle respondido, y se limitó a asentir obedientemente. Cuando ingresaron la pequeña Iris se soltó de la mano de su madre y corrió alrededor de las mesas, se detuvo repentinamente mirando hacia todos lados con energía para escoger una mesa cerca del centro, corriendo a ocupar un lugar como si lo fueran a perder, cuando en realidad todavía no había nadie más a esa hora. Se acomodó trepando a la silla rápidamente y con las manos sobre el mantel las esperó con la digna paciencia de un monarca. Akane, risueña, la alcanzó acomodándose en otra silla a su lado. Nina ocupó la tercera silla frente a la pequeña.

—Akane, ¿qué tienes en mente? —preguntó Nina.

Le respondió sólo con un gesto llevando un dedo a los labios para que guardara silencio, luego siguió actuando como una madre normal atendiendo y también regañando a Iris para que no jugara con los palillos que se encontraban en una fuente en el centro de la mesa.

—Estimados clientes, Shampoo los atenderá, qué desear… ¡Tú!

Shampoo se quedó perpleja mirando a los únicos clientes que habían llegado tan temprano al restaurante. Akane y Shampoo no se habían visto desde mucho antes de la muerte de Mouse, el que no parecía haber sido suficiente tiempo para ésta última. Un profundo resentimiento guardaba la amazona hacia esa chica que le había quitado todo lo que ella creía valioso, y ahora, como un insulto, se la encontraban en su propio hogar. Sin embargo, Akane no reparó en su gesto, siguió atendiendo a Iris, luego le hizo un par de preguntas a Nina sin importancia sobre el clima en esos días, para después apoyar los codos en la mesa y cruzar los dedos bajo el mentón en un gesto de descanso.

—Hola, Shampoo. ¿Podrías traernos tres órdenes de ramen? Y te pediría también una cuchara para mi hija, ella todavía no sabe usar muy bien los palillos.

— ¡Mamá! —Iris le dedicó una mirada asesina a su madre por humillarla públicamente en algo que para la pequeña era todavía muy vergonzoso. Esa amenaza causó la nerviosa risa de Nina, que intentaba relajarse a pesar del tenso ambiente que había entre esas dos chicas. ¿Qué demonios pretendía Akane? Pero nada en sus gestos o palabras parecía revelárselo.

—Chica violenta…

—Es Akane —la corrigió bruscamente en un tono que parecía demostrar superioridad—, conoces mi nombre. Es hora de que comiences a emplearlo, lo has hecho antes, no debería ser tan difícil pronunciarlo. Por lo menos cuando me trates como a una clienta, porque eso es lo que soy ahora.

Shampoo guardó un frío silencio. Akane alzó una ceja esperándola.

—"Akane" —repitió Shampoo muy lentamente como si cada sílaba le supiera amarga en el paladar—, ¿desean pedir algo más?

—Nada más.

—Shampoo traerá enseguida la orden. Esperar un momento.

Se retiró arrastrando los pies con rabia.

—No crees que se atreva a envenenarnos, ¿o sí? —Nina intentó mostrarse divertida, pero algo en su interior la hacía creer que la amazona sí sería capaz de hacerlo.

—Quizás —respondió con desinterés encogiéndose de hombros, volviendo otra vez su atención a Iris. Comenzó a contarles a ambas divertidas historias, de las aventuras que muchas veces habían comenzado y terminado en ese lugar, con Ranma siempre en el centro de todas.

Nina estalló en carcajadas al escuchar el último relato de Akane.

—Increíble, ¿el cobarde de Ranma osó tocarte el trasero?

—No lo tienes que decir de esa manera —respondió la chica sonrojada forzando una sonrisa.

—Papá es un pervertido —agregó Iris, juzgando con aires de mujer adulta.

—Y tú, enana, que sabes de eso —dijo Nina, para reír de nuevo.

Shampoo llegó interrumpiéndolas con una bandeja en las manos. Sirvió rápidamente los tres cuencos de ramen y se quedó observando la situación.

—"Akane" parecer muy animada, a pesar de desaparición de prometido.

Akane no demostró sus sentimientos, pero el silencio fue evidente. Hasta que Iris agregó riéndose.

—Hablamos que a papá Ranma le gustaba tocarle el trasero a mamá Akane.

— ¡Iris! —Akane olvidó su molestia sonrojándose hasta las orejas— Y tú no te rías —trató de amonestar a Nina sin éxito.

La broma tampoco causó gracia a la amazona, perdiendo la irónica sonrisa que tenía. Se retiró con un rápido giro, casi un gesto de desprecio, volviendo a la cocina. Al mirar por encima de su hombro descubrió con mayor enfado que ellas ni siquiera repararon en su gesto y seguían conversando animadamente. Una herida estaba abierta en el corazón de Shampoo. ¿Cómo se atrevían a reír después de la muerte de Mouse? Se detuvo a mitad de la cocina sorprendida por sus propios pensamientos. Mouse era un idiota, murió por entrometido, pero, ¿no era también un miembro de la tribu? ¿Estaba bien sentir lástima por él entonces? ¿Sólo era lástima lo que sentía? Cada día atendiendo solo con su abuela el restaurante le parecía cada vez más insípida la rutina y profundo el vacío que el torpe muchacho había dejado en ese lugar. Las risas de Akane y sus acompañantes la enfadaron tanto que golpeó con las manos el mesón en la cocina.

— ¿Qué sucede, Shampoo? Te noto alterada.

—Bisabuela, no suceder nada a Shampoo.

La anciana se quedó observándola ante la obvia mentira, cuando escuchó las risas provenir desde los comedores.

—Es temprano para tener clientes.

—Ser estúpida Akane, niña fastidiosa y amiga entrometida, venir a comer.

— ¿Dijiste Akane? —Los ojos de la anciana se abrieron enormes ante la sorpresa— ¡Bisnieta tonta, por qué no me avisaste antes! Esperaba su visita.

La amazona se quedó paralizada en la cocina cuando vio correr a brincos de bastón a su bisabuela hacia los comedores. ¿Se había enfadado realmente con ella? ¿O estaría asustada por el extraño gesto que no había visto en el rostro de su bisabuela en mucho tiempo? Shampoo no pudo reprimir la curiosidad, algo muy extraño estaba sucediendo allí. Apenas volvió en sí corrió tras Cologne, para hallar una escena que le pareció irreal.

Akane comía con tranquilidad, llevándose una porción tras otra muy lentamente a la boca, con la distinción en cada uno de sus gestos que había adquirido tras sus continuas cenas en compañía de la dama Freya. Iris se quedó quieta mirando con curiosidad algo que a su corta edad no comprendía. Nina, igual de asombrada pero sin decir palabra, bajó los palillos para apreciar mejor una situación que no le era del todo extraña por su vida en Asgard, pero que no entendía en ese momento. La anciana matriarca Cologne había depositado el bastón en el piso para inclinarse ante la mesa de Akane en una pronunciada reverencia, llevando la frente hasta rozar el suelo como si se encontrara en presencia del mismísimo emperador. Más embarazoso se tornó para Nina la actitud de Akane, en que seguía comiendo sin mirar a la anciana con un descaro que le pareció extraño en la dulce y considerada chica, aunque lo reconocía como una de las costumbres también que tenía la dama Freya. ¿Cuántas otras malas costumbres había adquirido de ella?

El silencio era absoluto, incómodo como en el interior de un templo. Shampoo se sintió indignada y su aura resplandeció, pero la percibió Cologne y antes que pudiera decir algo la anciana se levantó lo suficiente como para girar la cabeza hacia atrás y fulminarla con la mirada. Shampoo jamás había sentido la severidad de su bisabuela como en ese momento que le heló la sangre. Tenía deseos de llorar de impotencia, ¿cómo era posible que esa chiquilla Akane las humillara de tal manera? ¿Cómo su bisabuela lo permitía? ¿Era todo una broma?

Juró que la mataría, ahora sin dudas, no como en el pasado en que siempre se había cuestionado hacerlo porque en realidad jamás había asesinado a alguien, aunque su entrenamiento en la aldea la había preparado para ello. No le importaba provocar la ira de Ranma, ya que ahora se encontraba ausente, esa Akane había sido siempre su mayor amenaza, la única culpable de no conseguir al hombre que le correspondía por derecho. Y ahora esto, ¡esa tonta sentirse por sobre las guerreras de la tribu de Joketsuzoku!

Cologne habló con solemnidad sin levantar la cabeza.

—Esperaba su visita, señora, pero no me informó la hora exacta. Siento mi falta de cortesía al no haberla atendido personalmente.

—Lo sé, no fui muy específica de la hora de mi llegada cuando hablamos por teléfono esta mañana —Akane en un confuso contraste respondía con la naturalidad de siempre al tono formal de Cologne, o más, casi con indiferencia—, lo lamento, creo que fue mi culpa —volvió a sorber los fideos.

Shampoo seguía sin entender la actitud de su bisabuela, cuando notó el sudor en el rostro de la anciana como si realmente estuviera preocupada por algo.

—Espero que nuestros alimentos le hayan parecido agradables.

—Shampoo cocina muy bien, está perfecto.

Nina hizo una mueca de impaciencia, la amabilidad de Akane la exasperaba porque el ramen venía salado, tibio y mal preparado, algo que creyó obviamente intencional por parte de la furiosa amazona. Cologne notó el gesto de la valquiria y apretó los dedos, volvió la cabeza hacia atrás y otra vez amenazó a su bisnieta con la mirada. Ésta última no tuvo que adivinar el motivo y se sintió más airada en lugar de arrepentida.

Akane terminó de comer. Deslizó el cuenco hacia el centro de la mesa y con las manos cruzadas sobre el mantel finalmente miró a Cologne.

—Levántate, matriarca Cologne. Hablaremos como amigas.

Cologne obedeció y ante el ofrecimiento de Akane ocupó el cuarto puesto frente a la joven.

—Akane ser insolente con bisabuela, yo…

— ¡Silencio, niña estúpida! —Cologne gritó rápidamente haciéndola callar. Volvió su atención a Akane suavizando el rostro con humildad, pero seguía notándose la tensión en su cuerpo, quizás preocupada por el actuar de Shampoo a la que sabía estaban poniendo en el límite y que muy pronto sería incapaz de controlar—. Perdona a mi bisnieta, es joven e ignorante.

—Lo sé, hace poco tiempo atrás yo era igual a ella, no la culpo. A veces la vida nos enseña más rápido de lo que deseamos.

Los ojos de Akane se posaron en Shampoo y le dedicaron lástima, como si se dirigieran a una niña ingenua. La ira de la amazona seguía en aumento y ya poco faltaba para perder los estribos. Cologne esbozó una ligera sonrisa bajo las arrugas, ¡esa chica Akane era terrible y cruel! Finalmente había dejado el capullo convirtiéndose en aquella mujer que adivinó algún día sería, y no se había equivocado. Siempre supo que la única posibilidad de Shampoo por derrotarla dependía de que esa chiquilla Akane no terminara por madurar todo su potencial. Ahora, ya era demasiado tarde para ambas. Aquél pequeño divertimento que le provocaba la juvenil rivalidad entre las chicas relajó los ánimos de la anciana volviendo a saludar a Akane de una manera más calmada.

—Nos honra profundamente vuestra visita.

—Vamos, Cologne, me conoces desde hace mucho tiempo. No debes usar tanta formalidad conmigo o me sentiré incómoda —sin embargo, el trato de Akane hacia la anciana era distinto, en palabras y gestos la trataba con una familiaridad que antes no poseían, dejando de lado la humildad con que se debería dirigir hacia alguien mayor en edad. ¿O sería que ahora los papeles se habían invertido? ¿Estaría la chica Tendo demostrándole con esa actitud cuál era el lugar que ambas ocupaban en ese momento?

— ¿Y qué noticias nos trae del prome…? —Se corrigió tosiendo bruscamente para aclarar la garganta—. Perdón, digo, ¿del joven Ranma?

El ambiente se tornó otra vez frío. Pero el silencio de Akane no fue doloroso, sino que con la mirada en el vacío, y la sonrisa llena de ternura y nostalgia, se mostró a los ojos de la anciana con un aire similar al de las antiguas princesas de los trágicos cuentos de la milenaria China.

—Ranma, mi Ranma, está… muerto.

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La joven amazona se derrumbó sobre sus piernas ante el impacto de aquella noticia, pero nadie reparó en ella. Cologne suspiró profundamente y contuvo el aire en el pecho hasta que le fue imposible aguantar más exhalándolo entre los labios.

—Lo lamento profundamente. Él siempre fue muy querido para nosotras, más allá del interés que pudiéramos tener en él por nuestras leyes. Realmente lo estimaba.

—Murió como un héroe —dijo Akane con molestia mal contenida, todavía no iba a reconocer que lo había perdido, aunque tuviera que mostrarse con entereza ante los demás para no revelar sus planes más secretos. Pero tampoco había olvidado la razón principal de su visita y no se permitiría distraerse, porque a pesar de estar ausente su amado prometido seguía teniendo la mala costumbre de volverse el centro de atención—. Al igual que el joven Mouse.

En un movimiento que tomó por sorpresa a la anciana y las demás, Akane se incorporó a un costado de la mesa. Cruzó las manos por delante del cuerpo con los brazos colgando.

—Por derecho de sangre y nacimiento soy descendiente de la sacerdotisa Narami Kijimuta Baladi de Midgard, protectora de este mundo al obtener la victoria sobre la reina infernal Hel; a su vez ambas descendemos directamente de Heid Baladi de Vanaheim, diosa y señora de la magia del desaparecido mundo del sol, un mundo lejano que desapareció decenas de miles de años en el pasado; también soy la única alumna de la dama Yngvi Freya de Asgard, diosa y señora de la magia del mundo de los reyes Aesirs. Por mi linaje y mis propios méritos se me ha concedido un nombre nuevo, que siempre me perteneció, y también autoridad sobre los espíritus y poderes de este mundo. Soy Akane Baladi Tendo de Midgard, señora de la magia de éste el mundo de los mortales.

Retrocedió un largo paso, con mucha lentitud, y se inclinó ceremoniosamente ante la anciana Cologne.

—En nombre de mi linaje y mi persona me siento en deuda con el joven guerrero Mouse de la tribu Joketsuzoku, al que agradecida debe la vida mi familia. Ahora sé que en la tribu no se honran ni recuerdan a los héroes varones, pero su nombre siempre estará grabado en la historia de mi familia con respeto y afecto. Por su sacrificio siempre consideraré como amigos y aliados a todos los miembros de la tribu y olvidaré cualquier afrenta o malentendido que hemos tenido en el pasado —Akane hizo un gesto con la mano llamando a su hija—. Iris, ven aquí.

Iris dejó la silla y rápidamente se ubicó al lado de su madre adoptiva. Curiosa pero seria, contagiada por la actitud de Akane. La joven posó una mano sobre la cabeza de Iris instándola a inclinarse también ante Cologne. La niña cerró los ojos al igual que su madre demostrando la misma ceremonia con que había sido criada desde la cuna en las frías tierras de Alvheim.

—Ella es mi hija ahora, pero también posee su propio linaje. Su nombre verdadero es Iris Motvidnir, futura reina del pueblo de Alvheim, elfos de luz del mundo de Asgard. Ella y todo el pueblo de Alvheim también están en deuda con el joven guerrero Mouse por haberla salvado del peligro. Juro por mi nombre que ellos también lo recordarán como a un héroe.

Akane escuchó la silla deslizarse por el piso. Nina se paró al lado de Akane uniéndose a ellas en una orgullosa y brusca reverencia ante la anciana Cologne.

—Mi nombre es Nina Dalange, doncella de la guerra de Asgard, sirviente de los dioses. Mouse salvó mi vida también y estoy en deuda con él. Su muerte fue triste, pero llena de gloria, ya que enfrentó al más terrible de los oponentes, un asesino de los dioses oscuros llamado "Dainn, el cazador de almas". Incluso los dioses temen a ese nombre. Mouse no debió ser rival para él, pero su fuerza y coraje lo convirtieron en un digno oponente. Su sacrificio nunca será olvidado.

Cologne observó a las tres chicas inclinadas ante ellas. Su expresión fue ilegible.

—Así que el desafortunado Mouse terminó haciendo algo tan importante…

La risa estridente de la anciana se escuchó como en los días alegres de Nerima. Akane levantó el rostro y se miró confundida con Nina e Iris, para después sonreír igualmente aliviada.

—Estoy segura que ese joven inepto no sabía que se estaba metiendo en un asunto tan grande —la anciana dejó de reír, sólo entonces demostraron los cansados ojos la emoción que sentía por la pérdida de Mouse, y el orgullo que ahora podía también unir a sus sentimientos—. Una nunca termina de aprender, no importando los años, del auténtico valor de un guerrero. Muchas de las leyendas que ahora honran a esos héroes olvidan mencionar que en sus tiempos, cuando vivían, fueron olvidados o perseguidos como criminales, la ironía de no ser reconocido por los suyos es una historia que siempre se repito. Pobre Mouse, valiente e imprudente, qué maravillosa combinación. No temas, Akane, nuestras leyes son severas pero no somos ciegas, escribiré a la familia de Mouse cada una de las palabras que ustedes me dijeron, créeme que las atesorarán tanto como yo —hizo una respetuosa reverencia con la cabeza —. La amistad de tan importantes familias también las recibo con agradecimiento y humildad en nombre de las hermanas guerreras de Joketsuzoku.

Posó los ojos en Shampoo, la joven seguía sentada en el piso, impactada por la muerte de Ranma, pero también confundida por lo que acababa de escuchar. ¿Había sido Mouse tan grande en el momento final de su vida? ¿Se enfrentó él a un enemigo colosal, como los héroes de las leyendas? ¿Y por qué Akane actuaba como si ahora fuera tan importante? Nada tenía sentido para ella.

— ¡Shampoo! Deja de estar perdiendo el tiempo, trae algo de té, tengo la garganta seca. Oh, Akane, siéntate, vuelvan a sentarse, todavía tenemos mucho de qué hablar. Me interesaría saber más cosas sobre ese mundo de espíritus y dioses. ¡Cuántas maravillas por descubrir! ¡Shampoo, muévete, qué esperas!

—Parece más curiosa que afligida —agregó Nina con suspicacia cuando volvía a ocupar su lugar. Akane intentó reprenderla con la mirada, pero no le prestó atención. El instinto guerrero de la valquiria era afinado, lo suficiente como para no bajar la guardia ante la anciana.

Cologne no respondió de inmediato. Esperó a que Shampoo llegara con el té que sirvió furiosamente a las cuatro. La anciana hizo un gesto para que se retirara y la chica mantuvo su lugar a un costado de la mesa. Insistió con un gesto más fuerte y furioso. Obedeció con desdén. Tras dar una rápida mirada a Iris como si pensara en el insulto de permitir a esa cría quedarse a escuchar la conversación, pero a ella no. Cologne sorbió un poco de té, exhaló el aromático vapor y con la mente en el pasado respondió como si hubiera pensado cuidadosamente en sus palabras.

—He vivido muchos años, he visto cosas que podrían helarle la sangre a niñas como ustedes.

—No lo creo —la interrumpió Nina con confiada arrogancia.

La anciana la miró divertida, recordando ante quienes estaba sentada.

—Tienes razón, doncella de la guerra, quizás no —dijo con un ligero tono de burla que hizo sonrojar a Nina. Volvió a beber antes de seguir—. Puede que me haya topado antes con seres de Asgard, o puede que no. Mejor lo dejaremos para otra ocasión.

— ¡Cómo…!

—Basta, Nina, es suficiente —Akane, calmada, se dirigió a la anciana—. No es necesaria una respuesta que usted no nos quiera dar, abuela Cologne. Mi propósito con esta visita ha sido solamente la de honrar la memoria de Mouse. Él no merece que nos pongamos a discutir ahora por cosas del pasado.

La anciana arrugó la boca, para dar rienda suelta otra vez a su irritante risa.

—Meses atrás, si alguien me hubiera dicho que aprendería lecciones de prudencia de una chiquilla, le habría dado con el bastón —suspiró hondamente calmándose—. Son tiempos muy extraños en los que estamos ahora.

Akane se mostró pensativa. Como si hubiera llegado a una conclusión posó la mano tiernamente sobre el hombro de Iris llamando su atención.

—Iris, tenemos que discutir algunos asuntos de adultos. ¿Podrías dejarnos a solas un momento?

—Shampoo puede encargarse de ella. Oh, siempre y cuando confíes en mi bisnieta.

—Lo hago, puedes llamarla.

—No es necesario, ella no ha dejado de espiarnos durante todo este tiempo.

Akane se sonrió igual que la anciana, como si estuvieran compartiendo la misma idea ya que la joven también lo sabía. Shampoo apareció entonces ofuscada por ser el centro de las silenciosas burlas de los presentes. Iris se colgó de la mano de Shampoo y la tironeó para dejar los comedores, impaciente porque la amazona le mostrara aquellos "juguetes de la aldea" que Cologne le prometió que guardaba y que ordenó a su bisnieta sacar para la niña. Los ojos de la joven guerrera destellaban, pero ante la autoridad de Cologne volvió a obedecer. Una vez que quedaron las tres a solas Akane se apresuró en preguntar.

— ¿Estará bien? —Akane se sintió arrepentida de haber abusado de la paciencia de Shampoo. Lo merecía, eso creía antes, pero ahora todo desquite le pareció un acto pueril y egoísta. Apenada no podía dejar de sentir lástima por la amazona, ¿cuántas veces ella se sintió humillada en el pasado? No quería eso para otros—. Quizás he sido un poco…

— ¡Le hacía falta un control! Últimamente siento que la he mimado demasiado. Pobre niña, ha perdido mucho por mi culpa. Desde un principio debí habérmela llevado a la aldea cuando entendí que no conseguiría nada si te enfrentaba por… Ranma. Pero fui incapaz de oponerme a ella, se estaba divirtiendo mucho y experimentando un mundo nuevo aquí en Japón. A ser el destino. Pero no es hora de escuchar las habladurías de una pobre vieja, ¿de qué querías a hablarme, Akane?

—Es sobre Mouse. Hay algo que todavía no le hemos confesado y creo debería saberlo.

Nina se tensó y con pánico buscó los ojos de Akane, pero ella no le devolvió la mirada concentrada únicamente en la anciana. Cologne se mostró precavida ante lo que podría escuchar.

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Cuando Shampoo regresó con Iris un tiempo después había un inquietante silencio en torno a la mesa. Cologne, al dirigirse a ella, se descubrió a sí misma pálida, notoriamente más vieja que lo que antes demostraba, alicaída como un arbusto marchito.

—Akane —volvió a dirigirse a la joven—, agradezco que me lo hayas informado. Confiaré este asunto en tus manos con mi gratitud, porque estoy segura que la tribu nada puede hacer al respecto.

—Lo siento —se excusó Nina Dalange por décima vez durante esa conversación.

—Nada hay que perdonar. Es el destino, nada más.

A Akane seguía desagradándole esa palabra, ¿por qué siempre tenía que ser el destino la razón de todos los males? ¿Tenían ellos algún poder para cambiar sus vidas o la libertad de los humanos era una simple ilusión?

—Shampoo, escolta a nuestras honorables visitas hasta la entrada—ordenó Cologne una vez que comenzaron a dejar la mesa.

Shampoo no obedeció. Aquel gesto tan sencillo, era según el código de la aldea un honor dado a las más importantes visitas cuando eran hospedadas en algún hogar. Según sus tradiciones sólo una guerrera superior podía ser atendida por una inferior. Los puños de Shampoo temblaron. Akane no sabía esto, pero sí adivinaba y sentía la ira de la amazona incomodándose.

—Shampoo, te he hablado…

— ¡Shampoo no obedecer! Shampoo cansada de vergüenza, recibir a Akane en casa como si fuera guerrera. Akane no es una guerrera del nivel de Shampoo.

—Discúlpate ahora, niña, si no quieres que te castigue.

—No lo haré —apuntó a Akane con el dedo—. Shampoo siente vergüenza de Akane, familia de ella provocó la muerte de Mouse. Si bisabuela no defender honor de la aldea, Shampoo hacerlo.

—Ten cuidado, Shampoo, ella es nuestra invitada. Mi invitada.

—No importar a Shampoo. Akane no haberse ganado el derecho de ser respetada por Shampoo.

— ¿Y qué hay que hacer para ganarme tu respeto, Shampoo? —preguntó Akane con calma interponiéndose en la discusión entre la bisabuela y la bisnieta. Ella encontraba mal aquello y pensó que podía intervenir para calmar los ánimos, en especial porque su visita había provocado la discordia.

—Akane, no tienes que hacer nada. Este es un problema…

—Akane luchar con Shampoo.

Cologne estuvo pronta a darle a su bisnieta con el bastón, cuando la respuesta de Akane llegó más rápido de lo que esperaba.

—Si eso es todo, no veo problema alguno…

— ¡Ser duelo a muerte!

—Ah… —Akane miró a Nina, ésta se encogió de hombros.

— ¡Shampoo, ya es suficiente!

—Acepto —ante la exclamación de sorpresa de los presente, Akane agregó con un ligereza que bordeaba la irresponsabilidad—, pero será a muerte, que no se te olvide.

—No puedes hacer eso, Akane —Cologne suplicó con la mirada, cosa que aumentó la ira de Shampoo. ¿No sabía su bisabuela lo débil que en realidad era esa chica? ¿Por qué ahora su bisabuela no confiaba ahora en ella? ¿O temía por la vida de Akane Tendo más que por el honor de ella, su bisnieta? Alimentaba más y más la ira que sentía con aquellos pensamientos, pero eso tendría una sencilla solución.

—Chica violenta aceptar duelo a muerte con Shampoo. Akane decidir dónde morir.

—A ver… —pensativa la chica se llevó un dedo a los labios con los ojos puestos en el techo— Tengo que volver con Iris antes de la cena, pero mañana tendré algunas obligaciones y dejarlo para la semana entrante sería ofensivo. Supongo que no tengo otra opción. ¿Podría ser ahora mismo? Prometo no demorar mucho —dijo al final a Nina, antes que ésta le reclamara por su actitud tan despreocupada.

—Akane, no puedes estar hablando seriamente —Cologne intentó disuadirla—, ella es mi única bisnieta.

—Ella así lo desea, anciana Cologne —respondió con la seriedad suficiente para hacer entender a la anciana que no habría vuelta atrás.

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6

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En un sitio eriazo tras el restaurante, lejos del bullicio de las avenidas principales, ambas chicas se encontraban una frente a la otra a poco menos de diez metros de distancia. A un extremo del terreno frente a un muro de cemento, se apilaban viejas tuberías de concreto sobre las que se sentaban Nina con Iris acomodada sobre sus piernas, acompañadas por una tensa Cologne.

—Esto es una tontería —dijo Cologne a las chicas a su lado—. No debí permitir que sucediera.

— ¿Quién crees que va a ganar? —Nina le preguntó a Iris ignorando la preocupación de la anciana.

—Mamá —respondió la niña sin dudarlo.

— ¿Akane pretende que la niña vea este duelo? —insistió confundida la anciana por la alegre actitud de la pequeña.

—Por supuesto que debe —dijo Nina impaciente—, eso templará su carácter. Akane sabe que algún día Iris podría convertirse en una importante gobernadora, es necesario que se enfrente a esta clase de situaciones aunque le sean desagradables. Créame que para Akane es más difícil de lo que aparenta, aunque también es un seguro para su bisnieta Shampoo: Si ella permitió que Iris se quedara significa que este combate no llegará a escalar en ningún momento. Confíe en ella, esa chica puede parecer torpe, pero en momentos así sabe lo que está haciendo.

Frente a ellas las rivales se preparaban. Shampoo había escogido un sable curvo muy afilado. La sonrisa de la amazona crecía alimentada por el deseo de venganza, recordando no sólo la humillación de ese día, sino también todo lo que había pasado por su culpa. Nunca antes deseó quitarle la vida, no a lo menos con tanto deseo como ahora. Sí, pensaba, debió haberse deshecho de esa chica desde un principio. Así Ranma habría sido para ella, así Mouse tampoco hubiera tenido que morir.

"Mouse". La confusión turbó por un momento su rostro. ¿Por qué tenía que pensar en él? Todo lo que deseaba era venganza para ella, nada más. La ira se mezcló con la satisfacción cuando observó la torpeza de Akane. Ese encuentro sería rápido, recordó todas las debilidades que tenía esa odiosa chica en su patético estilo de combate. ¿Cuántas veces pudo haberla asesinado en el pasado y su estúpido blando corazón se lo impidió? Más intentó deshacerse de ella en muchas ocasiones sin tener que lastimarla directamente. No obstante, ella había aceptado como una guerrera a su desafío, no tendría remordimiento alguno. Recordó una y otra vez lo sucedido en el restaurante, la manera en que su propia bisabuela la había colocado por debajo de Akane para alimentar así su determinación de matar. Sí, eso debía ser, su bisabuela quería que finalmente cumpliera con la ley y acabara con la vida de Akane Tendo, por eso la había provocado, para no volver a titubear. Y estaba segura que ahora no lo haría.

Akane, del otro extremo, parecía más confundida que de costumbre. Había cogido de la casa de Shampoo una vieja espada china de acero recto y punta triangular, muy delgada. A pesar de haberla limpiado todavía tenía algunas manchas de óxido. Una espada china poseía una hoja delgada más flexible que una katana japonesa, requería mayor precisión y destreza en lugar de fuerza, pero el arma en manos de Akane se veía más frágil de lo normal como si fuera a partirse al primer golpe.

Cologne tenía sentimientos encontrados en ese duelo. Nunca le cayó mal aquella chica Akane, todo lo contrario siempre sintió afecto por ella al recordarle a su querida hermana mayor a la que había perdido años atrás, menos ahora que le provocaba también admiración. Pero su bisnieta era de su propia sangre y se sentía obligada por ella. ¡Niñas tontas, por qué aceptaron un duelo con tan fatídicas consecuencias!

—Shampoo —alzó la voz, adoptando Cologne la actitud de la estricta maestra de la amazona y no la de su bisabuela que siempre reía ante cada situación—, ten cuidado, Akane no es la que conocías, ella es una hechicera. No te fíes únicamente en tu destreza —la advirtió. Pero ella misma ignoraba a qué clases de peligros podía tener que enfrentarse.

—No tiene de qué preocuparse, anciana Cologne —Akane respondió en medio de su aparente distracción, cuando examinaba la espada con curiosidad—. Prometo no utilizar mi magia.

Shampoo se sintió insultada, no necesitaba esa clase de ventajas. Akane seguía sin mirarla lo que más atormentaba su ego.

La antigua alumna de Freya cambiaba constantemente la espada de mano como si estuviera practicando algún tipo de malabar. Deslizó los dedos sobre la superficie y se detenía a ratos intentando raspar con la uña un poco de suciedad, como si se estuviera divirtiendo más en limpiarla que preparándose para un peligroso enfrentamiento. Colocó la espada en posición horizontal sobre las palmas extendidas, sopesó el metal con las manos. La lanzó ligeramente al aire dos, tres veces, recibiéndola otra vez en las manos abiertas comprobando el equilibrio que debía existir entre la hoja de acero y la empuñadura. Luego la empuñó y comenzó a abanicarla con fuerza, con movimientos tan torpes como si jamás hubiera cogido una espada en su vida. Cosa que provocó una burlesca sonrisa en la amazona.

Si Shampoo no se hubiera dejado cegar por su propia ira, habría recordado que aun la antigua Akane no hubiese cogido la espada con tanta ligereza, porque a diferencia del Ranma de antes, ella poseía también instrucción en kendo, el estilo de esgrima japonés, poseyendo la habilidad suficiente incluso para enfrentar a un dedicado artista en ese arte como lo era Kuno. Menos adivinaría las habilidades que ocultaba la que también había sido alumna del más estricto maestro de esgrima de todos, Belenus Saotome, el mismo que enseñó a Ranma a utilizar una espada.

Probando la paciencia de Shampoo, Akane volvió a repetir toda la rutina examinando la espada. La amazona tembló, los pies en postura de combate se deslizaron ligeramente intranquilos sobre la tierra. Cologne no vio esto con buenos ojos.

"Qué astucia, la tiene completamente bajo su control. Este duelo se ha decidido antes de comenzar. Una lástima, realmente quería ver todo su nuevo potencial".

Pensó, para luego palidecer recordando el precio de la derrota. Todavía guardaba las esperanzas, Akane no sería capaz de ejecutar a su nieta, pero… ¿No significaría eso un gesto de desprecio, la máxima humillación hacia su tribu? Sería el final de la vida de Shampoo para la tribu Joketsuzoku, aunque no muriera físicamente. ¿Y desde cuándo estaba tan segura que su nieta perdería? Volvió a observar a Akane que jugaba con la vieja espada, casi susurrando una melodía entre labios. Sí, ahora estaba segura de la actual diferencia que existía entre ambas chicas, ¡cuánto había crecido la chiquilla Tendo! La postura del cuerpo, el magnífico equilibrio, la oscuridad de los ojos color ámbar, reflejo del que piensa algo que no desea expresar abiertamente; A ella no la podía engañar como a Shampoo.

—Estoy lista —anunció Akane cogiendo la empuñadura del arma con ambas manos. La espada china de hoja corta y delgada, estaba forjada para ser cogida con una sola mano, por lo que al usar las dos como si se tratara de un sable japonés, las manos se topaban entre sí torpemente—, puedes comenzar cuando quieras, Shampoo.

Contrastaba la actitud entre ambas, pero también en la apariencia. Shampoo con sus ropas chinas parecía más preparada para un combate que Akane, la que vestía un amplio y holgado chaleco y una falda sencilla que le llegaba a los tobillos, con zapatillas ligeras no hechas para combatir. Aparentaba totalmente a una novata que cogía una espada como parte de un juego en lugar de una guerrera.

La voz de la amazona retumbó hasta el corazón afligido de Cologne. Toda la ira contenida se liberó en la velocidad de sus piernas y la fuerza de los brazos. Akane no hubiese tenido ninguna oportunidad ante esa determinación, no meses atrás, pero ahora…

El sable rasgó el aire y casi rebotó contra el suelo, cuando Shampoo con destreza consiguió detenerlo a tiempo, recogiendo el brazo y girando el cuerpo para seguir a Akane que la había evadido con un paso rápido hacia un costado.

"Realmente es hábil", pensó Akane, admirando a una rival a la que antes no podía derrotar, pero que ahora apreciaba en toda su plenitud. El segundo ataque del sable no pudo evitarlo, por lo que se vio obligada a rechazarlo con la vieja espada. Shampoo sintió la alegría de la victoria sabiendo que con su fuerza y sable más pesado partiría en dos la vieja espada que esa tonta chica había escogido. Dio un grito de espanto cuando fue su sable el que rebotó desviando todo su impulso hacia un lado, casi tropezando ante Akane.

"¡Qué técnica más asombrosa!", Cologne admiró los movimientos con el placer de un artista saboreando los trazos de una magnífica pintura, "desvió a voluntad la fuerza del sable con un simple giro, el ángulo correcto hizo el trabajo y la fuerza de Shampoo fue su propia perdición. Pero únicamente un rival de su mismo nivel podría haberse percatado del truco."

Shampoo aprovechó el impulso con el que caía para girar por el suelo escapando del alcance de Akane, la que a pesar de todo no había hecho gesto alguno por contraatacar. Maldijo en la antigua lengua de los mandarines, porque creyó que el error lo había causado un tropiezo sin darse cuenta de lo que realmente había ocurrido. Ahora llena de polvo que se pegaba al sudor de su rostro, a una distancia prudente manteniendo la defensa en alto con la espada, observó atentamente a su oponente. Akane no parecía haberse esforzado en absoluto, al notar como Shampoo la miraba, Akane alzó una ceja confundida. Toda esa indiferencia la ofendió hasta hacer crecer otra vez su ira.

"Contrólate. Usa tu astucia, niña necia. Piensa, mírala bien, ella no es la de antes", pensaba Cologne intentando traspasarle sus pensamientos. "Si no la respetas a tu oponente perderás".

Arremetió otra vez guiada por la impaciencia. Ahora Akane, en el último instante, deslizó un pie separando ligeramente las piernas a la vez que afiló los ojos como cuchillas. El sable de Shampoo cayó con fiereza, siendo rechazado por la espada de Akane. Siguió insistiendo con rápidos cortes que cambiaban de velocidad y ángulo, pero a todos Akane respondió con rápidos contragolpes que hacían vibrar ambas espadas como instrumentos musicales. La chica se deslizó delante de la amazona moviendo la espada china con la destreza de un antiguo monje, la larga falda giraba en torno a sus piernas abriéndose en una dirección, después en la otra, como una flor en la plenitud de la existencia.

Tanta belleza en cada uno de los movimientos provocó la emoción de la vieja guerrera, que olvidó por completo la razón del combate. Shampoo danzaba al son de Akane, la seguía sin alcanzarla, la buscaba con ansias, pero ella se ocultaba. Con cada giro Akane cruzaba la espada a centímetros de su cuerpo, al giro siguiente la alzaba por sobre el hombro cruzándola sobre su espalda para detener un astuto ataque por detrás. Era como la persecución del sol y la luna, una poesía que entonces, tras una rápida mirada en que los ojos de la anciana se cruzaron con los de Akane, entendió que esa chica lo estaba haciendo intencionalmente, no para Shampoo, sino para ella que la estaba estudiando. ¡Cuánta delicadeza! ¿Habría adivinado sus pensamientos en un principio, en que lamentaría no poder ver su nueva habilidad? ¿O sería que esa chiquilla, al igual que ella, demostraba con tal exhibición su amor por el arte, un amor que ambas compartían?

"Debí entrenarla a ella en lugar del prometido", meditó arrepentida, "esa niña realmente ama el arte, más que Shampoo, más que Ranma. Ciertamente lo respeta. ¡Oh! ¿De eso se trata, me está castigando a mí? ¿Me insinúa lo que me he perdido por haberla menospreciado en el pasado?". Cologne no pudo evitar una macabra sonrisa. "¡Cría imprudente!"

La anciana rió sorprendiendo a Nina, la que no se esperaba esa reacción de la vieja. En el fragor del combate Akane la vio también reír y, como si se estuvieran entendiendo, sonrió. Con un fuerte golpe sacudió el sable de Shampoo apartándose de ella. La amazona gimió apenas pudiendo contener la empuñadura por el dolor que sintió en las manos. Aquel dolor no sólo detuvo su ímpetu por atacar, sino que también la ayudó a pensar.

—Akane Tendo, no ser igual de torpe que antes.

—Ya era hora que te dieras cuenta, Shampoo —Akane relajó una mano sacudiéndola, después cambió la espada de mano para descansar de igual forma la otra—. Ahora espero que te tomes el combate con seriedad. ¿U olvidas que apostaste tu vida?

Shampoo sonrió con malicia.

—Poder ser un poco más hábil con las espadas. Pero Shampoo seguir siendo más hábil en todo lo demás —hizo un coqueto gesto con el cuerpo—, ¿olvidar que Ranma admirar belleza de Shampoo por sobre la de Akane?

— ¿Lo dices en serio? —Akane apoyó la punta de la espada en el suelo descansando las manos sobre el pendón—, Ranma no me pareció para nada disconforme después de las noches que pasamos juntos en Asgard.

Shampoo respingó la contrayendo el rostro de sorpresa y despecho.

— ¡Mentira, Akane mentir!

—Shampoo, me conoces, ¿imaginas que yo pudiera estar mintiendo con algo tan importante?

Ambas se miraron fijamente a los ojos, Shampoo examinó la profundidad de la mirada de Akane hasta que descubrió aquello que tanto temía. El rostro de la amazona perdió todo su color.

—No es verdad, Akane ser… Ranma siempre decir que...

—Así es. ¡Tanto que te enorgulleces de tus encantos! Te arrojaste prácticamente desnuda en sus brazos muchas, molestas, veces ¿te aceptó alguna vez?

—Eso no lo sabes —respondió coquetamente la amazona intentando recobrar el dominio de la conversación. A lo que Akane respondió con una carcajada que la hizo perder la frialdad.

—Muy divertido, Shampoo ¿Pero sabes una cosa? A la primera oportunidad el me tomó por su mujer, no tuve que hacer nada para seducirlo porque él me escogió a mí, como yo lo escogí a él. Ranma y yo nos convertimos en uno solo.

—Akane estar mintiendo.

— ¿Qué sucede, porque estás acostumbrada a mentir crees que todos lo hacen? Podría darte muchos interesantes detalles, si lo quieres saber, en especial lo vigoroso que era y lo imaginativo cuando… —se interrumpió con un divertido gesto, inclinándose ligeramente hacia adelante. Susurró entonces como si quisiera que solamente ella pudiera escucharla, con un notorio aire de prepotencia— Oh, por supuesto no puedo explicarte nada de esto, Shampoo, no me entenderías. Después de todo no posees ninguna experiencia.

Nina resopló entre dientes con un toque de ironía.

—Eso debió doler. Ya ha perdido la última ventaja que tenía sobre Akane.

Cologne asintió lentamente. Akane parecía ser inmune a las provocaciones de Shampoo, peor aún, le había devuelto la mano haciendo que la amazona perdiera la frialdad y astucia, cuando más las necesitaba en ese momento.

—Tía Nina, ¿de qué están hablando?

La pequeña sentada sobre las piernas de Nina intentaba mirar confundida hacia arriba, porque la valquiria desde el principio la había sostenido con fuerza por la cabeza tapándole los oídos con ambas manos.

—Nada, quédate quieta, enana.

— ¿Dónde aprendió Akane a mantener tal control? Hace poco era incapaz de tolerar una simple broma del joven prometido.

—La dama Freya, señora de la magia de Asgard, es también la más atemorizante manipuladora de los nueve mundos —clamó la valquiria con entusiasmo—. Akane no podía haber tenido mejor maestra.

—Realmente escalofriante —la anciana se tornó otra vez pensativa, pero en lugar de temor su rostro demostró entusiasmo.

La batalla se reinició con una embestida de Shampoo. Esta vez intercaló los ataques de sable con rápidas patadas. Akane se mostró insegura por el cambio de ritmo. En un instante Nina e Iris ahogaron una exclamación cuando parecía que Akane había tropezado. Pero en lugar de caer, Akane evitó la patada girando por el costado de la pierna de Shampoo y la golpeó en el abdomen con la palma extendida. La amazona dio tumbos por el suelo, se levantó penosamente con el rostro y cabellos llenos de polvo. Akane seguía intacta, fresca, sosteniendo la vieja espada con una mano cruzada por detrás del cuerpo mientras se mantuvo rígida con el brazo y la palma extendida.

— ¿Terminamos?

—Nunca, ¡Akane no ganar nunca a Shampoo!

Los ataques de la amazona fueron cada vez más torpes, se notaba el cansancio que sentía. Akane no utilizó la espada para protegerse, sino que evitaba cada corte o ataque con pequeños movimientos de pies. Los ojos de ambas se volvieron a encontrar y todo lo que Shampoo encontró en Akane fue lástima. Gritó, arrojó el sable frustrada y Akane lo rechazó con un giro de su espada. La amazona se abalanzó con lo mejor que tenía en su técnica en una combinación de golpes de mano y patadas. Akane evitó los dos primeros ataques, danzó alrededor de Shampoo y tras evitar una patada se deslizó tras ella, apoyó la mano en la espalda de la amazona dándole un fuerte empujón. Los segundos que ganó tras que Shampoo perdiera el equilibrio, los utilizó para clavar la espada en la tierra, dando un paso al frente levantando las manos desnudas dispuesta ahora a combatir al mismo nivel.

Shampoo volvió a atacar, ahora Akane desvió los ataques con rápidos golpes con el reverso de las manos, desviando la fuerza de los ataques en lugar de detenerlos. Dejó que una patada rozara sus cabellos, cuando se adelantó dando un rápido paso, colocando en ese preciso instante un pie detrás del talón de Shampoo y con un suave movimiento apoyó la mano extendida en el pecho de la chica y la tumbó con estridente potencia contra el suelo. La amazona se quejó del golpe con un doloroso chillido. Akane dio un paso atrás y esperó.

— ¿Satisfecha? No me puedes ganar, Shampoo, déjalo ya.

—Jamás —respondió con los ojos en el cielo—. Akane no ser mejor que Shampoo. ¡No ser mejor!

Giró hacia atrás dando una rápida voltereta con la que se incorporó. Akane la admiró.

"Qué buen movimiento. ¿Siempre fue así de hábil? No puedo creer que todavía se pueda levantar después de eso, sé que apliqué más fuerza de la debida... Es increíble, en verdad que no tenía ninguna oportunidad con ella en el pasado."

Siguió evitando los ataques de la amazona con simples movimientos de pies y hombros. En un movimiento Shampoo creyó atraparla, cuando sintió una de las manos de Akane cogerla por la blusa, en un movimiento que jamás vio. Antes de percatarse ya estaba girando por sobre el hombro de Akane volviendo a ser enterrada de espaldas en el suelo. El duro golpe que estremeció todos los huesos de la chica hizo parpadear incluso a Cologne que observaba silenciosa el combate.

—Es suficiente.

—No… ¡Ah!… No todavía… ¡No!

Ahora se movió más lenta, giró en el piso penosamente, arrastró las rodillas para intentar levantarse. La situación se estaba tornando cruel y Akane comenzó a sentirse incómoda. No esperaba que ella se levantara tras el primer derribo, porque sabía cuánta fuerza había aplicado y que ella, una humana sin el entrenamiento de Asgard, no soportaría tanto castigo. Estaba equivocada.

— ¿Por qué, Shampoo? Aceptaste tu derrota con Ranma años atrás sin llegar a estos extremos, cuando creías que él era una extranjera igual que yo. ¿Por qué insistes? ¿Es por la promesa que hicimos, temes que te mate? Yo jamás haría algo así, y lo sabes. Deja de intentarlo, no voy a lastimarte si te rindes.

— ¡No! —Shampoo comenzó a derramar lágrimas que se tiñeron de negro al convertir el polvo de su rostro en lodo—. No voy a perder con Akane.

— ¿Qué tienes en mi contra? ¿Por qué no desistes?

No respondió, se arrojó tercamente contra Akane alzando el puño. El resultado fue el mismo, bastó un simple bloqueo con el antebrazo para atraparla con más facilidad que antes y arrojarla otra vez al suelo. Ahora Akane no retrocedió, se quedó al lado de la chica mirándola.

—Basta ya, no puedes seguir luchando.

—Puede, Shampoo puede —cubrió su rostro con el brazo para que Akane no viera sus lágrimas de vergüenza.

Intentó girar rápidamente en el suelo arrojando una patada con la intención de barrer los tobillos de Akane, pero la chica se le había adelantado con un simple brinco hacia atrás. Shampoo intentó levantarse, apenas se sostuvo de rodillas. Jadeaba. Todo su cuerpo le dolía tras cada derribo, pero el último había sido como si algo se hubiera roto dentro de ella. Conteniendo el aire en los pulmones se impulsó para pararse sobre los pies, con las piernas a medio doblar, apenas sosteniendo su propio peso.

—Shampoo…

—Pelea, Akane Tendo.

—Pero…

— ¡Tienes que matar a Shampoo!

Akane se adelantó, por primera vez atacó. Shampoo ni siquiera podía mover los brazos que con todas sus fuerzas conseguía apenas sostenerlos en una postura de ataque. Abrió los ojos asustada, Akane era tan rápida que no notó cuando ya estaba delante de ella estirando la mano, directo hacía su garganta. El aire se detuvo.

— ¿Por qué, Shampoo? ¿Por qué me odias tanto? No lo entiendo.

Los dedos de Akane estirados como una espada estaban quietos, a milímetros del delicado y expuesto cuello de Shampoo. La amazona ya no pudo más con el dolor y cerrando los ojos se desplomó sobre las piernas cayendo de rodillas ante ella.

—Akane Tendo ganar combate… Shampoo… Shampoo deber morir ahora.

— ¿Por qué? —insistió la chica anhelando con toda su alma entender el odio que Shampoo le profesaba.

Se enfureció, ¿por qué seguía preguntándole? Ya había ganado, que ella terminara ahora con su tormento. Pero los ojos de Akane eran intensos y sabía que la torturarían más allá de la muerte si no le confesaba la verdad.

— ¡Porque chica violenta y estúpida quitarme a Ranma!

Las lágrimas de Shampoo brotaron libres, ya no tenía fuerzas para ocultar nada más. Se llevó las manos al rostro intentando secarlas, pero surgían más rápido de sus ojos de lo que sus manos podía contenerlas. Akane bajó lentamente el brazo mirando a la amazona a sus pies.

—No es posible, siempre pensé que sólo estabas obsesionada con tu tonta ley.

—Ley no importar a Shampoo —gimió tapándose el rostro con los brazos, pero las lágrimas humedecieron las mangas sucias—, ya… ya no.

—Lo amabas —Akane no podía creer lo que sus propios labios estaban diciendo—, realmente lo amabas.

Cologne se acercó a ellas, seguida por Nina.

—Akane, la victoria es indiscutible. La vida de mi bisnieta está en tus manos. ¿Qué planeas hacer?

—No voy a quitarle la vida.

La anciana bajó la cabeza un momento. El llanto de Shampoo era fuerte y penoso.

—Si no la matas, lo hará la tribu. ¿Nunca pensaste en el motivo de enviar a una guerrera a cazar a la extranjera que la venció? ¿Tenía sentido desafiar a muerte otra vez a la guerrera que ya había demostrado ser más fuerte que tú? Exacto, es una sentencia de muerte, porque se esperaba que volviera a perder y a morir. El beso de la muerte no significa más que la condena a la guerrera que lo da. Es muy similar a lo que hacen los guerreros de tu tierra, con la diferencia que nosotras las Joketsuzoku preferimos morir luchando.

—Eso no es posible. ¿Por qué?

—Porque no toleramos a mujeres débiles en nuestro pueblo. La ley demanda que si tú no la privas de su vida, tendré que hacerlo yo para acabar con su sufrimiento —el largo suspiro de la anciana más le pareció a Akane de cansancio—. Cuando descubrimos que Ranma era en realidad un hombre, se convirtió en la esperanza de que mi bisnieta pudiera salvar la vida.

—Pero Ranma no la ama a ella.

—No se trata de amor, podría haberse convertido en la concubina de Ranma e igual todo habría sido perfecto para ella. Habría vivido y mantenido su honor, que en la tribu ambas cosas son una sola. Pero…

— ¿Pero…?

—Apareciste tú. Shampoo sabía que la única forma de conseguir el corazón de Ranma era eliminándote. La entrené para hacerlo.

La verdad del secreto de las amazonas heló la sangre de Akane.

— ¿Usted planeó matarme?

No lo negó. Se relamió los labios antes de responder directamente.

—Sí, ordené a Shampoo que lo hiciera. Esta cría necia tuvo muchas oportunidades, pero… Ya te dije que la he mimado demasiado. Akane, si saberlo te llena de espanto, debes dejar caer ese enojo sobre mí. Mi nieta el único error que cometió fue el de haberse enamorado.

—Un momento, no lo comprendo. ¿Por qué no me quitó la vida entonces cuando tuvo la oportunidad?

Shampoo se cubrió el rostro con más fuerza para tapar así la vergüenza que sentía. Respondió entre gimoteos.

—Si Akane morir, si chica estúpida desaparecer… Ranma sufrir. Ranma querer que Akane viviera, Shampoo no negarse a los deseos de Ranma.

"Realmente lo amaba", pensó la chica palideciendo.

—Por eso intentaste tantos trucos sucios para separarnos, porque en verdad nunca quisiste herirme.

—Dioses, Akane —exclamó Nina—, esto se volvió espeluznante. ¿Cuántos problemas más tienes por culpa de Ranma?

Cologne se cruzó ante Akane con la impaciencia de un condenado a muerte que se encuentra cansado de la cruel tortura de la espera.

—Ahora, Akane, ¿qué harás? ¿Terminarás con el sufrimiento de Shampoo? ¿O acabarás obligando a esta pobre vieja a asesinar a su querida bisnieta? Después, te aseguro, que tendré que cobrar venganza por ella y estarás obligada a asesinarme también si deseas proteger a tu familia. Y conmigo, tendrás que cargar con la muerte de toda la aldea de Joketsuzoku, porque ninguna de las guerreras permitirá tal afrenta. ¿Qué harás, Akane?

Akane maldijo para su interior, Cologne parecía estar disfrutando toda la situación. ¿Era acaso una manera de venganza hacerla sentir culpable? Nunca debió haber aceptado ese duelo. La gente de la tribu era realmente peligrosa, siempre encadenando a sus enemigos a decisiones casi imposibles.

— ¿Akane? —Nina la llamó suavemente. Akane parecía confundida, no tenía idea de qué hacer.

La pequeña Iris había sido olvidada por todas, miró confundida el rostro complicado de todas las mujeres antes de acercarse a Shampoo. Posó una de sus manos sobre la cabeza de la chica acariciándola suavemente. Sorprendiéndola por la repentina acción.

—Iris, ¿qué estás haciendo? —saltó su joven madre alarmada, pensando que en el actual estado de confusión Shampoo podría incluso ser peligrosa.

Mas la amazona, mirando a la pequeña, no reaccionó dejándola hacer lo que quisiera con su cabello, como si fuera una muñeca sin la chispa de vida ni la fuerza que antes la caracterizaban.

—Mamá, ¿las guerreras amazonas sólo tienen que luchar a muerte con los extranjeros?

—Es nuestra ley, pequeña princesa —respondió Cologne seriamente, como si en realidad respetara la autoridad de la niña por la herencia que portaba.

Era obvio para Akane que las amazonas respetaban a cualquier mujer aunque no perteneciera a la tribu, por su importancia no tomando en cuenta la edad, mucho más en el caso de una princesa como Iris; no así a los hombres a los que veían como a guerreros inferiores, o simples sementales para alimentar la sangre de la aldea, como le sucedía a Ranma al que prácticamente querían cazar como si fuera una valiosa presa.

Iris se cruzó de brazos cómicamente como si estuviera pensando, las mejillas de la niña se tiñeron de carmín por el orgullo que sentía al haber sido también tratada por la anciana como una adulta. Hablando afectada como si estuviera jugando a ser una auténtica reina dijo frunciendo los labios, en un gesto de exagerada impaciencia.

— ¿Y no puede una extranjera volverse parte de la aldea?

—Iris, este no es momento de jugar —la regañó Akane.

—Sí, si es una guerrera valiosa y tiene la aprobación de una matriarca, puede ser adoptada por la tribu. Entonces la sentencia de muerte queda anulada, porque no existen las venganzas entre las hermanas de la aldea.

Akane contuvo un segundo regaño pensando en las palabras de Cologne. Shampoo también reaccionó con un nuevo resplandor de vida en los ojos, y no fue placentero.

—Bisabuela no puede pensarlo, no adoptar a Akane.

—Si me adoptan en la aldea, ¿no tendré más conflictos con Shampoo?

— ¡Akane no pertenecer a tribu!

— ¿Y qué sucedería con Ranma si me adoptan?

Cologne alzó una ceja, curiosa miró la reacción de Akane. ¿Por qué esa chica seguía hablando del prometido como si estuviera vivo? Después de haber escuchado la verdad sobre Mouse convertido en un "einjergar", aquella que le contaron tras haberse deshecho temporalmente de Shampoo e Iris, ¿habría también alguna posibilidad de que el joven Ranma regresara de entre los muertos? La astucia de la anciana superaba por años a la de Akane y pronto sus pensamientos serían confirmados por los gestos y esperanzas de esa chiquilla, a la que ahora examinaba con nuevos ojos, buscando en las señales de fortaleza un consuelo que no debería poseer alguien que ha perdido al ser tan amado, o no tan rápido. Manteniendo el control de la situación a pesar de la expectación con que la miraban las chicas, suspiró lánguidamente antes de responder, como si ello le hubiera sido incómodo.

—Supongo que no existe ningún impedimento. Akane será adoptada como una guerrera de la tribu con todos los honores, Shampoo será tu hermana menor, como corresponde a nuestras tradiciones al haber sido incuestionablemente derrotada.

—Shampoo no querer a Akane como hermana mayor, ¡Shampoo preferir la muerte!

—Deja de ser tan terca —la increpó Akane—, ¡no pidas la muerte con tanta ligereza si no sabes lo que es eso! —La amazona se quedó muda ante la apasionada reacción de Akane—. Yo sí conozco la muerte, la he visto más veces en este tiempo de lo que desearía en una vida entera. No sigas diciendo esas estupideces.

—Mi honor…

— ¡El honor no vale tu vida! ¿Quieres entenderlo de una buena vez? No vale la vida de nadie en este mundo. Suficientes problemas tenemos, dentro de poco todo este planeta va a ser amenazado y te aseguro que ni la aldea, y ni tus milenarias tradiciones van a sobrevivir. ¿Quieres seguir arrojando tu vida por haber perdido a un hombre, o le darás un mejor provecho como una auténtica guerrera? ¿Ah? ¿Qué es lo que quieres hacer?

Ofuscada, no esperando respuesta de la confundida amazona, se volvió hacia Cologne llena de ímpetu.

—Quiero pertenecer a la aldea.

—Akane, debes entender que nuestras tradiciones…

— ¡Ahora!

—Cómo tú lo desees, señora de la magia —respondió con un ligero tono de ironía—, pero deberás obedecer a tus superioras… ¡Ah!

La anciana retrocedió cuando Akane, sin escuchar el inicio del sermón, había retrocedido unos pasos cogiendo la espada que antes dejó clavada en la tierra, y regresó para abanicarla sin contemplaciones dejando la punta a centímetros de la nariz de la anciana.

—Qué estar haciendo, chica violenta, amenazando a bisabuela.

Shampoo quiso levantarse pero su cuerpo no respondió cayendo otra vez sobre las rodillas.

—Detente, Shampoo —ordenó Cologne—, Akane, ¿qué significa esto?

—Ya he tenido suficiente de sus trampas por un día. Me uniré a las amazonas pero sólo bajo mis condiciones.

—No puedes contradecir nuestras leyes.

—Pero si puedo cambiarlas.

—Sólo la matriarca líder de las hermanas más ancianas…

—Bajo las mismas leyes de las amazonas, como me ha explicado recién, la más fuerte es la que está por sobre el resto. ¿O me equivoco, matriarca Cologne?

—Sí…

— ¿Quiere probar mis habilidades una vez más? ¿O prefiere escribir al resto de las matriarcas de la aldea si alguna desea venir a desafiarme? ¿No? Entonces yo me declaro en este momento la más fuerte de la aldea Joketsuzoku y propongo, como la nueva líder, que las amazonas habrán de seguir todas mis órdenes desde hoy.

—Ellas no lo aceptarán, Akane. No estás siendo prudente.

—Lo harán, en cuánto les diga que la señora de la magia de Midgard lo ha ordenado.

La tensión se respiraba en el aire. Nina Dalange admiró la arrogancia de Akane, por un momento le recordó a la misma osadía que tenía Ranma, sino más. Finalmente Cologne desistió inclinando ceremoniosamente el cuerpo.

—Reconozco tu fuerza y tu autoridad. Estoy demasiado vieja para intentar enfrentarme a alguien de tu nivel, Akane. ¡Te has vuelto muy insolente! Pero me gusta, niña, así es como se hacían las cosas en la antigua aldea, antes de que las nuevas leyes ablandaran los corazones de nuestras guerreras —miró de soslayo a Shampoo con reprobación—. Pero deberás estar dispuesta a defender tu posición, en la aldea no te aceptarán tan fácilmente como la nueva líder, no sin romper algunos huesos de por medio. Me recuerda a un momento de nuestra historia cuando una princesa, descendiente del gran Khan, llegó a la aldea nombrándose también nuestra líder.

— ¿Qué sucedió? —Nina preguntó curiosa.

—Lo consiguió, después de acabar con la mitad de nuestras guerreras. Esos sí debieron ser buenos tiempos —los ojos de Cologne brillaron de emoción, como si en lugar de molestarse con la situación la hiciera sentir más viva que antes—. Quizás ahora tengamos días como los de antes —el suspiro nostálgico no fue compartido por Akane, aunque la chica no demostró su repugnancia por la violencia manteniendo la firmeza de su postura.

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Akane caminaba lentamente tirando y agitando el chaleco con una mano intentando refrescarse del sudor del ejercicio. Iris la seguía corriendo a su alrededor y Nina, silenciosa, la observaba detenidamente unos pasos más atrás.

—Has cambiado.

—No lo creo.

Diez metros más adelante volvió a hablarle.

— ¿Sabes en lo que te estás metiendo, verdad?

—Sí. Bueno, eso creo.

— ¡Akane! Dentro de poco tendrás a la mitad de las amazonas desafiándote a un duelo. ¿Para qué meterte en tantos problemas?

—Nina, debes verlo por el lado positivo —respondió distraídamente cuando recibió agradecida una flor de manos de Iris, que la niña había cortado en el camino—. Necesito un ejército para proteger a mi mundo, ¿qué mejor manera de comenzar que reclutando a un pueblo de feroces amazonas Joketsuzoku?

Nina hizo sonar los dientes.

—Así que sigues con tu idea de proteger a todo Midgard de una posible invasión. Bien, he de reconocer que las cosas están que arden en Asgard y tarde o temprano tendremos a Hel intentando conquistar a los mortales por segunda vez. Pero eso no implica que corras riesgos innecesarios. Además esa tal Shampoo no se quedará tranquila, sé cómo piensan las de su clase, conocí a varias de mis hermanas valquirias que eran iguales de tercas cuando querían demostrar su valía. ¡Muchas cayeron derrotadas ante mi espada! Y todavía me acechan en cada esquina intentando espiarme, adivinar mis debilidades, buscar una manera de derrotarme. Esa chica se va a transformar en tu sombra.

Akane se detuvo y admiró un gran árbol de cerezo que crecía en el interior de un jardín del otro lado de la muralla que colindaba con el callejón, con las largas ramas cruzándose por encima de la calle formando un arco de flores blancas. Cerró los ojos antes de responder a la valquiria.

— ¿Una vida no vale todos los problemas? Sí, es verdad, podía haber dejado las cosas como estaban y no preocuparme más por Shampoo tras haberla vencido, no haberme inmiscuido más en sus asuntos, sé que Cologne nunca le hubiese hecho daño a su bisnieta. Sin embargo, comprendí algo muy importante durante el encuentro.

— ¿Qué cosa?

Recordó sus propias palabras que sintió como una espada de doble filo, ya que fueron más dolorosas para sí misma de que lo que significaron para Shampoo: "¿Quieres seguir arrojando tu vida por haber perdido a un hombre, o le darás un mejor provecho como una auténtica guerrera?"

—Vivir no basta para estar viva.

—Oh, ya veo… —Nina afirmó con aires de sabiduría. Para luego frustrada aducir con vergüenza que trató de ocultar bajo un tono agresivo— No, en absoluto no te entiendo. ¿Quieres explicarme qué demonios significa?

—Significa que a veces necesitamos una motivación para seguir viviendo.

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7

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Cologne comenzó a ordenar los utensilios de cocina preparándose para la llegada de los primeros clientes de la tarde. La vida continuaba, eso era algo que no se contaban en las antiguas leyendas; la necesidad de comer, dormir, trabajar, vaciar las entrañas, parecía que los grandes héroes de antaño no se enfermaban de gripe ni tenías necesidades tan carnales como el resto de los mortales. El sentimiento agrio que había entre ella y su bisnieta no se borraría fácilmente. Shampoo trabajaba en silencio arreglando las mesas, en todo ese tiempo no la había mirado. Pero la vieja sonrió encantada, Shampoo era joven y orgullosa, no le perdonaría fácilmente haber adoptado a Akane ni mucho menos aceptado que ella se proclamara como la nueva líder de la tribu Joketsuzoku. Pero su bisnieta todavía no entendía la auténtica fuerza que ahora poseía Akane Tendo, que no fue oculta a sus expertos ojos.

"Qué temible", imaginó. "Podría destruirnos a todos si la tuviésemos de enemiga", insistió en las ideas que más escalofríos le causaron. Pero todo había salido bien, más que bien, fue perfecto.

¿Cuál había sido la idea de llegar a Japón acompañando a Shampoo en primer lugar, conseguir la mejor sangre para que la tribu procreara nuevas y más hábiles guerreras? Lo sentía por su bisnieta, ya se le pasaría la rabieta a la que no consideraba más que el orgullo herido de una pequeña arrogante que todavía necesitaba aprender mucho. Pero, por el contrario, ahora tenía algo mucho mejor celebrar.

Una gran hechicera y prodigiosa luchadora, la que ahora podía ser la mujer más importante de todas las tierras conocidas, era ahora una amazona. Y con ella todas sus futuras hijas serían representantes de la tribu. ¡Qué maravillosa sangre, de dioses y reyes, había ganado para su pueblo! Ahora debía conseguir, con tiempo y paciencia, que esa sangre no se desperdiciara y aceptara en algún futuro no muy lejano la muerte de Ranma, para conocer y amar a un nuevo guerrero con el que parir otra generación de leyendas. Las manos sudaron impacientes fantaseando con el momento de entrenar desde la cuna a las futuras hijas de Akane; cuánto talento, cuánto potencial, además de dominar el secreto arte de la magia, ¡cuántos desafíos para ella será crear métodos de aprovechar esos talentos arcanos en conjunto con el arte! Tiempo al tiempo, se relamió la anciana pensando, Akane era joven todavía y de violentas pasiones que avivaban las esperanzas, la dejaría llorar su duelo en paz, luego la aconsejaría como miembro de la tribu con palabras dulces y maternales, que sabía surtirían buen efecto en ella. ¡No podía llorar por siempre a Ranma!

Más otra esperanza acarició el viejo corazón. ¿Sería verdad lo que había mirado en la profundidad de los ojos de esa chica? ¿En un mundo de dioses más allá de la imaginación de los mortales, existiría, al igual que sucedió con Mouse, una manera de recuperar a Ranma? La fantasía de la anciana se elevó por encima de las nubes al guardar las esperanzas de que el potencial de Ranma tampoco se hubiera perdido. ¡Hijas de dos grandes guerreros, reyes y dioses! Sintió el paladar húmedo con la excitación que le producía la ansiedad, su placer siempre había sido instruir y estrujar el máximo potencial de sus alumnas. Recordó a la nueva Akane, ¿por qué el destino no quiso que ella le enseñara? Fue una tonta al haber desperdiciado esa oportunidad, pero no sucedería otra vez.

Paciencia, paciencia volvía a repetirse, a pesar de los años todavía podría vivir muchos más, su sueño haría de realizarse algún día. Si no era con Ranma sería con otro, ella se aseguraría, no dejaría pasar la grandiosa oportunidad que tenía en sus manos. La aldea Joketsuzoku sería otra vez la fuerza más temida de toda la tierra.

—Akane no será aceptada —dijo Shampoo entrando en la cocina, distrayéndola. Parecía haber adivinado en parte los pensamientos de la anciana—. Tribu matar a Akane por insolencia, desconocida no poder proclamarse líder de guerreras.

Cologne se sonrió, tanto por la astucia de Shampoo a la que parecía no escapársele nada, así también como por el tono de preocupación que tenía hacia Akane y que no pudo ocultar del todo, que la agradó. Daba la impresión que Shampoo no odiaba a Akane tanto como confesaba con su boca, no después de tanto tiempo en que jamás le había causado verdadero daño a pesar de que ella misma se lo había ordenado en el pasado. ¡Cómo se arrepentía ahora de haber planeado la muerte de Akane antes de conocerla, aunque hubiese sido por un corto tiempo! No porque ahora le tuviera afecto, que era verdad, ya que para una guerrera los sentimientos y el deber eran dos cosas completamente distintas, sino porque habría perdido ese gran potencial que ahora admiraba en su plenitud. Poco le importaba la opinión de las otras matriarcas, su bisnieta ignoraba algo importante, que la aldea tendría que aceptar por la fuerza el deseo de Akane, porque de lo contrario, antes que desafiar a la chica tendrían primero que batirse en combate con ella misma. Cologne era, sin que Shampoo tampoco lo supiera, la matriarca más fuerte de la tribu. Si ella había reconocido la superioridad de Akane, nadie más osaría cuestionarla.

Las cosas se estaban poniendo realmente interesantes.

Shampoo hizo un gesto de desagrado y se retiró, no se encontraba de humor para soportar la estridente risa de la anciana.

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La tierra emitía un constante murmullo como el ronquido de una bestia dormida en las profundidades, muy similar a la vibración del suelo volcánico cuando ríos de magma cruzaban bajo la superficie. Pero no había calor en la roca negra, afilada y fría como el hielo dentro de la pequeña caverna. Abrió los ojos. Cargó la mano abierta contra la frente. Se sentía extraño, como si le hubieran arrancado el cerebro para volvérselo a colocar al revés sin ninguna anestesia. El dolor que sacudió al resto de sus miembros lo hizo quejarse a viva voz; como si su cuerpo sólo hubiera despertado poco después que su conciencia. Podía sentir el flujo de la sangre recorriendo cada vena de su organismo, escuchar los músculos crujir al tensarse por el mismo tormento que le estaba sufriendo, y también una enloquecedora sensibilidad en la punta de los dedos que lo lastimó incluso al tocar su propia piel.

La capacidad de pensar duró menos que unos cuantos segundos cuando abrió los ojos asustado. Esa sensibilidad tan profunda la tenía ahora en toda la piel. El suelo de piedra frío lo lastimó como una espada, el aire enrarecido que rozaba su cuerpo erizó su cabello hasta sentir repugnancia. Apretó los dientes. Se sentía vivo, más de lo que nunca creyó estar, más de lo que una vez fue siendo un mortal.

Acurrucándose giró en suelo. La más leve luz le impedía ver con esos ojos que parecían notar colores incluso en la oscuridad que él no sabía que existían. Tanto más lo hirió la luz que cruzaba el piso a su alrededor, una débil figura de círculos y runas de un par de metros de diámetro, en la que él parecía encontrarse acostado en el centro. Cerró los ojos, ya no quería ver más.

Pasarían horas de sufrimiento antes de poder controlar la demencia de sus sentidos. Aceptar que el dolor no era tal, sino solamente la exagerada profundidad del tacto; aprender a escuchar de nuevo y entender la diferencia entre el ruido ensordecedor, convirtiéndolo a la sutileza del sonido en sus infinitos matices; distinguió las siluetas cuando consiguió diferenciar lo que era oscuro de lo iluminado, dio nombres sin palabras dentro de su mente a todos los nuevos colores que descubrió; consiguió respirar profundamente y soportar el asco por los aromas que antes eran tan comunes como los de la tierra, la piedra o los de su propia carne. Fueron horas que le parecieron minutos horribles de tortura, en las que su propia mente parecía intentar otra vez el ejercicio de pensar. Aprendió a respirar una vez más soportando el dolor que le provocaba aquel aire frío recorriendo el interior de un cuerpo desconocido, que ahora debía aceptar como suyo.

Horas después se calmó. Los gritos cesaron, los quejidos se convirtieron en respiraciones profundas llenas de agotamiento. Ya no le dolía tanto la existencia de tan nuevos y enriquecidos estímulos.

—Frío… Qué frío —susurró entre jadeos, tan agotado que fue incapaz de temblar. Sus propias palabras las creyó un ruido extraño, sin armonía y muy molesto. Tardó más en entenderlas y comprender que ese ruido había sido provocado por él mismo. Cerró los ojos cansado de intentar entender las formas que lo rodeaban.

La luz palpitante de los círculos mágicos cada vez se hizo más tenue.

Él quería desaparecer y dejar de sentir todo aquello. ¿Así de pesado era el mundo y su existencia? Recordó, pensó, comprendió e imaginó que toda su experiencia anterior no había sido más que un sueño, donde los sentidos jamás funcionaron en toda la plenitud que ahora estaba experimentando. No se rindió aunque deseó hacerlo porque había otro sentimiento que se antepuso al de su cuerpo. El corazón palpítate y potente le ordenó moverse. Obedeció.

Levantar el torso y sentarse, mantener el equilibrio con los brazos estirados a los costados, fue un esfuerzo mayor al de haber movido una montaña. Respiró lentamente, muy lentamente, intentando controlar el dolor de haber acelerado su respiración. Vio algo oscuro como un velo caer sobre sus hombros y cubrir parte de la piel desnuda del pecho, era su propio cabello oscuro y largo. Cuando posó los pies con firmeza en el piso descubrió con alegría que no había sido tan difícil. Su cuerpo también comenzaba a recordar cosas de la vida anterior como el equilibrio. Satisfecho mostró los dientes.

Un poderoso estruendo sacudió su alma. Se cubrió los oídos con ambas manos acurrucándose como un niño asustado, ¡infernal ruido! El suelo vibró con un segundo estruendo. Separó las manos lentamente y espero un tercer impacto. Eran simples truenos que se habían escuchado a lo lejos. Se rió nerviosamente de su propia locura que parecía sentir todo con exagerada fuerza. Caminó soportando con orgullo el dolor que lastimaba la planta de sus pies cuando pisaban por primera aquella roca endurecida por siglos. Trepó torpemente por unos escalones naturales hasta una entrada donde recibió algo de luz.

Se cubrió los ojos con la mano para protegerse. El débil resplandor de cielo cubierto por nubes negras, grises y rojizas, traspasado constantemente por relámpagos, casi lo hizo correr de regreso a la segura oscuridad de la caverna. No era miedo, pero percibir la grandeza del mundo fuera de la caverna para sus desbordados sentidos fue como un niño al que le muestran el océano por primera vez. Contuvo sus instintos, se relajó e intentó otra vez acostumbrarse a identificar todo lo que estaba mirando.

En lo alto de una colina de roca angulosa, donde se encontraba el pequeño agujero que hacía de entrada a la caverna, tenía a sus pies un valle de tierra yerma, pozos humeantes, cristales incrustados de gran tamaño que descargaban eléctrica energía que se unía a los relámpagos. La muerte saturó de aromas venenosos sus ya maltratados sentidos. Pudo observar campos de neblina putrefacta, criaturas espantosas que no recordaba conocer cazándose entre sí, luchando por un pedazo de carne grisácea que resultó ser los restos de otro animal de esa misma especie. A lo lejos divisó más montañas rodeando como una pared inaccesible el valle, un lago de aguas negras y en su centro tras un extenso puente tan amplio como una avenida en Tokio, con enormes columnas que lo alzaban por sobre las hediondas aguas, un gran castillo con una torre de ópalo negro que desafiaba la lógica de la altura rozando el firmamento. Lo que creyó manchas oscuras y sin formas eran ejércitos preparándose para una gran batalla; monstruosos seres formados y armados, se movilizaban por todo el valle con tantos estandartes en altos que más se asemejaban a un bosque viviente y maligno. El resto del valle estaba cubierto por fortalezas derruidas, árboles quemados y fosilizados. El lamento de las almas que eran esclavizadas en esas tierras se dejaba escuchar como el susurro del viento que sacudía cada rincón erosionado de los montes.

Saber lo que estaba sucediendo, el porqué de las extrañas sensaciones de su cuerpo o la razón de hallarse en esa tierra de maldiciones no fue comparable a la pregunta que sacudió sus labios temblorosos cuando terminó por recordar todo lo que había sucedido antes del extraño despertar.

— ¿Estoy vivo?

Ranma apoyó la mano en el borde de la entrada sosteniendo el peso de su cuerpo completamente desnudo. El largo cabello oscuro que caía por la espalda hasta cruzar la cintura se meció con la fuerza del viento frío que lastimó su sensible piel.

—Pero... ¿cómo? —se llevó una mano al rostro acariciándose las mejillas, como si todavía no podía dar crédito a su suerte— ¿Por qué?

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Continuará…

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