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Malditos zapatos, maldito vestido, maldito sea todo. Bella gruñía una y otra vez mientras desesperada veía su reflejo en el espejo. Había pasado una semana desde que le entregaron el vestido de dama de honor y ya le quedaba apretado, gruñó fastidiada cuando otra vez tocaron su puerta.

-Bella tenemos que ir en diez minutos. -Edward le recordó por décima vez.

-¡Voy! -grito fastidiada.

Tomó su bolso para luego con resignación verse una última vez en el espejo.

Sus tacones hacían eco de su molestia contra el suelo. Abrió la puerta sin pensar por lo que no estaba preparada para encontrarse con el adonis que había tras su puerta.

Edward se apoyaba contra la pared rascando su nuca con una mano y con la otra en su bolsillo.

Lo odio por lucir tan bien luego de la despedida de soltero salvaje que había tenido un día antes, y también lo odio por hacer que se derritiera por dentro inevitablemente.

-Luces… bellísima. -dejó de recorrerlo con la mirada para ver su rostro. Su autoestima se elevó al verlo con la boca ligeramente abierta recorrerla abiertamente.

-Gracias. Tú también estás muy guapo. -para su pesar no mentía.

Edward le ofreció su brazo caballerosamente.

Bella sonrió divertida.

-¿Qué?

-Nada.

Caminaron escaleras abajo encontrándose con la adolescente que sería por esa noche la niñera de Ethan.

-Llamanos apenas se quede dormido. -Bella volvió a darle las indicaciones que anteriormente le había dado. -Tienes todos los números de contactos en la nevera…

-Sí señora Masen. -la muchacha sonrojada asentía a todo.

Bella se quedó callada al escuchar como la llamó.

-Gracias Tracie. -Edward sonrió radiante a la muchacha que se sonrojo aún más. -Tu padre me dijo que vendría a verte cada cierto tiempo.

Eso la sonrojo aún más.

-No será necesario, vivimos a lado. -gruño fastidiada.

Edward sólo rió al escucharla.

-Que tengas una buena noche.

Besó la cabeza de Ethan que los miraba curioso, Bella por inercia también lo hizo.

Edward le colocó el abrigo con la misma caballerosidad con la que le ofreció su brazo para luego abrirle tanto la puerta de la casa como la del auto.

-¿Por qué me dijo señora Masen? -pregunto apenas subió al auto.

-Tenemos un hijo y vivimos juntos, es normal que piense eso.

-Pero no vivimos juntos. -abrió los ojos impresionada.

-Creo que los vecinos pueden pensar que trabajo de noche porque vengo a diario para estar con ustedes.

-Todos saben que tienes un taller de mecánica Edward. -lo observó fijamente.

-Bueno me preguntaron y dije que eres mi mujer. -admitió sin una pizca de culpa.

-¡Maldita sea Edward! -gruño molesta.

-¡Es la verdad! -grito alejándose como pudo del golpe que quiso darle.

-¡Es mentira!

-¡Tenemos un hijo y seguimos viéndonos!

-¡Pero no estamos juntos!

-¡Eso solo tú y yo lo sabemos!

-¡¿Solo tú y yo?! ¡Me estas diciendo que tus amigos del taller y toda la gente piensa que estamos juntos! -su pregunta sonó como una afirmación.

-¡No dije nada, sólo vieron que seguimos viéndonos y ya! -se defendió.

-¡No, no! Te conozco Masen… Lo debes haber dicho con un propósito.

-¿Cual? ¿Aparte de alejar a mis clientas?

Bella abrió los ojos sorprendida por sus palabras y con una pizca de satisfacción pero seguía molesta.

-Estoy segura que esa no es tu meta.

-¿Entonces qué? -fastidiado ya preguntó.

Giraron hacia la iglesia que se encontraba a su izquierda. Entonces entendió el por qué.

-"Todos" piensan que estamos juntos. -enterró su rostro en sus manos. -Ese era tu plan.

Edward no dijo nada, se bajó del auto y le abrió la puerta.

-Esta noche eres mi mujer Bella, no harás o podrás hacer nada que indique lo contrario. -con seguridad la ayudó a salir del auto y sin ningún remordimiento la besó con rapidez.

Ella estaba a punto de golpearlo llena de ira pero una voz familiar llamó su atención.

-¿Bella? -Victoria acompañada de James la llamó. -Vamos, es tarde.

-Rosalie debe estar enloqueciendo. -asustada vio la hora.

-Jared no para de llamarme, espero que no sea para decirme que se arrepintió.

Bella volteó asustada.

-¿Tú lo crees…?

Edward se burló de su expresión.

-No. Jared espera este momento desde los quince años. -rió divertido.

Luego de suspirar ella persiguió a Victoria con Edward sujetando su brazo firmemente.

-Puedes soltarme un segundo. -gruño quedamente cuando ya estuvieron formados en la puerta de la iglesia.

-No amor, quiero estar lo más cerca posible a ti. -un coro de suspiros se escuchó a sus espaldas.

Las primas de Rosalie los observaron con ternura, ellas habían estado ayudando a la novia a terminar de prepararse segundos antes.

Bella aún aturdida no espero que él aprovecharía el momento para robarle un beso rápido de nuevo.

Muchos invitados observaron eso.

-Basta. -gruño. Edward sólo le sonrió encantador.

-No pararé Bella. Llegaste a mi límite ahora te toca a ti ver cuál es el tuyo.

-¿De qué hablas? -molesta y confundida preguntó acercándose más a él para que la conversación sea privada.

-Ya no esperaré más. He estado besando el piso por el que caminas demasiado tiempo. Todo el pueblo está enterado de eso y no me avergüenza, es tiempo de que admitas lo que sientes por mí aunque sea a la fuerza.

Antes de que ella pudiera contestar la música para su entrada comenzó a sonar.

La caminata acompasada fue una ratificación a las palabras dichas por Edward, los invitados veían como la llevaba con orgullo de pavo real durante todo el pasillo.

Como habían hecho días antes en el ensayo, todos se colocaron en sus lugares. Hombres a la derecha y mujeres a la izquierda.

La música cambió cuando volvieron a abrirse las puertas revelando a una hermosa Rosalie que entraba del brazo de su padre. Llevaba un vestido blanco que escondía perfectamente su pequeña pancita de ya cinco meses de embarazo, tenía mucha suerte de que no fuera notoria.

Jared la esperaba con una sonrisa radiante en el rostro, su traje le daba un toque elegante nunca antes visto en él y Luke sonreía emocionado vistiendo exactamente lo mismo.

Cuando la novia llegó al altar su padre y Jared tuvieron una pequeña conversación que sólo Rosalie presenció.

La ceremonia fue igual a muchas antes vistas pero única a la vez. Los novios no pudieron evitar soltar algunas lágrimas cuando dijeron sus votos, nadie pudo resistir a las palabras de adoración que Jared expresó. El beso que sellaba la alianza fue emotivo para todos, no era sólo una unión matrimonial era la consolidación de una familia que había estado separada. Luke fue el primero en saltar a los brazos de Jared y este lo llevó en brazos un largo rato.

Todos salieron de la iglesia para ir al salón de fiestas que habían alquilado. Edward llevó a Bella nuevamente sin importarle que todo el camino ella se dedicara a reprocharle su actitud y lo fastidiada que estaba.

-Bella yo pararía si supiera que no quieres que te bese. -sostuvo su mano a la fuerza. -Pero nena yo sé que sólo estás resistiéndote a mí.

Bella volvió a replicar pero sinceramente Edward la ignoró.

El salón bellamente decorado los recibió. Los invitados comenzaron a ubicarse en sus mesas. Ellos compartían mesa con Victoria, James, Leah y Sam, este último se notaba algo tenso. Edward la ayudó a sentarse.

La llegada de los novios fue coreada por aplausos. Caminaron al centro del salón y unos violines comenzaron a sonar. El primer baile comenzó poniéndolos como centro de la atención. La coordinación de ambos mostraba como claramente habían ensayado más de una vez. Cuando Rosalie se acercaba Jared le susurraba palabras al oído que no hacían más que llenarla de sonrisas y lágrimas de felicidad.

Los invitados se habían parado para obtener una mejor vista llegando así a rodearlos en un círculo.

-¿Estas bien? -la voz de Edward a sus espaldas la hizo saltar ligeramente.

-Si. -aseguró limpiando sus lágrimas. -Es sólo que todo es tan emocionante.

-Si lo es. -lo sintió más cerca.

Sus brazos rodearon su cintura apretándola contra su pecho.

-Ed… -comenzó a quejarse.

-Dejame soñar, ¿si? -besó su cabeza. -Esta noche es la última, ya no puedo seguir insistiendo. -la apretó aún más. - Lograste lo que querías, me rindo.

Sus palabras la golpearon.

-Sólo déjame esta noche, necesito intentarlo por última vez. -Bella comenzó a removerse. -No me mal entiendas. Yo… no volveré a pedirte que vuelvas conmigo, ni diré lo mucho que te amo. Sólo seremos padres de Ethan como tu siempre quisiste, será así desde mañana.

Bella se quedó en silencio al escucharlo. Si era honesta consigo misma le dolía saber que se había cansado de luchar por ella, su lado más egoísta se sentía bien al saber que él la quería pero el racional le decía que era la decisión más sabia, juntos eran tóxicos.

Luego que los novios bailaran con sus padres, muchas parejas se unieron a la danza.

-¿Bailamos? -Edward preguntó pero no espero respuesta para arrastrarla a la pista sin dejarle escapatoria.

Bella abrazó su cuello y él su cintura para apegarla más a él.

-Esta noche estas hermosa. -la alagó sinceramente. -Siempre lo estás, cuando comenzamos a salir no podía evitar pavonearme con mis amigos sobre lo guapa que eras.

Bella no pudo evitar sonreír sonrojada.

-Creo que hasta apostaron cuanto tiempo me aguantarías. -acomodo un mechón detrás de su oreja. -Cuando quedaste embarazada dijeron que era mi manera de atraparte.

Ambos rieron por eso. Luego Edward se puso serio.

-Creo… creo que nunca te lo dije pero quiero que sepas que me diste el mejor regalo del mundo cuando tuviste a Ethan. Él es todo para mí, yo no tenía familia ni razones que motivaran mi vida hasta que lo tuve entre mis brazos.

Bella no pudo evitar lagrimear al escucharlo.

-Si él no existiera mi vida no tendría sentido. -ella no pudo evitar abrazarlo por la emoción. -Gracias por amar a mi hijo sin importar todo lo que yo te hice.

Dejaron de bailar sólo para abrazarse.

-Yo también te lastimé. -susurro ella. -Yo tengo la culpa de que no seamos una familia.

-Tú hiciste de todo para que lo seamos pero yo era demasiado orgulloso como para rendirme.

-Te lastime profundamente. -susurró ella.

-Pero luego no hiciste más que tratar de sanarme rompiendo tu propio corazón para reconstruir el mío. -Edward suspiró en su cuello. -Pero tarde demasiado y destruí el tuyo.

-Ambos nos destruimos. -ella besó su mejilla. -Pero lo que vivimos nos hizo más fuertes, ya no somos los mismos.

-No ya no. -Edward la hizo girar en sus brazos para volver a bailar.

Bailaron hasta que los invitados comenzaron a sentarse porque la cena iba a ser servida.

Al sentarse se podía sentir un cambio de ambiente, algo sucedía ya que las parejas que los acompañaban estaban en un extraño silencio. Sam no paraba de acomodar su corbata en alguna especie de tic nervioso mientras Leah observaba fijamente su copa de vino. James abrazaba a Victoria de manera protectora tocando al parecer de manera involuntaria su vientre de tres meses de embarazo. Bella sentía un poco de envidia al ver a sus amigas embarazadas ya que su segundo hijo hubiera nacido en esas fechas pero al ver a Leah que recientemente se había comprometido le recordaba que no era la única sin un bebé cerca.

-¿Cómo llevas el embarazo? -le preguntó a la pelirroja acariciaba la mano de su esposo de forma distraída.

-Bien. Bueno en realidad las náuseas ocurren en los momentos más inoportunos… -se quejó.

-Ethan me tuvo igual. -le contó. -Pero el zumo de naranja solía aliviarme.

-Es cierto. -Edward recordó. -Pero cuando dejaste de tenerlas los antojos se presentaron. Y creo que eso fue peor. -se burló.

-No es verdad.

-Lo es. Dejabas trocitos de pastel por todos lados y te ponía de mal humor que se acabaran. Eras tierna pero sin pasteles dabas miedo. -sus amigos rieron de su anécdota.

-James es el de los antojos. -Victoria se quejó mientras su esposo se acomodaba en la silla para ocultar su barriga. -Leí que a veces el padre desarrolla los síntomas del embarazo. Me gustaría que tuviera las náuseas y yo los antojos.

Rieron de sus palabras. Los cuatro tuvieron charlas amenas mientras la otra pareja seguía en un silencio sepulcral. Luego de la cena la fiesta comenzó. La música invitaba a bailar y la barra libre a tomar sin parar.

Algunos niños se acercaron a Luke, sus ahora primos, y se lo llevaron al patio. Así que sólo los adultos quedaron en el salón.

Edward y los chicos del taller se reunieron en la barra para charlar con el recién casado. Las risas del grupo se escuchaban por todos lados. Victoria llevó a James a bailar o bueno lo obligó ya que este quería acercarse de nuevo a la mesa de bocadillos. Sam desapareció en el baño así que Bella aprovechó para hablarle a Leah.

-¿Estas bien?

Su amiga salió de su letargo.

-No. -susurro.

Bella sólo atinó a abrazarla.

-¿Qué sucede? -pregunto preocupada.

-Sam…

-¿Pelearon de nuevo?

-No. -limpio sus lágrimas. -Él… él me engañó.

Bella se quedó en silencio al escucharla.

-¿Como lo sab…?

-Ella vino hoy. -susurro comenzando a perder la cordura. -Ella… esta embarazada.

Sus palabras la impresionaron y una pena por su amiga la invadió.

-Oh cariño…

-Ella… ella es Emily. -Bella se quedó de piedra al escucharla. -Embarazo a mi prima. -sus sollozos se hicieron más fuertes convirtiéndose en un llanto profuso.

La abrazó tratando de reconfortarla, no habían palabras para describir la pena que sintió por su amiga. Sam apareció poco después con una expresión desolada y al ver a Leah su mirada fue al suelo. Bella soltó suavemente a Leah para ofrecerle un pañuelo de su bolso. Sam se quedó parado junto a su novia hasta que junto el valor suficiente para arrodillarse junto a ella.

-Perdoname, por favor. -susurro quebrado.

-Llévame a mi casa. -limpio su rostro y se despidió de Bella rápidamente para salir del lugar apurada con Sam pisándole los talones.

Bella aún no había terminado de superar la escena cuando una mano nívea apareció frente a ella.

-Hola Bella. ¿Me harías el honor de bailar conmigo? -con mucha seguridad Alec le preguntó. -Llevo mucho esperando el baile que me prometiste en la boda de Victoria.

Bella no pudo evitar sonreír por el comentario y tomar su mano para bailar. La música no era lenta así que no tuvieron que bailar cerca en ningún momento hasta que una invitada pidió una canción que era especial para ella. Alec se acercó con una sonrisa arrogante y tomó su cintura. Antes de que pudiera reaccionar fue alejada de él bruscamente.

-¿A quién crees que tocas cabrón? -Edward se había interpuesto entre ellos y miraba colérico a Alec.

-¿Cual es tu problema imbécil? -el hombre se paró derecho y se acercó molesto.

-Mi problema es que toques a mi mujer. -gruñó acercándose más. Algunos invitados comenzaron a notar el intercambio amenazante.

-Edward basta. -Bella se interpuso empujándolo lejos. -Vamos afuera, ¡muévete! - molesta siguió empujando su pecho.

-Primero le enseñaré a este… -Bella abrazó su cintura y siguió empujando.

-No arruinarás la boda de Jared. ¡Muévete Edward! -gruño más que molesta.

Se dejó empujar mientras abrazaba su cintura. Afuera los niños correteaban mientras el sol desaparecía en el horizonte.

-¡¿Estas loco o qué?! -le recriminó golpeándolo con su dedo.

-Él ha querido tocarte toda la noche. -renegó cerrando los puños.

-Solo íbamos a bailar. -decepcionada lo observó. - Tus palabras de hace un rato fueron falsas.Tú no cambias para nada, sigues siendo el mismo loco posesivo.

-Ese tipo te ha estado mirando toda la noche. No tenía buenas intenciones.

-Ese era mi jodido problema, tú no eres mi dueño y no puedes decir quién puede acercarse a mí. -no gritó pero sus palabras calaron profundo en él. -No te quiero cerca ¿entendido? Esta noche aléjate de mí, bailaré con quien quiera y no quiero que me interrumpas.

Lo empujó y entró al salón de nuevo.

Edward se sentó en las bancas mirando a los niños jugar tratando de tranquilizarse. Se perdió en sus pensamientos y recriminaciones, odiaba no poder controlar sus emociones. James apareció junto a Seth luego de un rato ofreciéndole alcohol, bebió poco ya que debía conducir. No quiso entrar para no ver a Bella en brazos de otro, tenía miedo de su futuro, tal vez no tardará en enamorarse otra olvidándolo en el proceso.

Su teléfono vibró. No esperaba esa llamada.

-¿Tanya? -confundido respondió.

-Edward… puedes… ¿venir? -sonaba jadeante.

-¿Qué sucede? ¿Estas bien?

-Creo que el bebé ya viene. -su quejido lo puso en alerta.

-¿Dónde estás? -entró al salón de prisa a buscar su chaqueta.

-En mi casa. -volvió a soltar un quejido.

-Tranquila voy para allá. -apurado se dirigió a la salida pero recordó que Bella seguía en la fiesta.

La buscó entre los invitados hasta encontrarla bailando feliz en brazos de algún tipo que nunca antes había visto, los celos lo invadieron.

-Bella. -toco su hombro. -Tanya necesita que vaya por ella, volveré luego a recogerte. -lo último lo dijo mirando a su acompañante.

-¿Tanya? ¿Tú irás por ella? ¿Qué sucede? -su mirada cambió a la molestia de inmediato.

-Piensa que el bebé ya viene. -Bella cambió de expresión.

-Ve. Yo veré como regreso. -su mirada era fría.

-Volvere por ti. -le aseguró y antes de que pudiera hacer algo le robó un beso.

Apurado y sin mirar atrás salió de la fiesta.

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-Es normal que tenga esta clase de dolores cuando se acerca la fecha del parto. -le aseguraba el médico mientras Tanya ya más relajada lo escuchaba en la camilla. -Este es su octavo mes así que falsas alarmas pueden aparecer.

Edward suspiró tranquilo. Su sobrino aún no iba a nacer. Cuando llegó a casa de Tanya pensó que tal vez ni llegarían al hospital a tiempo.

Irina llegó minutos después al hospital asustada por su prima. Ambas le agradecieron por la ayuda y le aseguraron que podían regresar solas. Habían pasado ya casi tres horas cuando decidió ir por Bella pero antes había algo que tenía que hacer.

-Sabes que al juez le encantará saber que viniste a buscarme. -Garrett sonrió burlón mirándolo de pies a cabeza.

-No vengo a tocar ese tema. -con fastidio empujó a su hermano dentro del departamento.

-¿Entonces qué quieres? -el hombre no traía camiseta y su barba estaba algo crecida. -Bella volvió a engañarte. -se burló. -Ya te dije que no eres suficiente para ninguna mujer.

Ignoró sus palabras.

-Vengo a hablar de tu hijo. -Garrett se tensó visiblemente para luego poner una sonrisa idiota en el rostro.

-No recuerdo haber embarazado a nadie. -sus palabras eran burlonas pero sus acciones mostraban su nerviosismo.

-Sabes muy bien que el hijo de Tanya es tuyo. -quería molerlo a golpes pero se aguantó para hablarle claro.

-¿Tanya? -preguntó con cinismo. -Me la tiré igual que medio pueblo. Su hijo puede ser de cualquiera.

-Ella está segura que es tuyo y por tu manera de actuar puedo ver que tú también lo crees.

-¿Y a ti qué te importa imbécil? ¿También quieres quedarte con Tanya? -se acercó peligrosamente.

-No quiero que mi sobrino pase lo que tú pasaste. -lo empujó alejándose de él.

-¿Sobrino? -se burló. -No es tu problema. Tú y yo nunca hemos sido nada, el mierda de tu padre sólo me dio su apellido.

-Papá se equivocó, ¿quieres ser igual que él?

Garrett lo empujó al escucharlo. -Jamás seré como ese pedazo de mierda.

Edward sabía que sólo lo estaba provocado.

-¿Quieres que tu hijo hable así de ti en unos años? -Garrett levantó una ceja. -Te estas convirtiendo en lo que odias, un padre irresponsable.

-Este no es tu problema imbécil. Lárgate y dile a esa puta que no me interesa su engendro.

-Sabes que es tuyo. -Edward ignoró sus palabras. -No me importa lo que pase contigo, vine aquí para decirte que no dejaré que lastimes a mi sobrino como papá te lastimo a ti. Crecerá junto a mi hijo y sabrá quién fue su abuelo, haré que tenga nuestro apellido.

-¿Quién mierda te crees? -colérico se acercó Garrett. -¿Un puto héroe?

Edward sólo sonrió cínico.

-Nunca te lo dijeron pero papá estaba muerto de miedo cuándo naciste, no seas como él y afronta que tienes un hijo. -eso terminó de encender a Garrett.

-¡Ven aquí! -Edward esquivó el puñetazo que trato de darle.

Reaccionó rápido y tomó su brazo girándolo logrando hacer una llave.

-Ya no soy un niño. No vine a pelear pero no dejaré que lastimes a mi sobrino. -lo empujó con fuerza logrando que cayera sobre su mesa rompiéndola. -Estas avisado.

Salió del lugar antes de que su hermano otra vez intentara golpearlo.

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Llegó apurado a la fiesta. Los novios ya habían partido así que se lamentó no poder despedirse de su mejor amigo. Los invitados seguían bailando pero ya bastante más alcoholizados. Encontrar a Bella fue fácil su risa lo atrajo como abeja a la miel.

-¡Uno más! -reía mientras un mesero se detenía para darle un nuevo vaso.

Había olvidado lo propensa que era a los efectos del alcohol. El tipo que bailaba con ella parecía disfrutar de esto.

-¡Nos vamos! -molesto la tomó de la cintura alejándola de su acompañante.

-¡¿Qué…?! -aturdida enfocó su vista en él. -¡Volviste! -se sujetó del cuello de su camisa. -¡Pensé que tu hijo iba nacer hoy!

Edward torció el gesto al escucharla.

-No es mío. -algunos invitados los observaban. -Vamos a casa.

-¡No! ¡Bailemos! -lo atrajo hacia ella provocando un choque entre sus cuerpos.

-Vamos a casa. -volvió a decirle mientras ella lo obligaba a balancearse junto a ella.

-¡A casa! -rió tontamente abrazándose a su pecho. -Mi casa es donde estés.

Edward sonrió como tonto al escucharla. Ajustó sus brazos abrazándola contra él.

-Si cariño. -beso su cabeza.

-¡Me dejaste sola toda la noche! -se quejó contra su pecho. -¡Más de uno me preguntó por ti! -se ajustó más contra él. -Les mentí, no quería decirles con quién estabas. -lloriqueo lo último.

-Yo sólo quería estar así contigo. -le contó besando su hombro.

-No hagas eso. -se quejó suspirando contra él. -Cualquier roce es… como lava sobre mi piel…

-¿Quieres que pare? -beso mas cerca a su cuello.

-Ed… -tembló cuando se acercó aún más.

-Pídeme que pare. -su aliento estaba en su mejilla.

-No, no quiero. -giro su rostro para encontrarse con sus labios.

El beso sabía a alcohol y a pastillas de menta. Completamente entregada al beso ella se colgó a su cuello sin importarle el espectáculo que gratuitamente estaban dando. Edward sentía su cuerpo arder al tocar la piel descubierta de su espalda. Su lengua luchaba con la de ella por tomar el control. La música seguía sonando pero la letra no se ajustaba a lo que estaban viviendo. Sólo se separaron cuando el oxígeno faltó en sus pulmones al punto de causarles dolor.

Edward abrió los ojos para observarla, ella seguía hermosa con el cabello alborotado y los labios hinchados. No lo pensó dos veces, volvió a besarla pero esta vez la dirigió fuera del lugar.

Entre empujones a otros invitados y algunos choques con paredes lograron llegar al estacionamiento. Edward la soltó sólo para ubicar su auto, de la mano la dirigió a él para luego apoyarla y volver a besarla. Sus manos codiciosas bajaron hasta sus piernas y luego subieron suavemente su vestido, ella ubicó su mano entre ellos para abrir su pantalón. Tenía muchas ganas de estar dentro de ella y la prueba estaba luchando por escapar de sus pantalones pero no quería que fuera así, no en un estacionamiento donde cualquiera pudiera verlos.

-Entra al auto. -le pidió cuando tuvo suficiente fuerza de voluntad.

-No. Hagámoslo aquí. -soltó un quejido cuando él alejó su mano. Necesitada trató de atraparlo de nuevo.

-Cariño lo haremos en casa. -con dificultad habló ya que ella ya lo tenía en sus manos.

Ella aprovechó su vulnerabilidad para besarlo destruyendo su fuerza de voluntad. Excitado embistió sus manos mientras ella amasaba sonriendo al notar el control que tenía sobre él.

-Sube. -le rogó besando su cuello.

-Será rápido. -ella prometió abrazando su cuello para elevarse y poder abrazar sus caderas con sus piernas.

Su propuesta era de lo más apetecible pero sabía que era motivada por el alcohol que en esos momentos hablaba por ella.

Necesitó todo de sí para apretarla contra su pecho y así abrir la puerta. Bella gimió en su oído por el movimiento que hizo chocar su coño contra él. Edward la sentó como pudo en el auto y luego la besó con ganas. Se alejó de ella forzándose a sí mismo a controlarse. Acomodó su pantalón antes de subir también al auto. Bella volvió a acercarse a él pero se dedicó a darle besos en el cuello y acariciar su pecho debajo de su camisa. Agradeció estar completamente sobrio y así poder manejar teniendo a su mujer distrayendo su atención.

-Detente. -ella le pedía con esa voz necesitada que lo estaba volviendo loco.

-Estamos cerca. -repetía como un mantra.

No era un tonto, sabía que ella al día siguiente se arrepentiría, tenía claro que si estuviera sobria lo alejaría de ella. Lo mejor sería dejarla en casa e irse antes de cometer una locura pero lo mejor no siempre es fácil.

Se estacionó como pudo ya que Bella ya estaba saliendo del auto.

-¡Espera! -preocupado se quejó cuando ella saltó del auto.

Bajó y se encontró con ella que sin dudarlo tomó su boca. Ambos tambalearon por el choque. Edward disfrutó el beso hasta que un movimiento captó su atención. Alguien había estado viéndolos por la ventana, al comienzo le pareció extraño y con Bella succionando su cuello le fue difícil pensar con claridad, hasta que recordó que su hijo no estaba solo en casa.

-Mierda Bella, la niñera. -ella no reaccionó a sus palabras al comienzo.

-Sabe que eres mío. -lo obligó a besarla.

Con mucho esfuerzo la dirigió hacía la puerta.

-La llave. -le pidió.

-Hay una… debajo de la maceta.

Se alejó para sacarla, trató de escapar de sus brazos pero apenas volvió a enderezarse ya la tenía contra él otra vez.

-Cariño esperame en el cuarto ¿si? -le pidió, no quería darle un espectáculo a la niñera.

-Sube conmigo. -se quejó ella.

-No tardaré. -prometió a medias.

Abrió la puerta con dificultad.

-Hola Tracie. -saludo a la adolescente que los veía con los ojos muy abiertos.

-Buenas noches señores Masen. -saludo formalmente.

Bella se ajustó a sus brazos y sólo le sonrió a la muchacha.

-¿Tardamos mucho? -preguntó Edward controlando disimuladamente las manos de Bella.

-No, para nada señor Masen. -se le veía nerviosa.

Edward soltó una de sus manos para buscar su billetera y Bella aprovechó el momento para girar para abrazarse a su cintura. Nervioso por lo que ella pudiera hacer sacó el dinero que debia temblando por lo que su billetera cayó cuando Bella hizo un movimiento inesperado.

-Toma Tracie. -le dio el dinero mientras Bella reía de su nerviosismo.

-Gracias señor Masen. -tomó el dinero y su chaqueta. -Buenas noches.

Edward le sonrió incómodo viéndola salir de la casa mientras llevaba a Bella escaleras arriba. Poco después de subir tres escalones Bella saltó sobre él entre risas, a él le sorprendió el movimiento por lo que tuvo que agarrarse de la barandilla para no caer.

-¿Ahora si? -preguntó ella quitándole la corbata para luego desabotonar su camisa.

-No creo que sea buena idea. -sobria no lo permitiría. -Mañana te arrepentirás.

-No quiero pensar. -ella besó su cuello.

-Mañana lo harás y no quiero ser un mal recuerdo.

-Es la última vez. Tú lo dijiste, ya te cansaste de mí. -Edward se sintió mal al escucharla.

-Yo no me he cansado de ti. -la abrazó mientras subía las últimas escaleras.

-Eso dijiste. -comenzó a sollozar. -Mañana no seremos nada.

-Eso depende de ti. -acaricio su espalda. -Yo pensé que sólo estaba ahogandote con mi insistencia, por eso quería darte espacio.

-Necesito espacio. -sollozo. -Pero no quiero que te alejes. Estoy tan confundida.

-Haré lo que necesites. -besó su hombro.

-Hoy te necesito a ti. -susurro en su oído.

-Si estuvieras sobria no hablarías así. -suspiró con pena.

-Es verdad no lo haría. -admitió pero lo besó.

Edward respondió el beso porque era algo inevitable. Llegaron a su habitación entre besos. Edward trataba de relajar el beso pero ella se lo ponía difícil. Bella lo empujó sobre la cama para trepar sobre su regazo.

-No. -Edward trató de detenerla.

-¿No quieres? -ella hacia movimientos ondulantes sobre su erección atrapada en su pantalón.

Por supuesto que quería.

-Estas ebria. -detuvo sus manos que ya habían abierto su camisa. -Sé que mañana…

-¡No me importa mañana! -Bella soltó sus manos de golpe.

-A mi sí, no quiero que sea algo de una noche. Quiero que estemos juntos. -la abrazó contra su pecho.

-No me presiones más. -empujó su pecho. -Sólo déjame sacarte de mi sistema, no puedo más. -lo besó de nuevo.

-Te amo. -insistió.

-Basta. -abrió su pantalón.

-No voy a parar. -decidido la recostó sobre la cama. -Te amo y no pararé de sentirlo.

-Entonces demuéstralo y dame lo que quiero sin pensar en lo que recibirás después.

Edward no necesitó escuchar más.

Esta vez el beso selló sus palabras. Tomó el control de todo. No dejó que ella se desnudara, fue él quien con delicadeza quitó su vestido dejándola en un conjunto azul marino. Sus besos comenzaron en su cuello y fueron bajando hasta sus pechos. Desesperándola aún más. Se sacó la camisa y los pantalones sin dejar de mirarla. Entonces la miró.

-Te haré el amor. -subió sobre su cuerpo. -No será sólo sexo, cuando recuerdes esta noche hazlo de esa manera.

Bella jadeó cuando volvió a atacar su cuello con succiones. Sus manos buscaron sus pechos mientras embestia su coño con sus bragas en medio de ambos. Ella estaba demasiado ocupada en las sensaciones de placer que le daba con su lengua en diferentes partes de su cuerpo para darse cuenta de la determinación que Edward tenía en la mirada. Quedó desnuda antes de tener tiempo de respirar hondo dos veces seguidas. Los jadeos y gemidos parecían ser extra ruidosos por la acústica de la habitación. Cuando sintió a Edward localizarse en su centro ya estaba estremeciéndose entre sus brazos luego de tener su primer orgasmo ocasionado sólo por sus roces constantes.

-Te amo. -repitio él en su oído mientras entraba en ella.

Bella no pudo evitar lanzar un grito entre dientes por la invasión. Edward tapó su boca para evitar que su grito despertara a su hijo que dormía en la habitación contigua. Siguió entrando hasta que cada pulgada estuvo en su interior.

-¿Estas… bien? -le preguntó alejando su mano de su boca.

Ella al comienzo no contestó.

-Mi memoria nunca te hace justicia. -jadeo mirando la unión entre ambos.

-¿Te duele? -no pudo evitar preguntar.

-No de una mala manera. -le aseguró jadeante.

Más tranquilo alejó sus caderas para luego arremeter con fuerza.

-¡Ah! -ella grito sin control por lo que en la siguiente estocada enterró su boca en su cuello.

Edward sabía lo que a ella le gustaba por lo que lentamente se retiraba para luego volver con fuerza. Bella se aferraba a su cuerpo ya que había perdido el control de sí misma, sólo pensaba en ir a su encuentro y tenerlo cada vez más cerca a ella.

Él besaba sus labios y su cuerpo sin tener suficiente de ella. Sabía que nunca tendría suficiente de ella.

-No puedo dejarte ir. -confesó él adolorido. -No puedo… lo siento.

Ella no iba a recordar sus palabras al día siguiente pero él se encargaría de que no olvidara esa noche.

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Hola a todos! qué les pareció? :) Capítulo con muchas emociones, las cosas no son fáciles en la vida real y sé que muchas creen que Bella simplemente debe perdonar y seguir pero les recuerdo que ambos no pueden tomar una decisión así sin pensar en cómo afectará a Ethan. Ahora dirán"pues Ethan será más feliz con sus padres juntos" y debo decirles que eso no siempre pasa y yo puedo dar fé de eso, por más pequeño que sea el estrés de vivir con padres en conflicto es un infierno para cualquier niño. Bueno con esto trato de explicarles la razón por la que Bella lleva ya un año sin darle una oportunidad a Edward, ella es profesora y tiene noción de cómo afectaría a su hijo psicológicamente si toma una mala decisión.

Sin más que decir, nos leemos pronto!