Este es posiblemente el capitulo más rápido y agobiante que he escrito en mi vida. Espero que os guste y luego no me mateis.
Capitulo 35: Hora de la Muerte
Albert pasó por delante de la tienda. No había cambiado nada. Seguía siendo el gordo pelado de siempre. Con sus andares chulos de "Me voy a comer el mundo" y con una mirada despreciativa hacia su entorno. Como siempre, vestido con un traje negro gastado. Parecía que el tiempo no había pasado para él, pero sí para los demás.
Nellie y él estaban en la tienda de abajo en ese momento. Él consiguió esconder a ambos antes de que les viese, no fuese a ser que se le ocurriese entrar, y cuando pasó de largo, salió detrás de él, con intenciones de matarlo. Nellie le vio y supo lo que iba a hacer, mas no quiso darle importancia ni inmiscuirse en los asuntos de él. Ya era por la tarde, así que pensó en irse a la cama directamente y no pensar en lo que pasaría aquella noche, en que posiblemente, sería el final. Fue a su habitación y se cambió de ropa.
Se metió en la cama. Extrañaba a su marido al lado. Se había acostumbrado a dormir con él. Se puso boca arriba e intento dormir.
Miles de pensamientos acudieron a su cabeza. Entre ellos recuerdos.
Como Benjamin le había ahuyentado. Como ella se lo había agradecido y como casi cometen un error.
.:Flash Back:.
Nellie estaba leyendo un libro que le había regalado Lucy por Navidades y que aún no había tocado. La verdad, es que estaba muy interesante. Aunque era algo macabro, a decir verdad, muy macabro. Y eso le gustaba. Era la lectura de aquellos tiempos, historias de miedo.
Pero, para ella, el único miedo era su marido. Todos los hombres del saco podían ir a por ella en sueños o en la noche, que no se inmutaría. Es más, les suplicaría para que se la llevasen.
Y entonces, deshaciendo su ensoñación con monstruos que se la llevasen, entro el susodicho marido.
-¿Qué quieres ahora, Albert? –preguntó cansada-.
-¿Esa es forma de tratar a tu marido, hermosa? –le pregunto él. Venía a obligarla a ir a la cama con él. Para tener hijos.
-No pienso hacerlo.
-Lo harás.
-No.
-¡TE HE DICHO QUE SÍ! –la cogió por las muñecas y la arrastró a su habitación.
-¡Sueltame!
-No hasta que me des lo quiero.
-¡No puedo tener hijos, Albert! –le escupió-. ¡Ya lo sabes!
-Eso no puede ser –y la tiró encima de la cama, mientras la apresaba con sus manos para que no pudiese escapar. Ella comenzó a gritar.
-¡Ben! ¡Ben! ¡Lucy! –recibió un tortazo-.
-¡No llames a ese malnacido!
-AAAAA –siguió gritando, esperando que su ángel guardián o alguien fuese a rescatarla.
-¿¡Que pasa, Nell!? –entró gritando Benjamin en la habitación de ella. Al ver la situación, cogió por el brazo a Albert y lo echó lejos -. ¿¡Que te crees que haces!? ¡No puedes obligarla así!
-¡¡Es mi mujer!! ¡¡Preocupate por la tuya!! ¡¡Que parece que en realidad mi mujer es la tuya!! –le dio donde dolía. Es verdad que pasaba mucho más tiempo con la esposa de él que con la suya propia.
-¡Callate, Albert! –le gritó Nellie-.
-Te has librado, pero no por mucho tiempo. Me voy al bar –aunque ambos sabían que se iba al burdel.
Ben ayudo a Nellie a levantarse y salió de la habitación mientras ella se abrochaba el vestido y ponía en regla su corsé. Minutos después, ella salía con intención de seguir con su lectura, cuando vio a un preocupado barbero mirar el fuego. Se apiadó de él, sin dejar traslucir sus sentimientos, y se sentó a su lado mientras le ponía la mano en la espalda.
-Gracias –dijo quedamente.
-De nada… -se echó hacia atrás-. No podía dejar que te hiciese eso –se llevo las manos a las sienes-. Pero tiene razón. Paso más tiempo contigo que con ella.
-Pero… no estás haciendo nada malo. Ben… no estamos liados –Aunque a mí me gustaría pensó ella-. No pasa nada. Pero… si quieres… no tienes porqué volver a defenderme… Es decir… Yo voy a estar bien…
-Hasta que intente violarte de nuevo –afirmó él-.
-Bueno… hasta eso… Sí –ella se había vuelto hacía él y se miraban a los ojos.
La vista de los ojos del otro era increíble. No necesitaban hablar para comprenderse. Él tenía miedo de que pasase algo, ella deseaba que pasara. Pero lo que ambos veían en los ojos del otro era comprensión.
Los ojos de él eran como un abismo. Un mar inmenso, lleno de maravillas que solo se dejaban ver a aquel que sabía mirar bien. Y los de ella, eran tiernos. Como una agradable tarde otoñal en un parque lleno de hojas marrones esparcidas por el suelo. Tranquilo y silencioso. Un deleite para aquel que adoraba desconectarse del mundo un rato. Pero solo para aquel que supiese mirar bien.
Y entonces, algo pasó. Como imanes, se fueron acercando lentamente. Sus labios estaban a escasos centímetros el uno de otro. A escasas pulgadas, para cometer un gran error, pero que ambos deseaban. Ella cerró los ojos, él también, esperando el momento del contacto. Pero una voz les paró en seco.
Lucy estaba llamándole desde arriba de las escaleras, afortunadamente, no podía verles. Ella se separó con resignamiento y bajo la cabeza, mientras él la miraba con profunda confusión de sentimientos. Ella alzó la cabeza. Le miró con lagrimas que amenazaban con salir. Él sabía que era lo que ella deseaba, pero que se mantendría de hacerlo por respeto a la esposa de él. Por no hacerle daño.
Él no tuvo más remedio que levantarse y acudir a la llamada de su esposa. Le llamaba para ir a dar una vuelta por los puestos. Quería comprar unas flores para la habitación de Johanna, que era un bebé. Aquel día, fue el día que lo arrestaron
.:Fin Flash Back:.
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Sweeney le siguió con gran sigilo entre las sombras. Sabía que si le veía le reconocería, y no pensaba darle el gusto de intentar defenderse.
Le siguió durante varias horas, siempre por los callejones y a gran distancia. De pronto, vio como se metía a un burdel. "Asqueroso" fue lo que el barbero pensó. Se sentó en un cubo de basura que había en un callejón cercano, que le permitía ver quien salía o entraba del burdel.
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Un niño arrepentido caminaba por la calle. Tal vez se había pasado un poco. Había sentido tanta impotencia y rencor que no pudo contenerse. Decidió pedirles perdón e intentar arreglar todo.
Despues de pasar el hambre insufrible y dormir en una caseta abandonada, pensó que no era para tanto.
Se acercaba a la tienda de la Sra. Lovett cuando escuchó un alarido. Procedía de dentro de la casa. Sin pensarlo dos veces, echó a correr a socorrer a la persona que más quería en el mundo.
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Se despertó con unos dolores atrozes y no pudo evitar gritar. Las contracciones se aceleraban. Estaba dando a luz.
Se asustó ante la idea. Intento despertar a Sweeney, pero este aún no había vuelto.
-¿Por qué no estas aquí? –le pregunto al hueco vacío de la cama-.
En otro alarido, cayó al suelo de rodillas. Un liquido pegajoso bajaba por sus piernas.
¡Deberias estar aquí! ¡Con tu mujer! ¡Viendo como da a luz! –pensaba dolorosamente
-¡Sweeney! –gritó cuando escuchó la puerta de la sala abrirse- ¿Toby? –pregunto cuando vio al muchacho-.
-¡Madre! ¡Estoy aquí! ¡Por favor, perdóneme! ¡Dejeme ayudarla! –la levantó con cuidado y la tumbo en la cama-. ¿¡Que le pasa!?
-He roto aguas, Toby.
-Voy a por un médico.
-¡No! No. Necesito AAAA Necesito a Sweeney AAAA –dijo entre grito y grito-.
-Pero, madre…
-A Sweeney –le agarró fuertemente del brazo. El asintió.
Corrió por las calles llamándole a gritos cuando pasó por delante de la casa del médico. Llamo a la puerta y la mujer salió. Despues de informarles de la situación, corrió a buscar al barbero, que se hallaba en paradero desconocido.
Ella gemia y jadeaba del dolor.
-Sweeney… donde estas…
Él vio salir a su presa del burdel.
-Ya eres mio.
Las contracciones eran cada vez más apremiantes, tenía que empujar.
-Sweeney, por dios… AAA… no pariré sin ti delante.
Sus deseos de darle muerte eran cada vez más apremiantes, tenía que degollarlo.
-Hola, Albert –dijo tan solo, mientras colocaba la cuchilla en el cuello del gordo-.
Ella empujo, ya no se podía reprimir. Empujo y empujo.
Él dio el giro adecuado a su muñeca. Lo volvió y lo volvió a hacer.
Por fin, todo paró. Ella creía que había muerto. Ya no tenía más dolores. Una cosita hermosa estaba entre sus piernas.
Por fin, todo acabó. Él le creía muerto. Ya no tenía más espasmos. Un cuerpo sin vida estaba a sus pies.
Se incorporó y tomó al bebé en sus brazos. Era un precioso niño. Lo puso a su lado y lo acarició con cuidado. Entonces, de pronto, todo volvió a comenzar. Los dolores, las contracciones, el sufrimiento… Y el médico llegó en ese momento. Vio lo que pasaba. Mandó a su mujer coger el bebé y hacer lo pertinente, mientras atendía a la mujer, que estaba dando a luz a otro bebé.
Sweeney se escabulló por los callejones y se fue hacía su casa, con una sonrisa plantada. Afortunadamente, no se había manchado.
-¿Sr. Todd? –se escuchó a lo lejos-. ¡¡Sr. Todd!!
-¡Toby! ¿Qué haces aquí? –el niño llego jadeando.
-Es… la Sra. Lovett… está dando a luz –Sweeney se quedó pasmado. Echó a correr todo lo rápido que pudo, seguido de Toby.
Cuando llegó a la tienda, escuchó los gritos. Entró a la habitación y la vio dando a luz, sufriendo, jadeando del esfuerzo, gritando de dolor. Aquellas imágenes no se borrarían de su mente en la vida. El médico le echo de la estancia, mientras Nellie, que le había mirado como una salvación, suplicaba que se quedase. No vio al niño que la mujer tenía en los brazos, no le dio tiempo. Lo único que pudo hacer fue esperar junto al chaval en la sala, culpándose por no haber estado ahí en el momento más importante de su vida.
Jamás se perdonaría el no haber estado allí, apoyándola, cuidándola. Había salido detrás de un malnacido.
Pero lo hiciste por ella, por ellos. Pero la deje aquí, sola. Para protegerla. Mientras daba a luz. Tú no podías saberlo. Tenía que haber estado aquí.
Escuchó los gritos agonizantes de su mujer. No lo soportaba, era tan doloroso como aquella vez que la vio llorar desconsoladamente porque a él lo desterraban.
.:Flash Back:.
Lo habían transportado a Newgate mientras esperaba a su vista con el juez. No había tenido visitas, pero aquel día, Nellie fue a visitarlo. La única mujer que debería ir a verlo, no fue, tan solo su vecina, aquella con la que había estado a punto de cometer el mayor error de su vida.
El guardia le llevo a la sala de visitas. Vestía igual que cuando lo habían arrestado. No le costó distinguirla entre la multitud. Aunque hacía días que no la veía, no había podido olvidar los instantes en los que la había salvado, la conversación de déspues, el casi beso. Sus ojos avellanos, tranquilos, agradables.
-Nell… ¿Qué haces aquí? –le pregunto, impidiendo que se viese su profunda ilusión-.
-Vengo a verte. Ya que ni Lucy ni Albert quieren. Ambos te creen culpable. Yo te creo inocente, Ben. Tu no harías daño a una mosca (Siendo Sweeney si).
-No me lo puedo creer –puso las manos –atadas con grilletes- sobre la mesa, mientras ella se las agarraba y acariciaba-. ¿Y te han dejado venir?
-No. Me he escapado. Yo tampoco puedo creer que te crean culpable.
-Lo sé… ¿Qué tal están Lucy y Johanna? –pregunto con preocupación, para desviar el tema-.
-Están bien. Pero el Juez no para de enviarle flores a Lucy. Según parece, se siente culpable.
-Si se sintiera culpable, me liberaría –dijo bruscamente mientras giraba la cabeza.
-Eso pienso yo –dijo a la vez que quitaba sus manos. El tacto de ella parecía molestarle. Acción que la lastimo profundamente-. ¿Qué tal estas? No parece que este lugar sea muy saludable.
-Y no lo es. La comida es asquerosa. Nada comparado a la tuya –ella se sonrojó por el cumplido-. Siempre gachas. Puaj.
-No te preocupes, lograre que te saquen de aquí y después de haré una rica tarta de arandanos. ¿Te parece?
-Es lo que más deseo en este momento –le dedicó una sonrisa-.
-Se ha acabado el tiempo de visita, Sr. Barker –dijo el guardia a su lado.
-Te sacaré. ¡Lo juro! –dijo ella a la vez que se levantaba mientras le veía desparecer por la puerta.
Días después, lo condenaban a desterrarlo a Australia. La única que había acudido a su juicio había sido Nellie. Con notables golpes en la cara y los brazos. A él le dolio pensar que la habían golpeado por ir a verle.
Ella lloraba amargamente, mientras intentaba acercarse a él para abrazarlo y decirle que estuviese tranquilo. Que ella siempre le querría.
Pero la apartaron bruscamente y lo metieron en un coche de caballos con destino el puerto del Canal de la Mancha.
.:Fin Flash Back:.
Estaba en sus cavilaciones sobre el pasado, en como no se perdono nunca aquello y en como nunca se perdonaría esto. El que ella estuviese sola dando a luz a su hijo o hija.
Y entonces, todo cesó de nuevo, y está vez, definitivamente.
El médico salió con un bebé en las manos, y detrás la enfermera.
-Felicidades, Sr. Todd. Tiene usted un precioso hijo e hija.
-¿Qué? –le miraba incrédulo. Delante suyo, cada uno llevaba un bebé. Un niño y una niña-¿Dos?
-Sí. Tiene dos nuevos hijos. Ya les hemos limpiado y cortado el cordón umbilical. Pero… me temo… que debería pasar a ver a su esposa.
-¿Está bien? –pregunto preocupado.
-No, no lo está. Tememos… tememos que fallezca esta misma noche. Ha perdido mucha sangre. El primer bebé lo dio a luz ella sola. Hemos hecho todo lo que ha estado en nuestra mano.
-No… -susurró, y entró a toda velocidad en la habitación, cerrando detrás de él.
Ella estaba en la cama, con los ojos cerrados. Había mucha sangre y demás liquidos. Él se sentía culpable. Ella levantó la mano hacía él. Él la tomó y se sentó a su lado.
-Amor… -susurró ella-.
-Dos. Dos hijos. Has dado a luz a dos preciosos y sanos hijos. Un niño y una niña –le susurró él.
-¿Acabaste con…?
-Sí.
-Bien… -y giró la cabeza, mirando a la ventana-. ¿Duele? –pregunto.
-¿El qué?
-Morir.
-No vas a morirte –le dijo él, mientras una lagrima caía por su mejilla.
-No quiero morirme.
-No lo harás –y la abrazó como pudo-. Iremos junto al mar. Ya lo veras. Y seremos felices. Criaremos a nuestros hijos. A April y a Daniel. Ya lo veras.
-Sí…, junto al mar… -susurró, y sus parpados se cerraron.
-No… ¡No! –gritó-. ¡Nellie! ¡Nellie, despierta! ¡Nell! –la sacudió. Y después puso su oreja en el pecho de ella. Su corazón latía, ¿Pero por qué no despertaba?
Empezó a insuflarle aire de sus propios pulmones, para después obligarla a expulsarlo con la ayuda de sus manos. Siguió así hasta que le médico entró.
-Déjelo, Sr. Todd. Su mujer ha fallecido…
-¡NOOOO! –gritó histérico, mientras apartaba de un manotazo la mano del médico.
-Sr. Todd…
-LE HE DICHO QUE NO –siguió insuflándole aire y ayudándola a expulsarlo.
-Hora de la muerte…
Tomatazos, ladrillazos, dadme muerte si quereis. Pero esto no termina aquí. Lo juro.
Quiero dar gracias a todos los que seguía el fic, sobre todo y en especial a Mrs. Sweeney Lovett Todd que me inspira muchas veces y yo ya la veo como a una gran amiga. Muchas de mis ideas son gracias a ella –aparte de que otras son completamente sullas-. Gracias Mrs. S!!
Ahora no sabemos que pasa, que no va bien la web y no recibimos los Alerts. Esto nos pasa a muchas, no os preocupéis. Confio en que lo arreglen pronto.
Y, bueno, no hemos llegado a los 50 RR ahora solo me quedan dos!! Pero cuando llegue a los 50, prometo subir una nueva historia, o dos. Ya veremos.
Bueno, chicos y chicas, ¡A leer!
